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¿Sínodo o Evangelio?

            El mundo occidental se está descristianizando. El Papa Francisco está haciendo un gran esfuerzo por transformar la Iglesia mediante el Sínodo de la sinodalidad; es decir, escuchando a a todos los cristianos, que deben expresar su percepción de la acción del Espíritu en ellos; pero el Espíritu ha hablado más frecuentemente por medio de los profetas, que han arriesgado sus vidas al proponer reformas radicales contrarias al sentir popular.

            La lectura de un resumen del Instrumentum laboris (el programa a seguir en la primera reunión sinodal global) me ha causado una desilusión. Supone ciertamente un avance al tratar temas anteriormente intocables, pero no creo que sean las reformas de fondo que necesita la Iglesia, ni que haya recogido las verdaderas inquietudes de muchas comunidades eclesiales.

Flexibiliza la práctica pastoral, pero no se atreve a plantearse la doctrina tradicional. Más bien parece una selección de algunas reformas necesarias que levantan menos ampollas.

Que en el siglo XXI el Sínodo se dedique a discutir el diaconado femenino resulta tan ridículo como “el parto de los montes”. No sé si los Padres y Madres sinodales rechazarán este primer esquema, como hicieron con el esquema inicial sobre la Iglesia en el Vaticano II.

En realidad no me preocupa tanto la vuelta al cristianismo como la vuelta al Evangelio, la vuelta al mensaje de Jesús; porque el cristianismo es una organización humana para para socializar, el mensaje de Jesús. Y esta organización ya no es levadura ni sal de este mundo; es masa que se conserva gracias a la sal que ha retenido, pero no es sal de este mundo.

 

¿Qué evangelio?

 Algunos me dirán ¿Qué mensaje? ¿Qué evangelio? Hay cuatro evangelios aceptados por las primeras comunidades cristianas, además de otros, incluso de mayor antigüedad, no admitidos por todos. Más aún, en los cuatro evangelios canónicos se recogen diversas tradiciones orales y escritas que difícilmente pueden integrarse en una doctrina coherente.

El mensaje del Evangelio no es un código civil o penal que necesite una interpretación clara para ser exigido; eso era el fariseísmo que Jesús superó (y al que nosotros hemos vuelto). El mensaje de Jesús es una exhortación, un impulso, a practicar un amor gratuito e incondicional como hijos del mismo Padre.

Nadie logra vivir este mensaje al 100/100, aunque todos (cristianos o no cristianos) procuramos vivirlo en mayor o menor proporción; porque este no es un mensaje exclusivo de Jesús, es el mensaje del Espíritu inscrito en la conciencia de Jesús y de todo ser humano. Como aquel maestro de la Ley, los que intentamos practicarlo “no estamos lejos del Reino” (Mc 12,34)

 

Volver al Evangelio

 Los dos grandes obstáculos para vivir el mensaje del Evangelio son el poder y el dinero, y de este veneno estamos todos más o menos contagiados en el mundo occidental; que se ha desarrollado explotando otras regiones menos desarrolladas industrialmente. De esto podría tratar el Sínodo.

Aunque no sea por seguir el mensaje de Jesús, o del Espíritu, la supervivencia del planeta tierra nos está exigiendo un decrecimiento de nuestro nivel de vida, que no acabamos de aceptar.

Aceptar el decrecimiento individualmente es un sacrificio ejemplar pero prácticamente inútil; es necesario aceptar el decrecimiento colectivamente practicando una “austeridad compartida” con nuestros hermanos que sufren la escasez. Y aquí veo yo la importancia del cristianismo y de otras religiones, la de facilitar una decisión muy costosa individual y familiarmente, pero que se compensaría al vivirla socialmente en comunidad. Esta “austeridad compartida” sería la verdadera renovación cristiana comenzando por el Vaticano y continuando por las Iglesias y comunidades locales,

El Evangelio de Jesús es una buena Noticia para los pobres, para los que no están condicionados por el poder y el dinero. El cristianismo crecerá allí donde dé ejemplo y socialice esta actitud, y se irá extinguiendo en la medida en que acepte la ambición de poder y riqueza a costa de los menos desarrollados. Toda su organización será inútil o contraproducente en la medida en que justifique o contemporice con esta injusta falta de fraternidad.

Gonzalo Haya

gonzalohaya@telefonica.net

 

4 comentarios

  • Santiago

    Gonzalo, es muy importante e interesante lo que planteas…Desde el siglo I estamos recibiendo esta Buena Nueva que es el Evangelio..Esta conversión al Evangelio consiste en oír y aceptar la Palabra de Cristo y ponerla en práctica porque el Apóstol Santiago, íntimo colaborador de Jesús, en su Epístola nos advierte que una FE sin obras “está muerta”…

    Por eso, el Sínodo verdadero de la sinodalidad no consiste en exponer “quejas, dimes y diretes”, tampoco reformar doctrinalmente y pastoralmente  la doctrina verdadera de Cristo y de Su Iglesia …sino consiste en “convertirnos” al Evangelio que es el de la caridad. Esta caridad es la misma de Cristo y podemos ejercerla en todo momento, a todas horas, en cualquier circunstancia, en cualquier trabajo, ocupación, empresa, oficio, profesión etc puesto que la Palabra de Jesús es perenne y nos conmina a todos en cada segundo. 

    La austeridad compartida” de que hablas es seguir aquello de qué para ser cristiano hay que “entrar por la puerta estrecha”no solo aceptándolo nosotros y  decreciéndonos,  sino extendiendo nuestros pocos o muchos  bienes en la solidaridad y fraternidad cristiana. Porque no seremos verdaderos cristianos si dejamos “morir de hambre” o de tristeza a nuestros vecinos y prójimos, los que tenemos más cerca, física o espiritualmente.

    Pero Cristo NADA mandó a escribir sino a predicar..Por eso la “asamblea” de Su Iglesia, Pueblo de Dios, sigue proclamando diariamente la Buena Nueva sobre Jesús de Nazaret capaz de “quitar el pecado del mundo” y salvarlo de las garras del mal. Cristo y Su Iglesia permanecen vivos. A pesar de las graves crisis, la confusión, los ataques, y los pecados de sus miembros. Y es que NO desaparecerá la Iglesia. Seguirá hasta el fin de los tiempos. Ella con su mensaje  salvífico está para nosotros. Y no al revés. Somos nosotros los receptores del mensaje iluminado por la gracia del Paráclito que Cristo envió a Su Iglesia confiando con certeza que nos guiaría siempre en la Verdad. El cristianismo decrece -como dices por la ausencia de amor y honestidad- y aumenta donde hay humildad y pobreza de espíritu.

    Un saludo cordial 

  • RODRIGO OLVERA

    Digamos con claridad que la iglesia latina no podrá recuperar la nota eclesial de sinodalidad (sinodalidad auténtica) sin desmontar la reforma gregoriana, consecuencia de la inculturación franco-germánica (se ha puesto mucha atención a la inculturación greco-romana y muy poca a la franco-germánica). Y éso no lo va a hacer este sínodo.  No significa que entonces no haya nada valioso en el sínodo. Habrá pasos positivos, pequeños e insuficientes pero positivos. Si. Pero la iglesia latina seguirá sin ser una iglesia sinodal.  Las esperanzas tendrán que ir por otro lado, casi diría que por una puerta estrecha. 

  • Juan A. Vinagre

    Siguiendo la línea de Gonzalo y de Ana, cabría preguntarse -además de “sínodo o Evangelio”-, también “Pablo o Evangelio”, “concilios (teórico-especulativos en buena medida) o Evangelio”,  “tradición religiosa conservadora -humana- sacralizada o Evangelio”, “doctrinas magisteriales -propias de cada tiempo, y por tanto revisables- o Evangelio”, “poder jerárquico clerical, excluyente -que sirve poco y ordena-vigila demasiado (poder encubierto)- o Evangelio”, “tradición religiosa secular -de siglos- o Evangelio”, Sede -no santa- en el Vaticano o Evangelio”, “amor al dinero más que al prójimo o Evangelio” etc. etc. ¿No es ya la hora, el momento, de que la Iglesia-Fraternidad de Jesús se reúna en uno o varios sínodos o concilios y reflexione humilde y ore humilde y reconozca humilde errores y graves infidelidades y desviaciones, y acepte convertirse al Evangelio, con hechos, no solo con ideas-palabras, palabras…?  ¿No es hora de que deje de ampararse en su tradición -humana-, en algunas interpretación literales -que matan o entorpecen- y en su teología -especulativa, aunque sea grandiosa- y se convierta de verdad, de verdad al Evangelio -a los evangelios más históricos, por más prácticos -frutos-?  Éste sería el mejor testimonio y fermento para reactivar la transformación de la tierra…, aunque no sea con la rapidez que nos gustaría. Cambiar de costumbres y de ideas muy instaladas cuesta…  Pero en esto consiste la conversión al Evangelio.Muchos esperamos y decimos: Así sea. Ven, Señor, no tardes. Ayúdanos a renacer.

  • ana rodrigo

    Gonzalo, dices: “porque el cristianismo es una organización humana para para socializar, el mensaje de Jesús. Y esta organización ya no es levadura ni sal de este mundo; es masa que se conserva gracias a la sal que ha retenido, pero no es sal de este mundo.” Pienso que cuando el concilio de Nicea en el año 321 y sucesivos concilios fijan la fe en dogmas cerrados, eso conllevó quitarle la sal al mensaje del Evangelio. La fe se fue a los cielos y, (en mi opinión personal), creo  que perdió esa calidez humana de Jesús en contacto con las personas, con sus inquietudes y sus necesidades. En Hechos 1, 1-11se dice ¿Qué hacéis ahí mirando al cielo? La Iglesia sigue mirando más al “cielo”, se entretiene más en normas, leyes o ideas de otros tiempos, que en el mensaje de Jesús para nuestro momento histórico, haciendo del mensaje VIDA, no historia muerta.

    Ojalá que la sinodalidad mire más el evangelio que a los temores de crear incomodidad en los que ponen palos en las ruedas impidiendo dar luz y vida a las gentes de nuestro tiempo. Jesús lo hizo en su tiempo, y por eso lo mataron.Un abrazo, Gonzalo.

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