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La Buena Noticia (11/21)

EL EVANGELIO. PRIMEROS PASOS (5)

 45. Siguiendo paso a paso

        A medida que avanza el texto, relato a relato, Marcos va despejando incógnitas, resolviendo dudas y aportando detalles respecto al alcance del aún incipiente mensaje del Evangelio. Cada narración responde a un nuevo paso en su enseñanza. A la terminación de una escena, el evangelista enhebra la aguja para pespuntear la siguiente enlazándola con la recién finalizada. El episodio del leproso comenzó señalando que Jesús había recorrido ya con su anuncio la totalidad de Galilea: “Fue proclamando… …por toda Galilea” (Mc 1, 39) y acababa afirmando también de él: “…NO PODÍA ENTRAR manifiestamente en ninguna ciudad”. Las primeras palabras del relato que presenta ahora parecen contradecir este final:

 “ENTRÓ de nuevo en Cafarnaún y, pasados unos días, se supo que estaba en casa. Se congregaron tantos que ya no se cabía ni a la puerta, y él les exponía el mensaje.
Llegaron llevándole un paralítico transportado entre cuatro. Como no podían acercárselo por causa de la multitud, levantaron el techo del lugar donde él estaba, abrieron un boquete y descolgaron la camilla donde yacía el paralítico.
Viendo Jesús la fe que tenían, le dice al paralítico:

      • Hijo, se te perdonan tus pecados.

Pero estaban sentados allí unos letrados y empezaron a razonar en su interior:

      • ¿Cómo habla este así? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar pecados más que Dios solo?

Jesús, intuyendo como razonaban para sus adentros, les dijo al momento:

      • ¿Por qué razonáis así en vuestro interior? ¿Qué es más fácil, decirle al paralítico <<se te perdonan tus pecados>> o decirle <<levántate, carga con tu camilla y echa a andar>>? Pues para que veáis que el ser humano tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados…

Le dice al paralítico:

      • A ti te digo: Levántate, carga con tu camilla y márchate a tu casa.

Se levantó, cargó enseguida con la camilla y salió a la vista de todos. Todos se quedaron atónitos y alababan a Dios diciendo:

      • Nunca hemos visto cosa igual.

Salió esta vez a la orilla del mar. Toda la multitud fue acudiendo adonde estaba él, y se puso a enseñarles” (Mc 2, 1-13).

 

46. El texto arranca dando cuenta de la entrada de Jesús en Cafarnaún:

        “ENTRÓ de nuevo en Cafarnaún…” (Καὶ εἰσελθὼν πάλιν εἰς Καφαρναοὺμ). La precisión: de nuevo” (πάλιν) hace referencia a su regreso a dicha ciudad. Retoma así el hilo narrativo que va engarzando el texto desde el primer paso del Galileo después de su pregón inicial (Mc 1, 21). El apunte de nuevo” será la primera lazada de unión con el texto previo, pero no la única. La siguiente la da con el verbo griego ἔρχομαι, traducido aquí por ‘entrar’. Para Marcos habría sido fácil echar mano del verbo ἐπιστρέφω, con el sentido de ‘regresar’, ‘retornar’, ‘volver’, como hace en Mc 13,16 (ver también este significado en: Mt 12,44; Lc 2,39; Hch 15,36) y escribir “Al volver a Cafarnaún…” para evitar así la aparente incoherencia con el final de la escena anterior: “…NO PODÍA ENTRAR manifiestamente en ninguna ciudad” (μηκέτι αὐτὸν δύνασθαι φανερῶς εἰς πόλιν εἰσελθεῖν). Sin embargo, Marcos prefirió usar el mismo verbo (ἔρχομαι: ‘ir’, ‘marchar’, ‘entrar’, ‘llegar’) empleado en dicha terminación dejando marcada una segunda e importante puntada de enlace entre ambas narraciones.

        46.1. ¿Dónde se hospedaba?

        Tras la localización geográfica, el evangelista aporta un dato temporal: “y, pasados unos días”, sugiriendo que Jesús entró en la ciudad evitando ser visto. De manera que su presencia no fue advertida allí hasta días después de su llegada: “…se supo que estaba en casa”. Con tal observación, Marcos deshace la falsa contradicción en su texto. Ahora bien, el dato “en casa” plantea un interrogante: ¿En qué casa estaba? Porque la única casa referida previamente fue la de Simón (1, 29). Y no habiendo sido mencionado antes en el texto un domicilio habitual de Jesús, el carácter impreciso, aunque de tinte familiar, de la expresión “en casa” insinúa una localización inconfundible que el evangelista deja sin explicitar. Ese escenario, a la vez vago y cercano, apunta al carácter figurado de los acontecimientos narrados a continuación.

        46.2. ¿Dónde se congregaban?

        La multitud aparece nuevamente en escena. Ocupa por completo y sin dejar un resquicio el espacio donde se desarrollará la acción: “Se congregaron tantos que ya no se cabía ni a la puerta…”. Al igual que hizo en 1, 33 (“La ciudad entera estaba congregada a la puerta”), el movimiento de la gente apiñándose (“se congregaron”; συνήχθησαν) en aquel lugar está descrito con el verbo συνάγω (‘congregarse’), emparentado con el término συναγωγή (‘sinagoga’). Esta nota sugiere un ambiente afín al círculo institucional. El Galileo continúa su práctica acostumbrada. Imparte su enseñanza en el emplazamiento donde la gente se reúne: “…y él les exponía el mensaje”. En esta ocasión Marcos utiliza el mismo término con el que describió la actuación del marginado una vez liberado de sus ataduras ideológicas: λόγος (“MENSAJE”). El despreciado no gritaba ya su condición de impuro, sino que el mensaje le había devuelto la vida. El cuarto evangelio lo expresará con una certera aseveración:

 “Él (ὁ λόγος: ‘El Proyecto’) contenía vida
y esa vida era la luz del ser humano” (Jn 1,4).

        La identificación con lo transmitido por el excluido social al usar el término λόγος (traducido: “mensaje”) adelanta el tema central del relato: En el reinado de Dios ya comenzado no tiene cabida la marginación, rebosa la vida.

 

47. Un verbo da comienzo a la acción: “Llegaron”

        Marcos da prioridad a una actividad de acercamiento a Jesús de ciertos sujetos. El verbo en plural ha sido escrito en presente (ἔρχονται: ‘llegan’; traducido “llegaron”). Denotaosición, así, actualidad. Lo que va a ocurrir a continuación puede ser aplicado a todo tiempo y lugar. El personaje principal está incapacitado para moverse por su cuenta. Carece de independencia. Son otros quienes lo transportan hacia el lugar donde se encuentra Jesús: “llevándole un paralítico”. La posición horizontal del personaje conducido indica su falta de dignidad humana. Es la postura de quien ha perdido la vida. El último dato en referencia a este conjunto de personas: “transportado entre cuatro” resulta innecesario, pero tendrá una importancia decisiva para la comprensión del relato. Como otros números, el número cuatro poseía carácter simbólico en la cultura judía. Asociado a la idea de los cuatro puntos cardinales, los cuatro vientos y las cuatro esquinas del mundo, el cuatro tenía sentido universal. Aquí en este contexto representa al conjunto del género humano. El grupo formado por los cuatro portadores y el paralítico simboliza a la humanidad abatida, inmóvil y sin capacidad alguna para lograr su independencia. Si en el caso del leproso, este era figura de la marginación en el contexto del mundo judío, en este caso, el colectivo que se aproxima al lugar donde se halla Jesús personifica la desdichada condición del ser humano, hundido por el sistema injusto en el cual él hace su vida y de alguna manera participa de sus desquiciados valores.

        47.1. El conjunto pretende llegar hasta el Galileo

        La intención de los cuatro es colocar al paralítico tendido en su camilla justo en el punto más próximo adonde se encuentra Jesús: “Como no podían acercárselo…” (μὴ δυνάμενοι προσενέγκαι). El verbo προσφέρω (‘llevar hacia’, ‘llevar junto a’) señala la meta a conseguir. No quieren ser uno más entre la multitud formando parte de ella, desean situar al paralítico al lado mismo del Galileo. Aunque tienen ante sí un gran impedimento para lograrlo. La multitud actúa como freno para la andadura. El texto no ha destacado ninguna decisión individual entre esa aglomeración de personas. Su única actividad queda reducida a estar apelotonada a la expectativa. La masa de gente interrumpe, pues, el avance del grupo que porta al paralítico y se convierte en obstáculo para los recién llegados. No pueden alcanzar su objetivo: “Como no podían acercárselo por causa de la multitud…”. Pero ellos no se achantarán ante tan grueso impedimento. Buscan una ruta alternativa y se enfrentarán a ella por muy complicada que se les presente: “…levantaron el techo del lugar donde él estaba, abrieron un boquete y descolgaron la camilla donde yacía el paralítico”.

        47.2. El paralítico se halla ahora en el lugar deseado

        Ha dejado atrás su entorno ordinario, el que ha originado su parálisis y le mantiene en esa situación. Está junto a Jesús. Una vez alcanzado su pretendido destino, los cuatro portadores han desaparecido de la escena. Marcos nada indica respecto a que ellos también llegaran a ese mismo punto. Su misión ha terminado una vez el paralítico en el centro del escenario. Ninguno de los componentes del conjunto ha pronunciado palabra. Ni siquiera ahora ha abierto su boca el paralítico. Sus movimientos lo han dicho todo. El evangelista los ha descrito con todo detalle a través de siete verbos activos: “Llegaron”, “llevándole”, “transportado”, “acercárselo”, “levantaron (el techo), “abrieron (un boquete)” y “descolgaron (la camilla).

 

48. ¡La fe se ve!

        Esa actividad indoblegable no ha pasado inadvertida para ninguno de los presentes en aquella casa; menos aún para el más cercano y principal testigo del insólito aterrizaje en escena del paralítico inmóvil en el camastro (κράβατος: ‘camastro’) donde ha ido transportado. Marcos introduce la intervención de Jesús señalando su percepción de lo sucedido: “Viendo Jesús…”. Pero puntualiza muy claramente lo que ha visto con una frase que exige reflexión: “…la fe que tenían…,”. La fe no es algo oculto en la mente de cada individuo. La fe se ve, es observable. El Galileo llama fe a la completa actividad llevada a cabo por el grupo de los cinco. La fe no está asociada a religiosidad, sino a la decisión. En este caso, a la audacia de salir del sistema de injusticia universal generador de parálisis e ir en busca de libertad sorteando el muro del fanatismo religioso para adherirse al Proyecto (ὁ λόγος) de quien ha anunciado el arranque de la sociedad en la que el ser humano recobra todo el protagonismo.

        48.1. La fe no es un concepto teológico residente en el pensamiento y recibido por herencia, educación u obsequio

        No es un don o una gracia venida de fuera y oculta en la conciencia individual. La fe es respuesta existencial al Proyecto de Jesús. Los ingredientes de la fe son la sólida determinación y una imperturbable andadura salidas de la libre voluntad. Es lo que ha podido captar el Galileo en el grupo de los recién llegados a través de la techumbre de la casa. El conjunto de los cuatro portadores cargando el armatoste con el paralítico ha conocido el anuncio del Galileo, lo único transmitido por Marcos hasta el momento: “Se ha cumplido el plazo, está cerca el reinado de Dios”. No han necesitado saber más. En respuesta a esa Buena Noticia (Evangelio) se han puesto en camino respondiendo con exactitud a las dos peticiones hechas por Jesús ante el arranque de esa realidad única: “Enmendaos y tened fe en esta buena noticia”. Marcos ha dejado huella de su maestría pedagógica dando explicación del significado de dichas demandas: enmendarse y tener fe.

        Los cuatro portadores han culminado con éxito su papel simbólico representando la universalidad humana. La actividad que han llevado a cabo (“fe”) ha quedado a la vista. En medio de la escena permanece el paralitico tumbado en el camastro justo al lado del Galileo. Como figura representativa interpreta la mudez e inmovilidad de la humanidad mutilada por el orden injusto. Pero el movimiento decidido de ese conjunto de carácter figurado tiene unas consecuencias para el personaje inerte pegado a Jesús:

        “…le dice al paralítico:

      • Hijo, se te perdonan tus pecados”.

        48.2. La adhesión a Jesús ha permitido al esclavizado tullido alcanzar la máxima cota de dignidad humana

        Jesús le llama: “Hijo”. En el reinado de Dios, ser hijo de ese Rey es la categoría más alta que se puede conseguir. El lisiado la tiene ya sin haber abierto la boca. El que ha demostrado su renuncia a la injusticia se ha beneficiado de una amnistía plena. Le corresponde por su condición de “hijo”. Se han saldado, por consiguiente, todas sus deudas por connivencia activa o pasiva con la injusticia: “se te perdonan tus pecados”. El tullido se ha convertido en un ser humano sin lastre. Posee una nueva vida por delante.

 

49. ¿Qué hacen allí esos teólogos letrados?

        En este punto de la narración Marcos da cumplida cuenta de ciertos personajes presentes en el lugar desde el principio. Actúan como observadores de todo lo ocurrido: “Pero estaban sentados allí unos letrados…”. El dato es revelador. ¿cómo era posible que esos líderes de la ideología oficial se expusieran a contaminarse entrando en la casa donde se hallaba el impuro Galileo? ¿Qué casa era esa? El participio griego καθήμενοι (“sentados”) del verbo κάθημαι (‘estar sentados’) aporta la localización de esa casa. El relato no ha dado noticia antes de la posición de Jesús o de las personas que ocupaban ese espacio. Era un apunte trivial. La información de Marcos respecto al posicionamiento de los teólogos (“sentados”) señala la autoridad con que ocupan la sede y el poder de aquella casa donde “tantos se congregaron” (un verbo, συνάγω: ‘congregarse’ vinculado a ‘sinagoga’, συναγωγή: “asamblea’, ‘lugar donde se celebra’). El evangelista ha dado la pista definitiva se trata de la institución socio-religiosa. Ese domicilio representa al pueblo, la casa de Israel. El ser humano ajeno a esa casa e impuro por su condición de pagano ha acudido a ese lugar restringido en un intento por saber si también puede ser beneficiario de la realidad de la que ha oído hablar: el Evangelio o Buena Noticia del comienzo del reinado de Dios. Como maestros sublimes de la teología, están allí ejerciendo su poder para enjuiciar todo cuanto acontezca en esa casa bajo su dominio.

        La actuación del Galileo abriendo las puertas del reinado de Dios a un ser humano, extraño, despreciado y excluido como pagano de los beneficios únicamente concedidos por Dios al pueblo elegido, dan pie a las deliberaciones de los teólogos: “empezaron a razonar en su interior”. El texto alude a la interioridad de los teólogos usando el término καρδία (‘corazón’), que señala la mente y la ideología que conforma la personalidad de quienes reflexionan sobre el proceder de Jesús.

  1. a) El primer pensamiento que bulle en la cabeza de los teólogos

        no es una reflexión, sino un juicio de reprobación: “¿Cómo habla este así?”. El sentido despectivo marcado por el pronombre “este” viene a ser, utilizando una jerga popular: “¿Cómo se le ocurre a este pájaro decir y hacer semejante majadería?”. La oposición a la praxis de Jesús se ve a la legua en la mirada acusadora de los teólogos. Se nota en ella que no lo toleran.

  1. b) El segundo pensamiento

        revela haber alcanzado una conclusión y dictado una sentencia: “¡Está blasfemando!”. De ese modo, consideran a Jesús como opositor de Dios. Ellos se sitúan en el plano correcto como defensores de la ortodoxia y a él lo consideran como contrapuesto a las sagradas e intocables leyes conservadas por la tradición. De acuerdo a la orden divina, el blasfemo debe ser condenado a la pena capital: “El Señor dijo a Moisés: …el que blasfeme el nombre del Señor es reo de muerte. Toda la asamblea (‘sinagoga’) lo apedreará. Emigrante o indígena, quien blasfeme el nombre del Señor morirá” (Lev 24,16). Los teólogos descubrieron ya en las primeras notas del Evangelio el riesgo que el Galileo representaba para sus principios religiosos.       

  1. c) El tercero es fiel reflejo de sus concepciones teológicas

        Expone el argumento demostrativo de la blasfemia del Galileo. Jesús, según las bases de la teología, se había apropiado de un poder exclusivamente divino: “¿Quién puede perdonar pecados más que Dios solo?”. Para los teólogos, el pecado consistía en infringir la sagrada Ley, un conjunto de preceptos escrupulosamente diseñados por la teología y elevados al rango de divinos por haber sido transmitido oralmente desde Moisés a lo largo de la historia del pueblo. Los pecados los perdonaba Dios en el Templo a través de la realización de sacrificios de animales comprados por los pecadores en la santa ganadería manejada por los sacerdotes. El Bautista había roto con ese esquema religioso asegurando que bastaba ahogarse (bautizarse) a la injusticia para obtener el perdón. Jesús llevó el asunto mucho más lejos: El pecado no era una ofensa a Dios, sino un ataque al semejante. La llegada del reinado de Dios conllevaba una amnistía hecha efectiva en cualquier parte con solo adherirse a él abandonando la ideología manejada por el orden injusto.

 

50. El pecado y su absolución era el problema para los teólogos

        Ningún ser humano podía penetrar en ese terreno religioso. Marcos también subraya la importancia del pecado, pero asociándolo a la situación de anquilosamiento del postrado en el camastro. Cuatro veces escribe el término ‘pecado’ (ἁμαρτία) y otras cuatro el vocablo traducido por camilla (κράβατος). Pecado y camilla andan muy relacionados.

        El Galileo, que no perdía comba respecto a la actitud de los maestros de la teología oficial, se dio cuenta enseguida de las intrigas de los melindrosos representantes de la religión y presentó cara a sus cavilaciones: “Jesús, intuyendo cómo razonaban para sus adentros, les dijo al momento:”. Ellos tampoco han hablado. No se atreven a revelar sus razonamientos y argumentación base de la dogmática con que atemorizaban a la gente y manejaban sus vidas teniéndolas bajo control. Con su atrevimiento característico, Jesús recrimina a los teólogos esa manera de pensar, los saca de sus alcobas y planta el asunto en la puerta de la calle a la vista de todos. Concede así a los asistentes el rol de críticos y la capacidad para dictar sentencia respecto a la autenticidad o falsedad de los criterios utilizados por los ideólogos institucionales: “¿Por qué razonáis así?”.

        50.1. Ahora bien, el Galileo traslada el debate teórico a la realidad

        Pretende descubrir el timo de los líderes religiosos. La realidad confirma la verdad o el engaño de los principios doctrinales. Los dogmas tenidos por sagrados corren un gran riesgo al ser sometidos a comprobación práctica. Esa fue la habilidad del Galileo: “¿Qué es más fácil, decirle al paralítico <<se te perdonan tus pecados>> o decirle <<levántate, carga con tu camilla y echa a andar>>?”. La pregunta presenta una disyuntiva constituida por dos maneras contrapuestas de concebir el pecado y cómo ha de ser cancelada esa deuda. Para los maestros teólogos el pecado es infracción de un precepto divino y, por consiguiente, un agravio a Dios. El perdón le corresponde a Él. El pecado se dibuja con una línea vertical. Para Jesús, por el contrario, el pecado es un ataque a la dignidad y la vida de cualquier ser humano. Su trazo tiene sentido horizontal. El perdón es tarea humana. Para los letrados Dios perdona al infractor arrepentido de su inobservancia una vez este acude a los mediadores sacerdotales para que ejecuten los ritos prescritos para cada incumplimiento legal. Jesús, en cambio, considera cancelado el pecado y amnistiado el responsable del daño causado a las víctimas cuando este decide abandonar su opción por la injusticia generadora de sumisión, parálisis y muerte, y se decide por la igualdad que abre las puertas a la vida.

        50.2. El interrogante planteado por el Galileo responde a un razonamiento cargado de lógica:

        Si la deshonra, la parálisis y la muerte son, como defendía la teología tradicional, castigos divinos por los pecados cometidos, la dignidad recobrada, la independencia y la vida resultarán demostración palpable del perdón recibido por el culpable. Jesús no planteará dogmas para ser creídos sin discusión, presentará a la vista de todos hechos incontestables: “Pues para que veáis que el ser humano tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados…”. La expresión griega ὁ υἱὸς τοῦ ἀνθρώπου (lit. ‘el hijo del hombre’) de tinte arameo que hemos traducido por “el ser humano” se utilizaba para designar a cualquier individuo de raza humana. La fórmula ‘hijo de…’ servía para señalar identidad, relación, condición, pertenencia, cualidad, estado… La visión descrita en Dn 7,13: “Seguí mirando, y en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo una figura humana…” (habla en forma indeterminada de “una figura humana” (traducción de υἱὸς ἀνθρώπου). La traducción de los LXX del salmo 115,16 usa esta misma expresión para referirse a la generalidad de los seres humanos: “El cielo pertenece al Señor, la tierra se la ha dado a los hombres” ( τοῖς υἱοῖς τῶν ἀνθρώ πων; lit. “a los hijos de los hombres”).

 

51. La acción del Galileo es inmediata

        Está dirigida al paralítico al que avisa reclamando su atención. El derribado personaje, que continua en silencio siguiendo los acontecimientos, pondrá los cinco sentidos en la escucha. Era lógico ante la trayectoria de los razonamientos de Jesús: “…le dice al paralítico: – A ti te digo:”. Será la segunda vez que se dirige a él. Marcos introduce sus palabras de forma idéntica a como hizo en la primera (“le dice al paralítico”) al declararle que se habían perdonado sus pecados. En esta ocasión, Jesús le ordena hacer lo que anteriormente había asegurado a los teólogos que era fácil. Liberado del sistema de injusticia, el paralítico puede lograr la plena condición humana: “Levántate, carga con tu camilla y márchate a tu casa”. “Levántate” le reclama abandonar la postura representativa de la muerte y manifestar la vida elevándose hasta alcanzar la posición que hace brillar la propia dignidad. “Carga con tu camilla” le exige demostrar su independencia. Ya no necesita personas a su servicio. Tiene suficiente capacidad y autonomía para valerse por sí mismo. Por último, “…y márchate a tu casa” le requiere para que actúe con plena libertad. Puede regresar al entorno de donde procede. La condición de nuevo ser humano está abierta para cualquiera. No es necesaria pertenencia a ningún pueblo elegido. “Su casa” es otra casa distinta a esta a la que ha llegado, la casa de Israel, buscando tener una vida plena tras haber oído el anuncio del arranque del reinado de Dios. Esta última petición de Jesús al paralítico difiere del razonamiento expuesto con anterioridad a los teólogos. Allí se decía solo: “…y echa a andar”. El cambio a “…márchate a tu casa” avanza un paso más. La dignidad, la libertad y la vida no son exclusiva de un pueblo convencido de haber sido elegido por Dios, se alcanzan por decisión humana. La ideología y la tradición de los maestros teólogos se vinieron abajo al ver al postrado extranjero seguir al pie de la letra las instrucciones marcadas por el Galileo. Tampoco esta vez salió una sola palabra de sus labios, fueron sus hechos suficientemente elocuentes manifestando su nueva condición humana.

 

52. El paralítico respondió con decisión a la demanda del Galileo:

        “Se levantó, cargó enseguida con la camilla y salió a la vista de todos”. El arrojo tenido por aquel ser humano abatido por el orden injusto, al que Jesús denominó “FE”, le devolvió la vida de la que había sido desposeído. El engaño teológico quedó al descubierto. La gente pudo constatar con sorpresa que la dignidad, la libertad y la vida no están asignadas por decreto divino a una nación escogida. Tampoco la alcanzan sus ciudadanos por el cumplimiento estricto de unas leyes calificadas de sagradas. Están al alcance de cualquiera. Basta la ruptura con el orden injusto y, venciendo todos los muros, ponerse de parte de la propuesta de justicia y la fraternidad anunciada por Jesús, algo muy alejado de las creencias tradicionales. El Galileo lo puso de manifiesto a la vista de los congregados bajo el techo institucional. El gentío agradeció haber sido testigo de tan novedosa e inaudita realidad. La evidencia mostraba con total claridad que la teología no había hecho sino marcar y conducir a la gente por un camino extraviado. La vida se hallaba en diferente dirección. El Galileo dejó señalizada la ruta acertada con una pasmosa sencillez: “Todos se quedaron atónitos y alababan a Dios diciendo: – Nunca hemos visto cosa igual”.

 

53. La lección ha resultado fructífera en aquella casa institucional

        Jesús no permaneció en ella. No es la suya. Y regresó de nuevo junto al mar. La gente, empachada de esperanza y ávida de libertad se le irá aproximando atraídas por la novedad de su mensaje. Él continuará allí con su enseñanza:

“Salió esta vez a la orilla del mar. Toda la multitud fue acudiendo adonde estaba él, y se puso a enseñarles”.

       

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