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Camino de la república (IV)

Isorna

I – UN INTERESANTE TESTIMONIO DE 1843

Hace apenas dos años que buscando información en la prensa del siglo XIX sobre el espíritu e ideario republicano de la época, encontré un artículo que juzgo interesante tanto por ser testimonio del momento en que fue escrito, como por el planteamiento que hace respecto a la soberanía y a la república, cuestiones que son también objeto de estas reflexiones que vengo haciendo en ATRIO.

El artículo se publicó el 19 de diciembre de 1843 en la página 3 de un periódico que llevaba el título de “BOLETÏN DE NOTICIAS” y se editaba en La Coruña. Se publicó sin firma y bajo el titulo “De la Tarántula“. En el siguiente epígrafe II figura la transcripción del texto. El artículo parece haber sido elaborado de forma colectiva y se expresa en nombre de los liberales progresistas.

En cuanto a la cronología, nos situamos en el año 1843, es decir, más de treinta años después de la aprobación de la Constitución de Cádiz de 1812 y en fecha anterior a la institucionalización del “Partido Democrático” (1849) y del “Partido Socialista Democrático Federal” (1868), continuación del anterior y del que se escindieron los llamados “cimbrios” que no consideraban todavía oportuna la república.

En cuanto al contenido signifiquemos la afirmación de que la soberanía nacional reside en el pueblo y de ella el rey es mero depositante. Rey en ningún caso “infalible” que en el momento que abuse del poder dejará de ser jefe del Estado. Del mismo modo la afirmación de la raíz evangélica del pensamiento republicano, así expresada:

(…) Es verdad que no nos asusta la palabra república y que a nuestra vista es un gobierno como otro cualquiera, tanto más perfecto cuanto más tiende a la emancipación del género humano; y cuanto más se conforma con el evangelio de Jesucristo, que no dudó decir que aquel que quisiera ser mayor entre sus hermanos fuera su ministro (…) ” (NOTA 1)

Finalmente, señala el artículo la imposibilidad de que el pueblo español pueda asumir un gobierno republicano (el mejor, según el texto) por los propios defectos de la nación española:

“(…) Los liberales progresistas estamos convencidos de que en una nación como la española, donde hay tanto tuno, tanto ladrón, holgazán y tanto amigo de mantenerse a costa del sudor del laborioso artesano y del laso labrador, no es fácil ni conveniente que el jefe del estado sea electivo o lo que es lo mismo que España se convierta en una republica federal. (…) “

II – «DE LA TARÁNTULA»

«Definirse por un partido, es lo mismo que confesar que él solo puede hacer feliz a la patria, o que él puede hacer más feliz que otros. Liberales antiguos nosotros, desde el tiempo que no había más denominaciones que negros y blancos, es decir liberales puros y absolutistas netos, nos fuimos inclinando más y más hacia el partido progresista porque reconocimos que era el único partido, después de la división de los liberales, que procedía de buena fe, y no nos engañamos. Los moderados anhelando sus propias comodidades y posponiendo al pueblo infeliz que con su trabajo y sudor les mantiene, quieren libertad, pero de qué modo, quieren libertad para ellos y despotismo para el pueblo. Quieren colocarse a una altura donde el trono no pueda supeditarles ni oprimirles porque son libres, y donde el pueblo no pueda igualarse a ellas, porque el pueblo es vil y esclavo; esa es la libertad de los moderados. Más la libertad según la entienden los progresistas, y según la entendemos nosotros, que a ellos de buena fe estamos unidos, consiste en la igualdad ante la ley , sin distinción de personas, ni categorías; sin privilegios propios de los tiempos del feudalismo, y sin exenciones indignas del pueblo español.

Esa igualdad ante la ley no destruye las jerarquías que en toda sociedad bien ordenada debe haber, ni siquiera tampoco se destruye la cabeza moral de la sociedad , de la cual deben descender todos los poderes para que tengan un legítimo enlace ; mas de ninguna manera entra en nuestras convicciones creer que esa cabeza moral a quien se llama jefe del Estado, monarca o rey, tenga en sí la soberanía , ni mucho menos la infabilidad que monstruosamente se le quiere conceder. El rey en una nación verdaderamente libre, es de algún modo depositario de la soberanía que esencialmente reside en el pueblo, y tiene en aquellos casos que la Constitución del Estado le concede, que usar de esta soberanía en bien de la nación, porque de lo contrario desde el momento en que un rey abusa del poder que el pueblo le ha concedido, deja de ser jefe del Estado, porque faltó al pacto que tenía con el pueblo, así como deja de ser jefe de la Iglesia el vicario de Jesucristo que abusando de su posición faltase a la fe de los apóstoles.

Los liberales progresistas estamos convencidos de que en una nación como la española, donde hay tanto tuno, tanto ladrón, holgazán y tanto amigo de mantenerse a costa del sudor del laborioso artesano y del laso labrador, no es fácil ni conveniente que el jefe del estado sea electivo o lo que es lo mismo que España se convierta en una republica federal. Es verdad que no nos asusta la palabra república y que a nuestra vista es un gobierno como otro cualquiera, tanto más perfecto cuanto más tiende a la emancipación del género humano; y cuanto más se conforma con el evangelio de Jesucristo, que no dudó decir que aquel que quisiera ser mayor entre sus hermanos fuera su ministro. Mas repetimos, España carece de virtudes y de ilustración para república; por lo tanto la república en el estado actual tanto social como intelectual de España, sería una calamidad.

Mas entre la república y el despotismo de los moderados se halla la Constitución de 1837, que aunque no es una Pandora que contenga en sí todas las perfecciones, es la única tabla que puede salvar las libertades patrias, y es el grito de la mayoría de la nación proclamado con todas las solemnidades de la ley fundamental del Estado.

Mienten por tanto villanamente los que dicen que el partido progresista se ha convertido en republicano; lo que ha sucedido sí, y no lo negamos, que viendo peligrar las escasas libertades que se nos han permitido gozar, hemos estrechado los lazos que de algún modo nos unían a los republicanos, sin salirnos del lugar en que nos habíamos colocado por convencimiento, modificando los republicanos de algún modo sus opiniones, no porque de ellas hayan adjurado, sino porque conocen en España es imposible por ahora la república.

Nos parece que tenemos derecho que se nos crea de buena fe, tanto por la sencillez y naturalidad de nuestra narración, cuanto porque está apoyada en todos los hechos remarcables en que el partido progresista ha influido y ha dominado. Ocasiones ha tenido en que pudo proclamar la república y no lo hizo por las razones que dejamos dichas.

Sincérese el partido moderado de las acusaciones que contra él gravitan, y mire a ver si puede hacerlo porque nosotros viendo su marcha hacia el despotismo, no podemos menos de echarle en cara su falsía y de llamar a sus santones traidores, porque pretenden enajenarnos de nuestra ley fundamental , y cobardes por qué no se han atrevido a hacerlo por si solos, sino engañando a los demás partidos, logrando apoderarse de la situación por medios poco depurados.»

III – LA ACELERACIÓN DE LO REPUBLICANO

Como dice Ángel Duarte: “A finales de la década de 1830 y principios de la de 1840 la configuración de lo republicano se acelera” (NOTA 2). Esta aceleración se relaciona con diversos acontecimientos políticos y sociales que se suceden a partir de la llegada a España de Fernando VII, en marzo de 1814, Recordemos, entre otros, que la Constitución de 1812 tuvo, de forma interrumpida, una vigencia en total de apenas 6 años. En una primera etapa, desde el 19 de marzo de 1812 al 4 de mayo de 1814, fecha en la que Fernando VII, decretó la disolución de la Cortes, la derogación de la Constitución y la detención de los diputados liberales.

Una segunda etapa de vigencia se inicia como consecuencia del levantamiento del general Riego del 1 de enero de 1820 en Cabezas de San Juan (Sevilla) y que encontró apoyo en diversos lugares por lo que Fernando VII se vio obligado a jurar la Constitución (8-03- 1820) y firmar un manifiesto acatándola, entrando en vigor hasta el 1 de octubre de 1823 (Trienio Liberal). El 7 de abril de 1823, habían entrado en España los “Cien Mil hijos de San Luís”, en apoyo del absolutismo de Fernando VII. Refugiado Riego en Cádiz con otros liberales, acordaron votar la incapacidad del Rey, pero derrotado el 14 de setiembre, y malherido, Riego fue hecho prisionero y condenado a muerte y ejecutado el 7 de noviembre en la Plaza de la Cebada de Madrid.

Durante el Trienio Constitucional, se intentó disminuir el absolutismo y se suprimió la Inquisición, más el taimado rey Fernando VII, monarca infiel al acatamiento formal que había hecho de la Constitución de 1812, conspiró y actuó secretamente cuanto pudo para restablecer el absolutismo y ahogar del todo la obra y las ideas de los constituyentes de Cádiz.

El período entre 1823 y 1833, es conocido como la “Década Ominosa” y en este período volvió a producirse una enorme represión de personas e instituciones intentando arrasar el pensamiento liberal y hacer rebrotar el absolutismo más rancio. Fernando VII falleció el 29 de setiembre de 1833 y de acuerdo con el testamento otorgado en Aranjuez el 12 de junio de 1830, su última esposa ( y sobrina) María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, se encargó de la Regencia a la espera de que alcanzase la edad de 18 años Isabel, hija primogénita de ambos. Recordemos que la otra hija de Fernando VII fue Luisa Fernanda que habría de casarse con el duque de Montpensier, que tanto juego habría de dar en la revolución de 1868. Revolución que expulsó a Isabel II del trono y de España. El duque de Montpensier pretendió entonces la corona real que finalmente fue otorgada por las Cortes, al amparo de la Constitución de 1869, a Amadeo de Saboya.

Cabe preguntarse a la vista de estos acontecimientos quien contribuyó más a extender el pensamiento y el ansia republicana, si la mera racionalidad y evolución de las ideas liberales progresistas, y luego demócratas, o la brutal represión absolutista con atropello de personas e instituciones, que llevó a cabo la monarquía. A partir del fallecimiento de Fernando VII se reabre el proceso de transición a un sistema monárquico constitucional.

Una tercera etapa en la vigencia de la Constitución de 1812 se produce desde el 13 de agosto de 1836 al 18 de junio de junio de 1837. El 10 de abril de 1834 fue promulgado en Aranjuez el llamado Estatuto Real (50 artículos), carta otorgada, basada en la tradición histórica invocando las Leyes de Partida y la Nueva Recopilación. Texto que no satisfizo a los liberales progresistas y mucho menos habría de satisfacer a cualquiera que sostuviera alguna idea demócrata o republicana. Es el hecho que la insatisfacción provocada por el Estatuto propició revueltas populares y la sublevación de los Sargentos en la Granja de San Ildefonso (Segovia) el 13 de Agoto de 1836 y consiguiente derogación del Estatuto Real y restauración de la Constitución de 1812, que estaría vigente hasta el 18 de junio de 1937, fecha en que fue promulgada en Madrid, por la Regente María Cristina de Borbón en nombre de Isabel II, “por la gracia de Dios y la Constitución de la Monarquía española, Reina de las Españas” una nueva Constitución de la Monarquía española ( 77 artículos más 2 adicionales): la de 1837. A ella habrá de seguirle otro nuevo texto Constitucional promulgado por Isabel II el 23 de mayo de 1845 (80 artículos).

Respecto a la Constitución de 1837, cuyas bases de reforma fueron presentadas en las Cortes el 17 de diciembre de 1836, dirá el escritor, activista, republicano y socialista, Fernando Garrido (1821 – 1883):

Hasta 1936 la Constitución democrática de 1812 había servido de bandera al partido revolucionario; los republicanos de aquellos tiempos creían que bien practicada, era aquella una verdadera Constitución democrática, en la cual el rey no representaba más papel que el de primer magistrado de la nación . Pero la reforma llevada a cabo por las Cortes Constituyentes progresistas en dicho año, por lo cual quedó convertida en una Constitución doctrinaria, hizo que los progresistas dignos de ese nombre , enarbolasen la bandera republicana, y desde entonces el partido ha existido siempre, aumentando o disminuyendo, según le han sido más o menos favorables los acontecimientos.” (NOTA 4)

Y es a partir precisamente de la reforma de 1837, como dice Antonio Eiras Roel que se dividieron los progresistas en “legales y exaltados” y es a partir de ese momento cuando comienzan a usar el nombre de “partido progresista”. Y añadirá el citado autor que «la fracción legal ganó fama de conservadora y, para los extremistas, se convirtió ipso facto en “reaccionaria”»

NOTAS

NOTA 1. Cabe recordar al respecto que, refiriéndose a la revolución francesa de 1848 que instauró en ese país la segunda república, decía Castelar:

La revolución de 1848, aquel hermoso canto de libertad (…) resonó en mi corazón de niño con tan deleitosísima armonía, que inclinado por educación y por sentimiento a ideas religiosas (…) me apasioné de la Democracia, creyendo siempre ver en ella la realización del Evangelio “.

Y comentado este texto, dice Ángel Duarte ( “El Republicanismo. Una pasión política”. Ediciones Cátedra.. Madrid 2013, páginas 41 y 42): “La república no fue siempre un producto secular. La transposición de lo bíblico a lo republicano era nítida.”

Y a continuación, el citado autor recoge una cita de Jorge Vilches (Emilio Castelar: “La patria y la república”. Biblioteca Nueva 2001) que dice: “La libertad, la Igualdad, la Fraternidad ¿no son reflejo de la trinidad divina en el alma? Buscar en la sociedad remedios a esas clases desheredadas, esclavas de la miseria y la ignorancia (…) ¿no es imitar a Jesús…? Con la misma intensidad con la que vive la profesión de fe democrática como una conversión, Castelar será de los que ve con temor el riesgo de que la república, en manos del pueblo, sea desbordada por el socialismo (…)

NOTA 2 . Ángel Duarte, citado, página 48.

NOTA 3 Antonio Eiras Roel: “El Partido Demócrata español. 1849-1873. Los primeros demócratas”. Ediciones 19. Madrid 2015. páginas 83 a 86.

4 comentarios

  • ELOY

    George R Porta , oscar varela,  Manuel PEDROSA : gracias por vuestros comentarios.
     
    Los tres creo que coincidís en considerar el pasado como una posibilidad o una experiencia para el futuro.

    Y efectivamente así, mirando a la historia,  podemos asimilar  las esperanza s e incluso algunos miedos del pasado.

    Miedos que, en mi opinión, debemos transformar en reflexión y acción prudentes.

  • Manuel PEDROSA

    La lección de la historia me parece bien.Ya sabemos que siempre se repite.Por ese motivo digo:cuidado que dentro de dos meses hay elecciones al parlamento como van a ganar los frentes de izquierdas.no quisiera que se repitiese lo mismo que en el 31.si después de preparar al pueblo con información libre y veraz se llegue a la república.

  • oscar varela

    Hola!

    Lo que más me ha llamado la atención es lo “pragmático” de esos liberales progresisitas.

    Ni en la Evolución ni en la Historia de los Pueblos hay Paradas, ni mucho menos “indefinidas”. ¡Mañana hay que seguir estando y yendo!

    No solo se trabaja “sobre la marcha”;
    sino que se elebora “con lo que hay”

    Es la simple y dificil cuestión de la “Logística”:
    Que haya lo que tiene que haber en el Lugar y Tiempo justos.

    Pero así y todo no alcanzan esas premisas para definir la Praxis a seguir.

    Porque las fuerzas de las “ideas-fuerza tienen sus matices y divergencias.

    Sin embargo existe la posibilidad de consensuar una Resultante en el Conjunto de los haces de Fuerzas.

    Lo decisivo y verdaderamente importante es que el Vector resultante vaya en la misma Dirección y tenga el mismo Sentido, en este caso:

    – “la libertad … consiste en la igualdad ante la ley“-
    ——————-

    Me parece que por esos mismo años en torno a 1840, el Gral. José de San Martín que creo parrticipaaba de estas mismas ideas, intentaba establecer una Monarquía (un Rey) para toda América (española o Latina) porque “pragmáticamente” considerba que iba a darle más cohesión al Conjunto americano. ¡Bueno, todavía -aunque sin referencia a “reyes monárquicos”- estmos en esa “construcción”. Pienso en Mercosur, Unasur y Celac. Y tambien en la merecidamente afamada estrofa del Martín Fierro:
    Los hermanos sean unidos,
    Porque ésa es la ley primera.
    Tengan unión verdadera
    En cualquier tiempo que sea-
    Porque si entre ellos pelean
    Los devoran los de ajuera.

    Y ya se está pasando un poco la hora para darnos cuenta porque el GRAN HERMANO con sus Tratados de Alianza para el Atlántico y el otro del Pacífico están por acogotarnos sin necesidad de aguillotinarnos.: cortarán los sumnistros de todos los BIENES COMUNES.

    ¡Algo habrá que hacer con los corazones que nos quedan!
    https://www.youtube.com/watch?v=e4HCtShGQgw

    ¡Vamos todavía! – Oscar.

  • George R Porta

    Estos artículos sobre la República de Eloy Isorna me parecen muy buenos y muy a punto para ayudar a reconsiderar el valor de la noción de República, porque la misma se ha diluido tanto en Europa, donde parece haber existido esa forma política, y en Latinoamérica si alguna vez realmente se dio aunque posiblemente nunca haya existido más que una mala imitación de ella.
     
    Los EUA no son excepción y, ciertamente, los fundadores de la “República” estuvieron muy confundidos y algunos simplemente no supieron bien lo que hacían, de ahí la Declaración de Derechos” y la permanencia de la esclavitud, la privación a la mujer del derecho al voto elector y al ejercicio de tantos derechos civiles reconocidos a los hombres.
     
    Por otra parte fuera bueno, a mi modo de ver, que alguien emprendiera desde la actualidad el estudio de esas mismas experiencias republicanas europeas del siglo XVIII, el XIX, y el XX e incluso del presente no por separado, sino como fenómeno en progresión inestable. Lo que la experiencia actual dice al respecto de la historia reciente de la noción de República es que aún no haya suficientemente rendido los frutos esperados, ni ahora ni antes.

    Una posible evidencia de esto que comento es la situación actual en la que tantas veces los pueblos siguen sin poder auto-gestionar su gobernanza más de 20 siglos después de Platón. 

    Los gobiernos son tan irresponsables que pueden ocuparse sin derecho a hacerlo de sufragar los costes de la educación religiosa de un modo u otro, pero lo que auténticamente tuvieran que hacer respecto a  ayudar a los ciudadanos a adquirir la debida y plural, libre, democrática conciencia política a través de los Ministerios de Educación y Cultura no lo hacen, a saber la promoción de una educación política adecuadamente pluralista de todos, manzana a manzana en las ciudades y metro cuadrado de tierra a metro cuadrado de tierra por los campos.
     
    El manido argumento de que la objetividad científica requiera evadir el estudio histórico de lo presente o reciente es a todas luces inválido. Una evidencia indirecta pero interesantemente válida de ello es que la semiótica y la antropología médicas estudien, diagnostiquen y tratan la enfermedad y el paciente en tiempo de presente cuando no lo hacen preventivamente.
     
    Como no soy historiador de profesión aunque me apasione la historia, y para poder apoyar una opinión a este respecto, me ha parecido adecuado traer a colación el siguiente texto de Manuel Moreno Fraginals, porque propone un argumento que un científico prestigioso como Clifford Geertz no hubiera, en mi opinión, rechazado:
     
    “No es un hecho casual que la historiografía burguesa estableciera como axiomas universales ciertas premisas “científicas, como las siguientes:

    1. Los hechos recientes no pueden ser analizados correctamente por el historiador: Es necesario que el tiempo los decante, calme las pasiones y fije los valores.
    2. No se puede juzgar el pasado con criterios del presente.
    3. El historiador ha de ser un hombre desapasionado, etc.

    Estas son algunas reglas burguesas del juego historiográfico. Son verdades parciales: es decir, mentiras parciales. Y todas conducen a un mismo fin: Lograr de manera científica, que los historiadores se aparten de todo contacto con la vida.

    Negar la posibilidad del análisis de los hechos recientes muestra el deseo subconsciente de frenar todo estudio que ponga en peligro la estabilidad del orden burgués. Es cierto que son muchas las dificultades que pueden señalarse al esfuerzo por escribir la historia contemporánea -en el verdadero sentido de esta palabra- pero estas dificultades no son mayores que las que hay que vencer para historiar el pasado lejano”. (Cf. La Historia como Arma y otros estudios sobre esclavos, ingenios y plantaciones, Barcelona, Crítica, 1999, pp. 13-14. Énfasis mío.)

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