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Sobre el mérito y la justicia

Una cosa son nuestras recientes vendimias y los sabrosos caldos que nos deparan. Otra bien distinta la complicada parábola de los vendimiadores, de tan difícil explicación. Quizá no vendría mal un traguito, antes de enfrentarse con el enigmático mundo de la justicia, la misericordia, el mérito, la autoestima, etcétera, al que parece querer acercarnos.

La historia es la siguiente: Un grupo de jornaleros esperan en la plaza del pueblo a ser contratados. Las jornadas son de 12 horas, es decir, desde el alba hasta el ocaso. A las 6 a.m. llega el dueño de una viña y empieza a contratar operarios, por un denario día. A las 9 a.m., como le sigue faltando gente, vuelve a la misma plaza y contrata a otro grupo, también por un denario. A las horas sexta, nona e incluso undécima, repite la misma operación. ¡Contrata gente a las 5 de la tarde, cuando apenas quedaba una hora de trabajo antes de que la noche se les echara encima, ofreciendo la misma paga!. Por fin llega el momento de pasar por caja y le dice a su administrador: Págales a todos según lo contratado, empezando por los últimos. El enigma, para nuestra mentalidad siglo XXI, empieza ahora:

Se presentan los que han trabajado una horita escasa y cobran su denario. Los demás se frotan las manos pensando que a ellos les va a tocar algo más, por haber trabajado más horas. La sorpresa es morrocotuda. Los que han trabajado 3 horas cobran lo mismo. Y los de 6. Y los de 9. E incluso los que han soportado el peso de la jornada, es decir, los que se han metido “entre pecho y espalda” 12 horas de curro, tienen que conformarse con el denario contratado, ni un céntimo más. Los murmullos de protesta no se hacen esperar. Aquello era una injusticia. Estábamos ante una clara discriminación a favor de quienes “no la habían hincado”. Y, sin embargo, el narrador de la historia, el sabio y justo Hombre de Nazaret que tanto asusta a algunos cristianos, les dice que se quejan de vicio. Todo el mundo había cobrado “según contrato”, por lo tanto, la justicia quedaba a salvo y no se admitían reclamaciones. El dueño de la vid se consideraba lo suficientemente libre como para tener un detalle, llámesele de magnanimidad o misericordia, con quien quisiera. Y en la práctica lo tiene, sobre todo, con los últimos en ponerse a trabajar: Les paga el denario pactado con todo el mundo, los primeros, mandándoles a casa más felices que unas pascuas.

Es evidente que esta forma de hacer justicia nos deja un poco atónitos. Para salir del atolladero nos situamos ante una disyuntiva: O estamos ante un error de trascripción de textos o hay “gato encerrado”. Como la primera opción desborda nuestras posibilidades de análisis, tratemos que enfrentarnos a la segunda. La tarea es un tanto enrevesada y seguro que habrá opiniones para todos los gustos. Yo empiezo con un par de preguntas. ¿Cual es el mensaje oculto en toda esta historia? ¿Cómo quitarles la razón a quienes, por principio, no admiten que el señor amo pueda hacer lo que le dé la gana?

¿Qué clase de lotería es esa de estar horas y horas esperando a que alguien te contrate, para poder sacar unos reales y llevar un pedazo de pan a casa? A mi más bien me parece una auténtica tortura y no me hubieran molestado sus saltos de alegría tras tan sufrida espera. Su angustia tuvo que ser algo infinitamente peor que el más duro de los currelos. ¿En tales circunstancias, cuantos de nosotros asumiríamos el riesgo de ceder generosamente el puesto al siguiente de la lista? Los descontentos de última hora tuvieron su momento de gloria al ser los primeros en salvar el día. ¡Vamos, que ni tan mal! Nadie les engañó, ni fue injusto con ellos.

Esto es así, pero no evita una segunda cuestión. ¿Acaso el trabajo humano puede valer tan poco como para no tenerlo demasiado en cuenta? Carece de lógica el pensar que con semejante actitud el dueño de la vid tratara de fomentar la vagancia. ¿Qué es entonces lo que nos quiso dar a entender este patrón que presume de justo y no admite réplica? ¿Que el valor de nuestro trabajo es mas bien insignificante en la inmensidad de la tarea a desarrollar en el mundo mundial? ¿Que por mucho que nos esforcemos, nuestros méritos son siempre relativos? ¿Que a pesar de Einstein, Fleming, etcétera, el mundo es lo que es y la gente se sigue muriendo de hambre? ¿Que los últimos pueden ser los primeros, en función del derroche de generosidad o de egoísmo de unos y otros? El enigma está servido, poniendo en jaque a la razón y a la fe. Descifrarlo puede ser un consuelo para toda esa gente que, a pesar de intentar dar el máximo en su trabajo, no consigue sacudirse la sensación de verse a si mismo con las manos vacías. Yo me quedo con que hoy en día, la mayor lotería es tener trabajo y la mayor felicidad poderlo ejecutar con espíritu de servicio a los demás. Las medallas de mérito que las repartan otros.

15 comentarios

  • Asun

    Hola Fico:
     
    Lo que dices, no me parece simplista, el Amor no hace distinciones y a todos acoge e incluye por igual. En cuanto al tiempo, sólo es válido para entender el mensaje implícito en la parábola, porque al ser y estar todo y todos en Dios sin discontinuidad,  se trataría más bien de hacer consciente, por parte del ser humano, el Amor gratuito, la Realidad  que nos sostiene, penetra  y  envuelve en un despliegue expansivo en amplitud y profundidad. Lo que ya es y está,  al fin se va haciendo consciente en uno mismo fluyendo inagotable en  nosotros como la Consciencia omniabarcante en la que somos.
     
    Verse desde los últimos, en la gratuidad de lo que ya es, quita toda envoltura de mérito y recompensa a lo que somos, porque es confianza, paz,  gozo, alegría y plenitud en permanencia, siempre “esperando” en apertura y acogida ilimitadas, a que despertemos.
     
    Un abrazo.

  • Asun

    A Jesús O. y a todo aquel que le pueda interesar, os pego este comentario de Enrique Martínez Lozano al pasaje evangélico en cuestión. Creo que da luz a esta aparente enrevesada parábola. Gracias.

    LA NOVEDAD DE JESÚS: GRACIA FRENTE A MÉRITO
     
             El trasfondo que podemos apreciar en este relato nos habla de una situación característica del pueblo judío en la época de Jesús. A causa de los crecientes impuestos de Herodes y del Templo, muchos campesinos se habían empobrecido, hasta el punto de verse obligados a vender su propiedad y tener que trabajar como jornaleros.
             Parece que, en su origen, se trataba de una parábola rabínica, bien conocida por sus oyentes. Sin embargo, de manera sorprendente e incluso subversiva, Jesús va a cambiar radicalmente el final de la misma. Y tendremos que prestar atención a la novedad que introduce, ya que un cambio intencionado tiene un solo objetivo: mostrar la novedad que se quiere transmitir. Y, como veremos, ésa será nada menos que la novedad del propio evangelio. Vayamos por partes.
            
             Sabemos que toda religión, en mayor o menor medida, termina siendo una religión del mérito y la recompensa: Dios nos trataría según nuestro comportamiento hacia él. Por tanto, la persona religiosa se cree con derecho a reclamar un trato de favor. Por lo que nos transmiten los relatos evangélicos, la religiosidad oficial judía del siglo I –aunque no sólo ella- era marcadamente mercantilista.
    Es claro que el mercantilismo es lo opuesto a la gratuidad: la idea del mérito echa por tierra la gracia. Pues bien, la parábola rabínica terminaba de una forma “religiosamente correcta”, acorde con lo que esperaba oír un público religioso. Ante la protesta de los trabajadores de la “primera hora” –que personifican justamente a las personas observantes de la religión-, el dueño les responde: “Es cierto que sólo han trabajado una hora, pero han hecho tanto trabajo, que equivale al que vosotros habéis realizado en todo el día”. En la versión original de la parábola, queda a salvo la idea (religiosa) de la recompensa proporcionada al mérito.
     
    ¿Qué hace Jesús? Desconcertando a sus oyentes y, probablemente, escandalizando a muchos de ellos, hace dar al relato un giro de ciento ochenta grados, tirando por tierra cualquier idea de mérito y de comparación.
    Para él, la palabra que sustituye a todas las anteriores es “gratuidad”. Y de ese modo, nos revela a Dios y nos muestra el modo genuinamente humano de vivir.
    En realidad, sólo podemos entender la parábola si caemos en la cuenta de que el nombre de Dios es Gracia, Amor que permanece incluso cuando es rechazado o –como diría Francisco de Asís- una “voluntad de amar que no se retira”.
    Esto no es posible verlo desde la mente etiquetadora, que separa y divide constantemente lo real en pares de opuestos –agradable/desagradable-, y querría quedarse sólo con aquello que pertenece a la primera de esas categorías. De la mano de la mente, el yo ve la realidad escindida entre “gracia” y “desgracia”. Y eso se termina convirtiendo en fuente de sufrimiento para la persona.
    Sin embargo, cuando trascendemos la mente, al venir al momento presente, descubrimos que todo es Ahora, y que todo es Gracia. Es fácil que, al menos en un primer momento, volvamos a rebotarnos cuando aparezca una enfermedad, un accidente o un desengaño –las exigencias y la inercia del ego se siguen dejando sentir-, pero bastará que tomemos distancia de él, para experimentar de nuevo que todo es Gracia.
    Si Dios (el Misterio último) es Gracia, nosotros somos también, en lo más profundo, Gracia. Descubrirlo y vivirlo forma parte de nuestro aprendizaje.
    Con frecuencia, vamos por la vida deseando recibir el “denario” –el hijo mayor de la parábola del “hijo pródigo”, sin darse cuenta de que todo lo del padre era suyo, reclamaba “un cabrito”-; un “denario” al que nos creemos acreedores por nuestro comportamiento. Pero nos sentimos desairados si vemos que se lo dan también a quien pensamos que ha hecho menos que nosotros.
    Es claro que el ego no sólo vive de la idea del mérito, ansiando recompensas, sino de la comparación (y descalificación del otro). El ego no puede alegrarse del bien del otro; por eso no puede entender tampoco la gratuidad. Eso le hace vivir encerrado y amargado.
    En último término, se trata de un problema de ignorancia. No es que “los trabajadores de la primera hora” sean malos; sencillamente, desconocen quiénes son ellos y quiénes son los demás. Su identificación con el ego les hace tener una idea mezquina de la realidad, tan mezquina como el propio ego.
    Cuando salimos de esa identificación, venimos a descubrir que no somos el ego que pensábamos ser, sino la Conciencia que lo ilumina; no somos nada de lo que ocurre, sino el Espacio en el que todo ocurre; no somos quienes hambrean un denario, sino la Riqueza que todo lo contiene; no somos competidores de los de “la última hora”, sino sólo otras “formas” que los “complementan”; no somos un yo autoconsistente y cerrado, sino cauce o canal por al que fluye, gratuitamente, la Vida.
    A partir de ahí, seremos capaces de salir del caparazón del ego y permitir que la Vida se despliegue abiertamente en nosotros, a favor de todos los seres.
    Esto es lo que sabe y promueve la auténtica espiritualidad. Así lo expresan los “cuatro votos del Bodhisattva”, en una versión libre de un conocido Sutra budista, que me parece particularmente lograda. La transcribo a continuación. 
     
    LOS 4 VOTOS DEL BODHISATTVA
    (Versión libre de un Sutra budista)
     
    —       Los seres son innumerables;
    es mi deseo vivir conscientemente y estar presente para quienes convivo.
     —      Los pensamientos y sentimientos ilusorios son ilimitados;
    es mi deseo no luchar en su contra, sino acogerlos, sin identificarme con ellos.
     —      Las puertas del dharma son incontables;
    es mi deseo aceptar lo que surja en el ahora y permitir que todo sea lo que es.
     —      El camino del despertar no tiene igual;
             es mi deseo que mi afán de alcanzarlo no se convierta en mi mayor obstáculo.

  • Fico Sánchez Peral

    Quizá sea una visión un tanto simplista, pero entiendo que siendo el de Jesús un mensaje de llamada, de lo que está hablando es de cómo su amor es de igual riqueza, tanto para el que conoció su llamada y respondió a ella a primera hora de su vida, como para el que lo hizo a la quinta, a la nona, o a la penúltima.
     
    Dios no cuantifica la donación de su amor en términos humano-mercantiles de recompensa según sea la prontitud o la cuantía de la respuesta del hombre, sino en términos de donación total. A la respuesta humana a su llamada, por tardía que sea, la donación de Dios es tan total como para el que respondió a ella a su tiempo, aunque este fuera anterior o posterior. Lo normal-humano es que uno que nace años después que otros y recibe su llamada después que aquellos, no pueda responder a ella antes que los que llegaron primero, pero la donación de Dios será la misma para ambos. Incluso (y eso me parece que es lo que quiere revelar la aparente “injusticia” de la parábola) en el caso de que el más joven fuera el que respondiera a la llamada antes que el que nació (o llegó) antes, la donación de Dios es de medida tan desproporcionadamente superior a la de la respuesta de ambos, que no está –no es medible- en proporción a ellas, sino a la generosidad de Dios, que se da con igual desmedida generosidad a los primeros y a los últimos.
     
    Son nuestras maneras humanas de hacer las cuentas las que no salen, pero sí salen las Suyas de darse del todo a todos.
      

  • JESÚS OLLORA OLARTE

    Hay cosas en la vida muy importantes y sólidas que si las explicamos con argumentos banales no se entienden o merjor dicho se malentienden.
    Lo siento pero yo discrepo en cuanto a la parábola puesto que, y sigo con ello, imaginemos que pasaría si al terminar la jornada no se ha acabado la vendimia, o bien le queda otra viña y tiene que ir el dueño al día siguiente a contratar vendimiadores, ¿no se esconderían los vendimiadores de primera hora?…
     Lo siento pero yo soy en exceso racionalista.
    Si el pago, como comenta Félix García Moriyón, “se trata de merecer el Reino de Dios es donación graciosa de Dios, prueba de su misericordia y amor infinito, pero en absoluto pago debido a nuestros méritos”, que nos lo diga el evangelista claramente.  
    Asun dice que “la justicia que no incluye la solidaridad en igualdad es fría, no es justa…”
    No se si el significado de las parábolas está copiado de lo que decía Jesús o si fue agregado por los evangelistas para explicarnos mejor las ideas básicas de la vida.
    Lo siento pero, quizá por mis vivencias infantiles esta explicación a mí no me sirve.
    En este ejemplo (parábola) el razonamiento se mezcla con el sentimiento y no me convence.
    Antonio Vicedo me dice que “En la humanidad  (para los creyentes filiación) radica y se contiene parcialmente  el mérito y derecho de la Especie Natural Racional (de la Paternidad creadora)”
    Prefiero que me hablen de solidaridad, de fe, de justicia, de lo que queráis. Básicamente estoy de acuerdo con todos vosotros, pero no con esta parábola.
    Un saludo
    JESÚS,   

  • Antonio Vicedo

    JESÚS OLLORA OLARTE 02-Diciembre-2011 – 19:04 pm
    Jesús, la aclaración del contenido del “mérito y la justicia” que hace el AMO de la viña a “uno de ellos” con este razonamiento: ( “Amigo , no te hago ninguna injusticia ¿No te ajustaste conmigo en ese jornal? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último lo mismo que a tí ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos?,¿o ves tu con malos  ojos que yo sea generoso?) parece que,  por una parte, incluye la aportación libre y responsable del asalariado, con su trabajo de jornada, para recibir ajustado el salario con el que asegurar su vida y la de su familia, sin que ello no suponga una concesión gratuita sobre lo que no depende de la actividad del asalariado, en tanto  persona, y a lo que en ella hay de colaboración previa del Amo y de otr*s colaborador*s (en sentido más real, por tratarse del propio ser y de algunas de sus circunstancias: capacidades, ayudas, etc.)
    Y esto último parece que es lo que valora como voluntaria generosidad para que también quien no ha podido aportar  su libre y responsable colaboración con el trabajo, reciba el mismo salario   que necesita para igualmente subsistir.
    De verdad que me parece muy clara aquí la contraposición que hace este Amo de la viña aplicando la fuerza ajustadora de la razón en vez de aplicar la razón de la fuerza de un derecho apelado que no tiene en cuenta el deber primario de conservar el don del ser personal y sus exigencias como derecho vital.
    En la humanidad ( para los creyentes filiación) radica y se contiene parcialmente el mérito y derecho de la Especie Natural Racional ( de la Paternidad cradora)
    ¡Si esto lo tuviera en cuenta la Economía Global, subordinada éticamente a la política DEMOcrática!

  • JESÚS OLLORA OLARTE

    Creo que el título del artículo “Sobre el mérito y la justicia” nos da un enfoque diferente a lo que solemos entender de esta parábola. Evidentemente no tienen el mismo mérito los primeros que los últimos, ni es justo que se les pague igual.
    De todos modos cuando yo era pequeño, todavía se contrataban a los hombres en la plaza en los pueblos de la Rioja, y evidentemente la realidad estaba muy lejos de la parábola. Se contrataba a los más jóvenes y trabajadores y no todos cobraban lo mismo y mi padre me decía que a algunos no los contrataba nadie y eso era muy triste sobre todo para su familia.
    También existía el destajo y, puedo añadir que cuando se acababa la vendimia o la siega, mi padre tenía que estar unos días en la cama por agotamiento.
    Quizá podáis entender por qué no me gusta esta parábola, por los recuerdos que me da y por qué no puedo entender que todos seamos iguales, pues como se dice” unos son más iguales que otros”
    Todavía más, si buscamos en el DRAE, parábola es “.Narración de un suceso fingido, de que se deduce, por comparación o semejanza, una verdad importante o una enseñanza moral.”
    La enseñanza moral puedo entenderla pero no puedo entender la comparación o semejanza.
    Un saludo
    JESÚS

  • Antonio Vicedo

    Pascual 30-Noviembre-2011 – 11:13 am

    Tienes razón, pero  es  que esto de tener el oído averiado …
    Disculpad. Voy a poner mayor atención. ¡Gracias!

  • Pascual

    Antonio, me mareo con tanta mayúscula. ¿Por qué no bajas la voz?

  • Gabriel Sánchez

    Apreciado Iñaki, tienes todo el derecho a interpretar como te plazca el texto…No obstante, existe cierto parametros cientificos para la interpretación laica de un texto historico…o de un texto antiguo, la primera es manejar las categorias culturales de quien esta hablando, la segunda, las de quien escribe y la tercer es en base a ella y a la situación de la realidad en ese momento de la historia y a los estilos en que se expresa literariamente, se arma el que se esta diciendo…
     Este texto en particular ha sido muy a analizado y justamente, si hay algo en que los biblistas coinciden es que no habla del valor del trabajo, incluso con el uso de las ciencias auxiliares, la parabola de Jesús…no alude en su contexto cultural, justamente al valor del trabajo, en realidad si quieres darle una interpretación economicista…diriamos que lo que plantea Jesús en la parabola es que un trabajador debe recibir siempre el salario necesario para vivir dignamente…1 denario…Pero quienes entiende de estilos literarios y de las categorias culturales de la epoca, dicen claramente que alude…a los trabajadores de primera hora…el pueblo de Israel y a los de ultima hora…la comunidad del camino de Jesús de Nazareth…
    No obstante mi posición con respecto al salario que supongo tu la conoces, es que la unica forma de generar riqueza, es por medio del trabajo humano…lamentablemente el gran capital, secuestra la mayor parte de esa riqueza, dando al trabajador muchisimo menos que la riqueza que su trabajo genera…aprovecho para darte un gran abrazo…desde Montevideo.- Gabriel

  • Antonio Vicedo

    Recuerdo que hace tiempo hice un guiso de textos, poniendo a cocer en mi mente y voluntad estos:
    1) -Los de esta parábola sobre todo la queja de justicficación aparente y la réplica del AMO  que sostiene al PERSONAL  y a la VIÑA;
    2) Este  otro texto que parece se manejaba bastante o mucho en ambientes culturales anarquistas: – Que cada UN* APORTE A LA SOCIEDAD CONFORME A SUS CAPACIDADES, Y DE ELLA RECIBA CONFORME A SUS NECESIDADES PERSONALES.
    3) Quien NO QUIERA trabajar, que NO COMA.
    4)Bienaventurados, o dichos*s, L*S POBRES, porque de ELL*S es el Reino de los Cielos ( en la tierra)
    Me salió bien el guiso y he disfrutado alimentándeme de él y  la he gozado también viendo que much*s hacían lo mismo al compartirlo comigo.
    Otros andan por ahí hinchando la COMPETITIVIDAD  y LA ACUMULACIÓN de sus SOBRAS, incluso bajo tamiz religioso iniciando o potenciando campañas por la ERRADICACIÓN DE LA POBREZA, sin aclarar del todo que ese término suple falsamente al de MISERIA,cuando se opone a OPULENCIA o RIQUEZA.
    Aquel AMO de la VIÑA  y EMPLADOR DE LOS ASALARIADOS; el PABLO ¿JUSTICIERO?,  como también después AQUELLOS ANARQUISTAS, tan amenazantes, ya  entendieron y obraron en consecuencia, CONSCIENTES DE QUE EL PLANETA TIERRA y LA HUMANIDAD, podían convivir en EQUILIBRIO Y ARMONÍA,  sólo disfrutando del BIEN de  la POBREZA UNIVERSALMENTE COMPARTIDA.
    ¿Tendremos que entenderlo y aceptarlo pagando el precio de una GENERAL y TRÁJICA ECATOMBE?
    ¡Es LA VERDAD la que LIBERA!

  • Asun

    Me dispongo a ello tras releer el artículo, Iñaki, consciente de que es difícil desprenderse de las interpretaciones católicas y cristianas que se han ido dando sobre el texto. Muchas gracias.
     
    El que contrata ha dejado claro desde el principio la remuneración, el que lo acepta se atiene a lo prometido sintiéndose  reconocido en su trabajo. Con su paga puede cubrir los gastos y necesidades básicas para él y la familia. No espera más, porque no requiere más que eso: vivir el día  a día, otros cálculos no entran en sus cuentas.  Eso mismo necesitan los demás trabajadores que se van incorporando,  tener para subsistir junto con la familia. Qué menos que poder comer y tener un techo donde cobijarse. Y aunque seamos diferentes, en esto todos somos lo mismo, necesidad primaria, tener satisfecha la subsistencia y ver  garantizada la supervivencia, es decir, sentirse vivos, seguros, felices con inmensas ganas de vivir. Sin cargas pesadas añadidas.
     
    El dueño de la vid fomenta vivir el presente, el aquí y ahora. Salir de uno mismo, sintiéndose valioso y reconocido como ser humano, sin más, y todo lo demás emerge por añadidura. Confiar en el cada día que  tiene su propio afán, mplenitud y gozo, viviendo  en el presente, lo único que es. El futuro y el pasado son recreaciones de la mente, sólo hay presente. Lo demás es envoltura creada por la mente, ilusorio que crea separación con los demás, comparación, codicia  y violencia. Los méritos que son si no ¿?.¿Acaso poner en ellos nuestros anhelos da el sentido último a quien somos y a lo que somos?
     
    La justicia que no incluye la solidaridad en igualdad es fría, no es justa, se alimenta de la comparación desde una visión fragmentada de la realidad que separa clasificando a las personas por  méritos/ no méritos, cualidades/no cualidades, olvidando que en lo más profundo y de fondo somos exactamente lo mismo.
     
    Las diferencias del yo particular, que supone riqueza y complemento en la diversidad de lo que es,  se acrecientan escindiéndose en un yo superficial e imaginario que a todos viene a visitar, preñándose en la mente con una imagen separada de los demás y de todo, que se proyecta en el futuro y nos incita a hacernos uno con el deseo y la codicia,  por un futuro ilusorio e inexistente, que no deja de crear y recrear el pasado y  hacer que nos identifiquemos con su cavilación y la apariencia engañosa  de ser otra cosa de lo que somos. Fácilmente, entonces, pasamos a idolatrar el tener y acumular, como fuente de seguridad segregadora y una imagen prefabricada y constructa.
     
    Os dejo  este enlace como ilustración negativa a lo que puede llegar la degradación de sentirse no reconocido en lo más primario, separado, y hasta de cómo nos hacen vernos y sentirnos así de forma natural fomentando la  competencia indigna con los demás, alejándonos de la realidad que es y somos.
     
    http://www.youtube.com/watch?v=-dQlrHm1S_s

  • Félix García Moriyón

    Es un comentario muy oportuno y creo que apunta a una posible interpretación de esta parábola que,  como muchas de Jesús, no contienen una moralina, sino un problema moral abierto y de difícil solución. En línea con lo que dice el Iñaki en su comentario, considero que Jesús nos está recordando lo cuestionable que es apelar a nuestros méritos, mucho más cuestionable cuando pueden hacer referencia a merecer el Reino de Dios. Este es sobre todo donación graciosa de Dios, prueba de su misericordia y amor infinito, pero en absoluto pago debido a nuestros méritos. Hay una profunda desproporción entre estos y aquel que debe conducirnos a estar siempre agradecidos. La parábola coincide con otras enseñanzas de Jesús, sobre todo con la de no querer nunca ocupar los primeros puestos, o la de la mujer pobre que oraba al final del templo… Y es difícil de entender porque vivimos en una sociedad basada en el mérito, la meritocracia, pero que en su práctica cotidiana demuestra con creces que con enorme frecuencia no llegan arriba los que lo merecen, en el supuesto de que llegar arriba sea un honor. Normalmente, los que llegan “arriba” (incluso en un sentido muy positivo de ese “arriba”) debe sentir sobre todo agradecimiento por lo que deben a quienes les ayudaron a llegar allí, que orgullo por lo logrado. Como parece indicar la parábola, no debemos preocuparnos por la meritocracia ni creernos poseedores de especial mérito en nada. Más bien debemos ser personas agradecidas.
    Copio a continuación un fragmento de un comentario sobre la obra Sobre mi religión de John Rawls, el gran autor de la obra Teoría de la Justicia. Destaca el comentarista que todo la reflexión de Rawls pretende buscar una sociedad no basada en el mérito sino más bien en la solidaridad y desvela la raíz cristiana, en concreto agustiniana de ese planteamiento: “Esta idea viene poderosamente a la memoria cuando en la tesina nos encontramos con la oposición de Rawls a las doctrinas pelagianas y antipelagianas sobre la salvación. Se pone del lado de san Agustín al negar que podamos ganar la salvación por nuestro propio mérito, esto es, eligiendo libremente la virtud, o mediante acciones de cualquier tipo: «En presencia de Dios no existe el mérito. Ni debería existir el mérito ante Él. La verdadera comunidad no considera los méritos de sus miembros. El mérito es un concepto enraizado en el pecado, y se hace bien en dejarlo de lado». Esta afirmación es teológica, y está asociada con una interpretación de la gracia divina”.

  • Iñaki S:S,

    Apreciado Gabriel, siempre leo con agrado tus comentarios y normalmente comparto tus ideas sin ninguna dificultad. Entiendo tu explicación, pero no me sirve del todo en  el círculo economicista en el que me muevo. Erróneo o no, cualquier persona con cierto sentido crítico lo primero en que se fija, en pleno siglo XXI, es en la literalidad de las palabras y trata de interpretarlas a su manera. Como me he encontrado con mas de uno a quien le parece que el texto no tiene ni pies ni cabeza y que semejante tontería tiene que ser un error de transcripción, no dejo de darle vueltas al tema. En cualquier cambio de impresiones, si empiezas a retrotraerte al pueblo de Israel, lo normal es que la conversación no dure ni un minuto.  De ahí mi esfuerzo por encontrar, a la literalidad del texto, una interpretación razonablemente lógica,  para nuestra época. Seguro que en Atrio hay mucha gente que puede ayudarme.

  • Gabriel Sánchez

    La parábola, usa símbolos bien conocidos en el ambiente judío, la imagen de viña, referido al pueblos de Dios (el pueblo de Israel)…los trabajadores, deben cuidar la viña que es el pueblo para que de fruto…el denario, es el salario que posibilita la vida, un denario diario en el tiempo de Jesús era lo necesario para poder sobrevivir…significa vida…y la imagen de los primeros trabajadores, son aquellos que trabajaron en la viña que es el pueblo primero…y los que llegaron últimos de alguna manera representan a los que siguen a Jesús…a Todos Dios le da vida…el manejar literalmente esta parábola nos lleva a enfoques erróneos, no tiene que ver con el trabajo, en el sentido económico con lo que lo vemos ahora…Pero lo que es cierto, que los que trabajan más, los que producen más son los más desposeídos por el sistema en que vivimos… Conocida es y más aplicable al trabajo humano en nuestro caso…lo que el tercer Isaias no dice…Nº 65,21-22…o en el Santiago 5,4… Con cariño Gabriel

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