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El Bautista y Jesús, esos dos tipos tan raros (I)

El comienzo de la actividad pública de Jesús no se debió a un arrebato repentino; tampoco, a ningún impulso misterioso ajeno a su voluntad. Él saltó al escenario de la historia habiéndoselo pensado antes. Dio el paso tras una existencia difícil y una vez hubo comprendido el trasfondo de la realidad de su tiempo. Reaccionaba, así, ante el acoso inhumano de un sistema sin puertas de salida. Como cualquier otra persona, necesitó reflexión, tiempo, influencias, amigos, estímulos y determinación para arrancar con la locura de su proyecto.

Los cuatro evangelios registran el inicio de su andadura vinculándolo al entorno y la actividad de Juan el Bautista. La coincidencia señala:

    1. . Que sucedió así.
    2. Que Juan tuvo una influencia significativa en la vida y el proyecto de Jesús, favorecida por la amplia y sólida relación entre ambos personajes.

      Así y todo, de la lectura de los evangelios sinópticos puede extraerse la falsa idea de que la comunicación entre Juan y Jesús se limitó al bautismo de este con solo ellos dos como únicos protagonistas.

      Marcos cuenta el hecho con sobriedad:

      • “…llegó Jesús desde Nazaret de Galilea, y Juan lo bautizó en el Jordán” (Mc 1,9).

      Mateo evita mencionarlo explícitamente. Apunta, en cambio, la voluntad expresa de Jesús por bautizarse. El dato sirve de apoyo a sus intenciones: declarar la superioridad de Jesús sobre Juan. La acción del bautismo queda, pues, en un segundo plano. El evangelista habla de él usando solo el verbo y una vez realizado:

      • “…llegó Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. Juan intentaba disuadirlo…
      • …una vez bautizado…” (Mt 3,13.14.16).

      Lucas esquiva referir el contacto entre ambos personajes y, al igual que Mateo, tampoco narra el suceso. Alude a él enmarcándolo con cierta vaguedad en un contexto de bautismo colectivo:

      • “Luego de bautizarse el pueblo entero, y mientras oraba Jesús después de su bautismo…” (Lc 3,21).

      Los sinópticos sintetizaron con esta concisión la etapa de convivencia entre Juan y Jesús. Marcos aportó sin temblarle el pulso el dato histórico de la aceptación por parte de Jesús del bautismo de Juan. Sería absurdo achacar a la imaginación del evangelista un acontecimiento que situaba a Jesús en posición subordinada respecto al Bautista. Mateo y Lucas, aunque disimularon algo el hecho, no osaron desmentirlo.

      No hay contradicción entre los datos ofrecidos por los tres primeros evangelios. Revelan miradas desde entornos y momentos bien distintos. Coinciden en la parquedad como intento de pasar de largo sobre el bautismo de Jesús y restar importancia a un evento imposible de ocultar después de ser publicado abiertamente por Marcos.

      El material relativo a los momentos compartidos por Juan y Jesús es escaso aun sumando algunos apuntes de interés incluidos en el cuarto evangelio. Pese a ello, y con ayuda de otros textos alusivos al Bautista, merece la pena indagar en la relación que ambos mantuvieron para entresacar las afinidades y desacuerdos habidos entre esos dos personajes tan singulares.

      EL BAUTISTA

      Juan fue un hombre de pueblo (Lc 1,39), excedido en carácter y luchador entregado por la causa de los más débiles. Su personalidad aparece marcada por una extrema e insobornable coherencia. El atuendo que le distinguía y el menú que degustaba:

      • “Juan iba vestido de pelo de camello, con una correa de cuero a la cintura, y comía saltamontes y miel silvestre” (Mc 1,6)

      han llevado a imaginarlo equivocadamente como un anacoreta dedicado al sacrificio y la penitencia. Conviene saber, sin embargo, que la nota pormenorizando vestido y comida no sugiere ascetismo, sino identidad y empuje. Marcos, fiel a su estilo, da que pensar y presenta a Juan en dos trazos significativos:

      1. Es el anunciador del tiempo definitivo.
      2. Al margen del sistema, no le falta el alimento.

        Unos apuntes:

        a. El manto de pelo de camello, ideal para deambular por aquellas zonas desérticas, formaba parte del ajuar típico de los antiguos profetas:

        • “Aquel día se avergonzarán los profetas de sus visiones y profecías y no se vestirán mantos de pelos para engañar” (Zac 13,4).

        b. El cinturón de cuero sirvió para identificar al profeta que, según la tradición (Mal 3,23), regresaría antes de la época definitiva:

        • “El rey les preguntó: ¿Cómo era el hombre que os salió al encuentro y os dijo eso?
        • Le contestaron: Llevaba una piel ceñida con un cinto de cuero.
        • El rey comentó: ¡Elías, el tesbita!” (1 Re 1,7-8).

        c. Los ortópteros de su dieta (langostas, saltamontes, cigarrones) formaban parte del alimento normal para habitantes o itinerantes en la zona. Incluso se podían adquirir en puestos especializados de la plaza. Se tomaban cocidos o tostados. El libro del Levítico los recomienda en toda su diversidad e incluyendo alguna otra especie:

        • “De estos insectos de cuatro patas podéis comer únicamente los que tienen las patas traseras más largas que las delanteras, para saltar con ellas sobre el suelo. Podéis comer los siguientes: la langosta en todas sus variedades, el cortapicos en todas sus variedades, el grillo en todas sus variedades, el saltamontes en todas sus variedades” (Lev 11,21-22).

        d. Respecto a la miel silvestre, un manjar selecto y de alto valor energético, dice el Deuteronomio que Dios se sirvió de ella para alimentar al pueblo:

        • “El Señor solo los condujo… Los crió con miel silvestre, con aceite de roca de pedernal” (Dt 32, 12-13).

        Pero a Juan se le reconoce, ante todo, por su actividad, la que dio origen al apelativo con que se le etiquetó para siempre: el Bautista.

        Esa denominación, sin embargo, ha conducido a equívocos. La tarea principal de Juan no consistía en presionar sobre la cabeza u hombros de la gente para ayudarla a zambullirse en el río. Más que bautizar, Juan incitaba a hacerlo. Correspondía a cada persona ejecutar la acción física de sumergirse o bautizarse (βαπτισθῆναι), significando con ello la opción personal tomada previamente: la ruptura con la sociedad injusta. El hecho, de carácter público, era realizado colectivamente a una voz o indicación de Juan como respuesta positiva a su discurso.

        Juan eligió el Jordán para la inmersión. A diferencia de los continuos lavados rituales judíos o de la secta de los esenios, su bautismo se llevaba a cabo una sola vez. Simbolizaba la renuncia total (ahogamiento) a colaborar con el orden injusto y la disposición a formar parte de una sociedad nueva a la espera de la definitiva intervención de Dios para instaurar con ella su reinado. Desierto y paso del Jordán, rememorando los inicios del pueblo, prefiguraban esa última etapa soñada por una buena parte de la población en situación crítica.

        Para aquellas gentes, las cosas parecían no tener más solución que la divina. Todos los intentos anteriores –y no fueron pocos– por subvertir el orden existente recurriendo a métodos violentos cosecharon muerte y ruina a raudales.

        Palestina se encontraba intervenida por el imperio dominante. La nación judía abonaba el elevado coste de su intervención mediante sangrantes impuestos y mano de obra barata (esclavos). Bajo la bota del poder político-militar ocupante, la humillación generó una atmósfera irrespirable y la presión económica hizo la vida insostenible. Por el contrario, las autoridades civiles y religiosas judías sacaban sustancioso partido de su connivencia con el gran imperio. Terratenientes, grandes comerciantes y arrendatarios de impuestos también disfrutaban del lujo, beneficiados por una estabilidad mantenida a base de legiones espada en mano.

        Un abismo distanciaba los sectores urbano y rural. El flujo económico en las ciudades importantes permitía una diversidad de formas de vida y niveles de dignidad. En las aldeas, en cambio, vivir suponía una conquista diaria. Las deudas de los campesinos alcanzaron niveles de imposible devolución y muchos de ellos perdieron las tierras con que las avalaban. La banca privada (prestamistas) se apropió sin escrúpulos de sus terrenos. De una agricultura para la subsistencia familiar se pasó, entonces, a una producción agrícola destinada a generar moneda adaptándose a la demanda del mercado: cereales, vino y aceite. Se concentró la riqueza y se extendió la penuria. El paro se tornó endémico; la carga impositiva, humillante. Lejos de derivar recursos para aliviar el problema, el Banco Central Nacional (el Templo) mantuvo firme el criterio económico habitual: su propio engorde. Los líderes religiosos, por su parte, se concentraron en lo suyo, el entretenimiento en discusiones morales de baja talla y la filigrana jurídico-religiosa para exigir a la gente, ya exprimida al máximo por los impuestos y el hambre, el estricto cumplimiento de sus sagradas normas.

        Consciente de la dureza del panorama, Juan ahuyentó la resignación y se echó al desierto. Al parecer, la tarea sacerdotal de su padre, Zacarías, no le entusiasmaba ni le parecía útil para ayudar a la transformación de aquel estado de cosas. Desechó, por tanto, proseguirla y buscó un lugar profano, distante del poder político y al margen de la institución religiosa. De ninguno de ellos, a su juicio, saldría la solución. De modo que apostó por el pueblo. El poder supremo nunca reconocería el valor de su actividad (Mc 11, 27-33).

        Él no encontró la fórmula para sacar a la gente del atolladero. Sí se percató de la insuficiencia de la indignación popular y de la necesidad de un doble compromiso individual: la renuncia a participar en la sinrazón de aquel orden y la apuesta enérgica por la justicia. Encontró la mejor manera de acelerar el cambio esperado alentando al pueblo a prepararse ante la inminente llegada de la etapa definitiva, la que impondría la igualdad.

        Usó la práctica de la inmersión en el río como símbolo de esa drástica alternativa. Dicha opción exigía el reconocimiento general de las propias deudas con el otro. Como consecuencia se accedía a obtener la amnistía divina:

        • “…y él los bautizaba en el Jordán, a medida que confesaban sus pecados” (Mt 3,6).
        • “…un bautismo en señal de enmienda, para el perdón de los pecados” (Mc 1,4).

        Pero la llamada a la justicia sobresalta al Poder. Por eso la máxima autoridad buscó al perturbador exigiéndole clarificación sobre su sospechosa actividad:

        • “¿Cómo te defines tú?” (Jn 1,22).

        La declaración del Bautista contiene una denuncia a las mismas autoridades que hacen indagaciones. Él trabaja en arreglar lo que ellos han torcido. De ahí que desarrolle su tarea alejado de la institución. El poder religioso ha demostrado su inviabilidad:

        • “Declaró: Yo, una voz que grita desde el desierto: Enderezad el camino del Señor” (Jn 1,23).

        No resulta extraño que el bautismo de Juan generase una seria alarma en la cúpula del poder. Le exigen responsabilidades:

        • “Entonces, ¿por qué bautizas, si no eres tú el Mesías ni Elías ni el Profeta?” (Jn 1,24).

        Sumergirse en el río estaba lejos de ser un asunto espiritual. Representaba para el pueblo una puerta abierta a la comprensión, a la emancipación y a la praxis en favor de la justicia. Se entiende así el temor de las autoridades. El poder político, el económico y el religioso temen a las puertas. Las consideran peligrosos agujeros; brechas por donde se les escapa su negocio. Por ese motivo rechazaron el contenido del discurso de Juan:

        • “Porque Juan os enseñaba el camino para ser justos y no le creísteis” (Mt 21,32)

        La voz del Bautista fue callada de un tajo… ¡en su cuello! Herodes Antipas, el representante en Galilea del imperio dominante, un don nadie para Jesús (Lc 13,32), ordenó su asesinato. Según el historiador Flavio Josefo, por razones políticas: el temor a una rebelión popular. Marcos situó el momento en un festín de los poderosos mostrando la incompatibilidad entre poder y justicia. La explicación del impresionante relato de Mc 6,17-29 puede leerse en Atrio.org La semilla de la igualdad 3. La voz asesinada por el rey.

        8 comentarios

        • Héctor

          Me quiero imaginar cómo llegaba el mensaje de Jesús a los primeros seguidores… y pienso que igual, igual, nos llega a nosotros.
          Me sitúo un poco al margen de como lo describen los evangelios, sigo llas claves que me da Salvador Santos:
          Cuatro amigos se encontraron en Cafarnaúm.  Dos de ellos acababan de llegar de Cesarea de Filipo, la ciudad construida por Herodes y convertida en la capital civil y militar de Judea, residencia  oficial de los procuradores y gobernadores romanos.
           
          ─“Aquello es inhumano”, decían, “nos tratan igual que tratan a sus animales, nos apalean sin motivos, no vale la pena ir allí a vender nuestros productos, ni a trabajar para ellos”.
          ─ “Se sienten superiores porque tienen el poder en sus manos.  No se dan cuenta de que  nos han robado nuestra tierra.  Herodes se vendió a ellos para conseguir poder. Es un sistema sin puertas de salida. Cuando te metes en él ya no te puedes volver  atrás. ¿Decís  que el Nazareno del que habláis puede llevarnos a alguna parte?”.
          ─ “Conocemos a mucha gente que han estado con él. Les habla de un proyecto de cambio que requiere determinación y fe,  pero no fe en un sistema sino en nuestra misma fuerza”.
          ─ “Se llama Jesús y habla del Reino de Dios, habla de justicia, libertad y sobre todo participación en su proyecto. No es un proyecto religioso se trata de un proyecto histórico, cómo Dios espera que vivamos nuestra historia  y ya no se trata de pensar en soluciones divinas. Hay que entrar de lleno en la historia”.
          Los cuatro se acercan a Jesús, empujan a la gente para llegar a donde estaba. Entran  por el techo y se presentan ante él: Jesús les ve y se maravilla de la fe que tenían. Los representante e la ley estaba allí sentados. Los cuatro amigos no se habían encontrado antes  con Jesús pero tenían fe por lo que habían oído. Sabían que sin saberlo Jesús él ya había actuado en ellos por la fuerza misma de su mensaje.

           
          Estoy pensando que si fue así como él saltó al escenario de la historia, esa historia es la de ayer, hoy y ahora. Nosotros hemos recibido el mensaje por medio de otros como aquellos cuatro hombres. En la historia humana ¿qué son 2000 años? Como cuatro días.
          Sin saberlo,  Jesús ha actuado ya en nosotros por la fuerza misma de su mensaje. La historia es la misma  con un sistema sin puertas de salida. Jesús vio nuestra historia y se hace presenta ahora en ella  porque  sabía que nosotros nos meteríamos en ella con la misma fe de los cuatro amigos de Cafarnaum. Lo hizo penando en nosotros, en toda la humanidad.
          Con todos vosotros en la misma historia  Héctor

        • h.cadarso

            Perdonen que vuelva a lo de las homilías de nuestras iglesias y nuestros predicadores, porque justamente en el texto evangélico del tercer domingo de cuaresma aparece Jesús expulsando a los mercaderes del Templo a latigazos.
            El llevó hasta el corazón del “stablisment” romano-judío, su enfrentamiento, no se limitó a hablar desde el desierto. Y condenó con el gesto de echar a los mercaderes del templo la complicidad entre el poder político, los romanos, y el religioso, los funcionarios de la religión judía oficial, en el saqueo sistemático de los pobres, del pueblo.
            Efectivamente, Mar, y seas bienvenida, aquella situación se repite hoy, y las instituciones religiosas, por lo menos la iglesia católica, siguen en complicidad con los “mercados” y con el poder político  aprobando o bendiciendo o haciendo la vista gorda a lo que estos hacen…
            ¿Se atreverán nuestros predicadores de turno a presentar el evangelio de los latigazos a los mercaderes del templo en su versión actual, a confesar la complicidad de las estructuras eclesiásticas en esta que llaman crisis y que no es más que un expolio sistemático del pueblo por parte del capitalismo y de sus aliados?
            Y nada, que me acuerdo con cariño de los que andan con achaques o problemas de salud, de Oscar Varela, de Asun, de la salud y bienestar  de todos, y me acuerdo también de la nietuca de Pepe Sala, que espero que esté cada vez más guapa, aunque solo sea para no desmerecer de su aitite y su amama de Euskadi…

        • mª pilar garcía

          Es vergonzoso comprobar que:
           

          Después de dos mil años, no hemos mejorado nada como seres humanos; siendo capaces ¡que lo somos! si fuéramos consecuentes:
           
          “luchando en la desaparición o mejora de la injusticia, el abuso de poder, la explotación de unas pocas personas, para obtener una riqueza escandalosa”.
           

          Especialmente, por el alto precio que la mayor parte de la humanidad paga por causa de los insaciables poderosos.
           

          A pesar de esta realidad, creo que tanto Juan como Jesús, volverían a estar al lado de los más castigados de este mundo, y  hoy, volverían a darnos un  fuerte empujón, a cuantos nos tenemos que mover por los caminos de la diáspora, para no ser silenciados castigados, perseguidos.
           

          Si hoy Jesús (muchas veces lo hemos comentado) volviese… lo harían desaparecer de nuevo.
           

          Querido Oscar, deseo que todo esté sucediendo bien,  paso a paso; y pronto estés a nuestro lado.
           

          Estamos contigo, cerquita ¡ánimo!

          mª pilar

        • Gabriel Sánchez

          Mar Te doy la razón con un matiz, la crueldad GENOCIDA  del sistema imperial y de la cultura de la muerte, es hoy mucho mayor, cuantitativa y cualitativamente hablando, Jesús, lo vive en medio de todos los postergados, perseguidos y privados de su dignidad y de lo necesario para la vida en medio de una cultura de la muerte…Y Juan…son hoy las voces no escuchada de los profetas, por ejemplo los jóvenes indignados  que fueron desalojados hoy en Inglaterra…Gabriel

        • MAR Medina

          Qué curioso, Sol,también a mí me parece que si Jesús y Juan vivivieran en estos tiempos se quedarían atónitos, sí, por la similitud de situaciones… dos mil años después. Es para echarse a llorar.

          Veo en los comentarios de abajo que Oscar anda pachucho: ¡¡le deseo lo mejor y pronta recuperación!!

          Saludos cordiales

        • Sol

          El Buatista y Jesús viviráin atónitos estos tiempos. Son arqueología romántica.

          Recomiendo la lectura de este enlace. Me subió la tensión y hay pocas cosas ya, que desequilibren mi sístole y diástole.

          http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/02/25/actualidad/1330191512_281273.html

        • Gabriel Sánchez

          No Joxema, la última noticia es que lo iban a operar de la cadera, trataremos de comunicarnos con alguien por ejemplo Clelia para saber, de pronto para ti que estas más cerca, se te hace más fácil con una llamada, yo le voy a enviar hoy un correo electrónico
          Con respeto al tema, voy a decir, que partimos de dos presupuestos evidentes, el primero el Evangelio no es una crónica histórica, el segundo el mismo es una interpretación teológica, más que de evangelistas de la comunidad de los seguidores del camino de Jesús, o de las comunidades…y estas lo aceptar como LA PALABRA, pero desde el punto de vista histórico, si bien sobre la época, existen muchas fuentes, esta fuentes refieren a eventos generales, no existe muy abundante documentación…fuente primaria, sobre la relación del Bautista y Jesús y aunque no son una crónica histórica, los Evangelios para el historiador, que pose pocos elementos (no hablo de teología, ni de exegesis) hablo de historia, decía los Evangelios, se transforman para fundamentar la relación entre Jesús y Juan…En una fuente primaria.-
           
          Ahora bien cualquier relectura de la palabra deberá entonces respetar, al menos mientras no aparezca otras fuentes que lo contradigan, la concepción que las comunidades fueron acuñando acerca de esta relación…Salvador dice, afirma cosas que desde el punto de vista histórica, que con la fuentes que se poseen, yo no me animaría afirmar con tanta certeza, sobre el carácter de algunos aspectos de Juan y de la relación Jesús-Juan…lo que no quiere decir que sean incorrecta, simplemente con la mirada del historiador, no hay elementos para afirmar lo que se afirma…Ahora bien a mi me llaman la atención algunos aspectos simbólicos, que me parecen mucho más importantes (desde mi punto de vista)…En una sociedad en la que Dios y la relación de Dios con su pueblo esta perfectamente regimentada (creo que son 673 preceptos), en donde existe una marginación creciente…que coincide con un empobrecimiento creciente…En donde han encerrado a Dios en el Templo y se han apoderado de Él, los Sacerdotes del Templo y han establecido una liturgia para recibir su perdón y para entrar en comunión con el, sin la que sin el sacerdote no es posible realizar…lo de Juan…en todo los aspectos simbólicos, parecen un volver a la fuentes, el desierto, el pueblo que emergen del mar(Agua) camino a su liberación, también hay una necesaria actitud, el perdonar arrepentirse de los pecados…Es este un gesto encierra un desafío al orden establecido, a la teología dominante y al monopolio de Dios por parte de los sacerdotes en el tempo y con sus liturgias…TODOS PUEDEN ARREPENTIRSE ANTE DIOS DE SUS PECADOS, la iniciativa esta en el pueblo, la liturgia es un signo conocido, emerger del AGUA…y la condición sine qua non parece ser el arrepentimiento…esto desafía fuertemente al orden establecido, no es de extrañar, que esto haya…(es un condicional) cumplido un rol revulsivo en la sociedad de su época,  que Jesús se haya integrado a ese movimiento del bautista que era su primo (no sería de extrañar)…Pero Jesús dará un paso más, el inaugurará una figura totalmente nueva en el Judaísmo…que es el perdonar los pecados, que obviamente tiene consecuencias, como de un solo golpe, abolir todo el sistema y la tradición de su pueblo, esto sumado a su concepción de declarar que la familia es la comunidad (quienes son mi madre y mis hermanos), establece una notoria diferencia entre la figura de Jesús y la de Juan, que por otra parte, el mismo Juan la establece Mc. 1,7…Sin embargo, es Juan una entrañable figura, tan cercana a los grandes luchadores de nuestro tiempo…Tal vez por eso, debería ser el Santo de los indignados…(en el último comentario intenté imitar a Oscar…seguro no me salio bien) Gabriel

        • sarrionandia

          A s.Jerónimo lo santificaron por las vueltas que le encontró al texto bíblico o por los latigazos que se apropiaba con las zarzas que encontraba?
          Alguien tiene noticias sobre la salud de Oscar? Estaríamos perdiéndonos sus comentarios?

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