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Pensamiento crítico y pensamiento mágico en todo

No es la primera vez que subimos un artículo de Isidoro García (lo he hecho también con otros autores), puesto como comentario, a la página central. Isidoro es pensador añejo, con mucha lectura y experiencia (dirigió hace años una revista de autoayuda) y buen escritor. Me encanta dialogar con él, pero prefiero hacerlo aquí que en subcomentarios. Hoy nos plantea si la opción de tratar al Misterio como un Tú presente, una persona, es un placebo o no. AD.

Leo un artículo de Eduardo Manchón sobre el “pensamiento mágico en la empresa”, (que también lo hay, en forma de muchas asesorías), en el que reconoce una realidad psicológica universal, que se puede aplicar a cualquier aspecto de la vida.

Su tesis es que casi siempre el pensamiento mágico, irracional, existe porque cumple una función muy útil, de resolver una necesidad vergonzante, e inconfesable, que tenemos, pero que nos negamos a admitir, y hacer consciente a nosotros mismos, por lo que la encerramos con siete llaves en lo más profundo de nuestra mente.


En esto sigue el principio de Wagensberg, de que “toda idea ausente se preanuncia con una paradoja o contradicción presente”.

Entonces vamos por la vida, con una falta angustiosa de todos los datos de la realidad, y con esta falta de datos, y sobre todo de la pista más significativa, es una locura, tomarse la vida totalmente en serio. Hay que permitirse alguna salida, alguna locura, alguna irracionalidad.

Hay que adaptarse a la situación, y por eso no se puede ir a hacer un trabajo sucio, vestidos con el traje de gala. No se recoge cardo, vestido de largo.

Por eso el materialismo y el cientificismo a ultranza, es algo bueno, pero en una situación que es inoportuna e incongruente: Es como una cataplasma para el cáncer, o el Código de conducta en un Manicomio.

Es tan compleja la mente humana, que muchas veces cuando hay un “engaño”, en realidad se trata de un autoengaño, en que la persona, no solo sabe o presiente que le están engañando, sino que necesita creer en el engaño: le gusta creer en ello, I want to believe.

Y todo esto con el disfraz de perfectamente racional. “El círculo se cierra completamente cuando nos damos cuenta de que no hay engañador, ni engañado, que nada es lo que parece y que en realidad lo que sucede es que el producto placebo cubre maravillosamente una necesidad inconfesable.
       Una pomada con una parte por millón de árnica no elimina el dolor de una contusión de un niño, pero hace sentirse mejor a los padres cuando la aplican”. (Eduardo Manchón).

Muchas veces nos ciega lo facilón. Y si hay algo facilón es lo de “cherchez la femme, o l’argent”. Casi siempre, la gente en realidad, no actúa por el dinero, o por el poder. Sino que actúa, por una carencia interior, una debilidad que no puede permitirse, para mantener su autoestima de una pieza, y que disfraza con otros objetivos aparentes, que no son más que trampantojos, para autoengañarse.

La sociedad dictamina que los hombres son fuertes, no lloran, y a las mujeres les gustan que los hombres las protejan, y por eso, como yo no doy la talla de ese arquetipo cultural vigente, me dedico a ir a saco por la vida, sin escrúpulos y ninguna mala conciencia, para demostrar y sobre todo demostrarme, mi propia “fortaleza”.

Parafraseando a Manchón en su frase final: “Es hora de buscar el verdadero conflicto existente, y utilizar el pensamiento crítico, colocando a las personas frente al espejo, y conocer la realidad”.

16 comentarios

  • M. Luisa

    Ciertamente, Isidoro  en  sus escritos  muestra    tener  gran experiencia en cuestiones que se derivan de la psicología humana.  Sin embargo, el escepticismo por mi parte   me sobreviene cuando   se piensa que en el psiquismo humano no hay en él otro nivel  más que   este anímico  estado  en el que se fija E. Manchón.

    Su análisis representa solo un aspecto de la realidad psíquica  de la persona,   aquel   en el que la realidad queda convertida en objeto, de ahí la manipulación y la magia, de ello ya se habló  con gran entusiasmo en vida de J. Herrero del Pozo.

    Ahora bien lo que se universaliza   para acomodarse a ella, a esa magia,  no es el psiquismo humano que por constituir estructura  es ya de por sí  universal,  sino ese aspecto meramente anímico   en el     que la magia campa por sus fueros.

    No hay más que considerar, por ejemplo, que el horizonte de  estos autores que últimamente nos comparten su  estudio y sus indagaciones   sobre  la posibilidad de otra forma  de trato con el Misterio, es de gran abarque campal y nada tiene que ver con la limitación de ese campo perceptivo  en el que se apoya E. Manchón.

    El punto de referencia no lo constituye el campo perceptivo sino ese panorámico campo  de realidad   intelectiva que le otorga dinamicidad.

  • Santiago

    Gracias Isidoro..Claro que podemos acercarnos a la fe “atisbando” solamente..La gracia de Dios puede empujarnos sin coacción hacia verdades que trascienden nuestras fuerzas naturales..Sin embargo debemos huir de la “mercantilidad” y descansar en la “sinceridad” de nuestra intención que siempre debe ir dirigida hacia el Bien que es nuestro último gol..

    Ahora bien la fe católica “no es mágica” ni vamos a “ver” de inmediato, NO es visión clara, sino en penumbra y por tanto admite grados. Así los discípulos pedían a Cristo: “Seńor, auméntanos la fe” (que lo que está faltando al mundo de hoy).

    Por otro lado la FE objetiva se basa en Dios mismo que es la Verdad Suprema y Absoluta y por tanto no podemos dividirla, pues es UNA.

    Pero por parte nuestra es subjetiva porque puede existir mayor o menor certeza del entendimiento en nuestro asentimiento y .también puede existir mayor o menor  prontitud, devoción o confianza con que  a la inteligencia impera aquel sincero asentimiento.

    Un saludo cordial y con mis mejores deseos que tengas un Feliz Año Nuevo 2022

    Santiago Hernández

  • Isidoro García

    Amigo Santiago, yo creo que las religiones se supone que están para el humano, no el humano para las religiones, (lo del sábado). Y por ello, hay que tener un claro postulado de entrada en lo religioso, y es que por encima de todo, debe servir para hacer más suave y ligera la vida del humano, no para ponerle más peso encima.

    Dices, al principio de tu comentario, que No podemos usar la fe como mero paliativo (un) “por si acaso””. ¿Y por qué no?. ¿No sería maravillosa una religión que proponga una fe que sirva de paliativo y bálsamo a la condición humana?.

    Los que nos obsesionamos con el pensamiento, muchas veces perdemos el norte de la brújula: ¿Aquí a qué estamos a setas o a Rolex?

    ¿La verdad?, ¿qué verdad?. Parafraseando a Machado, lo que cuenta es el sufrimiento humano, la verdad guárdatela.

    Si quiero verdades, estudio las Ciencias. Yo lo que quiero son ilusiones, porque como decía Pascal: “El hombre tiene ilusiones como el pájaro alas. Eso es lo que lo sostiene”.

    La fe, son ilusiones que se hace el humano para endulzar un poco el aceite de ricino de la vida. ¿Está mal? ¿Somos unos blandengues?.

    Y necesitamos tanto las ilusiones-creencias, que por eso muchas personas no revisan sus creencias, por miedo a quedarse sin ninguna, (Antoni Bolinches).

    Por eso yo creo en la fe instrumental, interesada, que luego poco a poco la mente humana va transformando en convicciones, al igual que las jovencitas novias guapas, acaban “enamorándose” de su anciana pareja millonaria, para no tener una idea de sí mismas, como de una mercenaria cazafortunas.

    Del “interés”, rápidamente se pasa al “agradecimiento”, y de este al “enamoramiento”. La mente humana es así de “funcional”.

     

    Es verdad que posiblemente disponemos en nuestro Inconsciente Colectivo, un arquetipo de lo “numinoso”, que facilita la adscripción a “algo” del más allá. Pero es genérico, y de ahí la diversidad de creencias concretas.

    Por eso la fe religiosa no es una idea intuitiva que se nos ha ocurrido, y que aceptamos como verdadera, sino que es la adhesión a una propuesta que nos hace la cultura a la que pertenecemos.

    Y en ese sentido, en la fe, funciona mucho más el arquetipo tribal, que la mente individual autoreflexiva, aunque nos “autoengañamos”, para reafirmar nuestra autonomía personal, que en realidad es mucho más limitada de lo que nos gustaría.

    Total, que la fe es un fenómeno cognitivo mucho más complejo de lo que parece, y donde intervienen muchos elementos que no son controlables, y no es simplemente una cuestión de “voluntad”.

  • Santiago

    No podemos usar la fe como mero paliativo “por si acaso” ella es verídica. “La fe es la conciencia de lo que esperamos y la evidencia de las cosas invisibles” (Heb 11:1-2)

    Sin duda la fe es primariamente un fenómeno del interior, parte mi profundidad. Pero la “cuerda de salvación” que Dios envía a cada ser humano desde arriba lo hace por medio de actos humanos y con seres humanos y no “al modo angélico” que es totalmente infuso.

    Porque el asentimiento de la fe está basado en 2 facultades exclusivamente humanas: inteligencia y voluntad que se encuentran en y dependen de un sustrato biológico y actúan a través de los sentidos tanto físicos como espirituales aunque van a parar al centro del ser existencial.

    Es por eso el obsequio de la fe en la confianza de la esperanza es muy conforme a la razón y “nuestros cuerpos han de ser nuestro culto espiritual” (ROM 12:) y con los auxilios internos del Espíritu Santo quien siempre nos dirige al bien que supone la fe religiosa.

    A estos  auxilios internos se juntan con argumentos externos de la Revelación teológico-histórica cuya màxima expresión central es la Persona de Cristo.

    Por eso la FE es tanto objetiva como subjetiva. Dios obra tanto “en el querer como en el obrar”. Dios siempre da la gracia pero “si no queremos” la fe, evidentemente, es una imposibilidad

    Un saludo cordial

    Santiago Hernández

  • Isidoro García

    Amigo Juan Antonio: Las experiencias religiosas son algo muy real, desde el punto de vista psicológico. Pero eso no quiere decir que correspondan a la explicación que nuestra mente les da.

    Cuando nos sucede una experiencia “paranormal”, nuestra mente busca enseguida un patrón causa-efecto que lo explique, pues si no lo encontramos, sufrimos una “trauma”, y nos paraliza.

     (“Un trauma es una impresión sensorial, que no puede tramitarse en el momento en que se recibe, bien por su intensidad, su falta de sentido, o por incapacidad cognitiva del sujeto para gestionarla”, Francisco Traver). 

    Pero somos muy buenos en encontrar un patrón explicativo, incluso a veces lo encontramos aunque no exista uno claro.

    Yo, por mis escritos, está claro que creo en la existencia real de las experiencias religiosas y espirituales. Y creo que la fuente de ellas está en unos determinados programas neuronales arquetípicos, que constituyen parte del Inconsciente Colectivo de Jung.

    Ahora bien, eso no quiere decir, que porque sintamos emocionalmente y con intensidad, el contacto con “Dios”, o con la “divinidad”, se trate exactamente de eso: de “Dios” en persona.

    Puede ser “sólo” el efecto de unos mecanismos mentales, aparecidos en la mente humana, por la evolución emergente, (y si se quiere, en último término, por “Dios”, que sería el creador y sostenedor de las Leyes del Universo).

    Estas ideas son la base de una moderna visión religiosa naturalista y no-teísta, sin sobrenaturalismos, y sin necesidad de una acción directa de la divinidad, (polémica entre teísmo y no-tesísmo).

    El eliminar el sobrenaturalismo de nuestra concepción del Universo, parte de la eliminación del “pensamiento mágico”: todo lo que se pueda explicar por razones naturales, evita utilizar las razones sobrenaturales. (Navaja de Ockham). Con lo extraordinariamente maravilloso que es el Universo, no es necesario, meterle adhesivos sobrenaturales.

     

    Esto es evidente, creo yo, para cualquier persona moderna. Pero hay muchas resistencias a reconocerlo. ¿Por qué?. Por las razones que exponía en el artículo.

    Un humano moderno, tiene que cambiar el chip, y retraducir toda la religiosidad tradicional, (incluidas las palabras concretas de Jesús, que no olvidemos que hablaba para las personas de su época).

    Jesús, hablaba en arameo. Pero sabía que los humanos del futuro, traducirían sus palabras al idioma moderno de cada uno. Pues exactamente igual sucede con los planteamientos teístas, milagrosistas, del Dios providencial que atiende directamente a los humanos, y mantiene con nosotros una relación padre-hijo/a.

    Hay que retraducir a Jesús. Ahora bien, el que por razones psicológicas, necesite ayudas emocionales, y le sea más útil ver y relacionarse con Dios a la antigua, pues muy bien. Hay que ser muy comprensivo con la “fe del carbonero”, pero un poco menos con los que no son “carboneros”.

    Porque esa “carbonerización”, (bajo la coartada de una falsa humildad, o de obediencia debida), puede ser fruto de un proceso de “infantilización” insano e improcedente en una persona madura, y que no tiene nada que ver con lo que creo que Jesús se refería cuando hablaba de volver al vientre de nuestra madre, (renacer).

    Ahora bien, la vida nos pega tantos palos, que muchas veces, no podemos ir de chulitos, y aguantar todo a pecho descubierto, y necesitamos “pomadas para el alma”, que yo considero que es el teísmo tradicional.

    No es una vergüenza usar pomadas para las heridas, y lo que sea necesario. Por eso dijo Jesús: «Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

    Todos los yugos, que no sean llevaderos fácilmente, y con carga ligera, no son de los que hablaba Jesús.

     

  • Juan A. Vinagre

    Aunque hay varias ideas en el artículo de Isidoro, que necesitan más elaboración -como sugiere Gonzalo y el mismo Isidoro reconoce y en parte matiza después-, creo que se puede percibir la intención de fondo del artículo.   Mi comentario quiere centrarse -aunque sea brevemente, y también yo lo elabore poco- por una parte en la contraposición “pensamiento mágico” (por esencia inmaduro)   y  “pensamiento racional crítico” (que intenta una explicación con fondo más objetivo, aunque no siempre lo consiga),  y por otra en la fe como proyección, como placebo o como apuesta sustentada en una cierta base racional y razonable, pero sobre todo por una vivencia muy personal.   Resumiendo mucho, pues, diría:

    -La fe -y la religión que se deriba de ella- en muchos casos puede ser una proyección  y/o aplicarse como un placebo… En muchos casos, la fe puede ser un mero mecanismo de compensación ante la propia insuficiencia, un puerto de acogida ante el fracaso o los miedos personales…, y hasta servir de opio que ayuda a soportar cargas y sinsentidos íntimos…  O acaso se mezcle la fe y la religión con esos mecanismos de proyección y/o de compensación… (y hasta con la creación de hábitos, mediante una especie de refuerzo aleatorio, tipo Skinner…..)    Sabemos que muchas “formas de piedad religiosa” fueron-son producto de esos mecanismos…    En algunas letras de canciones religiosas (incluida la, por otra parte, admirable “SALVE REGINA”), se advierten mezclas de visiones de fe y de piedad religiosa con poco sentido evangélico…   El “valle de lágrimas” responde a una concepción religiosa de la vida, propia de su época…     (Por eso deben revisarse ciertas formas de piedad religiosa. No preciso más.)  Quien vea la vida-tierra como valle de lágrimas vivirá la fe y religión de forma distinta a quien la vea de modo más optimista, como oportunidad de invertir en talentos solidarios…, que mejoren la convivencia humana en la tierra…  Lo cual dará lugar a varios tipos de teologías… y de espiritualidades…  En este último caso, la proyección puede tener un origen más profundo, y  puede brotar impulsada por una tendencia-instinto más sano hacia algo trascendente. Hay sueños razonables que pueden ser proyecciones que surgen de lo más profundo de uno mismo, y no pueden reducirse a “pensamiento mágico”.  (Ni a “ELLO”)     Sueños-sentimientos,-vivencias, que han experimentado muchas personas privilegiadas como Agustín, Francisco de Asís, Juan de la Cruz, Teresa de Ávila (pese a sus…), Teresa de Lisieux, H. Cámara, O. Romero, P. Casaldáliga, Carlos Bazarra… y tantos creyentes anónimos…, que afirman su fe porque de alguna manera han vivenciado lo Trascendente…

    En este camino de búsqueda de fe, impulsada por un instinto profundo, ha escrito un libro (que conozco solo por referencias autorizadas) el profesor J. M. Bering: “The belief instinct”. La fe no es la conclusión de un raciocinio, sino el resultado de una búsqueda humilde, guiada por una tendencia profunda íntima y muy personal. En este caso, la fe -el Objeto de la fe-, es más claro que la luz de mediodía…

  • Isidoro García

    El amigo Román, susceptible siempre con su fe, pone el dedo en la llaga: ¿Es la fe un autoengaño instrumental?.

    Esta cuestión está relacionada con el llamado “pensamiento mágico”. El pensamiento mágico, proviene de los inicios de nuestra cultura: es un mecanismo mental, para manejar situaciones inciertas y complicadas.

    Skinner, descubrió el fenómeno de las palomas supersticiosas. Las palomas, y en general todos los seres vivos, tenemos un mecanismo, por el que cuando nos sucede algo beneficioso, tendemos a repetir, lo que estábamos haciendo en ese momento: los rituales como forma de manejar situaciones inciertas.

    Y viceversa, aprendemos excepcionalmente bien cuando nos sucede algo muy malo: intoxicaciones alimentarias, encuentros peligrosos, etc.

    Para sobrevivir necesitamos desesperadamente conocer el mundo en que nos movemos y buscamos patrones en el mundo que nos rodea, porque no poder predecir en absoluto lo que viene a continuación nos genera un alto nivel de ansiedad e incertidumbre.

    Y si esos patrones no existen, (porque no hay causalidad alguna, o no es evidente), nos los inventamos.

    La dopamina es el aceite y la gasolina que facilita esa búsqueda de patrones. El neurocientífico suizo Peter Brugger, en experimentos constató, primero, que las personas religiosas, o creyentes en lo paranormal, veían más claramente caras y figuras, en fotos borrosas, que los auto-declarados escépticos.

    Y además, que si se les inyectaba un precursor de la dopamina, veían más cantidad de caras y figuras, que a los que se les había inyectado un placebo.

    O sea que cuando se afirma que Dios da la fe o no la da, puede ser materialmente cierto. Las personas con más dopamina natural, son más propensos a creer cosas no del todo probadas. Somos más crédulos.

    La dopamina aumenta la detección de patrones en nuestro entorno, y si no los hay claramente, los inventa.

    “Si nos enfrentamos a una situación muy impredecible, en la que no tenemos referentes ni podemos anticipar lo que va a ocurrir, nuestro cerebro eleva los niveles de dopamina para poder detectar patrones que nos permitan elaborar teorías causa-efecto y así poder controlar el entorno. 

            Y en estas situaciones es donde especialmente surgen las supersticiones. Así que ante un estado de confusión mental e incertidumbre, desarrollamos el pensamiento mágico como mecanismo de adaptación. 

            La superstición se mantiene por la creencia de que podemos influir en el resultado de las cosas, y a veces parece que necesitamos sentir una gran sensación de control. (Alberto Moreno).

     

    O sea que cuando uno cree en algo, no le está haciendo ningún beneficio a ese algo, sino se lo está haciendo a uno mismo: aumenta poderosamente, la sensación de control de la situación, y eliminación de incertidumbre. Así somos, y con estos bueyes tenemos que arar.

  • Isidoro García

    (Consideradlo, como una ampliación de artículo).

     

    Lleváis razón en el sentido de que el “artículo”, está poco elaborado. Solo era un comentario, un esbozo que me ha suscitado la reflexión del artículo, de un especialista en gestión de empresas, que es muy reflexivo y crítico con la gente de su sector.

     

    1.    E inmediatamente he pensado, que los mismos mecanismos mentales, que nos explican el mundo de la empresa, deberían también ser utilizados, para analizar bien la naturaleza psicológica de la religión organizada.

    Dice Eduardo Manchón: “Hay un mercado para el pensamiento mágico, ese mercado es muy grande y el mundo de la empresa no es una excepción”.

    Pone Manchón unos ejemplos muy curiosos, y que dan que pensar. Dice que si los directivos de las empresas se dejan “medio engañar”, por unos consultores, que en muchos caso, les están vendiendo una burra coja, a un precio muy alto, es porque quizás las cosas no son lo que parecen, (y si descubriéramos el verdadero objetivo de las cosas, entonces empezaríamos a comprenderlo todo). Dice:

    -Quizás un MBA no vende educación que abra las puertas del mercado laboral, es directamente una agencia de colocación donde los profes “recomiendan” estudiantes a empresas. 

    – Un software de RRHH, quizás no se diseña para mejorar la gestión del personal, sino para ayudar al jefe del departamento a ganar influencia en la organización. 

    – Una agencia de publicidad, quizás sabe que su trabajo no es conseguir campañas más efectivas, sino que el jefe de marketing pueda justificar su derrochador presupuesto. 

    – Y que quizás los creadores de productos placebo para jefes, no tienen como objetivo mejorar la empresa, sino satisfacer a los directivos inseguros, que necesitan demostrar que se merecen el puesto.

     

    2.    Quizás tenemos unas necesidades ocultas, por inseguridades, o por carencias personales, etc., y en el fondo tratamos de satisfacerlas, disimulando con otro tipo de objetivos más institucionales.

    Y yo pensaba que quizás les pase algo parecido en las religiones organizadas, y también a los creyentes de a pie.

    En el catolicismo concretamente, lo que se ha ofertado hasta ahora, y se sigue ofertando es la salvación individual y una vida después de la muerte.

    Oficialmente, lo que se difunde es que “Dios” ha hecho una revelación directa y una promesa de salvación, pero la realidad es que el creyente, no tiene que creer y confiar en “Dios”, que no le ha dicho nada, sino en los clérigos, que afirman, lo que a su vez les han afirmado a ellos. Todo es una cadena de confianzas.

    ¿Y por qué otorgamos esa confianza, en unas circunstancias cognitivas, tan vaporosas” y “sospechosas”?. ¿No será que “necesitamos” creer en ello, debido a la angustia que nos produce el hecho de la muerte cierta, y a la sensación generalizada de falta de sentido de nuestra vida?.

     

    3.      El ser humano, es un islote intermedio entre la vida no consciente, y la Inteligencia capaz de conocer la Realidad del Universo.

    Si todos los átomos, moléculas químicas, seres unicelulares y pluricelulares, tuviesen consciencia de sí mismos y de su situación, y pudieran hablar, se oiría un ruido ensordecedor de quejas y lamentos en todo el Universo. El Universo, es un sistema maravilloso, pero no se basa” que digamos, en que sus componentes, tengan una “buena vida”.

    El sentido de la “vida” humana, considerado individualmente, es algo muy muy negativo: nos es casi imposible ser felices, que es lo que daría sentido a nuestra vida.

    Y eso nos angustia mucho y en todo caso nos genera una fuerte neurosis congénita. La angustia existencial que nos produce, o la olvidamos reprimiéndola en nuestro interior profundo, lo que nos ocasiona inevitablemente una alienación personal, o si aflora a la mente consciente esa ansiedad insoportable, nos genera mucho dolor y hasta puede conducirnos al suicidio.

    El afrontarla conscientemente, y mantenernos firmes en la idea materialista y cientificista, de no creer nada de lo que no haya pruebas suficientes, nos condena a una situación que definía anteriormente de inoportuna o incongruente,

    Entonces el pensamiento mágico, es para nosotros un gran “placebo”, que como todo placebo, nos causa un gran efecto positivo, aunque racionalmente no nos lo debería hacer.

    Por eso, como dice Manchón, “hay un mercado muy grande, para el pensamiento mágico”, en todas sus variedades.

     

    4.    Conocer, lo que se dice conocer, la realidad del Universo, no la sabemos, porque no estamos en condiciones cognitivas de saberlo. Nos falta mucho hardware para ello, (quizás en un futuro, con la ayuda de la I.A. estaremos en mejores condiciones de conocerlo).

    Y por eso, tendríamos que ser humildes. Conocer la realidad del Misterio, con nuestro escaso equipamiento neuronal, y con la cantidad de desequilibrios psicológicos y emocionales, es una apuesta alocada, comparable a la del mito de la Torre de Babel.

    Y en esta situación, el pensamiento mágico, debidamente limitado, y siendo conscientes del mismo, no es tan mala solución, para estas circunstancias estructurales de la humanidad actual.

    Porque la otra alternativa, el pensamiento absolutamente racional, mantiene unas grandes zonas negras desconocidas, en nuestro mapa del conocimiento, lo que supone incrementar nuestros desequilibrios psicológicos, con lo que intentar logra la tan deseada lucidez, solo es una meta a largo plazo, a circunstancias mas favorables, a la que la tecnología del futuro, nos promete acercarnos.

    Yo personalmente, me intereso mucho por los mecanismos neurológicos de la espiritualidad, que yo considero bastante “razonable”, pero hay que reconocer, que no dejan de ser hipótesis, muy esperanzadoras de acercarnos a la realidad, pero que hoy por hoy, no deja de ser una variante más de pensamiento mágico.

    Todas las “experiencias” subjetivas, incluso aquellas que nos proporcionan una fuerte sensación de realidad, no dejan de ser subjetivas y errables.

    Pero yo reivindico que es mejor la movilidad que nos proporciona una prótesis aunque sea imperfecta, que la parálisis alienadora y patológica, que puede producir, la constatación de vivir en una incertidumbre, de la que tardaremos aún bastante tiempo en salir.

    • m* pilar

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

       

      • m* pilar

        Ayer no pude escribir nada, no me lo permitió  el programa.

        Isidro darle las gracias de nuevo por este artículo.

        Solo compartir mi mirada; cuando una persona toma una opción ante una propuesta de vida, y lo hace, porque una fuerza más fuerte que ella misma, se esmera por conocer, y descubrir interiormente la esencia que encierra, y esa es una labor constante, y  busca personas  que le ayuden ha comprender esa esencia-espiritu que  encierra y lo va “limpiando” de todo montaje superfluo que le añaden. Cotemplo la  vida de las personas que lo hacen:

        ¡Vida!

        Es solo mi manera de mirar, y le doy las gracias por expresar cuantos tropiezos nos pueden “engañar” en nuestro caminar.

        Dentro todo ello, en mi sencillo y profundo ser.

         

  • Román Díaz Ayala

    El artículo de Eduardo Manchón de El Confidencial ha dado pie al autor, Isidoro García, para hacer un  acopio de  su propia cosecha de pensamientos que desgrana siempre con su buen estilo y criterio.

    No podemos oponer pensamiento crítico con  pensamiento mágico como si fuesen excluyente cuando en realidad existen muchas formas de pensamiento además del crítico y el mágico, como el creativo, por ejemplo, y una multitud de conocimientos diversos. Por tanto resulta ilógico la descripción que se hace aquí del pensamiento mágico, calificándolo de irracional y que la razón de su existencia por una necesidad vergonzante e inconfesable que ocultamos no haciéndola consciente . Eduardo Manchón no se atreve a tanto y lo oculta bajo el eufemismo de la homeopatía (como un placebo que se aplica al incauto). Pero, claro, se puede decir que para la siquiatría el pensamiento mágico es lo opuesto al pensamiento lógico. pero no estamos en esas tesituras ni creo que Isidoro también lo esté. Mas bien pretende confirmarse en que “el materialismo y el cientificismo a ultranza es algo bueno, pero una situación que es inoportuna e incongruente” (para quien se refugia en el pensamiento “mágico”, por ejemplo)

    Su conclusión es clara: la fe es un autoengaño. Seguro. Para Isidoro la fe cristiana sólo es una forma de creencia. mientras que el cientificismo es una evidencia.

     

     

    • Santiago

      El llamar pensamiento mágico  a todo lo que relaciona con la fe cristiana contradice a la misma realidad de ella puesto que la fe no se basa  en abstracciones superfluas y mitos atemporales.

      Pero la base de nuestra fe es La Palabra de Dios hecha humanidad. Pero Jesús nació en la plenitud de los tiempos -en pleno apogeo de la cultura- en el año 15 del reinado de Tiberio, “siendo Poncio Pilato procurador de Judea, Herodes Tetrarca de Galilea y Filipo tetrarca de la Iturea… y Lisandro tetrarca de la Abilina”.

      La doctrina de Cristo y por tanto la de la religión cristiana no se basa en “hechos mágicos”. La resurrección de Lázaro fue verificada no solo por sus hermanas ante el hecho y el “hedor” del sepulcro sino por una muchedumbre que dio su testimonio en la historia.
      El mismo Lazaro fue un testigo de la Iglesia por muchos años y aparece después en Betania “sirviendo” a la mesa.Y Jesús resucitado fue el testimonio concreto de los Apóstoles mártires que no murieron para certificar la “magia” o superchería religiosa sino para dar testimonio de lo que habían “visto, palpado, y oido” durante su vida con Jesús de Nazaret.

      Cada versículo del Evangelio se refiere a una verdad vivida fuera de la fantasía. Jesús es la realidad histórica y religiosa que se aleja siempre de lo mitológico incomparable e incompatible con los dioses mitológicos greco-romanos

      Un saludo cordial y un Feliz Año Nuevo 2022 para todos.

      Santiago Hernández

       

       

       

  • ana rodrigo

    Qué buen artículo, Isidoro, además del tema que tratas, y que es fundamental en nuestra supervivencia, ya sea a través del consciente como del subconsciente. Nuestro cerebro es una auténtica máquina que produce lo que le pedimos o deseamos.

    De ahí que, entre el sentido crítico y el pensamiento mágico, nos jugamos el sentido de nuestra vida en todos los aspectos cotidianos.

    Normalmente racionalizamos nuestros actos o nuestros pensamientos, pero allí donde no llega la razón, caben dos actitudes: o esperar que la ciencia nos lo aclare, o, por el contrario, creer aquello a donde no llega la razón porque alguien dice que esa es la verdad  e incluso la realidad. Aquí entrarían todos los dioses, diosas y religiones. Y el contenido de las religiones es inmenso, encontrando argumentos, dados por racionales, para todo aquello que empíricamente no se puede demostrar. La fe se convierte en fiarte de lo que dicen y vivirlo o rechazarlo a discreción de cada individuo.

  • Gonzalo Haya

    Generalmente estoy bastante de acuerdo con los escritos de Isidoro, pero este escrito me parece poco elaborado. En primer lugar no veo en este texto lo que dice Antonio: “Hoy nos plantea si la opción de tratar al Misterio como un Tú presente, una persona, es un placebo o no”. Es innegable que frecuentemente nos autoengañamos inconscientemente, como un placebo que alivia la inseguridad de nuestra contingencia. Pero encuentro el texto poco elaborado porque ese principio no puede aplicarse precipidamente a cualquier medicina. Existen verdades y certezas, aunque sean incompletas, y parciales, pero que apuntan con acierto hacia la Realidad última. No podemos despreciar esos garbancitos o migas de pan  que orientan nuestra búsqueda.

    En cuando a la posibilidad de dirigirnos a un Tú, que plantea Antonio, creo que existe ese Otro, transpersonal no individual, pero con cualidades personales (conocimiento, amor) con el que ahora nos identificamos parcialmente (como un subconjunto) y con el que quizás lleguemos a identificarnos plenamente algún día; como la muñeca de sal que quiso conocer el mar (leyenda hindú que creo haber publicado aquí).

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