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¿Doctor de la Iglesia súbito? ¡No, por favor!

Los mismos que, a la muerte de Juan Pablo II, comenzaron a gritar “santo súbito” y consiguieron una canonización irregular[1], gritan ahora a propósito de Benedicto XVI: “doctor de la Iglesia súbito”. ¿Quiénes son y por qué?

Podrían ser algunos de esos cardenales enemigos de Francisco. Pero si además me dijeran que entre los que reclaman eso hay gente de Vox, de la extrema derecha estadounidense, o el señor Orban, no me extrañaría.

Lo que me temo mucho es que eso no lo piden por el bien de Ratzinger ni por el bien de la Iglesia sino en defensa de sus propios intereses. Pues ese modo de proceder de las fuerzas más reaccionarias y más carentes de argumentos, ha sido frecuente en la historia de la Iglesia. Déjeseme poner un par de ejemplos de ello.

1.– San Cirilo de Alejandría, que anduvo rozando la herejía monofisita, obsesionado además porque Alejandría conservase el título de “segunda Roma” (frente a la naciente Constantinopla) y maltratando a quienes no pensaban como él, figura hoy en el santoral donde no aparece el paciente y dialogante Juan de Antioquía que logró el acuerdo en él. Muchos siglos después un historiador de la Iglesia tuvo que escribir: “Cirilo es santo, pero no todas sus obras fueron santas”[2]. Y quienes tan alegremente lo elevaban a los altares no podían ni sospechar que, ya en nuestro siglo, un tal Amenábar filmaría una película (Ágora) donde la filósofa pagana Hipatia es maltratada y asesinada por culpa de san Cirilo. Con claras exageraciones también, pero con una base real. Decididamente, la historia es del color del interés con que se la mira.

Lo de la canonización “súbita” de Juan Pablo II tenía, en sí mismo, poca importancia: pues la teología dogmática de la BAC que me tocó estudiar, aclaraba (para tranquilidad de nuestro profesor) que cuando la Iglesia canoniza a alguien, solo se compromete en garantizar que “está en el cielo”. No dudo de que allí está aquel buen K. Wojtila que tuvo un final tan duro y que suplicaba que le dejasen “irse a la casa del Padre”.

Pero, para nosotros, el problema surge porque los fieles buscamos en los santos algo más que intercesores: necesitamos conductas que nos interpelen. Y no resulta muy interpelador el proceder de quien (en el caso Maciel) prefirió poner el buen nombre de la Iglesia por delante de la verdad y del dolor de las víctimas[3]. Como tampoco es ejemplar la conducta de quienes consiguieron eludir las normas canónicas para canonizar a Wojtila antes de tiempo. Y otra vez: no por amor a Juan Pablo II o a la Iglesia, sino creyendo que así protegían sus propios intereses menos confesables. Y, por supuesto, sin haber leído la Laborem exercens ni la Sollicitudo rei socialis que, de conocerlas, no les harían demasiada gracia; pero ellos sabían bien que la historia no se construye desde el conocimiento profundo y matizado de las cosas, sino desde imágenes mediáticas globales y simplistas.

2.- Un proceder semejante al de los monofisitas con san Cirilo fue el de los jansenistas: por ellos hablaba san Agustín, y quienes los contradecían solo eran herejes pelagianos. Ignoraban que si Agustín es genial cuando habla de la Gracia, roza a veces la herejía cuando habla del pecado, sobre todo en sus últimas obras de anciano, pesimista y desilusionado ante los tiempos que le tocó vivir. Pero ellos pretendían que esas obras finales no expresaban la decepción, sino la madurez de Agustín[4].

Estos dos ejemplos confirman algo de lo que más me ha impresionado a lo largo de mi ya larga vida: la absoluta falta de la más elemental caridad en gentes que dicen defender al cristianismo (y de los que cabe suponer que, como cristianos, habrán leído y meditado la primera carta de Juan). Esos ejemplos solo pretenden que no nos extrañemos ante estas otras prisas por convertir a Ratzinger en “doctor prematuro de la Iglesia”.

Si pasamos ahora a ese “doctorado eclesial” reclamado con tanta prisa, quien esté un poco metido en la historia de la teología reciente, sabrá que hay otros nombres como Congar, Rahner, Gustavo Gutiérrez o Schillebeeckx, que merecerían ese título tanto o más que Ratzinger. Su obra sobre Jesús de Nazaret es un buen texto (con algunas deficiencias por miedo a la crítica histórica), pero que no pasa de ser uno más entre la increíble cantidad de textos jesuánicos de autores como Duquoc, Moingt, Sobrino, J. L. Segundo, L. Boff, Theissen y otros mil más, que resultan además mucho más interpeladores…

Ratzinger combatió con plena razón el relativismo que nos envuelve y que nos está llevando a una sociedad de falsos absolutos: a la sociedad sin matices, donde todo matiz es ya una gran traición. Pero lo combatió ya anciano, azotándolo desde fuera en vez de superarlo desde dentro. Eso otro hubiera sido un modo de proceder, mucho más cristiano, pero mucho más difícil y más propio de un gran doctor.

Si ahora salimos un momento de la teología y miramos la política, podremos comprobar que este modo interesado de proceder en provecho propio, no es un comportamiento exclusivamente eclesiástico sino, con palabras de Nietzsche: “humano, demasiado humano”. En poco tiempo hemos visto al señor Macron que pasaba de llamar “dictador” a Nicolás Maduro, a llamarle “presidente” (en la COP27). Y uno pensaba: ¡qué bien! ¿Eso significa que Maduro ha cambiado? Pero resulta que no: sólo significaba que Venezuela tiene petróleo y Francia se enfrenta a problemas energéticos por culpa de la guerra de Ucrania… Entenderemos así que todos los conservadores, que con tanta prisa reclaman ese título de doctor de la Iglesia para Ratzinger, lo hacen también porque carecen de “petróleo teológico”.

Por favor pues, hermanos: todo eso de Dios es algo demasiado serio como para que lo convirtamos en un arma en favor de los intereses propios. A semejante modo de proceder, los evangelios lo califican de fariseísmo. El título de doctor de la Iglesia debe alcanzarse cuando, pasado un tiempo, se comprueba el bien que siguen haciendo sus obras. Ahí está Teresa de Ávila tantas veces denunciada a la Inquisición. Ahí está, como propuesta hecha precisamente por Ratzinger (y sin las prisas de quienes ahora le manipulan), esa figura impresionante de J. H. Newman, tildado de traidor y de hereje durante casi toda su vida (como Jesús fue tildado de “comedor y bebedor, amigo de putas y publicanos”).

Dicho con palabras del mismo Ratzinger: “El signo característico del gran doctor de la Iglesia es, en mi opinión, que él no enseña solo con su pensamiento y sus discursos sino también con su vida ya que, en él, pensamiento y vida se complementan y se determinan recíprocamente. Si esto es cierto, entonces Newman pertenece a los grandes doctores de la iglesia porque, al mismo tiempo, él toca nuestro corazón e ilumina nuestro pensamiento” [5].

Por favor, pues, otra vez: no banalicemos algo tan tremendamente serio como es la fe cristiana.

NOTAS

[1] Las normas canónicas para la canonización prescriben que no se inicie ningún proceso hasta pasados cinco años de la muerte; antes eran 50, como medida sensata para evitar fanatismos; pero se rebajó ese límite para que no desaparecieran pruebas. Wojtila murió el 2005 y en el 2009 ya había sido declarado “venerable”.

[2] Frase de Tillemont citada por P. Camelot, Ephèse et Calcédoine (Paris 1962), p. 35.

[3] Remito al libro La voluntad de no saber, de Alberto Athié, José Barba y Fernando González (alguno de ellos exlegionario y víctima de Maciel), editado en México en 2012. Allí se lee (p. 199) que, cuando después de muchos esfuerzos, se le hizo llegar al cardenal Ratzinger un dossier lo más completo posible, la respuesta de éste fue: “lo lamento mucho pero el caso del p. Maciel no se puede abrir porque es una persona muy querida del santo padre y ha hecho mucho bien a la Iglesia. Lo lamento monseñor”. El balance de hoy sería más bien que pocas personas han hecho más daño a la Iglesia que M. Maciel…

[4] Para la historia y significado del jansenismo (que me parece fundamental en todo el conservadurismo eclesiástico actual) me permito remitir a Plenitud humana. Reflexiones sobre la verdad, Santander 2022, pp. 299-332.

[5] Palabras pronunciadas por el entonces cardenal Ratzinger en 1990, centenario de la muerte de J.H. Newman. Ojalá estas palabras toquen el corazón de quienes ahora dan la sensación de estar manipulándolo en beneficio de sus intereses conservadores.

29 comentarios

  • Juan A. Vinagre

    Creo que no me aparto mucho del tema que venimos comentando. Hace unos días decía a José I, que estaba leyendo -a ratitos- su libro, para mí desconocido: “Herejías del catolicismo actual”. Acabo de terminar su lectura, con un breve repaso y reflexión sobre el tema. Lo comparto enteramente, aunque fiel al “modum recipientis” me permita algún matiz concreto, que para este “recipiente” deje algún tema -no sé si más claro, pero lo deseo-; y al tiempo me permito sugerir dos nuevos capítulos que completen el tema. (Lo hago con la confianza que me inspiras, J. I., pues te considero uno de mis profes por tu saber y por tu apertura…) Así, pues

    1. Antes de los cap. 9 y 8 (clericato y papado, por este orden) introduciría uno, como causa y explicación de esas graves desviaciones; desviaciones que con los años fueron creciendo y deformando la imagen de la Iglesia. En ese tema-capítulo reflexionaría sobre “LA TENTACIÓN DEL PODER”. En esa tentación ha caído la Iglesia servidora, postrándose y adorando el poder (dinero incluido) cada vez más profunda y ampliamente; tanto el poder espiritual como el temporal. Poderes que, para que no disonasen mucho con el Evangelio de Jesús, se “sacralizaron”.  Me explico un poco más: El SERVICIO evangélico se transformó en poder espiritual, al menos ya desde comienzos del s. II (en parte para controlar mejor el gnosticismo) al introducir el clericalismo (reservado y privilegiado que acabó estableciendo estamentos -castas?-, con rango jerárquico. Los SERVIDORES -supervisores- poco a poco se convirtieron en “monarcas sacralizados” (con tufo levítico…)  Con el tiempo “Pedro” fue incrementando poderes -siempre sacralizados- hasta         -por una parte, pasar de “primado” servidor-coordinador (León I, Gregorio “magno”, -título posterior no cristiano, que señala ese proceso de magnificación del puesto y del poder), pasar de primado a poder supremo, tanto  con capacidad de allanamiento de conciencias (confesión específica detallada…, por ejemplo), como de poder exigir obediencia o de declarar, por escrito, en bula que “fuera de la Iglesia (papa) no hay salvación”, en contra de la palabra de Jesús en la parábola del “Venid, benditos”, o más tarde de declarar su propia inerrancia, en contra de datos históricos.

    -Por otro lado, autoerigirse en poder absoluto en la tierra, con poder para coronar a reyes… o donar tierras a conquistadores “cristianos”… (No entro ya en el poder de condenar o de “anatematizar”, de dictar sentencias de muerte y tener un ejército en su “reino de este mundo”, ni en vivir en palacios ostentosamente…, ni en el hecho de hacer besarle los pies, cuando Jesús se rebajó a lavárselos…)

    En suma, a eso -clericalismo, jerarquía, monarquía, poder absoluto, cuasi divinización del papa, ostentación, inerrancia teológica y moral…-, a eso, digo, llevó poco a poco la caída en la tentación del poder, que Jesús expresamente había rechazado cuando fue tentado…   En esta perspectiva se entiende y explica mejor la grave desviación y la deriva antievangélica “sacralizada” (como un “sábado”, intocable) del clericalismo y de la supremacía absoluta y exclusiva del sucesor de Pedro, olvidando que Jesús había rechazado duramente -apártate de mí…- por concebir el Reino de Jesús como un reino de este mundo…    Y en éstas aún estamos…  Si la Iglesia y Pedro quiere volver al Evangelio tiene que convertirse y cambiar de modo de pensar y de vivir = renacer.   Por eso es tan importante, tan oportuna y urgente la recomendación del obispo P. Casladáliga: “DEJA LA CURIA, Pedro…”   La Iglesia clerical, más que en Jesús humilde y servidor, se encarnó en el poder. Pedro, más que supervisor y forjador de encuentros y consensos unidos en el amor, se transformó en Jefe absoluto e inerrante…, con “príncipes y eminencias” a su lado…  La cuasi divinización de Pedro fue, pues, la última consecuencia de la caída en la tentación en el afán de poder, ante el que se postró y adoró más de una vez en la historia, sacralizando esa adoración de tal manera que a muchos les resulta muy difícil ver con claridad esa grave desviación. Por eso, porque no ven -aunque dicen que ven- muchos se resisten al cambio, y condenan-desacreditan a quien lo intenta…, desde Rosmini, los teólogos de la liberación… a Francisco, al que se le dice: “No puedes”. En este momento, es bueno recordar una vez más que esta conversión de la Iglesia al Evangelio la reclamó Francisco de Asís ante el mismo papa Inocencio III. (s. XIII)  Oremos para que todos veamos un poco mejor y caigan las murallas…

    2. El otro cap. a introducir trataría sobre LA ESPIRITUALIDAD CRISTIANA PENITENTE (y despreciadora del mundo tipo Kempis) Y el culto excesivo a los santos y a María VIRGEN, como intercesores a los que se daba un culto cuasi de latría… Con la consiguiente deformación de la imagen de Dios Padre Abbá de Jesús… Dios Abbá no necesita más intermediarios que Jesús y el Espíritu.

    Dejo el tema aquí para no alargarme más. Excusas por ello. Y gracias a Jesé I. por su libro que invita a meditar despacio y a clamar-rezar por el cambio… Aunque ese cambio va -me temo- a ser lento y trabajoso, porque en las estructuras de la Iglesia hay muchos demonios que se resisten a salir…

    • Antonio Llaguno

      Te cojo la palabra

      Voy a comprar el libro y seguro que aprendo un “egg” y la cáscara del otro.

      Gracias

      • Juan A. Vinagre

        Muy bueno tu humor, A. Ll. El humor bien traído es un bálsamo para las heridas que que abre este tiempo (y algunas heridas de tiempos idos, que todavía no se han cerrado). Ese “egg” lo tienen -si van con buenas intenciones- quienes denuncian y reclaman más coherencia y humanidad. Y quienes se atreven a denunciar -también con buenas intenciones- ese afán de poder insaciable de la Iglesia clerical, que necesita bajarse del trono y servir humilde, como el mejor modo de amar y ser testimonio.

  • ana rodrigo

    Queridas y queridos atrieros, nada más deciros que he tenido contacto con Antonio Duato y me ha explicado qué es lo que pasó con el comentario por el cual yo me sentí tan extraña en un atrio desconocido para mí.

    Por tanto, cuando tenga algo que aportar a la reflexión común habitual en este atrio de siempre, lo haré.

    Abrazos agradecidos y cordiales.

  • ana rodrigo

    Atrio siempre ha tenido una línea de respeto a la hora de comunicarnos entres nosotros y nosotras, cosa que, en estos últimos días, algunas intervenciones nuevas, por lo visto, desconociendo los principios fundacionales, renovados en los distintos Proyectos de ATRIO, incumplen de manera obscena. Siempre ha habido libertad de expresión en las ideas y argumentos, pero nunca en los insultos.

    Es la primera vez que veo en atrio una espeluznante lista de adjudicaciones de tanta maldad a quienes participamos en atrio.

    reconozco que no es mi mejor día,  con el recuerdo del ataque al Parlamento de EEUU y con lo ocurrido ayer en Brasil.

    Desde hace más de 18 años que entro y participo en este atrio de encuentro, reflexión, diálogo, y, especialmente de respeto.

    Mientras sigan entrando en atrio estos insultos personalizados, yo no voy a intervenir más en esta segunda “mi querida casa”. Este no es el atrio como  acceso al enriquecimiento y crecimiento personal en valores que siempre ha sido.

    Abrazos cordiales a quienes tanto me habéis aportado. En este momento, me encuentro fatal.

    No entiendo qué es lo está pasando. A no se que Antonio Duato no se encuentre bien y se le estén colando comentarios indeseables. Un fuerte abrazo, Antonio.

    • ana rodrigo

      Nota, veo que en la lista de “últimos comentarios”, no aparece el tal Celtastur, lo que me hace sospechar que ha entrado por la puerta de atrás. Si así fuese, pido disculpas a Antonio si le ha molestado mi queja. No quiero darte el más mínimo disgusto.

      Pero, mientras esto no se aclare, yo no voy participar en atrio.

      • Juan A. Vinagre

        Ana, no dejes de participar, por favor. Porque, a mi juicio, eso es lo que quieren estos viejos “cristianos”, que a juzgar por sus palabras -y obras?-, no solo no entienden el Mensaje del Reino sino que están dispuestos a utilizarlo en su provecho para defender su ideología y sus intereses… Estos son los que no toleran -ni entienden?- revisiones en la Iglesia. Coinciden con algún papa del siglo XIX, que decía que la Iglesia no necesitaba reformas. Para ellos, los que piden reformas son-somos gente dañina, pura cizaña…  Por eso, no les des ese placer, Ana.            Un abrazo y hasta pronto.

        Nota: Añado una breve corrección al latinajo introducido en mi comentario anterior: No “humanus”, sino “humani sumus”.

        • ana rodrigo

          Gracias, Juan A., tienes razón en lo que dices, pero mi decisión no es por lo que cada cual pueda opinar sobre una cuestión, somos libres, sino  por la falta de respeto con insultos generalizados utilizando a todo el colectivo de comentaristas. Si se hubiese referido a mí, no me hubiese afectado tanto, pero a atrio….

          Esperaré un poco a ver si esto se generaliza o se evita o se aclara. No me gusta estar en ámbitos con este mal rollo. Tengo unos libros haciendo cola, que me gratifican y me ayudan más a mis reflexiones de crecimiento en valores.

          Un abrazo Juan A.

          • Antonio Llaguno

            Ana,

            yo no llevo tanto tiempo como tú en ATRIO pero creo que esto no es generalizable.

            Desde que conozco la web de mi tocayo, me había llamado la atención la ausencia de los típicos “trolles destrozaforos” que proliferan por las distintas páginas de internet.

            En algunas como Religión Digital o el blog de mi querido amigo Jairo del Agua, es muy habitual la entrada de energúmenos que pretenden defender la tradición partiendo caras e insultando gravemente desde al Papa hasta al más pequeño de los peones de sus porquerizas (metafóricas).

            Es lo que hay.

            Se que no siempre hemos estado de acuerdo pero, cada uno con su estilo, siempre he encontrado en ATRIO un lugar donde expresarme en libertad aunque por eso precisamente tenga en ocasiones que “morderme la lengua” (Hoy mismo me censurado a contestar a un artículo de nacho, para poder hacerlo con más calma y mesura aunque sin renunciar a mi propio criterio, que para eso somos libres). Y cuando no he sido capaz, que alguna vez pasó, no me duele pedir disculpas cuando el “amo del calabozo” me llama la atención desde su mazmorra.

            Lo que pasa es que suele hacerlo con educación y a estos salvajes (Iba a escribir “salvajes intelectuales” pero es, en su caso, un oxímoron) la educación les pone “cachondos” y no responden.

            Las páginas más “friki tradis” del conservadurismo religioso español, tienen la costumbre de silenciar  censurar a quienes no aplauden sus criterios.

            Antonio Duato no es así y aunque se que él es capaz de defenderse solito, simplemente diré que entiendo que prefiera dejarles “excretar su porquería” a tener que recurrir a prácticas de censura que tan desagradables nos resultan a las personas que amamos la libertad.

            No abandones. Eres mucho más importante que ellos y a fin de cuentas, si abandonas les concedes lo que van buscando.

            Hay una anécdota que nos es familiar a los “niños de D. Bosco”: Una tarde, después de varas horas lavando trastes de comer, cacerolas, ollas, cubiertos y vajilla; siendo ya mayor y cansada; la madre de D. Bosco que le ayudaba en su oratorio para niños pobres (siempre en dificultades económicas) y tras ver como en un “pis-pas”, unos cuantos niños, jugando, le volvían a poner todo manga por hombro, le dijo a su hijo: “Mira Juanito, yo no aguanto más. Estoy mayor y enferma. Quiero volver a casa, a mi pueblo (I Vecci a unos 20 minutos de Turín donde hay hoy en día una hermosa basílica con un cristo resucitado enorme), a descansar mis últimos años”.

            D. Bosco, la miró con ojos de hijo agradecido y sin proferir palabra, simplemente señaló a un crucifijo que tenían colgado en la pared.

            Ella, bajó lo suyos y nunca más se quejó, ayudando a su hijo en el oratorio hasta el día de su muerte.

            El papa que hoy quieren hacer “santo súbito” la declaró venerable en 2006 a los 150 años de su muerte.

            No creo tener que decir que si me dan a escoger entre la santidad de Joseph Ratzinger y la de Mamma Margherita yo preferiría ser uno de esos miles de muchachos pobres que desfilaron con lágrimas en los ojos tras el ataúd de la Mamma.

            No tengo noticias de nadir que haya hecho lo mismo detrás del emérito.

            Ande, haz como la Mamma y quédate.

            😉

             

          • ana rodrigo

            Gracias, Llaguno,. Un abrazo

  • Celtastur

    Lo bueno de estos dizque progres eclesiales -apéndice cochambroso de los políticos- es que se os ve venir y el odio, el resentimiento, el rencor, la inquina, la malediciencia, y sobre todo LA ENVIDIA, os precede, os acompaña y será vuestro testamento. Por eso no queda nada tras de vosotros, tierra quemada, agostada y sin agua, sembrada de sal.
    Todo más viejo que el fuego. Por eso resultáis tan antiguos y tan estólidos como el Imagine de Lennon. Allá vosotros, afortunadamente la Iglesia va por otro rumbo… en fin, aquel Mayo del 68 hizo mucho daño….

    • Román Díaz Ayala

      Amigo/a, no sé quien se esconde tras de tu  nick Celtastur, que, por cierto, te has buscado un apodo formidable y sugerente. Verás que en este medio apenas usamos ni siquiera un seudónimo. No nos hace falta. Construimos amistad a través del diálogo. Por eso nos resultan muy molestos los haters y los trolls. Unos porque proyectan odio, otros porque buscan la confrontación y el conflicto.

      No creo que te escondas detrás de ninguna bandera, política o religiosa, simplemente huyes de ti mismo/a, con un vacío que no alcanzas a comprender. No te odies tanto, Dios es Amor.

  • Juan A. Vinagre

    Repensando los méritos de Cirilo de A. y de otros anteriores y posteriores…, declarados “santos”, uno llega a la conclusión -ya expresada en algún otro sitio-, de que  “La lista de santos / con culto en la Iglesia /, como en otros tiempos / debe revisarse… / ¡El santo es modelo / de vida evangélica…!

    En la lista actual hay “infiltrados”, incluso buenas personas, pero no modelos… El santo debe ser modelo de vida evangélica con todas sus consecuencias, sin incoherencias importantes (digo importantes, porque algunas incoherencias menores, siempre habrá. “Humanus sumus…”) Y añado que esa coherencia de vida debe empezar a computarse a partir de la conversión personal. Hay conversos que merecen ser tenidos como modelos.  Así pues, con incoherencias importantes nadie debería ser declarado santo, porque se devalúan las exigencias del seguimiento…  La Iglesia cuando “canoniza” debe ofrecer modelos de vida evangélica, que estimulen e inviten a un seguimiento más coherente. Y al hacerlo nunca priorizar a los “míos”  y  postergar a los “otros”…  Con las canonizaciones también se puede -y mucho- manipular lo sagrado… e incluso a Dios.  (Desgraciadamente también se puede hacer  -y se ha hecho-  “política religiosa” con lo sagrado.)

  • Pep Montella

    No hay nada tan viejo, tan viejuno como quedarse en los ridículos sesenta, época del Cooncilio, con esas casullas-poncho y esas canciones hilarantes de espirituales negros mal interpretados. Me he pasado la vida sin ir a misa por vuestra culpa. Produciréis siempre una mezcla de risa, lástima y cachondeo. Buen 2023 también. Pero no os creáis aue los jóvenes están con vosotros. Nada más lejos de la realidad.

    • Román Díaz Ayala

      O sea, que eres de nuestro gremio. Te ofreceria que te pusieras en la misma cola que nosotros, con nuestra mirada en los sesenta. ¿ podrias decirnos desde dónde  escribes para,hacernos una idea de tus experiencias?

      Ya sabes qué significa gremio: excluidos,  marginados, represariados, disconformes, discordantes, insatisfechos,  y ¡viejos!

      El sínodo  es para nosotros.

    • Antonio Llaguno

      Hombreee….

      Pues comparándolas con las casullas de hilo de oro, el canto gregoriano del siglo XV y el “Cantemos al amor de los amores”, no se que es más “viejuno”

      Pero no se preocupe. Mola lo “viejuno”. A fin de cuentas, rima con Llaguno.

  • Juan A. Vinagre

    Antes de nada, gracias, Ana, por recordarme el nombre de Ernesto Cardenal.           Ahora paso a una reflexión a propósito del comentario de Pep Montella, a quien deseo un buen año 23 y envío un cordial saludo. Créeme, Pep, que me cuesta entrar en este tipo de “discrepancias…” Deseo encuentros -que pueden darse también en las diferencias-, no “peleas”. Por eso, no tomes esta reflexión-respuesta como un ataque o una descalificación personal, sino como un modo de expresar lo que he sentido y reflexionado al leerte:

    -La vejez -es mi convicción- no la determinan los años, sino en primer lugar las estructuras emocionales y mentales. Uno puede ser cronológicamente viejo, pero si su mente mantiene proyectos, ilusiones, ganas de aprender hasta el último día, dispuesto siempre a revisar y madurar ideas, convicciones y conductas de todo tipo (sin excluir las religiosas humanas, elaboradas por hombres a través y bajo el influjo de los modelos culturales e históricos de cada tiempo, -que siempre y de modo inevitable condicionan-, aparte del tipo de personalidad de cada uno, que puede modelar aún más la mente y la conducta humana), uno AÚN ES JOVEN (o al menos no viejo.) Pienso que la vejez aparece cuando, en un mundo en progreso evolutivo como el nuestro, dominan las ideas fijas, estáticas, irrevisables, y/o cuando convertimos lo secundario en prioritario, alterando-devaluando la jerarquía de valores… Cuando uno ya no crece o se “fija” es viejo-vetusto.

    -Por concretar más, cuando descalifico a otro por sus ideas…, y lo rechazo o “anatematizo” como un mal, ¿soy un buen cristiano, seguidor de Jesús de Nazaret? Si defiendo mis ideas y las declaro únicas e incompatibles, como si las otras fueran “cizaña”, sin analizarlas bien y/o esperar a ver los frutos, ¿me comporto como seguidor de Jesús y su Mensaje?

    -Puedo discrepar, sí; pero siempre respetando. El cristiano evangélico -no el tradicionalista- busca siempre la “armonía de contrarios”, como diría Nic. de Cusa. Armonía que es una expresión más del amor. Jesús fue duro con las conductas hipócritas y con los que escandalizan o abusan y someten al débil, pero no con el innovador que trata de poner su granito para mejorar la Iglesia, la religión y/o la sociedad deshumanizadas. El culto que el Dios de Jesús quiere es culto al hombre, no a las ideas ni a los sistemas… (El culto para Sí no lo necesita. Dios no es narcisista.) A Jesús le pasó lo que le pasó por ser innovador, por querer transformar las estructuras… religiosas y sociales. Y para ello es preciso servir el Mensaje del Reino en odres nuevos, como expresamente dijo…  (Estoy convencido que si hoy hablara, Jesús se referiría también a los odres viejos elaborados en la historia del cristianismo…)

    -Termino con un caso más concreto, Santiago Hdez., con el que a veces discrepo porque a mi juicio sirve el Mensaje del Reino en odres viejos, demasiado apegado a la tradición, “sacralizada” en exceso. Pero con Santiago se puede hablar y dialogar: Respeta.  No olvidemos, pues,  que “a la tarde seremos examinados en el amor”, no en las ideas, que por tratarse de Dios siempre serán ideas “débiles”, cuando no erróneas.

    Amigo Pep, esto que digo, te lo digo a ti y también a mí. Todos tenemos que examinarnos y de alguna manera renacer… Si no renacemos cada día, seremos viejos de verdad, inconscientes de nuestras “fijaciones”…

     

  • De acuerdo con José María Valderas.¡Está la compañía de Jesús como para tirar cohetes!.Desde su Santidad al mismo G,Faus pasando por el general-que hay que echarle de comer a parte- “como en tiempos de Jesús no había grabadoras…” ¡Madre mía, que tropa!.Si S.Ignacio levantara la cabeza,ipso facto, se volvía a morir del disgusto.En unos años la compañía se irá autodisolviendo ¡y ellos encantados!. El último que cierre la puerta. ¡Cómo se hecha en falta jesuitas como el p. Loring,Carreiras,etc

  • pep Montella

    Sois viejos, vuestro tiempo afortunadamente pasó. Vuestra Teología barata también. Benedicto XVI siempre estará muy por encima de vuestra estupidez, vuestro resentimiento y vuestra exquisita ignorancia. Faus da vergüenza ajena.

    • Román Díaz Ayala

      Sí,  señor, somos viejos, articulistas y quienes solemos  comentar. Significa que por ley de vida quedaréis  vosotros.  Ya no podremos aprovecharnos más  de nuestra estupidez, nuestro resentimiento y nuestra  ignorancia.

      ¡ lástima  que os lo estemos dejando por legado!

    • Antonio Llaguno

      Sr. Montella, D. Pep

      Vaya por delante mi agradecimiento a su intervención en Atrio.

      En esta web, existen algunos comentaristas que me tienen por conservador y facha.

      Pues gracias a usted  y su exabrupto en forma de comentario, ya saben lo que es un friki facha de verdad. Esa subespecie humana que a falta de la característica que nos identifica como seres humanos, la inteligencia, no la sustituye como hacemos muchos por tolerancia, respeto, e incluso (Si hay quien lo hace, créame) por amor a su prójimo, que significa próximo, sino por todo lo contrario.

      Como ya escribí en esta casa y desde las antípodas de Joseph Ratzinger, en lo religioso (Antípodas en las que sigo habitando), llegué a tomarle cariño puesto que nos regalo algunas perlas deliciosas producto de una pluma excepcional.

      Pero la santidad es mucho más que coherencia doctrinal o ortodoxia católica.

      La santidad es, sobre todas las cosas, la consecuencia del profundo amor, no tanto a Dios, como al prójimo (que significa próximo) de uno y Ratzinger, cuando ejerció de mandamás del ex Santo Oficio (ex por partida doble) demostró muchas cosas, pero a ninguna se le podría llamar amor.

      Un hombre poderoso que antepone la ortodoxia a la misericordia no es santo. Un hombre poderoso que antepone la doctrina a la compasión no es santo. Un hombre poderoso que antepone el dogma al sentido común no es santo. Un hombre poderoso que antepone en resumen el amor de Dios al amor al prójimo no es santo, porque solo amando al prójimo podemos afirmar y demostrar que amamos a Dios.

      No encontrará palabras como éstas más que en lugares como éste.

      Por que sí. Somos viejos (De hecho debo ser de los más jóvenes porque me falta solo año y medio para la sesentena); pero la mayoría de estas personas a las que desprecia por su criterio religioso y por su edad (Entre otras muchas cosas) llevan derrochando amor incluso a una Iglesia que les ha manifestado en repetidas veces, al igual que hace usted, su desprecio.

      Sin embargo, no encontrará aquí personas dispuestas a pelearse contra usted (Yo soy de los más pendencieros y no soy capaz de matar una mosca). La mayoría nos limitaremos a leerle y compadecerle y a seguir nuestro camino, que ya tiene usted bastante con el suyo (Debe ser muy triste ser usted).

      Por lo demás, me permito hacerle una consideración: con esto del Santo Súbito lo que ustedes acaban mostrando es una inseguridad manifiesta hacia las virtudes del sujeto que que quieren ustedes honrar.

      Lo quieren santo con prisa, no sea que las generaciones venideras lo olviden, luego no serán tan grandes sus virtudes ni sus méritos si ni siquiera quienes lo proponen están seguros de que el futuro le reconocerá la santidad.

      Le pongo dos ejemplos: Teresa de Calcuta prohibió a sus hijas de la caridad que la promovieran como santa, pero nada hubiera impedido su elevación a los altares, porque los hechos son tozudos y en su caso, esclarecedores. Y Monseñor Oscar Arnulfo Romero, para mi el más evidente caso de martirio del pasado siglo XX, fue ninguneado por 2 papas que le negaron no solo el reconocimiento de la santidad, sino incluso la dignidad en sus funerales y recuerdo, pero llego este nuevo papa y 50 años más tarde le puso donde tenía que haber estado desde siempre (Aunque nunca dejó de estar en el corazón de los salvadoreños que es mucho más importante que el santoral).

      Si Joseph Ratzinger tuvo méritos para llamarle santo, no somos nosotros quienes debemos juzgarlo sino la Historia. Y tengo para mi que ustedes tiene mucho miedo a que la Historia pase por él con el manto de la indiferencia.

      De un facha a otro. Con gente como usted no me extraña el desprestigio que tiene lo conservador.

      De jóvenes decíamos aquello de “Si Fidel es comunista que me apunten en la lista” (Sí, yo también).

      Yo, nada sospechoso, en mi madurez, de que me consideren un peligroso “rojelio”, le diré que “Si usted es católico, prefiero que me de un cólico” (Lo siento Antonio, se que la rima es espantosa e indigna de tu página web, pero como de Serrat en la canción, hoy las musas de la rima han “pasao” de mi. Estarán de polvorones)

  • José María Valderas

    Las historia de la ciencia y de la filosofía están llenas de respuestas ácidas ante la ignorancia y la necedad. De las políticas recuerdo la de aquel que ante la confesión del oponente de estar entablando un diálogo de besugos, le espetó: de acuerdo con su señoría, pero no me reconozco en su apreciación. A la Escritura, a Qohélet,  se le atribuyó durante mucho la frase “stultorum numerus infinitus est” (Eclesiatés, 1,15), que hoy se corrige por el versículo “Lo torcido no se puede enderezar, lo que falta no se puede calcular”. Las dos versiones dan en el blanco.

     

  • Juan A. Vinagre

    -Cuando ayer vi la pancarta con el “santo subito”, ahora ya en primera fila, recordé el “santo subito” de Juan Pablo II…, y de nuevo me hizo reflexionar y preguntar: Los plazos y los méritos se exigen a otros, no a los míos, que están dispensados…, porque la Verdad está con ellos.  En este caso, ¿es mucho preguntar si muchos hombres de Iglesia son verdaderamente cristianos, es decir, de corazón evangélico o más bien son “afiliados”…? ¿Su Dios es el Dios de Jesús o es más bien (más mal) un dios creado a su imagen y semejanza?  ¿Con esta postura no se está UTILIZANDO A DIOS para defender visiones, intereses de un-mi partido?

    -El lamentable caso de Juan Pablo II y Maciel, de la salida al balcón con Pinochet (casi presentado como un “ecce homo” providencial).  La corrección pública del poeta religioso y ministro nicaragüense (no recuerdo ahora el nombre), por no obedecerlo (en contra de las palabras de Pedro: “hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”)  La condena y exclusión como teólogo católico de H. Küng etc. por seguir su conciencia y la libertad evangélica… ¿no significan nada?  (No hablo ya del bloqueo de todo un concilio universal como el Vaticano II…)  Si se puede bloquear un concilio… ¿Este bloqueo no lleva consigo algún tipo de doctrina implícita?

    -El rechazo del relativismo absoluto, por parte de J. Ratzinger, es un buen principio, pero con tal de que ese principio no pretenda abarcar demasiado. Vivimos y maduramos en un proceso en desarrollo dentro de la Historia. Y ese proceso en desarrollo histórico relativiza  también nuestras ideas, costumbres e interpretaciones religiosas. Gracias a ese proceso en desarrollo podemos comprender y disculpar a Pablo, a Cirilo de A., a Agustín etc. etc.   Incluso podemos entender y disculpar el atrevimiento de definir a Dios…(en un Credo o en un concilio), que nunca dejaremos en buen lugar, correctamente. Cuando hablamos de Dios, enevitablemente nos proyectamos…  Por eso es preciso “relativizar” muchas verdades teóricas humanas, teológicas y morales, y no absolutizarlas, a fin de no vernos obligados a hacer “cabriolas” mentales, que no convencen.  Por eso, en la Iglesia deben revisarse doctrinas teóricas y morales. Solo permanece la palabra de Jesús, o quizá mejor, lo que permanece en el tiempo, lo que no pasa es la palabra de Jesús…  Muchas atribuidas a él, si pasan, no son suyas, sino de hombres. Las palabras que pasan no pertenecen a la esencia de su Mensaje.

    -Dos notas:                 -Amigo J. M. Valderas: Tú eres capaz de expresar tus ideas -mejor o peor fundadas, como todos-, pero sin “faltar”.  Atrio me parece un lugar de análisis crítico, de contraste, de información, pero también de encuentro.    -José I. : Estoy leyendo tu libro “Herejías del catolicismo actual”, que no conocía, y te felicito -si me lo permites- por la claridad y fortaleza con que hablas.  Así pensamos muchos…

  • Alberto Revuelta Lucerga

    Cuando era chico las preguntas complicadas fuera teológicas, políticas o de la liga deportiva se resolvían fácilmente: doctores tiene la santa madre Iglesia. Y cada uno seguíamos nuestra vida con oscuridades y luces, risas y pesadumbres. Como ahora. Encontrar al Eterno nunca será cuestión de ciencia. En la libreta del colegio de los hermanos corazonistas donde estudié había un poemica : “la ciencia calificada es que el hombre en gracia acabe, porque al fin de la  jornada aquel que se salva sabe y el que no no sabe nada”.

    • ana rodrigo

      Juan A., te refieres a Ernesto Cardenal, al que humilló ante todo el mundo de manera cruel e inhumana, cuando podría haber hablado con él de forma privada. Si este señor, Juan Pablo II, es modelo de conducta cristiana y por eso es santo y, además súbito, apaga y vámonos.

      Yo conocí a Ernesto y a su hermano Fernando personalmente, personas maravillosas y comprometidas con el mensaje de Jesús de manera muy honorable y leal al mensaje evangélico, al igual que Jesús preocupados siempre por los más vulnerables.

      También estoy de acuerdo contigo en que atrio es un lugar de encuentro, reflexión y respeto, no hace falta defender tus propias opiniones desde el desprecio y el insulto a quien no piensa como tú. Llevo muchísimo años en atrio y siempre hemos luchado por el diálogo respetuoso, debemos seguir haciéndolo. Seguiré luchando por mantener este espíritu atriero.

  • Román Díaz Ayala

    Jesús le contestó: “Te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso”.

    ¡Santo súbito!”

    El ajusticiado estaba catalogado en la escala de los “pecadores” según el juicio social en que se fragmentaba la sociedad de Judea.

    “¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos, en cambio este nada malo  ha hecho”.

    Se salvó, entró en el Paraíso que nos preparó Jesús y no pudiendo acreditar ningún mérito. Fue suficiente una mirada de fe:  “Jesús acuérdate de mi cuando vengas con tu Reino”

    ¿Nos tomamos en serio eso de que pertenecemos a la Iglesia de los santos? ¿A qué viene ese carrera de méritos? ¿Sigue Pelagio por ahí?

  • Antonio Llaguno

    Esto de los nombramientos “súbitos” es impropio de la Iglesia.

    Yo creo, firmemente, que las prisas no son buenas y que cualquier ser humano de quien se pretenda afirmar algo tan rotundo como que “La Iglesia garantiza con seguridad que esa persona está en el cielo, con Dios”, debe ser analizado con verdadera minuciosidad.

    Los que somos de Cuenca (Y algún salmantino también, que fue en Salamanca donde más se distinguió Fray Luis) aprendimos que la razón que argumentó el papa de turno (No se que Papa era) para no canonizar a fray Luis de León fue que encontraron su mortaja horriblemente desgarrada por lo que afirmaron que no asumió la muerte al haber sido enterrado vivo (Como si para ser santo hubiera que tener que aceptar una muerte tan horrorosa)

    Me llama mucho la atención lo dura que fue la Iglesia al estudiar a mi paisano y lo laxa que fue con Josemari Escribá y JPII.

    Pero lo que más me hace sospechar es quiénes proponen a Benedicto como doctor súbito.

    Son los Ganswein, Burke, Sarah, Muller (Este en especial), Schneider…, todos defendiendo, no la memoria de Benedicto, sino su propia posición dentro la una Iglesia clerical que me deja muy frío y que tiene menos futuro que un submarino descapotable.

    En especial el ya ex secretario del emérito que ya trató de engañar al mundo afirmando que Benedicto había escrito un libro “a cuatro manos” con el cardenal Sarah, muy crítico con Francisco (Tanto el libro como el cardenal) y debió ser rectificado por el propio Ratzinger.

    Son los mismos que llevan desde que Francisco llegó al papado, manipulando a Ratzinger para combatir a Francisco y que, ahora que Benedicto ha muerto, saben que éste no podrá desmentirles como hizo con Ganswein.

    Se que se me podrá acusar de falacia “ad hominem” pero siguiendo con los latinajos, prefiero hacerme la pregunta aquella que tantos buenos momentos me dio y tanto conocimiento me proporcionó: “Qui prodest”

    En cualquier caso, pueden nombrarlo doctor súbito o mamporrero mayor. Eso no cambiará ni un milímetro su influencia en el futuro y evolución de la Iglesia. El cambio es inevitable. Sin ese cambio, solo espera a la Iglesia Católica Romana la más absoluta irrelevancia.

    Y Ratzinger nunca fue apóstol de ese cambio.

     

  • José María Valderas

    De Granada a Deusto, se ha escrito, los jesuitas están enlodando en un ataque ad hominem sin precedentes la egregia figura de Benedicto XVI. De Granada a Deusto pasando por Barcelona. No podemos recordar su magnífica aportación a la eclesiología, al tratado de los sacramentos. A la liturgia. A la Cristología. No, lo importante es echarle pellas de barro y compararlo con Congar, Rahner, Schilleebeks. No será el Rahner de la antropología, cuyos errores son gruesos. Congar hizo mucho bien a la eclesiología y al ecumenismo, ahondando en la verdaderas y falsas reformas de la Iglesia, pero en ello no le anduvo a la zaga, desde una óptica más escriturista, el propio Ratzinger. No digamos la soteriología del dominico flamenco, siempre en la línea equívoca, siempre a punto de despeñarse, pero, conocedor como era de Trento, quedándose a un milímetro.

    Y, no podían faltar el elenco de jesuitas de teología de la liberación, puestos a caldo teológico por Ratzinger, lo mismo que el convertido en fraile dominico en el atardecer de su vida.

    No. Para doctor súbito tenemos a González Faus, qué caray. Para santo súbito también. Por algo anduvo por el seminario de Barcelona buscando firmas por las habitaciones de los alumnos  para negarle esa aureola al fundador del Opus Dei o escribiendo pasquines. Qué caray. A ver si se enteran en Roma.

    Por si faltaba poco, la contraposición entre la postura evangélica y la intransigente de Ratzinger-Vox, chúpate esa mandarina.

    Todo ello rodeado de anécdotas del Fliche-Martin, buen de ejemplos de los Padres, que eso siempre luce.

    No. Benedicto XVI merece ser doctor subito, si leemos sus obras, desde la autobiografía hasta la Vida de Jesús. No están verdes, dice la fábula. Mejor no comentar en quién se está pensando para hundir la figura de quien no ha podido hacernoslo olvidar.

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