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Una ‘Misericordia et Misera’… ¿machista?

calleja

El título de la Carta Apostólica con el que el papa cerró el Año Santo de la Misericordia y abrió la permanente etapa de reforma eclesiástica hacia una mayor misericordia está tomado de unas palabras de Agustín cuando quedaron solos Jesús y la mujer adúltera, la misericordia y la miserable.  A este documento, sacado a los medios por la fácil concesión de perdón a quien haya cometido aborto, se refiere nuestro colaborador. AD.

No me ha entusiasmado el texto de la Carta Apostólica Misericordia et Misera; bien, breve y buen recuento de intenciones y propuestas para la vida pastoral del Iglesia y para la vida cotidiana de los cristianos, pero sin la fuerza ética y social que esperaba.

Entiendo que hay varias manos en la redacción, porque el fondo y la forma fluctúan demasiado. La claridad y radicalidad de la primacía de la misericordia sobre la norma, en el perdón y como gracia de Dios, muy reconfortante; y su finalidad, la rehabilitación de la dignidad de las personas, muy clara. Las idas y venidas sobre el Sacramento de la Reconciliación (Confesión), un tanto obsesivas en relación a una visión de conjunto de la misericordia de Dios.

Pero lo que menos me agrada, y esto sí que me parece de Francisco, son las referencias a la mujer en el título (misera: la miserable) y en los dos primeros números, la adultera de Jn 8, 1-11 y la pecadora-prostituta de Lc 7, 36-50.

Sinceramente, creo que no debió preferir estas referencias a la mujer, en un contexto cultural y católico tan marcado por su subordinación. No acierta. Mejor evitarlas en el pórtico de una Carta Apostólica. Me dirán que ¡basta de lo políticamente correcto!, y diré, que sí, pero siempre contra las mismas. Además, la exégesis científica prima otros significados. Debieron elegir la traición de Pedro a Jesús y su perdón. En conjunto, correcta, pero… lo dicho.

20 comentarios

  • h.cadarso

    Yo no acepto la terminología del evangelio cuando habla de la mujer en su relación con la prostitución. creo que simplemente el evangelista se plega a la terminología al uso, y da por supuesto que el lector va a ser capaz de traducir a un lenguaje respetuoso con la dignidad de hijo/a de Dios de la persona humana.

    En consecuencia, me niego a reconocer a la mujer del evangelio de la que se trata como “pecadora” que practica la “prostitución” por decisión libre y plenamente consciente, y no por presiones de una sociedad y un entorno criminal frente a la mujer. Por favor, no podemos suponer que los evangelistas tenían escrito en su alma la Declaración de Derechos humanos de la ONU que ahora tenemos nosotros.

    Creo que casi todos sabemos eso de los géneros literarios…Que sabemos que Pablo tenía un concepto de la autoridad nada cristiano, del papel de la mujer en la iglesia nada cristiano, etc. etc. ¿Por qué nos emperramos en seguir manejando los conceptos viejos sobre la prostitución y los derechos sexuales de la mujer?

    Por favor, pasemos página de una vez, no seamos analfabrutos…

     

     

     

     

  • M.Luisa

    Así es, querida Asun…

    Gracias…y buenos días! ayer me acosté mu pronto.

  • Asun Poudereux

    Muchas gracias, M Luisa, por detenerte a aclararnos “la realidad en  cuanto realidad“.

    Eso me lleva a caer en la cuenta, que se está en otra  comprension  de la realidad , a la que hacen prevalecer, y como tal,  se pone todo el énfasis dando gran importancia al modo de influir sobre las personas desde su exterior, poniéndose barreras a  ser consideradas  en la realidad de ellas, en su unidad estructural interna, en la que toda su realidad se unifica desde y en ella misma. Es cuando se descubre y se posee, como dices, que es capaz de abrirse al otro sin imposiciones.

    Buenas noches.

  • M.Luisa

    Como siempre te estoy muy agradecida querida Asun por tu esfuerzo de interpretación y en este sentido déjame que aproveche aquí mismo, por si entrara en esta sección Mª Pilar, para  pedirle si tuviera a bien atender a un  comentario mío  que le dirigí hace unos días en el hilo creo “tenemos un papa que cree en el evangelio”  en respuesta y motivado por un equívoco suyo al atribuirme un párrafo que no era mío.

    Dicho esto, quisiera ahora detenerme en aclarar a modo de pinceladas sobre qué se quiere decir cuando filosóficamente se alude al concepto de “realidad en cuanto a realidad” porque pudiera, equivocadamente, entenderse que nos estamos refiriendo a lo que antes se entendía por “realidad en sí” y entre ambas conceptuaciones existe una abismal diferencia. Una diferencia tal que si, por ejemplo, se entendiera  como “ente” me sería prohibitivo, ahora,   darle a mi enfoque  el valor científico que le doy además del filosófico. Hecho este inciso voy a lo que me interesa.

    Referida a la persona tal concepto, el de “realidad en cuanto realidad” significa ni más ni menos que la persona se posee así misma en lo que es, pero con lo que ya de suyo tiene. Es decir, con las notas que la caracterizan como realidad personal. Digamos que poseerse es lo contrario de alienación. Poseerse es así, pues, la experiencia de lo trascendental vivido en y por nosotros mismos.

    Por tanto, este momento físico no hay que buscarlo fuera y hacer de él como un producto de la conciencia o algo  meramente  conceptivo que es a lo que  lleva cuando se confunde   “realidad” por “ente” …sino considerando dicho momento como momento interno de nuestra propia estructura. Es, digámoslo así el momento de trascendentalidad realizándose  en nosotros. Sin él, las notas que caracterizan lo humano, como la sensibilidad, la inteligencia y la voluntad serían notas ordenadas  unas con otras pero sin capacidad de constituirse en unidad y por tanto lejos de alcanzar  aquella plenitud que para los efectos  contextuales he llamado posesión.

     

     

  • oscar varela

    Día Internacional contra la Violencia Machista

    Tomar plazas y calles por asalto para reclamar

    https://www.pagina12.com.ar/5361-planeta-de-mujeres

    En todo el país (Argentina) miles de mujeres participaron en asambleas y marcharon por sus derechos

    Activistas del movimiento de mujeres, referentes feministas y líderes sociales participaron en todo el país.

    Confluyeron en Plaza de Mayo para reclamar políticas públicas.

  • Asun Poudereux

     “Por eso, el documento papal viene a ser   papel mojado para cualquier persona que previamente  haya vivido dicha experiencia..” 

    Evidente. También la elección del título pone en evidencia el condicionamiento papal a los que dirige el mensaje, y el temor a que se convierta en otro punto de controversia que viene siendo habitual.  Parece va  dando uno de cal y otro de arena.

    Volviendo a lo copiado de M Luisa, si le damos la vuelta, es decir, si tenemos en cuenta, lo mucho que pesa en las personas y conciencias dependientes de  lo que exprese el Papa, pues no cabe duda que las hay en abundancia,  se ve, a mi modo de ver,  obligado a sopesar bien las palabras e imágenes, como los momentos propicios para dar un saltito. El tiempo dirá si al final ha valido la pena tomar tantas precauciones y andar por caminos sinuosos.

    Y en esto me entretengo, sin pretenderlo, en hablar en torno a Francisco, porque precisamente hace eco más de lo que pudiera haber nunca imaginado en personas que para nada se dicen creyentes, ni siquiera agnósticos, y sin embargo les causa cierta admiración su conducta y carácter. No deteniéndose en el proselitismo eclesiástico, del que pasan de largo.

    Por cierto, Oscar, muy buena y lúcida idea traernos los últimos pasajes del Evangelio de Marcos, de la mano  de Salvador Santos. Con ello está todo dicho y bien claro. Gracias.

    Sigamos todavía!

     

  • M.Luisa

    Mi comentario también iba en la misma línea de Pepe, de ahí que comenzara  por hablar de experiencia directa e inmediata. Por eso, el documento papal viene a ser   papel mojado para cualquier persona que previamente  haya vivido dicha experiencia..

  • mª pilar

    Estoy de acuerdo con la aclaración de Pepe.

    mª pilar

  • oscar varela

    Hola! (de nuevo)

    Por lo expuesto y archi-conocido la cosa no solo es con don Pedrito (el “cabezón” de piedra) sino con toda su “muchachada”.

    ¡Voy todavía! – Óscar.

  • oscar varela

    (continuación y fin)

    2. Las mujeres: Lealtad e iniciativa

     Nada más producirse el fallecimiento de Jesús, Marcos advierte al lector respecto a testigos especiales de los sucesos:

    “Había también unas mujeres observando de lejos, entre ellas María la Magdalena, María la de Santiago el Pequeño, la madre de José y Salomé, que, cuando él estaba en Galilea, lo seguían y le prestaban servicio; y además otras muchas, las que habían subido con él a Jerusalén” (Mc 15,40-41).

    Sobresale un dato relevante: ¡Solo hay mujeres!

    A diferencia de los hombres, ellas no han huido. Contemplan los hechos, eso sí, incapaces de comprender el trágico e inesperado final del carpintero de Nazaret. La expresión griega traducida por: de lejos siempre aparece en Marcos expresando separación ideológica a la vez que distancia física (5,6; 8,3; 11,13; 14,54).

    Pero fijémonos en algunos detalles del texto:

    En primer término, Marcos comienza por llamar la atención del lector respecto a la presencia de mujeres en el escenario de los hechos. No concreta quienes son; solo resalta su condición femenina y precisa su actitud: Observan. Se comportan como testigos de la dura realidad.  

    A continuación, nombra a cuatro (María Magdalena, María la de Santiago el Pequeño, la madre de José y Salomé). El número refleja su carácter representativo universal (el cuatro indica universalidad en el lenguaje simbólico del mundo contemporáneo a Jesús y a los escritores del NT). De ellas destaca su condición de seguidoras (le seguían) y su disposición a prestar ayuda (le prestaban servicio) (ver Mc 10,43-45). En contraposición a la traición de los seguidores varones, personifican la lealtad al programa del Galileo desde el principio hasta más allá de los límites marcados por la prudencia.

    Por último, Marcos alude a un número indeterminado de las que, al igual que los discípulos, aunque sin muestras de ambición, hicieron con Jesús el recorrido desde Galilea a Jerusalén. Son mujeres cercanas al Galileo y con conocimiento exhaustivo de sus ideas.     

    Tras la muerte del crucificado, dos de esas mujeres, María Magdalena y María la de José, no pierden de vista el cadáver y observan el lugar de la sepultura:

    María la Magdalena y María la de José observaban donde lo ponían” (15,47).

    Marcos ha adelantado que son momentos de oscuridad:

    Caída ya la tarde” (15, 42).

    El sepulcro se convierte en foco de atención para las mujeres. En esta ocasión, serán tres las que acudan a él. Sus códigos de conducta indican que están centradas en el muerto. La adquisición de esencia de plantas aromáticas tiene por finalidad neutralizar el hedor del cadáver:

    “María la Magdalena, María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a embalsamarlo” (16,1).

    Pero Jesús no está para embalsamamientos. La oscuridad ha desaparecido y despunta la luz que da comienzo a la nueva historia. Marcos ofrece apuntes al lector:

    El primer día de la semana, muy de mañana, fueron al sepulcro ya salido el sol” (16,2).

    El último relato de Marcos está cargado de simbolismo. La incongruencia de los datos descubre la ingenuidad y el valor representativo de la narración: No era costumbre judía embalsamar; no se ungía un cadáver transcurrido un día desde el fallecimiento; las mujeres reconocen su incapacidad para descorrer la roca de la entrada (v.3); el sepulcro está abierto (v.4); el cadáver no está; un joven con vestidura blanca se halla en el interior del sepulcro (v.5); él les transmite un mensaje.

    Las mujeres han buscado en el sitio equivocado. Aunque allí aprenden una lección inolvidable: Resulta inútil buscar a Jesús en el lugar de la muerte. Ese espacio está deshabitado. El joven de blanco asocia la resurrección a una tumba vacía:

    “Ha resucitado, no está aquí” (v.6)

    Las mujeres interpretan, sin que haya habido testigos oculares directos, que el Galileo se halla fuera del emplazamiento donde colocaron el cadáver:

    “Mirad el lugar donde lo pusieron” (v.6).

    El sepulcro vacío invita a salir de allí:

    Y ahora, marchaos” (v.7).

    La salida del sepulcro abre el momento de la reflexión… y el de la búsqueda. El escenario de la muerte carece de respuestas. El rastreo habrá de hacerse en el espacio donde se desarrolla la vida. La praxis y la transmisión de un mensaje alentador abren camino. Las mujeres entienden que les corresponde a ellas tomar la iniciativa y sacar de la cobardía al colectivo de discípulos trasladando un encargo a todos los que abandonaron a Jesús y, en especial, a quien llegó a renegar de él:

    “…decid a sus discípulos y, en particular, a Pedro…” (v.7).

    Ahora, por fin, Marcos nombra a los discípulos. El encargo de Jesús lo recibirán a través de las mujeres. Ellas se han convertido en las mensajeras de la buena noticia.

    Las mujeres asumieron el protagonismo y relanzaron el proyecto de sociedad alternativa desde su gran intuición:

    En Galilea comenzó la historia y allí habrá de reiniciarse. Seguir las huellas del Galileo confirma que él va delante guiando a los suyos. Andar sus pasos garantiza al grupo la experiencia de contar con él:

    Va delante de vosotros a Galilea; allí lo veréis, como os había dicho” (v.7).

    Aparentemente en contra de ese mensaje esperanzador para el colectivo de discípulos, el evangelio de Marcos termina en forma brusca apagando la iniciativa de las mujeres por motivos de miedo:

    Salieron huyendo del sepulcro, del temblor y el espanto que les entró, y no dijeron nada a nadie, del miedo que tenían” (v.8).

    Sin embargo, la misma obra de Marcos certifica que las mujeres transmitieron el encargo con fuerza. La conclusión inesperada del evangelio será su último recurso narrativo, que solo busca motivar al lector para que se sume a la iniciativa que ellas tomaron.

    Frente a la traición y la ausencia, las mujeres se significaron por su lealtad. Mientras el grupo de los varones se arrinconó en la pasividad cobarde; ellas optaron por el enfrentamiento con la realidad, la reflexión y la búsqueda.

    Las mujeres estrenaron la nueva historia. Les corresponde de pleno derecho el papel de principales protagonistas en la andadura del proyecto del Galileo.

  • oscar varela

    Traición y lealtad  –  Salvador Santos, 21-Abril-2011

    1. Traición: Lectura de una ausencia

    Los relatos que en Marcos narran los hechos finales de la vida de Jesús incluyen a un buen número de personajes interviniendo con mayor o menor protagonismo en tales acontecimientos:

    la multitud, los sumos sacerdotes, los letrados, los senadores, el Sumo Sacerdote, su siervo, su criada, el joven de la sábana, los guardias, Pilato, Barrabás, los soldados, Simón de Cirene, los otros dos crucificados, los transeúntes, el centurión.

    Las actuaciones de cada uno de ellos escalonan el proceso que condujo al Galileo hasta su ejecución. Sin embargo, ni siquiera esa abundante participación cubre el enorme hueco de quienes camparon por su ausencia. Marcos aporta algunas pistas evidentes para que el lector no pierda de vista este significativo detalle. En los momentos más decisivos de su vida, a Jesús llegó a faltarle algo casi tan esencial como el aire: los amigos.

    El evangelista omite de esos relatos toda referencia explícita a los discípulos. Tampoco menciona actividad alguna de Los Doce, expresión que aparece por última vez en la narración del apresamiento del Galileo para señalar la gravedad de una traición, la que marcó para siempre a uno de los integrantes del colectivo:

    “…mientras estaba aún hablando, se presentó Judas, uno de Los Doce, y con él una multitud de gente con machetes y palos…” (Mc 14,43).

    Judas, el nombrado en último lugar en la lista del grupo que representaba a la sociedad alternativa (3,16-19), interviene a título personal desencadenando con su deslealtad el inicio del fin. Marcos no lo llamará a continuación por su nombre. Usará su vileza para identificarlo:

    “el traidor había convenido con ellos…” (v.44).

    Asimismo, el citado en primer lugar en la relación de Los Doce, Pedro, se destaca en solitario en la parte inicial de los sucesos. Su proceder lo señalará también de por vida. Será modelo a no imitar. Renegará con vehemencia y juramentos de su amistad con el hombre aquel al que prometió (14,29-31) adhesión inquebrantable:

    “se puso a echar maldiciones y a jurar: ¡No sé quién es ese hombre que decís!” (v. 71).

    Judas y Pedro, los nombrados respectivamente en último y primer lugar de la lista de Los Doce, son los únicos que actúan individualmente mostrando su verdadera talla humana. Y, por si no era suficiente, el movimiento con que termina en el evangelio de Marcos la actuación del resto de seguidores quedó plasmado con dos verbos determinantes del valor y lealtad de estos:

    “Y abandonándolo, huyeron todos” (v. 50).

    Los cercanos a Jesús se alejan de él en los momentos críticos. Su ausencia se revela como traición. La traición no fue asunto de uno o dos, tuvo carácter general pese a que pocas horas antes, durante la cena de despedida, Los Doce se habían comprometido de principio a fin con su proyecto.

    En aquel momento especial, tan apropiado para sellar los compromisos (mientras comían), Jesús resumió su vida y el sentido de su propuesta con un doble gesto:

    Partir y dar el pan.  

    Invitaba, así, al grupo de seguidores (Tomad) a identificarse con él.

    “Mientras comían cogió un pan, pronunció una acción de gracias, lo partió y se lo dio a ellos, diciendo: Tomad, esto es mi cuerpo” (14,22).

    El término cuerpo en aquella cultura habla de historia y de praxis; alude a lo más perceptible de alguien contemplado históricamente desde su nacimiento hasta el instante antes de su muerte. Previendo cercanos sus últimos momentos, Jesús define su vida y su praxis con la doble acción de partir y dar. Partir y dar son expresión de su proyecto de igualdad. Los discípulos conocen al detalle la forma de llevarlo a cabo (estos dos verbos se repiten en la división de los panes: 6,41 y 8,6). Dando el pan partido, Jesús impulsa a los integrantes del grupo a comprometer la vida en esa dirección.

    Asimismo, pasando a cada uno de ellos una única copa, los animó a empeñarse a muerte con él en esa tarea. Cosa… que hicieron (todos bebieron de ella) en señal de pacto de solidaridad extrema entre amigos:

    “Esta es la sangre de la alianza mía…” (v.24).

    El vocablo sangre alude a su forma cruenta de morir.

    La aceptación del pan partido implica la renuncia a la ambición y el reconocimiento de la igualdad como seña de identidad de la sociedad alternativa.

    Beber de la única copa significa cerrar el compromiso a muerte por esa propuesta.

    Ambos movimientos marcan los límites de los dos únicos requisitos exigidos por el Galileo para su seguimiento:

    “Si uno quiere venirse conmigo,

    que reniegue de sí mismo,

    que cargue con su cruz

    y entonces me siga” (Mc 8,34).

    Y se corresponden con la primera y última bienaventuranza de Mateo (5,3-12) y Lucas (6,20-23):

    “Dichosos los que eligen ser pobres,

    porque esos tienen a Dios por rey” (Mt 5,3)

    “Dichosos los que viven perseguidos por su fidelidad,

    porque esos tienen a Dios por rey” (Mt 5,10).

    Ahora bien, si para Jesús esos dos momentos de la cena de despedida habían significado la adhesión incondicional del colectivo de seguidores a su propuesta, para los discípulos, en cambio, resultó ser un irreflexivo y descarado paripé. Su deserción inmediata lo confirma.

    Así pues, el Galileo quedó en las garras del sistema injusto y su plan pareció condenado a la ruina. Desde la alta posición donde le pusieron tuvo oportunidad de constatar antes de morir la gran ausencia de los que le juraron máxima lealtad. Con la desbandada del grupo y él ejecutado, su sueño de sociedad alternativa habría acabado desmoronado y reducido a pura ilusión de no haber sido por quienes con su lealtad e iniciativa sacaron adelante el proyecto.

    …………………..

    (sigue 2. Las mujeres: Lealtad e iniciativa)

  • oscar varela

    Hola Pepe!

    De acuerdo.

    Gracias! – Óscar.

  • M.Luisa

    En la experiencia del perdón, el perdón  no depende de una subordinación de tipo relacional en la que, tomando  la culpa como objetivo, sea ésta la que esté   sujeta a la voluntad y al dominio de alguien,  sino que la experiencia del perdón es una experiencia directa e inmediata que recae no sobre la culpa sino en la realidad de la persona en cuanto realidad, la cual en ella, en el tiempo y en el espacio  se va configurando.

    Sólo así se puede entender, a mi modo de ver, el hecho de que ahora se repiense la realidad del perdón.

  • pepe blanco

    El machismo no está en la actitud de Jesús en la escena evangélica. El machismo está en el título del documento papal. El machismo está también en haber escogido y pregonado en el título, como ejemplo de la misericordia divina, el relato de lo sucedido con la prostituta y no haber escogido, por ejemplo, el relato de la negación de Pedro, negación que, personalmente, me parece que hizo al apóstol Pedro infinitamente más miserable que a la prostituta su trabajo.

    El documento se podía haber titulado “Misericordia et mísero”, en alusión al miserable Pedro y a la misericordia divina que vertió sobre él su perdón. Me parece evidente que esa es la idea que ha querido transmitir Calleja quien, en esta ocasión hace, en mi opinión, una observación muy pertinente.

  • oscar varela

    Hola!

    1- Leo del Autor del Post:

    – “lo que menos me agrada son las referencias a la mujer en el título (misera: la miserable), la adultera de Jn 8, 1-11 y la pecadora-prostituta de Lc 7, 36-50.

    ………………….

    Puede ser que “no le agrade” al Autor;

    Pero hay que ser muy “rebuscado” para encontrarle un sentido “machista”.

    …………………

    La Carta, por el contrario nos dice:

    – “A quien quería juzgarla y condenarla a muerte,

    Jesús responde con un silencio prolongado,
    (que ayuda a que la voz de Dios resuene en las conciencias,

    tanto de la mujer como de sus acusadores).

    Estos (los acusadores VARONES) dejan caer las piedras de sus manos y se van uno a uno (cf. Jn 8,9).

    Y después de ese silencio, Jesús dice:

    – «Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Ninguno te ha condenado?

     […] Tampoco yo te condeno.

    Anda, y en adelante no peques más» (vv. 10-11).

    …………………………

    Y para los que Pancho les da urticaria hay que decirles que

    “cualquier hijo de vecino” entiende la Escena más bien como “anti-machista”.

    Habría que preguntarse, entonces:

    – ¿Por qué ese prurito de ver “machismo” por todas partes y en primeras intenciones en los demás?

    …………………………

    ¡No! La Gente común de mi Barrio no tiene esa mirada tan “re-buscada”!

    ¡Voy todavía! – Óscar.

  • Asun Poudereux

     
    Pues,  fijaros, si el objetivo del larguísimo escrito, cargado de proselitismo en diferentes tendencias, a las que hay que tener contentas,  es decir, empleando en exceso todos los medios posibles, los mismos medios  en los que generalmente se extienden, palabras, no yendo más allá o acá de los conceptos teórico-religiosos, a los que nos tienen acostumbrados, en verdad, tengo que reconocer, dada mi ignorancia por no haberlo percibido antes, que es la primera vez que veo aplicada, afortunadamente, la misericordia en el campo de la vida práctica, con la voluntad de poner los pies en tierra y mirar con el corazón abierto a la persona que tanto se ha rechazado y humillado cargándola, de por vida y doblemente, de culpas y miserias.
     
    Y puesto que así lo apunta, a no tardar en cambiar la mirada y se vean en Jesús y puedan reconocerse y reconocerlo  en los demás, y aquí concretamente, en la persona-mujer. ¡Ojalá! Y que el periodo de “Pedro”, la exaltada e inmutable autoridad,  bastante lejana en humanidad, vaya siendo trascendida, dejada atrás y a la vez comprendida por los papistas, tarea no fácil.  
    Gracias a todos.

     

  • ana rodrigo

     
    Gracias, José Ignacio por la denuncia del documento papal.
     
    A mí ni me extraña ni me escandaliza, pero sí me da rabia y me produce tristeza que no avancemos nada en el tema. La Biblia empieza configurando a la mujer como pecadora, Eva, la que engendró el pecado en el mundo a través de Adán; el documento pontificio comienza con dos mujeres pecadoras para contraponer y medir la gran misericordia de Dios, cuanto más grande es el pecado, más grande es la misericordia que Dios tiene que otorgar y, si las miserables son mujeres, pues más mérito tiene la acción misericordiosa de Dios.
     
    El machismo está metido en el tuétano de esta sociedad y, especialmente en esa institución llamada Vaticano, donde viven, dictan normas, marcan doctrinas y reinan sólo hombres. Así que no es extraño que el Papa esté impregnado de ideas ajenas a la sensibilidad de la mujer.
     
    Y con esta sutil mentalidad plasmada en el imaginario colectivo como sellada a fuego, mañana nos uniremos en el día de lucha contra la violencia de género, ante la sangrante situación de las mujeres en todo lo ancho de países, regiones, culturas y religiones.
     

  • olga larrazabal

    A mi en cambio, que me importa un pimiento lo que la Iglesia diga  no diga respecto a mis decisiones hechas a conciencia, encuentro estupenda la carta de Francisco.

    El trata de explicitar la Mirada de Jesús, esa que comprende y que acompaña sin juzgar. Esa que no hace necesario que venga un obispo a dirimir si debe o no ser perdonada la mujer que abortó y se acercó a desahogar sus penas con un cura.  Porque si lo pensamos bien, el hombre que puso su órgano sexual en la vagina de una mujer, sin resguardarse, es igual de responsable y nadie le pide cuentas.  La mujer bajo la antigua norma, cargaba con la responsabilidad, y lo que es peor con el hijo, y el repudio si es que no quería sacrificar su vida por un tema que era de a dos.

    Francisco le devuelve su dignidad, la misma que tiene un tipo que se mete a ser profesional de la matanza como es un Militar,o que especula con el alimento de los pueblos condenándolos a la hambruna y a la muerte, o con un economista que elaboró una teoría acerca de los “perdedores” en la competencia económica y que todos adoptaron como si fuera un dogma o como un político que se vendió y ya no representa a su pueblo desvalido.

    En cuanto a la traición de Pedro, eso da para varios tomos, sobre todo si  comparamos con la fidelidad de las mujeres. Pero es otro tema.

  • mª pilar

    Cierto ¿pero que se puede esperar de un lenguaje que confunde, que deja entre veer un rechazo y crítica siempre hacia la mujer?

    Concretamente esa parábola… se podría tratar de una forma… espléndida y llena de ternura y misericordia.

    Precisamente apoyados en la pregunta genial de Jesús:

    “El que esté libre de… (traducción libre):

    “Responsabilidad ante estos casos… ¡¡¡Que tire la primera piedra!!!”

    ¿Verdad que nos abre un gran abanico de esperanza y buen hacer?

    Pero están encasillados en un lenguaje y una mirada totalmente culpabilizadora hacia la mujer.

    ¿Habría tantos casos de prostitución, si no hubiera demanda… y… no hay otros ejemplos siempre ricos en esperanza y preñados de misericordia para cuantas personas los quieran recibir?

    En su propia casa hay… y mucho… La mujer es utilizada, usada, y al mismo tiempo condenada, porque parece ser… lleva en su misma entraña , esculpido el mal… triste paradoja.

    El lenguaje es muy importante para poner la fuerza donde sí… tendría que estar.

    Cada cual hará de su vida un camino de bien, o quizá decida vivir por un camino de explotación de cuantas personas pasen a su lado.

    Es uno de los problemas más graves de esta iglesia (es la que mejor conozco) los hábitos de rezos, novenas para conseguir favores, sentido de culpabilidad por casi todo, oscuridad, predicación de sumisión, total ausencia de criterio personal,  y una enseñanza de libertad responsable ante la vida, mirada siempre esperanzada, porque solo está en nuestras manos… el poder llegar a:

    ¡¡¡Ser y estar constantemente en camino de llegar a una plenitud humana!!!

    Ese es el mayor y mejor regalo que Jesús mostró a la humanidad… y tritemente lo hemos encarcelado en miradas oscuras, indignas, tristes, débiles, dependientes de…¿?

    ¡Gracias por esta mirada… suave y comprensiva, pero veraz!

    mª pilar

     

  • pepe blanco

    Entre tanto totustuuismo como se ve en Atrio respecto a Bergoglio, se agradece una voz crítica, aunque sea mínimamente crítica, referida al título de un documento papal. Seguro que Calleja tiene mucha razón, al sugerir que hubiera sido preferible un título referente a la traición de Pedro -por ejemplo-, traición que parece haber sido mucho más miserable que la vida disoluta de una adúltera.

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