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La primera república española (I)

Vuelve el relato sobre el republicanismo español, ahora más ágil y con más guiños a la actualidad

IsornaPRELIMINARES

 I

Antes de cualquier otra averiguación y de entrar en el “menudeo” de los hechos, cabe preguntarse ¿qué sabemos de la Primera República Española, la de 1873?

1) Sabemos que fue “formalmente” la primera, pues la “de facto”, según ya vimos, siguiendo a Morayta, se produjo tras la revolución de septiembre de 1868 y la huída a Francia de Isabel II y duró, al menos, hasta la instauración constitucional de la monarquía (artículo 33 de la Constitución de 1869).

Queda en duda si el hecho de ser “formalmente la primera” supone algún mérito añadido, pues ha de juzgarse por sus frutos. Aunque sí, en todo caso, tiene el mérito de ser experiencia primera, rompedora de “formas” y que ha de servir de referente aprovechable en el futuro.

2) Sabemos que fue convulsa, que no sería desgracia (pues convulsión ha de producir todo proceso de regeneración) sino fuere por las opciones políticas y acciones violentas que causaron innecesario dolor y muertes.

3) Y que fue breve, lo cual, siguiendo (figuradamente) a Gracián, debiera ser mérito si esa brevedad hubiere fructificado en mejoras políticas democráticas y sociales sostenibles, es decir hubiera nacido de ella, no una monarquía que miraba al pasado, sino una nueva e hipotética república democrática que mirase al futuro.

 II

Murió la República democrática, el 3 de diciembre de 1874, en manos del general Manuel Pavía y Rodríguez de Alburquerque que invadió el Congreso y del general Francisco Serrano Domínguez, que asumió la Presidencia del Poder Ejecutivo para gobernar sin Cortes, es decir sin democracia, ese mismo día

Y murió la República autoritaria de Serrano, el 29 de diciembre de 1874, con la proclamación en Sagunto, en voz del General Arsenio Martínez Campos, del Rey Alfonso XII.

En el ínterin han quedado las presidencias del Poder Ejecutivo de Estanislao Figueras (12 de Febrero a 11 de Junio de 1873), Francisco Pi y Margall (11 de Junio a 18 de Julio de 1873), Nicolás Salmerón y Alonso (18 de julio a 7 de Septiembre de 1873) y Emilio Castelar y Ripoll (7 de Septiembre de 1873 a 3 de Enero de 1874)

Quizá pudiera pensarse que este breve esquema podría servir de armazón para adentrarnos, sin más aditamento, en los vericuetos de la Primera República, a la que Benito Pérez Galdós no dudó en calificar de manigua, es decir, pantanoso terreno intrincado y cubierto de espesa maleza.

Pero no. Antes de iniciar tal aventura, conviene dar un paso atrás para ponderar en lo posible las circunstancias y elementos de los y con los que nació la Primera República

III

¿Nació de unas elecciones generales?; No

¿Nació de un pronunciamiento o revolución?; No.

¿Nació de una carambola que no la pretendía? Podría decirse que sí. Y de ello hablaremos otro día.

Y aún más. ¿Nació en sazón, cuando le correspondía? No.

¿Nació a deshora y a destiempo? Probablemente. Pues su hora de nacimiento “natural” era la de la revolución de 1868.

¿Podríamos decir que llegó la República “tarde, mal y arrastro“, sin ilusión y como forzada por las circunstancias?,

Parece entenderlo así de algún modo C.A.M. Hennessy cuando al comienzo del capítulo 8, de su obra “La República Federal en España. Pi y Margall y el Movimiento Republicano Federal 1868-1974” (Los Libros de la Catara. Madrid 2010. Páginas 177 y 178), dice:

«La Primera república debió su existencia a una intriga política de poca monta. Durante once meses los dirigentes federales vivieron a la sombra de sus orígenes. No llegaron en la pleamar de su entusiasmo revolucionario al poder y, como no podían invocar la mística de las barricadas, jamás se libraron de la sensación inicial de ramplonería“. (…) // La abdicación de Amadeo fue lo único que cortó las ásperas y estériles polémicas que caracterizaron las primeras semanas de 1873».

Porque, ¿quién ha traído la República?;  ¿los republicanos?.

Pues véase que no. Y así lo declara ante el Congreso el republicano Emilio Castelar en sus momentos críticos como Presidente del Poder Ejecutivo de la República, en la sesión del 2 de enero de 1874 (Gaceta del 4, pág. 34) al afirmar sin ambages:

«(…) Vino la República, no traída por los republicanos, que no tienen derecho a llamarse los fundadores de la República, sino traída por los radicales; así es que yo entré a formar parte, con gran satisfacción, de un Ministerio en que había elementos radicales; y la noche triste para la República del 24 de febrero en que aquella coalición se rompió, yo dije a la minoría republicana el abismo a que se arrastraba y a que se arrastraba la República. Y ya estamos en el fondo de ese abismo (…)».

Es decir que, según dice Castelar, el mérito de la proclamación formal de la República corresponde más a los progresistas radicales (monárquicos) de Zorrilla, que a los republicanos en cuyas filas el militaba. Veremos el porqué.

Pero ya que Castelar hablaba en 1874 de la tristeza que le produjo la ruptura de la coalición de radicales y republicanos en el primer y brevísimo Gobierno de la I República, permítaseme a mí mostrar tristeza y desazón por la falta de sensibilidad para una efectiva coalición de programas (más allá de cargos y nombres) que se ha patentizado en la legislatura estos días fenecida.

 

9 comentarios

  • ELOY

    UNA CORRECCIÓN DE ERROR.

    Si bien se puede deducir del contexto, hay un error en este artículo que interesa subsanar aunque sea después de tanto tiempo.

    En el apartado II, donde dice:

     

                                                      II

    “Murió la República democrática, el 3 de diciembre de 1874, en manos del general Manuel Pavía y Rodríguez de Alburquerque que invadió el Congreso y del general Francisco Serrano Domínguez, que asumió la Presidencia del Poder Ejecutivo para gobernar sin Cortes, es decir sin democracia, ese mismo día (…)”

    Debe decir:

     
     II
    “la República democrática, el 3 de Enero de 1874, en manos del general Manuel Pavía y Rodríguez de Alburquerque que invadió el Congreso y del general Francisco Serrano Domínguez, que asumió la Presidencia del Poder Ejecutivo para gobernar sin Cortes, es decir sin democracia, ese mismo día (…)“

     

  • ELOY

     
    Gracias M. Luisa por tus amables palabras, que desde luego no merezco.
     
    Tu sí que eres referente en ATRIO
     
    Sigo con interés tus aclaraciones filosóficas y tus referencias a filósofos y filosofías que conozco  muy poco o nada, como por ejemplo Comte-Sponvillela o incluso  Zubiri  
     

  • M.Luisa

    Eloy, otro querido amigo que respira sensibilidad y quien a nadie, en Atrio, le es indiferente

  • ROMAN DIAZ AYALA

    Que  hayan terminado las dos repúblicas mediante levantamiento militar resulta clave. En la primera acabó con el Sexenio Democrático todo.

    Espero tu anunciada entrega de los males con los que se tuvo que enfrentar la República (y las fuerzas en contra) porque nos dará posiblemente un nuevo enfoque a lo que estamos viviendo.

  • ELOY

     
    Gracias Asun Poudereux y  Román Díaz Ayala por vuestros comentarios, pues por más de que Ana dice que fue por error, manifiesta que ha leído el artículo y eso siempre da ánimos.
     
    En todo caso Asun  al hablar de la Primera República como hecho histórico concreto estamos hablando de “ideologías” y de “política” y de eso , por tus artículos yo creo sinceramente que sabes mucho, pues sigo admiro tus intervenciones en ATRIO.  
     
    Al seguir el relato de la Primera República Española uno de los aspectos que resalta es que más allá de las “ideologías” , en la “práctica” y en el hacer  político parlamentario y extraparlamentario, son “los intereses” (en gran medida económicos, pero también de grupo o personales de determinados protagonistas) los que también mueven y están detrás de los acontecimientos y concretamente del acontecimiento puntual que ahora tratamos que es la proclamación de la República en España. Sobre eso seguiremos hablando.  
     
    En cuanto a tus dos comentarios Román, haces alusión en el primero al “cenit”, es decir, según el Diccionario de la RAE, “punto culminante o momento de apogeo de una persona o cosa”.
     
    Y planteas Román  el interrogante de si la Primera República fue el cenit del periodo  1968 y 1974, es decir del Sexenio revolucionario. Habrá que esperar a culminar el relato para destacar puntos culminantes del período porque quizá sean varios.
     
    Pero cito ahora dos posibles puntos culminantes: el triunfo mismo de la revolución (que culmina con la huida de Isabel II) y la aprobación en Cortes de la Constitución de 1869.
     
    En cuanto al advenimiento tardío (como se dice en el artículo) de la República es fruto de fracasos anteriores y del juego político y económico de fuerzas incluso ajenas al republicanismo. De eso hablaremos.
     
     Por consiguiente, como bien apuntas Román, yo creo que la Primera República, no fue el cenit de la revolución, sino el final, el epílogo del período y que por ello hubo de enfrentarse  a muchos errores y males propios, sí, pero también a los muchos “heredados” que en ella se acumularon y que no son atribuibles específicamente a la forma de Gobierno republicana.
     
    Por eso me parece Román que la consideración que haces de las dos Repúblicas Españolas como experiencias frustradas necesitan la matización del porqué y en función de que intereses fueron “derrotadas” y se frustraron. Porque ambas, no debemos olvidarlo, perecieron “manu militari“.
     

  • Asun Poudereux

    Hola Eloy:

    Perdona mi equivocación. El comentario anterior iba destinado a otro hilo, el de la resurrección de los muertos de Carlos Barberá, en alusión a los comentarios de Isidoro.

    Era la primera vez que lo enviaba por el móvil, y como se ve, no me aclaro bien.

    Me gustaría participar en lo que escribes sobre la república, pero, dada mi ignorancia al respecto, me contento con leerlo y apreciar tu esfuerzo y constancia.

    Muchas gracias.

  • Asun Poudereux

    El buen humor se expande y entretiene sin límite. Una herramienta segura para pasar buenos momentos cualquier día del año. Gracias dobles, Isidoro, se aprende mucho.

  • Román Díaz Ayala

    Existen tres momentos históricos cuando se recurre al sistema republicano como solución a los problemas pendientes en la configuración del Estado. Tenemos dos ensayos históricos que fracasaron como intentativas en la segunda mitad del siglo XIX y en la tercera década del XX. Hoy se presenta como una alternativa para varias fuerzas políticas que preconizan el cambio. Vemos un republicanismo programático no sólo en los partidos más proclives al independentismo.

    Con la ventaja que da mirar hacia al pasado haciendo estudios comparativos vemos que la República era una opción más dentro de la revolución liberal que duró cuatro décadas en mitad del siglo XIX y que los ideales democráticos quedaban subscritos solamente a una clase emergente con el caudal filosófico y político del Siglo de Las Luces a la que se adherían la aristocracia ilustrada. La clase rectora de la sociedad era pues, mínima en número, pero muy elitista y conservadora de derechos.

    el problema se centraba, entonces,  en sacar ventaja del desmantelameinto del “Anciente Regime” con su sociedad estamental. El Estado necesitaba una profunda reforma, pero había que afianzarlo como la institución suprema y articuladora. La Iglesia requería que fuese despojaba de sus bienes y privilegios y hasta de su ascendencia sobre el pueblo a través de la religión en lo que entrañaba de mecanismo de poder político. Y todo ello debía ser hecho en nombre de unos principios.

    El período que medió entre septiembre de 1868 y la Constitución de 1869 el pueblo llano, a través de las Juntas, parecía el protagonista y el actor principal, pero no era el centro de las decisiones, y los principios aireados serían universales, pero no dejaban de ser una entelequia. Daba igual monarquía que república.Hasta la universalidad del voto estaba amañada, y restringida.

  • Román Díaz Ayala

    Convenido en que el largo período revolucionario (1834-1874) alcanzó entre 1968 y 1974 sus momento más democráticos, podemos entonces  afirmar que la república fue su cenit?

    Los datos que aporta Eloy desmienten tal afirmación, pues llegó casi por carambola del juego político.

    ¿Pero fueron “los ideales” republicanos la mejor expresión de la democracia en esos momentos históricos? ¿O fue una opción entre La monarquía constitucional y la república lo que encarnaban ambas ese ideal?

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