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¿La Curia de Roma es reformable?

Boff
La Curia Romana está formada por el conjunto de los organismos que ayudan al Papa a gobernar la Iglesia dentro de las 44 hectáreas que rodean la basílica de San Pedro. Son algo más de tres mil funcionarios. Nació pequeña en el siglo XII, pero se transformó en un cuerpo de peritos en 1588 con el Papa Sixto V, forjada especialmente para hacer frente a los reformadores, Lutero, Calvino y otros. En 1967 Pablo VI  y en 1998 el Papa Juan Pablo II trataron, sin éxito, de reformarla.


Está considerada como una de las administraciones gubernativas más conservadoras del mundo y tan poderosa que en la práctica retrasó, archivó y anuló los cambios introducidos por los dos papas anteriores y bloqueó la línea progresista del Concilio Vaticano II (1962-1965).

Continúa incólume, como si trabajase no para el tiempo sino para la eternidad. Sin embargo, los escándalos morales y financieros ocurridos dentro de su espacio han sido de tal magnitud que ha surgido el clamor de toda la Iglesia pidiendo una reforma, a ser realizada, como una de sus misiones, por el nuevo Papa Francisco. Como escribía el príncipe de los vaticanólogos lamentablemente ya fallecido, Giancarlo Zizola (Quale Papa 1977): «cuatro siglos de contrarreforma habían casi extinguido el cromosoma revolucionario del cristianismo original, la Iglesia se estableció como un órgano contrarrevolucionario» (p. 278), y negadora de todo lo nuevo que aparece. En un discurso a los miembros de la Curia el 22 de febrero de 1975, el Papa Pablo VI llegó a acusar a la Curia romana de tomar «una actitud de superioridad y orgullo ante el colegio episcopal y el Pueblo de Dios».
Combinando la sensibilidad franciscana con el rigor jesuita ¿conseguirá el Papa Francisco darle otro formato? Sabiamente se ha rodeado de ocho cardenales experimentados, de todos los continentes, para acompañarlo a realizar esta ciclópea tarea con las purgas que necesariamente deberán ocurrir.
Detrás de todo hay un problema histórico-teológico que dificulta en gran medida la reforma de la Curia. Se expresa por dos visiones contradictorias. La primera, parte del hecho de que, después de la proclamación de la infalibilidad del Papa en 1870, con la consiguiente romanización (uniformización) de toda la Iglesia, hubo una concentración máxima en la cabeza de la pirámide: es el papado con poder «supremo, pleno, inmediato» (canon 331). Esto implica que en él se concentran todas las decisiones, un fardo que es prácticamente imposible de llevar por una sola persona, aunque sea con poder monárquico absolutista. No se acepta ninguna descentralización, porque significaría una disminución del supremo poder del Papa. La Curia, entonces, se cierra en torno al Papa, al que convierte en su prisionero; a veces bloquea las iniciativas desagradables a su conservadurismo tradicional o simplemente deja de lado los proyectos hasta que son olvidadas.
La otra vertiente conoce el peso del papado monárquico y busca dar vida al Sínodo de Obispos, organismo colegial creado por el Concilio Vaticano II, para asistir al Papa en el gobierno de la Iglesia Universal. Pero sucede que Juan Pablo II y Benedicto XVI, presionados por la Curia que veía en ello una forma romper el centralismo del poder romano, lo convirtieron en un órgano solamente consultivo y no deliberativo. Se celebra cada dos o tres años, pero sin ningún efecto real sobre la Iglesia.
Todo apunta a que el Papa Francisco, al convocar a los ocho cardenales para con él y bajo su dirección proceder a la reforma de la Curia, cree un órgano con el cual pretende presidir la Iglesia. Ojala amplíe este órgano colegiado con representantes no sólo de la jerarquía sino de todo el Pueblo de Dios, también con mujeres, que son la mayoría de la Iglesia. Tal paso no parece imposible.
La mejor manera de reformar la Curia, a juicio de los expertos en las cosas del Vaticano y también de algunos jerarcas, sería una gran descentralización de sus funciones. Estamos en la era de la planetización y de la comunicación electrónica en tiempo real. Si la Iglesia Católica quiere adaptarse a esta nueva etapa de la humanidad, nada mejor que operar una revolución organizativa. ¿Por qué el dicasterio (ministerio) para la Evangelización de los Pueblos no puede transferirse a África? ¿El del Diálogo Interreligioso a Asia? ¿El de Justicia y Paz a América Latina? ¿El de la Promoción de la Unidad de los Cristianos a Ginebra, junto al Consejo Mundial de Iglesias? Algunos, para las cosas más inmediatas, permanecerían en el Vaticano. A través de videoconferencias, skype y otras tecnologías de la comunicación, podrían mantener un contacto diario inmediato. Así se evitaría la creación de un anti-poder, en el cual la Curia tradicional es gran experta. Esto haría a la Iglesia Católica realmente universal y no más occidental.
Como el Papa Francisco vive pidiendo que recen por él, tenemos que, efectivamente, rezar y mucho para que este deseo se transforme en realidad para beneficio de todos.

[Traducción de M. J. Gavito]

12 comentarios

  • George R Porta

    Gracias Antonio. Sí lamento la longitud de sábana  pero solamente sé cómo escribir comentarios. Trabajo en el Hospicio Católico local, una sala de Enfermos Terminales  y Cuidados Paliativos de un hospital de Fort Lauderdale. Hablo más ingles que castellano y realmente regreso muy cansado aunque poder pensar en estos temas y escribir alguna cosa me recupera aunque  no me queda el tiempo que deseara. Prometo aparecer más frecuentemente y sobre todo ser breve. Me hubiese gustado poder enviar lo que envié  como un artículo que estaba imaginado en dos partes o dos artículos separados pero no sé a quien proponerlo para que sea publicado o cómo. Gracias por recomendarlo a otros. Tengo la cita de JPII, gracias. No sé qué pudo pasar pero la fuente de la misma iba incluida en el  documento original en parentesis. Un abrazo. Es una gozada y muy refrescante leer vuestro sitio. Puedes decir que escribo desde Fort Lauderdale, Florida, desde luego. Un abrazo. George Porta

  • Antonio Duato

    Gracias, george, por este extenso comentario.

    Realmente es un artículo, que merecería un post aparte. Se lo recomiendo a todos.

    Otra vez lo envías en documento e iniciamos un nuevo hilo de diálogo. Mejor si el escrito es mucho más corto, incluso para artículo. Como un tercio como máximo.

    Ha sido una delicia leerlo todo por la información histórica que das y tu sentido crítico pero no utópico. La historia ha sido como es y no se puede rebobinar.

    Esa última frase de Juan Pablo II que citas está también de forma muy parecida en la encíclica Ut Unum sint párrafor 95 y 96. Son de las cosas más sinceras y válidad escritas por ese desconcertante papa. Si no encuentras el texto te lo enviaría.

    Me alegra mucho verte activo en ATRIO. ¿Puedo decir que escribes desde Florida? Que te veamos por aquí con más frecuencia. No esperes tanto, que te sale así una sábana de comentario…

     

  • George R Porta

    “Después de reprocharles su incredulidad y su obstinación en no dar fe a quienes lo habían visto resucitado, 15 les dijo: Id por todo el mundo y proclamad a todos la buena noticia”. (Cf. Juan 21, 15-17. Cf. El Nuevo Testamento de Juan Mateos y Luis A. Schöckel).
     
    La pastoralidad de la Iglesia—bien se trate de la vida de servicio matrimonial, negocios y laboral, eclesiástica, bien sea en la vida en los llamados consejos evangélicos—constituye la raison d’être de la Iglesia. Cualquier proyecto reformativo o refundacional de la estructura gubernativa de la Iglesia solamente puede ser primero de carácter pastoral y después lo que haya de ser. El pecado de la Iglesia, que lastra su existir, no solamente no excusa o disminuye el compromiso radical del evangelizador sino que exige su conversión constante, es decir su enmienda consecuente con el arrepentimiento sincero. Ninguno de estos factores es negociable ni puede ser postergado estratégica o pragmáticamente, por ejemplo utilizando artilugios éticos como el Principio de Doble Efecto, etc., y menos escudándose en el pragmatismo utilitario mal llamado “pastoral” Los cristianos deben permanecer en el mundo pero no pueden pertenecerle (Juan 17, 15) y eso no es negociable.
     
    Jesús ordenó a Simón hijo de Juan a la ejecución de una sola misión o servicio.  No le ordenó  a esa misión una sola vez, sino tres veces. Todas esas veces el evangelista se valió de una especie de diálogo dramático o ritual de que sugiere que, si lo deseó, el apóstol tuvo oportunidad de comprender su significado, aunque el propio relato sugiere que Simón—no más llamado Cefas o Pedro—se mantuvo empecinado en su propio modo de pensar y que ello no impidió a Jesús ordenarle a la misión de todas formas, basándose ni en su religiosidad (no le encontró en la sinagoga), ni en su capacidad intelectual (Simón había sido no más que un pequeño empresario de la pesca, comerciante, oficios estos lejanos del de pastor), ni en su credibilidad (le había traicionado según Jesús mismo había anunciado), sino en su propio compromiso de acompañar a la Iglesia hasta el final de los tiempos (Mateo 28, 20). Mientras Jesús le exhortó al amor (ágape, no filo, Cf. Juan 21, 15-17) Simón no supo corresponder.
     
    la Vida Cristiana consiste en el deseo y el empeño puesto en salirse una y otra y otra vez de esas circunstancias iniciales para acercarse cuando más mejor al ideal que quizás—me valgo de una metáfora consciente de ello—existe en la mente de su Creador cuando le ha venido llamando a la vida si ese Dios Creador es el mismo revelado “en Jesucristo, con él y por él”, quien le ha venido creando a sabiendas de que todo esfuerzo humano sea en definitivas insuficiente (Salmo 138/139). En efecto, siguiendo la misma metáfora, la vida va siendo creada “mano a mano” y la perfección—como nos hemos encaprichado en concebirla y enseñarla equivocadamente (perfeccionismo) es inalcanzable. La alusión atribuida a Jesús de invitarnos a imitar la perfección de su Padre no pudiera ser fruto de nuestro esfuerzo la presencia de su Padre a la Creación como Jesús le pide (Juan 17). Jesús no quiso explicarnos claramente cómo fuese su Padre o su propia relación con él (Juan 16, 25; 17) y así nos marcó la frontera infranqueable de nuestra humildad.
     
    La refundación de la gestión evangelizadora, pastoral (eclesiástica o de cualquier clase) solamente se realiza en fidelidad a la autenticidad pastoral de la Iglesia y no pudiera realizarse fuera de la misma porque la primera razón de ser de la Iglesia es su misión. No debiera haber un solo cristiano que habiendo sido ordenado por el bautismo a la evangelización pudiera ser excluido de ella para dedicarse solamente a otra gestión cualquiera. Esa anomalía ocurre resultado quizás de las ambiciones carreristas, del viejo pecado de soberbia magnificado por el Edicto de Nantes, las subsiguientes ambiciones imperiales eclesiásticas. La Iglesia institucional, romana y no romana, clerical y seglar, ha llegado a ser tan poderosa y a distanciarse tanto de los desheredados de la Tierra (Malraux) que ni siquiera lo mucho bueno que ha hecho a lo largo de sus 21 siglos de historia la ha evangelizado. Basta mirar a la progresiva escasez de auténticos matrimonios cristianos y sacerdotes libres de  carrerismo, de religiosos y religiosas que gozan de manutención gratuita y se sienten con derecho a ella, y a la cancerosa corrupción que padece la Iglesia en su propio epicentro vaticano para comprender que el fallo haya sido que ya ni el clero, ni ,os seglares podemos con gratitud y verazmente declarar “los pobres me evangelizan”—parafraseando al P. Bouchaud—o “mis hijos me evangelizan”, o “mis obreros y compañeros de trabajo me evangelizan” respectivamente en la curia, en la familia, o en los negocios. Los “toros borjanos” incrustados para siempre en el artesonado de Santa María La Mayor (Roma) no son un mero ornamento, constituyen una declaración “infalible” de una eclesiología distorsionada que ya dura demasiado.
     
    No me atrevería a negar que haya habido y siempre habrá millones de madres y padres de familia, miles de religiosas y religiosos y de misioneros laicos que desgranen su vida día a día sirviendo a quienes les necesiten, y que lo hagan persuadidos por el amor compasivo y gratuito a y de Jesús. Tampoco me atrevería a negar que haya en la curia muchos sacerdotes y seglares honestos y sinceros, consagrados al servicio por amor a y de Jesús. Me refiero al pecado de ingratitud de los demás, de los que no vivimos realmente dispuestos a dar la vida como la dio Jesús—antes de ser asesinado—por la salvación de muchos, aunque afirmemos lo contrario y constituyamos la mayoría de la Iglesia.
     
    La Iglesia ha sido y es construida como una autarquía a pesar de que los signos de los tiempos modernos sean incompatibles con ese modelo, de modo análogo a la contradicción flagrante entre la concepción por parte del magisterio de justicia social y su doctrina sobre la sexualidad y el matrimonio (Cf. Todd A. Salzman  y Michael G Lawler, The Sexual Person: Toward a Renewed Catholic Anthropology, (Moral Traditions series), Georgetown University Press, 2008); y demuestra la esquizofrenia clerical contaminada a los seglares que el Papa Francisco debe reformar o refundar sin tardanza, radicalmente.
     
    El Pontificado (que entendido en sentido amplio incluye a la curia y a todo otro agente eclesiástico) ha sido y sigue siendo auto-determinada como cualquier otra monarquía no democrática; inapelablemente represiva de cualquier elemento aun legítimamente eclesial que cuestione su anomía; cínicamente aprovechada más que servicial. Se ha venido comportando impúdicamente imperial—extenderse territorialmente, reemplazar las culturas que el Espíritu Santo ha permitido en las diversas regiones del Planeta—Amós 9, 7: “¿No son para mí como etíopes, israelitas?, oráculo del Señor, Si saqué a Israel de Egipto, saqué a los filisteos de Creta y a los sirios de Quir”—imponiendo acríticamente y a menudo por la fuerza la cultura europea a la que haya estado condicionada. Roma se abrogó en su momento el derecho de torturar y de matar, de imponer las creencias católicas romanas plagadas de las menos evangélicas ideologías socio-políticas, ha lavado dinero y explotado la usura y el fraude bancario considerándose por encima de ambas la propia Ley Canónica o Eclesiástica y la Ley Civil o Criminal de las naciones; ha ocultado sus crímenes no por pudor o pesar sino por soberbia—no es necesario poner ejemplos. Nada más complicadamente lejano de Jesús de Nazaret ni cercano a su sentencia de muerte.
     
    Si el liderazgo de la Iglesia—en el seno de la familia o en la Curia Vaticana—hubiera querido respetar la intencionalidad de Jesús, (rectificando al poeta Machado, la de ambos, la del “Jesús del madero que anduvo en la mar”, ni el Edicto de Milán (Ca. AD 321) no hubiera cambiado el curso de la historia cristiana y la fraudulenta “Donación de Constantino” jamás hubiese sido aceptada; nunca hubiese deseado el Papa aprisionar sus sienes con una corona, ni hubiera en los Museos Vaticanos pectorales y anillos más dignos de una prostituta enjoyada que de un discípulo del Nazareno; y los cristianos hubiéramos aprendido a oler a desprendimiento—tan cercano al olor de las ovejas bien pastoreadas—y no al aberrante consumismo materialista.
     
    Aquella “ordenación” a Simón de Juan tiene precedente (Lucas 22, 31-33). Cuando Jesús profetizó a “Pedro” su falibilidad le ordenó al “afianzamiento” de sus hermanos, a pesar de las protestas de Pedro de seguirle hasta la muerte.
     
    Además fue aquella una ordenación bidimensional servidor y padre-madre putativos/maestro y no tridimensional (profeta, sacerdote y rey). Y la repite tres veces. La primera y la última vez, según el Cuarto Evangelio, para conmina a Simón—no a Pedro—a apacentar, es decir a buscar para sus ovejas constantemente nuevos pastos frescos, lo cual pudiera traducirse con la palabra de Juan XXIII “aggiornamento” cuando habló en el sentido de Isaías 21 pero sobre todo de Isaías 11-12), y de Mt 16,3 (o Lc12,54-56) en la convocación al Vaticano II y a la reforma del Código de Derecho Canónico (Cf. Juan XXIII, Humanae salutis, 25 de diciembre de 1961).
     
    Jesús quiso que Simón sirviera a sus seguidores no instalándose en un trono, sino abierto a la vida nómada del pastor, abriéndose a los signos de los tiempos en cada tiempo, permaneciendo desatado, libre para pasar de un momento a otro de manera que el rebaño siempre pudiera alimentarse debidamente del pasto fresco, recién brotado, abierto al presente con gratitud y esperanza, en aquel espíritu que animaba a Juan XXIII el día de la inauguración del Concilio Vaticano II (Cf. Juan XXIII 11 de octubre de 1962), actuando inmerso en el tiempo real que vive para consagrar el mundo desde dentro de él (Cf. Constitución Dogmática El Pueblo de Dios, n. 31).
     
    La segunda vez que Jesús invitó a Simón le conminó a “pastorear”, es decir a mantener su vista puesta sobre su rebaño, sin distraerse, atento a sus necesidades de manera que unas ovejas o corderos permaneciesen cercanos a los otros, reunidos, próximas al pastor de manera que siempre pudiesen reconocer su voz, y de manera que el pastor pudiese conjurar a tiempo y debidamente cualquier peligro amenazante a lo largo del camino común a ambos, pastor y rebaño. Este Buen Pastor no deseará restringir a las ovejas con puño de hierro a su solo arbitrio, sino que las dejará pastar en libertad, fiel a la tradición de todos los pastores, permaneciendo rodeado de ellas para dejarse impregnar de su olor—una metáfora ésta que el Papa Francisco debiera elaborar mucho más—para parecerse a ellas y no para diferenciarse. Aunque ciertamente las proteja del peligro de lobos y ladrones, el pastor no vivirá en el miedo pero permanecerá alerta y aprenderá a reconocer el sentido de peligro instintivo de los propios corderos u ovejas por lo que se irá convirtiendo en el principal defensor y protector de su libertad y de su intimidad recíproca.
     
    Las ovejas o corderos de Jesús son aquellas que conocen al pastor porque éste permanece en su cercanía y a ello se refiere el Papa Francisco en su bellísima metáfora del olor. Para Jesucristo la localización del pastor, el lugar en el que siempre podrá ser reconocido o encontrado está en medio de sus ovejas o corderos, con lo cual se refiere a su visible credibilidad, su ser confiable, cualidad que las ovejas o corderos experimentan prácticamente en el contacto y la proximidad no en los discursos, ni en las apariencia (ropas, ornamentos, palacios, seguridades). Hele aquí en sus propias palabras “¡Pero nosotros somos pastores! ¡Y jamás debemos olvidarlo! Vosotros, queridos representantes pontificios, sois presencia de Cristo, sois presencia sacerdotal, de pastores. Cierto, no enseñaréis a una porción particular del Pueblo de Dios que os haya sido encomendada; no estaréis en la guía de una Iglesia local, pero sois pastores que sirven a la Iglesia, con papel de alentar, de ser ministros de comunión, y también con la tarea, no siempre fácil, de volver a llamar. ¡Haced siempre todo con profundo amor! También en las relaciones con las autoridades civiles y los colegas sois pastores: buscad siempre el bien, el bien de todos, el bien de la Iglesia y de cada persona. Pero esta labor pastoral, como he dicho, se hace con la familiaridad con Jesucristo en la oración, en la celebración eucarística, en las obras de caridad: ahí está presente el Señor. Pero por vuestra parte se debe hacer también con la profesionalidad, y será como vuestro —se me ocurre decir una palabra— vuestro cilicio, vuestra penitencia: hacer siempre con profesionalidad las cosas, porque la Iglesia os quiere así. Y cuando un representante pontificio no hace las cosas con profesionalidad, pierde igualmente la autoridad” (Papa Francisco a los Nuncios, 21 de junio de 2013). U discurso que hubiese podido dirigir a los padres y madres de familia, a los empresarios y a los obreros, a los cristianos, de manera más o menos literal.
     
    Después de todo seguir a Jesús es siempre una invitación sometida a autenticación en cada momento; y es gratuita nunca merecida; siempre dirigida primero al servicio y para nada derivativa de bienes o privilegios para quien sirva. Quien responda a esta invitación de Jesús andará en la verdad (Teresa de Jesús), se le reconocerá en su modo de amar al modo de Jesús (Juan 15, 13), mirar con los ojos de él (Cf. John F Baggett, Seeing Through the Eyes of Jesus: His Revolutionary View of Reality and His Transcendent Significance for Faith, Eerdmans, 2008).  Todo cristiano ha de caminar siempre ajustando su pie a la huella de Jesús mismo y no modificando la huella para adaptarla a su pie, en la administración de la Iglesia o en la de la familia; y ha de andar el camino del Mundo, que es tan a menudo un camino tortuoso y difícil, en el que será necesario a cada momento discernir “espíritus”—diría Ignacio refiriéndose al escrutinio sobre todo de las motivaciones menos aparentes—un camino, en fin, que conducirá siempre a algún modo o forma de calvario antes de arribar a la resurrección.
     
    El seguimiento de Jesús es andar en la verdad negándose a sí mismo y lleva la dirección y se hace con el propósito de hacer que Jesús reconozca al Mundo cuando llegue la hora: “ut digni efficiamur promisionibus Christi” y no solamente al agente de la evangelización.
     
    Una reforma realmente pastoral transformará todas las manifestaciones estructurales visibles y profundas de la Iglesia. No será como instalar la guillotina donde ahora se ve el obelisco en la Plaza abrazada por las Columnas de Bernini. No se trata de reaccionar al miedo o a la culpa desde el miedo y la culpa que compelen al extremismo perfeccionista, no solamente distorsionado en su origen sino inalcanzable, el cual ni Jesús mismo consideró necesario para sí porque no temió demostrar sus propias limitaciones (la ira del templo, sus palabras de desesperación en el penúltimo momento de su agonía, las imprudencias que le llevaron a provocar la ira de los poderosos y a precipitar quizás su tortura y asesinato).
     
    Simón de Juan fue un traidor pero eso no impidió a Jesús la esperanza de que llegase a ser objeto de credibilidad y confianza por parte de aquellos que le siguieran. Esa esperanza ha de ser una marca fundamental de cualquier refundación de la Iglesia. Me refiero a algo que el Papa Francisco ha dicho pero tiene que exigir sin demorarlo: La conversión de los pastores, de todos los pastores, del Papa y de sus auxiliares no solamente en las iglesias particulares, sino en las oficinas y los palacios de Roma y en las familias y negocios de todo el “orbe”.   
     
    La gravedad de que el padre o madre de familia, que el empresario o el obrero de la fábrica o la oficina, el cura o cualquier ministro (seglar o no) de la parroquia dejen de invertirse personalmente total, gratuita y compasivamente en el servicio a los demás, cada uno según su estado y en su medio, viene medida por la proporción en la que una tal resistencia cause demora u obstaculice el anuncio testimonial de Jesús y sus promesas y demandas a todos y en todas partes. Cada minuto que esa misión es demorada o impedida (en sentido estricto o en sentido amplio) en esa proporción se le empuja a Jesús a ser alzado de nuevo en la cruz que siempre ha de ser escandalosa para gentiles o para creyentes.
     
    La reformación de la Curia tuviera que envolver todas las fuerzas vivas de la Iglesia Universal incluyendo a los hermanos separados porque la unión de las iglesias es tan impostergable como intolerable es su división, y además no fuera carente de precedentes recientes (Cf. Juan Pablo II, El Cairo, 25 de febrero de 2000, n. 4, que transcribo: “Con respecto al ministerio del Obispo de Roma, pido al Espíritu Santo que nos conceda su luz, iluminando a todos los pastores y teólogos de nuestras Iglesias, para que busquemos juntos las formas en que este ministerio preste un servicio de amor reconocido por todos (cf. Homilía, 6 de diciembre de 1987, n. 3; Ut unum sint, 95). Queridos hermanos, a este respecto no hay tiempo que perder”. (Este texto aparece en el sitio de la web de la Santa Sede en español)
     

  • M.Luisa

    Estoy totalmente de acuerdo contigo Mª Pilar todo cuanto dices y del modo cómo lo dices  no puede salir más que de tu corazón o de los corazones como el tuyo  abiertos  a la realidad,  sin embargo los hay  que no se abren a ella sino que se cierran al dedo que la señala  y así humanamente como correspondería es  imposible avanzar.
     
    Atrapados en el signo es cuando  todo se deshumaniza  hasta el punto  en el que  esa  facilidad en la que  se podrían resolver  lo concerniente  a esos aspectos tanto pastorales como teológicos que tu misma  indicas se convierten en materia dura y muy  dura de resolver.
     
    Por tanto pienso que ni el corazón ni el sentido común que han sido históricamente objetos de manipulación resuelven el problema.
     
    De ahí  la  legitima indignación que  toda esta obstrucción  desde fuera supone a cualquier corazón completamente realizado (y estoy pensando en ti) El tema, pues,  nos lanza   a más profundidad.

    Gracias querida amiga.

  • mª pilar

    Tienes razón Mª Luisa:

    Eso me sucede cuando habla mi corazón… Bien sé, que la reforma es de mucho más calado.
     

    Oscar ya lo deja bien claro en sus preguntas a G. R. Porta.
     

    Si lo digo desde mi corazón, también lo veo fácil; primero empezar con el lenguaje.
     

    Las oraciones partiendo de otro “centro” no haciendo responsable a Dios de todo, si no, poniéndonos a nosotros como responsables primeros.
     

    Las lecturas… leemos más para judíos (de religión) que para cristianos; y comentarlas con  sencillez y claridad, como  Jesús lo hacía.
     

    Los dogmas… no sería complicado, se explican tal y como sucedieron y el porqué, y dejarlos como acontecimientos del pasado.
     

    Pedir perdón, por los desmanes que la iglesia ha cometido empezando por la inquisición y hasta hoy.
     

    La Teología, nombrando al pan pan y al vino vino… sin milagros extraños que hoy ya no se sostienen; creo que la mayoría, lo recibiría como una liberación y solo cada cual sería responsable de lo que hace o deja de hacer, sin salvaciones por medio.
     

    Si poco a poco… Como pasó después del C. V. II
    ¿Cuántas cosas no cambiaron casi radicalmente?
     
    Y nada importante sucedió, algunas personas se pasaron de rosca… y se fue corrigiendo el exceso.
     
    Pero el poder absoluto del papa siguiente… bueno el otro siguiente, porque al primero, de verdad, todavía no se sabe que ocurrió.
     

    Ocultó todos los adelantos del C.V.II y volvimos poco a poco a lo anterior de lo anterior.
     

    Uff… me parezco a los HH. Mars
     

    Para mí, no es complicado… para los poderosos con sus montajes en pleno rendimiento ¡sí!
     

    Otros reinos han caído y no pasa nada; alguien que nunca ha sufrido… ¡sufrirá! el resto ya lo llevamos padeciendo mucho tiempo y otras personas mucho antes que nosotros.
     

    ¡Lo comprendo muy bien Mª Luisa!
    Pero de alguna manera habrá que comenzar la renovación=tala de lo dañado.

    mª pilar

  • M.Luisa

    Lo que tan bien expones Mª Pilar es lo que sin duda alguna,  por sentido común, debería ser.  Lo que ocurre es que si consideramos también en el ámbito  del sentir común  aquel  que  satisface  a  la gran mayoría, es decir,  aquella a quien ya le  está bien  la  mera reforma que son los que para ellos   los papas en general siempre se han movido ,      entonces querrá decir que  la solución del problema  habrá que buscarlo  más allá del sentido común.
     

  • mª pilar

    Mi sencilla opinión es:

    1º.- Tendría que desaparecer el Estado Vaticano como tal.

    2º.- Nada de príncipes, monseñores, eminencias, ilustrísimos, obispos solo para el escaparate, vestimentas del siglo V, sedas, bonetes según sus categorías… Ufff…

    3º.- Si hubiere un responsable de toda la iglesia, debería ser un:

    ¡Caminante incansable!
     

    En cada lugar, país, ciudad, habría responsables nombrados por la comunidad y no de mandato perenne.
    Sabiendo que puede ser cambiado por variadas razones:
    Por no dar el resultado esperado, por enfermedad, porque el nombrado no se siente con fuerzas…  para que ninguno se aferrase al cargo.

    En este “cargo” lo que destacaría sería:

    ¡El servicio!
     

    Y se puede hacer… Muchas personas lo han hecho en el mundo privado, dentro de la iglesia es casi imposible, aunque para ser justos los hay.

    De los que lo hacen por vocación personal de servir y ayudar, ejemplos hay a cientos.

    Por poner uno que ha realizado una gran labor, y sin estar ya entre nosotros, sigue y aumenta la labor iniciada:

    Vicente Ferrer. Pero hay cientos de obras extraordinarias a lo largo de este mundo.

    Mucho trabajo para una sola persona, mucho en contra para poder llevarlo a cabo, porque si algo costoso hay en la vida es:

    ¡¡¡Desmantelar el poder y todo lo que este lleva consigo!!!

    Quizá deberíamos empujarle los caminantes de a pie, inundarle de cartas de apoyo y petición de los cambios ansiados…
    Quizá diera resultado ¡quién sabe!

    mª pilar

  • Antonio Vicedo

    “Confiar en los mismos que le eligieron sin reconocer que precisamente le eligieron porque le percibieron capaz de preservar aquellas posiciones de poder que disfrutaban y deseaban conservar es, en el caso de Francisco, errar como sus predecesores erraron.”

    ” ¿Qué vino nuevo no romperá los odres viejos? ¿O es que no habrá vino nuevo?”

    Entre estas dos aportaciones de G.R.Porta, compartiendo su exposición completa, enmarco mi opinión sobre el tema que L.Boff nos propone.
    Lo que en la Iglesia hay de incoherencia evangélica o desviación del CAMINO, que dijo Jesús ser,como también VERDAD y VIDA,  no son defectos de procedimientos administrativos, ni desequilibrios éticos de valores prácticos consecuencias de una estructuración a base de intentar que la bondad salga desde la misma falsificación de su MATERIA PRIMA, o modo de entender el DISCIPULADO DE jESÚS, no en paradigma de JUSTICIA (Igualdad real por exigencias de la HERMANDAD condicionada por la universal FILIACION DIVINA DE LA HUMANIDAD.

    Tampoco por la mareada en la que la BARCA DE PEDRO se encuentra en su faenar, sino por la DESVIACIÓN en la ORIENTACIÓN que ha de sguir marcada por Jesús para que el proyecto del Padre de que la HUMANIDAD SEA HUMANA se vaya alcanzando como ÚNICA NOVEDAD  VITAL.
     
    De lo que se trató en la desviación inicial y permanente es en ningunear la MISIÓN encargada por Jesús a L*S SUY*S  que lleva incluido ese COMO y ese ASI  que la cualifican inexcusablemente: “COMO el Padre me envió, ASÍ os envío yo a vosotr*s”.
     
    Y esto es lo que hay que resolver al modo como Jesús lo afrontó en y para la Humanidad.
     
    “Porque a NADIE debeis considerar como Padre sobre la tierra, pues UNO SÓLO ES VUESTRO PADRE CELESTIAL y el DISCIPULADO DE JESÚS, NO PUEDE SINO CONSISTIR EN UNA VERDADERA, REAL Y PRÁCTICA HERMANDAD

  • M.Luisa

    Me pregunto  entonces una vez leído el comentario de George R.Porta  ¿Acaso en él  que, por cierto no  es un comentario cualquiera incluso Oscar lo da a entender así, acaso repito, pues,   George no recurre    a una teoría científica (TGS) para desmontar toda pretensión de  maquillaje, reforma “desde dentro” en este caso en aplicación  al desde  dentro de la curia vaticana?

  • oscar varela

    Hola Porta!
     
    ¡Excelente! Gracias.
     
    Estimo que te has dejado entre un 70 y 90 % en el teclado.
     
    ¿Podías extenderte y ampliar?
     
    No has entrado en la consideración “pastoral” ni “teológica”; solo has rozado lo “administrativo” (correcto pues a ello se acota el Artículo)
     
    ¿Puedes entrar en ésos ámbitos, ya que lo insinúas como punto clave: el “para qué” de la re-forma?
     
    Me gustaría saber de qué país (¿latinoamericano?) eres y dónde te has “formado”.
     
    Vamos todavía! – Oscar.
     
    PS.: La inspiración “marquiana”: una pinturita!

  • George R Porta

    Este es mi comentario: Deseo comentar el artículo de Leonardo Boff sobre la Posibilidad de Reformar la Curia.

    Se atribuye a Albert Einstein la afirmación de que para hallar la solución a un problema hubiera que salirse del paradigma o tipo de razonamiento por medio del cual hubiese sido descubierto o reconocido dicho problema y por lo tanto aquél en cuyos términos había sido descrito o enunciado el problema en cuestión (mi traducción). De continuar utilizando el mismo paradigma solamente fuera posible repetir el método y las soluciones que una y otra y otra vez habían fallado en la resolución del dicho problema.

    Aplicando su dicho que es una cuestión fundamental de la Teoría General de Sistemas, la Curia Vaticana—de la cual el Papa forma parte aunque ahora viva fuera del propio Palacio Vaticano—no puede auto-reformarse porque estaría cometiendo una especie de suicidio formal. El antiguo concepto de “reformar desde dentro” es simplemente un método inocuo si se trata de cambiar las cosas. El asesinato de Jesús de Nazaret es la evidencia más importante de ello en la historia del Cristianismo. Reformas internas de la Curia del Templo y del Judaísmo nunca dieron resultado (Herodes el Grande es un ejemplo significativo) y los agentes radicales solamente sufrieron el asesinato. En términos políticos el error de “reformar” es el error cometido por Salvador Allende quien tratando quizás de contemporizar con los estatutos constitucionales que habían llevado su país al punto en el que se encontraba cuando fue elegido Presidente, cometió el error de conservar el Ejército en lugar de desmantelarlo. Por eso Hitler pudo retener el poder, por eso Franco pudo retener el Poder, por eso los gobiernos europeos siguen fallando en resolver las crisis. El vino nuevo rompe los odres viejos (Marcos 2, 22) y si no los rompe y los odres son viejos, la explicación es obvia: El vino no era realmente nuevo. En el caso de la Curia es necesario romper los odres y por lo tanto es necesario echar vino nuevo en odres nuevos y simplemente desechar los odres viejos. Jesucristo encontró colaboradores completamente ajenos al Tempo y su “curia” y no estableció ninguna limitación para encargarles el anuncio de su Evangelio. ¿Por qué Bergoglio no puede hacer lo mismo? Más importante aún: ¿Para que el Papa Francisco querrá conservar los “odres viejos”? Él mismo es un odre viejo y si es fiel a su vocación ha de saber que solamente le espera el martirio. Eso no es nuevo y parece inevitable según el discurso atribuido a Jesús de Nazaret en Marcos 13, 3-23.

    En este caso “reformar” es una palabra clave. Nada existe sino en presente y la curia es esencialmente la misma que era cuando fue elegido Francisco para reemplazar a Benedicto XVI. La otra clave no es ¿por qué reformar?, que eso ya se sabe, sino el propósito que se persiga al introducir cambios o, formulado de otra manera “¿para qué cambiar el modus vivendi y el modus operandi de la Curia?”

    Basta preguntárselo con respecto a algunas situaciones recientes ¿Para qué fue Francisco engañado en los archivos utilizados para que hiciera los nombramientos que hizo, por ejemplo en el caso de Monseñor Ricca o en el de Inmacolata Chaouqui, a quien nombró para el IOR? ¿Para qué consiente en firmar una encíclica que Benedicto XVI no terminó a tiempo? ¿Para qué consiente que Benedicto (a quien ha llamado abuelo) incumpla lo que anunció cuando se retiró, irse a orar sin intervenir pero se instala en un “apartamento-palacio” a un tiro de piedra en los jardines vaticanos (donde vivían las monjas de clausura que debían orar a tiempo y a destiempo por la Iglesia y por el Papa desde los tiempos de Juan Pablo II? ¿Para qué sigue en sus funciones un Secretario de Estado tan inepto? ¿Para qué sigue siendo Decano del Colegio de Cardenales alguien tan sucio como el Cardenal Ángel Sodano a quien Benedicto trató de apartar y que estuvo envuelto en las atrocidades de Pinochet en Chile y en la ocultación de criminales como el fundador de los Legionarios de Cristo y seguramente en el grupo de poder que mantuvo a Juan Pablo II en su función de pontífice cuando ya era inoperante? ¿Para qué tratar de canonizar a Juan Pablo II si en realidad nunca se ha limpiado su memoria de la aparente complicidad con los escándalos de pedofilia? ¿Para qué hablar de un “Lobby Gay” y después auto rectificar sus palabras? ¿Para qué confiarse a un grupo que le eligió para proponer una reforma basado en un documento de directrices que nunca fue ejecutado o puesto en práctica? ¿De dónde le vino el descaro a Bernard Law y al antiguo cardenal de Los Ángeles para presentarse en público con Francisco cuando habían sido removidos por Benedicto XVI de sus funciones?

    El verdadero problema es el carácter conservador de la curia al cual Boff alude cuando menciona al fallecido vaticanista Zizola. Quien sea conservador tiene que defenderse y alimentar sus miedos a perder lo que cree que debe conservar. Es decir ser conservador es vivir a la defensiva, desconfiar del Espíritu Santo y de Jesucristo (Cf. Mateo 16, 18), tomarse la atribución extraordinaria de creer que su propio discernimiento y obrar es infalible; por lo tanto difícilmente querrá cambiar si en ello le va la vida o si cambiar implica perder lo que disfruta. Los que eligieron Papa al Cardenal Begoglio no pudieron elegirle precisamente para que les eliminara y de alguna manera debieron elegirle pensando que aunque algunos cambios parecieran inevitables Francisco de alguna manera pudiera encontrar alternativas que les permitiese la sobrevivencia y el disfrute más o menos suficiente de sus situaciones de poder y privilegios.

    Francisco está aún a tiempo de no traicionar el mandato que recibió y de no traicionar sus propia palabras pero tiene que salirse del paradigma que representa la curia actual para poder cambiarla. Al decir “¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre y de los pobres! (Ah, come vorrei una Chiesa povera e per i poveri!) el 16 de marzo 2013 a los representantes de los medios de comunicación ¿qué quiso decir y para qué lo dijo? ¿Para qué consiente que Benedicto (a quien ha llamado abuelo) incumpla lo que anunció cuando se retiró, irse a orar sin intervenir en la actuación del nuevo Papa, pero en cambio se aparta del ejemplo de modestia del nuevo Papa y se instala en un “apartamento-palacio” a un tiro de piedra de Francisco, en los jardines vaticanos?

    Al designar Prefecto de la Casa Pontificia al antiguo secretario de Benedicto XVI no es difícil comprender para qué lo debió quizás escoger Francisco. Quien protegió a Benedicto XVI filtrando el acceso a él (aunque no pudo evitar que el mayordomo le traicionase), seguramente pudiera servir lealmente a Francisco.

    Es interesante que a Boff se le escapase que la renuncia de Benedicto XVI se pudiera deber a su impotencia frente a una curia que le resistió en sus iniciativas reformadoras y, en efecto solamente mencione las reformas de Pablo VI y de Juan Pablo II en este artículo que comento. Confiar en los mismos que le eligieron sin reconocer que precisamente le eligieron porque le percibieron capaz de preservar aquellas posiciones de poder que disfrutaban y deseaban conservar es, en el caso de Francisco, errar como sus predecesores erraron.

    Recientemente Francisco ha parecido inclinado a eliminar el problema del acceso a la Comunión de  los divorciados vueltos a casar. ¿Pero no está ya ocurriendo de facto por la enorme cantidad de católicos divorciados y vueltos a casar que comulgan por su cuenta y riesgo como otros utilizan los condones para evitar los hijos y simplemente callan?

    Una parte de la Cristiandad ha considerado posible la ordenación de las mujeres, pero Francisco confirmó la opinión de Juan Pablo II acerca de ello cuando pudo callar o responder con una pregunta como cuando respondió a una pregunta sobre el problema del Lobby Gay. ¿Para qué prefirió eso a reservarse el derecho de decidir en el futuro, después de la propuesta de sus ocho cardenales? ¿Cómo pudo estar tan seguro de que dicha reforma no va a estar incluida en la propuesta que aún no ha recibido o es que dicha propuesta fue encomendada con ciertas limitaciones por anticipado? ¿Qué vino nuevo no romperá los odres viejos? ¿O es que no habrá vino nuevo?
     

  • oscar varela

    Hola!
     
    Tal vez estas “posiciones” de Leonardo sean “tiros por elevación”, que salve la barrera contraria y termine con la pelota anidada en la red.
     
    En cierta manera pienso que Atrio.org ayuda a que la demolición del muro-barrera no sea de meros francotiradores ni de kamikazes.
     
    ¡Vamos todavía! – Oscar.

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