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A propósito del 25 de noviembre

Un “pueblo de hermanas” que erradique tanta violencia

El 25 de noviembre es el “Día Internacional de la Eliminación de la violencia contra la mujer”. Desde 1981 comenzó esta iniciativa en conmemoración del asesinato de las hermanas Mirabal en República Dominicana. En 1999 la Asamblea General de las Naciones Unidas lo asume, definiendo la violencia contra la mujer como “todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la liberad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada”.

En otras palabras, hay un reconocimiento de la violencia que a lo largo de la historia se ha ejercido contra las mujeres, por el hecho de ser mujer. Esto no es una retórica, un invento, un intento de hacerse las víctimas, un desenfoque de la feminidad y tantas otras cosas que argumentan los que no quieren reconocer la difícil, dura y verdadera situación, padecida por tantas mujeres de todo el mundo, de todas las condiciones socioeconómicas y culturales, de todas las religiones, etnias y color de piel. Es una triste historia que en muchos casos viven “abuela-madre-hija-nieta”, sin lograr romper esa cadena de violencia. Eso es doloroso, alarmante y urgente.

¿Por qué no logramos eliminar tanta violencia? ¿por qué se le quita importancia? ¿por qué algunas mujeres son las que menos apoyan estas conmemoraciones y relativizan esta realidad?

En la última encíclica del papa Francisco (n. 157-158) encontré una categoría que podría iluminar una posible respuesta. El papa, refiriéndose a la política, critica los populismos y los liberalismos, pero dice que eso no debe llevar a eliminar la categoría “pueblo” y esto porque “ser pueblo” es tener “una identidad común”, “un proyecto común”, “un sueño colectivo”. Sin esta pertenencia a un pueblo es muy difícil proyectar algo grande a largo plazo que se convierta en un sueño colectivo. Y sin este sueño colectivo la gente no se empeña en transformaciones concretas para hacerlo realidad.

Sin usar esa categoría de pueblo, el feminismo hace mucho ha denunciado que el patriarcado se sostiene fácilmente porque lleva en sí la división entre las mujeres. Por eso, la mejor arma contra el patriarcado es la sororidad, es decir, la hermandad entre las mujeres. Esto es verdad. A las mujeres nos han enseñado a tener miedo de las otras mujeres. Ellas son nuestras antagonistas. Nos pueden quitar al “príncipe azul” porque el objetivo de sus vidas es conquistar a los varones, son las que destruyen los matrimonios, las que crean chismes, envidias, competencias. Ellas siembran cizaña a nuestro alrededor, son muy complicadas y por eso es mejor tener amigos varones. Por supuesto, en la práctica esto coexiste con una amistad entre las mujeres, pero es tan fuerte el imaginario patriarcal con que nos han configurado, que muchas mujeres, hasta el día de hoy, por ilustradas o liberadas que sean y por muchas amigas que tengan, piensan así de las otras mujeres. No sé si se puede usar la categoría pueblo también para esta realidad de las mujeres, pero me parece que sirve para lo que ha denunciado el feminismo y su propuesta de vivir la sororidad. Tener identidad y pertenencia a un pueblo es lo que nos hace sentir dolor por las víctimas de tanta violencia patriarcal y nos llama a trabajar por superarlo. Mientras no sintamos que la violencia de las mujeres le ocurre a “una de las nuestras”, no salimos de nuestro confort para hacer algo por las demás.

Pero como ya dijimos, el patriarcado se ha encargado de quitarnos esta identidad de colectivo femenino y por eso hay muchas mujeres que no sienten a las demás como “una de las nuestras”. Por el contrario, se afanan en dejar claro que ellas “no son feministas”. Añaden que no necesitan de esas luchas ya que nunca han sufrido ninguna discriminación. Se sienten incluidas en el lenguaje masculino y no tienen ningún reparo en expresarse de esa manera, aunque se refieran a grupos de mujeres o a profesiones ejercidas por ellas. Consideran que las mujeres que hablan de la defensa de sus derechos, en realidad, están atacando a los varones y ellas ven la necesidad de defenderlos. Traen a la luz historias que han oído o que tal vez conocen en las que las mujeres han agredido a los varones y por eso no quieren ser identificadas con las luchas feministas, lo consideran un gran desprestigio.

Parece que es necesario repetir, una y otra vez, que la urgencia de eliminar la violencia contra las mujeres no es una lucha contra los varones sino contra la sociedad patriarcal que ha colonizado tanto nuestras mentes que nos hace incapaces de ver una estructura machista que permea las sociedades y las iglesias a nivel de mentalidad, actitudes, prácticas, estructuras. No es que las mujeres sean buenas y los varones malos. Es que la estructura patriarcal pone a las mujeres en desventaja y todo lo que tenga que ver con ellas es desvalorizado y ridiculizado. Es que ninguna mujer está libre de ser violada -si se llegara a presentar una ocasión para ello- y ninguna mujer esta libre de ser puesta en “sospecha” en su capacidad intelectual o en su madurez afectiva y psicológica. Y cuando alguna mujer brilla, se alaba como una cosa extraordinaria: esa mujer “si” es inteligente, “si” es equilibrada, etc.

Eliminar la violencia -todo tipo de violencia- contra la mujer es urgente. La pandemia ha dejado ver, una vez más, esa violencia doméstica que no cesa. Por eso, sin una identidad colectiva que nos identifique con todas las mujeres de la tierra, es difícil que nos unamos para que esto no ocurra más. Eso sí, da mucha esperanza ver a tantas jóvenes comprometidas con esta causa, con sus cantos, marchas, protestas, slogans y estilos de vida que rompen lo que parece invencible. Trabajar por la identidad colectiva como pueblo de hermanas, tal vez nos ayude a acelerar el cambio y a que llegue el día de que la violencia contra la mujer -por el hecho de ser mujer- sea un triste recuerdo del pasado, pero algo impensable para el presente.

24 comentarios

  • Isabel

    “[La mujer moderna] no se la puede ya conquistar con la promesa de un porvenir económico y social seguro y descansado. La mujer ha descansado durante mucho tiempo, y ahora sale de su sábado, y con plenas energías, con magníficos anhelos, a construir el mundo. Y esta mujer nueva no reniega ni siente rencor por el hombre, pues que no se siente esclavizada a él. Pero sí le exige un espíritu digno del suyo; sí le pide (en vez del mefistofélico collar) un ideal que dé perspectivas a sus vidas, unidad efectiva a su unión. Y ha sido tan rápido el viraje de la mujer en sus exigencias, que el hombre, descentrado, inadaptado, no sabe –generalmente– o no quiere colmarlas. […] Frente a este cambio femenino, el hombre se aterra […] su dignidad de gallo no puede permitir que la mujer –una mujer– no agote su existencia en la servidumbre de sus deseos. Es la cosa que se nos hace de pronto persona.”

    María Zambrano, «Mujeres», El Liberal, Madrid, 25 octubre 1928. 

  • oscar varela

     
    ¡ATENCIÓN! – ¡ÚLTIMO MOMENTO!
     
    P  R  O  P  O  S  I  C  I  Ó  N       
     
    ASAMBLEA TELEMÁTICA ATRIO
     
    8 de DICIEMBRE de 2020
    ————————————
     
    Cambio a Nueva Temática:
     
    “Día Internacional de la Eliminación de la violencia contra la mujer”
     
    Motivo de la sugerencia: “atrieras razones obvias”
     
    ¡Vamos todavía!

  • Isabel

    Maradona es el ejemplo perfecto para explicar:
     – Cómo se construyen los ídolos de la masculinidad y cómo se fabrican los sueños de millones de niños que desean acumular tanto poder, fama, dinero y mujeres como él.
    – Por qué admiramos más a un deportista que a la gente que está trabajando por un mundo mejor, por qué todo el foco mediático se dirige a los futbolistas y no a la gente que está haciendo cosas importantes para salvar a la humanidad y al planeta.
    – Por qué en lugar de enseñar a los varones a cuidarse les ofrecemos como modelo a seguir a hombres que se autodestruyen con drogas y alcohol.
    – Por qué los hombres no cuidan su salud sexual ni la de sus parejas, por qué no usan anticonceptivos y por qué no asumen su paternidad, y cómo impacta ese rechazo y abandono en las vidas de los niños y niñas.
    – Analizar la cultura del putero y los privilegios que permiten a los hombres ricos alquilar niñas y mujeres para divertirse en sus fiestas.
    – Por qué los hombres maltratan a las mujeres que dicen amar, por qué no pueden controlar su ira y su frustración, por qué se creen con derecho a herir a las mujeres cuando están enfadados.
    – Por qué un 25N las mujeres hablábamos de violencia machista y los hombres hablaban de fútbol y lloraban la muerte de su ídolo.
    – Por qué a los amantes del fútbol les importa poco que Maradona tenga vídeos que demuestran su violencia, denuncias por violencia machista y fotos con menores desnudas y prostituidas. Por qué hay tantas mujeres a las que tampoco les importa.
    – Por qué la prensa lo presenta como una víctima que sufrió mucho y se trató muy mal a sí mismo, pero no hablan de cuánto hizo sufrir a las mujeres que utilizaba para divertirse y a sus compañeras de vida.
    Maradona nos puede ayudar a desmontar el mito del macho violento, a explicar cómo educamos a los niños, a enseñarles a usar su poder para que no hagan daño a nadie y a visibilizar otros modelos de masculinidades que no sean violentas.
    https://rebelion.org/maradona-nos-puede-ayudar-masculinidades-no-violentas/

     

    • Román Díaz Ayala

      Dice que Maradona es un ejemplo perfecto para explicar muchas cosas.
      Es mejor que yo me explique recurriendo a lo que decía José Ortega y Gasset en un ensayo titulado “Mirabeau o el político”. Está en internet en PDF. Yo lo encontré citado por Alfonso Guerra en uno de sus libros.

      ¿Es Maradona el ideal del futbolista, del varón o del argentino? ¿O es sólo un arquetipo?
      Arquetipo en el sentido de modelo original y primario en un arte u otra cosa.

      Dice Ortega ( y cito): ” Tal vez el grande y morboso desvarío que ahora Europa está pasando proviene de haberse obstinado en no distinguir los arquetipos y los ideales. Los ideales son las cosas según estimamos que debieran ser. Los arquetipos son las cosas según su ineluctable realidad. Si nos habituásemos a buscar de cada cosa su arquetipo la estructura esencial que la Naturaleza, por lo visto, ha querido darles evitaríamos formarnos de esa misma cosa un ideal absurdo que contradice sus condiciones más elementales. Así suele pensarse que el político ideal será un hombre que además de ser un gran estadista, fuese una buena persona. Pero, ¿es que esto es posible? Los ideales son las cosas recreadas por nuestro deseo – son desiderata. Pero, ¿Qué derecho tenemos a considerar como ideal el cuadrado redondo?”

      ¿Grandioso futbolista, patriota argentino, inverecundo machista, delincuente sexual?
      El problema radica en el personaje, o es un inmenso desvarío que sufre la sociedad actual.
      Quizás tengamos que leer y considerar en toda la plenitud del texto el ensayo del filósofo.

      • Isabel

        Lo que he expuesto es para explicar a los niños que ese ideal de héroe con el que se les bombardea por todos los medios no es tal, algo de más provecho para ellos que recomendarles al filósofo.
        Si la recomendación es a mí, resulta que siempre han hablado por nosotras y yo ahora escucho a mujeres también filósofas, ya está bien de que un hombre me diga cómo soy, qué clase de alma tengo y me explique el mundo.

  • M.Luisa

    Para  el problema en cuestión  hace falta entrar más a fondo  de este  mero análisis fenomenológico del escrito de Ortega, ni tan siquiera  concediéndole    esa función que en la historia, nostálgicamente, han ejercido los “neos” podría abarcarlo.

    No es cuestión de cuerpo sino de corporeidad y entonces lo que en primer lugar  necesitamos es ver  dónde recae esa  distinción entre ambos conceptos: el de cuerpo y el de corporeidad. El de cuerpo  es el resultado  de este análisis fenomenológico cuyo método como se sabe se caracteriza por poner entre paréntesis la realidad de lo que se analiza. Todo lo contrario sucede en el concepto de corporeidad    pues en él, el análisis parte de la realidad misma, en este caso de la realidad de la mujer.

    ¿Qué novedad presenta esta distinción?   Pues aquella según la cual,   como se observa en el escrito fenomenológico, se hace necesario incorporar, es decir, sumarle ese  elemento llamado  “alma”  la cual como sustancia es fácil de manipular. Ya se ve los jeroglíficos que provoca. En cambio vista la cuestión desde la corporeidad la cosa cambia  porque entonces   la mujer es percibida en un todo sustantivo  libre de interpretaciones dualistas.

  • Román Díaz Ayala

    Me resulta entrar en este hilo y tengo mis razones, Ana,  porque veo en él un texto escrito para mujeres y que describe algún tipo de mujer frente la feminismo dando la voz de alarma sobre ello y aunque su vena interior desde el encabezamiento hasta el final  es la condena de la violencia ejercida  contra las mujeres.

    El patriarcado queda muy al trasfondo, como una institución presente, y que debe finalizar, pero muy al fondo, digo, de lo que denuncia la autora. Es un aviso para mujeres, no una queja contra  una opresión.

    Ahora, ya si añado mi pequeña aportación. Lo malo del patriarcado actual y supongo que el de siempre, pero que cada época o ciclo histórico se enfrente a sus problemas, lo horrible del patriarcado  es que siempre y de muchas maneras “racionaliza” la violencia”.

    La violencia  es nuestro desorden estructural como personas, individuos, y como sociedad. El fuerte le puede al más débil, la razón carece de fuerza frente a la razón de la  fuerza. La violencia no discrimina  y se ejerce por la fuerza física, pero también sobre cualquier forma de empoderamiento, social, sicológico, de carácter, de nivel cultural, y hasta con la herramienta de la imagen. En el patriarcado así la violencia encontró su acomodo. La diferencia de funciones condujo  a una primacía de valores, a un sometimiento estructural de un tipo de persona  a otra en sus roles, conduciendo a la negación de la dignidad personal.

    Ana, por eso te digo, que no te extrañe mucho el tipo de participación que encuentras en estos comentarios.

    • Román Díaz Ayala

      Me resulta complicado entrar en este hilo y tengo mis razones. (Perdona mi omisión)

    • ana rodrigo

      Hola, Román, respecto a tus razones para dudar si entrar en este hilo o no por lo escrito en el mismo, pienso que los artículos que se escriben no tienen que ser para darles la razón a quien lo ha escrito; se puede discrepar, debatir. rechazar o complementar. Lo mismo que se hace con cualquier tema que se nos ofrece a la reflexión. Pero, cuando, el artículo habla sobre la mujer, algo pasa en el poco o ningún interés que despierta, en cualquier ámbito, no sólo en atrio. Ya dije que el otro día en un encuentro telemático cobre feminismo, habíamos 184 y cuatro o cinco hombre, ¿por qué? ¿No interesan nuestros problemas a los hombres en este caso en concreto en que la violencia machista viene de los hombres? ¿No saben qué hacer a la hora de la reflexión?

      Yo dije en mi primer comentario que lo dicho , era cierto y había que decirlo,: hay mujeres machistas o que no saben descubrir los comportamientos machistas y/o patriarcales, incluso asumen su propia culpabilidad cuando sufren las agresiones machistas. No me gustó este enfoque en el día en el que, precisamente, son las conductas de los hombres la prueba de la carga de la violencia de género, no las mujeres. Y esto hay que decirlo. La violencia machista viene de los hombres y es este imaginario colectivo de indignidad, lo que hay que analizar, destripar, diseccionar, analizar y denunciar para la inmensidad de hombres que nunca en su vida han leído un escrito feminista, me refiero a escuchar la voz de las mujeres; empiecen a hacerlo para no quedarse mudos, sin saber qué decir, cuando hablamos de las reivindicaciones de respeto y trato igualitario a las mujeres.

      Hay miles y miles de publicaciones tratando el tema, es un gran problema social y es una injusticia constante contra la mitad de la población en el mundo entero, problema social para las víctimas y problema social para los victimarios. Y esto no se arregla con parchecitos de minorías, sino con unidad mayoritaria de análisis, evidencias, hechos consumados y desidia, con la que se trata este tema. No somos espectadores, debemos ser activistas, todos y todas. ¿Por qué sabemos hablar de Maradona (a favor o en contra), y no sabemos hablar del problema de la violencia y discriminación y el sufrimiento infinito de tantas personas como somos las mujeres?

  • oscar varela

    Un poco de fenomenología sobre EL CUERPO
     
    1- Eso que llamo «mi cuerpo» se parece poquísimo al cuerpo del otro. La razón es ésta:
    – mi cuerpo no es mío sólo porque me es la cosa más próxima,
    – tanto que me confundo con él y estoy en él, a saber, aquí.
    – Esto sería tan sólo una razón espacial.
    – Es mío porque me es el instrumento inmediato de que me sirvo para habérmelas con las demás cosas
    – para verlas, oírlas, acercarme o huir de ellas, manipularlas, etc.
    – Es el instrumento u órganon universal con que cuento;
    – por eso mi cuerpo me es el cuerpo orgánico por excelencia.
     
    2- Sin él no podría vivir; es la cosa del mundo cuyo “ser para” me es más imprescindible,
    – es mi propiedad en el sentido más estricto y superlativo de la palabra.
    – La idea del «cuerpo que es mío», no se identifica con el cuerpo del Otro,
    – que sólo me es al través de mi cuerpo, de mi ver, de mi palpar, oír, resistirme, etc.
    – La prueba de que son casi totalmente diferentes es que las noticias que de mi cuerpo tengo
    – son principalmente de dolores y placeres que él me da y en él aparecen,
    – de sensaciones internas de tensión o aflojamiento muscular, etc.
    – Mi cuerpo es sentido principalmente desde dentro de él, es también mi «dentro», es el intra-cuerpo,
     
    3- Al paso que del cuerpo ajeno advierto sólo su exterioridad, su forma foránea, su fuera.
    – Veo, sí, manos y parte de mis brazos y algunas otras porciones de mi corporeidad;
    – toco con una mano la otra o mi muslo.
    – Si con precisión comparamos lo que, en efecto, me es presente por fuera de mi cuerpo
    – con lo que me es presente del otro, el balance resultará de excesiva diferencia.
     
    4- Es un error de suponer que en el cuerpo del Otro transpongo el mío,
    – y por eso advierto en él una intimidad como la mía,
    – porque lo que me denuncia y revela el otro yo, no es tanto la forma del cuerpo como sus gestos.
    – La expresión que es el llanto o la irritación o la tristeza no la he descubierto en mí
    – sino primariamente en el otro y desde luego me significó intimidades —dolor, enojo, melancolía.
    – Si yo invento verme lloroso, irritado, afligido en un espejo,
    ipso facto, mi gesto correspondiente se detiene o, por lo menos, se deforma y falsea.
     
    5- No hay tal transposición imaginaria de mi cuerpo donde está el de él,
    – puesto que a veces lo que me aparece no es un Otro que es hombre en el sentido de varón,
    – sino un Otro que es otra, que es la mujer, un Otro que no es Él, sino que es Ella.
    – Y la diferencia surge desde la primera aparición de cuerpo ajeno, la cual va ya cargada de sexuación,
    – es un cuerpo masculino o femenino.
    – Se dan casos en que el cuerpo presente es epiceno y vivo en peculiar y notorio equívoco.
     
    6- La aparición de Ella es un caso particular de la aparición del Otro, invalida la explicación de
    – la presencia del Otro, por una proyección sobre su cuerpo de nuestra persona íntima.
    – la transposición de mi ego, que es irremediablemente masculino, al cuerpo de una mujer
    – sólo podría suscitar un caso extremo de virago, pero no sirve para explicar
    – el prodigioso descubrimiento que es la aparición del ser humano femenino,
    – completamente distinto de mí.
     
    7- Que las formas del cuerpo femenino se diferencian bastante de las del cuerpo masculino
    – no sería causa suficiente para que en él descubramos la mujer.
    – Es más: esas formas diferenciales son las que nos inducen con frecuencia
    – a interpretar equivocadamente su persona íntima.
    – En cambio, cualquiera de las partes de su cuerpo que menos se diferencian de las del nuestro
    – nos manifiesta su feminidad.
    – El hecho es sorprendente, aunque, no más que la aparición del Otro masculino.
     
    8- Se acercaría más a la verdad decir que no son las formas corporales
    – que luego vamos a calificar de peculiarmente femeninas
    – las que nos señalan un modo de ser humano profundamente distinto del masculino
    – y que llamamos «feminidad», sino más bien al contrario;
    – todas y cada una de las porciones de su cuerpo nos hacen entrever la intimidad de aquel ser que,
    – desde luego, nos es la Mujer, y esta feminidad interna, una vez advertida,
    – rezuma sobre su cuerpo y lo feminiza.
    – No es el cuerpo femenino quien nos revela el «alma femenina»,
    – sino el «alma» femenina quien nos hace ver femenino su cuerpo.
     
    9- El ego femenino es tan radicalmente distinto del nuestro varonil
    – que acusa esa diferencia en una de las cosas más elementales que pueden darse:
    – en que la relación de ese ego con su cuerpo es distinta
    – de la relación en que el ego masculino está con el suyo.
    – Nuestro cuerpo nos es sobre todo conocido desde dentro
    – y el del próximo desde fuera.
    – Son fenómenos heterogéneos.
     
    10- Se olvida demasiado que el cuerpo femenino está dotado de una sensibilidad interna
    – más viva que el del hombre, esto es, que
    – nuestras sensaciones orgánicas intracorporales son vagas y como sordas
    – comparadas con las de la mujer.
    – Este hecho es una de las raíces de donde emerge, sugestivo, gentil y admirable
    – el espléndido espectáculo de la feminidad.
    – La relativa hiperestesia de las sensaciones orgánicas de la mujer trae consigo
    – que su cuerpo exista para ella más que para el hombre el suyo.
     
    11- Los varones normalmente olvidamos nuestro hermano cuerpo,
    – no sentimos que lo tenemos si no es a la hora frígida o tórrida del extremo dolor o el extremo placer.
    – Entre nuestro yo, puramente psíquico, y el mundo exterior no parece interponerse nada.
    – En la mujer, por el contrario, es solicitada constantemente la atención
    – por la vivacidad de sus sensaciones intracorporales:
    – siente a todas horas su cuerpo como interpuesto entre el mundo y su yo,
    – lo lleva siempre delante de sí, a la vez como escudo que defiende y rehén vulnerable.
     
    12- Las consecuencias son claras:
    – toda la vida psíquica de la mujer está más fundida con su cuerpo que en el hombre; es decir,
    – su alma es más corporal, pero, viceversa,
    – su cuerpo convive más constante y estrechamente con su espíritu; es decir,
    – su cuerpo está más transido de alma.
    – Ofrece, la persona femenina un grado de penetración entre el cuerpo y el espíritu
    – mucho más elevado que la varonil.
    – En el hombre, comparativamente suelen ir cada uno por su lado;
    – cuerpo y alma saben poco uno de otro y no son solidarios,
    – más bien actúan como irreconciliables enemigos.
     
    13- En esta observación creo que puede hallarse la causa. de ese hecho eterno y enigmático
    – que cruza la historia humana de punta a punta:
    – me refiero a la inmortal propensión de la mujer al adorno y ornato de su cuerpo.
    – Su contextura fisiológica impone a la mujer el hábito de fijarse, de atender a su cuerpo,
    – que viene a ser el objeto más próximo en la perspectiva de su mundo.
    – Y como la cultura es la ocupación reflexiva sobre aquello a que nuestra atención va con preferencia,
    – la mujer ha creado la egregia cultura del cuerpo, que históricamente empezó por el adorno,
    – siguió por el aseo y ha concluido por la cortesía, genial invento femenino
    – que es, en resolución, la fina cultura del gesto.
     
    14- El resultado de esta atención constante que la mujer presta a su cuerpo
    – es que éste nos aparece desde luego como impregnado, como lleno todo él de alma.
    – En contraste con la sólida y firme apariencia del cuerpo, el alma es algo trémulo, el alma es algo débil.
    – En fin, la atracción erótica que en el varón produce no es,
    – como siempre nos han dicho los ascetas, ciegos para estos asuntos,
    – suscitada por el cuerpo femenino en cuanto cuerpo, sino que
    – deseamos a la mujer porque el cuerpo de Ella es un alma.

    • ana rodrigo

      Hola, Oscar, te agradezco mucho el que hayas entrado en este hilo sobre el tema de la violencia contra las mujeres, aunque, si te soy sincera, no entiendo bien tu escrito en relación al tema en cuestión.

      Pero, es de agradecer que un hombre de atrio entre a hacer un comentario, aunque sea del cuerpo.

      El problema es cuando, de hecho, las mujeres sólo somos un cuerpo para el hombre, cuando no se nos trata como personas en igualdad de dignidad, independientemente del cuerpo, que los hombres. La violencia contra las mujeres tiene mucho fondo cuando se disecciona mínimamente los porqués se ha llegado a esta situación en todo el mundo, religiones y culturas, donde millones de mujeres, sólo por nacer mujeres, ya nacen con el destino de la desigualdad en sus derechos, y, como digo, de su dignidad.

      Sigo sin entender, porqué el día contra la violencia hacia las mujeres, quede solapado por el dios-Maradona, cuyo mérito humano consistió en meter goles, y las televisiones cambiaron la programación para hablar de un hombre idolatrado solamente por eso, mientras millones de mujeres en ese día sufrían violencia en todo el mundo. No puedo entender todo lo ocurrido con Maradona…. Qué inversión de valores, sin quitarle mérito al futbolista, qué locura.

      Hasta en atrio, a juzgar por las manifestaciones sobre un día tan importante para las mujeres, pasase desapercibido.

      Repito, me da pena. Creo que es una asignatura pendiente en este mundo y en esta sociedad.

    • Isabel

      Mansplaining y algo de paternalismo, valga la redundancia.

  • M.Luisa

    No hay más que ver hacia donde  derivó ayer  ese  interés en la defensa por la dignidad de las mujeres  para reiterarme en lo ya expresado. Y no sólo considerando esa deriva de puertas a fuera, sino  aquí mismo, la columna de la derecha lo acreditaba  ayer.

    Ese día 25 estaba yo casualmente viendo un programa de TV3 que iba a ser dedicado a dicha  causa   cuando  de repente al conocer la noticia de la muerte de Maradona  inmediatamente se produjo la mencionada deriva. Del otro tema ni “mu” claro que aquí confluyen muchos otros  intereses competitivos y económicos, pero en cualquier caso es evidente que el   tema de la mujer se trata con desidia  y así es como hace un montón de años que saliendo siempre  a la palestra,  de ahí ni un paso más.

    Yo disfruté con Maradona, y no seré quien a su muerte retenga  su aspecto más  negativo de su vida para recordarle,   al contrario. Sin embargo, el hacer tenso de estos días esconde  una gran  paradoja  que hay que reconocer   por más que  entre algodones  se le quiera recordar y es  el maltrato que tuvo hacia  su mujer.

     

    • Isabel

      Así es. Por bien que jugase y muchos disfruten con el fútbol no se puede hacer un héroe de quien reúne mucho de lo que un hombre no debe ser, no solo maltratador. Ese cubrirlo con un tupido velo muestra porqué aquí no hay avance, no más que declaraciones oportunistas en ese día 25 para aparentar lo que no se siente.

    • Asun Poudereux

      Si soy sincera, poco conozco de Maradona. Me extrañó que acaparara tanto tiempo y tantas pantallas en diversos países de todas partes del mundo. Seguramente merece reconocimiento como futbolista. Digno de ser siempre recordado por su gran estrategia natural con la pelota. Por lo demás, magnificarle al máximo puede que haya ayudado a olvidar la dichosa pandemia y tanto temor acumulado a la enfermedad y muerte por su causa. Este fervor extralimitado nos da cuenta de la facilidad de remover emociones, distraer de los verdaderos problemas, cuando no se está a gusto y no es sólo porque no se sepa el porqué, sino que se es inducido a la paralización, no buscando soluciones prácticas que mejoren la situación y la convivencia a todos los niveles: democrático, político, económico y social. Da tristeza sentirse tratado como niños alocados, ser parte del rebaño dirigido, súbditos de los que dicen pensar por los ciudadanos y así lo manifiestan por activa y pasiva. Tanto unos como otros. Y la palabra democracia es manipulada lejos de lo que implica la democracia formal en toda su integridad real. Y aquí opino que incluso el movimiento feminista por muy necesarias y urgentes sean sus demandas, en tanto en cuanto no se priorice la democracia de la que hablo, la mente pensante tradicional mantendrá sus sesgos ideológicos y deficiencias de comportamiento y respeto a lo que se considera diferente.

      Un abrazo a las dos, M. Luisa e Isabel.

  • M.Luisa

    En este tema, pasa como en el tema de la democracia, ésta no va siendo cada vez más plena sino   en la medida en que la población   va tomando conciencia individualizada de las consecuencias positivas que supone para su integridad personal  vivir  en democracia.

    Igualmente este triste cuestionamiento de si no será verdad  que  pese  a los datos  que se tienen sobre la violencia machista  pueda al final dar pie a pensar  que eso es sólo “ cosa de mujeres”, también  podemos para entender este fenómeno hacer un parangón con  lo que está sucediendo en la actualidad con el tema del Covid-19.

    Porque veamos, por un lado tenemos los datos escalofriantes de las muertes que se van produciendo cada día y a pesar de esto, por el otro lado vemos esas  ansias  de la gente a   seguir haciendo lo mismo, es decir, seguir haciendo aquello  que ahora en estas circunstancias  es  precisamente  el causante de la epidemia.

    Por tanto, al parecer,  se le da más importancia a la fuerza de  querer resistirse a que nada cambie  en nuestras vidas que  aceptar las cifras reales de muertes humanas, que es lo que nos haría reflexionar. Con ello que nadie piense que   pongo en el mismo rasero una muerte por asesinato o una muerte producida por una enfermedad viral, no esto no por supuesto, pero si me fijo en ello es para hacer notar  que si para el problema que nos ocupa,  las mujeres hemos de prescindir del varón  entonces  la solución no llegará hasta que  todas las mujeres o al menos la gran mayoría  tomen conciencia  de que los hombres no añaden absolutamente nada  a  la especificidad individual y autónoma de la mujer. Y esto creo que va para largo    (La capacitación está dada la madurez no)

     

  • ana rodrigo

    Desde 2013, que se tienen datos sobre mujeres asesinadas por violencia de género, han sido asesinadas 1074 mujeres.

    Da la impresión de que no interesa mucho esta terrible cuestión. Qué pena. ¿por qué será? Quizá sea cierto de que eso es “cosa de mujeres”………

    ¿Acaso no somos capaces de analizar el fondo de la cuestión, al igual que hacemos con temas más retóricos?

    Termino el día un poco apenada.

  • Isabel

    Me ha gustado mucho tu artículo, Verónica, estoy totalmente de acuerdo en lo que dices. Claro, como dice Ana, la “causa”, la construcción patriarcal es masculina, pero una construcción que también nosotras tenemos asimilada. Entiendo que no se trata de culpabilizarnos a nosotras sino de concienciarnos hasta que punto también nosotras estamos imbuidas de machismo patriarcal.

    https://youtu.be/yi7B3VAVE2M

  • ana rodrigo

    Todo lo que se dice en este post es cierto y hay que decirlo y denunciarlo para que a las mujeres se le abran los ojos y tomen conciencia individual y colectivamente de que la estructura interna, más allá del subconsciente colectivo, gira en torno al patriarcado en detrimento de la consideración de iguales de los seres humanos, independientemente de su sexo.

    Pero con esta reflexión, en el día de hoy, día contra la violencia contra las mujeres, la balanza queda totalmente desequilibrada, con la reflexión de este artículo, porque la causa de la desigualdad y de la violencia contra las mujeres viene de los hombres y del imaginario colectivo, y es sobre el género masculino sobre quienes hay que cargar y hasta sobrecargar la reflexión de hoy. Es cierto que el feminismo va consiguiendo bastante en cambiar el concepto social y patriarcal, pero la realidad es tozuda y la violencia contra las mujeres, en todos sus aspectos, es el pan nuestro de cada día en infinidad de hogares. Los asesinatos son solamente la punta de iceberg, pero las humillaciones, los desprecios, los insultos, las responsabilidades adjudicadas a las mujeres por “decreto”, la infravaloración de la mujer, las agresiones verbales y físicas, y un sin fin de etcéteras, siguen vivas, practicadas y aceptadas por mujeres y hombres. En el caso de que la mujer no acepte esta situación o denuncie o plantee el divorcio, es cuando aparecen los asesinatos en número insoportable. En España, con todo lo que ya sabemos, en lo que va de año. hay en torno a 40 mujeres asesinadas. En el mundo, son incalculables las mujeres que sufren todo tipo de violencia y que son asesinadas, y que, desde niñas ya son un estorbo para las familias y se veden para la explotación sexual.

    Por eso digo, que hoy la balanza hay que ponerla en la conciencia colectiva de una sociedad patriarcal y machista, porque, mientras no se elimine la causa, no se eliminará las consecuencias. Parece ser que “es cosa de mujeres” y no, la violencia contra las mujeres, es cosa cosa de hombres.

    El otro día asistí a un evento telemático en el que se presentaba un libro titulado Feminismo e Ilustración al mismo tiempo que se le hacía un homenaje a Celia Amorós, gran hito del feminismo. Asistimos 184 mujeres porque hombres, creo que se contaban con los dedos de una mano. Y yo me pregunto ¿Es que el feminismo no interesa a los hombres?

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