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Espiritualidad

 Hace años, en una entrevista con Iñaki Gabilondo y a la pregunta de cuál era el eje central de su obra, el sociólogo francés Alan Touraine respondió: “Yo lo resumiría en una sola palabra: espiritualidad”. Tengo que confesar que la respuesta me sorprendió. ¿Qué tenía que ver la espiritualidad con la investigación sociológica? A la vez sin embargo pude darme cuenta de que esa palabra empezaba a ser la expresión de una tendencia social.

Aunque acaso aún minoritarios, proliferan los grupos de espiritualidad con tonos y contenidos diversos, religiosos unos, otros laicos, unos cristianos, otros con raíces religiosas diferentes. De esta suerte, cuando oímos la palabra espiritualidad nos viene la imagen de alguien en silencio, erguido, a veces en la postura del loto, abstraído de la realidad inmediata y a la búsqueda de una dimensión interior.

He recordado con este motivo una parábola oriental. Una persona va a visitar a un maestro espiritual y le plantea: “Quiero ser santo”. El maestro le responde: “Vete a tu casa y da a los pobres la mitad de lo mitad de tus bienes”. El discípulo cumple el encargo y vuelve: “Maestro, ya lo he cumplido”. “Pues ahora vuelve y da la mitad de lo restante”. De nuevo el aspirante a santo realiza lo encomendado y vuelve. Y de nuevo el maestro: “Vete y hazlo otra vez”. Pero el discípulo arguye: “Es que ya tengo muy poco”. “Ahora vete y piensa por qué lo has hecho”, dice el maestro.

Quizá a alguien este apólogo le haya traído a la memoria el suceso de Jesús con el joven tico: “Si quieres ser perfecto, vende lo que tienes, dalo a los pobres y luego ven y sígueme”.

Se suele definir la espiritualidad como la vivencia gozosa de la riqueza que el ser humano esconde en su interior pero, pensando en las historias anteriores, me he ido convenciendo de que la espiritualidad es, por decirlo de algún modo, un acto segundo. Sólo quien encamina su vida en la dirección de los que sufren y se desprende de lo suyo en favor de ellos puede después adentrarse en los caminos del silencio y la profundidad y descubrir su riqueza escondida. “Piensa por qué lo has hecho” es una forma de expresar la experiencia espiritual. A falta de ese paso previo, lo que se suele entender por espiritualidad corre el riesgo de convertirse en la coartada perfecta para gentes occidentales que disfrutan de un buen pasar y que, sin arriesgar nada, desean tener además una experiencia espiritual.

En una entrevista ya antigua publicada en El País, el teólogo Metz decía que en Occidente la religión no es ya el opio del pueblo, sino que ha pasado a serlo de la clase bien situada y bien pensante.

Se me ha ocurrido con este motivo abrir en Google las palabras ejecutivos y espiritualidad y he encontrado entradas y entradas tales como La espiritualidad y el éxito empresarial, Dinero y espiritualidad, Para servir a Dios y al dinero, La espiritualidad en la empresa…

Claro está que la mayoría no somos ricos ni dirigentes de empresas sino gentes normales que creemos tener derecho a una vida espiritualidad. A mi modo de ver, si no hay una entrega de la vida de cierto fuste, podemos aspirar a meditar, a un descanso psíquico o a la vivencia de una dimensión nueva pero yo a eso no le llamaría espiritualidad, me parecería degradar ese término hermoso.

Parafraseando la carta de Santiago se podría decir: ¿Dices que quieres ser spiritual? Muéstrame tus obras”.

33 comentarios

  • M.Luisa

    ¿De verdad se piensa que en lo  expresado por mí hasta aquí nada tiene que ver con la experiencia que sobre la espiritualidad dejara  Merton?  Si precisamente mi intento no es otro que dejar fuera de la espiritualidad  todo el resabio teológico  que su concepto ha venido arrastrando  a lo largo de la historia,  pues ya ven  el largo  muestrario  de clasificaciones  en las que la ha metido.

    Y esto  hasta el punto que podemos, en efecto, tener  una gran gama de posibilidades donde elegir la espiritualidad que más nos guste,  pero de todo ello  ¿podemos decir  que sabemos lo que es la espiritualidad?

    La experiencia de Merton no solo no desmiente  la formulación que expuse  de origen  sino más bien  la reafirma.  Tanto una como otra, es decir, tanto la  experiencia de Merton  como la formulación  que expuse,  indican que lo superficial es también profundo.   Hay que dejar de lado el esquema de la profundidad  del que tanto se hacía valer la metafísica antigua , pues  aunque sea cierto que  la superficialidad puede ser sinónimo de banalidad, también lo es que la superficialidad tiene que ver con la aparición de las cosas a la luz y entonces el juego entre superficial y profundo se hace rico y dinámico en su misma expresión, la abstracción metafísica deja paso a la  atención reflexiva… En fin que les voy a contar más…

     

  • Isidoro

    Todos sabemos que hay muchas “espiritualidades” regladas, organizadas, institucionalizadas. Son las espiritualidades religiosas. Las diversas espiritualidades cristianas, aunque la jesuítica, de oración y sacramentos es la más estandarizada.

    Existe la espiritualidad sufí de ciertos musulmanes, la espiritualidad cabalista de los judíos, la espiritualidad budista, de ritos y meditación, con su variante la budista-zen.

    Y luego están las espiritualidades “nueva era”, laicas, sincréticas, y muchas veces banales y superficiales, aunque es un inicio.

     

    Y luego está la espiritualidad moderna, que emparenta quizás con la espiritualidad cristiana apofática y del desasimiento. Una espiritualidad que casa muy bien con la ultramodernidad, porque no se acerca a Dios-persona, (que pudiera muy bien en teoría no existir, o no intervenir en el humano directamente).

    Sino que busca contactar con la “voz” de Dios, su “Espíritu”, que está incorporado en el interior de la naturaleza humana, y escuchando a ver que sucede si uno no se acerca a Dios, y solo queda abierto y expectante a ver que “oye”.

    Esta espiritualidad ultramoderna, tiene un precursor, un adelantado: Thomas Merton, que tiene unas frases que a mí me han marcado un camino.

    Dice Merton:

    “¿Piensas que yo tengo una vida espiritual?. Pues no, no la tengo en absoluto. Soy pura indigencia. Soy silencio. Soy pobreza. Soy soledad, porque he renunciado a la espiritualidad, para encontrar a Dios…”.  

           “Hemos de desprendernos de la vida espiritual, pero hemos de seguir viviéndola. Y el propósito de ese desprendimiento es solo hacernos capaces de vivirla a un nivel más alto”. “Lo que hago es vivir, mi forma de orar es respirar”.

    Merton, no olvidemos que fue un monje trapense, y murió en 1968, prácticamente en el preconcilio. Hoy quizás finalizaría su frase con un “…he renunciado a la espiritualidad, para encontrar el sentido de todo, y encontrarme a mí mismo”.

    • Román Díaz Ayala

      Isidoro:
      Calificas las espiritualidades religiosas como regladas, organizadas, institucionalizadas.
      No he querido comentar hasta ahora sobre las distintas espiritualidades “cristianas” porque no quería ir en paralelo empañando la intención de Carlos en su artículo en mostrarnos “la espiritualidad cristiana”, el árbol completo en su conjunto, aunque tenga muchas ramas. Gonzalo Haya insiste en que ésta se encuentra “sólo” en los sinópticos, espiritualidad del Evangelio que no del cristianismo. Es su punto de vista que explica con vehemencia, incluso haciendo diferencias expresas con las tesis teológicas de Moingt (su traducción, resumen y comentarios a L`sprit du christianisme que todavía estoy estudiando)

      Es cierto que existe una espiritualidad evangélica, que es del cristianismo, según qué punto de vista y para no entrar en discusiones que no vienen al caso sigo con tus planteamientos. En la Iglesia Católica, para acotar mejor el tema, sí que existen diversas “escuelas de espiritualidad” que es su nombre técnico y teológico y que se engloban todas en los llamados “caminos de perfección cristiana”, ensayados continuamente en nuestra historia común de ya más de veinte siglos desde aquellos primeros eremitas de los primeros siglos, acabadas las persecuciones sangrientas, la llamada escuela de los mártires de la fe que buscaban la palma del martirio.

      Esas ansias de perfección obedecen a la exposición que hizo Jesús del nuevo espíritu del Reino de Dios. Es inútil que hable de ello si no tenemos presente a Mateo 4,17 a 7,28 que incluye el Sermón del Monte y el programa del Reino de los cielos) Ver también Lucas 6,20-49

      Que duda cabe que es un ideal de justicia, pero primero la que viene de Dios y que Jesús concluye con la frase: “Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre del cielos” situándonos en cada momento de sus enseñanzas dentro de nuestra situación humana de flagrante injusticia frente a Dios.

  • Román Díaz Ayala

    El concepto de espiritualidad que ha introducido Carlos F. Barberá lo ha querido ceñir a nuestras propias experiencias religiosas, aunque tras una dificultad previa de que “esa palabra empezaba a ser expresión de una tendencia social”.

    Nuestro contexto cultural tiene que ver con los humanismos o actitud basada en una concepción integradora de los valores humanos.

    De lo anterior se desprende la multiplicidad y variedad de comentarios, tan distintos unos de otros, que suman ya tres decenas.

    El humanismo resalta al ser humano en sus actividades espirituales y culturales. Rescató hace cinco siglos esta visión del ser humano (antropológica) de la antigüedad romana (Cicerón) y griega (los clásicos). Para estos griegos clásicos toda la realidad física y social estaba organizada a medida humana.

    La tradición judeo-cristiana aportó una nueva identidad humana con apertura a la trascendencia divina y que convive ahora con los humanismos modernos. Una espiritualidad única y especial que lejos de prescindir de esa apertura a la divinidad hace camino construyendo su propia realidad humana.

  • Isidoro

    ¿Qué es un despliegue cualitativo de algo?. Para mí, es un desarrollo de las cualidades inherentes a ese algo. Y en un despliegue hay un antes y un después. Tiene un mucho de construcción, de fabricación
     
        La maduración es un concepto del todo similar, aplicado a elementos biológicos. La maduración personal, supone un despliegue de un plano de la naturaleza humana intrínseca teórica, que heredamos en estado latente.
     
        Para comprender mejor la naturaleza del proceso de despliegue, hay que imaginar la naturaleza de los arquetipos junguianos.
     
        Estos están escritos en un lenguaje encriptado, tipo algebraico: 3x +5y + z. Se te da la “fórmula” sintáctica, pero nosotros con nuestra cultura y discernimiento, debemos colocar los valores de x, y, z.
     
        Es verdad que en nuestros arquetipos sapienciales, además se dispone de un cierto instinto de esos valores incógnitos, pero este instinto es mas acerca de lo que no es, que de lo que es.
     
        (Esta complejidad de los arquetipos, es posible que se deba, a que provienen de un mensaje escrito en lenguaje genético, que en el proceso de desarrollo humano, hay que decodificar y traducir a lenguaje neurológico, en el que están escritos lo programas sapienciales innatos).
     
         Todo esto, hace que necesitemos comprender muy bien el contexto de todo, para entender bien todo. Como decía Santo Tomás: “Un error acerca del mundo redunda en error acerca de Dios”.
     
       Bueno, pues a todo ese proceso de entender todo, para implementar nuestras cualidades humanas, es lo que yo llamo “maduración”.
     

     
        Respecto a tu última frase “no  podemos detenernos solo en lo que significa la espiritualidad, hemos de dar por nuestra propia experiencia prueba de ella”, si no comprendemos bien lo que es la espiritualidad, malamente podremos interpreta bien nuestra experiencia.
     
           Tú ya sabes de sobra, que como decía Werner Weisenberg: “El primer requisito para comprender los fenómenos, es introducir los conceptos adecuados, porque sin la ayuda de los conceptos correctos, no podemos saber realmente, qué ha sido observado”.
     
        Interpretamos en función de las gafas que llevamos puestas, de la cosmovisión-base que tenemos, que en gran parte es la que hemos recibido. Por eso existe una espiritualidad cristiana, una espiritualidad ideológica-moderna, y una espiritualidad personal, de aquel que no se adhiere a ideología alguna, y se atreve a pensar por su cuenta: “atrévete a saber”.
     
        Leía en un escrito de espiritualidad jesuita: El viento sopla, pero no es fácil descifrar hacia donde va (cf. Juan 3,8). Y esta dificultad no es propiamente un problema, sino el síntoma de la condición de la persona que vive en este mundo, donde los espíritus, los aires, son muy diversos y conviene no dejarse llevar indistintamente por cualquiera de ellos (1 Jn. 4,1).    
     
           Quizá hoy somos más conscientes de todo esto y es signo de madurez esta búsqueda de lucidez personal para no guiarse por normas o leyes exteriores, sino por esta especie de “sentido existencial” (Karl Rahner), que los antiguos llamaban discernimiento.
     
          Mal síntoma es la situación de las personas que o no son conscientes de la gran variedad de inputs, de aires que soplan en nuestra sociedad y en la Iglesia o que se dejan llevar de modo infantil, incapaces de una opción personal”.
     
         Lo malo del discernimiento es que es sobre todo intuitivo, de origen inconsciente, y por ello, como todo lo que proviene del inconsciente, aflora con una enorme carga emocional, en este caso con  una gran seguridad de que esa intuición es verdadera: Todos creemos llevar razón. Es nuestro gran talón de Aquiles.
     
        Por eso cuando lo que intuimos como verdadero, es justo lo que la cultura nos ha inculcado de niños, deberíamos redoblar nuestra desconfianza, y redoblar la investigación personal, sobre los valores a asignar a las variables, x, y, z, de la ecuación intuitiva.

    • M.Luisa

      Me temo Isidoro que tú tratas la cuestión desde el punto de vista sustancialista, concibes la espiritualidad como una cualidad añadida a la persona, por ejemplo, conceptos como, desarrollo, maduración, elementos biológicos etc., dan buena prueba de ello.

      El despliegue cualitativo en que consiste la realidad humana no nos lo da imaginativamente ningún arquetipo psicológico sino el sistematismo o la estructura interna de la propia naturaleza humana. El despliegue cualitativo se manifiesta en forma de sistema de manera que le otorga a la persona no carácter de sustancia, sujeta a… sino de plena autosuficiencia. En fin cuando puedo enrollarme más siempre es por las mañanas… Me quedan muchas cosas por decir, pero ahora lo he de dejar aquí.

    • M.Luisa

      Buenos días, Isidoro, no podré abarcarlo todo, de momento me referiré a una pequeña parte de lo que me expones.

      La objeción que me haces:

      “si no comprendemos bien lo que es la espiritualidad, malamente podremos interpretar bien nuestra experiencia” con respecto a la última frase de mi comentario anterior en donde digo:

      “No podemos detenernos solo en lo que significa la espiritualidad, hemos de dar por nuestra propia experiencia prueba de ella”

      Hablando de interpretación, pienso que la dificultad que ves proviene de que, al parecer, tampoco tú has interpretado bien la frase de origen por la que tanto me alegré de que ambos la compartiéramos:

      “Nuestra capacidad humana es un despliegue cualitativo de la propia realidad humana que ya somos”.

      Tener solo el significado de las cosas nunca nos llevaría a ninguna experiencia, sería como no hacer uso precisamente de nuestra capacidad. Sería como decía entonces y ahora lo digo más explícitamente, detenernos tan solo en el dedo que señala y renunciar a la realidad y por extensión a todo aquel despliegue cualitativo que ya anida en nuestro interior.

      Por otro lado comprender no esta al principio del conocimiento sino al final de un proceso cognitivo. No se trata de nuestra experiencia y por tanto hacer de ella una interpretación, una interpretación mía, a mi medida, sino que se requiere un planteamiento a la inversa, es decir, hacer, en virtud de aquel despliegue cualitativo, hacer, digo, de la experiencia espiritual algo dimensionalmente mío …

      No puedo continuar, de momento…

      • M.Luisa

        Insistiendo un poco en tu primer parágrafo te diré que:

        Estamos hablando no de repliegue sino de despliegue, no de inherencia de cualidades, sino del sistema coherencial interno que al desplegarse expresa toda su riqueza. Cuantas veces no me habré hecho pesada diciendo aquello de que no se trata de sumar elementos sino de niveles superados …

  • M.Luisa

    Este comentario va dirigido al amigo Isidoro, a ver si hay suerte y lo lee pues  aunque, a lo que me voy a referir  viene de otro hilo tiene mucho que ver con el tema de la espiritualidad.

    Allí celebré  que coincidiera conmigo en la formulación  que  expresé  referida a lo que conceptualmente nos da a entender cuando hablamos de la capacidad humana, que la plasmé  en la siguiente frase:

    Nuestra capacidad humana es un despliegue cualitativo de la propia realidad humana que ya somos” 

    La cual   tras mostrarme su acuerdo, añadió: “Pero mi opinión de la maduración humana…”   A eso yo le respondo  que si se entiende lo primero no viene al caso hablar de maduración, porque entonces es cuando  hacemos entrar en el poco espacio de un comentario la confusión y la ambigüedad.

    Aclarar esto aquí me ha parecido  de gran importancia porque  la espiritualidad no  se alcanza  a base de tener que ir madurando, en fin no se trata de añadiduras, sino   de desplegarnos en lo que somos como realidad.  Tampoco por la importancia del tema   no  podemos detenernos solo en lo que significa la espiritualidad, hemos de dar por nuestra propia experiencia prueba de ella.

  • Román Díaz Ayala

    Hay que reconocer que los términos “espiritualidad” y  espiritual ( lo espiritual) han adquirido unas connotaciones que ni siquiera aparecen en los diccionarios. Sucede desde que la sociología ha invadido en gran parte terrenos que antes ocupaban las filosofías.

    Hemos heredado de los griegos entender por espíritu el alma racional como valor civilizatorio, y así nuestra concepción antropológica en esa dualidad de alma y cuerpo, siendo espíritu lo que es inmaterial e inteligente en un sentido opuesto al de la materia. El humano moderno sigue siendo griego en su forma de comprenderse a sí mismo. El racionalismo quiebra esa tendencia.

    De nuestros orígenes judeo-cristianos hemos alcanzado una comprensión diferente que se resiste a los planteamientos racionalistas. Podemos desmontar los supuestos filosóficos con una nueva antropología según avanzan los conocimientos científicos, aunque siempre que se respete el ámbito de la fe que es de naturaleza distinta. Lo que hace diferente la fe radica en la fuente de conocimiento. Esa fuente es Dios que nos dio a conocer y nos proporcionó los medios de salvación necesario, que implica por necesidad una nueva comprensión de nosotros mismos, de nuestro papel y de nuestro destino. Un error común hoy en día consiste en no comprender, y por tanto, no aceptar que el esfuerzo autocreador de la humanidad está inmerso de manera positiva en el mensaje bíblico. “La Biblia es la que de hecho ha introducido como novedad, en la civilización humana, el sentido de la Historia” ( José M González- Ruíz). Y se explica todavía mejor: “A partir de entonces, los hombres han empezado a pensar en una empresa común que se iría construyendo a lo largo del tiempo y que exigía un esfuerzo constante de unificación humana. Solamente desde la admisión de un Dios trascendente, concebido fuera y más allá de la Historia, fue posible pensar en la unidad cronológica y espacial de la aventura humana.” (“El Cristianismo no es un humanismo”)

    Ese concepto “sociológico” de “espiritualidad” es una reacción contra el “espíritu” racionalista reductor del ser humano a un simple ente biológico, sin ninguna apertura hacia la trascendencia, aunque insuficiente desde el punto de vista cristiano.

  • Carmen

    Pues me he ido al diccionario de la RAE

    Lo recomiendo a todos. Porque Olga tiene toda la razón. Parece imposible que aún hablando todos castellano, cada uno de nosotros y o nosotras demos un significado diferente a la palabra Espiritualidad.

    Las palabras tratan de atrapar una idea. Y trabajo cuesta. La RAE  pone todo su esfuerzo en hacerlo lo mejor posible. Pero si cada cual da un significado diferente a una misma palabra, o sea, imposible entenderse.

     

     

     

     

  • Olga Larrazabal

    Hola amigos;  Que cosa tan loca es que todos hablemos de la espiritualidad, de lo espiritual, y pensemos en cosas completamente distintas.

    Para mi el mundo espiritual tiene que ver con los afanes que van mas allá de la supervivencia de mi cuerpo como criatura física viviente.

    Cuando comienzo a indagar sobre por que tengo conciencia no solo de lo que me duele a mi, sino lo que le duele a otros seres vivientes.

    Cuando pienso si esta existencia tiene o no un propósito o somos un mar de energía en eterno movimiento, teniendo un destello de consciencia para luego desaparecer.

    Cuando medito en quién y como se creó lo que me rodea y me dio la posibilidad de conocer los entretelones de la creación inventando técnicas y ciencias.  Porque cada vez que hay un descubrimiento científico acerca del funcionamiento de nuestro universo y de todo lo que nos rodea, sentimos una felicidad insospechada por estar un poquitito más cerca de comprender el misterio de la existencia.

    Y también sentimos un tremendo placer a través de la contemplación de la belleza, de la música, de la naturaleza, porque nos conectamos con la creación de la que somos parte.

    Y cuando nos conectamos con el amor para compartir lo que tenemos, lo que sentimos, nuestras penas y alegrías, estamos practicando la espiritualidad.

    Habrá quién busque esto a través del ayuno, de la mortificación, y otros a través de la búsqueda científica o artística.  Otros lo harán con oraciones, otros con un martillo y un serrucho. Otros viviendo lo que les toca vivir.

    Santa Teresa creo que se volaba entre cacerolas, y Mme Curie  desintegraba el átomo mientras hacía labores domésticas.

    Cada uno tiene su modo de “apiarse” del caballo, dicen los huasos aquí en mi tierra.

    Lo que me queda claro es que la guerra, el asesinato, la ambición, la envidia y la mezquindad, la mentira, la vanidad, la ira y el odio y otras cosas por el estilo, distraen y atentan contra la practica de una búsqueda espiritual.

    Y las religiones se hacen cargo de Dios y sus cosas.

     

     

    • mª pilar

      ¡Comparto tu mirada!
      Un abrazo entrañable.

    • Isabel

      No me parece que pensemos cosas completamente distintas.
      La diferencia está en que las capacidades humanas de amar, crear, contemplar, extasiarse ante la belleza o la naturaleza, tratar de vivir sin hacer el mal… todas esas cosas que tú enumeras, para unos no tienen nada que ver con Dios o son sin siquiera necesidad de que Dios exista; y para los creyentes, las cosas de Dios son esas cosas.
      Luego, alguno como Barberá pone el énfasis en “una cosa” sobre otras.

      • Olga Larrazabal

        Hola Isabel: Asistí hace muchos años a unos cursos que hacía un Psicólogo chileno, Claudio Naranjo, que después se hizo famosillo en USA.
        Después de pasar como 1 hora mirándonos de frente con un ojo o algo así, mi pareja de experiencia me contó que tenía un novio muy espiritual. Fíjate, me dijo, que se alimenta solo de lechugas….
        Pienso que la espiritualidad tiene en el fondo que ver con la búsqueda del Creador y su propósito, aceptando los datos que nos da el Creador en lo que conocemos que creó, la Naturaleza y todo lo que nos rodea. No lo que nosotros queremos creer, o como lo fabrican las religiones, o como queremos que sea, sino por su diversidad, sus leyes físicas universales, la variedad de personajes y comportamientos creados y que están en El.

        • Isabel

          No entiendo qué quieres decir.
          Si es que entre la “diversidad” de espiritualidades una más es la de ese tipo porque solo come lechuga, pues mejor me callo lo que me parece.

  • Carmen

    Algo falla aquí. En mi relación con Atrio. Algo falla y no sé qué es.

    Por qué no me entienden? Si algo bueno tengo es que pese a mis locuras, mis excentricidades, mi manera de ser arbolaria , mis salidas por la tangente, o por secantes, mis cambios de humor, en fin, pese a todas mis rarezas que son muchas, la gente me entiende cuando hablo. Sin embargo aquí no se me entiende. Y no logro entender por qué.

    A lo mejor porque lo mío son las distancias cortas, la expresión corporal, no sé…y el lenguaje escrito te atrapa con las palabras . Te comunicas exclusivamente mediante las palabras que quedan congeladas en el texto.

    Quizás es que mi medio de comunicación no es el lenguaje escrito. A lo mejor soy más de una cultura oral. Algo falla aquí. Y , sin duda, soy yo. No soy capaz de expresarme correctamente. De verdad, estoy descolocada. Nunca me había pasado. Pero la vida no deja de sorprenderte nunca. En el fondo es buena señal. Cuando algo te sorprende es que sigues vivo, viva.

    En fin.

    • Carmen

      Aclaración, que les estoy cogiendo miedo. No digo que por qué no se comparte lo que digo. No se pueden hacer una idea hasta qué punto no me importa eso en absoluto. Además, sería muy aburrido. He nacido para ser oposición, es mucho más divertido. Digo que no se entiende lo que digo. Lo que trato de expresar. Y no hay otra que , pues porque no me expreso bien.

  • Isidoro

    En este tema de la espiritualidad, entre la actitud-tipo de Gonzalo, y la de Carmen, yo reivindico una actitud intermedia.

    Gonzalo, reivindica una espiritualidad, de “máximos”, de humano perfecto, que está muy bien, pero no es ni exigible, ni siquiera planteable su exigencia a nadie, que no lo sienta previamente en su interior.

    Por otra parte, Carmen, siente, que no tiene ninguna vocación o llamada espiritual, y por ello se niega a meterse en un nuevo berenjenal que la huele a clerical. Pero esto es porque la única experiencia que tiene de la espiritualidad, es esa espiritualidad cristiana, personificada en los ascetas y místicos famosos.

     

    Pero la llamada espiritualidad laica o auto-trascendencia, es un rasgo de la personalidad, que todos llevamos dentro, y que implementamos y desarrollamos en mayor o menor grado.

    Si consideramos que esta auto-trascendencia es una búsqueda de sentido, de significado de nuestra vida, esta búsqueda de sentido solo se puede realizar en dos frentes distintos y ambos igual de necesarios.

    El primero es el acopio y estudio de datos, ideas e hipótesis, sobre todo lo que constituye el conocimiento de la Realidad, que han realizado y siguen realizando, muchos humanos antes que nosotros: una búsqueda continua de conocimiento.

     

    El segundo frente, consiste en conseguir una buena interpretación y discernimiento de dicho conocimiento conseguido. Esto a su vez se consigue de dos maneras distintas y ambas necesarias.

    La primera es mediante un proceso de saneado de nuestro equilibrio psicológico, para evitar o minimizar los sesgos emocionales que tuercen y tergiversan nuestro buen criterio natural.

    La segunda es buscando en nuestro interior, en las fuentes arquetípicas sapienciales, que se sitúan en nuestro inconsciente colectivo, que no facilitan conocimientos, sino unas perspectivas nuevas para evaluar los conocimientos que hayamos previamente adquirido. (“Mucha duda, mucha iluminación, poca duda, poca iluminación, ninguna duda, ninguna iluminación”).

    Esta búsqueda en nuestro interior, es lo que se suele llamar actividad espiritual, hoy en día, mediante métodos varios, contemplación de arte, meditaciones, mantras, oraciones, “koans” o paradojas zen, rituales, oráculos, etc. cualquier actividad, que por resonancia, active esas fuentes internas, (al tiempo que hay que permanecer atentos a la escucha de esa “voz”, libres de distracciones y ruidos).

     

    Por todo esto, la práctica de la espiritualidad, no es algo fácil, sino de personas vocacionadas en ello, y así y todo, se puede hacer parcialmente, y no necesariamente “profesionalmente” a tiempo completo.

    La “espiritualidad” moderna de la Nueva Era, suele ser un mero sucedáneo, un quiero y no puedo, (mejor dicho, no se), y la prueba es que lo primero que se hace es ir al Corte Inglés a comprar el uniforme de yoga o de meditación zen, (que los hacen preciosos).

    Por ello la espiritualidad, es como los Premios Nobel: todos podemos llegar a ganarlo, o al menos aspirar a ello, pero no es tan fácil conseguirlo. Cada uno elige sus propósitos y ambiciones.

    • Carmen

      Pues me considero una persona con un fuerte grado de espiritualidad. Siempre me han tomado el pelo por ello.
      Pero la espiritualidad no es, a mí entender ni lo que dice Carlos ni tiene el alcance social que cuenta Arregi en su artículo.

      Para mí la espiritualidad es otra historia. Lo que sucede es que no lo sé explicar. Pero desde luego nada que ver con el cristianismo. El cristianismo es una religión.
      La religión, a mí juicio, va de Dios. Y no comparto para nada la idea que tenía Jesús acerca de Dios. El resto, es que lo subscribo totalmente, parece escrito para mí. También es verdad que es posible que mi lectura de los evangelios nada tenga que ver con el resto de las personas del mundo mundial y a través de la historia.
      Sin embargo creo, estoy convencida de que Jesús tenía un alto grado de espiritualidad. Porque para mí eso del espíritu y todo lo relacionado con él es algo personal e intransferible.
      Es algo así como tu comunicación con el Todo. Y como cada cual tiene una visión del Todo, pues no hay otra que la espiritualidad sea algo personal e intransferible. Desde luego la mía lo es.
      Absolutamente nadie la va a manipular. Eso es asunto mío. Profundamente mío, absolutamente mío.

      Y no lo sé explicar mejor.

      Si tuviese una máquina del tiempo, visitaría a un montón de personajes históricos. El primero sería Jesús de Nazaret. Le diría: oye, por favor, No te he entendido nada? Exactamente qué querías decir?

      Es ya una intriga la que tengo brutal. Al margen de su espiritualidad que sin duda la tenía, su legado No es espiritual, es totalmente social. Y lo comparto. Pero su manera de relacionarse con, es que ni sé cómo llamarlo, el Todo creo que lo he llamado arriba, pues su forma de relación con Ello, con It, nada tiene que ver con la mía. Quiere eso decir que no me interesa eso que llaman espiritualidad? Pues por favor, definanmela.

    • Gonzalo Haya

      Isidoro, yo me refiero a la espiritualidad del evangelio, aunque sé que existe una espiritualidad natural más amplia, que abarca también el sentido ético, la paz, la amistad, la creatividad, la belleza… Creo que Carlos y yo estamos pensando en aquellos que presentan esa espiritualidad natural como el ideal de la espiritualidad de Jesús. En cuanto a que esta espiritualidad sea de Máximos, creo que Jesús invita a máximos pero exige poco, incluso aprecia ese poco hasta el punto de decirles a los profesionales de la religión que los publicanos y las prostitutas,los precederán en el reino de Dios.

  • Carmen

    Es que una flecha tirada por un arco es de todo menos libre . Sujeta a tope al señor Newton.

    Y de ahí me he pasado a aquellos problemas de bachillerato de tiro oblicuo, ya saben, qué ángulo tiene que formar un cañón con el suelo para que la bala caiga en el blanco. Esa bala tampoco es libre. Sigue bajo el poder de Newton.

    Y mi cabeza ha ido a la velocidad de escape de la gravedad. Qué velocidad tiene que alcanzar un avión para vencer la aceleración de la gravedad. Pero el avión tampoco es libre. Si hay un error, avión al suelo.

    Siempre entonces estamos atrapados por las leyes físicas? Pues sí. Pues entonces habrá que buscar una manera de escapar. De burlarlas .Y la he encontrado en el siguiente paso. Velocidad suficiente para salir del campo gravitatorio terrestre.  Seguirás atrapado por los principios de Newton, pero la gravedad se ha ido  a hacer puñetas. Algo es algo.

    Dónde está la clave entonces para sentirte libre? Pues creo que fue  Alberti el que escribió:

    Arded sin descanso, arded.

    La libertad no la tienen

    Los que no tienen su sed.

     

    Pues eso. Hay que estar continuamente ardiendo en su búsqueda. Sin cansarse. Ya me he escapado de la fuerza de la gravedad de la tierra. Espero ahora no caer en el campo gravitatorio de la Luna.

    Si me he escapado de la religión, no voy a caer en la espiritualidad.

    No sé si me explico.

    Y si no soy una persona espiritual, ni mística ni nada, pues…se siente.

  • Isidoro

    Decía hace unos días Carmen, a propósito de la espiritualidad, que quizás era algo gatopardesco: algo que cambiar para que todo siga igual.

    (A propósito de lo “gatopardesco”, se echa mucho de menos a Oscar Varela, tan aficionado al concepto).

    Y llevaba toda la razón. Hay cosas de las que no se puede prescindir, sino realizar bien. Son actividades o cualidades que pertenecen a nuestra naturaleza humana, al igual que respirar. Hay que respirar bien, pero no se puede prescindir de respirar.

    “La auto-trascendencia es un rasgo de personalidad psicológicamente medible, (test de Cloninger), y que puede definirse como el deseo o la sensación de pertenecer a algo más grande que uno mismo, a un Todo del que nosotros somos parte. 

           Esta dimensión de nuestra personalidad es conocida con el nombre de espiritualidad, y eso que se encuentra al otro lado de lo profano, es conocido como “lo sagrado”. 

         Nuestro cerebro está diseñado para ponerse en modo “nosotros” (grupo), del mismo modo como puede trabajar en mode “Yo”, que es como trabaja la mayor parte del tiempo. Naturalmente el mode “nosotros” apaga o amortigua el mode “yo”. (Francisco Traver).

    Posiblemente, esta “espiritualidad”, tenga un origen filogenético, en la imprescindible mente tribal, de los primates, t otros animales. En el inconsciente colectivo, están expresadas las ideas-fuerza, en forma “arquetipo” – esquema – patrón, y en función de la evolución cultural sucesiva, se va repitiendo con diferentes expresiones formales, pero con el mismo esquema básico.

    Por ello, la tribalidad tiene un cierto aire sacro: “Cualquier cosa que nos una, tiene un aire de sacralidad”, (Jonathan Haidt). Y es una de las razones por las que toda religiosidad, tiende a ser comunal, comunitaria.

    No es casualidad que la grave crisis de las religiones, coincida con el culmen de la mente individualista: son actividades antitéticas, contradictorias.

    Esta confrontación entre nuestras dos grandes tendencias internas, la tribal y la individualista, no debe resolverse excluyentemente: una o la otra. Sino debe entenderse como el yin y el yang: la realidad es giratoria, y van alternándose sucesivamente.

    Además cuando una de ellas está funcionando, existe un vestigio minoritario de la otra, y viceversa: “Por la noche sale el Sol”.

    La espiritualidad en suma es “sencillamente”, un ansia y una búsqueda de Significado, de Logos, de Sentido de la vida. Una búsqueda que tiene que hacer cada individuo por sí mismo, pero que debido a nuestra naturaleza tribal congénita, (nuestros patrones inconscientes), encontramos en la pertenencia a un conjunto.

    Otra forma de explicar ese anhelo inconsciente de conectividad global que nos embarga, sin saberlo. Somos como una flecha disparada hacia el blanco, que emborrachados con el refrescante viento de cara, se cree que vuela libremente hacia donde quiere.

  • Gonzalo Haya

    Estoy de acuerdo con Carlos. El desprendimiento en beneficio de los que lo necesitan es “la prueba del algodón” de la espiritualidad cristiana; creo que este desprendimiento es el mejor termómetro de la espiritualidad. La tendencia actual sobre espiritualidad tiene el riesgo de quedarse en un método de “ayuda psicológica”; aunque “algo es mejor que nada”.

    • Isidoro

      Amigo Gonzalo, la espiritualidad es un rasgo de la personalidad, que todos tenemos desarrollado en mayor o menor grado.

      Lo que llamáis espiritualidad cristiana, para “perfectos”, es una opción personal. No caigamos en el clericalismo de pensar que todos tendrían que meterse monjes en un convento.

      La espiritualidad general, que es búsqueda de sentido de la vida, unos lo harán de forma mejor que otros. Es ley de vida. Cada uno tiene su carisma personal.

  • Juan García Caselles

    Yo lo diría con otras palabras. Solo el/la que ama, de verdad y con todas sus consecuencias, llega a tantear, a vislumbrar, la cosa esa de la mística

  • Carmen

    Está claro.

    La volverán a liar. Cambiarán la palabra religión por espiritualidad. Un hombre con espiritualidad será aquel que siga determinadas pautas de comportamiento y si no las sigue, no tendrá espiritualidad.

    Pues no veo el cambio por ningún lado.

    Debe de ser que no sé lo que es la espiritualidad. Y, francamente, no me importa. Nadie me va a decir a mí como tengo que sentir y cómo me tengo que comportar. Bueno, me lo  pueden decir, pero a estas alturas de mi vida no voy a caer en esa trampa.

    Haré lo que pueda, cumpliré las normas y leyes de convivencia de mi país. Pero a mí la palabra espiritualidad me suena a espíritu, a sentimientos profundos del ser humano, en este caso a mis sentimientos profundos, a mí manera de relacionarme con el mundo, con el universo en que vivo, con la idea de transcendencia…no lo sé explicar mejor. Y ahí no me voy a dejar atrapar ni un poquito. Porque mi espíritu es libre. Totalmente libre. No admite reglas.

    Sorry.

    • Carmen

      Ahí tienen el nombre de la nueva religión que tratará de ser universal: Espiritualidad.

      No pierden el tiempo. Saben lo que se juegan. Ni una sola religión está dispuesta a quedarse fuera de este nuevo orden planetario: la globalización. Pues construirán una nueva, tomando lo que todas tienen en común. Y dictarán normas universales. Antes en nombre de Dios y ahora, bueno, dentro de los decenios que sean necesarios, lo harán en nombre de la Espiritualidad.

      No hay salida.

      O sí. Y bastante sencilla.

  • Santiago

    Pero la espiritualidad se refiere al fundamento de la vida consciente y trascendente del ser humano puesto que “por definición” el espíritu humano no es una “emanación” de la materia sino que es independiente de ella que sólo le sirve de instrumento para su manifestación.

    Es por eso que ningún bien material -incluyendo honores, posesiones, placeres sensuales- pueden satisfacer plenamente al corazón humano cuyo centro profundo es de base espiritual e invisible a los sentidos corporales pero intuido y experimentado por la conciencia que es capaz de distinguir la profundidad del amor, del sufrir,  de la compasión, del dolor, del remordimiento y del poder decidir cualidades que no existirían sin la infusión del espíritu.

    Por eso Cristo se refiere siempre a la vida eterna, la vida propia de la espiritualidad que sobrevive la tumba. Porque “quien cree en Mi, aunque muera vivirà…no morirà para siempre” dice Jesus antes de morir. Es la gran promesa de Jesús en la espiritualidad propiamente cristiana puesto que la vida eterna consiste en conocer y seguir a Jesucristo, el único que puede salvarnos del abismo de las tinieblas y del mal en una única espiritualidad que supera todas las corrientes filosóficas que imperan y han imperado en el mundo.

    Saludos cordiales

    Santiago Hernàndez

     

  • Isabel

    Carlos está en todo su derecho a exponer su “modo de ver”.

    Hacer cursillos de espiritualidad oriental para lograr éxito económico merece más crítica de la que él hace..

  • Rodrigo Olvera

    Una vez más, Carlos nos regala una dosis de su “quien no piensa/actúa según mis convicciones personales, no es…”

    Antes no se era “cristiano”, ahora ni siquiera se es “espiritual”.

     

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