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John Hick y su cristología

Con motivo del reciente fallecimiento del teólogo presbiteriano John Hick quiero expresar en estas líneas mi agradecimiento a su obra, que ha significado para mí un verdadero paso de esclarecimiento, en mi itinerario de búsqueda de quién fue y lo que significa realmente, para los que nos llamamos cristianos, Jesús de Nazaret.

En mi búsqueda del sentido de la vida de Jesús de Nazaret para un cristiano actual, han influido significativamente varios teólogos o mejor dicho, creyentes. El primer revolcón me lo dio hace años Robinson con su libro Sincero para con Dios, siguieron Spong con La resurrección mito o realidad, Joseph Moingt con El hombre que venía de Dios, Hans Kung con Ser cristiano, Edward Schillebeeck con Jesús: Historia de un viviente y el más reciente, que descubrí tarde, y al cual estoy profundamente agradecido, John Hick con La metáfora de Dios encarnado.

La fe es un camino de profundización en nosotros mismos como afirma Marcel Legaut en su libro El hombre en busca de su humanidad, descubrimiento y acercamiento a la figura de Jesús de Nazaret y estilo de vida, fruto y consecuencia de toda esta búsqueda y reflexión. Todas las reflexiones que nos hace John Hick no solo son fruto de un investigador sino también, y sobre todo, de un creyente que busca la verdad de su creencia, el poder seguir creyendo en un mundo actual con una ciencia muy desarrollada que nos permite analizar con mucha más precisión los textos antiguos y nos plantea problemas en la comprensión actual de nuestra fe.

John Hick representa una postura teológica que hoy  no se puede ignorar y cuya obra ya es clásica para expresar esta postura. Las demás obras, de otros teólogos que están en su línea, se pueden considerar complementarias. La obra de Hick también es de actualidad en el problema del debate sobre los paradigmas teológicos, defendiendo ya en sus comienzos el paradigma pluralista que hoy poco a poco se va imponiendo en la mayor parte de la teología actual.

Jonh Hick lanzó su tema en 1977, ya hace más de treinta años, buscando volver al sentido prístino de la cristología, liberándola de la mistificación metafísica. Hick aplicando la metáfora en la cristología, pretende distanciarse de la metafísica. Considera la metáfora como el modo de expresión insustituible, necesario y único para expresar aquello que ninguna otra forma de lenguaje tiene el poder de vehicular, de aquí  el título de uno de sus libros La metáfora de Dios encarnado para explicar quien fue Jesús de Nazaret.

La metáfora de Dios encarnado no es un libro cualquiera, ni para cualquiera. Al leer el libro, si uno no se ha planteado nunca el tema y es creyente, la primera impresión es de un choque o de una conmoción profunda. En él, afronta problemas de fe y ciencia, fe y metafísica, diferentes tipos de paradigmas teológicos exclusivo, inclusivo y pluralista con todas sus consecuencias. Afirma que la idea de encarnación se entiende mejor y con más congruencia de un modo metafórico y no literal.

Según Hick, Jesús corporificó, o encarnó, el ideal de lo que puede llegar a ser la vida humana vivida en respuesta creyente a Dios, de forma que Dios pudo actuar a través de él y que Jesús de esta manera, dio cuerpo a un amor que es la verdadera respuesta humana al amor de Dios; que perfectamente podemos tener a Jesús –así entendido– como nuestro Señor, aquel que ha hecho a Dios real para nosotros, y cuya vida y enseñanzas nos desafían a vivir en la presencia de Dios; y que un cristiano no tradicional, basado en esta nueva comprensión de Jesús puede verse a sí mismo como uno más entre otras diferentes respuestas humanas a la Realidad última que llamamos Dios, y puede servir al desarrollo de la comunidad mundial y a la paz del mundo mejor que un cristiano que continúa mirándose a sí mismo como el lugar de revelación final y el proveedor de la única salvación posible para todos los seres humanos.

El mundo de la teología está experimentando actualmente una ola de gran actividad en el tema central de la cristología: la discusión sobre el significado religioso de Jesucristo. Esta discusión produjo en su día una réplica parecida a la causada por el libro de Robinson Sincero para con Dios catorce años antes.

No siempre nos damos cuenta de que Jesús mismo pudiera haber desconocido estos planteamientos. El vivió una experiencia tan intensa y comunicadora del poder de la gracia divina, que sus palabras y su vida, continuamente hacían real la presencia divina para los que encontraban inspiración en su persona. El pensaba que el Reino de Dios vendría en un futuro próximo y que Dios estaba de una manera especial en su propio ministerio. Dentro de este universo conceptual, “Jesús se veía a sí mismo como el último mensajero antes de la restauración del Reino”. Sin embargo, el profeta escatológico Jesús se fue transformando, en el pensamiento cristiano, en el Dios Hijo bajado del cielo para vivir una vida humana y salvarnos por su muerte redentora. En torno a este tema central, se desarrolló un cuerpo de creencias sobre la naturaleza pecadora y la culpa original de la humanidad: una historia larga de divinas intervenciones milagrosas a lo largo de la historia judía, el nacimiento virginal de Jesús, sus milagros, su asombrosa muerte, la resurrección corporal y la ascensión; la Iglesia como cuerpo de los redimidos, y más allá, el cielo, el infierno y el purgatorio.

Este conjunto de ideas, que forma el cuadro en cuyos términos los cristianos entendieron durante mucho tiempo el universo y el lugar que en él ocupaban, solamente empezó a ser cuestionado seriamente a partir del siglo XVII, a medida que empezaba a tomar forma la cosmovisión científica moderna. Esta produjo una disonancia cognitiva que, hacia el final del siglo XIX, había creado un abismo entre quienes gradualmente habían llegado a aceptar los nuevos conocimientos –entre los cuales la evolución biológica y el estudio histórico-hermenéutico de las Escrituras fueron los temas más polémicos– y quienes, por el contrario como la Iglesia Jerárquica, reaccionaron con una renovada adhesión a su cosmovisión amenazada.

Para dar solamente un ejemplo relevante para el tema de este libro : Por más de mil años el dicho  Extra Ecclesiam nulla salus fue un dogma cristiano firmemente defendido. Sin embargo, hoy día, muy pocos católicos se atreverían a defender tal afirmación. Por lo tanto, no se puede suponer razonablemente que las doctrinas teológicas no pueden cambiar. En realidad, la totalidad del cuerpo doctrinal ha ido desarrollándose, unas veces más despacio y otras más rápidamente, a lo largo de la historia del cristianismo. Del mismo modo las propuestas actuales que propugnan nuevos cambios deben ser consideradas cada una de ellas por su fundamento y características propias.

Esta nueva concientización pública, es la que ha minado la credibilidad del sentido tradicional y literal de la superioridad cristiana y ha cuestionado, por lo tanto, el núcleo teológico del dogma, según el cual Jesús de Nazaret era Dios encarnado en sentido metafísico.

Tenemos que agradecer a John Hick que con su estudio hermenéutico de los Evangelios y su interpretación metafórica, abriéndose paso entre la hojarasca, haya sido capaz de llegar al tronco de las verdades reveladas y ofrecernos una interpretación religiosa de Jesús de Nazaret que pueda convivir con los conocimientos científicos actuales.

4 comentarios

  • Pablo Richard

    Me parece raro que José Luis Servera no mencione a Jon Sobrino.  Pablo Richard

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    “El hombre en búsqueda de su humanidad” ¡ Encuentro esta manera de decir profundamente cristiana y humana. ¿No es en el conjunto de esta humanidad llegada a plena realización que se va revelar en plenitud el verdadero Dios? Cuando se nos dice que Dios crea al hombre a su imagen y semejanza ¿ no es lo que quería decir? Así comprometerse para que esta humanidad llegue a ser transparencia de la verdad, encarnación de la justicia y de la solidaridad ¿ no es hacer obra cristiana, obra de Dios? Denunciar las manipulaciones y los imperios que se acaparan de los pueblos y de sus riquezas, que llevan la guerra en los cuatro puntos de la tierra haciéndose pasar por verdaderos salvadores a través mentiras y hipocresías, mientras tanto no tienen otros objetivos de controlar al mundo ¿ no es hacer obra de Dios que de denunciarlos ante le mundo? Benedicto xvi habla siempre del hombre sin Dios, sin nunca hablar del hombre sin humanidad. Bueno es un breve comentario que me inspiro “El Hombre en busca de su humanidad.”

  • sarrionandia

    Esta visto que bajo la flema inglesa se pueden esconder los mejores y los peores valores.
    Ejemplos_ Sincero para con Dios y Jack el Destripador

  • Jaume PATUEL

    Toda profundización de la fe en el Señor Jesús, és un camino hacia la interioridad mistérica del Ser Humano.
    A cuàntos teólogos debemos estar agradecidos  puesto que han confirmado nuestra experiencia. Hoy en día, hay miedo a dejar “creencias teològicas o ciertos dogmas”, fruto su formulación de un momento històrico y que hoy día piden otra formulación. Y cada vez se ve más y mejor el panorama de fidelidad en Jesús si se es fiel al Hombre. ¿Es suficiente la formulación teológica hoy en día para  expresar esta realidad mistérica? Los niveles de consciencia nos permiten ahondar en este nuestro caminar, sabiendo que el camino es ya la meta, pero no lo es al mismo tiempo. Pero creo con total sinceridad que vale la pena ahondar aunque uno tenga que tomar decisiones que “por un cristianismo social”  serán criticadas. Pero la libertad  interior junto con su indagación tienen un precio que vale la pena pagar como han hecho los teólogos que se citan en el artículo junto con otros más. Y “extra ecclesiam etiam salus”.

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