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Los hombres y el feminismo

Hoy es el día de la mujer, no nos olvidemos de un tema tan importante, queda mucho por hacer, y, el que haya muchas mujeres que ya vivamos, porque hemos podido, o nos dejen vivir como iguales, no quiere decir que, una inmensidad incontable cuantitativamente, sigan viviendo en condiciones inhumanas en tanto en cuanto no se las considere iguales a los hombres en sus derechos, como seres humanos que somos unos y otras.

En la vida cotidiana, millones y millones de mujeres viven siendo esclavas de su señor, el patriarca de la familia, el dueño de la voluntad de las mujeres. Este tipo de esclavitud, el machismo y el patriarcado conlleva humillaciones, desprecio, insultos, malos tratos, falta de libertad, control masculino, trabajo exclusivo de los cuidados de los miembros de la familia, temor al escuchar que el hombre abre la puerta, control de lo que hace o deja de hacer la mujer, palizas y todo tipo de agresiones físicas y en muchísimos casos el asesinato, en España en estos dos meses del año ya han sido asesinada SEIS mujeres.

En la vida social, política y económica, sólo hay que ver una foto de los mandamases del mundo y ver la ínfima representatividad femenina. Mi reconocimiento a Pedro Sánchez por tener un gobierno tan paritario, donde las ministras lo hacen igual de bien o igual de mal que cualquier hombre. Ni somos mejores ni somos perfectas, dejadnos que nos equivoquemos, después de tuna historia llena de equivocaciones de los hombres.

En la Iglesia, por muchas alabanzas que nos hagan y muchas comparaciones con la Virgen María, somos cero a la izquierda a la hora de tomar decisiones junto a los hombres, el marginarnos tan descaradamente porque nuestro sexo no tiene los atributos masculinos de los que presumen los machistas, que es lo que son los clérigos que nos impiden ser iguales siendo, como somos, personas, seres humanos, con genitales diferentes; sí, porque son los genitales masculinos los que les hacen merecedores de ser los representantes y voceros de la voluntad de Dios, un Dios masculino, claro.

La educación de las niñas y el comercio de los juguetes, ya marcan el camino a seguir a las niñas y a los niños el resto de sus vidas.

Cuando hay dependientes (infancia, discapacitad, personas mayores en la familia), generalmente son las mujeres las que, en el caso de que trabajen fuera de casa, dejan el trabajo para dedicarse a cuidar a los miembros más vulnerables de la familia.

Hay culturas en distintas regiones del mundo, donde ni se habla del tema de la mujer, incluso hay países que, además de la crianza, las mujeres son las que llevan el sustento a la familia.

Otra inmensidad de mujeres, nunca han disfrutado del sexo porque sus relaciones con sus maridos son auténticas violaciones, conscientes o inconsciente. Sin olvidarnos de que la OMS calcula entre 100 y 140 millones de niñas y mujeres que han sufrido la mutilación genital o la ablación

Una cosa que a mí me llama la atención mucho: cuando se habla de feminismo o en alguna conferencia sobre el mismo, los hombres están casi ausentes físicamente y sobre todo, están callados, ¡su silencio ¿elocuente?! ¿Por qué? ¿Acaso piensan que eso es cosa de mujeres? ¿No se les ocurre pensar que la causa de que tenga que existir el feminismo es porque el existe el machismo, el patriarcado y el androcentrismo y esto proviene de los hombres?

Las guerras son cosas de hombres, las mujeres, en todas las guerras, incluida la de Ucrania, somos las que sufrimos las consecuencias, lo estamos viendo: mujeres, niños y niñas, personas mayores a cargo de las mujeres. La historia de la humanidad es la historia de las guerras que, además de las muertes y heridos de hombres, además de los destrozos materiales, las mujeres han sido objeto de violaciones masivas junto a lo que ya he dicho anteriormente.

Por favor, no menospreciemos ni el feminismo ni del Día de la Mujer.

31 comentarios

  • carmen

    Vox es un peligro público para las mujeres , para el colectivo LGTB, y en general para todo aquel que quiere pensar y decir lo que piensa.

    Y mi gran Esperanza Blanca que era Feijóo para que hiciese una oposición responsable de ha convertido para mí en un supremacista blanco.

    Estoy desolada con todo.

    Pero, por lo menos, lo digo. Lo decimos. Y ojalá no llegue nunca jamás a echar de menos la posibilidad de decir lo que pienso, se comparta o no.

    Seguimos.

    • ana rodrigo

      Carmen, es que a VOX se le están sumando el PP en Andalucía, en Castilla y León y ahora el PP nacional a través de Feijó que le da vergüenza decir violencia de género como si VOX los tuviese agarrados por donde más les duele, el poder. Las mujeres le importamos un carajo.

      Es por este motivo por el que yo nunca en mis escritos sobre feminismo, había insistido tanto en que nos tomemos en serio este problema contra las mujeres y ahondemos en lo que supone una sociedad machista.

      Hay que estudiar a fondo lo que es el feminismo y lo que es el machismo y el patriarcado. Ya no sé cómo decirlo. “Aprender para entender, entender para ser libres” (creo que lo dijo Espinoza ¿?)

      Gracias, Carmen

  • ana rodrigo

    Ojo!!! NO nos descuidemos ni nos desinteresemos del feminismo, de lo contrario vamos a quedar en manos del machismo de VOX, Jesús Aguirre en Andalucía, Mañueco en CYL, Feijó como presidente nacional del PP y, si los sondeos se cumplen, Vox va a gobernar en muchas comunidades y, entonces no nos lamentemos de lo que pueda pasar.

    El machismo es un problema mundial, así como las ultraderechas, también son otro problema mundial. también. No nos crucemos de brazos ante tantas víctimas.

  • Isabel

    Lo siento, Ana, pero no puedo pasar por alto que traigas el ridículo curso nuevas masculinidades, este:

    https://www.elespanol.com/reportajes/20211007/hombre-ficcion-asistimos-delirante-escuela-masculinidades-colau/617439295_0.html

    para entender qué es el feminismo. ¿O te refieres a otra cosa?
     
    Ni a Ada Colau. Una mujer que ampara y subvenciona la explotación sexual, pornografía y prostitución, no es feminista. Nada más contrario al feminismo que la pornografía, escuela de desigualdad y la prostitución, una de las caras de la mayor violencia y explotación de la mujer.
     
    He dudado si poner una retahíla de mujeres feministas tanto de nuestra cultura como de cultura musulmana, son muchísimas las que se pueden leer para saber de igualdad y feminismo, pero me parece que cualquiera que tenga interés puede acceder a ellas. Muchísimas entre las que no está Colau.

    • ana rodrigo

      Gracias, Isabel por tus interesantes aportaciones.

      Quizá no debí poner lo de Colau porque es cierto que sobre la cuestión de género no tengo la información suficiente como para entrar en debate. Solamente tengo una conocida trans que se siente tan mujer como yo, pero poca cosa más puedo decir. Pero éste sería otro tema.

      Desconocía totalmente lo de Colau con respecto a la prostitución y la pornografía, ambas cuestiones totalmente rechazadas por mi. También es otro tema.

      Gracias, Isabel.

      Un abrazo

  • Isabel

    Feminismo-No feminismo 
     
    “Tengo claro que la ingeniería lingüística que ha traído el generismo queer, del que se hace abanderado PODEMOS, invisibiliza a las mujeres y sus luchas.
     
    Tengo claro que cuando se busca introducir neutros artificiosos como el «elles» pasa, que se ocultan realidades.
    R. Rosario Sanchez lo deja claro: “elles oprimen a elles” oculta que los “hombres oprimen a las mujeres“.
     
    Tengo claro, al igual que Chimamanda Adichie (que también fue linchada por el #generismointegrista), que «Diversidad no significa división. Porque podemos estar en contra de la violencia que sufren las mujeres trans mientras somos conscientes de las diferencias»
     
    Tengo claro que NO SON FEMINISTAS quienes defienden posiciones útiles a la industria sexual y reproductiva.
     
    Tengo claro que luchar contra el destino que la sociedad te depara por tu biología, es el objeto de la acción política del feminismo. Por eso, cualquier ley que refuerce el género como identidad es antifeminista. (el género es un constructo cultural opresivo para las mujeres)
     
    Tengo claro que las feministas, somos las más inconformes con el género y que la lucha feminista se basa precisamente en derribar ese constructo cultural que efectivamente se impone con violencia como bien sabemos particularmente NOSOTRAS
     
    Tengo claro que el sexo es una categoría biología concreta que no tiene por qué llevar aparejada la asignación o imposición de comportamientos sociales diferenciados. Para eso luchamos. Pero somos conscientes de que los cuerpos están sexuados: son masculino, femenino o intersexul
     
    Tengo claro que no me gusta la utilización de conceptos que solo buscan imponer la hegemonía del discurso identitario que rompe lo común. Ni en esto ni en los nacionalismo excluyentes.
     
    Tengo claro que me parece una vergüenza que se impida la representación de una obra de teatro como «Los monólogos de la Vagina» por que alguien diga que no representa a las mujeres con pene.

    Tengo claro que no se puede definir a las mujeres desde el estereotipo sexista, pòr que sería una codificación machista decir que ser mujer es adherirse a patrones de feminidad.
     
    Tengo claro que no es casual que cuando cruzamos las puertas del reconocimiento como individuas, ciudadanas y sujetos, el sistema a través de la redefinición del género como algo identitario, venga a poner en cuestión la discriminación por razón de sexo.
     
    Tengo claro que NO elegir la feminidad normativa no implica transgenerismo. Eso te lo puede confirmar la vida de millones de mujeres heterosexuales y lesbianas que están muy disconformes con la imposición de una feminidad normativa: Yo misma puedo explicartelo.”
     
    Ángeles Álvarez 
     
    ¿Hay algo aquí insultante para con los hombres?

  • ana rodrigo

    Como he comprobado en los comentarios, especialmente de los hombres, que agradezco, su inseguridad y su confesión de no conocer suficientemente el feminismo, me permito sugeriros lo siguiente a partir de la idea de que si no se sabe algo, se puede aprender y no, precisamente por ciencia infusa.
     
    En You Tube, si se busca feminario metalibrería encontraréis muchas conferencias, que yo sigo en directo cada mes, pero que quedan en You Tube. Además de infinidad de libros de profesionales muy serias y de prestigio intelectual reconocido.
     
    Hoy acabo de leer en el País:  Curso de igualdad para hombres: “Llevo muchos años intentando ser sensible con el feminismo”
    Medio centenar de alumnos asisten a clases impulsadas por el Gobierno de Navarra y para las que hay lista de espera
    De otra fuente: Colau crea una escuela de “masculinidad positiva” para acabar con la LGTBIfobia en Barcelona
    En Google se encuentra de todo sobre la igualdad.
    Lo demás, es cuestión de voluntad e interés.
    Abrazos

  • “Este tipo de esclavitud, el machismo y el patriarcado conlleva humillaciones, desprecio, insultos, malos tratos, falta de libertad, control masculino, trabajo exclusivo de los cuidados de los miembros de la familia, temor al escuchar que el hombre abre la puerta, control de lo que hace o deja de hacer la mujer, palizas y todo tipo de agresiones físicas y en muchísimos casos el asesinato”

    Reconozco que cuando escucho este discurso feminista no me siento en absoluto concernido.

    Estoy seguro de que hay hombres así, pero ni son la mayoría ni yo me siento aludido.

    Amo a mi mujer y se que ella me ama. No tenemos reparto de tareas en el hogar (ni hijos, por desgracia), cada uno hace lo que hay que hacer sin que exclusividad y sin estar agrediéndonos el uno al otro con reproches o exigencias. El amor es lo que tiene.

    Ciertamente pienso que la mujer debería tener un lugar en la sociedad más importante. creo en la igualdad de oportunidades y en la meritocracia y pienso que la igualdad suprema es la suprema injusticia porque ¿Por que no va a ser una mujer reconocida económica o socialmente mejor que yo, si ha hecho méritos para ello? Lo que hay que hacer es darle, honestamente, la oportunidad de demostrarlo.

    Y en la Iglesia a la que uno pertenezca, con más razón. Es evidente (solo tiene uno que ir a un templo de vez en cuando) que la sensibilidad religiosa, la experiencia religiosa es más profunda en muchas mujeres que en la mayoría de los hombres (no en todas, no hay más que ver un episodio de MYHYV para darse cuenta) y eso haría que tuviéramos una Iglesia más justa y sobre todo más humana.

    Pero no puedo compartir las soflamas de algunas de las recientes manifestaciones.

    Esto no es una guerra de mujeres contra hombres, ni de hombres contra mujeres.

    Y mientras se plantee así no me sentiré concernido, no será mi guerra (ya hay otras guerras donde apostar la vida), y perderán un apoyo más (y muchos más).

    Como decía aquel, no soy culpable de machismo, pero haré lo que sea necesario para que las mujeres tengan igualdad y no sean maltratadas… salvo que empiecen dándome una hostia que no me merezco.

    En ese caso, con su pan se lo coman.

    • ana rodrigo

      Estoy de cuerdo contigo, Antonio, pero quizá no hayas puesto la suficiente atención a lo que subrayo ahora en negrita del párrafo que copias de mi escrito: ““Este tipo de esclavitud, el machismo y el patriarcado conlleva humillaciones, desprecio, insultos,….” Es el machismo y el patriarcado, no los hombres, y mucho menos todos los hombres, no debes sentirte concernido ni tú ni ningún hombre no machista. Afortunadamente hay muchísimos hombres que están fuera de estas reivindicaciones del feminismo, porque ya han superado esta lacra social, la lucha es contra el machismo no contra los hombres.

      Hay muchos prejuicios a este respecto y por eso  hay muchísimos hombres que no participan en nuestras reivindicaciones, porque piensan que cuando hablamos de machismo nos referimos a ellos o así lo perciben.

      Es una lucha de todos y de todas porque, como he dicho hasta saciedad, nos beneficiamos todos y todas. Lo que pasa es que como a lo largo de la historia y ahora mismo, las perjudicadas en esta lucha somos las niñas y las mujeres, por eso la lucha tiene que ser conjunta, porque queda mucho, muchísimo, por hacer.

      Mil gracias por tu participación, mil gracias en nombre de las mujeres porque seas como eres, un hombre menos en el machismo y en el matriarcado. Enhorabuena, y un fortísimo abrazo. La feministas queremos mucho a los hombres, como ya dije ayer, más que si no lo fuésemos, porque una relación de igualdad es lo mejor que nos puede pasar a los seres humanos. Pero no podemos olvidar a los millones de mujeres que su vida es un suplicio por lo que llevamos dicho y denunciado.

      Otro abrazo y mil gracias.

      • Llevas razón, Ana.

        Las feministas razonables e inteligentes como tú, solo incluís en vuestra protesta a los hombres machistas.

        Y créeme contra esos, como contra l@s que discriminan a l@s gays (me dan nauseas las declaraciones del patriarca Kiril), o a los gordos (y en eso me siento especialmente concernido), o a cualquier otro colectivo discriminado, estaré siempre a la cabeza.

        Lo que pasa y te explico la razón de tanta confusión es que de la misma manera que el término machista es único y universal; todos sabemos qué significa y lo que queremos decir al usarlo, con el término feminista no. Ser machista es malo y ser feminista como tú es bueno.

        Pero esas feministas que salen a la calle y me discriminan por ser hombre, me insultan por ser hombre, o me desprecian solamente por ser hombre, sin saber qué tipo de hombre soy no son buenas; y son muchas.

        Y sí, seguro que sois muchas más las que sois como tú, pero ellas gritan más.

        De ahí esa confusión que tú señalas y que comparto contigo.

        Conozco mujeres que harían que el término “matriarcado” fuera tenido por abominable, pero luego miro a mi madre y pienso… si todas las mujeres fueran así, el matriarcado sería la organización perfecta.

        por favor. las que sois inteligentes, haced lo que podáis porque no nos metan a todos en el mismo cesto que yo haré lo mismo.

         

        otro abrazo

        • ana rodrigo

          Hay de todo en todos los colectivos humanos. Ni las mujeres feministas o no feministas somos buenas, ni somos perfectas, ni somos mejores por el hecho de serlo. Fijémonos en lo importante, en la causa por la que luchamos, lo demás no va a ninguna parte, como tantos otros aspectos. Llevo más de 40 años escuchando que las feministas somos cuatro locas, que qué más queremos, que lo tenemos todo, que queremos ser más que los hombres, etc.etc., pero yo, ni caso. Yo pienso en las niñas que son vendidas, que son violadas, que las casan, que las mutilan, que trabajan desde niñas, que no pueden ir a la escuela, que dependen del varón sea el que sea (padre, hermano, tío), y así con tantos millones y millones de mujeres víctimas de mil cosas; eso es lo que me importa. Que el dedo no nos impida ver la luna.

          Gracias. Un abrazo

  • ana rodrigo

    Insisto y no me disculpo porque no es obligación leerme.
    PREDICAR EN EL SEDIERTO?
     
    Como tengo la impresión de que en atrio no se manifiesta mucho o casi nada la preocupación y rechazo sobre los millones de mujeres que viven como seres humanos de tercera, voy a dar ideas por si a alguien le interesa.
     
    Las he sacado de un artículo publicado en RD por de JJ. Tamayo titulado DE LA MORAL DE ESCLAVAS DE LAS RELIGIONES PATRIARCALES A LA ÉTICA EMANCIPATORIA DEL FEMINISMO.
    Moral de las religiones
    Obedecer a los hombres, someterse a ellos, aguantar insultos y malos tratos, soportar las cargas que les caigan como los cuidados y la responsabilidad del hogar, sacrificarse por los demás (que sacrificada es), los cuidados como vocación, obligación y destino de las mujeres, Depender de, no tener vida propia ni autonomía, perdonar siempre, ser humilde, recatada, discreta, comedida, es decir humillarse, invisible, la obligación de que la mujer deba ser hacendosa, no acceso a los órganos de decisión de las religiones, etc.
     
    ALTERNATIVAS FEMINISTAS
    Resistir al patriarcado, a la misoginia, al sexismo, al androcentrismo y no someterse a sus imposiciones. El patriarcado es una cárcel de la que hay que liberarse.
    Rebelarse contra la sinrazón, que se quiere imponer a las mujeres como verdad. Afirma Mary Wollstonecraft: “Las mujeres solo deben doblegarse a la autoridad de la razón”.
    Negarse a: decir “no”: “no es no” en todos los terrenos: sexual, afectivo, intelectual, moral.
    Empoderarse versus humillarse.
    Ser autónoma, independiente: tener un proyecto propio de vida. Escribe Mary Wollstonecraft: “El uso de la razón es lo único que nos hace independientes”.
    Compartir los cuidados, las tareas domésticas. La ética del cuidado no pertenece a la naturaleza de las mujeres ni es tarea única suya; debemos practicarla tanto hombres como mujeres.
    Ser autónoma, independiente: tener un proyecto propio de vida. Escribe Mary Wollstonecraft: “El uso de la razón es lo único que nos hace independientes”.
    Compartir los cuidados, las tareas domésticas. La ética del cuidado no pertenece a la naturaleza de las mujeres ni es tarea única suya; debemos practicarla tanto hombres como
    Afirmar y defender la propia corporalidad. Afirma Eduardo Galeano: “Dice la ciencia: el cuerpo es una máquina. Dice el mercado: el cuerpo es un negocio. Dice la Iglesia: el cuerpo es pecado. Dice el cuerpo: yo soy una fiesta”.
    Defender la igualdad entre hombres y mujeres: Afirma Mary Wollstonecraft: “Las desigualdades entre los hombres y las mujeres son tan arbitrarias como las referidas al rango, la clase o los privilegios”.


    Creo que tanto la ética feminista como las religiones deben regirse por el imperativo que estableciera la filósofa feminista Mary Wollstonecraft (1759-1797): “No quiero que la mujer domine sobre el hombre, sino que sea dueña de sí misma”, y conformar así una sociedad 
     

     

    •             Ana, Isabel, y todas, todas, no nos molestáis en Atrio por mil veces que lo contéis así; y mil veces lo hacemos propio en el pensar y el hacer. Creo que lo intentamos. Muchos. No nos cansáis. ¿Por qué callamos, entonces? Ponerlo en el nivel de J.J. Tamayo, todavía no sabemos, y repetir lo que decís, pues nos da apuro. Y sí, es verdad, cada reflexión masculina en la denuncia, mi experiencia es que no es acertada o completa en algún sesgo o concepto. A menudo pasa. Con humildad intelectual, lo acepto, lo aceptamos muchos; es hora de aprender. Pero piensa-pensad que todavía, creo, no hay plena libertad para debatir esa realidad y su ideario. Cuando siento esto, puede que sea por uno mismo, y no por vosotras, pero yo creo que no hay suficiente libertad todavía. Vale, todo sea por la causa, el silencio también es por la causa justa de las mujeres en mi sitios y formas sometidas. Falta mucho para terminar con nuestra mente patriarcal y machista, y, por ende, bien vale un silencio en pago de esa culpa y abuso, y sumarse a las mejores propuestas en la vida personal y social.

                  ¿Ayuda esto? Me dirás, diréis, NO. Pues todavía no veo claro cómo hacerlo que no sea subscribir lo que mujeres de reflexión poderosa y honesta planteáis. Así lo vivo, como quien aprende. Sabes-sabéis lo que pasa, que a nosotros ver a algunos hombres en primera línea de reflexión y acción feministas nos suena un tanto a protagonismo impropio; nos fiamos menos que de vosotras; ¿dónde estaban y cómo viven ellos su día a día laboral, familiar, político o religioso, en este sentido?; no sé; y de ahí, el silencio.

                  Y luego está, minorías sin duda, pero muy influyentes, que directamente -hablo de la manifestación en las ciudades que conozco-, prácticamente te insultan; al hombre común y sencillo que se suma con honesta sinceridad, prácticamente te insultan. ¡Qué barbaridades no pueden gritarse en muchas de las que llevan esta iniciativa! Lógicamente, no debes inmutarte, pero es lógico que te vayas diciendo, ¿esto he venido a apoyar?, ¿este ideario? Me consuela ver a mucha gente joven, mujeres y hombres, que dicen, así no. Yo, me adelanto, nunca voy a condescender con el rencor y el desprecio humano de nadie. Me lo explicaré, pero no lo aceptaré.

                  Más no puedo decir, sino reiteraros que lo que he leído en este hilo lo comparto, lo acojo y me ayuda a cambiar mente y corazón. ¡Hay tanto quehacer en la Iglesia, (y en la sociedad)! Si me callo, ahora, es porque más no sé, y mi disposición de escucha es enorme.
                 
                  Un cordial saludo a todas, Ignacio

      • ana rodrigo

        Mis palabras de agradecimiento en tu participación se quedan pobres. Gracias.

        Me extrañan algunas cosas que dices.

        Las reflexiones de los hombres, sean del tipo que sean, yo las agradezco doblemente, por eso he titulado mi artículo Los hombres y el feminismo, porque creo que sois los auténticos coprotagonistas en las soluciones. El silencio, como ya he dicho, es terrible, porque el problema de las cuatro mil millones de mujeres en el mundo se quedan en las alcantarillas, donde sólo hay ratas, es decir machismo, patriarcado y androcentrismo y todas sus consecuencias de marginación y violencia.

        Mis primeros maestros en feminismo fueron dos hombres, uno, Tamayo y otro un compañero del instituto. ¿Por qué? Porque se metieron en la piel del problema y se pusieron a reflexionar, a estudiar y a creerse que sin la puesta en marcha de los hombres, las cosas seguirían igual que a lo largo de toda la historia, con todos los problemas que he indicado a lo largo de mis comentarios de estos días. Los hombres sois víctimas de la historia patriarcal de la sociedad, por eso hay que ponerse manos a la obra en beneficio de hombres y mujeres, como sería una sociedad igualitaria. Es como cuando un padre que no quiere acercarse a su bebé porque a él no le enseñaron a jugar con las muñecas. No hay que tener miedo, hay que trabajárserlo.

        Ya sabes mi “latiguillo”, ¿cómo los hombres, en especial los clérigos (y aquí en atrio) saben tanto de Dios a quien nadie ha visto, y no nos ven a nosotras que estamos a su lado?

        El que en las manifestaciones algún grupo diga estupideces, no es eso la esencia del feminismo que busca el respeto mutuo. El otro día en la mani de Granada había un grupo que decía “no queremos tus piropos, queremos tu respeto”. Ya sabes que en cualquier movimiento social siempre hay de todo, pero hay que ir a la esencia.

        También me extraña muchísimo, pero muchísimo que digas ” no hay plena libertad para debatir esa realidad y su ideario.” Al revés debe haber y creo que la hay porque es una cuestión de derechos humanos. Ya sabes aquel artículo “todos somos iguales…. (no lo recuerdo de memoria en este momento).

        Te mando un fuerte abrazo y todo el ánimo que a mí me falta tantas veces cuando parece que, como he dicho, “predico en el desierto”

        Te doy un truco, coges cualquiera de las denuncias que he enumerado y tiras del hilo, ya verás la cantidad de cosas y nefastas realidades que hay detrás  en la oscuridad, en el silencio.

        ¡¡¡Uníos a nosotras!!! No os asuste el feminismo porque os queremos más que si no lo fuésemos.

        Un nuevo abrazo

  • Juan A. Vinagre

    No me olvido de tu artículo ni de la reflexión que haces, Ana, tan necesaria. Continuando con la reflexión que acabo de hacer con Santiago, cabe decir que el tema de la mujer -a la que Jesús no marginó, al contrario- es muy importante. Sin embargo, sus discípulos (al menos unas décadas después) la marginaron en la Iglesia, imponiéndole pasividad y silencio… Y porque la Iglesia no supo ser fermento en este tema, la sociedad llamada cristiana continuó con la discriminación… hasta hoy. Aunque la sociedad da muestras de cierto cambio: -ahí están ministras y primeras ministras etc.-, la Iglesia es más conservadora y reticente que la sociedad civil, cuando debía ser al contrario…   Por eso, aquí se encuentra otro tema a revisar -tema que no es menor-, aunque los amigos defensores rígidos de la tradición y de la doctrina eclesiástica se resistan a revisarlo, porque también esa tradición es “palabra de Dios”…  (¡De un dios que discrimina…!)

    • ana rodrigo

      Muchísimas gracias por tu aportación, querido Juan A. Dentro de mi gran decepción por el aparente desinterés sobre un problema de millones de víctimas en el mundo como son las niñas vendidas, violadas, mutiladas, las mujeres prostituidas, sufrientes de tantos malos tratos, asesinadas, víctimas de las guerras, y un sin fin de etcéteras, en atrio parece ser un problema menor, y, hoy, tú me has dado un gran alegría. Gracias en nombre de las víctimas mujeres. Ya sé que hay muchas otras víctimas y problemas en el mundo, pero en este pots hablábamos de los sufrimientos de las mujeres, sólo porque son mujeres como única razón.

  • Isabel

    Te comprendo perfectamente, Ana.

    Dice Consuelo Vélez:

    ”…  hace falta tener coraje para seguir insistiendo en este cambio porque crece también el rechazo a quienes lo seguimos promoviendo. Sin duda es más fácil contentarse con lo que hay. Gloriarse por lo que se ha alcanzado. No arriesgarse a ser enlistadas en el grupo de mujeres que rompen la armonía que tiene la sociedad patriarcal frente a varones y mujeres. Mejor proponer que se tenga paciencia y no se levante demasiado la voz porque va a incomodar y eso puede ser peor…”

    Así es, es a lo que nos arriesgamos, a ser tildadas de pesadas como poco. En el mejor de los casos se nos trata de contentar con algunas ideas paternalistas como que somos tan buenas, cuidadoras y sacrificadas… con una “esencia” especial de mujer. Pero eso es lo que se hace con víctimas diversas, dotarlas de una supuesta categoría superior que pueda hacerlas sentirse bien en esa su condición de víctima, una forma más de conseguir que todo siga igual.

    Sigamos molestando. Otros son inasequibles al desaliento, en lo que dicen y en lo que callan.

    • ana rodrigo

      Cuánta razón tienes, querida Isabel.

      Voy a seguir provocando un poco más. Yo soy de las que siempre han ido y van a todas las manifestaciones callejeras por causas justas, (ahora con los años, 80 dentro de unos días), participo en el tramo que me es posible debido a mis limitaciones de movilidad), y cuando vemos tantos espectadores a ambos lados de la calle, canturreamos “no nos mires, únete”. Pues eso.

      No puedo comprender lo que la gente sabe de Dios, al que nadie ha visto, mientras sabe o aparenta saber tan poco o nada del 50% de la población mundial, que somos las mujeres, seres visibles y tangibles, humanas, tan al alcance de conocer la situación de tantos millones de sometidas al patriarcado estructural ubicado en el ADN social, al que se puede acceder sólo con abrir los ojos de nuestra atención y empatía. ¿Por qué ocurre esto? Otro misterio más….

      Gracias, Isabel, no me dejéis sola. Os cuento una cosita: como tienen tan poco seguimiento explícito mis más de 20 posts en atrio sobre las mujeres, este año pensé no escribir nada, pero cuando el día 8 vi que nadie había hecho ni mención al Día internacional de la mujer, me puse y escribí de un tirón lo que os he compartido., Ya sé, nada brillante intelectualmente (no hace falta mucha intelectualidad), pero es lo que me ha salido del corazón, con cuestiones de las que se puede tirar del hilo. Ya veis, yo no paro de hacerlo, sin ningún master sobre el tema, ni sobre nada. ¡¿Impertinente? feminismo!, impertinente Ana Rodrigo. Qué le vamos a hacer, aquí seguiremos.

      Gracias a quienes habéis participado y gracias a quienes me habéis leído.

      Yo, por mi parte seguiré leyéndoos y opinaré cuando tenga algo que decir, que no es siempre.

       

    • mª pilar

      Para mí, no es “contentarme” es hacer fuerza de otra manera, y para mí mucho más eficaz.

      Trabajar en directo, “poner toda la carne en el asador” para conseguir cabios en cada momento.

      A mis 82 años, ya no salgo a manifestaciones, pero no dejo de sembrar la semilla que puede hacer cambiar alguna reacciones negativas hacia las mujeres; y da resultado si el hombre que está cerca no es un “mentecato”, ante ellos, nada se puede hacer.

  • Gonzalo Haya

    Cómo sería el Génesis si lo hubiera escrito Eva. Hubiera empezado por aclarar que ella no nación de ninguna costilla, ni conoció a ninguna serpiente, ni ofreció manzanas a nadie, y que Dios no le dijo: parirás con dolor y tu marido te dominará. Y que todas esas historias eran mentiras que su marido declaró a la prensa.

    Eduardo Galeano

    Yo habría dicho mitos, o símbolos, en vez de mentiras; pero comprendo que la exageración es una cualidad muy expresiva, y que Jesús también la uso en ,lo de la piedra de molino o el camello y el ojo de la aguja

    • ana rodrigo

      Gracias, querido amigo Gonzalo, por tu comentario.

      ¿Y como hubiese sido la Iglesia si hubiese habido mujeres a la hora de decidir dogmas y ritos y normas y teologías?

      ¿Y como hubiese sido la humanidad si la mujer hubiese participado desde el principio en la estructura política, económica y humana de la sociedad?

      Ya sé que son preguntas retóricas referidas al pasado, pero que actualmente se pueden remediar, y, parece que estamos en ello. Que se acabe el androcentrismo de una puñetera vez, que ya es hora, que las mujeres también somos capaces de pensar, de hacer, de colaborar y convivir de igual a igual.

      Un abrazote.

  • Isabel

    No sé qué te parecerá, Ana, ni a ti ni a Antonio que traiga esto aquí, pero no obstante ahí va.
    Mujeres ucranianas: de “úteros de alquiler” a carne de cañón
    Nazanín Armenian el 8 de marzo.

    https://blogs.publico.es/puntoyseguido/7662/mujeres-ucranianas-de-uteros-de-alquiler-a-carne-de-canon/

     

     

    • ana rodrigo

      Interesante y recomendable artículo el de el enlace que nos propones, querida Isabel. La autora parece tener mucha información que yo desconocía sobre la época postsoviética o la situación de la mujer en Ucrania, sobre lo que no puedo opinar.

      En todo el artículo se desprenden varias conclusiones sobre la mujer en el mundo, con un denominador común: las injusticias que se cometen contra ellas, siempre cuando se las considere objetos de usar y tirar.

      Leyendo lo que otros y otras saben, se aprende mucho, algo necesario para construir un mundo mejor donde todos los seres humanos, independientemente de su sexo, tengan acceso a los Derechos humanos.

      Todo aquello de lo que no se habla, se queda en las alcantarillas, en la oscuridad, como si no existiera. Y esto es lo que pasa con estas calamidades de las mujeres, aquí, a nuestro lado, y en lugares geográficamente lejanos, pero que deberían estar cerquita de nuestro corazón.

      Siempre que atrio me publica algún texto sobre mis “impertinencias feministas”, tengo la tentación del desánimo ante la poca participación, pero enseguida me levanto, porque creo en la causa que defiendo y llevo muchos años en este camino de obstáculos como para venirme abajo ahora. ¡ni hablar! Siempre pa`lante con fe y con esperanza de que los frutos del trabajo nunca son inmediatos, pero siempre aparecen en un momento u otro, aunque se muy lenta la espera.

      Más abrazos para todas y para todos.

  • salvador santos

    Hace más de diecinueve siglos el Galileo dejó para su entierro una tradición que había sacralizado la desigualdad entre mujeres y hombres. Y, no tuvo escrúpulo alguno a la hora de poner en marcha un Proyecto donde las mujeres ocupaban el lugar que le correspondía, el preeminente.
     
    Las mujeres adheridas a su Programa vieron en él su mejor futuro y, en contra de murmuraciones, enemistades y chismorreos, acompañaron a Jesús en su andadura desde Galilea hasta el lugar donde fue ejecutado. Los hombres del grupo nunca cejaron en sus ambiciones durante todo el trayecto hasta su detención. Las mujeres, en cambio, solo dejaron por el camino muestras de lealtad. Solo las mujeres se atrevieron a permanecer en la capital. Únicamente ellas presenciaron el ajusticiamiento. Una mujer, María la Magdalena, fue la inconformista que sacó a los atemorizados hombres del grupo de su madriguera empujándolos a recomenzar el Proyecto del Galileo. Mucho más tarde, cuando Pedro empezó a entender lo que las mujeres hacía tiempo habían comprendido, receló de la judaizante comunidad oficial y se dirigió confiado  a una comunidad conocida por el nombre de una mujer. Se llamaba MARÍA. De ella nació Marcos:
     
    “Una vez que cayó en la cuenta (Pedro) fue a casa de MARÍA, la madre de Juan, el llamado MARCOS” (Hech 12,12a).
     
    En EL PROGRAMA DE JESÚS (IX) saldrá a colación el tema de la igualdad entre la mujer y el hombre. Ahí tendremos otra oportunidad de ver con detalle la posición del Galileo respecto al tema. De eso hace más de diecinueve siglos. Quienes, llamándose discípulos, hayan alterado y dado el cambiazo a ese mensaje, han pretendido sin duda encauzar por el buen camino a su incorregible Maestro.

    • ana rodrigo

      Magnífico comentario, como siempre, querido Salvador. La lástima es que durante cerca de dos mil años, sus llamados discípulos hayan cambiado el mensaje de, como tu dices, el incorregible Maestro, la Institución Iglesia. Pero ahí siguen los evangelios para que no nos olvidemos de la vida y mensaje del Jesús, el Galileo, hombre que vivió con toda su alma las necesidades de los y las demás.

      Siempre me ha llamado la atención lo real e impactante que debió ser el mensaje de Jesús y el ejemplo de las mujeres, como para que los escritores de los evangelios, hijos de una sociedad machista y patriarcal al cien por cien, recogiesen un comportamiento tan novedoso como fue considerar a las mujeres como iguales, así como a esas mujeres que estuvieron “en las duras y en las maduras” como se dice habitualmente, siendo las primeras que tuvieron la fortísima experiencia de que Jesús no había muerto, de que su mensaje era mensaje de vida. Cosa que la jerarquía católica todavía no se ha enterado.

      Este último punto nos deja la impresión de que la cuestión de las mujeres interesó y se abrió paso con mayor rapidez de lo que está ocurriendo ahora, aunque duró poco.

      Pero, seguiremos el camino del Maestro, el de los Derechos humanos y el del sentido común, a tiempo y a destiempo, contra viento y marea.

      Son miles de millones y millones y millones de mujeres en el mundo las que necesitan que explicitemos nuestra inquietud, nuestra lucha y nuestras ganas de que se acabe el patriarcado y el machismo.

      Quizá quienes estamos en atrio lo tengamos medio o muy claro que esto debe ser así, pero no olvidemos nuestra solidaridad y nuestra lucha por liberar de la esclavitud a tantas hermanas nuestras que lo necesitan.

      La manifestación de ayer en Granada, fue una maravilla, miles y miles y miles de gente joven. Esta es nuestra esperanza. Pero quienes no somos tan jóvenes, debemos estar a la altura de tanta necesidad de igualdad aunque hombres y mujeres hayamos sido víctimas de una sociedad patriarcal; porque los hombres, también son víctimas de lo que se les ha enseñado y deben reaprender lo que las mujeres feministas (no todas lo son) estamos defendiendo, algo tan sencillo como el respeto entre seres humanos.

      Perdón que alargue tanto, pero, para mí es un tema interminable e interminado, al mismo tiempo que me sorprende que inspire tan poco o nada a tanta gente.

      Ya sabéis mi mantra favorito en boca de Mary Lady: “Si Dios es hombre, el hombre es Dios”.

      Manifiesto solemnemente que no estoy en contra de los hombres, estoy en contra del machismo y del patriarcado y de las injusticias contra las mujeres. Si a alguno de los atrieros les molesta lo que digo, lo siento, y si se sienten ofendidos porque yo me haya excedido en algo, os pido perdón.

      Abrazos todos los que queráis y necesitéis. Ana

  • ana rodrigo

    Me alegro volver a leerte, Oscar.

    Impresionante la escena de dos personas que no se habían conocido ni a sí mismas, ni a la otra con la que han convivido ocho años. Uf me recuerda tantas cosas personales de mi vida personal.
    Hablo por experiencia, como excepción, y sin que sirva de precedente, pues no me gusta hablar de mi vida privada, hoy voy a hacerlo para demostrar que no todo son teorías o ideologías o entelequias. Yo, como Nora, tomé la decisión de divorciarme del que era hasta entonces mi marido y el padre de mis hijas, con una mano delante y otra detrás. Me quedé sola, (porque en un momento determinado se olvidó de que era padre) con cuatro hijas, dos biológicas y dos no biológicas, una de ellas sorda de nacimiento a la que conseguí que hablase, que no fuese sordomuda, hizo dos carreras, nunca suspendió, solamente el inglés en EGB porque el profesor se negaba a dar clase a una persona sorda y no le hacía ni caso. En Selectividad sacó un 8 en inglés y otro 8 en francés.  Lleva 16 años trabajando en una empresa en diseño gráfico y marketing. Y he sacado yo sola pa`lante a las cuatro, aún cuando ya se han independizado y me han necesitado. Es un pequeño ejemplo, porque hay millones de mujeres que hacen muchísimo más en peores condiciones que yo.
    Eso de la conciliación familiar se queda en su mayor parte para los hombres, las mujeres casi siempre tenemos doble jornada. Sí, como he dicho tantas veces, vamos avanzando en cuanto a los hombres, pero no de forma generalizada.
    Cuando un hombre se va a divorciar o se divorcia, o enviuda, enseguida busca una mujer….
    Una mujer en las mismas condiciones, incluso aunque el padre de sus hij@as se desentienda de ell@s, siguen adelante con todo y con tod@s.
    Con que el sexo débil!!!! Eh?

    • mª pilar

      ¡¡¡Felicidades Ana!!! Tienes que estar dichosa por la hermosa labor que has realizado en tu vida, no solo como mujer ¡que ya es suficiente!

      Me refiero a tu entrega como madre, para mí, mucho más importante. Quizá alguno de ellos…ni lo vean…¿y qué? peor para ellos, eso nos da su categoría personal.

      También hace falta mucho valor para salir de un “circulo vicioso”… que me lo den todo hecho… Puedes estar feliz por tu vida y muy especialmente con tus hijas, porque no solo las alimentaste:

      ¡Las educaste!

      Y eso es de un gran valor lleno de amor hacia ellas, las hiciste capaces de ser.

      Me alegra mucho que hayas compartido una parte de tu vivir, puede fortalecer la voluntad de otras mujeres, que no se decidan ha dar ese paso liberador cuando las “cosas” no funcionan.

      Un gran abrazo muy entrañable.

      ¡Gracias Ana!

  • carmen

    Iré a la manifestación a las siete de la tarde en mi ciudad. Murcia.

  • oscar varela

    HACE 143 AÑOS
    CASA DE MUÑECAS – Final en el Acto tercero (escrito en 1879)
    (Henrik Johan Ibsen – 20/31828 – 23/5/1906)
    (su Esposa:Suzannah Ibsen (1858–1906)
    …………………………………………………
    HELMER.—¿No te has acostado todavía? ¿Has vuelto a vestirte?
    NORA.—(Que se ha puesto el traje de diario) Sí, Torvaldo; he vuelto a vestirme.
    HELMER.—¿Por qué a estas horas?
    NORA.—Esta noche no pienso dormir.
    HELMER.—Pero, querida Nora…
    NORA.—(Mirando el reloj) No es tarde todavía. Siéntate, Torvaldo; tenemos que hablar.
    HELMER.—Nora, ¿qué significa? Esta seriedad…
    NORA. — Siéntate. La entrevista será larga. Aún tenemos mucho que decirnos.
    HELMER.—(Sentándose enfrente de ella) Me asustas, Nora. No te comprendo.
    NORA.—Es verdad: no me comprendes y tampoco yo te había comprendido…. hasta esta noche. No me interrumpas. Escucha lo que te digo… Se trata de ajustar cuentas.
    HELMER.—¿Qué pretendes?
    NORA.—(Después de una pausa) Ahora estamos frente a frente. ¿No te llama la atención una cosa?
    HELMER.—¿Qué quieres decir?
    NORA.—Hace ocho años que estamos casados. Reflexiona: ¿no es la primera vez que los dos, tal como somos, marido y mujer, hablamos juntos seriamente?
    HELMER.—Seriamente, sí. ¿Qué quieres decir?
    NORA.—Ocho años han pasado …, y más aún, contando desde nuestro primer encuentro, y nunca hemos sostenido una conversación sería sobre un asunto grave.
    HELMER.—¿Debí acaso iniciarte en esas eternas preocupaciones que no hubieras podido disipar?
    NORA.—No hablo de preocupaciones. Quiero decir que nunca, sea por lo que fuere, hemos intentado ver juntos el fondo de las cosas.
    HELMER.—Pero, querida Nora, ¿era ésa una ocupación para ti?
    NORA.—¡Eso es! Nunca me has comprendido… Habéis sido injustos conmigo, Torvaldo. Papá, primero; después, tú.
    HELMER.—¿Cómo? ¿Los dos? ¿Pero quién te amó como nosotros?
    NORA.—(Moviendo la cabeza) Vosotros no me habéis amado nunca. Os ha parecido divertido estar en adoración ante mí. Eso es todo.
    HELMER.—Pero, Nora, ¿qué quiere decir ese lenguaje?
    NORA.—Así es, Torvaldo. Cuando estaba con papá, me exponía sus ideas que yo compartía. Si pensaba otra cosa, me lo callaba. Le hubiera disgustado. Me llamaba su muñequita y jugaba conmigo como jugaba yo con mis muñecos. Después vine a tu casa…
    HELMER.—Hablas de nuestro matrimonio de un modo extraño.
    NORA.—(En el mismo tono.) Quise decir que de las manos de papá pasé a las tuyas. Todo te lo arreglaste a gusto tuyo y yo lo compartía, o bien fingía compartirlo, no recuerdo ahora bien; tal vez ni cosa ni otra; unas veces, una y veces, otra. Mirando hacia atrás, me parece que he vivido como viven los pobres…. al día. He vivido de las piruetas que hacía por ti, Torvaldo. Pero esto te gustaba. Tú y papá sois muy culpables respecto de mí. Vosotros tenéis la culpa si no sirvo para nada.
    HELMER.—Eres absurda,  Nora, absurda e ingrata. ¿No fuiste dichosa aquí?
    NORA.—No. Creí serlo pero nunca lo fui.
    HELMER.—¡Tú no has…, tú no has sido dichosa!
    NORA.—No. Fui alegre, nada más. Eras muy cariñoso conmigo, pero nuestra casa no fue más que salón de fiesta. Fui en tu hogar la mujer-muñeca, como antes, en el hogar de papá, fui la niña-muñeca. Y nuestros hijos fueron también, muñecas para mí. Me parecía a mí divertido que tú jugaras conmigo como a ellos les parecía divertido que yo jugara con ellos. Así fue nuestra unión, Torvaldo.
    HELMER.—Hay algo de verdad en lo que dices, aunque exageras y añades demasiado. Pero en el porvenir todo cambiará. Acabó la hora del recreo y empieza la hora de la educación.
    NORA.—¿La educación? ¿Cuál? ¿La mía o la de los niños?
    HELMER.—Una y otra, querida Nora.
    NORA.—¡Bah! No eres, Torvaldo, capaz de educarme para convertirme en una esposa como es debido.
    HELMER.—¿Y tú dices eso?
    NORA.—Igual que yo. Tampoco estoy preparada para educar a mis hijos…
    HELMER.—¡Nora!
    NORA.—¿No decías hace poco que era una labor que no te atrevías a confiarme?
    HELMER.—Lo dije en un momento de enfado. ¿Quieres ahora recordármelo?
    NORA.—No, por Dios. Pero tenías razón. Es una labor superior a mis fuerzas. Hay otra que debo realizar antes. Quiero educarme a mí misma. Tú no puedes facilitarme este trabajo. Lo debo emprender sola. Por eso quiero dejarte.
    HELMER.—(Levantándose de un salto) ¿Qué dices?
    NORA.—Necesito estar sola para darme cuenta de mí misma y de todo lo que me rodea. Así no puedo quedarme a tu lado.
    HELMER.—¡Nora! ¡Nora!
    NORA.—Voy a marcharme en seguida. Me refugiaré en casa de Cristina esta noche.
    HELMER.—¡Estás loca! No tienes derecho a irte. Te lo prohíbo.
    NORA.—Ya no puedes prohibirme nada. Me llevo lo que es mío. De ti no quiero tener nada, ni ahora ni nunca.
    HELMER.—¿Qué significa esta locura?
    NORA.—Mañana partiré para mi casa; quiero decir para mi país natal … Allí encontraré fácilmente un medio de vivir.
    HELMER.—¡Estás ciega, pobre ser sin experiencia!
    NORA.—Ya procuraré crearme la experiencia, Torvaldo.
    HELMER.—¡Abandonar tu hogar, tu marido, tus hijos! ¿No piensas en lo que dirán?
    NORA.—No puede detenerme eso. Sólo sé que para mí es indispensable.
    HELMER.—¡Oh! ¡Es irritante! Vas a traicionar los deberes más sagrados.
    NORA.—¿Qué consideras tú como deberes más sagrados?
    HELMER. — ¿Necesito decírtelo? ¿No son los deberes hacia tu marido y tus hijos?
    NORA.—Tengo otros tan sagrados como ésos.
    HELMER.—No los tienes. ¿Cuáles?
    NORA.—Los deberes conmigo misma.
    HELMER.—Ante todo eres esposa y madre.
    NORA.—No lo creo yo así. Ante todo soy ser humano, con igual derecho que tú, o por lo menos debo intentar serlo. Sé que la mayor parte de los hombres te darán la razón, Torvaldo, y que esas ideas andan impresas en libros. Pero yo no he de guiarme por lo que dicen los hombres ni por lo que imprimen en los libros. Necesito yo misma formarme mis ideas y procurar darme exacta cuenta de todo.
    HELMER.—¿Qué? ¿No te das cuenta de tu sitio en el hogar? ¿No tienes una guía infalible, la religión, para orientarte?
    NORA.—¡Ay, Torvaldo! ¿Y si te dijera que no sé exactamente lo que es la religión?
    HELMER.—¿No sabes lo que es?
    NORA.—Respecto de ese particular no sé más que lo que me dijo el pastor Hanser al prepararme para la confirmación: la religión es esto, la religión es lo otro. Cuando esté sola y libre, estudiaré esta cuestión como tantas otras. Veré si el pastor decía la verdad o, por lo menos, si lo que decía era verdad con relación a mí.
    HELMER.—¡Parece increíble que esto lo diga una joven! Pero si la religión no puede guiarte, deja al menos que sondee tu conciencia. Porque supongo que por lo menos posees sentido moral. ¿O tal vez careces de él? Contesta.
    NORA.—Mira, Torvaldo, me es difícil contestar. No sé nada. No puedo entender nada de eso. Sólo sé una cosa: que mis ideas difieren enteramente de las tuyas. Acabo de comprender que las leyes no son lo que yo creía, pero lo que no me cabe en la cabeza es que esas leyes sean justas. ¡Una mujer no tiene derecho a evitar un disgusto a su anciano padre moribundo, ni a salvar la vida de su marido! Esto no puede hacerse.
    HELMER.—Hablas como un niño. No comprendes nada de la sociedad de que formas parte.
    NORA.—No, no comprendo nada. Pero quiero averiguar quién tiene razón, si la sociedad o yo.
    HELMER.—Estás enferma, Nora, tienes fiebre. Hasta llego a creer que has perdido la razón.
    NORA.—Me encuentro esta noche con más lucidez y más seguridad en mí misma que nunca.
    HELMER.—¿Y con esta seguridad y esta lucidez abandonas a tu marido y a tus hijos?
    NORA.—Sí.
    HELMER.—Esto no tiene más que una explicación.
    NORA.—¿Cuál?
    HELMER.—¿No me amas ya?
    NORA.—Eso es: ése es el secreto de todo.
    HELMER.—¡Nora! ¡Y me lo dices así…!
    NORA.—Me da mucha pena, Torvaldo, porque siempre fuiste bueno para mí. Pero nada puedo hacer. Ya no te quiero.
    HELMER.—(Procurando dominarse) ¿D esto también estás perfectamente convencida?
    NORA.—Absolutamente. Y por eso no quiero permanecer aquí.
    HELMER.—¿Y puedes explicarme cómo perdí tu amor?
    NORA.—Sí. Fue esta noche cuando vi que no se realizaba el prodigio esperado. Entonces comprendí que no eras el hombre que imaginaba.
    HELMER.—Explícate. No te entiendo.
    NORA.—Durante ocho años he esperado con paciencia. Ya sabía yo que los milagros no se realizan todos los días. Por fin, llegó la hora de angustia. Entonces pensé con seguridad que iba a realizarse el milagro. Mientras la carta de Krogstad estuvo en el buzón no pensé ni por un momento que hubieras podido doblegarte a las exigencias de ese hombre. Creía firmemente que tú le dirías: Vaya usted y publíquelo todo. Y al realizarse esto…
    HELMER.—¿Creíste que entregaría mi mujer a la vergüenza y al desprecio público?…
    NORA.—Y cuando se hubiera realizado estaba completamente segura que ibas a presentarte a cargar con la responsabilidad y a decir: Soy el culpable.
    HELMER.—¡Nora!
    NORA.—Vas a decir que no hubiera aceptado este sacrificio. Claro está. ¿Pero qué hubiera significado mi afirmación enfrente de la tuya? ¡Sí! ¡Ése era el milagro que esperaba con terror! Y para impedirlo quería morir.
    HELMER.—Con alegría, Nora, hubiera trabajado por ti noche y día. Todo lo hubiera sufrido a gusto, disgustos y preocupaciones. Pero nadie ofrece el honor al ser que ama.
    NORA.—Millares de mujeres lo han hecho.
    HELMER.—Piensas como un niño y hablas igual que piensas.
    NORA.—Sea. Pero tú no piensas así y no hablas como el hombre al cual hubiera podido seguir. Una vez tranquilo, no sobre el peligro que corría yo, sino sobre el que pudieras correr tú mismo, lo olvidaste todo. Vuelvo a ser el pajarillo cantor, la muñeca que estabas dispuesto a llevar en brazos, como antes, con mayores precauciones porque has tenido pruebas de su fragilidad. (levantándose) Escucha, Torvaldo. Desde aquel momento me parece que he vivido ocho años en esta casa con un extraño y que he tenido tres hijos… ¡No quiero ni pensarlo! ¡De buena gana me destrozaría yo misma en mil pedazos!
    HELMER.— (con voz apagada) Ya veo que, desgraciadamente, un abismo nos separa. Pero dime, Nora, si hay algún medio de salvarlo.
    NORA.—Tal como soy, no puedo ser tu mujer.
    HELMER.—Tendré fuerza de voluntad para transformarte.
    NORA.—Tal vez…, si te quitan la muñeca.
    HELMER.—¡Separarnos!… ¡Separarme de ti! No, no, Nora, no puedo acostumbrarme a esa idea.
    NORA.— (Dirigiéndose a la puerta de la izquierda) Razón de más para acabar cuanto antes.
    (Sale y vuelve con sombrero y abrigo y un saquito de mano, que coloca sobre una silla cerca de la mesa)
    HELMER.—Ahora no, Nora; ahora no. Espera a mañana.
    NORA.—(poniéndose el abrigo) No puedo pasar la noche en casa de una persona extraña.
    HELMER.—¿Y no podemos seguir viviendo juntos como hermano y hermana?
    NORA.—(sujetándose el sombrero) Demasiado sabes que no podría durar mucho. (echándose el chal sobre los hombros) Adiós, Torvaldo. No quiero ver a los niños. Sé que están en mejores manos que las mías. Tal como soy actualmente…, no puedo ser para ellos una madre.
    HELMER.—¿Pero algún día… Nora… algún día?
    NORA.—¿Qué quieres que te conteste? No sé lo que será de mí.
    HELMER.—PERO, SUCEDA LO QUE SUCEDA, SIEMPRE SERÁS MI MUJER.
    NORA.—Oye, Torvaldo: cuando una mujer abandona el domicilio conyugal, como yo lo hago hoy, las leyes, según me han dicho, desligan al marido de todo deber para con ella. En todo caso, yo te doy plena libertad. No necesitas considerarte ligado, como tampoco yo he de considerarme así. Libertad entera por ambas partes. Toma: tu anillo. Devuélveme el mío.
    HELMER.—¿También eso?
    NORA.—Sí.
    HELMER.—Toma.
    NORA.—Gracias. Ahora todo acabó. Dejo las llaves allí. Por lo que respecta al manejo de la casa, la criada la sabe …. lo sabe mejor que yo. Mañana, después de mi marcha, Cristina vendrá a arreglar en una maleta todo lo que traje al venir aquí. Quiero que me lo envíen.
    HELMER.—¡Todo acabó! ¿No querrás nunca ya pensar en mí?
    NORA.—Pensaré en ti con frecuencia, naturalmente, y en los niños y en la casa.
    HELMER.—¿Puedo escribirte, Nora?
    NORA.—¡No! ¡Nunca! Te lo prohíbo.
    HELMER.—Pero yo podré enviarte…
    NORA.—Nada. Nada.
    HELMER.—Ayudarte, si lo necesitas.
    NORA.—No. Te digo que no. No acepto nada de una persona extraña.
    HELMER.—Nora… ¿No seré para ti nunca más que una persona extraña?
    NORA.—(tomando el maletín) ¡Oh! Torvaldo, sería necesario para ello el mayor de los milagros…
    HELMER.—¿Cuál?
    NORA.—Sería necesario que los dos nos transformáramos en un grado tal…  Pero, desgraciadamente, Torvaldo, ya no creo en los milagros.
    HELMER.—Pues yo sí quiero creer. Dilo. Debíamos transformarnos en un grado tal que…
    NORA.—Que nuestra unión fuese un matrimonio verdadero. Adiós.
    (Vase por la puerta de entrada)
    HELMER.— (Dejándose caer una silla, cerca de la puerta, y cubriéndose el rostro con las manos) ¡Nora! ¡Nora! (Levanta la frente mira en torno suyo) ¡Se ha ido ¡Se ha ido! (Con esperanza naciente) ¿El mayor de los milagros?
    (Se oye el ruido de la puerta de la casa, que se cierra)
    ……………………………………
    FIN DE «CASA DE MUÑECAS»

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