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Posthumano y transhumano

En mis tiempos, en la Gregoriana, convivían profesores enrocados en la escolástica tradicional con otros que enseñaban a pensar el cristianismo desde el pensamiento crítico. Hoy descubro profesores en ella que invitan a plantearse y discernir los retos CONCRETOS que tenemos en el tercer decenio del siglo XXI. Eso es lo que hace Giovanni Cucci en este artículo de Civiltà Cattolica que invito a leer íntegramente, con sus múltiples referencias y que resumo brevemente aquí. Continúa el reciente artículo de Juan Arana en una revista tan lejos de la anterior. AD. 

¿La antropología del futuro?

El autor empieza por distinguir en qué consiste y qué mensaje subliminal encierra el movimiento en torno a los dos términos del título.

Transhumano y posthumano: similitudes y diferencias

El movimiento transhumanista nació a raíz de los descubrimientos y aplicaciones en los ámbitos digital y biotecnológico, en particular a partir de la confluencia de cuatro líneas de investigación:

  • Nanotecnología;
  • Biotecnología;
  • Tecnología de la información;
  • Ciencias cognitivas;

Este movimiento (resumido en el acrónimo NBIC) debería denominarse FM-2030, según uno de sus promotores que se expresa en estos términos: «El nombre 2030 refleja mi creencia de que los años alrededor de 2030 serán una época mágica. En 2030 no tendremos edad y todo el mundo tendrá una gran oportunidad de vivir para siempre. 2030 es un sueño y una meta».

 En cuanto al posthumanismo, indica el autor que

“querría ir más allá de la mejora médica e intelectual. Su objetivo ideal es anular la dimensión biológica, el lugar de la enfermedad y la muerte, y la idea misma de la naturaleza humana, para alcanzar «una condición ultrahumana, es decir, abandonar la fragilidad de la condición actual y abrirse a un futuro en el que un hombre nuevo (y, por ello, un más allá del hombre) sea capaz de reprogramarse» radicalmente, incluso a nivel cerebral.

Esta es quizás la corriente más provocadora y antropológicamente estimulante, una especie de anuncio de una nueva era, caracterizada por la liberación definitiva de los límites de la naturaleza, redefiniendo radicalmente la condición humana”.

La era del «cyborg»

“Con los nuevos avances tecnológicos, ahora es el propio hombre el que se modifica, gracias a la implantación de accesorios que mejoran su rendimiento o con la ayuda de la inteligencia artificial, que puede garantizarle un rendimiento potencialmente ilimitado”.

El autor cita la exposición Posthuman, con diferentes obras de arte futurista, cuyo comisario Jeffrey Deitch,

“vio en estas obras el presagio de una nueva definición de la vida humana, posible gracias al aporte de la biotecnología y lo digital: «Nuestra generación – declaró en una entrevista – ya podrá aprovechar las nuevas tecnologías de ingeniería genética que nos permitirán elegir a nuestros hijos o recomponer nuestra estructura genética. En el texto del catálogo, escribí sobre el fin de la evolución natural y el comienzo de la evolución artificial». […]

Esta nueva forma de representar al ser humano ha sido durante mucho tiempo objeto de una considerable inversión en investigación y diseño. En 1995, el filósofo inglés David Pearce fundó una asociación sin fines de lucro, Bltc Research (Better Living Through Chemistry). En el manifiesto que presenta sus objetivos, afirma que su propósito es «promover la creación del paraíso en la Tierra […], abolir los sustratos biológicos del sufrimiento, no sólo en los seres humanos, sino en toda la vida sensible […]. En la actualidad, la vida en la Tierra está controlada por el ADN, cuyo único ‘propósito’ (hablando metafóricamente) es autorreplicarse. Los ‘genes egoístas’ mantienen el sufrimiento, ‘físico’ y ‘mental’, endémico entre los seres vivos […]. La biociencia del tercer milenio permitirá: reescribir el genoma; rediseñar el ecosistema global; programar genéticamente el bienestar». El texto continúa diciendo que el mayor obstáculo son las religiones y los partidos políticos que se oponen a la cancelación de la dimensión bioquímica del mal de vivir”.

 

Algunas observaciones

“El transhumanismo y el posthumanismo apelan a aspectos esenciales de la vida humana. Combatir las enfermedades y mejorar la salud es algo que siempre ha caracterizado a la medicina y la tecnología. El valor adicional de esta propuesta, en la base de su atractivo, es el intento de programar un ser humano perfectamente eficiente, capaz de mejorar exponencialmente, una promesa de felicidad hecha posible por la tecnología. Para lograr este objetivo, el posthumanismo cree necesario considerar la corporeidad, la identidad y los límites como males a combatir, porque son la causa de la enfermedad o la dolencia.

Se trata de un proyecto que, más allá de los entusiasmos fáciles, se presenta como difícil de realizar. Reprogramar radicalmente al ser humano es algo fácil de decir, pero choca con dificultades estructurales debidas no sólo a una tecnología que aún no es perfecta (¿podrá serlo algún día?), sino a las características propias del ser humano, sobre todo a nivel de la complejidad del genoma y del enorme número de conexiones del cerebro, que parece contar alrededor de 1015 sinapsis, es decir, 1 seguido de 15 ceros: unos mil billones [esta es la cifra admitida en el cerebro de un niño, que suele disminuir en el adulto a 500 ó 100 billones. Nota de Atrio]. Sin embargo, la inviabilidad práctica del plazo de este proyecto no excluye su popularidad cada vez mayor y el creciente impulso para dar pasos hacia su aplicación. Lo que plantea algunas cuestiones de carácter más general.

Una de ellas es la sospecha de que la amplia difusión del posthumanismo y el transhumanismo, al igual que los teóricos de la «mente aumentada» (Prensky), constituye, sobre todo, un gran negocio. Detrás de una operación de este tipo, como siempre, hay considerables intereses económicos, como demuestran las fuertes presiones para publicitar y patrocinar este tipo de propuestas, por ejemplo, por parte de las industrias tecnológica y farmacéutica. La pregunta también es quién podrá permitirse las costosas prótesis robóticas o los tratamientos farmacológicos seleccionados y continuos que llevarán a la formación de nuevas jerarquías sociales.

En cualquier caso, aquí queremos analizar algunos aspectos del posthumanismo desde una perspectiva antropológica”.

Y el autor analiza estos puntos:

Extrema vaguedad del punto final de esta propuesta, que parte de la posibilidad de luchar contra la enfermedad y mejorar el diagnóstico y el tratamiento (algo totalmente legítimo, pero que no requiere la adhesión a esta corriente) para luego lanzarse a prometer la felicidad en la tierra. […]

Cabe preguntarse, además, si el deseo de eliminar la propia identidad, vista como una prisión, no revela más bien un creciente malestar con la condición actual y la verdad sobre uno mismo[15]. A pesar de ello, estas propuestas, precisamente porque rozan la mitología, configuran un nuevo imaginario: «Esto es precisamente lo que preocupa, porque las figuras que salen a la luz en este reino crepuscular entre la filosofía, la sociología, la literatura y el imaginario muestran, con sus mil variaciones, una clara constante: que según ellas, es posible (o más bien se debe) prescindir del hombre».

 

¿Qué es la felicidad?

En el fondo de este sueño subyace una cuestión filosófica fundamental: ¿qué es una vida plenamente realizada? Es la pregunta que Sócrates planteó a los ciudadanos de su tiempo: «¿Qué es la virtud? ¿Qué hace que una vida sea feliz, que merezca la pena ser vivida?». Una cuestión extrañamente descuidada por el trans y el posthumanismo, que parecen asociar su ideal a un aumento cuantitativo indefinido. Kant, que reflexionó largamente sobre el problema de la felicidad, señala que es precisamente esta asociación la que la hace estructuralmente imposible en esta vida. […]

El manifiesto transhumanista pretende la liberación total del hombre, pero puede adoptar fácilmente el rostro de un nuevo colonialismo. ¿Quién decidirá sobre estos procesos? ¿Quién puede predecir con exactitud sus consecuencias? ¿Cómo podemos protegernos del riesgo de una dictadura tecnológica, de una élite que podrá permitirse todo, ampliando los efectos de la desigualdad contra los menos pudientes? Las sociedades antiguas y recientes tienen diferentes clases sobre una base económica, social o religiosa, que siempre pueden ser abolidas si se desea. Pero si la brecha se vuelve genética, el hiato entre el hombre 2.0 y el hombre común será insalvable.”

 

El límite, una condición para la excelencia

Como conclusión, el autor se fija precisamente en que este movimiento de progreso total ha resaltado la importancia de la conciencia de límite en el ser humano:

“El punto central, sin embargo, al menos desde un punto de vista antropológico, es si la plenitud de la vida que se querría como resultado del poder tecnológico no debería buscarse más bien en otra parte, precisamente en esa dependencia e insuficiencia constitutiva que nos abre al misterio, a la trascendencia y al encuentro con los demás.

El límite no siempre es un mal que hay que combatir; en varios casos es un valioso marcador de camino, sobre todo cuando se convierte en una elección consciente, propia del hombre sabio. Es la dialéctica entre el deseo y el límite, recordada en otro lugar: el deseo sólo puede especificarse y realizarse a través del límite. […]

Es el dilema original de Gn 2-3: reconocer el límite de la criatura es la única manera de vivir plenamente. El intento de eliminarlo a toda costa, por considerarlo un obstáculo para la realización personal, corre el riesgo de penalizar aspectos indispensables para la calidad de la vida humana. […]

Foucault define el cristianismo como «la religión de los no perfectos». Esta no coincidencia entre la perfección y la salvación es la base, para el intelectual francés, de dos instituciones aparentemente opuestas, pero en realidad muy cercanas entre sí: la penitencia y el monacato. La penitencia sigue ofreciendo la posibilidad gratuita de salvación a los que caen; el monacato es un camino de perfección basado no en las propias capacidades, sino en una forma de vida hecha posible por el sacrificio de Cristo. En otras palabras, la plenitud no puede alcanzarse mediante el dominio absoluto: sólo puede ser un don libremente aceptado”.

 

Preguntas nuevas y antiguas

Y, finalmente, concluye haciéndose estas preguntas:

  • ¿Debe haber humanidad? ¿Debe respetarse su identidad genética?
  • ¿Sigue siendo el sentido de la propia vida la mayor felicidad posible en los límites de la propia existencia o escapar de los mismos?
  • ¿Es necesario establecer “una gobernanza capaz de dictar normas adecuadas para regular las nuevas posibilidades desplegadas por la tecnología y evitar la tendencia a un salvaje oeste genético o a la anarquía digital? […].

Lo que sorprende es el grave y creciente desfase entre la rapidez con que se aplican los nuevos hallazgos y la ausencia de un debate reflexivo en los círculos éticos e institucionales sobre su posible impacto en la vida común. […]

Cuanto mayor es la potencia operativa que permiten las nuevas tecnologías, mayor es el desfase entre su aplicación y la dificultad de imaginar sus consecuencias, que en algunos casos pueden ser irreversibles. No se trata de aceptar o rechazar la tecnología, ya que forma parte de nuestro mundo y de nuestra propia naturaleza; sin embargo, hay que vigilarla cuidadosamente, para evaluar críticamente el alcance de estas innovaciones, contrarrestando la creciente desconexión entre ciencia y tecnología, entendiendo la primera como un modo cognitivo y la segunda como mera operatividad.

Si no hay un cambio de tendencia, las preocupaciones de Jefferson pueden hacerse realidad, dando lugar a nuevas y más poderosas oligarquías, que ciertamente no trabajarán por el bien común, como ya podemos ver en la actuación de los actuales gigantes de la informática”.

 

9 comentarios

  • ana rodrigo

    Ayer colgué un comentario como respuesta al de Nacho, si bien estaba pensado para la página central. Por eso ni siquiera mencioné a Nacho, al que quería agradecerle el que hubiese leído mi escrito sobre el feminismo.

    El problema del patriarcado no lo sufren sólo las mujeres, sino los propios hombres por no vivir adecuadamente su masculinidad, y la sociedad en general, desde tiempos inmemoriales, centrada en el androcentrismo y sus consecuencias para quienes no somos hombres, perdiendo el aporte de las mujeres Y ahí sigue a nivel mundial, aunque ya hay bastante conciencia del problema y, por tanto, bastante lucha.

    Como decía ayer, tenemos nuevos retos que nos urgen a implicarnos en ellos antes de que se normalicen, aunque ya se están normalizando de forma subliminal y nos están convirtiendo en marionetas cuyos hilos están en ese otro mundo de las tecnologías, que, además de controlarnos, nos incapacitan para ser sujetos de nuestros actos.

    Hace unos meses un señor mayor hizo una protesta porque para ciertas edades, el acceso a los cajeros automáticos de los bancos les resultaba imposible a costa de que las oficinas no estuviesen a disposición de los clientes forzosos de los bancos, digo forzosos porque Hacienda nos obliga a cobrar y a tener el dinero en el banco.

    Es un pequeñito ejemplo del gran problema que nos planeta este nuevo “mundo” que avasalla a gran velocidad a gran parte de la sociedad. Y sí, te doy la razón de que debemos estar alerta y que debemos denunciar, aunque, si os digo la verdad, soy bastante pesimista en esta cuestión, por el poder subterráneo que avanza por debajo de nuestras vidas ya, no quiero ni pensar de qué manera lo hará dentro de 20 años.

    Si todavía quedan personas que no saben leer ni escribir, ahora somos mayoría, y seguirá aumentando, “analfabetas” de lo que hacen con nosotr@s. Muy preocupante.

     

  • Isidoro García

    Amigo Nacho: Has tocado un tema crucial. Yo no digo que no conozcas los modelos modernos, de los sistemas, de la emergencia y de la complejidad. Todo eso son modelos científicos de la realidad.

    Lo que sucede es que la acumulación del nuevo conocimiento de la realidad, automáticamente repercute en la mirada filosófica, con que contemplamos todo en su conjunto.

     

    Juan Lerma, (neurofisiólogo), señala algo muy curioso: “El avance en el conocimiento científico se produce en forma escalonada. Se va acumulando conocimiento y de repente llega un conocimiento más que hace que se complete el rompecabezas.

        Antes no veías nada, pones la pieza y de repente ves el objeto que estabas reconstruyendo. Y ahí se produce un salto cualitativo en el conocimiento. En todas las ciencias esos saltos vienen acompañados de avances tecnológicos”.

    Es la teoría del 5º elemento. Y eso produce un cambio copernicano de nuestras creencias, transformando una simple creencia, en una fuerte convicción. Es esa idea poderosa que ilumina una época, y cuya aparición provoca un cambio axial.

    Dice Henry Buckle que “en cada gran época hay una idea más poderosa que las demás, una idea que configura los elementos de la época y determina su resultado final”.

    Y “cuando se rompe la visión predominante que sostiene a un periodo de la cultura, la conciencia regresa a contenedores más antiguos, buscando fuentes para sobrevivir, que también ofrezcan fuentes para revivir”. (James Hillman).

    Esa idea-eje que se nos ha roto en el zeigeist de la época, posiblemente tenga que ver con la desconfianza en las referencias religiosas, unido a la “sospecha” en el buen tino de la razón, ante el laberinto de la interpretación, el insondable bosque de la percepción, y el infinito cielo de la libertad.

     

    Y toda esa ciencia moderna de la complejidad, (a mí al menos), me hacen modificar el punto de perspectiva de todo. La Modernidad, se basa en el humanismo a ultranza, en el antropocentrismo.

    Mientras que la nueva cultura, (la llamemos como la llamemos), se basa en el cosmocentrismo, en el Universo, del que nosotros somos unos componentes más.

    El humano no es un absoluto. Somos lo que somos, siempre y cuando estemos integrados en la Ley del Universo, y siguiéndola. (De ahí esa nueva “religión” espinoziana del Universo, al que se asimila como “la mano de Dios”, o el “Espíritu de Dios”, que es el panenteísmo o en general todos los no-teísmos).

    La Modernidad, con el humanismo exacerbado, cuando oye hablar de que nos extinguiremos mas pronto que tarde, y vendrá otra especie, (con nuestros descendientes), a sustituirnos, no les gusta nada, y se niegan a contemplar esa idea científica.

    La Modernidad, vive en un sinsentido irreal, y por eso no le casa nada: nada tiene sentido, y el humano anda como el judío errante buscando un sentido a su vida.

    Porque cuando partes de presupuestos irreales, nada funciona, y nos encontramos en el actual callejón sin salida. Hasta renegamos de los altos logros de la tecnología, que tanto bien nos ha traído, porque no vemos claro a donde nos lleva.

    Y lo hacemos como el avestruz, con una postura irracional, de renegar de algo que sabemos imparable, nos guste o no.

    Porque si te fijas bien, todo ese descontento con la tecnología, proviene en el fondo de un gran descontento y malestar de muchos con la realidad: no les gusta, y por decirlo así, no hacen más que criticar “la creación de Dios”, (la realidad): “Yo hubiera hecho el mundo de otra forma y mucho mejor”.

    Y aquí entra la disonancia cognitiva, el negar la realidad evidente, para minimizar el sufrimiento psicológico que nos causa.

    Solo cuando te colocas en tu verdadero sitio, en este caso con una perspectiva cosmocéntrica, todo adquiere sentido, y futuro. Porque estamos sometidos y “protegidos”, por las Leyes del Universo, (por el “Espíritu”), y en esas Leyes, hay mecanismos evolutivos, que a trancas y barrancas, nos han traído hasta aquí, y que siguen funcionando a nuestro favor, como especie portadora de inteligencia.

    El humano, en un mundo meramente aleatorio, y sin la “protección” de un direccionamiento, de un “telos cósmico”, no tendría ningún futuro. Mas aún, no tendríamos ni pasado, porque no hubiéramos llegado hasta aquí.

    El problema del humanismo moderno, es que se centra únicamente en el individuo humano, cuando en el Universo, (nos guste o no), lo que importa son las especies, no los individuos.

    El Universo, tiene dos dinámicas que coexisten al tiempo. Por una parte, la dinámica “inferior” de la Física y de la Biología, que son eminentemente desplegadoras del Universo, que está en continuo desarrollo.

    Pero al tiempo, está la dinámica de “la Inteligencia”, que contiene un componente cognitivo, y otro afectivo, compasivo, y es el contenido concreto del “Dios es amor” de todas las religiones.

    Y esta dinámica se manifiesta en el humano, en los instintos afectivos-comportamentales hacia la Belleza, (sintonía con el Universo), el Conocimiento, y la Bondad, que todos los humanos portamos en nuestr0 “espíritu” interior inconsciente, del que hemos sido dotados, (y no por casualidad, sino siguiendo el “espíritu”, el  telos del Universo).

     

    Con esta visión, los grandes retos del futuro, con el revolucionario efecto que las nuevas tecnologías están produciendo, y producirán en el futuro, se ven con la confianza en que las mismas dinámicas que nos han traído estas graves amenazas, nos traerán al tiempo las dinámicas de salvación.

    Y estas dinámicas actuarán a nivel inconsciente, aunque luego como siempre, la razón razonará y justificará esas dinámicas, como algo racional.

    Porque la dinámica salvacional será a nivel inconsciente, pero su implementación deberá ser a nivel racional consciente, para minimizar los daños y sufrimientos, que todo cambio, (y más uno drástico), traerá consigo. (Los dolores del parto).

    Nos guste o no nos guste, el gran triunfo de la Inteligencia del Universo, se produce con sufrimiento y dolor personales. Lo que debemos es minimizarlo lo más posible.

    Por todo eso, la esperanza es la gran virtud, que nos trae el mantenernos en sintonía con el Universo, y nos ayuda a afrontar el día a día.

     

    (Perdón por el rollo de fin de semana).

     

  • Isidoro García

    Amigo Nacho, llevas toda la razón en tu análisis de la situación del negro futuro próximo de la humanidad. Pero creo que estas instalado en una mentalidad – “conciencia” – cosmovisión, estáticas, del pasado-presente, y por eso te desesperas porque no le ves ningún futuro viable.

    Porque hay que repensar el futuro de la humanidad.

     

    1.     Existen dos grandes modelos de la naturaleza del humano. Y defino la naturaleza de cualquier ser, como el algoritmo general de sus capacidades y dinámicas.

    Un modelo es el tradicional, estático, en el que el humano dispone de una naturaleza, fija, genética, y esa naturaleza permanece invariable, de salto evolutivo en salto evolutivo, que son de naturaleza aleatorio. El último salto evolutivo, se produjo hace unos 250.000 años, y dio origen al homo sapiens sapiens, nosotros.

    A esta naturaleza genética, la cultura, fruto del aprendizaje experiencial, transmitido de padres a hijos, la complementa, pero sin producir cambios esenciales en dicha naturaleza.

    Pero hoy día, hay un segundo modelo de la naturaleza humana, en la que esta es fluída. Este proceso es una especie de lamarckismo, según el cual la cultura, cambia de hecho la naturaleza del humano, con sus características.

    Hoy día sabemos que la mente humana funciona como un sistema, y dispone de una gran capacidad autopoética de autoreorganización, con una amplia neuroplasticidad, una capacidad que tiene el sistema nervioso para modificarse y adaptarse a los cambios del entorno.

    Este mecanismo permite que las neuronas se reorganicen formando nuevas conexiones y grupos neuronales, que respondan positivamente a las nuevas necesidades en respuesta a cambios en el entorno.

    “Es un órgano flexible, adaptativo, que se va modificando a lo largo de nuestra vida. Las conexiones neuronales se van alterando como producto del aprendizaje y la interacción con lo que nos rodea”.

    Y estos cambios culturales-neuronales paulatinos, van modificando la naturaleza humana. Por eso Ortega dijo: “El hombre no tiene naturaleza, lo que tiene es historia”. 

     

    2.     Hay momentos críticos de la historia, en los que un cambio tecnológico, es tan potente, que genera, un gran cambio en la “conciencia” humana, con una explosión creativa que se puede asimilar a un cambio de naturaleza.

    Un ejemplo fue el de la agricultura, y el sedentarismo. Con la caza, el humano debía seguir el flujo de los animales salvajes.

    En determinadas zonas se produjo una mutación recesiva aleatoria en los cereales naturales, por la cual las semillas una vez maduras, no eran expulsadas de la espiga hacia el suelo, como hasta entonces.

    Esto hizo que se mantuviesen mucho mas tiempo en la espiga, hasta la muerte total de la planta, permaneciendo varios meses en ella, sin pudrirse en el suelo, lo que aumentó el periodo de su posible recolección.

    Este aumento de la cantidad y periodo de recolección de semillas de cereales, condujo a la sedentarización y al almacenaje de las semillas sobrantes, pues bien almacenadas no se pudren.

    Pero esto ocasionó muchos robos y ataques de los cazadores hambrientos, lo que impulsó, la centralización en pequeñas comunidades defensivas, en las que ya no eran solo una tribu de familiares todos conocidos.

    La mente humana con todos estos cambios, tuvo una fuerte reestructuración interna, que se tradujo en el Neolítico, la agricultura, la ganadería, y un aumento cultural progresivo, que culminó en el 3.000 a.C. con la escritura, otro enorme hito que ocasionó una explosión cultural.

    El arquetipo tribal, que había sido el único durante mas de 3.000.00 años, (mas los de los primates), entra en crisis, y paulatinamente, aun siguiendo siendo dominante, empieza a surgir poco a poco, el arquetipo auto-reflexivo individual, que ya se manifiesta claramente en la Edad del hierro, con la aparición del alfabeto, (1.000 a.C.), y culmina en la actual postmodernidad.

    En estos cinco mil años transcurridos de Cultura, se han producido toda una serie de otros cambios intermedios, menos decisivos, pero muy significativos, como el inicio de la fabricación semiindustrial de libros en Grecia en el 550 a.C. que ocasionó un mercado de libros ya en el s. V, y posteriormente produjo el florecimiento de toda la filosofía griega.

    Posteriormente la popularización de la imprenta, ocasionó el impulso del Renacimiento y la Ilustración.

     

    3.     Pero ahora, en estos momentos, nos encontramos en un nuevo punto crítico revolucionario de nuestra naturaleza, similar al del Neolítico.

    Los cambios presentes y sobre todo futuros, en la tecnología de la información, están llevando al humano a una serie de retos, que en el estado de nuestra conciencia actual, somos totalmente incapaces, no ya de resolverlos, sino ni siquiera de plantearlos lúcidamente.

    (Como ejemplo significativo, la impotencia no ya de resolverlo, ni siquiera de plantearse el grave problema de la superpoblación mundial).

    ¿Cómo repercutirá esta enorme emergencia tecnológica, que nos está poniendo el mundo patas arriba, en nuestra naturaleza mental, en nuestros instintos y emociones, y en general en nuestra naturaleza del Tercer Milenio?.

     

    Como hemos visto en el inicio del Neolítico, una simple mutación genética de los cereales naturales, trajo el sedentarismo, la agricultura, las ciudades defensivas, y toda una revolución en nuestra arquitectura mental, al tener que convivir con gente no familiar, y que no conocemos bien.

    La nueva tecnología informática y electrónica, nos generará efectos positivos evidentes. Nos permitirá depurar fácilmente de errores mediante el fácil acceso a información verídica, como por ejemplo la Wikipedia actual, que es un pobre avance de lo que la informática puede hacer por nosotros.

    Las ayudas electrónicas a nuestro proceso mental, mejorarán extraordinariamente nuestra capacidad de discernimiento, compensando los muchos sesgos y distorsiones de la realidad, naturales de nuestra mente.

    Por otra parte, casi todos los psiquiatras hoy están de acuerdo, en que la gran mayoría de nuestros problemas de salud mental, provienen de la inadaptación a la nueva vida, fruto de los muchos cambios tecnológicos. Hemos perdido la sintonía con la vida moderna, pues mantenemos aún la organización mental del pasado.

    Tenemos que vivir en la confusión, la incertidumbre, el miedo y los altibajos emocionales, y “es como si hubiera una dicotomía entre la información y los recursos educativos universales disponibles, y los recursos emocionales para enfrentar un mundo cada vez más complejo”.

    Esos recursos necesarios para afrontar la nueva situación nos los proporcionará la nueva tecnología.

    Seguirá…

     

    • Nacho Dueñas

      Amigo Isidoro, tal vez no recuerdes, pero ya en su momento me dijiste lo mismo, que mi temor a la tecnología se debía a mi visión estática del mundo y la vida.

      No sé por qué lo piensas, pero no es así. De hecho, ando trabajando en los paradigmas transmodernos, posteistas, etc. teorizados por gente como Capra, Wilber, Prigogine, Bateson, Sheldrake, etc.

      Y según éstos, la vida tiene su “trama” (Capra), precisamente en función de su fluidez. Trama que se puede ir al carajo en cuanto se nos vaya de las manos la tecnología, como avisa Hawking.

      Ese es mi miedo.

      Un abrazo.

      Nacho.

  • oscar varela

    “este nuevo mundo que avanza a pasos agigantados.

    como dijo otro (un anterior presidente chileno)

    estamos ante un abismo ¡Demos un paso adelante!

  • oscar varela

    El VAR y la VERDAD
     https://www.pagina12.com.ar/503749-el-var-y-la-verdad
     
    1- La búsqueda de la verdad
    ha desvelado desde siempre al ser humano.
    Sin embargo, la verdad es una presa huidiza.
    Toda verdad tiene estructura de ficción,
    en su misma formulación ya existe la subjetividad del que la enuncia.
     
    2- El saber busca la verdad, pero nunca la encuentra,
    porque el saber no es necesariamente conocimiento,
    requiere de interpretaciones.
     
    3- En el fútbol se recurrió al videoarbitraje (VAR)
    En Qatar se utiliza un nuevo sistema mediante cámaras y un chip en la pelota, para determinar si hay posición adelantada en forma semiautomática.
    De asistente ha pasado a ser protagonista del resultado en varios partidos.
     
    4- La ley del offside
    Un jugador que está adelantado y sin marca,
    puede generar un gol que el desarrollo del juego no lo merece.
    Entonces quien está adelantado, es declarado en offside.
    El concepto es adecuado,
     
    5- pero tener un codo unos centímetros más adelante que el defensor,
    no le da ninguna ventaja deportiva;
    declararlo offside tergiversa los objetivos de la norma.
    Se utiliza para la medición un parámetro ajeno al juego de futbol.
    No hay compatibilidad entre el fenómeno medido,
    con su normativa y su filosofía, y el sistema de medición.
     
    6- El fútbol está hecho para la mirada humana
    y no para el ojo de un microscopio, que, si se utilizara,
    anularía un gol “por un pelito”.
    El fútbol es destreza deportiva y es también, gambeta, picardía.
    Un fútbol “aséptico”, sin la posibilidad de “la mano de Dios”,
    nos deja, no “fuera de juego”, sino sin juego.

  • Nacho Dueñas

    Buenos días.

    En un reciente comentario en Atrio, se queja Ana Rodrigo, seguramente con razón, de que el tema del feminismo en este portal no encuentra suficiente eco.

    Entiendo su dolor, y lo comparto por la parte que me toca: del feminismo se hablará poco, pero de problema del transhumanismo se habla infinitamente menos.

    Y si es fundamental liberar a a mujer del patriarcado, no menos fundamental es liberar a la humanidad de una realidad (la hipertrofia acrítica delas nuevas tecnologías). Si bien es verdad que en Atrio se publican artículos sobre esto, es verdad que el nivel y contenido de las respuestas es para echarse a llorar.

    Ya hay suficiente mimbres para advertir del peligro al que sumisamente nos adentramos, que ya apuntaron gente como Ortega, Heiddeger, McLuhan, Marcuse, Huxley, Silone, Fromm, Harari, Bergoglio, Arregi, Pigem, Hawking…).

    ¿Llegaremos tarde y mal, como con la ecología y el feminismo?

    Urge despertar, suscitar corrientes críticas de pensamiento y movimientos sociales al respecto. Me permito cortar y pegar un artículo que publiqué en la Agenda Latinoamericana 93′ que habla del tema.

    Me temo que suscitará aún menos atención que el feminismo, como seguro que con razón se queja Ana.

    Corto y pego:
    Ecotecnología como utopía versus robotización como distopía
    Ignacio Dueñas García de Polavieja (nachodue@hotmail.com)
     
    La humanidad se va a extinguir por un proceso lineal de robotización, debido a la hipertrofia acrítica del uso de la tecnología. Y nadie parece advertirlo o estar preocupado por ello. Pero no hace falta que se extinga para que merezca la pena dicha extinción, si atendemos al sistema absolutamente totalitario que, por ceguera, apatía o ignorancia, hemos permitido que se instale, nos dirija y nos hipervigile, para el lucro de una inmensa minoría, no teniendo mucho que envidiarle al nazismo o al estalinismo, a poco que se reflexione.
    De esta manera, el presente tecnocapitalismo se basa en el hipercontrol de nuestros movimientos digitales y en la cesión de nuestros datos en la red. Como sostiene Jordi Pigem en su libro Pandemia y posverdad. La vida, la conciencia y la Cuarta Revolución Industrial, el rastro digital de los usuarios de la red (que tiende a ser toda la humanidad), lo acumula la National Security Agency, perteneciente al gobierno de EEUU, y lo guarda en un centro de almacenamiento del desierto de Utah, dotado de miles de millones de bytes por persona viva. Esto nos convierte a la humanidad más dirigida y controlada de la historia, y a EEUU, en el estado más espía del planeta, superando a la Alemania de Hitler, a la URSS de Stalin o a la China de Mao. Como sostiene Jordi Pigem:
    Todo lo que tecleamos y decimos directamente a través de los medios digitales (…) puede ser rastreado y almacenado (…). La extracción y venta de nuestro rastro digital ha dado lugar a las mayores concentraciones jamás vistas de dinero y de poder”.
    Por lo tanto, si en las últimas décadas las grandes ganancias de la economía mundial iban para las empresas financieras y petroleras, éstas han sido sustituidas por las multinacionales de la actividad digital, principalmente Apple, Microsoft, Google, Amazon y Facebook, las cinco empresas de mayor valor bursátil desde hace solo un par de años.
    En esta dirección se orienta la reflexión de Shoshana Zuboff quien, en su obra The age of surveillance capitalism, sostiene que “el capitalismo de la vigilancia (…) pretende apropiarse de la experiencia humana como materia prima para prácticas comerciales ocultas”, lo cual constituye, afirma, “una amenaza para la naturaleza humana”, así como “un derrocamiento de la soberanía popular”.
    Es decir, se trata no sólo del fin de la libertad humana sino, de facto, de la misma democracia. Y lo peor es la falta de conciencia y de reacción frente a lo que está sucediendo: la caída de la humanidad en el mayor aparato totalitario de su historia, si bien de modo sutil, pero no por ello menos intenso. Es la distopía de Un mundo feliz de Aldous Huxley hecha realidad. Como es sabido, en esta obra se narra cómo a los ciudadanos, para atrofiar su capacidad crítica, se les proporcionaba todo tipo de diversiones y distracciones. Entre ellas, las orgías obligatorias (orgyporgies), la droga evasiva (soma) y los espectáculos de alta tecnología (feelies).
    Las orgyporgies serían hoy el sexo escapista y hedonista; es decir, la industria de la pornografía (precisamente en la red) y la de la prostitución, generadoras de unas ganancias astronómicas. El soma sería el narcotráfico y el consumo irresponsable de las drogas, lo cual ya utilizó Nixon para sofocar la revuelta hippie. Y el feelie, el entretenimiento de la alta tecnología, que en nuestros días son los chats, el facebook, las redes sociales, el porno en la red, los foros, los selfies…
    Sin embargo, no es la única distopía literaria la de Huxley. George Orwell, en su obra 1984, ya se refería mediante el concepto de Gran Hermano a la hipervigilancia a la que estamos sometidos. Ciertamente, parece que fue ayer cuando Marx dijo en su Crítica de la filosofía del derecho de Hegel que “la religión es el opio del pueblo”; o Marcuse, más reciente, en El hombre unidimensional, que “la televisión es el opio del pueblo”. Hoy podríamos sostener, sin gran riesgo a equivocarnos, que “la tecnología digital es el opio del pueblo”.
    Pero todo esto, hace sólo un par de años, ha dado otra vuelta de tuerca: en el 2020, ya en el marco del covid, se publicitó el Great Reset (o gran reseteado). Se trata de un proyecto promovido por el Foro Económico y Mundial, financiado, muy significativamente, por la Fundación Gates, algunos de los principales bancos del mundo (JP Morgan Chase y Goldman Sachs), y las grandes empresas tecnológicas (Google, Amazon y Facebook).
    Ya con estos financiadores se deben sospechar las intenciones. Ahora bien: ¿en qué consiste, de modo confeso, el Great Reset? Consiste en, en el contexto del covid, dar un salto cualitativo en la digitalización de la sociedad. O como sostiene uno de sus impulsores, Klaus Schwab, se trataría de “una fusión de tecnologías que desdibuja las líneas entre las esferas física, biológica y digital”. Dicho de otro modo, sostenemos nosotros, el principio de la extinción de la realidad, por inmersión en lo virtual, lo cual nos recuerda al concepto de metaverso.
    Este proyecto, último fundamento de los recientes cambios en nuestra cotidianidad por el confinamiento del coronavirus (soledad, estrés, problemas psicológicos, atención médica no presencial, cierre radical de los espacios de convivencia, separación física…), consiste, a poco que se reflexione, en un proceso de profunda deshumanización por robotización de la inmensa mayoría de la humanidad, para el beneficio económico de la inmensa minoría de la humanidad.
    Sólo esto ya es dantesco. Pero hay más: en pocos años será técnicamente posible vaciar el contenido de nuestro cerebro, incluso de modo involuntario, en una gran mente artificial. Y por tanto el vaciamiento total de la personalidad del individuo. Será el fin de la poca libertad que aún nos queda. Y no sólo eso: el historiador Harari ya ha avisado de que en dos generaciones la inteligencia artificial habrá superado a la humana. Entonces, como afirma Hawking, aquella se nos irá de las manos.
    Será nuestro fin, si antes no nos hemos robotizado y perdido nuestras capacidades esenciales (la corporeidad, la emocionalidad, la instintividad y la espiritualidad) en un proceso irreversible y lineal de robotización. Es decir, la transformación del ser humano en el cyborg, y de ahí en el robot.
    Todo esto es una de las principales amenazas de la especie, junto con la guerra nuclear, el hambre, la pobreza, y el colapso ecológico. Pero mientras que frente a todas estas amenazas ya hay cierta conciencia y resistencia, ante la distopía tecnológica no hay absolutamente nada, más allá de alguna que otra reflexión lúcida que aún no ha cundido en la opinión pública.
    Por lo tanto, habrá que crearla. Se debe fomentar una actitud masiva de rebeldía y pensamiento crítico. Todo esto desembocará en todo un movimiento social, que se podría denominar ecotecnología, y que debería, entre otras ideas, fomentar lo siguiente:
    -Surgimiento de pensadores y estudiosos que analicen la problemática y ofrezcan vías de resistencia.
    -Creación de un tejido de divulgadores y publicistas que lleven las reflexiones de los teóricos a la gente de la calle, para provocar un cambio de mentalidad.
    -Fomento del pensamiento crítico, así como difusión de nuevos hábitos de uso frente a todo tipo de dispositivos electrónicos.
    -Aplicación de la novedosa mentalidad, inédita a día de hoy, a cada una de las dimensiones de la cotidianidad, tendente a des-virtualizar la cotidianidad y volverla real.
    -Surgimiento de activistas sociales que combatan, mediante todo tipo de presión (jurídica, política, mediática, callejera…) el maridaje entre las multinacionales y lo digital.
    Nos tememos que, caso de no producirse el despertar de la humanidad frente a todo esto, sólo quede (es una posibilidad real) una minoría de inadaptados y contraculturales que, a semejanza de los hombres-libro de la excelente novela de Bradbury, Fahrenheit 451, preserven la libertad y la humanidad, aunque le cueste la satanización por parte del resto de la sociedad.
    El papa Francisco, en su ya mítica Laudatio Si, utilizó la palabra “contracultural” para citar al modo de vida que se pudiese liberar de la dinámica totalizante de la tecnología, más allá de su dimensión funcional y complementaria. Sencillamente, ante este respecto, no hay más opciones: o contracultura o extinción.
    O como afirma Jordi Pigem, en su obra ya citada, Pandemia y posverdad. La vida, la conciencia y la Cuarta Revolución Industrial:
    “Atención: estamos personalizando a los robots y, a la vez, estamos robotizando a las personas. Atención a las transformaciones sin precedentes en que ha entrado el mundo. Atención al mundo de la vida, en el presente, aquí y ahora”.

    • ana rodrigo

      El ser humano busca la felicidad total y evitar el sufrimiento desde siempre, de ahí que las religiones lo hayan resuelto de un plumazo con la existencia del cielo o el paraíso.

      La ciencia, las nuevas tecnologías conseguirán dios sabe qué, muchísimas cosas buenas y otras muy peligrosas. ¿Que hay muchos intereses en todo ello? pues claro, ya tenemos el capitalismo como adelanto de lo que pueda venir.

      Tenemos tantos frentes que no podemos bajar la guardia. Es cierto que muchas cosas mejorarán, como he dicho, pero se nos abren nuevos retos ante este nuevo mundo que avanza a pasos agigantados.

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