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Meditación de la técnica, 5/12

Curso-taller basado en libro del mismo nombre de José Ortega y Gasset (1933). Ver Índice y entradas anteriores 

V

LA VIDA COMO FABRICACIÓN DE SÍ MISMA-TÉCNICA Y DESEOS

Destilado: A diferencia de todo lo demás, el hombre, al existir, tiene que hacerse su existencia, resolver el problema práctico de realizar el programa en que consiste; quiera o no, tiene que hacerse a sí mismo, auto-fabricarse.

Vivir es entonces hallar los medios para realizar el programa que se es, y ahí empieza la técnica, que está en función de la vida: su cometido es hacer posible que el programa humano se realice.

           Bajo esta perspectiva, la vida humana, la existencia del hom­bre, aparece consistiendo formalmente, esencialmente, en un pro­blema. Para los demás entes del universo, existir no es problema —porque existencia quiere decir efectividad, realización de una esencia—; por ejemplo, que «el ser toro» se verifique, acontezca. Ahora bien, el toro, si existe, existe ya siendo toro. En cambio, para el hombre existir no es ya, sin más ni más, existir como el hombre que es, sino meramente posibilidad de ello y esfuerzo hacia lograrlo. ¿Quién de ustedes es, efectivamente, el que siente que ten­dría que ser, que debería ser, que anhela ser? A diferencia, pues, de todo lo demás, el hombre, al existir, tiene que hacerse su existencia, tiene que resolver el problema práctico de realizar el programa en que, por lo pronto, consiste. De ahí que nuestra vida sea pura tarea e inexorable quehacer.

      La vida de cada uno de nosotros es algo que no nos es dado hecho, regalado, sino algo que hay que hacer. La vida da mucho quehacer; pero además no es sino ese quehacer que da a cada cual, y un quehacer, repito, no es una cosa, sino algo activo, en un sentido que trasciende todos los demás. Porque en el caso de los demás seres se supone que alguien o algo que ya es, actúa; pero aquí se trata de que precisamente para ser hay que actuar, que no se es sino esa actuación. El hombre, quiera o no, tiene que ha­cerse a sí mismo, autofabricarse.

      Esta última expresión no es del todo inoportuna. Ella subraya que el hombre, en la raíz misma de su esencia, se encuentra, antes que en ninguna otra, en la situación del técnico. Para el hombre, vivir es, desde luego, y antes que otra cosa, esforzarse en que haya lo que aún no hay; a saber, él, él mismo, aprovechando para ello lo que hay; en suma, es producción. Con esto quiero decir que la vida no es fundamentalmente como tantos siglos han creído: contemplación, pensamiento, teoría. No; es producción, fabricación, y sólo porque éstas lo exigen; por lo tanto, después, y no antes, es pensamiento, teoría y ciencia. Vivir…, es decir, hallar los medios para realizar el programa que se es.

      El mundo, la circunstancia, se presenta desde luego como primera materia y como posible máquina. Ya que para existir tiene que estar en el mundo, y éste no realiza por sí y sin más el ser del hombre, sino que le pone dificultades, el hombre se resuelve a bus­car en él la máquina oculta que encierra para servir al hombre.

      La historia del pensamiento humano se reduce a la serie de observacio­nes que el hombre ha hecho para sacar a la luz, para descubrir esa posibilidad de máquina que el mundo lleva latente en su materia. De aquí que al invento técnico se le llame también descubrimiento. Y no es, como veremos, una casualidad que la técnica por antono­masia, la plena madurez de la técnica, se iniciase hacia 1600; jus­tamente cuando en su pensamiento teórico del mundo llegó el hom­bre a entenderlo como una máquina. La técnica moderna enlaza con Galileo, Descartes, Huygens; en suma, con los creadores de la interpretación mecánica del universo. Antes se creía que el mundo corporal era un ente amecánico, cuyo ser último estaba constituido por poderes espirituales, más o menos voluntarios e incoercibles. El mundo, como puro mecanismo, es, en cambio, la máquina delas máquinas.

      Es, pues, un error fundamental creer que el hombre no es sino un animal casualmente dotado con talento técnico o, dicho en otro giro, que si a un animal le agregásemos mágicamente el don téc­nico, tendríamos sin más el hombre. La verdad es lo contrario, por­que el hombre tiene una tarea muy distinta de la del animal, una tarea extranatural, no puede dedicar sus energías como aquél a satis­facer sus necesidades elementales, sino que, desde luego, tiene que ahorrarlas en ese orden para poder vacar con ellas a la improbable faena de realizar su ser en el mundo.

      He aquí por qué el hombre empieza cuando empieza la técnica. La holgura, menor o mayor, que ésta le abre en la naturaleza es el alvéolo donde puede alojar su excéntrico ser. Por eso insistía ayer en que el sentido y la causa de la técnica están fuera de ella; a saber: en el empleo que da el hombre a sus energías vacantes, liberadas por aquélla. La misión inicial de la técnica es ésa: dar franquía al hombre para poder vacar a ser sí mismo.

      Los antiguos dividían la vida en dos zonas: a una, que llama­ban otium, el ocio, que no es la negación del hacer, sino ocuparse en ser lo humano del hombre, que ellos interpretaban como mando, organización, trato social, ciencia, artes. La otra zona, llena de esfuerzos para satisfacer las necesidades elementales, todo lo que hacía posible aquel otium, la llamaban nec-otium, señalando muy bien el carácter negativo que tiene para el hombre.

      En vez de vivir al azar y derrochar su esfuerzo, necesita éste actuar conforme a plan para obtener seguridad en su choque con las exigencias naturales y dominarlas con un máximo de rendi­miento. Esto es su hacer técnico frente al hacer a la buena de Dios del animal, del pájaro del buen Dios, por ejemplo.

      Todas las actividades humanas que especialmente han recibido o merecen el nombre de técnicas, no son más que especificaciones, concreciones de ese carácter general de autofabricación propio a nues­tro vivir.

      Si nuestra existencia no fuese ya desde un principio la forzosidad de construir con el material de la naturaleza la pretensión ex­tranatural que es el hombre, ninguna de esas técnicas existiría. El hecho absoluto, el puro fenómeno del universo que es la técnica, sólo puede darse en esa extraña, patética, dramática combinación metafísica de que dos entes heterogéneos —el hombre y el mundo— se vean obligados a unificarse, de modo que uno de ellos, el hom­bre, logre insertar su ser extramundano en el otro, que es precisa­mente el mundo. Ese problema, casi de ingeniero, es la existencia humana.

      Y, sin embargo, o por lo mismo, la técnica no es en rigor lo primero. Ella va a ingeniarse y a ejecutar la tarea, que es la vida; va a lograr, claro está, en una u otra limitada medida, hacer que el programa humano se realice. Pero ella por sí no define el progra­ma; quiero decir que a la técnica le es prefijada la finalidad que ella debe conseguir. El programa vital es pre-técnico. El técnico o la capacidad técnica del hombre tiene a su cargo inventar los procedi­mientos más simples y seguros para lograr las necesidades del hom­bre. Pero éstas, como hemos visto, son también una invención; son lo que en cada época, pueblo o persona el hombre pretende ser; hay, pues, una primera invención pre-técnica, la invención por excelencia, que es el deseo original.

      No se crea que es desear faena tan fácil. Observen ustedes la espe­cífica angustia que experimenta el nuevo rico. Tiene en la mano la posibilidad de obtener el logro de sus deseos, pero se encuentra con que no sabe tener deseos. En su secreto fondo advierte que no desea nada, que por sí mismo es incapaz de orientar su apetito y decidirlo entre las innumerables cosas que el contorno le ofrece. Por eso busca un intermediario que le oriente, y lo halla en los deseos predominantes de los demás. He aquí la razón por la cual lo pri­mero que el nuevo rico se compra es un automóvil, una pianola y un fonógrafo. Ha encargado a los demás que deseen por él. Como hay el tópico del pensamiento, el cual consiste en la idea que no es pensada originariamente por el que la piensa, sino tan sólo por él repetida, ciegamente, maquinalmente reiterada, hay también un deseo tópico, que es más bien la ficción y el mero gesto de desear.

      Esto acontece, pues, aun en la órbita del desear que se refiere a lo que ya hay ahí, a las cosas que ya tenemos en nuestro horizonte antes de desearlas. Imagínese hasta qué punto será difícil el deseo propiamente creador, el que postula lo inexistente, el que anticipa lo que aún es irreal. En definitiva, los deseos referentes a cosas se mueven siempre dentro del perfil del hombre que deseamos ser. Éste es, por lo tanto, el deseo radical, fuente de todos los demás. Y cuando alguien es incapaz de desearse a sí mismo, porque no tiene claro un sí mismo que realizar, claro es que no tiene sino pseudo-deseos, espectros de apetitos sin sinceridad ni vigor.

      Acaso la enfermedad básica de nuestro tiempo sea una crisis de los deseos, y por eso toda la fabulosa potencialidad de nuestra téc­nica parece como si no nos sirviera de nada. Hoy la cosa comien­za a hacerse patente, pero ya en 1921 se me ocurría enunciar el grave hecho: «Europa padece una extenuación en su facultad de desear». (España invertebrada). Y esa obnubilación del progra­ma vital traerá consigo una detención o retroceso de la técnica que no sabrá bien a quién, a qué servir. Porque ésta es la increíble si­tuación a que hemos llegado y que confirma la interpretación aquí sustentada: la finca, es decir, el repertorio con que hoy cuenta el hombre para vivir, no sólo es incomparablemente superior al que nunca ha gozado (las fuerzas creadas en la técnica equivalen a 2.500 millones de esclavos, es decir, dos servidores para cada civilizado), sino que tenemos la clara conciencia de que son superabundantes, y, sin embargo, la desazón es enorme, y es que el hombre actual no sabe qué ser, le falta imaginación para inventar el argumento de su propia vida.

      ¿Por qué? ¡Ah!, eso no pertenece a este ensayo. Sólo nos pre­guntaremos: ¿Qué en el hombre, o qué clase de hombres son los especialistas del programa vital? ¿El poeta, el filósofo, el fundador de religión, el político, el descubridor de valores? No lo decidamos; baste con advertir que el técnico los supone y que esto explica una diferencia de rango que siempre ha habido y contra la cual es en vano protestar.

      Tal vez tenga que ver con esto el extrañísimo hecho de que la técnica es casi siempre anónima, o por lo menos que los creadores de ella no gocen de la fama nominativa que ha acompañado siem­pre a aquellos otros hombres. Uno de los inventos más formidables de los últimos sesenta años ha sido el motor de explosión. Pues bien, ¿cuántos de ustedes, que no sean por su oficio técnicos, recuer­dan en este momento la lista de nombres egregios que llevaron sus inventores?

      De aquí también la enorme improbabilidad de que se constituya una «tecnocracia». Por definición, el técnico no puede mandar, dirigir en última instancia. Su papel es magnífico, venerable, pero irremediablemente de segundo plano.

      Resumamos:

      La reforma de la naturaleza o técnica, como todo cambio o mutuación, es un movimiento con sus dos términos, a quo y ad quem. El término a quo es la naturaleza, según está ahí. Para modificarla hay que fijar el otro término, hacia el cual se la va a conformar. Este término ad quem es el programa vital del hombre. ¿Cómo lla­maríamos al logro pleno de éste? Evidentemente, bienestar del hombre, felicidad.

      He aquí que con ello cerramos el rizo de todas las consideraciones hechas en las anteriores lecciones.

17 comentarios

  • M. Luisa

    Ya va siendo  hora de que me refiera a la técnica en el  aspecto positivo en que la considero que lo tiene y mucho.

    Lo diré en pocas palabras.

    La técnica  no la contemplo como algo atribuible a un descubrimiento humano,  más bien    la considero como esa articulación entre la inteligencia y el mundo, entre saber y hacer, pues en esa relación al darse  nuestro trato con las cosas,  éstas dejan de ser meras cosas mediatizadas  cósmicamente  para  pasar a ser pensadas como reales.   Por tanto, en ese nuevo trato con ellas, se modifican y se inventan todo tipo de instrumentos pues a partir de ahí de lo que se trata es de crear, producir formas nuevas de estar en la realidad que sean más plenas y abarcadoras humanamente hablando.

    • M. Luisa

      Ampliaré un poco la idea que sobre la técnica dejé apuntada en mi comentario anterior. Ni que decir tiene que esa idea sobre la cual comenté procede del filosofo vasco X. Zubiri a quien estudié durante algunos años y como es sabido fue discípulo de Ortega y Gasset.

      Zubiri bosquejó de modo explícito en la década de los 50 del siglo pasado lo que para él significaba la técnica, aunque será en los años 80 cuando, mediante su trilogía de Inteligencia Sentiente, su concepción sobre la misma queda totalmente renovada.

      El problema de la técnica surge al sumergirnos en el fundamental problema de la inteligencia sentiente, que en su trato libre con las cosas forja instrumentos que buscan dar con un modo de estar en la realidad de forma más adecuada para el ser humano, que le permita una plena viabilidad en este mundo.

      Hay que tener en cuenta, sin embargo, que en la trilogía (volumen de 1000 páginas) se analiza no la inteligencia como facultad, sino que se la analiza empezando por el hecho mismo del acto intelectivo y esto es fundamental para entender la técnica no como algo externo a nsotr@s sino como un momento estructural del carácter intelectivo humano en su trato con las cosas reales.

      Sin ese trato real de ellas la técnica haría de las cosas meros instrumentos objetivos, en cambio, fijándonos, tomando en consideración lo real de las cosas es en donde se nos manifiesta el propio devenir de la técnica, su verdadera razón de ser, y con ella, con la técnica, las ciencias y el arte.

  • Román Díaz Ayala

    La vida como fabricación de sí misma.

    Le viene bien resaltarlo,  a propósito de la técnica, porque para Ortega una de los caracteres de la vida (humana, se entiende) es que se hace así misma. Es que para Ortega nuestra vida empieza por la perpetua sorpresa de existir. Sorpresa, porque no ha habido un consentimiento previo nuestro lo cual le permite el uso frecuente de una imagen metafórica de un náufrago en un orbe impremeditado.  La técnica viene a ser el uso instrumental que hacemos de las cosas – la materia – para orientarnos en nuestro existir.

    El existir humano no es el mero existir de “las cosas”, porque  el ser del humano se complementa, por así decirlo, en su vida. “Vivir (existir) es ejecutar mi esencia o lo que yo soy, fuera de mí; fuera de mí se entiende fuera de mi esencia, en lo que no es mi esencia, en un elemento extraño a mi ser.” El ser del humano abarca su yo y su circunstancia y sin ésta última perdería esa esencia.

     

    • oscar varela

      Hola Roman!
      Dices:

      1- “para Ortega nuestra vida empieza por la perpetua sorpresa de existir”-
      (PROBLEMA, NO SORPRESA, Román)

      2- “Vivir (existir) es ejecutar mi esencia o lo que yo soy, fuera de mí; fuera de mí se entiende fuera de mi esencia, en lo que no es mi esencia, en un elemento extraño a mi ser.”
      a- [el encomillado (“”) hace suponer una “cita”. No la encuentro]

      b- [lo que encuentro es esto]:
      “la existencia del hom¬bre, aparece consistiendo formalmente, esencialmente, en un pro¬blema. Existencia quiere decir efectividad, realización de una esencia”.

      c- Comprendo el “despiste” al usar los términos “esencia” y “existencia”
      Para mejor comprensión de lo que Ortega está diciendo,
      se hace necesario el contexto;
      p.e. lo que te señalo en 1- Existencia como PROBLEMA
      (no se trata de “sustancia” que se “accidenta” con “complementos”.

      d- Ortega luchó denodadamente por “hacerse entender”
      no solo a los otros sino a sí mismo.
      Nos pasa a todos. Porque el Lenguaje es un instrumento de “uso”
      que no siempre coincide con lo que “pretendemos”.
      Por eso, cuando no “encontramos” las palabras que nos expresen,
      decimos (nos decimos) -“… bueno ¡yo me entiendo!”-

      • Román Díaz Ayala

        No se puede negar los esfuerzos que hacía Ortega por hacerse entender, especialmente en los apuntes de sus clases, que como bien dices, hay pasajes donde parece como si más que explicar pretende “explicarse” a sí mismo. Casualmente estoy repasando mis apuntes de “Unas lecciones de metafísica”, que dió en 1933 en La Universidad (Madrid) Tendría que revisar si el entrecomillado obedece al original o ha salido de mi bolígrafo.
        El mérito “divulgativo” de Ortega, que me animó siempre a leerlo aunque la filosofía se se hace cuesta arriba y casi siempre la encuentro en un lenguaje abstruso para mí, consiste en que unas veces tiene un lenguaje llano e ilustrativo dentro de lo profesoral, o cuando adquiere un estilo periodístico, como en estas Meditaciones sobre la técnica.
        volveremos sobre el tema.

      • Román Díaz Ayala

        La vida como SORPRESA: yo no me doy la vida a mi mismo, sino que mes dada, me encuentro con ella al encontrarme conmigo mismo.
        La vida como PROBLEMA: lo que me es dado al serme dada la vida es la inexorable necesidad de tener que hacer algo so pena de dejar de vivir ( la imagen del náufrago que tiene que nadar)

      • oscar varela

        Sobre lo que te llamo la atención es la “prioridad” que le das a la SORPRESA al decir:
        “… nuestra vida EMPIEZA por la SORPRESA …”.

        No insistiría si no fuera un asunto importante.
        Porque desde Platón y Aristóteles
        hasta Schopenhauer y Heidegger
        así se ha interpretado al ser humano.
        Se ha usado más frecuentemente el término
        “ASOMBRO” (ERSTAUNT) que el de SORPESA.
        Pero si te fijas, esta gente “antigua” y
        la “contemporánea” ya “dan por supuesto”
        un ser humano que se “SORPRENDE” cuando encuentra
        la horma de sus zapatos que le calzan justito (la Verdad).

        Toda esta Gente se ha dejado a las espaldas, precisamente,
        la Vida humana, que es donde se encuentra el Ser humano.

        ¿Pero cómo; no era la Filosofía un rabioso
        “no dejar ningún “supuesto” dormir tranquilo?

        Entonces, no Román, la Vida humana
        no EMPIEZA por la SORPRESA,
        sino por el PROBLEMA;
        y por eso es la TÉCNICA
        de algo PRE-TÉCNICO (su PROGRAMA DE VIDA)
        ……………..
        Ya se verán en otras Lecciones algunos ejemplos.
        Tendremos, a mi ver, que aprender del Tipo “HIDALGO”.
        Pero indefectiblemente habrá que inventar!

      • Román Díaz Ayala

        Compruebo una vez más que en filosofía las palabras las carga el diablo.Siempre existe un antecedente que fulmina cualquier atisbo de “originalidad”, si no se está dispuesto a un enfrentamiento en duelo. Pero la idea está ahí en que Ortega nos explica que la vida está ahí, porque me encuentro con ella cuando me encuentro conmigo mismo.
        Como bien dices, seguiremos ahondando según vayamos viendo.Por lo pronto me quedó ahí donde dice que de los caracteres ( tributos de vida) el primero es que la vida se entera de sí misma. Lo que yo descubrí “sorprendentemente” cuando siendo todavía niño descubrí “mi mismidad”. por eso me resultó fácil comprender su segundo atributo: que la vida es circunstancial que vivir es hallarme yo, quiera o no quiera, entregado a una circunstancia.

  • M. Luisa

    ¿Cómo puede hablarse de hacerse uno mismo, de autofabricarse, leo,  si antes  ese cada uno que somos cada cual no se siente primero  como realidad?  Ojo no como realidad  que “es” sino sólo,  meramente como realidad   que está ahí sintiendo su corporeidad.

    Si no es así en primera instancia, repito, ¿cómo  puede primero, antes de sentirse, “saber” que tiene que hacerse así mismo?  Este acto de conciencia no puede ir  por delante del acto primero de sentirse  como realidad tenida con todas sus notas.

    Es la realidad la que nos abre a la mismidad, no el sabernos uno. Y si ese acto de conciencia ha  ido por delante en la historia de la filosofía ese ha sido su grave error el cual, por usurpación esa experiencia tan propia y tan genuinamente humana  quedó por delegación teórica tristemente compensada.

    Cuando se piensa en la realización  del yo personal no basta sentirse circunstanciado, mediado, rodeado, sino al menos, en efecto, a cuestas con mi circunstancia  pero con mi persona  abierta a la realidad.

    La inteligibilidad lo es de la realidad en donde  irremediablemente se está.  De esta manera, antes de cualquier explicación del mundo, antes de cualquier teoría sobre el hombre y su vida, hay que haber atendido a ese hecho primordial que es sentirse como  realidad.

    Pienso que su teoría sobre la circunstancia le llevó luego a hablar de mera “convivencia” en el mundo de la política.

  • oscar varela

    “CIRCUNSTANCIALIDAD” de la vida de Ortega
     
    1- “Me encontré, pues, desde luego, con esta doble averiguación fundamental:
    – que la vida personal es la realidad radical y que la vida es circunstancia. Cada cual existe náufrago en su circunstancia. En ella tiene, quiera o no, que bracear para sostenerse a flote.
     
    – Mas siendo la vida en su «sustancia» misma circunstancial, es claro que, aunque creamos lo contrario, todo lo que hacemos lo hacemos en vista de las circunstancias. Esto nos permite descubrir la verda­dera función del intelecto y de la cultura. La vida como enfronte con la circunstancia es «inquietud», «oscuridad», «tiniebla», «problematismo», «preocupación», «inseguridad».
    – Por lo mismo, la vida necesita «claridad», «seguridad», «poseerse a sí misma».
    – «Pues bien, esta claridad, esta plenitud de posesión, nos es dada por el concepto.
    – Toda labor de cultura es una interpretación —esclarecimiento, expli­cación o exégesis— de la vida. La vida es el texto eterno, la retama ardiendo al borde del camino, donde Dios da sus voces. La cultura —arte o ciencia o política— es el comentario, es aquel modo de la vida en que, refractándose ésta dentro de sí misma, adquiere pulimento y ordenación. Por eso no puede nunca la obra de cultura conservar el carácter problemático anejo a todo lo simplemente vital.
     
    – Para dominar el indócil torrente de la vida, medita el sabio, tiembla el poeta y levanta la barbacana de su voluntad el héroe político… El hombre tiene una misión de claridad sobre la tierra. Esta misión no le ha sido revelada por un Dios ni le es impuesta desde fuera por nadie ni por nada. La lleva dentro de sí, es la raíz misma de su constitución».
    …………………
     
    2- Esta fue la primera reacción de mi espontaneidad.
    – Como se ve, hace veintiún años me encontré desde luego instalado en algo pare­cido a lo que hace muy poco se ha descubierto en Alemania con el nombre, a mi juicio erróneo y arbitrario, de «filosofía de la existencia».
     
    3- ¿Cómo llegué a ello? No es este el momento oportuno para exponerlo.
    – Si la ruta hacia la nueva intuición me hubiese sido sugerida por alguna influencia personal sería fácil de formular. Bastaría con citar algún nombre. Pero hoy sabe todo el mundo que a la Idea de la Vida como realidad radical solo se podía llegar, por influencia extraña, al través de dos pensadores: Dilthey y Kierkegaard.
     
    (Dilthey)
    – Ahora bien, ni yo ni nadie en Alemania –salvo, a lo sumo, sus personales discí­pulos— sospechaba en 1913, ni mucho tiempo después, que en Dilthey existiese propiamente una filosofía de la vida.
    – Al contrario, Dilthey representaba la convicción de que no se podía tener una filosofía.
    – El que más, conocía a Dilthey como un maravilloso historiador o como un problemático psicólogo.
    – Yo entonces ni siquiera bajo estos dos aspectos conocía su valor.
     
    (Kierkegaard)
    – En cuanto a Kierkegaard, ni entonces ni después he podido leerle. Aunque poseo grandes fauces de lector e ingurgito con impavidez las materias menos gratas, soy incapaz de absorber un libro de Kierkegaard. Su estilo me pone enfermo a la quinta página. Una de las cosas que me parecen más simpáticas es un oso, mas cuando veo a un enorme oso del Norte que prefiere a su dignidad de oso, a su dharma de oso, la pretensión de tener pier­nas ágiles y hábiles para la danza, siento repugnancia.
    – Es posible que haya en él ideas admirables, pero sus gesticulaciones literarias me han impedido llegar hasta ellas.
    – Sospecho, además, dos cosas que someto a la sentencia de los lectores alemanes más entendidos que yo en Kierkegaard:
    * una es que se trata de ese eterno cristiano que no fundamenta su cristianismo en algo positivo, ingenuo, generoso y fresco, sino precisamente en el hecho de que la razón sea algo limitado y trágico.
    – Es decir, que ese cristianismo es mera objeción que presume de ser cosa positiva y vivir por sí. Mas toda objeción no es sino parásito.
    – Ese cristianismo se alimenta exclusivamente del presunto fracaso de la razón, se nutre de un cadáver.
    – El oso de hún­garo resulta ser una hiena y la fábula en que intervienen demasiado aburrida.
    – El hecho de que una cosa sea limitada y trágica no excluye en manera alguna que sea una incuestionable realidad, tal vez, la realidad.
     
    – La razón, sobre todo la «razón pura», propende ciertamente a la petulancia, pero no es necrófaga.
    – Brota en la historia cuando una fe muere, pero no vive de esa muerte, sino que se gana la vida con el sudor de su frente.
     
    – Ese cristianismo es constitutiva y permanente­mente fracaso de la razón y desesperación del hombre.
    – Suplanta la tragedia que es la realidad por la paradoja que es un juego mental.
     
    – La otra cosa que en Kierkegaard sospecho es esta:
    – lo que él llama «pensar existencial», nacido de la desesperación del pensar, tiene todas las probabilidades de no ser, en absoluto, pensar, sino una resolución arbitraria y exasperada, también «acción directa».
    – Por eso dudo mucho que pueda una filosofía llamarse adecuadamente «filosofía de la existencia».
     
    – Sea de ello lo que quiera, importa mucho que al llegar esta humanidad europea al punto de vista de la vida, a la Idea de la Vida, que es superación radical del intelectualismo, no pierda en la aventura la razón y le pase lo que el romance burlesco cuenta:
    Con la grande polvareda
    Perdimos a Don Beltrane.

  • oscar varela

    (I) LA CIRCUNSTANCIA (en “Meditaciones del Quijote”)
     
    – “¿Cuándo nos abriremos a la convicción de que el ser definitivo del mundo no es materia ni es alma, no es cosa alguna de­terminada—sino una perspectiva?
     
    Ahora bien, la perspectiva se perfecciona por la multiplicación de sus términos y la exactitud con que reaccionemos ante cada uno de sus rangos. La intuición de los valores superiores fecunda nuestro contac­to con los mínimos, y el amor hacia lo próximo y menudo, da en nuestros pechos realidad y eficacia a lo sublime.
     
    Hemos de buscar a nuestra circunstancia, tal y como ella es, precisamente en lo que tiene de limitación, de peculiaridad, el lugar acertado en la inmensa perspectiva del mundo. No detenernos perpetuamente en éxtasis ante los valores hieráticos, sino conquistar a nuestra vida individual el puesto oportuno entre ellos. En suma: la reabsorción de la circunstancia es el desti­no concreto del hombre.
     
    La ciencia biológica más reciente estudia el organismo vivo como una unidad compues­ta del cuerpo y su medio particular: de modo que el proceso vital no consiste sólo en una adaptación del cuerpo a su medio, sino también en la adaptación del medio a su cuerpo. La mano procura amoldarse al objeto material a fin de apresarlo bien; pero, a la vez, cada objeto material oculta una previa afinidad con una mano deter­minada.
     
    Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo.
    – en la escuela platónica se nos da como em­presa de toda cultura, ésta: “salvar las apariencias”, los fenómenos. Es decir, buscar el sentido de lo que nos rodea.
     
    Preparados los ojos en el mapa-mundi, conviene que los volvamos al Guadarra­ma. Tal vez nada profundo encontremos. Pero estemos seguros de que el defecto y la esterilidad provienen de nuestra mirada. Hay también un logos del Manzanares: esta humildísima ribera, esta líquida ironía que lame los cimientos de nuestra urbe, lleva, sin duda, entre sus pocas gotas de agua, alguna gota de espiritualidad.
     
    Pues no hay cosa en el orbe por donde no pase algún nervio divino: la dificultad estriba en llegar hasta él y hacer que se contraiga.
     
    Nada impide el heroísmo—que es la ac­tividad del espíritu—, tanto como considerarlo adscrito a ciertos contenidos espe­cíficos de la vida. Es menester que donde quiera subsista subterránea la posibilidad del heroísmo, y que todo hombre, si gol­pea con vigor la tierra donde pisan sus plantas, espere que salte una fuente. Para Moisés el Héroe, toda roca es hontanar.
    ……………………
     
    (II) Comentario de Julián Marías
     
    A- “En suma: la reabsorción de la circunstancia es el destino concreto del hombre”-
     
    Pienso que este pasaje -uno de los decisivos de toda la obra de Ortega- no se ha entendido nunca adecuadamente, y apenas se ha tomado noticia de él. No hay que disimular, por otra parte, su dificul­tad.
    – Se trata del destino concreto del hombre, no del destino del hombre en general –die Bestimung des Menschen en el sentido de Fichte, por ejem­plo—; y éste es, dice Ortega, la reabsorción de la circunstancia, se entiende la de cada cual.
    – El hom­bre, el héroe, decía antes, “avanza raudo y recto, como un dardo, hacia una meta gloriosa”; marchamos “proyectados” hacia lejanías; y la cir­cunstancia nos pide que aceptemos su “ofrenda”.
    – La reabsorción de la circunstancia consiste en su humanización, en su incorporación a ese proyecto del hombre; el hombre se hace a sí mismo con las cosas que le están ofrecidas, hace con ellas vida, su vida, las asume proyectándoles ese sentido, ese lógos o significación de que habla un poco después.
    – El destino del hombre, cuando es fiel a su situación, es decir, su destino concreto, es imponer a lo real su proyecto personal, dar sentido a lo que no lo tiene, extraer el lógos a lo inerte, brutal e “i-lógico”, convertir eso que simplemente “hay ahí en torno mío” (circunstancia) en verda­dero mundo, en vida humana personal. Esta inter­pretación, no sólo no es caprichosa, no sólo no fuer­za los textos, sino que hubiera sido fácilmente al­canzada si se hubiesen leído bien las Meditaciones del Quijote en su integridad, sin separar la primera parte de la segunda y tomando en serio lo que allí se dice.
     
    – Porque este pasaje comentado es insepara­ble de otro del final, que dice: “Como el carácter de lo heroico estriba en la voluntad de ser lo que aún no se es, tiene el personaje trágico medio cuerpo juera de la realidad. Con tirarle de los pies y vol­verle a ella por completo, queda convertido en un carácter cómico. Difícilmente, a fuerza de fuerzas, se incorpora sobre la inercia real la noble ficción heroica: toda ella vive de aspiración. Su testimonio es el futuro. La vis cómica se limita a acentuar la vertiente del héroe que da hacia la pura materialidad. Al través de la ficción, avanza la realidad, se impone a nuestra vista y reabsorbe el “role” trágico. El héroe hacía de éste su ser mismo, se fundía con él. La reabsorción por la realidad consiste en solidificar, materializar la intención aspirante sobre el cuerpo del héroe”. Se trata aquí de lo inverso, la reabsorción del hombre —del proyecto— por la circunstancia.
    – La realidad, que no se deja dominar fácilmente, que en cierta medida es irre­ductible —el hombre es un ser utópico, dirá más tarde Ortega—, avanza y, más o menos, solidifica, materializa la intención aspirante; en otros térmi­nos, mientras el hombre trata de “humanizar”, per­sonalizar la circunstancia, la realidad “cosifica” al hombre, lo solidifica y así lo despoja de su carácter de invención y aspiración, el más propiamente humano.
     
    – Esta es la auténtica condición humana, la empresa irrealizable y siempre intentada de nuevo que consiste en vivir, en intentar ser hombre.
    ……………………
     
    B- “Este sector de realidad circunstante forma la otra mitad de mi persona: sólo al través de él puedo integrarme y ser plenamente yo mismo”.
     
    Es decir: la persona no es sólo yo, sino que incluye la realidad circundante; y yo sólo soy plenamente yo mismo en forma circunstancial, es decir, inte­grado con y en mi circunstancia. Esto aclara el sen­tido de la fórmula que Ortega introduce pocas líneas después.
    ……………………
     
    C- “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”.
     
    Esta es la fórmula más apretada de la intuición fundamental de Ortega.
    – En este lugar la circunstancia no se ha de entender sólo de un modo geográfico, ni siquiera en general físico, ni aun simplemente orgánico.
    – Basta con tener presente lo que dice más adelante:
    – “¡El mundo exterior! Pero ¿es que los mundos insensibles -las tierras profundas— no son también exteriores al sujeto? Sin duda alguna: son exteriores y aun en grado eminente.”
    – Es decir, lo no sensible, el mundo llamado “interior”, es exterior al sujeto, al segundo “yo” de la expresión comentada; por tanto, forma parte de la circunstancia; sólo puede decirse que forma parte de mí en el sentido del primer “yo”, aquel que designa mi realidad personal entera.
     
    – Quizá no sea inoportuno recordar un an­tiguo comentario mío de este pasaje orteguiano: “El momento de yoidad del hombre —el segundo yo de la frase orteguiana— no agota al ente humano, como creyó el idealismo.
     
    – Pero ahora nos interesa más bien el primer yo, el que incluye la circunstancia, el que no es puro sujeto del vivir, centro de una circunstantia.
    – La circunstancia, en efecto, esté definida por su estar en torno —circum— a un yo: él es quien le da su carácter unitario y circuns­tancial, o sea vital;
    – pero no podemos ahora definir simplemente al yo por la circunstancia, como su punto central.
    – El yo es inseparable de la circunstan­cia, y no tiene sentido aparte de ella;
    – pero, a la inversa, la circunstancia sólo se constituye en torno a un yo,
    – y no a un yo cualquiera, a un mero sujeto de actos y haceres,
    – sino a un yo mismo, capaz de entrar en sí, que es, no diremos algo —es decir, cosa, res,
    – pero sí alguien, o sea persona.
     
    – Podría­mos decir que yo estoy definido por mi circunstan­cia, pero mi circunstancia no me define; esto es, no soy más que con ella, v decide mi ser, pero no lo agota, no está dado mi ser -si se quiere mi ser futuro— cuando está dada mi circunstancia y un yo abstrac­to, puntual, puro sujeto de ella.
    – La circunstancia es mi circunstancia; y este posesivo no indica una simple localización, sino una efectiva posesión.
    – Por ser yo mismo, por tener una mismidad y ser dueño de mí, puedo tener algo mío.
    – La yoidad no agota al hombre; el yo no es mero soporte o sustrato de la circunstancia, no es solo el que vive con ella, sino quien vive, quien hace su vida con la circunstancia, dando a ese quien su riguroso sen­tido personal.
    – El hombre además de ser un yo y el sujeto de sus actos vitales, soporte de su mundo, es también persona.

  • ELOY

     
    Primero.
     
    Leo:
     
    << La reforma de la naturaleza o técnica, como todo cambio o mutación, es un movimiento con sus dos términos, a quo y ad quem. El término a quo es la naturaleza, según está ahí. Para modificarla hay que fijar el otro término, hacia el cual se la va a conformar. Este término ad quem es el programa vital del hombre >>
     
    La naturaleza está ahí, es un término dado y pregunto ¿incluye la circunstancia?.
     
    Porque entiendo que “la circunstancia”, es elemento fundamental y condicionante inexcusable del “programa”.
     
    Pero “la circunstancia” es un componente “económico social”, con otros posibles componentes, que condiciona todo “programa”.
    ¿programa” equivale a “proyecto”?

     
    Segundo: 
     
    Lo que Ortega expone, sin aportación de lo que podríamos llamar  estudios y datos estadísticos científicos, ¿qué grado de credibilidad ofrece? .
     
    ¿ Es una mera teoría o hipótesis de comprensión de la naturaleza , la técnica, el proyecto y el ser humano en su realización ?
     
    ¿ O pretende tener validez universal de cumplimiento, es decir científica?  ¿Es mera filosofía ?
     

  • oscar varela

    1- el poder del dinero
    a) En el siglo VII antes de Cristo corría ya por todo el Oriente del Mediterráneo el apotegma famoso: chrémata, chrémata aner. “¡Su dinero, su dinero es el hombre!”.
    b)  En tiempo de César se decía lo mismo,
    c)  en el siglo XIV lo pone en cuaderna vía el turbulento tonsurado de Hita y
    d) en el XVII Góngora hace de ello letrillas.
     
    – ¿El dinero, desde que se inventó, es la gran fuerza social?
    – ¿No existe la sospecha de que debería tener menos influencia de la que posee?
     
    2- Las épocas en que se ha lamentado ese poderío son, entre sí, muy distintas.
    – Sin embargo, puede descubrirse en ellas una nota común:
    – son siempre épocas de crisis moral,
    – tiempos muy transitorios entre dos etapas.
    –  Los principios sociales que rigieron una edad han perdido su vigor y
    – aún no han madurado los que van a imperar la siguiente.
     
    3- ¿Será que el dinero no posee, en rigor, el poder que, deplorándolo, se le atribuye?
    – ¿que su influjo sólo es decisivo cuando los demás poderes organizadores de la sociedad se han retirado?
    – tal vez pueda dudarse de que sea un poder primario y substantivo.
     
    4- Tal vez el poder social no depende normalmente del dinero, sino, viceversa,
    – se reparte según se halle repartido el poder social y
    – va al guerrero en la sociedad belicosa,
    – pero va al sacerdote en la teocrática.
     
    5- El síntoma de un poder social auténtico es que cree jerarquías,
    – que sea él quien destaca al individuo en el cuerpo público.
    – Parece lo más verosímil que sea el dinero un factor social secundario,
    – incapaz por sí mismo de inspirar la gran arquitectura de la sociedad.
    – Es una de las fuerzas principales que actúan en el equilibrio de lo colectivo,
    – pero no es la musa de su estilo tectónico.
     
    6- En cambio, si ceden los verdaderos y normales poderes históricos
    (raza, religión, política, ideas),
    – toda la energía social vacante es absorbida por él.
    – cuando se volatilizan los demás prestigios queda siempre el dinero, que,
    – a fuer de elemento material, no puede volatilizarse.
    – O de otro modo:
    el dinero no manda más que cuando no hay otro principio que mande.
     
    7- Las épocas sometidas al imperio crematístico son tiempos de transición.
    – Muerta una constitución política y moral,
    – se queda la sociedad sin motivo que jerarquice a los hombres.
     
    8- Ahora bien: esto es imposible.
    – Contra la ingenuidad igualitaria es preciso hacer notar
    – que la jerarquización es el impulso esencial de la socialización.
    – Donde hay cinco hombres en estado normal
    – se produce automáticamente una estructura jerarquizada.
    – Cuál sea el principio de ésta es otra cuestión.
    – Pero alguno tendrá que existir siempre.
    – Si los normales faltan, un pseudoprincipio se encarga de modelar la jerarquía.
    (Durante un momento, el siglo XVII, en Holanda, el hombre más envidiado era el que poseía cierto raro tulipán.)
    – La fantasía humana, hostigada por ese instinto irreprimible de jerarquía, inventa siempre algún nuevo tema de desigualdad.
     
    9- ¿Es nuestro tiempo el más crematístico de cuantos fueron?
    Posiblemente sí, porque es también edad de crisis;
    – los prestigios hace años aun vigentes han perdido su eficiencia.
    – Ni la religión ni la moral dominan la vida social ni el corazón de la muchedumbre.
    – La cultura intelectual y artística es valorada en menos.
    – Queda sólo el dinero.
     
    10- Lo nuevo, lo exclusivo del presente es esta otra coyuntura.
    – El dinero ha tenido, para su poder, un límite automático en su propia esencia.
    – El dinero no es más que un medio para comprar cosas.
    – El poder social del dinero será tanto mayor
    – cuantas más cosas haya que comprar,
    – no cuanto mayor sea la cantidad del dinero mismo.
     
    11- El industrialismo moderno,
    – en su combinación con los fabulosos progresos de la técnica,
    – produce un cúmulo tal de objetos mercables,
    – que puede el dinero desarrollar fantásticamente su esencia: el comprar.
     
    * Ahora un hombre llega a una ciudad y a los cuatro días puede ser el más famoso y envidiado habitante de ella sin más que pasearse por delante de los escaparates, escoger los objetos mejores -el mejor automóvil, el mejor sombrero, el mejor encendedor, etc.-y comprarlos.
    * Cabría imaginar un autómata provisto de un bolsillo en que metiese mecánicamente la mano y que llegara a ser el personaje más ilustre de la urbe.

  • mª pilar

    Copio de Ortega y Gasset…

    ” el técnico no puede mandar, dirigir en última instancia. Su papel es magnífico, venerable, pero irremediablemente de segundo plano.”

    Si miramos el mundo que nos rodea, comprobamos, que las mentes que lo van cambiando, ofreciéndonos caminos más gratos para nuestro vivir..:

    ¡No llegan al poder!

    Llegan al poder, los que tienen el capital en sus manos; estos  crecen, adueñándose de la capacidad de los técnicos para… “crear-comprando sus ideas” …  o apoderándose de ellas.

    Algunas de estas personas salen a la luz, otras no; y los que de verdad se enriquecen son los poseedores del capital.

    Es una brillante lección sobre los seres humanos; sus grandes obsesiones por poseer, en lugar de crecer como personas, en busca de una humanidad cada vez más formada, madura e igualitaria.

    Gracias Atrio por este curso, gracias Oscar por tu dedicación al destilarlo.

     

  • Jose Antonio Pastor M.

    Famosa frase atribuida a Galileo Galilei, “Eppur si muove” “Y sin embargo, se mueve”, la cual supuestamente pronunció cuando fue obligado por la Santa Inquisición a retractarse de la ‘herética’ teoría de que la Tierra se movía alrededor del Sol, y no al revés. Por que digo esto…porque creo que es un claro ejemplo de ruptura, y un punto de partida de la ciencia, ciencia. Me pueden obligar a pensar una cosa pero si yo en mi interior me demuestro que no es así, esa libertad nadie me la quita y es el comienzo del descubrimiento de un mundo técnico a través de la ciencia por la libertad del pensamiento y la impronta unida a nuestra evolución técnica. Así el dominio de las disciplinas clásicas, como la filosofía la teología y otras muchas nacidas al amparo de estas, son las que han predominado y predominan curiosamente en un mundo cada vez mas técnico y más científico. Como muy bien dice el articulo, son más famosos los teóricos que los técnicos, apenas conocidos en el sistema educativo, apenas nombrados como grandes personajes de la humanidad. Quien conoce a David  Baltimore y a otros más allá de Louis Pasteur un científico del siglo XIX ¿Pero los actuales? Pienso que vivimos en los cimientos del siglo XIX en pleno siglo XXI en muchos aspectos. Llevaba razón Ortega en este tema de la técnica, pero hay que entender que Ortega se encuentra en una sociedad que empezaba a tecnificarse a una gran velocidad, a la misma en que las sociedades de países potencia se estaban armando para dos grandes guerras mundiales y entre medias una guerra civil. fruto de la ilustración y cuya culminación fue la tragedia más grande y la actual sociedad tecnificada al borde del abismo por exceso de éxito. Ortega y Gasset era un filosofo y un hombre que observa muy bien la sociedad que le ha tocado vivir y las pulsiones internas que la mueven. No se si acertó en muchas de sus visiones pero si que es cierto que abrió muchos caminos de reflexión y debate. Uno de ellos este.

  • Honorio Cadarso

    La enfermedad básica de nuestro tiempo es la crisis de los deseos”, dice el texto de Ortega y Gasset. Pero según la historia que yo conozco España vivía en aquellos tiempos en que habla Ortega el sueño de una repúbica, y de una sociedad socialista, que dió lugar entre nosotros a una guerra civil, y a nivel europeo en la revolución rusa impulsada por Lenin.

    No en tiendo nada, colegas…

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