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Tres artículos sobre la fe

Del artículo publicado el día de Pascua por una mujer que se declara no creyente, Pilar Rahola, sacan lecciones dos teólogos  de España y de Latinoamérica, José Ignacio Gonzalez Faus s.j. y Federico Carrasquilla. ¿No es este un ejemplo de encuentro y diálogo para el “atrio de los gentiles” que acaba de promover el Vaticano? Pero, ¿llegará a acercarse, siquiera de lejos, a este ejemplo el Consejo que debe promover esa iniciativa? El papa acaba de nombrar 10 miembros de ese consejo, entre los cuales hay tres españoles. A ver quien adivina quiénes son estos tres…

 

 DIOS Y SUS COSAS. Pilar Rahola

Dios y sus cosas, o más bien las cosas de aquellos que creen en Dios. En días como hoy, y más allá de gozar del tiempo festivo robado a la agenda, siempre recalo en la idea de la trascendencia divina. Y no tanto como una interrogación personal, porque hace años que descarté llenar con respuestas prefabricadas mis preguntas más hirientes.

Prefiero militar en la duda, esa duda que aterriza en los miedos y en las soledades y que no da opción a ningún bálsamo. Ciertamente, como he escrito en alguna otra ocasión, creer en Dios significa vivir y morir más acompañado. No es mi caso, porque, aunque me esforzara en aceptar algún tipo de dogma, siempre sabría que me estoy haciendo trampas al solitario. Los habitantes de la duda permanente nos llevamos mal con la fe y con sus intangibles.

Pero con independencia de la actitud personal hacia el concepto de Dios, estos días me parecen especialmente bellos para los que gozan de una fe sincera. Gentes que han construido grandes edificios de buenas acciones, porque creer los ha hecho más nobles y más humanos.

Gentes que cuando rezan, aman, y amando dan algo de luz a los rincones sombríos del mundo. Va para ellos este artículo, cuya incapacidad para entender a Dios no lo inutiliza para entender a los creyentes. Hace tiempo leí una reflexión de Bertrand Russell que me pareció sublime: “Si Dios existe, no será tan vanidoso como para castigar a quienes no creen en él”. Toda idea de la trascendencia espiritual reconvertida en tortura, dolor, infierno y cualquier sentido de culpa me parece tan tortuosa como incomprensible.

No puedo entender de ningún modo ese tipo de fe que concibe un Dios castigador y punitivo, sin otra piedad que la exigencia de su dominio. Y reconozco que no me gusta la exhibición de martirio de los pasos de Semana Santa, quizás porque prefiero el Dios que renace el domingo que el que muere el viernes. La vida sobre la muerte. Pero con el Dios de las monjas de mi infancia, que enseñaba a amar al prójimo y dibujaba con renglones caritativos las líneas de la vida, con ese Dios me tuteo sin creer.

Porque es la fuente de inspiración de gentes extraordinarias. Va por todos ellos. Los que creen en los dioses de la vida y no en los de la muerte. Los que aprenden a entender a los demás, cuando aprenden a creer. Los que buscan respuestas sin imponer dogmas.

Los que conciben sus creencias como una fuente de tolerancia. Los que ayudan a su prójimo porque lo conciben como su hermano. Los que gracias a Dios encuentran tiempo para construirse interiormente. Los que buscan dotar de trascendencia su paso por el mundo. Los que entienden que creer en Dios es creer en la ciencia.

Los que tienen respuestas pero siguen haciéndose preguntas. Los que rezan porque aman. Para todos ellos, los creyentes del Dios del amor, feliz domingo de Resurrección.
————————-

Carta a Pilar Rahola. José Ignacio González Faus

 

Querida Pilar: quisiera darte las gracias por la columna del día de Pascua sobre Dios y sus cosas: por tocar el tema con seriedad y respeto, único modo digno tanto para creyentes como no creyentes.

¿Me permites añadir algo sobre “las cosas de Dios”, para ti y todos los habitantes de la duda? Ahí van cuatro reflexiones de creyentes que, para un cristiano, son decisivas.

Allá por los tiempos de Jesús se cuenta de un rabino que perdió la fe, con el comprensible escándalo social en una sociedad cerrada. Pero otro maestro comentó sobre él: “Dichoso el rabino X porque podrá practicar el bien sin esperar recompensa”. Es la lección (y casi la envidia) que desde hace años me dais muchos de vosotros. Jesús dijo también que no es el que dice “Señor, Señor” el que entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad del Padre. Y he visto que algunos no creyentes cumplís la voluntad de Dios mejor que muchos de nosotros.

Además, un gran profeta del catolicismo del siglo pasado (Emmanuel. Mounier, fundador de la revista Esprit) escribió que, en el futuro, los hombres no se distinguirán por la postura que tomen ante el tema de Dios sino por la que tomen antes los condenados de la tierra. Y, en la misma línea, esa impresionante conversa que prefirió quedarse fuera (Simone Weil) dejó escrito: “No es por la forma en que un hombre habla de Dios, sino por la forma en que habla de las cosas terrenas como se puede discernir si su alma ha permanecido en el fuego del amor de Dios”.

Todos esos testimonios apuntan hacia una línea en la que deberíamos encontrarnos mucho más, y que, para un cristiano, se fundamenta en las palabras de otro gran profeta mártir de Adolf Hitler (el pastor Dietrich Bonhoeffer): el Dios que se revela en Jesús, es “lo opuesto de todo lo que el hombre religioso espera de Dios”. Cuesta tragarlo pero es así. Porque en Jesucristo, Dios no se ha revelado como “todopoderoso” sino como aquél que, en su relación con nosotros, renuncia a su poder para identificarse con la debilidad que somos y con las víctimas que producimos. Un Dios inútil como objeto de consumo pero buena noticia como horizonte y fuerza de vida.

Desde aquí puedo decirte que no te preocupes si no puedes creer. Conozco muchas gentes como tú. Pero los cristianos proclamamos eso de “la comunión de los santos” que significa que todo lo de Dios es común y que, por eso, es tarea nuestra creer por (y para) los que no creen y esperar por (y para) los que no esperan, si vosotros intentáis amar incluso a los que no aman.

Quizá puedas entender ahora por qué hace ya muchos años, en uno de mis primeros escritos, comenté unos versos de Atahualpa Yupanki. Son estos: “Hay cosas en este mundo / más importantes que Dios / que un hombre no escupa sangre / pa que otros vivan mejor”. Y los comenté de esta manera: para quien cree en Jesús no es el ser humano quien dicta esta estrofa; es Dios mismo quien nos hace saber que, para él, hay cosas más importantes que el que los hombres se ocupen de Dios, a saber: que no tengan unos que escupir sangre para que otros puedan vivir mejor (quizá también más piadosamente).

Eso mismo, con otras palabras, podrás encontrarlo en textos de hace muchos siglos, como la primera carta del apóstol Juan, y varias páginas de san Agustín.

Luego de esto hemos de ser perdonados de muchas incoherencias, bien lo sabemos. Un saludo y gracias por haber devuelto dignidad al tema.

J. I. GONZÁLEZ FAUS, teólogo

 

 

COMENTARIO AL ARTÍCULO DE PILAR RAHOLA.

Queridos amigos:

En días pasados me llegó un artículo  de una periodista española y el comentario que le hizo   J.I. Gonzales Faus.  Los dos documentos me parecieron que eran  muy valiosos y que nos podían ayudar a profundizar mejor nuestra fe cristiana. Sobre todo el de Pilar. Por eso he querido  enviárselos con   un comentario personal al artículo de Pilar, leído desde  nuestra situación latinoamericana, es decir, desde los pobres de nuestro pueblo. Este comentario no es de ninguna manera una respuesta o una contradicción, pues personalmente  no le quitaría nada a su artículo: desde su  punto de vista, yo asumiría todas y cada una de las frases.  Pero es un texto que hace pensar. Y esto es lo valioso. Hace poco leía algo que viene perfectamente al caso:”El texto no es verdaderamente Otro si produce seguridad. Al contrario: el texto como Otro inquieta, sacude, incluso puede llegar a asustar”

Les comparto lo que me cuestionó este artículo y los invito a que cada uno, desde su situación personal, se deje interrogar por él.

 La convicción fundamental que me dejó la lectura del texto es que para nosotros los cristianos es imposible  hoy hablar de Dios sin partir de Jesús.

 Ningún otro discurso sobre Dios, sin quietarle lo válido que pueda ser o los valores que tenga, responde a nuestras preguntas no tanto sobre Dios sino fundamentalmente sobre la realidad, sobre las personas y más particularmente sobre la situación del pobre, del excluido, del abandonado y despreciado de la sociedad y  más especialmente,  sobre el sufrimiento del inocente. Por una gracia inmerecida del Señor llevo 47 años de mi vida sacerdotal, en contacto con los pobres de mi pueblo. Todo este tiempo ha sido para mi pueblo colombiano,  un período de violencia. Y nunca me he podido acostumbrar a escuchar el grito del pobre, el dolor del inocente. Cada vez mi sensibilidad  es más frágil para escuchar a una madre que me cuenta cómo vio asesinar a su hijo; cómo lo vio  torturar para sacarle una confesión de lo que no sabía nada. La figura de aquella mujercita, que el viernes de Pasión del 69 a quien le asesinaron su única hija de siete años  y que  gritaba (la oí desde la sacristía) ante la imagen de la Dolorosa: “Virgencita, tu que sufriste la muerte de tu Hijo ¿por qué dejaste que me arrebataran a mi niña? Me dejaste solita sin quien me trajera un poco de comida! “, esa imagen y miles de otras nadie me las puede borrar, son heridas que nunca se sanarán..  Y no terminaría de citar casos. Esos  sufrimientos solo los he podido llevar, gracias a Jesús y al Dios que Él nos  reveló.

A partir de esta convicción, iluminaría las  interrogaciones que me  planteó  Pilar:

  • “Hace años que descarté llenar con respuestas prefabricadas las preguntas más hirientes”

La fe en el Dios que me revela Jesús me ha ayudado a hacer la misma experiencia: a no acostumbrarme nunca a las cuestiones que me plantea el dolor del pobre, a no asumir ninguna respuesta prefabricada  que  en el fondo profana el dolor del pobre,  a no acostumbrarme nunca al dolor de nadie y sobre todo al dolor de inocente.  Jesús ha llevado  conmigo este sufrimiento quitándole la angustia pero sin oscurecer ni tapar lo absurdo y lo inaceptable de estos sufrimientos. Como escribía un poeta francés: “Jesús no vino a explicar el dolor ni a suprimirlo sino a llenarlo de su Presencia “(P.Claudel)    

  • “Prefiero militar en la duda  que aterriza en los miedos y en las soledades y que no da opción a ningún bálsamo 

Esa frase me parece bellísima. Yo tampoco, nunca he podido aceptar ningún bálsamo que trate de  suavizar el dolor y el sufrimiento de alguien  en especial del pobre. Jesús no ha sido para mí un bálsamo sino la luz que me abre a la esperanza, que  me ha impedido siempre caer en la desesperación, en el desanimo, en el pesimismo de ver que  nada ni nadie: ningún líder ni ningún sistema podrá suavizar  ni quitar la herida dejada por el contacto por superficial que sea, del dolor del pobre. Como lo expresaba muy bien Mons. Casaldáliga:

“Yo no  sé si podría convivir con los pobres,
Si no topara a Dios en sus harapos,
Si no estuviera Dios como un brasero.
Quemando mi egoísmo lentamente.
                          Quizás no sería capaz de estos  caminos.
                            Si no estuviera Dios como una aurora,
                            rompiéndome la niebla y el cansancio.”

  •  “Prefiero el Dios que renace el domingo de Resurrección  que el que muere el viernes. La vida sobre la muerte”

Personalmente yo diría que sin el Dios que muere el viernes, el Dios que renace el Domingo no me dice nada. Como tampoco me diría nada el Dios que se queda muerto el viernes. Y esto no tanto por ese Dios sino por el hombre. Y vuelvo a lo mismo: por el sufrimiento del inocente. Para mi y creo que para todos los que creemos en Jesús, en el Jesús del viernes están muriendo y siendo torturados todos los hombres y  hombres que tienen la dignidad y condición de hijos de Dios.   Y esto para el creyente en el Dios de  Jesús es quizás lo más insoportable. En cada persona que es asesinada se está asesinando a Dios. Y por eso la Resurrección le ofrece un sentido a todos los sufrimientos de los hombres. Un sentido que no quita la duda ni tranquiliza las consciencias, sino que por el contrario aviva el esfuerzo y el deseo de luchar. Las últimas palabras que les dijo Jesús a los discípulos antes de entregarse a la Pasión, serán siempre la fuerza del que vive en contacto con el dolor :”En el mundo tendrán que sufrir. Pero tengan ánimo. YO HE VENCIDO AL MUNDO” (Jn.16,33)  Jesús resucitado nos asegura que la última palabra para el hombre no es la muerte sino la vida, una vida que surge dentro de la muerte. Un teólogo alemán decía hace años que “la crucifixión era la Crucifixión de un Resucitado y la resurrección era la Resurrección de un Crucificado.” Otro teólogo  alemán, autor de un libro clásico llamado “El  Dios Crucificado” decía que la intuición de su libro lo había sacado de un hecho sucedido en un campo de concentración nazi. Por represalia, contaba él, los nazis habían decidido  ahorcar  diez  prisioneros.  Cuando estaban ejecutando el castigo, se oyó una voz en medio del silencio y de la angustia que gritaba: ”Donde está Dios?” y otra voz le respondió “O está ahí, o no está en ninguna parte,” ( J.Moltmann).

  • “Los que creen en los dioses de la vida y no  en los de la muerte. Los que aprenden a entender  a los demás  cuando aprenden a creer….con ese Dios me tuteo sin creer”

Que manera tan hermosa de expresar la fe en el Dios de Jesús! maravillosa expresión para los que creemos en el Dios de Jesús!  Jesús nos dijo que lo único que nos pedía Dios y esto porque era lo único que nos haría felices, era  que nos a amáramos los unos  a los otros, que comprendiéramos a los otros, que los  aceptáramos como eran. Y que por eso precisamente era que su mandamiento, su único mandamiento, era “que nos amáramos como  El nos había amado” Igualmente Jesús nos dijo que lo podíamos tutear y que tuteándolo a Él, estábamos tuteando a Dios!. Que a Dios lo podíamos tratarlo de tu a tu porque como nosotros “fue probado en todo  asumió todas nuestras debilidades.(cfr. Heb.4,15)” Y este Dios nos enseñó que todo lo  que hacía por nosotros, lo hacía por amor, por un amor puramente gratuito que no exigía nada, que no amenazaba de nada, que no esperaba nada. Jesús nos enseñó que el Dios que se revelaba en su Persona era un Dios a quien lo único que le interesaba  era  la persona y la persona más destruida, la más despreciada. Y  que esto no lo hacía por una simple compasión paternalista sino  porque era la única manera de acercarse a todo hombre. Qué alegría y que gozo saber que podemos tutear a un Dios en el que creemos y del que hemos hecho  la experiencia de que está vivo”!!

  • La última frase del escrito nos remite a la primera y cierra maravillosamente, la reflexión de Pilar y la nuestra:  “ Los que entienden que creer en Dios es creer en la ciencia, los que tienen respuestas  pero siguen haciéndose preguntas”

Jesús nos enseñó que creer en el Dios que Él nos mostró en su vida era no solamente creer en la ciencia sino valorar todo esfuerzo humano que hiciera más libre y más humano a la persona; que creer en Dios era creer en el otro, era valorar el más pequeño esfuerzo humano,  era gozar y disfrutar de todo lo bueno, lo bello y lo  verdadero que encontráramos en nosotros, en los demás, en los acontecimientos, en la naturaleza. Que creer en Dios era,  en ultimo termino, disfrutar de la vida!! Y que por eso   que Él no nos ofrecía respuestas sino que nosotros teníamos que buscarlas cada día; que toda respuesta era  frágil  y nunca definitiva y que por eso siempre, hasta la muerte,  teníamos que estar  haciéndonos preguntas y acogiendo la valoración que El nos daba a las respuestas momentáneas y frágiles que nos dábamos.

Creo que debemos estar muy agradecidos con este artículo de Pilar y agradecidos igualmente con Jesús que nos reveló a  un Dios realmente liberador y amoroso.

Que sigamos, no solo con el deseo de creer cada vez más en Jesús, sino sobre todo  de ser testigos de su presencia en medio de nuestro mundo.

P. Federico Carrasquilla.

 

6 comentarios

  • Marga Durán

    Creer o no creer. Esa es la clave. ¿ Basta con creer o hay que estar con “los otros”? O ¿se está con “los otros” para creer? Llamo “los otros” a los que están necesitados. Necesitados de dinero, necesitados de compañía, necesitadoas de amor, necesitados de cultura, de comer, de no tener frío, de curar sus enfermedades, de tener una casa…

    Mientras que los millones de personas que están en esta tierra no se den cuenta de que el mundo es de todos, siempre estará la duda. Creer aunque no se ayude o ayudar para creer…

    Un jesuíta que ya murió, decía siempre que “las ocho horas de trabajo de un hombre debieran de valer lo mismo que las ocho horas del trabajo de otro”.

    Que se lo digan a los banqueros, a los empresarios, a los de las “primas” o los “bonus” o las jubilaciones de unos y otros.

    Y siempre la injusticia. Sólo nos queda una solución: trabajar y luchar para conseguir un mundo JUSTO.
    ¿Utopia? ¿Creencia?

  • oscar varela

    Hola!

    – “Estoy en la CREENCIA … de …”-

    Creencia es “en lo que se está“.

    Pienso que la señora del lindo nombre por la acogedora bienvenida que porta: “Rahola”,
    no necesita creer en nada de todas esas hermosas y profundas cosas a que nos tiene acostumbrados Asun.

    Estimo que bastaría hacer incapié en LA DUDA, que la milita.
    Las “creencias” son tales precisamente porque no las notamos;
    como no notamos el aire que respiramos y vivimos.

    NOTA: La teología -cuando todavía era inteligente- distinguía sabiamente entre la fe “viva” y la “muerta”.

    Pues bien, el lenguaje vital que usamos (el “habla”) lo dice muy clarito:

    – “Estoy en la DUDA … de …“-

    ¿Que duda cabe que la DUDA  es una CREENCIA?

    Tal vez no la notamos porque es “en la que está nuestro tiempo“; como el aire que respiramos.

    ¡Vamos todavía! – Oscar.

    Nota final: No tengo ni la menor duda de que:
    – la DUDA es la CREENCIA vital humana más honda que pueda haber,
    y a la que no nos es fácil mirar cara a acara su cotidiano desafío. 

  • Asun

    Va por ti, Pilar Rahola.
     
    Deseo darte  las gracias, Pilar,  por tu falta de creencias y tus  benditas dudas que en nada  absolutizan, porque dejas entrever por la  hondura  de tus palabras que tienes más fe y confianza en la bondad del ser humano y en el Dios que se revela en Jesús, que muchos de los que nos  autodenominamos creyentes y católicos.
     
    Muestras, Pilar, una manera diferente de ser y de vivir en la tolerancia y en el respeto en saber valorar lo que  cada uno puede dar en lo mejor de sí, sin superposiciones excluyentes ni prejuicios condenatorios. La pedagogía catequética que recibiste en tu infancia se ha ido mostrando coherente,  la has rebasado con creces en la madurez, ahora, sin asideros, lo vives,  porque has visto en ti y a través de otros, a lo que de fondo apuntaba.
     
    Seguramente  nos encontramos coincidiendo en el Dios que no crees,  una maraña de creencias en la que nos enredamos de mil formas y que, muchas veces inconscientemente, oculta lo que  realmente es y somos.
     
     Tu apertura y cercanía refuerza en mí una certeza, que aún en las más aparentes  “grandes” diferencias hay un fondo de Unidad, de Amor,  que toda persona es y puede experimentar en lo más íntimo, cuando se siente interconectada con todo y todos desapareciendo las barreras que separan, y que el ego, marcadamente  religioso, proyecta imparable desde sí, dejando que fluya  lo que ya es en su ser:  un Misterio inefable, atrayente  y amoroso de todo lo que Es y Somos.
     
    Un  fuerte abrazo. Buenas noches.
     
     

  • Félix García Moriyón

    Tres artículos muy sugerentes. De los tres, que me han gustado y enriquecido, el que me parece más redondo, más completo y acertado, es el de Federico Carrasquilla. Me siento plenamente identificado con lo que expone; quizá un ligero matiz: estoy agradecido a los tres autores, siguiendo lo que él dice al final. Pero en mi caso le estoy siempre más agradecido a Jesús.
    Y dos pequeñas observaciones breves al buen comentario de Mari Pilar Zugarramendi. Para mi la religión católica, que en ciertamente no atraviesa buenos momentos, no es un obstáculo para encontrar a Dios; sigue siendo un “pueblo de Dios” plagado de personas que dan testimonio del amor a Dios y a los hermanos y de la opción preferencial por los pobres. La segunda observación: creo que algo específico del mensaje de Jesús es que puso al mismo nivel (“el segundo es igual al primero”) dos mandamientos básicos, amar a Dios y amar al prójimo. El uno no se puede dar sin el otro, ni el otro sin el uno. Y nos recordó que Dios nos amó primero. en una relectura fiel al original de esas palabras del Cantar de los  Cantares en las que Dios le dice al ser humano: “Aparta de mi tus ojos que me están matando de amor” (6, 5)

  • mªpilar garcía

    ¡¡¡Que maravilla de Atrio!!!

    Estos artículos ensanchan el corazón, la mente, la ¡Vida!

    Si la iglesia institución desapareciera de la historia…

    ¡No pasaría nada!

    Lo sembrado por Jesús (y otros seres “especiales”) han llenado la ¡Vida! de hermosas y profundas realidades, que pueden seguir creyentes o no; para conseguir llegar (cuando sea…) a que la vida sea ¡¡¡Buena!!! en todos los confines de la tierra.

    Como nos dice Casaldáliga:

    “Que no haya “hombres” (seres humanos) que escupan sangre… (por la avaricia de unos sectores, esto es mi expresión) que esclavizan, humillan, matan (de mil maneras) para engordar sus posesiones a cualquier precio.

    Cuanto más cercanos estemos todas las personas ¡¡¡Todas!!! Más humanas, completas seremos como tales, y cambiará todo el mundo que nos rodea.

    mª pilar

  • MariPilar Zugarramurdi

    Hoy antes de levantarme de la cama, estuve pensando en esas preguntas que se hace mi tocaya Pilar. Y yo me decìa:
    Dios es AMOR y el amor no es un tù, no es un ser, no es una persona… Pero como siempre nos han dicho que en Dios hay 3 personas, siempre nos hemos dirigido a “EL” como persona, como un tù a quien le contamos, le reclamamos, le pedimos.
    Cuando dos personas se aman profundamente, entre ellas no hay una tercera persona que es el amor, porque el amor no es una persona, aunque somos las personas las que sentimos y practicamos el amor. Todos/as tenemos experiencia del amor a las personas y sabemos que el amor es inasible, no es visible, pero es real y se le identifica fàcilmente por sus expresiones o manifestaciones.
    Pienso que Dios es asì, porque es el AMOR y la fuente del amor y por tanto es inexplicable, sòlo se le puede captar a travès de la experiencia del amor. Todos tenemos experiencias de belleza, en las flores, en los paisajes,  en los pàjaros, de grandeza en las lluvias, en el sol (tropical en mi caso), en el aire…En cambio no tenemos paràmetros inmanentes para medir al todopoderoso (serà que Dios no es todopoderoso?) Todos somos limitados, dèbiles…
    Si Dios es el  AMOR, como yo lo creo, sòlo nos puede invitar a amarnos, no a “EL” sino a participar de ese amor, para formar la familia de Dios, amando al hermano/a. Creo yo que Dios se nos revela en el amor y nada da màs satisfacciòn en esta vida, que amar.
    Por supuesto Jesùs es la gran revelaciòn del amor de esa gran fuente del amor que es Dios y se ha hecho hombre, inmanente, porque para encontrarlo basta con las mil y una formas de manifestarse que Dios tiene en nuestra inmanencia y la experiencia nos dice que encontramos mayor felicidad,  cuando a uno de esos pequeños (que todos somos en algùn momento) les aliviamos, les ayudamos, nos entregamos… Jesùs se nos ha presentado como el mejor modelo carnal de la manifestaciòn de Dios y nos dio un ùnico mandamiento, que yo llamarìa invitaciòn, para deslindarme de tanto mandamineto de la Iglesia institucional, hasta asfisiarnos.
    Segùn esto, sòlo son creyente, para mi, quienes aman a sus hermanos, sobre todo  en situaciòn de necesidad. Todo lo demàs no son sino obstàculos para ser creyentes o por lo menos para sentirnos como tales. Ese creo que es el caso de mi tocaya Pilar.
    Para mi la nuestra religiòn catòlica, en estos momentos, es un autèntico obstàculo para encontrar a Dios por los caminos que nos traza. S. Agustìn dice: Si buscas a Dios es porque ya lo has encontrado y todos somos buscadores de Dios. ¿Quien puede decir que lo ha encontrado? Pero sì podemos decir que lo hemos experimentado, cuando somos capaces de salir de nuestro yo y encontrar felicidad dando vida a los demàs. Yo creo que no hay increyentes con tantos modos que Dios tiene de manifestarse. Sòlo que cargamos con mucho lastre.
     
     

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