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Enigmas y belleza del mundo

Blas LaraConfrontados con los enigmas del mundo,  los quijotes de la investigación científica que buscan la explicación última del mundo por la vía estricta de la racionalidad, se sienten necesariamente  frustrados al constatar que la ciencia no permite basar ningún enunciado metacientífico, es decir llegar al sentido último de Todo. Pero para ciertos espíritus exquisitos existe tal vez una alta vía, la de la Belleza.

  • Primer enigma : El origen del mundo

Cuando nos afanamos andando por los caminos de la ciencia, anteriores a los de la Filosofía y a los de la Religión, se nos plantean grandes interrogaciones, grandes enigmas. El primerísimo gran enigma  es el del origen del universo. La cuestión es  « cómo se produjo » . La respuesta de la ciencia por el momento es el Big Bang.  Hay algo insatisfactorio de esta respuesta porque el Big Bang no responde ni al  « por qué del universo» ni a su « para qué ». No responde la ciencia porque esas cuestiones son propias de la Filosofía o de la Religión. El Big Bang, es la hipótesis actual que pretende acallar la cuestión del « cómo ». Se la puede admitir por el momento como una hipótesis plausible, ya que al menos no presenta serios inconvenientes, aunque sea una explicación plagada de zonas oscuras. Notemos sin embargo que  queda sin respuesta  la pregunta de Leibniz: «Y por qué existe algo, más bien que nada ». El hombre de ciencia de hoy, si es intelectualmente honrado, se tiene que inhibir ante los cuestionamientos de la Filosofía – o de la Religión –, y confesar que son  para él terrenos vedados.

  • Segundo enigma : la aparición de la vida

Ante la aparición de la vida sobre la Tierra, la ciencia contemporánea ofrece de nuevo respuestas tentativas y parciales a las que apenas se las puede llamar verdaderas explicaciones. Las leyes de la física y la química explicarían el fantástico despliegue de la creación, a condición de estar guiadas según algunos por la inteligencia suprema de un Gran Diseñador que reglamenta y determina la variedad de formas de vida y su infinita complejidad. Sin embargo la actitud más frecuente entre los miembros de la comunidad científica es la de no admitir  la injerencia de las explicaciones de la Religión. Consecuentemente asignan al azar combinatorio el rol de guiar la construcción de las diferentes formas de vida desde la bacteria hasta el hombre. Pero, ya  sea Dios o el azar  quienes presiden el ingente proceso, de nuevo nos asaltan problemas extraordinarios. Limitándonos a considerar las estructuras de un único espécimen de bacteria es formidable pensar que el apilamiento de átomos llegue a alcanzar la complejidad de la célula,  superior a la de una catedral que se autoconstruyese piedra tras piedra. Es posible, pero sería una  tarea científica de siglos desvelar el rol de las afinidades y las leyes intervinientes entre los campos eléctricos y bioquímicos. Algo de lo que hoy no se sabe casi nada.

  • Tercer gran enigma :  la conciencia, la libertad y los valores

La conciencia supone un extraordinario acontecimiento en el curso de la evolución a partir de la  materia inerte, la « hyle » primitiva. La conciencia supone un repliegue – como un retorno o involución o autocontemplación de la materia ciega sobre ella misma. Es la primera vez en la historia de la evolución en la que sucede algo tan extraordinario. La conciencia es una iluminación que esclarece y refleja especularmente los acontecimientos internos de la extraordinaria máquina del cerebro.

Si todo acontecer obedece a las leyes de la física en el desarrollo de la evolución de manera  determinista, la libertad es algo que escapa al determinismo de las leyes que por hipótesis todo lo gobiernan. (No vamos a entrar en los fecundos debates y explicaciones de la indeterminación cuántica que plantea tantos problemas como pretende resolver).

Esas leyes físicas que todo lo gobiernan, ¿son anteriores a Dios u obra de Dios? Esta es una de esas preguntas radicalmente frustrantes para la que no tenemos respuesta que satisfaga nuestro sueño prometeico de racionalidad integral. Lo que nos lleva a pensar que la especie humana no está hecha para alcanzar la Luz en plenitud… y aún menos el individuo en su particular y encarnizada búsqueda existencial.

En resumen. Ni la ridícula pretensión del materialista autoproclamado ateo que cree poder explicarlo todo, ni el dogmatismo bovino de las aquellas personas inhabilitadas para el análisis crítico por la educación religiosa o ideológica. Por la vía de la ciencia no nos será nunca permitido afirmar que Dios existe o que no existe. Sólo se puede afirmar la plausibilidad de un Principio Superior cuya naturaleza ignoramos.

En el mismo orden de ideas, ningún razonamiento basado en una concepción puramente empiricista del mundo, incluyendo las perspectivas de la socioantropología moderna, nos permite formular adecuadamente los fundamentos de la moral y de los valores. Más bien la economía de la creación nos induciría a postular la necesidad de ciertos antivalores, como el de la supervivencia basada en la lucha por la existencia, la muerte de otros seres vivos para nutrirnos, etcétera.

  • La vía de la Belleza

Frente a  los enigmas arriba evocados hay quienes especulan sobre una materia originaria como si ya estuviese preñada de orden y estructura  desde el primerísimo momento. Extraordinaria hipótesis que eludiría muchas cuestiones. Por ahí discurren la gnosis y las varias formas de panteísmo, incluidos las de algunos pensadores de nuestro tiempo.

Nos queda otro camino de exploración alternativo a la búsqueda racional de sentido. Un camino reservado. El que lleva a desvelar otro enigma :  el de la Belleza en el mundo, su autoría, su finalidad. No hay más que constatarla en un atardecer y en las tantas maravillas del mundo del cosmos. O en la belleza de algunas almas humanas.

San Juan de la Cruz lo sugiere : « Mil gracias derramando / pasó por estos sotos con presura/y yéndolos mirando/ con sola su figura /vestidos los dejó de su hermosura…. Oh prado de verduras/ de flores esmaltado!/ decid si por vosotros ha pasado »

Es la via pulchritudinis del filósofo San Buenaventura. La de la contemplación admirativa. ¿Cómo adentrarse en ella?

38 comentarios

  • oscar varela

    QUERER Y PODER ARTÍSTICOS

     
    La historia del arte ha sido hasta ahora, según Worringer, la historia de la habilidad o PODER artístico.
     

    ¿Es serio creer que ha necesitado la humanidad millares de años para aprender a dibujar bien, es decir, conforme al natural?

    ¿No nos moveremos dentro de un prejuicio tenaz?

    ¿No será ese arte preocupado de emular la vida en la naturaleza meramente una forma parcial del arte, la vigente en nuestra época y en aquellas que por asemejarse a la nuestra llamamos clásicas?

     

    Es un supuesto gratuito, vani­doso y limitado creer que aquellos estilos desemejantes del nuestro son resultado de un no PODER dibujar, pintar o esculpir mejor.

     

    Más vale pensar que las diversas épocas tienen dis­tinto QUERER, distinta voluntad estética,

    * que pudieron lo que quisie­ron, pero

    * que quisieron otra cosa que nosotros.

     

    Así se convertiría la historia del arte:

    * la del PODER artístico, de la Técnica,

    * en la del QUERER artístico, del Ideal.

     
    El arte
    * no es un juego ni una actividad suntuaria,

    * es más bien una explicación habida entre el hombre y el mundo,

    * es una operación espiritual tan necesaria como la reli­giosa o la científica.

     

    Ante los hechos artísticos perte­necientes a una época o a un pueblo, hay que preguntarse:

    * ¿Qué última exigencia de su espíritu satisfizo aquella época, aquel pueblo, en esos productos?

     
    Entonces, la historia del arte sería
    «una historia del sentimiento ante el cosmos”, que se revela en el carácter de la voluntad artística; e.d., de su estilo.

     

    En la evolu­ción del estilo se manifestarían las diversas gradaciones del senti­miento cósmico tan espontáneamente como en las teogonías de los pueblos.

     
    La palabra «belle­za» -en opinión de Worringer-,
    se halla tan empoderada de los valores clásicos que sólo nos entenderemos diciendo que el arte gótico no tiene nada que ver con la belleza.

     
    La espiritualidad gótica, solicitada por necesidades muy distin­tas de las que sintieron los pueblos mediterráneos, tiene asimismo una voluntad artística distinta, quiere otras formas.
     
    Aquella voluntad formal gótica
    que en una simple orla de un traje se manifiesta tan fuerte e inequivocadamente como en las grandes catedrales del siglo XIV.

     

    Es necesario ampliar el cauce del sistema estético.

    ……………………….

     

    SIMPATIA Y ABSTRACCIÓN

     

    Y lo fatal es que solo parece tener vigencia una estética: la “clásica”.

     

    Teodoro Lipps, profesor en Munich, maduró el concepto de la SIMPATÍA y ha hecho de él centro de su estética.

     

    Los objetos son una solicitación a nuestra actividad:

    * recorrer su silueta con nuestros ojos;

    * catar sus tonos, unos más fuertes, otros más suaves;

    * palpar su superficie.

     

    Pero “percibir” un objeto es un resultado

    * de las incitaciones que recibimos y

    * de las activi­dades que ponemos de nuestra parte: movimientos muscu­lares de los ojos, de las manos, etc.

    * si el objeto es angosto y vertical, nuestros músculos oculares verifican un esfuerzo de elevación;

    * este esfuerzo está asociado en nuestra conciencia a otros movimientos incipientes de nuestro cuerpo, que tienden a levantarnos sobre el suelo y a las sensaciones musculares de peso, de resistencia, de gravi­tación.

     

    Se forma, pues, dentro de nosotros,

    en torno a la imagen bruta del objeto angosto y vertical, un como organismo de activida­des, de relaciones vitales: sentimos como si nuestras fuerzas, que aspiran hacia arriba, vencieran la pesantez, por tanto, como si nuestro esfuerzo triunfara.

     

    Y como todo esto lo hemos ido sintiendo mientras percibíamos aquel objeto exterior, y precisamente para percibirlo, fundimos lo que en nosotros pasa con la existencia de él y proyecta­mos hacia fuera todo junto, compenetrado, en una única realidad.

     
    El resultado es que
    * no ya nosotros, sino

    * el objeto angosto y vertical nos parece dotado de energía,

    * nos parece esforzarse por erguirse so­bre la tierra,

    * nos parece triunfar sobre las fuerzas contradictorias.

     

    Y aquello que acaso era un montón inerte de piedras, puestas las unas sobre las otras, se levanta ante nosotros como dotado de una vitalidad propia, de una energía orgánica que por ser triunfadora nos parece grata.

     
    Este es el placer estético elemental
    que hallamos en la contem­plación de las columnas, de los obeliscos.

     
    En realidad, somos nosotros mismos quienes gozamos de nuestra actividad,
    de sentirnos posee­dores de poderes vitales triunfantes; pero lo atribuimos al objeto, volcamos sobre él nuestra emotividad interna, vivimos en él, simpatizamos.

     
    Esta es la SIMPATÍA:
    * «Sólo cuando existe esta simpatía —dice Lipps— son bellas las formas,

    * y su belleza no es otra cosa que este sentirse idealmente vivir una vida libre».

     

    «Goce estético es, por tanto, goce de sí mismo objetivado».

     
    Según esta teoría,
    el arte vendría a ser la fabricación de formas tales qué susciten en nosotros esa vitalidad orgánica potenciada, esa expansión virtual de energías, esa liberación ilimitada e imaginaria.

     

    La consecuencia es obvia:

    el arte, entendido así, propenderá siempre a presentarnos las formas orgánicas vivas en toda su riqueza y libertad, el arte buscará constantemente la captación de la vida animal real, que es la que más puede favorecer esa otra vida virtual;

    el arte, en suma, será esencialmente naturalista.

     
    Frente a esa teoría
    se presentan masas enormes de hechos artísti­cos.

     

    Los pueblos salvajes, las épocas de arte primitivo, ciertas razas orientales practican un arte que niega la vida orgánica, que huye de ella, que la repele.

     
    Los dibujos y ornamentos del salvaje, el estilo geométrico de los pueblos arios al comienzo de su historia, la deco­ración árabe y persa, china y en parte la japonesa, son otras tantas contradicciones de esa supuesta tendencia simpática que se atribuye a todo arte.
     
    Los iconoclastas caen sobre la estética de la simpatía, y al romper las imágenes de seres vivos obedeciendo a un instinto indiferenciado, a un tiempo estético y religioso, la hacen imposible.
    …………………..

     

    Worringer propone que al lado de la voluntad artística:

    * que quiere las formas vivas,

                se abra otro registro en la estética para la voluntad artística

    * que quiere lo no vivo, lo no orgánico e inserto en el movimiento universal,

    * que aspira a formas rígidas, sometidas a una ley de hierro, regulares y exentas de los influjos infinitos e inaprensibles de la vitalidad universal.

     
    Frente a la SIMPATÍA propone la ABSTRACCIÓN como motor estético.
     

    En un dibujo geométrico

    el goce estético no procede de que transfiera a él los esfuerzos imprecisos, innumerables, los movimientos cambiantes de mi vida interior que fluye constantemente sin orden, sin compás, sin regla, que es un caos omnímodo, irreductible a cauce donde no damos pie, donde todo va y viene y claudica, sin nada en reposo, fijo, inequívoco.

     
    No gozo yo, pues, de mí mismo en el dibujo geométrico,
    sino, al contrario, me salvo del naufragio interior, olvidándome de mí en aquella realidad regulada, clara, precisa, sus­traída a la mudanza y a la confusión.

     

    Me salvo en ella de la vida, de mi vida.

     
    La voluntad simpática y la voluntad abstractiva
    son el carácter distintivo de dos posturas diversas que toma el hombre ante el mundo, de dos épocas, en cierto modo, de dos razas.

     

    Podemos ver cómo nos muestra Worringer impreso en los estilos artísticos el carácter diferencial de:

    1)      el hombre primitivo,

    2)      el hombre clásico,

    3)      el hombre oriental,

    4)      el hombre mediterráneo,

    5)      el hombre gótico.

    ……………………………

    El Imparcial, 31 julio 1911.

  • oscar varela

    ¿Acaso ESPAÑA-ana está al SUR de SUIZA-blas?
    ¿Acaso SUIZA-blas está al NORTE de ESPAÑA-ana?
    ……………………..
     
    ARTE DE ESTE MUNDO Y DEL OTRO (OCT1)

    El Imparcial, 24 julio 1911.


    Yo soy un hombre español, es decir, un hombre sin imagina­ción.

    No os enojéis, no me llaméis antipatriota. Todos venían a decir lo mismo. El arte español, dice Alcántara, dice Cossío, es realista. El pensamiento español, dice Menéndez Pelayo, dice Unamuno, es realista. La poesía española, la épica castiza, dice Menéndez Pidal, se atiene más que ninguna otra a la realidad histórica. Los pensadores políticos españoles, según Costa, fueron realistas.
     
    ¿Qué voy a hacer yo,
    discípulo de estos egregios compatriotas, sino tirar una raya y hacer la suma? Yo soy un hombre español que ama las cosas en su pureza natural, que gusta de recibirlas tal y como son, con claridad, recortadas por el mediodía, sin que se confundan unas con otras, sin que yo ponga nada sobre ellas; soy un hombre que quiere ante todo ver y tocar las cosas y que no se place imaginándo­las: soy un hombre sin imaginación.
     
    Lo peor es que el otro día entré en una catedral gótica…
    Yo no sabía que dentro de una catedral gótica habita siempre un torbellino; ello es que apenas puse el pie en el interior fui arrebatado de mi propia pesantez sobre la tierra —esta buena tierra donde todo es firme y claro y se puede palpar las cosas y se ve dónde comienzan y dónde acaban—. Súbitamente, de mil lugares, de los altos rinco­nes oscuros, de los vidrios confusos de los ventanales, de los capite­les, de las claves remotas, de las aristas interminables, se descolgaron sobre mí miríadas de seres fantásticos, como animales imaginarios y excesivos, grifos, gárgolas, canes monstruosos, aves triangulares; otros, figuras inorgánicas, pero que en sus acentuadas contorsiones, en su fisonomía zigzagueante se tomarían por animales incipientes.
     
    Y todo esto vino sobre mí rapidísimamente,
    como si habiendo sa­bido que yo iba a entrar en aquel minuto de aquella tarde se hubiera puesto a aguardarme cada cosa en su rincón o en su ángulo, la mirada alerta, el cuello alargado, los músculos tensos, preparados para el salto en el vacío. Puedo dar un detalle más común a aquella algarabía, a aquel pandemónium movilizado, a aquella irrealidad semoviente y agresiva; cada cosa, en efecto, llegaba a mí en aérea carrera desaforada, jadeante, perentoria, como para darme la noticia en frases veloces, entrecortadas, anhelosas, de no sé qué suceso terri­ble, inconmensurable, único, decisivo, que había acontecido mo­mentos antes allá arriba.
     
    Y al punto, con la misma rapidez,
    como cumplida su misión, desaparecía, tal vez tornaba a su cubil, a su alcándara, a su rincón, cada bestia inverosímil, cada imposible paja­rraco, cada línea angulosa viviente. Todo se esfumaba como si hubiera agotado su vida en un acto mímico.
     
    Hombre sin imaginación,
    a quien no gusta andar en tratos con criaturas de condición equívoca, movediza y vertiginosa, tuve un movimiento instintivo, deshice el paso dado, cerré la puerta tras de mí y volví a hallarme sentado fuera, mirando la tierra, la dulce tierra quieta y áurea de sol, que resiste a las plantas de los pies, que no va y viene, que está ahí y no hace gestos ni dice nada.
     
    Y entonces recordé que,
    obedeciendo un instante no más a la locura de toda aquella inquieta población interior del templo, había mirado arriba, allá, a lo altísimo, curioso de conocer el acontecimiento supremo que me era anunciado, V había visto los nervios de los pilares lan­zarse hacia lo sublime con una decisión de suicidas, y en el camino trabarse con otros, atravesarlos, enlazarlos y continuar más allá sin reposo, sin miramientos, arriba, arriba, sin acabar nunca de concre­tarse; arriba, arriba, hasta perderse en una confusión última que se parecería a una nada donde se hallara fermentando todo. A esto atribuyo haber perdido la serenidad.
     
    Tal aventura acontece siempre a un hombre sin imaginación,
    para quien sólo lo finito existe, cuando comete el desliz de ingresar en una cárcel gótica, que es una trampa armada por la fantasía para cazar el infinito, la terrible bestia rauda del infinito.
     
    Sin embargo, estas conmociones son oportunas;
    aprendemos en ellas nuestra limitación, es decir, nuestro destino. Con la limita­ción que ha puesto en nuestros nervios una herencia secular, apren­demos la existencia de otros universos espirituales que nos limitan, en cuyo interior no podemos penetrar, pero que resistiendo a nues­tra presión nos revelan que están ahí, que empiezan ahí donde nos­otros acabamos.
     
    De esta manera, a fuerza de tropezones con no sospechados mundos colindantes,
    aprendemos nuestro lugar en el planeta y fijamos los confines de nuestro ámbito espiritual, que en la primera mocedad aspiraba a henchir el universo.
     
    Sí; donde concluye el español
    con su sensibilidad ardiente para las llamadas cosas reales, para lo circunscripto, para lo concreto y material; donde concluye el hombre sin imaginación, empieza un hombre de ambiciones fugitivas, para quien la forma estática no exis­te, que busca lo expresivo, lo dinámico, lo aspirante, lo transcendente, lo        infinito. Es el hombre gótico que vive de una atmósfera imaginaria.
     
    He aquí los dos polos del hombre europeo,
    las dos formas extremas de la patética continental: el pathos materialista o del Sur, el pathos transcendental o del Norte.
     
    Ahora bien: la salud es la liberación de todo pathos,
    la supe­ración de todas las fórmulas inestables y excéntricas. Hace algún tiempo he hablado del pathos del Sur, he fustigado el énfasis del gesto español. Mal se me entendió si se me disputaba encarecedor del énfasis contrario, del pathos gótico.
     
    Hace un año, por este tiempo, me hallaba yo en Sigüenza;
    una tierra muy roja, por la cual cabalgó Rodrigo, llamado Mi Señor, cuando venía de Atienza, una peña muy fuerte. Hay allí una vieja catedral de planta románica con dos torres foscas, almenadas, dos castillos guerreros, construidos para dominar en la tierra, llenos de pesadumbre, con sus cuatro paredes lisas, sin aspiraciones irrealizables.
     
    Posee aquel terreno un relieve tan rico de planos,
    que, a la luz tem­blorosa del amanecer, tomaba una ondulación de mar potente, y la catedral, toda oliveña y rosa, me parecía una nave que sobre aquel mar castizo venía a traerme la tradición religiosa de mi raza condensada en el viril de su tabernáculo.
     
    La catedral de Sigüenza es contemporánea, aproximadamente, del venerable Cantar del mío Cid;
    mientras la hermana de piedra se alzaba sillar a sillar, el poema hermano organizaba sus broncos miembros, verso a verso, compuestos en recios ritmos de paso de andar. Ambos son hijos de una misma espiritualidad atenida a lo que se ve y se palpa. Ambas, religión y poesía, son aquí grávidas, terrenas, afirmadoras de este mundo.
     
    El otro mundo se hace en ellas presente de una manera humilde y simple,
    como rayico de sol que baja a iluminar las cosas mismas de este mundo y las acaricia y las hermosea y pone en ellas iridiscencias y un poco de esplendor. Uno y otro, templo y cantar, se contentan circunscribiendo un trozo de vida. La religión y la poesía no pretenden en ellas suplantar esa vida, sino que la sirven y diaconizan. ¿No es esto discreto? La religión y la poesía, son para la vida.
     
    En las catedrales góticas, por el contrario, la religión se ha hecho sustantivo,
    niega la vida y este mundo, polemiza con ellos y se resiste a obedecer sus mínimas ordenanzas. Sobre la vida y contra la vida construye esta religión gótica un mundo que ella misma se imagina orgullosamente.
     
    Hay en el gótico un exceso de preocupaciones ascendentes:
    el cuerpo del edificio se dilacera para subir, se desfilacha, se deja traspa­sar, y en sus flancos quedan abiertas las ojivas como ojales de llagas. Cuando el arte es sumo, consigue —¿qué no conseguirá el arte?— dar a la mole pétrea ilusión de levitación que perciben los estáticos: hay realmente iglesias dotadas de tal empuje pneumático ascendente, que las juzgamos capaces de ser asumptas al cielo, -aun llevando a la rastra todo el peso de un cabildo gravitante.
     
    Pero hay siempre en ellas, para un hombre sin imaginación, algo de petulante,
    un no querer hacerse cargo de las condiciones irrompi­bles del cosmos, una díscola huida de las leyes que sujetan al hombre a la tierra…
     
    Prefiero la honrada pesadumbre románica, dice el hombre del Sur.
    Ese misticismo, esa suplantación de este mundo por otro me pone en sospechas. Unido a un gran respeto y a un fervor hacia la idea religiosa, hay en mí una suspicacia y una antipatía radicales hacia el misticismo, hacia el temperamento confusionario, que me impide encontrarle justificación dondequiera se presenta. Siempre me parece descubrir en él la intervención de la chifladura o de la mistificación.
     
    Sin embargo, la arquitectura es un documento tan amplio del espíritu en ella expresado,
    que ofrece la posibilidad de orientarnos sobre lo que realmente haya de verecundo, de profundamente hu­mano y significativo en el misticismo gótico. La arquitectura es un arte étnico y no se presta a caprichos. Su capacidad expresiva es poco compleja; sólo expresa, pues, amplios y simples estados de espíritu, los cuales no son los del carácter individual, sino los de un pueblo o de una época. Además, como obra material supera todas las fuerzas individuales: el tiempo y el coste que supone hacen de ella forzosa­mente una manufactura colectiva, una labor común, social.
     
    Un libro reciente de Worringer, titulado «Problemas formales del arte gótico»,
    plantea de una manera radical el problema estético de este arte y el estado de espíritu que lo crea. Hallo con satisfacción no pocos puntos de vista comunes entre el libro del doctor Worringer y lo que yo escribí hace algún tiempo en esta hoja bajo el epígrafe «Adán en el paraíso».
     
    Según he oído no fue claro lo que enton­ces escribí, y esto me apena,
    porque se trataba de un ensayo de estética española y como una justificación teórica de nuestra peculiaridad artística.
     
    Ahora, siguiendo al doctor Worringer,
    voy a renovar en otra forma y con los conceptos que él presente aquella cuestión de naturalismo e idealismo, de alma mediterránea y alma gótica. Es asunto en que conviene ver claro si hemos de iniciar algún día la historia científica, es decir, filosófica de España.
    …………………………….

  • oscar varela

    MEDITACIÓN DEL MARCO (OCT2,307/313) – 1921
    (en 4 Entradas por lo extenso)
     
    4a.- EL MARCO DORADO
     
    Confirma esta manera de interpretar la función del marco
    el hecho indubitable del triunfo, confirmado durante siglos, del marco dorado sobre todos los demás. Si se pretende interrumpir nuestra ocupación con lo real, nada mejor que presentarnos algo remoto de toda semejanza con las cosas de la naturaleza, las cuales, más o menos, nos plantean siempre problemas prácticos. Ahora bien; toda forma, por estibada que sea, conserva una alusión a los objetos reales de que ha sido alquitarada.
     
    El más puro y geométrico ornamento, el meandro o la voluta,
    guarda una indestructible resonancia de alguna forma natural, como en el viejo caracol pescado hace mil años repercute todavía el rumor de las resacas atlánticas. Sólo lo informe se halla libre de alusiones a lo real.
     
    El predominio del marco dorado se debe, tal vez,
    a que es la purpurina la materia que da mayor cantidad de reflejos, y el reflejo es aquella nota de color, de luz, que no lleva en sí forma ninguna de cosa, que es puro color informe. Los reflejos de un objeto metálico o vidriado no son atribuidos a él por nosotros como le es atribuido el color de su superficie.
     
    El reflejo no es del que refleja ni del que se refleja,
    sino más bien algo entre las cosas, espectro sin materia. Por esta razón, porque no tiene forma ni es forma de nada, no acertamos a ordenar nuestra visión de él y suele producirnos deslumbramiento.
     
    Así, el marco dorado, con su erizamiento de fulgores agudos,
    inserta entre el cuadro y el contorno real una cinta de puro esplendor. Sus reflejos, obrando como menudas dagas irritadas, incesantemente cortan los hilos que, sin quererlo, tendemos entre el cuadro irreal y la realidad circundante. Parejamente, a la entrada del Paraíso se halla un ángel blandiendo una espada, de fuego, es decir, como un reflejo en el puño.
     
    4b.- LA BOCA DEL TELÓN
     
    La boca del telón es el marco de la escena.
    Dilata sus anchas fauces como un paréntesis dispuesto para contener otra cosa distinta de las que hay en la sala. Por eso, cuanto más nulo sea su ornamento, mejor. Con un enorme y absurdo ademán nos advierte que en el hinterland imaginario de la escena, abierto tras él, empieza el otro mundo, el irreal, la fantasmagoría.
     
    No admitamos que la boca del telón abra ante nosotros su gran bostezo
    para hablarnos de negocios, para repetir lo que en su pecho y en su cabeza lleva el público: sólo nos parecerá aceptable si envía hacia nosotros bocanadas de ensueño, vahos de leyenda.
     
    4c.- FRACASO
     
    El intento de escribir un pliego sobre el marco fracasa, como era de prever.
    Tenemos que concluir cuando empezábamos a empezar.
     
    Ahora debíamos hablar del sombrero y la mantilla como marcos del rostro femenino. Tendremos que renunciar.
     
    Luego convendría plantearse el sugestivo tema de
    por qué el cuadro en China y Japón no suele tener marco. Pero ¿cómo tocar este asunto que implica la diferenciación radical entre el arte del Extremo Oriente y el occidental, entre el corazón asiático y el europeo?
     
    Para entenderlo sería preciso sugerir antes
    * por qué el chino se orienta hacia el Sur y no hacia el Norte, como nosotros;
    * por qué en los lutos viste de blanco y no de negro;
    * por qué comienza a edificar sus casas por el tejado y no por el cimiento; en fin,
    * por qué cuando quiere decir que no mueve la cabeza de arriba abajo, como nosotros cuando queremos decir que .
    ……………………..

  • oscar varela

    MEDITACIÓN DEL MARCO (OCT2,307/313) – 1921
    (en 4 Entradas por lo extenso)
     
    3.- LA ISLA DEL ARTE
     
    En vez de atraer sobre sí la mirada,
    el marco se limita a condensarla y verterla desde luego en el cuadro. Pero no es ésta su principal eficacia.
     
    La pared donde cuelga la obra de Regoyos no tiene más de seis metros.
    El cuadro desplaza una mínima parte de ella, y, sin embargo, me presenta un amplio trozo de la región bidasotarra: un río y un puente, un ferrocarril, un pueblo y el curvo lomo de una larga montaña.
     
    ¿Cómo puede estar todo esto en tan exiguo espacio?
    Evidentemente, está sin estar. El paisaje pintado no me permite comportarme ante él como ante una realidad; el puente no es, en verdad, un puente, ni humo el humo, ni campo la campiña. Todo en él es pura metáfora, todo en él goza de una existencia meramente virtual. El cuadro, como la poesía o como la música, como toda obra de arte, es una abertura de irrealidad que se abre mágicamente en nuestro contorno real.
     
    Cuando miro esta gris pared doméstica mi actitud es forzosamente de un utilitarismo vital. Cuando miro al cuadro ingreso en un recinto imaginario y adopto una actitud de pura contemplación. Son, pues, pared y cuadro dos mundos antagónicos y sin comunicación. De lo real a lo irreal, el espíritu da un brinco como de la vigilia al sueño.
     
    Es la obra de arte una isla imaginaria que flota rodeada de realidad por todas partes.
    Para que se produzca, es, pues, necesario que el cuerpo estético quede aislado del contorno vital. De la tierra que pisamos a la tierra pintada no podemos transitar paso a paso. Es más: la indecisión de confines entre lo artístico y lo vital perturba nuestro goce estético. De aquí que el cuadro sin marco, al confundir sus límites con los objetos útiles, extraartísticos que le rodean, pierda garbo y sugestión. Hace falta que la pared real concluya de pronto, radicalmente, y que súbitamente, sin titubeo, nos encontremos en el territorio irreal del cuadro.
     
    Hace falta un aislador. Esto es el marco.
     
    Para aislar una cosa de otra se necesita una tercera que no sea ni como la una ni como la otra:
    un objeto neutro. El marco no es ya la pared, trozo meramente útil de mi contorno; pero aún no es la superficie encantada del cuadro. Frontera de ambas regiones, sirve para neutralizar una breve faja de muro y actúa de trampolín que lanza nuestra atención a la dimensión legendaria de la isla estética (Recuérdese la etimología de isla, vocablo que viene de ínsula. La raíz sul significa —como sal— la idea de brincar, saltar. Así, in-sula es el trozo de tierra, el peñasco que ha saltado en medio del mar).
     
    Tiene, pues, el marco algo de ventana, como la ventana mucho de marco.
    Los lienzos pintados son agujeros de idealidad perforados en la muda realidad de las paredes, boquetes de inverosimilitud a que nos asomamos por la ventana benéfica del marco. Por otra parte, un rincón de ciudad o paisaje, visto al través del recuadro de la ventana, parece desintegrarse de la realidad y adquirir una extraña palpitación de ideal.
     
    Lo propio acontece con las cosas lejanas que recorta la inequívoca curva de un arco.
    (Nótese que este tinte de irrealidad aumenta cuanto mayor es la distancia entre el arco o ventana y lo visto a su través, de manera que no percibimos los planos intermedios y quedan ocultos los caminos reales por los que podríamos llegar hasta lo visto).
    ………………………..
    (sigue en Entrada Final 4ª,b,c.- EL MARCO DORADO / LA BOCA DEL TELÓN / FRACASO)

  • oscar varela

    MEDITACIÓN DEL MARCO (OCT2,307/313) – 1921
    (en 4 Entradas por lo extenso)
     
    2.- MARCO, TRAJE Y ADORNO
     
    Viven los cuadros alojados en los marcos.
    Esa asociación de marco y cuadro no es accidental. El uno necesita del otro. Un cuadro sin marco tiene el aire de un hombre expoliado y desnudo. Su contenido parece derramarse por los cuatro lados del lienzo y deshacerse en la atmósfera. Viceversa, el marco postula constantemente un cuadro para su interior, hasta el punto de que, cuando le falta, tiende a convertir en cuadro cuanto se ve a su través.
     
    La relación entre uno y otro es, pues, esencial y no fortuita;
    tiene el carácter de una exigencia fisiológica, como el sistema nervioso exige el sanguíneo, y viceversa; como el tronco aspira a culminar en una cabeza y la cabeza a asentarse en un tronco.
     
    La convivencia de marco y cuadro
    no es, sin embargo, pareja a la que primero ocurriría comparársele: la del traje y el cuerpo. No es el marco el traje del cuadro, porque el traje tapa el cuerpo, y el marco, por el contrario, ostenta el cuadro. Es cierto que a menudo deja el traje al descubierto una parte del cuerpo; pero esto nos parece siempre una pequeña locura que el vestido comete, una negación de su deber, un pecado.
     
    Siempre la cantidad de superficie corporal que el traje descubre
    guarda proporción con la que oculta, de suerte que al hacerse aquélla mayor que ésta, deja el traje de ser traje y se convierte en adorno. Así, el cinturón del salvaje desnudo tiene carácter ornamental y no indumentario.
     
    Pero tampoco es el marco un adorno.
    La primera acción artística que el hombre ejecutó fue adornar, y ante todo, adornar su propio cuerpo. En el adorno, arte primigenio, hallamos el germen de todas las demás. Y esa primera obra de arte consistió sencillamente en la unión de dos obras de la naturaleza que la naturaleza no había unido. Sobre su cabeza puso el hombre una pluma de ave, o sobre su pecho ensartó los dientes de una fiera, o en torno a la muñeca se ciñó un brazalete de piedras, vistosas. He ahí el primer balbuceo de ese tan complejo y divino discurso del arte.
     
    ¿Qué misterioso instinto indujo al indio a poner sobre su cabeza una lucida pluma de ave?
    Sin duda, el instinto de llamar la atención, de marcar su diferencia y superioridad sobre los demás. La biología va mostrando cómo es aún más profundo que el instinto de conservación el instinto de superación y predominio.
     
    Aquel indio genial sentía en su pecho una confusa idea de que valía más que los otros;
    de que era más hombre que los otros; su flecha sibilante era en el tupido bosque la más certera e iba rauda a buscar bajo el ala la vida del ave con plumas preciosas. Esta conciencia de superioridad yacía muda en su interior. Al poner sobre su cabeza la pluma, creó el indio la expresión de esa íntima idea que de sí mismo tenía. La pluma sobre él, ¿era tan sólo para que los demás la mirasen? No;
     
    la pluma vistosa era más bien un pararrayos
    con que atraer las miradas de los otros y verterlas luego sobre su persona. La pluma fue un acento, y el acento no se acentúa a sí mismo, sino a la letra bajo él. La pluma acentúa, destaca la cabeza y el cuerpo del indio; va sobre él como un grito de color lanzado a los cuatro vientos.
     
    Todo adorno conserva ese sentido,
    que se hace patente en el trazo oblicuo e indicativo de la pluma sobre la frente del salvaje: atrae sobre sí la mirada, pero es con ánimo de hincarla sobre lo adornado. Ahora bien: el marco no atrae sobre sí la mirada. La prueba es sencilla. Repase cada cual sus recuerdos de los cuadros que mejor conoce, y advertirá que no se acuerda de los marcos donde viven alojados. No solemos ver un marco más que cuando lo vemos sin cuadro en casa del ebanista; esto es, cuando el marco no ejerce su función, cuando es un marco cesante.
    ……………………..
    (sigue en Entrada 3.- LA ISLA DEL ARTE)

  • oscar varela

    MEDITACIÓN DEL MARCO (OCT2,307/313) – 1921
    (en 4 Entradas por lo extenso)
     
    1.- BUSCANDO UN TEMA
     
    En esta habitación donde ahora escribo hay muy pocas cosas; pero entre ellas, dos grandes fotografías y un pequeño cuadro, que en las horas de forzado ocio, de enfermedad o de fatiga, atraen con preferencia mi atención. Las dos fotografías se hacen frente desde dos paredes opuestas:
    * una reproduce la figura de la Gioconda que está en el Museo del Prado;
    * la otra el Hombre con la mano al pecho, que pintó el frenético griego de Toledo.
     
    Este personaje desconocido es una fisonomía apasionada e incandescente
    que modera con el peso de su mano una incurable exaltación cordial y mira el mundo con ojos febriles. La blanca gola emite una estelar fosforescencia; la barba aguda parece estremecerse, y sobre el negro traje, bajo el corazón, el puño de oro del estoque da un perpetuo latido de fuego. Siempre he pensado que esta figura era la más cabal representación de Don Juan, se entiende de Don Juan según mi manera de interpretarlo, que discrepa un poco de las usadas.
     
    A su vez, la Gioconda,
    con sus cejas depiladas y su elástica carne de molusco, con su sonrisa de doble filo, que es a la par de atracción y esquivez, simboliza para mí la extrema feminidad.
     
    Como Don Juan es el hombre que ante la mujer no es sino varón
    —ni padre, ni marido, ni hermano, ni hijo—, es la Gioconda la mujer esencial que conserva invicto su encanto. Madre y esposa, hermana e hija son los precipitados que da la feminidad, las formas que la mujer reviste cuando deja de serlo o todavía no lo es. La mayor parte de las mujeres tienen de mujer sólo una hora en su vida, y los hombres suelen ser Don Juan no más de unos momentos.
     
    Si dilatamos estos momentos,
    prolongándolos sobre toda una existencia, formaremos la ideal figura de Don Juan y de Doña Juana. Porque esto es la Gioconda: Doña Juana.
     
    Así, estas dos fotografías, desde sus paredes fronteras, son tal para cual.
    Victorioso de todas las demás mujeres, era interesante hacer sufrir a Don Juan la mayor experiencia sometiéndolo al influjo de Doña Juana. ¿Qué pasará? La habitación en que ahora escribo es el laboratorio psicológico donde se verifica el experimento. Al caer de la tarde sobre todo, cuando la retaguardia de la luz combate en los ángulos de la estancia con la tiniebla invasora, se dispara entre ambas fotografías un dinámico canje de energías. Yo me he complacido más de una vez en sorprender el tácito diálogo, la ofensiva y defensiva de los dos cartones simbólicos, que, como castillos pirotécnicos, se lanzan mutuamente, al través del aposento, bengalas sentimentales.
     
    Ya que he de escribir un pliego más, a fin de colmar las dimensiones de este tomo,
    ¿por qué no hacerlo sobre este tema? Hay, sin embargo, un inconveniente. Este grave tema de amor y de dolor no cabe en un pliego: requeriría docenas de ellos, y ahora se trata de escribir uno solo.
     
    Busquemos un tema más humilde.
    Tal vez el pequeño cuadro que pende a la izquierda del Hombre con la mano al pecho. Es un paisaje de Regoyos, el más humilde de los pintores, Fra Angélico de los glebas y los sotos, que parecía ponerse de rodillas para pintar una col. Se trata de un rincón del Bidasoa: un área mansa de verdes hortalizas, vagos al fondo los montes plomizos de Francia, nubes ingrávidas en lo alto, curvas del río sinuoso, un pueblo refulgente que el sol orifica con su último rayo, y el puente internacional, sobre el que corre, única nerviosidad en medio de la vaporosa calma, un trencito apresurado. El humo de la locomotora se desvanece en el aire, y cuando ya va a borrarse, le vemos renacer de sí mismo, y así indefinidamente. Este continuado ritmo de la muerte y resurrección del humito dota al cuadro de una como vital pulsación que lo mantiene en inmarcesible actualidad.
     
    ¿No podría llenarse un pliego con todo lo que este menudo cuadro sugiere? Desgraciadamente, no. Nada más fácil que escribir sobre este cuadro varios pliegos; pero uno, uno solo, imposible. El lector no sospecha los apuros que un hombre pasa para escribir un solo pliego. ¡Son de tal suerte maravillosas las cosas todas del mundo! ¡Hay tanto que decir sobre la menor de ellas! ¡Y es tan penoso amputar a un asunto arbitrariamente sus miembros y ofrecer al lector un torso lleno de muñones!
     
    Busquemos, pues, un tema todavía más humilde que el humilde cuadro del humilde pintor. Por ejemplo: su marco dorado. Hagamos una breve meditación sobre el marco. Aun reducido así el propósito, es seguro que no podremos hacer más que despuntarlo.
    ………………………
    (sigue en Entrada 2.- MARCO, TRAJE Y ADORNO)
    ………………………

  • oscar varela

    Hola Blas!
     
    Gracias por “aparecer”! Y sanando!
    …………………..
     
    Leo de tu Comentario:
    – “belleza de alma”- que te doy un ejemplo: el hermano del starets Zósimo en Los Hermanos Karamazov.”-
    ………………………….
     
    Más que “belleza de alma” este “tipo” (opuesto a Iván, su otro hermano) es la exageración extremista.
     
    A propósito, me parece que tú dices lo contrario en otro inmediatamente anterior Artículo publicado en Tendencias 21:
     
    – “Hay que rechazar como utopías absurdas las interpretaciones angelistas del Sermón de la Montaña.
    * El dulce Francisco de Asís, o
    * el hermano del staret Zósima de Dostoiewski en Los Hermanos Karamazov,”-
    ………………………..
     
    La interpretación utópica de esas “bellas almas fue prevista y escrita en 1939 por un PROFETA ítalo-argentino, Enrique Santos Discépolo, cuando encarando a Dios le dice-grita:
     
    – “Lo que aprendí de tu mano
    No sirve para vivir!”-
     
    https://www.youtube.com/watch?v=gm-_et92qJ8
    (tanguito que ya lo promocioné miles de veces en Atrio)
     
    Abrazo y ¡Vamos todavía! – Óscar.

  • oscar varela

    Hola!
     
    SOBRE LA ¿ETERNIDAD DE LA BELLEZA?
    …………………………….
     
    A la belleza, que aspira sobre todo a ser incorruptible y sin edad,
    prefiero un arte más saturado de vida que se sabe hijo de un tiempo y con él destinado a transcurrir.
     
    El presunto carácter de eternidad, de in-corruptibilidad, de insumisión a los gusanos, sólo se logra vaciando la obra de toda entraña viva, momificando el propio corazón y haciendo del rostro animado un mascarón exánime.
     
    Se ha convenido en situar sobre la cima de lo estético ciertas formas del arte griego,
    la escultura períclea parece colocada más allá de toda humana mudanza. Las figuras de Fidias pretenden existir fuera de la cronología, como las verdades geométricas.
     
    Vale sospechar que lo logra
    a costa de interesar solo la periferia racional de nuestro espíritu, aquella zona impersonal de nuestra persona capaz de respirar geometría. Padecemos aún supersticioso culto por un helenismo de convención que alguien hubiese inventado e inoculado en nuestro ADN.
     
    La vida es duración y mudanza: nace, florece, muere y deja tras sí la ocasión para otras vidas sucesivas y distintas.
    ………………………………
     
    ¿Qué mujer es la más bella?
    Todo espíritu delicado prefiere en la mujer esa hora vendimial del otoño, cuando se juntan en su fisonomía graciosos ecos de doncellez e inquietantes anticipaciones de caducidad. En ese momento es la mujer síntesis de sí misma: nos trae en esencia su primaveral pasado y ya entrevemos el rigor de nieves futuras. Así, con su génesis, con su actualidad y el anuncio de su desaparición; así, en su íntegra perspectiva vital, las cosas nos interesan más y adquieren sus semblantes un profundo dramatismo.
     
    Todas las formas vivientes, inclusive las artísticas, son perecederas.
    La vida misma es un frenético escultor, que, incesantemente afanado en producir nuevas apariencias, necesita de la muerte, como de un fámulo que desaloje del taller los modelos concluidos.
     
    La mayor sabiduría es secundar esta misteriosa universal voluntad de la vida!
    Aprendamos a preferir
    * lo corruptible a lo inmutable,
    * la trémula mudanza de la existencia a la esquemática y lívida eternidad.
     
    Seamos de nuestro día:
    mozos al tiempo debido, luego espectros o sombras en fuga. Lo decisivo es que llenemos hasta los bordes la hora caminante, que seamos en el ánfora grácil buen vino que rebosa.
     
    Un Libro del Padre Nieremberg se titula “Diferencia entre lo temporal y lo eterno”.
    Sobrestima las cosas llamadas eternas, que nos dejó en herencia Platón, y las coloca entre algo perverso y pueril, resto de la antigua y naciente dialéctica; apoteosis de fáciles esquemas y una subver­sión contra el destino grandioso de la vida.
     
    A veces los argumentos del jesuita llegan mal atinados: apuntan a nuestra amargura y dan en nuestra sonrisa. He aquí, por ejemplo, cuenta una obser­vación para influir en nosotros:
     
    «No sé yo qué más podrá declarar la mutabilidad del ingenio que aquel caso memorable que sucedió en Efeso.
     
    Había allí una matrona honestísima que, habiendo muerto su marido,
    hizo los mayores extremos que vieron los nacidos. Todo era llorar inconsolablemente y desgreñarse; y no contentándose con las ceremonias comunes de otras viudas, se fue al sepulcro de su marido que antiguamente estaban en los campos y eran en bóvedas o partes capaces, y allí se encerró, sin querer comer bocado, como no lo comió en dos días.
     
    Suce­dió, pues, que allí cerca ajusticiaron a unos malhechores,
    y porque no los qui­tasen de las cruces u horcas donde estaban colgados, dejó la justicia a un soldado por guarda.
     
    El militar, sabiendo que estaba en el sepulcro aquella ma­trona, llevó allá su cena para que comiese. Al principio no había remedio que tomase bocado; pero tanto hizo el soldado, que la vino a convencer que comiese algo, porque no muriese desesperada.
     
    Pasó más adelante,
    y el que la convenció para que tomase su comida, la persuadió también cosas peores. Entretenido con la mujer y descuidando el soldado su oficio de centinela, le hurtaron de la cruz u horca a un ajusticiado, porque sus parientes, advirtiendo que faltaba de allí la guarda, fueron por él para quitarle de allí y darle se­pultura.
     
    Cuando supo que se le habían llevado,
    temiendo el castigo que había de hacer en él la justicia, díjoselo muy desconsolado a la viuda, la cual le consoló brevemente: porque tomando el cuerpo de su marido difunto, por el cual había hecho tantos extremos, le puso en la horca en lugar del ajusticiado.
     
    Esta es la inconstancia y tenue permanencia del corazón humano,
    más mudable y variable de lo que parece posible; y mudándose él, trae a su compás las demás cosas, las cuales por mil caminos son vanas, inconstantes y frágiles.”-
     
    No se entiende bien por qué razones
    el Padre Nieremberg hubiera preferido una viuda más tenaz, que, con rigidez de estatua, prolongase indefinidamente su actitud de plañidera.
     
    La gracia insuperable de lo real, escapándose de esta narración, se venga aquí del buen jesuita abstracto, retórico e insincero.
     
    Serían graves la caducidad y trasiego de cosas y emociones si no fuesen precisamente aquéllas el aparato que hace posible la sustitución y progreso de éstas.
    ……………………..
     
    Mohamed y su visir Hagim regresaban una tarde de la Ruzafa,
    lugar de campesino solaz que el califa poseía en las afueras de Cór­doba. Habían gozado una jornada de sol, de vino y de versos. Los ecos melan­cólicos de la larga fiesta y el influjo de la luz moribunda inclinaron sus almas ardientes hacia las últimas cuestiones. «¡Hijo de los califas!”- exclamó Hagim- . ¡Qué hermoso sería el mundo si no existiera la muerte!” “¡Eso es absurdo!” —respondió Mohamed—. Si no hubiera muerte, no reinaría yo. La muerte es una cosa buena: mi antecesor murió: por eso reino” Y el viento empujó estas duras, pero nobles palabras hacia el bronce de los olivares.
    …………………….
     
    Si no quedase más hombre que el marido difunto, bien estaría en la viuda un llanto inextinguible. Pero ¡he aquí que tiene a mano este inesperado militar, tan compasivo, y tan galante!… La tumba da ocasión a una nueva, y la raza de los efesios asegura su perpetuidad.
     
    Los años y las meditaciones me inclinan a la convicción de que
    la norma superior, la más delicada, es una profunda y religiosa docilidad a la vida, cuyo culmen es una limpia pasión y finamente dramática.
     
    Toda otra norma debe ser sometida a esta instancia.
     
    Para dar en rostro a las acusaciones de coquetería y caprichosidad con que solían hostilizarla, Ninón de Lenclos había elegido, a guisa de emblema, una veleta. Bajo ella hizo poner esta frase castellana:
    NO MUDO, SI NO MUDAN.
     
    Esta gentil paradoja,
    donde se encarga a la veleta de simbolizar la verdadera constancia, me parece un pensamiento magnífico.
     
    En cambio, la veleta fija siempre hacia el ábrego no es por ello más constante que las otras; es sencillamente una veleta mohosa y paralítica.
    ……………………

  • Isidoro García

    Quizás he sido un poco escéptico con la posibilidad de alcanzar a través de la “belleza”, un éxtasis estético que nos conduzca a una experiencia oceánica.

    Freud en la introducción a su libro, El malestar en la Cultura, cuenta que recibió en ese tiempo, una carta del poeta Romain Rolland, en la cual le describía haber experimentado un sentimiento de algo “sin límites ni ataduras”, que él consideraba como la base fisiológica de gran parte de la Sabiduría del Misticismo. Freud lo llamó Sentimiento Oceánico. Se percibe uno en un espacio INFINITO en el cual uno se encuentra en el centro de esta percepción.

    Mi escepticismo viene de dos cuestiones. La primera es que no todo el mundo tiene las condiciones neurológicas, para movilizar los circuitos neurológicos donde reside ese programa emocional -arquetipo.

    Y la otra, que para llegar a obtener la interpretación adecuada a esa rara experiencia, se debe disponer del adecuado bagaje de reflexión espiritual, y de una cosmovisión muy global y amplia. Si no ocurre esto, se queda en un “viaje espiritual”, como los de los chutes de LSD de los hippies.

    Necesitamos ser conscientes de que el hombre espiritual debe superar estadios de conciencia arcaicos, y desear obtener metas superiores que surgen, una vez obtenidas las mas elementales. Necesitamos “saber”, y además sentirnos en armonía con el resto del Universo, del Cosmos, que es de lo que tratan las metanecesidades superiores de las que habla Maslow.

    Dice Miguel Grinberg, que “La filosofía perenne es el núcleo de la sabiduría común a todas las tradiciones espirituales del mundo.

    Dice la sabiduría perenne, que todas las cosas del Cosmos, son parte de un sistema, de un “todo” indivisible, habiendo una interconexión de toda la realidad y una unidad fundamental del Universo.

    También dice que nuestra mente anhela dicha unidad con esa realidad del Cosmos. Y solo la obtenemos mediante una ligazón íntima a través del “uno mismo”, el “self”, o el “espíritu”, (diferentes nombres de lo mismo), de cada uno.

    Y esta ligazón, este encuadramiento en la unidad fundamental del Universo, se favorece y aprecia cultivando la intuición subconsciente, mediante la contemplación y la meditación.

    Y que cuando experimentamos dicha interconexión con la realidad, captamos lo “importante” de las cosas, (que no otra cosa es la sabiduría, el saber las cosas importantes e ignorar las superfluas, que ocupan tiempo y esfuerzo inútilmente). Y esto conlleva también a un comportamiento favorecedor de la justicia y la compasión universales.

    Estos principios están recogidos por diferentes tradiciones espirituales de Oriente y Occidente, donde la filosofía perenne se remonta al inicio de la cultura griega”.
     

    Con este planteamiento, y concretándonos en el cristianismo, resultaría que el Mundo Espiritual, organización muy real (aunque de una realidad ignota aún), que se recoge en todas las religiones, (como el Cielo o Comunión de los Santos en el cristianismo, Paraíso islámico, Shekinah judaica, Brama hindú, Nirvana budista),  serían una especie de interfaz o mecanismo, para conseguir que los humanos podamos satisfacer esa metanecesidad de sentirnos uno con el Universo: “Que todos seamos “uno”.

  • Isidoro García

    (Ya me he enterado que es eso de la Via pulcriturinis esa. Y no me gusta).
     
    Señalaba yo hace dos días en otro hilo, las meta necesidades de Abraham Maslow,  ttp://mertonpito.blogspot.com.es/2008/12/meta-necesidades.html , “quien desarrolló una psicología de la motivación. Entre las necesidades que motivan a las personas, él considera, además de las necesidades de seguridad, posesión, poder, pertenencia a un grupo, autoestima y autorealización, también las denominadas meta necesidades, como son la necesidad de verdad, de belleza, de bondad, de ampliación de la conciencia, de unidad consigo mismo y con Dios, de autotrascendencia.


    Estas necesidades intrínsecas que radican en el subconsciente, se desarrollan a través de algunos de los “arquetipos” que nos descubría Jung.

    “Lo inconsciente no solo incluye los instintos, las pulsiones, los deseos o los complejos, sino que, al mismo tiempo, se refiere a todo aquél microcosmos anímico en el que habitan los conocidos arquetipos, modelos de ordenación de los contenidos inconscientes, patrones de conducta o disposiciones innatas a reaccionar ante diferentes situaciones como seres humanos”. (José Antonio Delgado)

    Esos arquetipos están en todas las mentes humanas, lo que sucede es que unas veces se “despiertan” y otras no, en función de la situación biográfica de cada individuo, y el que se den estímulos que los activen.

    Según Maslow cuando se han cubierto las necesidades mas primarias, (fisiológicas, de seguridad, de afiliación o pertenencia), se ponen en marcha las necesidades de autorrealización, que culminan en unas  necesidades del Ser, que son esas meta-necesidades, que “se precisan para ser feliz: verdad, bondad, belleza, unidad, integridad y trascendencia de los opuestos, vitalidad, singularidad, perfección y necesidad, realización, justicia y orden, simplicidad, riqueza ambiental, fortaleza, sentido lúdico, autosuficiencia, y búsqueda de lo significativo”. (Wikipedia)

    Y se activan y ponen en marcha unos circuitos neuronales que incitan a buscar y encontrar una serie de experiencias deseables “superiores”, sin las cuales se siente una carencia anímica, una necesidad de “algo” que no sabemos lo que es, pero que presentimos fuertemente.

    La satisfacción de ver satisfechas estas metanecesidades, otorga al humano “la sensación de que está tocando la frontera de algo inefable y queda el alma como en contemplación silenciosa”, lo que puede interpretarse como una experiencia “mística”.

    Este mecanismo psicológico superior, es el que es aprovechado por algunos teólogos, (todo es bueno para el convento”), para suplir la incapacidad de algunos para entender el mensaje cognitivo religioso, haciendo del camino de la belleza un camino que lleve al hombre al interior del santuario de la fe en Dios.

    Es un camino, como otro, pero no válido para cualquier persona de carácter intelectual y científico. (Además de que es muy peligroso, pues supone un “deslumbramiento” y un quedarse “a ciegas”: “tú firma aquí, que luego nosotros rellenamos el contrato”).
     

    Trucos baratos indignos de tu categoría, Blas. No te lo aconsejo. (Es como esas novias que en vez de conquistarte con los ojos y los oídos, te conquistan con el estómago: ¡peligro!)

  • Isidoro García

    Y se me olvidaba añadir, que debes disponer previamente de un Sistema Global de Conocimientos, donde colocar esas intuiciones-revelaciones obtenidas, pues si no dispones de él, esas intuiciones se perderán como lágrimas en la lluvia, en la noche del olvido.

  • Isidoro García

    El amigo Blas, nos presenta, los enigmas del Universo, divididos en tres, que son el mismo, pero aplicado sobre los tres “reinos” del Universo: el de la materia inanimada, el de la Vida, y el de la Inteligencia.
    La Ciencia que no es mas que el conocimiento organizado, intenta encontrar una Teoría Unica, general del Universo, que explique dichos enigmas, o mejor dicho ese único enigma, subdividido en tres.

    Se impone un Sistema, que agrupe todos los conocimientos dentro de una única Teoría. Yo se que en estos tiempos los Sistemas tienen mala prensa, pues se las considera un reto demasiado ambicioso. Y además si te equivocas de Sistema, te equivocas en todo. Pero la Realidad es única, y a pesar de todos los solipsismos relativistas, (que lo único que persiguen es lograr no equivocarnos, a base de no decir nunca nada –lo cual es perfecto si no se tiene nada que decir), su descripción, debe ser también unívoca.

    El reto es muy complicado, y en ello estamos desde hace unos pocos años, pero esperemos que nos queden muchos mas, (a la Humanidad), para lograrlo.

    El peligro es desanimarse y buscar atajos “milagrosos”. Yo no tengo ni idea de lo que es la “via pulchritudinis del filósofo San Buenaventura”, pero soy muy escéptico sobre todo intento de obtener conocimientos, por vía estética-emocional.

    Yo creo en las intuiciones subconscientes, y hasta en algunos casos en la posibilidad de obtener informaciones vía telepatía de otros seres, ya de este mundo, o del mundo espiritual, pero en general esas intuiciones vienen tras mucho estudio y reflexión sobre el tema en cuestión. (“¡Llamad y se os abrirá!”, pero hay que llamar trabajosamente a la puerta – no existen las comidas gratis, todo se paga).

    Y lo mismo pasa, (porque es lo mismo), con la meditación. La meditación silenciosa es un camino de obtener intuiciones y/o “satoris-revelaciones”. Pero tienes que haber madurado el subconsciente con un trabajo previo. Sólo en casos muy excepcionales se produce una iluminación “gratuita”. El Buda, estuvo mucho tiempo debajo del árbol. Sin embargo no sabemos el tiempo que le costó a San Pablo lo suyo. Pero esos son otros casos.
     

  • ana rodrigo

    Oscar, pienso que tu enigma ” oh,oh,oh, ¿y?” tiene fácil solución porque como la tienes tú podrías axplicárnosla.

  • oscar varela

    Hola!
     
    Ciertamente que después de los tres enigmas apuntados y, como tales enigmas, irresueltos, el final del artículo rompe el ritmo de la racionalidad exigida a los anteriores enigmas.
     
    Y, claro, descartando la vía de la razón y entrando por la vía de la “emoción” nos surgen nuevas inquietudes como ya se viene manifestando en vuestros cometarios.
    …………………
     
    Al ritmo de los Comentarios de los Cumpas atrieros, incluido el del Autor del Post y su Pareja en Vía de Pulchritud!); pretendo hacer el siguiente Comentario con la intención de ampliar el ámbito del ENIGMA a la misma “Vía Pulchritudinis”.
     
    Propongo, por lo tanto, el siguiente ENIGMA aplico-interpretandado la “Vía Pulchritudinis”:
    ……………………….
     
    “ ¡Oh! ¡Oh! ¡Oh!
    ¿Y? “
    ………………………

  • mª pilar

    Estimado Blas:
    Primero… mimarte y recuperarte, luego nos vas regalando tus vivencias, para que entre quienes lo deseen, compartamos las nuestras.
     
    ¡Gracias! Por traer aromas distintos que nos obligan a salir, mirar, experimentar y… ¡compartir!
     
    Un abrazo entrañable y agradecido y… mucha paz y armonía.
    mª pilar

  • ana rodrigo

    Ayer quise participar en la reflexión que nos propone Blas y, al no poder hacerlo, voy a intentarlo en este momento.
     
    Ciertamente que después de los tres enigmas apuntados y, como tales enigmas, irresueltos, el final del artículo rompe el ritmo de la racionalidad exigida a los anteriores enigmas.
     
    Y, claro, descartando la vía de la razón y entrando por la vía de la “emoción” nos surgen nuevas inquietudes como ya se viene manifestando en vuestros cometarios. Pienso que el ser humano está dotado de capacidades mil para que, cuando encuentra todas las puertas se le cierran, pueda buscar un punto de fuga, como hacen muchos artistas plásticos, que nos abra horizontes ilimitados y no por ello, menos satisfactorios.
     
    Ciertamente que la razón en el ser humano es su distintivo único con respecto a otros seres vivos, pero no es menos cierto que sólo la razón no satisface la búsqueda de plenitud, y cuántas veces una sonrisa, una caricia, un flor, una obra pictórica, etc. etc., nos proporciona sensaciones de plenitud apartando, aunque sea por unos instantes, el sinsentido de tanto dolor, tanta maldad, de tantas catástrofes naturales o fabricadas por los seres humanos.

     

    El mundo emocional que se desarrolla tanto en situaciones difíciles como es el sufrimiento, siempre buscando el sentido al dolor, como en el aspecto positivo, sin que en ese momento exijamos explicaciones racionales, sino más bien, dejándonos invadir por “la felicidad” que nos proporciona. Y, ¿no es acaso el mayor anhelo del ser humano buscando armonía, belleza, bienestar, alegría, etc. lo que da sentido a nuestras vidas como para decir “vale la pena vivir”?

    Y, a partir de aquí, viene la mística, capítulo no menos importante en la vida de cualquier persona.

  • Blas Lara

    Amigo Oscar : Un pequeño infartillo por aquí, un par de operaciones por allà. Pero todo pasó y VOY TODAVIA que decía el poeta. Es él también, lo imagino, uno de esos espíritus exquisitos que te interpelan. Yo pienso en algunos amigos, y en general en algunas(!) personas, raras rarísimas de alta calidad de alma- belleza de alma- que he conocido a lo largo de la vida. Como tú no las conocerás, te doy un ejemplo que me viene a la memoria, extraído de la literatura : el hermano del starets Zósimo en Los Hermanos Karamazov. Magnífico personaje. También seguramente Francesco de Assissi. Y otros entre los místicos , principalmente orientales.
    No he elaborado más las ideas sobre la belleza, porque estoy en camino. Suelo escrbir ex abundantia cordis, es decir lo que vivo. Por eso solicito vuestras ideas. En efecto la incorporación de los compañeros de Atrio, que María Pilar deseaba, esta siendo para mí muy fructuosa.
    Por ejemplo, la espléndida construcción de la Historia de las ideas que aborda Román. El  encuentra la belleza en la Creación. Efectivamente las leyes de simetría que observamos en animales -y en minerales !), así como las estruturas comprensibles – que dice él -de la organización de la materia y de la vida… A las que hay que acercarse- como Román dice con una gran humildad-. Quizás la admiración sea la mejor –la metafísicamente justa forma de oración. Así me parece cuando leo la astronomía o cuando me intereso a la física del átomo. Deslumbramiento !
    Bien entendido, también y quizás sobre todo, delante del ser humano. El gran misterio, subrayado por Kant, que a él le deslumbraba en la otra profundidad, la del espíritu humano, el misterio de esa semilla de los Valores que allí encuentra, y que sobrepasan la la mecanicidad inteligible del mundo sensible. Y que hacen que encontremos algunas « buenas personas », las almas bellas que reclama Ma. Pilar. Bellas almas que nos ayudan a vivir en medio de la pocilga a la que alude Pascual. La imagen del Padre, a la que en su búsqueda horizontal alude Cadarso, queda a veces tan desdibujada en nuestr@s compañer@s de exilio , a pesar de las recomendaciones del evangelista Juan.
    Preciosas consideraciones las de Olga que admira la belleza gratuita de las flores en su desierto chileno. La via pulchritudinis es esa actitud mental. ?Véis cómo ayudáis con vuestros comentarios a irse abriendo camino por esta escondida por donde ha ido los pocos sabios que el mundo ha sido ? Cuando haya cargado un poco más mis baterías os comunicaré fraternalmente lo que vaya encontrando. (Perdón por mi despojo, Che : Sigamos todavía !)

  • oscar varela

    Hola!
     
    Retomo mi primer pregunta a Blas sobre la “via pulchritudinis” (El camino de la belleza)
    – ¿En qué consistirían esos “ciertos espíritus exquisitos”?
     
    Y digo que estoy de acuerdo,
    pero no sé si coincidiremos en la razón de
    por qué los aptos para esa “via pulchritudinis” son “pocos” frente a “los muchos”  
    ……………………
     
    Pero antes debo:
     
    1.-  descartar la contradicción en que incurre el promotor de la tal “via pulchritudinis”, el Cardenal Giuseppe Bertello al afirmarla como una VÍA “PARA TODOS”. Dice:
    – “es una experiencia que TODO HOMBRE puede hacer…”
     porque hay una llamada al sentido mismo de lo que somos
    a través de la “via Pulchritudinis”-
    2.- rechazar el supuesto (no cabe ni la sospecha de una duda) que la “Pulchritudo” es un Asunto de “ULTIMIDAD” para el Destino de los humanos:
    – … y al destino último al que estamos llamados,
    a través de la “via Pulchritudinis”-
    (este “rechazo” lo dejaré para otro Comentario)
    ……………………..
     
    EXCURSUS: No le voy a complicar la “convalecencia” al Cumpa Blas preguntándole si su Artículo está armado para concluir (en la vía Pulchritudinis) luego de haber “descartando” los anteriores Caminos porque ellos no logran salir del “Enigma”.
     
    ¿Hay en esto, acaso, algún paralelo con el “oficio” del Cardenal “Predicador”, que para promocionar la oferta de “salvación beata” sostiene su Tesis de la vía Pulchritudinis habiendo previamente menos-preciado las cosas de la vida, diciendo:
    – la comunidad católica se ha puesto en marcha por los caminos de un mundo tecnificado, secularista, solicitado por los múltiples reclamos del consumo y del hedonismo, en una suerte de “paese dei balocchi” –o país de los juguetes-.
    Los discípulos de Cristo llevan en la mano la antorcha encendida de la fe e invitan a sus hermanos, hombres y mujeres de buena voluntad, a acompañarles por el “camino de la Belleza”.-
    ………………………………….
     
    Ad 1.- La Vía Pulchritudinis es para un “grupito” (idóneamente cualificado)
     
    Si el “ámbito” propio de este “camino de la belleza” fuese el ARTE; veamos qué viene pasando.
     
    Lo característico del arte nuevo es que divide al público en estas dos clases de hombres:
    * los que lo entienden y
    * los que no lo entienden.
     
    Esto implica que los unos poseen un órgano de comprensión negado a los otros, que son dos variedades distintas de la especie humana.
     
    El arte nuevo, por lo visto, no es para todo el mundo, como el romántico, sino que va desde luego dirigido a una minoría especialmente dotada.
     
    El arte joven, con sólo presentarse, obliga al “mercantil” a sentirse tal y como es: un mercantil, ente incapaz de sacramentos artísticos, ciego y sordo a toda belleza pura.
     
    Habituado el “mercantil” a predominar en todo, se siente ofendido en sus «derechos del hombre» por el arte nuevo, que es un arte de privilegio, de nobleza de nervios, de aristocracia instintiva. En definitiva: ARTE PARA ARTISTAS (los POCOS). Y esto es plenamente NO-POPULAR (los MUCHOS); o, como nos cuenta Lara: Asunto de “ciertos espíritus exquisitos”.
     
    ¡Voy todavía! – Óscar.

  • oscar varela

    Un poco de Fenomenología sobre la MÚSICA
     
     
    “Un concierto al modo usado ¿no es ya un error de perspectiva, como lo es un museo?
     
    Se reúne en una sala a centenares de personas extrañas entre sí;
     
    Se las propone, de tal hora a tal otra, no ocuparse sino de oír, y se enfoca irremisiblemente su atención superior hacia unos instrumentos.
     
    Queda así la obra de arte abstraída, segada de su fondo nativo, que es nuestra vida personal y, una vez destacada violentamente, parece que aspira a suplantar aquélla.
     
    Como esto no es posible, salimos del concierto con una impresión de íntimo fracaso.
     
    En cambio, mientras caminamos por la ciudad, atentos a nuestros afanes vitales, acaso el violín de un ciego que se lamenta en el rincón de una plazuela desliza su son querellante en el confín de nuestra conciencia,
     
    y penetrando por una humilde rendija de ella nos punza el corazón deliciosamente.
     
    Está hecho el violín del ciego para sonar al fondo del paisaje urbano donde se desarrolla nuestra vida, donde amamos y odiamos, donde somos vencidos y vencedores.
     
    Puesto allí, en su rango propio, llega el sórdido instrumento a la plenitud de su valor.
     
    (José Ortega y Gasset)

  • oscar varela

    Ok, ana/blas, ok!

    Tranqui, tranqui. Ya me doy por entera’o.

    Abrazo atriero! -olgoscar.

  • ana rodrigo

    Hola, Oscar, te contesto yo por Blas. Blas tiene intención de participar en su propio post, pero las circunstancias salud pasajeras se lo está poniendo difícil. Espero que pueda hacerlo cuanto antes.

    Por otra parte quería decirte que a mi tú me gustas más cuando contestas que cuando preguntas, porque a esas preguntas que haces debes tener reflexiones muy sustanciosas. Mañana intentaré aportar yo mis propias ideas-experiencias sobre el tema.

  • oscar varela

    Hola!

    Ya vamos por el Comentario 16 y Blas no aparece.

    Pregunto a la REDACCIÓN ATRIO si Lara sabe que hay un Post de su Autoría “para comentar”. Porque pudiera ser que Blas lo haya escrito-enviado hace un tiempito y no se haya enterado que salió al público.

    ¿O ando despista’o?

    ¡Voy todavía! – Óscar.

  • Román Díaz Ayala

    Las grandes preguntas surgen de nuevo, porque nunca se habían apartado de nuestro pensamiento,
    pero estamos experimentando una forma nueva de agotamiento que se hace preludio de lo nuevo.
    En nuestro mundo actual  se cree que el vance científico ha sustituido enteramente el pensamiento filosófico. Así el método científico se ha mostrado más efciente para descubrir la realidad o para construirla conforme a nuestras crecientes necesidades.
    Tal cosa resulta un nuevo espejismo. Sucede que el subjetivismo y el indifivualismo que conforman nuestro pensamiento  de ahora y desde los inicios de la Edad Moderna creó multitud de centros de pensamientos, círculos de intelectuales que cultivan parcelas privadas, se especializan en lo suyo , lo cubren con un nuevo lenguaje – léxico –  aportando al acerbo común tan sólo  aquellos planteamientos  que sn objeto de atención más general
    Yo vengo percibiendo  (para éso me ayudan las colaboraciones de Atrio) que no es que el avance científico  positivo vaya por un lado, y por variados caminos diferentes, así en la jurisprudencia internacional, la economia, las ideas religiosas, el pensar filosófico, con la astronomía y la física en un mundo muy diversificado de los saberes nacidos de la reflexión. Sucede que hay ideas matrices que ahondan profundamente en los principios con los que se sostiene  y se construye nuestra civilización. Tales principios están en la calle, dentro de cualquier conflicto, en los criterios utilizados para mover nuestras sociedades. En cada movimiento social, también en los de carácter religiosos, hay fundamentos filosóficos.
    De ahí la oportunidad del presente trabajo de Blas Lara.
    Pienso como él que seguimos anclados en los mismos criterios de base  anteriores. Son los que dieron lugar a la Ilustración, y que la burguesía, siendo la clase triunfante está en lo más alto de su apogeo y que la sociedad occidental busca desesperadamente reconciliarse con la Religión en la intimidad de las conciencias. De ahí la búsqueda de nuevos caminos, antes abandonados, como el propuesto sobre la Belleza.
    todavía tenemos que dar resputas a toda una serie de interrogantes. ¿Dónde se fundamenta ahora nuestra civilización occidental? ¿En el pensamiento de los griegos, o hay cabida aún  para nuestra herencia judeocristiana? ¿Qué valor podemos darle ahora al pensamiento cristiano medieval? ¿Estaba entonces Europa total o parcialmente cristianizada? Los Derechos Humanos, pero ejemplo,¿tienen una fundamentación metafísica, o parten de un humanismo de raíz cristiana?¿El  “humanismo cristiano”,es Religión o es Cultura?
    ¿Puede diferenciarse y ser reconstruida la Filosofía Medieval con independencia de las verdades supuestamente reveladas de la Teología? En Economía y en política, ¿los criterios que se manejan y se vienen aplicando, obedecen a un pensamiento filosófico? ¿Entonces, con qué criterios se sustentan?
    Ya vamos por la mitad de la segunda década del siglo XXI ( el siglo “del futuro”) y el panorama que se nos ofrece es de que todo está por construir. Habíamos dicho que el último metafísico había sido Kant.En plena guerra mundial ( la segunda) nos dimos cuenta de que el mundo europeo ya no era religioso y que no sentía las necesidades del espíritu.
    Desde Nueremberg  y con sus juicios a los responsables del Nazismo y del Holocausto, el mundo se propuso enterrar definitivamente la modernidad y reconstruirse.
     
    Mucho me temo que nos hemos estado reconstruyendo en el pensamiento con los retazos que hemos ido dejando por el camino.

  • Román Díaz Ayala

    Percibo, quizas de manera muy sujetiva, que le estamos dando un tratamiento demasiado plástico a nuestras concepciones de la belleza, de lo bello, en un nivel de abstracción que no sea el que le corresponda del todo
    La belleza es primordialmente la armonía, la estructura comprensible de un todo dispuesto ante nuestro espíritu de tal manera que “adquiere un sentido” y el sentimiento es sólo la respuesta obligada al “descubrimiento”. La belleza más profunda es el éxtasis del ejercicio comprensivo, la correspondencia entre lo contemplado y esa forma  emotiva de asentimiento de nuestra mente.
    lo bello, lo verdadero y la bueno se hacen uno cuando hacemos entendible el universo por medio de la consciencia y de ahí a entender a Dios sólo hay un pequeñísimo paso en la humildad de reconocernos obra de sus manos.

  • mª pilar

    Pienso, que la belleza que nos rodea tanto la “creada” como la que el ser humano es capaz de “recrear”… es hermosa hasta quitarnos el sentido, hacernos volar a experiencias que no se pueden explicar con la sola palabra.
    Pero… a la vez… es efímera, nace, se mantiene un tiempo y muere… para volver a surgir de nuevo.
     
    Pienso… que solo:
     
    la belleza   del ser humano, puede llegar a conseguir las más altas cumbres”


    Cuando es capaz de buscar lo mejor de si mismo, puede traspasar la vida y el tiempo, dejando   una estela allá por donde pase.
    Y en aquellas personas que pudieron gozarla, vivirla, crecer desde su misma esencia… en nosotros; y podremos contemplarla, en una vida llena de buen hacer.
     
    Cuando un ser humano es… en la mayor plenitud posible:
     
    ¡¡¡BUENA PERSONA!!!


    Posee toda la grandeza, la profundidad, la hermosura más plena; ella tendrá la posibilidad de grandes gozos y experiencias que la transportaran a lugares, sentires, saberes… que  la mayoría, enredados en otros… “quereres y deseos” no podrán alcanzar.
     
    La grandeza de espíritu, una profunda intuición, y conocimiento de si misma, le harán casi plena en su humanidad y totalmente entregada a que quienes pasen por su lado… puedan de alguna manera sentirse llamadas a esa manera de vivir, donde lo más importante es:
     
    ¡¡¡Ser!!!
     
    Para si y para cuantas más personas mejor.
    Esas personas, tendrán unas capacidades sobresalientes de don de si, paz interior y exterior, deseos de un amor sin fronteras; no se buscarán así mismas, y cuanto hagan, no será para el solo crecimiento de su ego, ni de su estatus, ni de su poder.
    Porque aunque estuviesen en esa tesitura, siempre lo emplearían para el bien común, para conseguir un bien estar general, una vida digna para todas las personas.
    Esa personas dejan como las flores fragantes… un aroma inconfundible a su paso y quedan en el recuerdo para quienes las han conocido y tratado,  para siempre;  y pasaran los tiempos, y seguirán siendo recordadas sin fin.
     
    Hay distintos niveles, según las capacidades de cada cual, y de las “ganas” que se ponga en ello.
    De hecho, todo ser nacido, creo firmemente… lleva impreso en su entraña esa posibilidad y todos los medios para conseguirlo; solo es cuestión de optar por ello.
     
    Toda la belleza que nos rodea, nos proporciona momentos de auténtica gloria, gozo, éxtasis, deseos de ser mejores  y crecer en esa vía.
    Nos suele suceder… como a  la semilla que desparrama el sembrador:
     
    Una cae en tierra buena y da el ciento por uno, otra cae en el camino pero se seca enseguida, otra entre pedregales y se agosta…
     
    Tenemos la tierra, las semillas… solo depende lo que cada cual desee…
     
    ¡Sembrar!…


    De ahí la  libertad humana… cada cual decide por quien y  porque apuesta,  y de  ahí…
     
    Saldrán los frutos y beneficios, según lo que hayamos sembrado… por ello os conocerán…
     
    La belleza es fundamental en nuestras vidas… dependerá, donde ponemos nuestra mirada y que decimos, es… Bello…:
     
    O… el brillo del poder, la riqueza, el ego… y todo lo que esto lleva consigo…
    O… el… ¡¡¡SER BUENAS PERSONAS!!!
    mª pilar

  • h.cadarso

    ¿Por qué será que  yo prefiero encontrar a Dios por los caminos horizontales del Buen Samaritano? Quizá porque todo ser humano es con mucho la mejor imagen del Padre, la realidad más bella del universo, el espejo de mí mismo en el que mirándome me conozco a mí mismo?
    Me dais envidia, Oscar y Olga, dueños y señores en exclusiva de vuestro desierto en flor…También por allí pasó “mil gracias derramando…”

  • oscar varela

    Ok, ok, Cumpas atrieros!
     
    Pero como yo no me siento ni me sé uno de los “ciertos espíritus exquisitos” con acceso a “una alta vía, la de la Belleza” que es la que propone Blas, esperaré un poco más a que él nos dé las coordenadas de esos “ciertos espíritus exquisitos”, e.d., de “los pocos”.
     
    Porque ya me estoy preguntando, p.e.:
     
    * ¿es el “target” de la Obra artística?
     
    * ¿es “bello” el Arte contemporáneo?
     
    * ¿es “bello” el Arte Gótico; p.e., la Catedral de Colonia-Alemania?
     
    * ¿es “eterna” la Obra “bella”?
     
    * ¿es la “belleza” patrimonio de algún “Infinito o Absoluto”?
     
    * ¿Etc., etc.?
    ………………
     
    Mientras “espero”:
    PACIENCIA https://www.youtube.com/watch?v=CBZy9NxoRDw
     

  • Román Díaz Ayala

    El sentido de lo bello tiene un mucho de contemplación, y qué sería del ser humano sin ese aspecto esteta en nuestras existencias,pero lo que resulta una mayor fuente de satisfacción, de gozo íntimo, son las manifestaciones desde el interior con la consciencia de reproducir “lo bello”, y entonces nos llamamos “creadores”., pues es como sacar las cosas, darle existencia o vida, desde la nada.
    Nada es más subjetivo, y  por tanto, netamente humano como lo bello, lo que calificamos como arte.
    El canon viene después. o nunca llega en la perpetuidad de lo naïf.
    El arte, como la filosofía o las ciencias del pensamiento, tiene una función trascendente, es una pieza del pensamiento humano que se hace reconocida y entendida con los ojos del alma en un lenguaje universal, una ayuda idónea para comprender e interpretar nuestra propia realidad.
     
    Somos “espíritus” desde nuestros orígenes, y el ser humano se hace más sabio y virtuoso volviéndose más apto para la contemplación de la belleza. Por eso el sentido estético iba de la mano  invadidos por el sentimiento religioso. La belleza pertenece a la divinidad, como el sentido de lo bello nos acerca a lo divino, nos reconoce diferentes, por encima del mundo material.
    Y porque el origen del  Arte está en las esencias del humano, en sus inicios, en el paleolítico tenemos el legado de producciones de obras de artes dignas de los museos más exigentes. Lascaux y Altamira y otras muchas cuevas, catedrales antiguas.

  • olga larrazabal

    La capacidad del ser humano de detectar ese “algo” que llama belleza y que lo llena de arrobo, no tiene explicación en ninguna teoría científica que yo conozca.  En este momento en que llovió en nuestro desierto y los campos yermos florecieron rápidamente  de todos colores avisando a los insectos que tienen flores y polen, la belleza nos inunda y es como una defensa contra las noticias desazonantes y disonantes que también nos inundan.
    Los campos están celestes, los diferentes tipos de acacios de desierto amarillos y los campos verdes de un verde irlandés.  Todo esto en un lugar donde la mayoría del tiempo el suelo es amarillo con rocas y cactus y los arbustos parecen quemados, negros. Entre medio surgen unas añañucas (Azucenas) rojas y amarillas y manchones de huillis blancos y celestes.  El aire se perfuma con tanta flor.  Y todo por una lluvia de 40 mm que cayó inesperadamente, y seguramente hasta un año más no tengamos agua.
    ¿Por qué el ser humano puede encontrar belleza y gracia en este espectáculo, llamar “belleza” a eso que lo asombra agradablemente y otro ser humano entender el concepto?  Para esto es necesario que tengan una emoción común, y que parece que es propia de la especie. ¿Por qué existe esa emoción?  Aparentemente no llena ninguna necesidad biológica de adaptación, y el poderla tener es como un regalo, algo gratuito.
     
     

  • ana rodrigo

    Oscar, yo también me apunto a tu sugerencia sobre el interés por la BELLEZA.

    Gonzalo Haya, ha introducido dos aspectos muy interesantes, la capacidad de “capturar” realidades fácilmente huidizas, al igual que  la BELLEZA.

    Quizá este artículo de Blas rompa un poco la inercia de nuestras reflexiones, no menos importantes, sobre problemas humanitarios, sociales, políticos, económicos, etc. Creo que, de vez en cuando, no nos viene mal alimentar la esencia del SER en su aspecto motor de acción.

  • Pascual

    Nos mete Blas en un grandísimo berenjenal con esto de “la belleza y enigmas del mundo”. Lo uno y lo otro están a la vista. Pero ¿sabemos ver las bellezas del mundo, incluso, como nos enseñó Tapies, en lo feo? ¿Incluso en el problemático devenir de nuestra existencia con fecha de caducidad? Hay que tener un alma juanramoniana para poder ver toda la belleza que encierra esta pocilga, esta casa del hombre y demás seres, y que el hombre, en cuanto sociedad, se empeña en destruir. Pero el mundo,el misterioso mundo es bello a más no poder, pero hay que tener el ánimo predispuesto para su contemplación, si no, no es posible.
    En cuanto a los enigmas del mundo…es que no hay por donde coger ni lo uno ni lo múltiple; pero me gustaría, en fantasía, vivir mil años porque intuyo que la Ciencia no va a descubrir nada definitivo nunca, pero nos va a aproximar, nos va a poner a las puertas del enigma, porque realidades como el CERN, los bosones y esos endiablados fotones y adláteres nos van a contar cosas muy interesantes; no las definitivas, eso nunca, pero será apasionante. Ya empieza a serlo, y es muy interesante seguirlo.

  • Santiago

    Por eso cuando contemplamos detenidamente la perfeccion de la belleza de una rosa, imposible de lograr por la mano humano, ya estamos, de hecho metidos en este reto mistico al que todos estamos llamados…puesto que nuestro destino final que es la contemplacion eterna de la Belleza.
    un saludo de Santiago Hernandez

  • Gonzalo Haya

    Para que no haya confusión, el artículo no es de Javier Sampedro

  • Gonzalo Haya

    Dice Javier Sampedro que para Steven Weinberg, premio Nobel de Física, “puede que la teoría correcta que explique todos los fenómenos físicos esté más allá de nuestra capacidad”.

    Otro artículo leído recientemente clasifica dos tipos de conocimiento: El conocimiento Contemplativo y el conocimiento Epifánico.

    Por el conocimiento Contemplativo, el ser humano conoce la realidad porque la encuentra, la ve o la percibe; y la analiza, la desmenuza y la entiende gracias a la función de Indus legere de su Inteligencia Racional; y la asimila, la comprende, la acepta o la rechaza en función de su Inteligencia Emocional.

    En el conocimiento Epifánico, la realidad se te revela, se ilumina a tus ojos y te los ilumina, se con-penetra contigo y se hace sustancia de tu vida, revelándole nuevos sentidos, en función de tu Inteligencia Espiritual. Es la inteligencia y la capacidad de conocer de las personas iluminadas, artistas, poetas y místicos (con creencias religiosas o sin creeencias), que
    han puesto su aposento en la cima del edificio personal, donde el hombre se hace antropos que mira al cielo y a los horizontes infinitos.

  • Santiago

    Todo lo bello va a desembocar  en Dios que es la misma belleza “increada” e “inefable”. Es una via ascendente y fenomenologica que nos lleva hacia la trascendencia ya todo lo que es bueno y bello esta ya en ese camino por el que nuestro espiritu descansa  en  paz de la lucha diaria y nos hace  ver algo  de lo que sera la luz  final que esta reservada para los  que perseveran en el bien y se alejan del engan’o  que nos presenta la corrupcion del mal.
    Un saludo cordial. De Santiago Hernandez

  • mª pilar

    ¡Gracias Blas, Hermoso reto!
    El camino y contemplación de la:
     
    ¡¡¡Belleza!!


    Espero prudentemente la incorporación de otros compañeros/as para nutrir mi espíritu y mi mirada, y desde ahí, quizá pueda decir algo de lo que bulle en mi entraña misma.
     
    ¡Ánimo amigos/as!
    mª pilar

  • oscar varela

    Sigo
    y si hay interés por diálogo sobre LA BELLEZA
    me anoto!

    ¿Te parece?

  • oscar varela

    Hola Blas!
     
    Gracias por aportar un aspecto de nuestras experiencias de vida: LA BELLEZA.
     
    Pregunto:
    1.- ¿En qué consistirían esos “ciertos espíritus exquisitos” con acceso a “una alta vía, la de la Belleza”?
     
    2.- ¿Tiene que ver (y cuánto) la analizada y propuesta por:
    “via pulchritudinis” El camino de la belleza
    Javier García – Profesor emérito del ateneo Pontificio Regina apostolorum, Roma
    http://www.uprait.org/sb/index.php/ecclesia/article/viewFile/787/579
    ……………………
    ¿Qué es y en qué consiste la “Via Pulchritudinis”?
     
    – Cardenal Giuseppe Bertello:
    es una experiencia que todo hombre de buena voluntad puede hacer porque, en las múltiples formas de la belleza, más allá de la estética, hay una llamada al sentido mismo de lo que somos. Y al destino último al que estamos llamados. a través de la “via Pulchritudinis”,
     
    Ocurre cuando la persona, ante una obra bella de la naturaleza o ante una obra de arte, siente que está tocando la frontera de algo inefable y queda el alma como en contemplación silenciosa.
    …………………..
     
    Y Concluye:
     
    Con la inauguración del año de la fe la comunidad católica se ha puesto en marcha por los caminos de un mundo tecnificado, secularista, solicitado por los múltiples reclamos del consumo y del hedonismo, en una suerte de “paese dei balocchi” –o país de los juguetes-.
     
    Los discípulos de Cristo llevan en la mano la antorcha encendida de la fe e invitan a sus hermanos, hombres y mujeres de buena voluntad, a acompañarles por el “camino de la Belleza”.
     
    Más delante, dios dirá.
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    ¡Vamos todavía! – Óscar.

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