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Llegar a ser discípulo de Jesús

Una invitación a ejercitar un espíritu realista
durante la Cuaresma, 4

Soy consciente de la excesiva extensión y estilo denso de esta entrada. Sabéis que aprovecho textos escritos hace dos años. Pensaba rehacerlos y adaptarlos más a lo digital. Pero me ha resultado difícil, hoy más que nunca, modificar lo ya escrito con perspectiva tal vez demasiado personal. AD. 

        Sabiendo quiénes son los que más asiduamente acuden a leer Atrio, no hace falta ser adivino para saber que la vida del galileo Jesús de Nazaret (esa décima del segundo 56 del último minuto de la última hora de la historia cósmica en escala de año solar) ha tenido una importancia única en cada una de sus también efímeras vidas.

        Vida humana real la de Jesús, fijada en coordenadas de espacio y tiempo como las nuestras, aunque esa concreción nos resulte hoy solo aproximada. Y eso que el momento exacto de su nacimiento es hoy considerado teóricamente como inicio de la que ahora empieza a designarse como era común (ec), que es la manera más generalizada de expresar el tiempo histórico[1]. Persona no relevante históricamente en su tiempo, es conocida solo a través de testimonios e interpretaciones ajenas, bastante alejadas de su tiempo. Pero aun así y a pesar de los siglos que nos separan de ella, ha ejercido en nosotros, más que nadie, el papel de “padre en la fe”, por cuanto nos ha estado invitando sin parar a un trabajo interior de abrirnos a nosotros mismos, a los demás y a quien él llamaba el Padre. En aquel ranking de las personas que más influyeron en nuestra propia vida, propuesto en otra meditación, seguro que ocupaba el primer puesto, si es que no la excluisteis por considerarlo demasiado evidente.

        Por mi parte, analizando mi proceso, Jesús se presentó al principio como representación del único Dios. No es fácil para un niño distinguir quién es “mi Dios” y “mi Jesús”, si no es por la manera de representarlo. Poco a poco, Jesús fue haciéndoseme presente como un hombre como yo, necesitado de buscar sentido a su vida que a veces se le volvía oscura e inexplicable, totalmente igual a mí incluso en la fe que necesitaba descubrir dentro de sí, en todas las personas que le rodeaban y en su Padre que habitaba en su interior, aunque a veces se le escondiera. Pero ¿Cómo que Jesús, segunda persona de la Trinidad, con visión directa de todo, necesitaba ir progresando en fe? Pues sí, aunque parezca herejía. Yo seguiré pensando en un Jesús del que quiero ser discípulo pues es quien, en mi biografía y sin querer establecer necesariamente un principio de valor absoluto que lo oponga a otros iniciadores y maestros, es el que mejor me ha introducido, con su ejemplo y sus palabras, a la vida espiritual. Y con ello ha constituido camino, verdad y vida para mí. Por mi fe creo en Jesús vivo e influyente en mí, como otros muchos vivientes a menor nivel, sin necesidad de atribuirle a su persona la preexistencia y otras exclusivas propiedades a las que Él hubiera tenido que renunciar para ser hombre real. No sé si estas afirmaciones cumplen el mínimo exigido por mi Iglesia como contenido de fe cristiana. Pero de la pertenencia eclesial ya hablaremos otro día.

 

  • 1. Trabajando la memoria de Jesús por dentro

        Para que Jesús cumpla esa misión, nosotros hemos tenido que trabajar su memoria, reinterpretándola continuamente, a medida que nos llegaban noticias sobre cómo fueron redactándose los escritos del nuevo testamento, sobre cómo su recuerdo, con sus hechos y dichos, fue quedando fijado en diversos documentos, según lo que estaban viviendo las diferentes comunidades cristianas para las que se escribieron. Un profundo pluralismo de la manera de entender a Jesús está ya presente en la letra del nuevo testamento. Y la preeminencia de una teología con marginación de otras, fue la constante que dominó en la Iglesia, defendiendo el llamado depósito de la fe (¡vaya metáfora!) incluso con espada y sangre. Solo un dato que ejemplifica para mí este cambio: el P. Zapalena, profesor de Eclesiología en la Gregoriana basaba toda su teología en que cuando Jesús hablaba de Reino de Dios se refería expresamente a la Iglesia, la católica por supuesto. ¿Quién puede hoy leer los evangelios con esa mentalidad apologética para defender un sistema religioso muy parecido al que le llevó hasta la cruz?

        Pero algo más profundo ha ido cambiando en nuestra inteligencia sobre Jesús: que él fue un hombre completo y que hay que partir de su patente humanidad para llegar a comprender algo de su escondida divinidad. En el fondo no he dejado de proclamar el dogma de la encarnación, pero tal vez con mayor justeza, dándole un sentido más coherente con mi fe. El hombre Jesús es Dios como todo hombre es Dios de alguna manera, aunque él fuese de manera especialísima y por eso sigue siendo un referente único para muchos[2]. Incluso me inclino a pensar que para ese sentido último de toda la realidad que es Dios, la aparición de Jesús en un determinado lugar y tiempo tenía un destino concreto de reorientar la evolución de todo lo creado hacia su destino último.

        Nos llegaron después nuevas cristologías “desde abajo” que cuestionaban ya expresamente cómo un mal entendimiento de la unión hipostática había dejado en el olvido la humanidad de Jesús: en él realmente su inteligencia y su conciencia fue evolucionando como la nuestra. Y es entonces cuando para muchos de nosotros empezó una maravillosa búsqueda conjunta de la humanidad de Jesús y la propia. Algunos habrán creído que esa gran búsqueda de la humanidad de Jesús en sintonía con la búsqueda de nuestra misión, pudo ser un vaciamiento de fe y de “valores sobrenaturales”. ¿Qué importa lo que digan? Lo importante es entender, desde lo más profundo de mi ser, que existe una voluntad sincera de seguimiento a Jesús, entendido de la manera más honesta. A medida que avanzaba en la búsqueda de mí, en aquello que puja desde dentro y que señala lo que puedo llegar a ser, con una presentida ayuda interior que me trasciende, si acepto la invitación, entendía mejor frases de Jesús –ipsissima verba o no, al final importa poco– que se referían a cómo él está en el Padre y el Padre actúa en él. Y esas mismas vivencias de Jesús, presentidas en sus palabras y gestos, iluminaban más que nada la búsqueda interior de mi persona.

        Ese progreso en la forma de entender a Jesús por dentro ha ido haciendo que se perdiese devoción por la imagen de Jesús, tanto exterior como interior. Pienso que ahora nos preocupa y nos mueve menos la imaginería, sin que por ello seamos iconoclastas. Que les sirva a quien le sirva. Y bienvenido Mino Cerezo, cuyas imágenes sirven al menos para sustituir a otras, desde los Pantocrátor, a los Cristo Rey y a los melifluos Sagrados Corazones que querían hacerle presente en nuestras Iglesias y salas de reuniones. Pero es que hasta por dentro no hay en mí imagen de Jesús. Y tampoco me interesa fijar más su historia a partir de las ultimísimas investigaciones. Tal vez alguna escena de Pasolini o de los hermanos López Vigil en Un tal Jesús me afloren en algún momento al recordarle. Pero sobre todo es la comprensión de su interior a través de palabras y gestos trasmitidos, con la única imagen tal vez de ese chispazo o rayita en el lugar y tiempo del universo en que se desarrolló su vida.

        En la manera de reinterpretar para mí la figura de Jesús de Nazaret, confieso que he ido muy lejos. No se trata solo de que haya cambiado lo que yo pensaba de Jesús, sino que también para mí ha cambiado lo que creo que fue la manera de entenderle a él los mismos primeros discípulos e incluso la manera de entenderse él a sí mismo. Me explico. En las mismas concepciones y expectativas que están en la mente de Jesús y de los primeros cristianos se reflejaba la cultura mesiánica sobre una próxima intervención poderosa de Dios en la historia, que hoy podemos considerar una forma cultural de expresar su fe en el Padre, aunque parece que él tenía bien claro que nadie podía conocer ni los tiempos ni los modos. Parece tremendamente atrevido entrar en la misma consciencia de Jesús y purificar de adherencias culturales algunas expresiones suyas, tal vez originales. Pero yo se lo oí expresar así de claro a quien considero uno de sus mejores discípulos e intérpretes, Marcel Légaut. Él nos dijo con sencillez y profundamente admirado en una de sus charlas en el Tibidabo: “Pienso que tal vez nosotros en el siglo XX, con todo el progreso realizado en las ciencias del hombre y de la historia, con toda la inteligencia sobre Jesús que se ha ido acumulando en sucesivos discípulos, estemos en mejor situación para entender los textos bíblicos, del antiguo y del Nuevo Testamento, y entender la misma consciencia de Jesús, que sus primeros discípulos e, incluso, que el mismo judío histórico Jesús a quien le era difícil despojarse del todo de connotaciones culturales de su fe en Yaveh, el Padre para él”. Me parece que, de una u otra forma, esta afirmación está en algunos de los escritos de Légaut, pero no me voy a poner ahora a buscar la cita. Yo, desde que se lo oí, me siento profundamente liberado en esta tarea de reinterpretación personal de todo lo relacionado con Jesús. Y soy consciente de que esta privilegiada capacidad interpretativa que podemos tener los discípulos de Jesús, ya no en el siglo XX sino en el XXI, hay que ejercitarla con suma humildad, temor y temblor. Y con tanta más seguridad cuanto que no se impone a nadie ni se pretende hacer de la personal interpretación una bandera.

 

  • 2. Una vida acorde con el estilo de Jesús: ¿meditación de las dos banderas?

        Siempre me impresionó el esfuerzo de realismo y percepción sensible que San Ignacio recomienda en todas las meditaciones de la segunda semana, en las que se presenta la encarnación de la segunda persona para la redención de nuestro pecado.

        Cuando se eleva hasta el trono de la Trinidad es para ver a la humanidad real distribuida en toda la redondez de la tierra, como si de en un viaje con Google Earth se tratara. Hay mucho esfuerzo de realismo aquí: El primer puncto es ver las personas, las unas y las otras; y primero las de la haz de la tierra, en tanta diversidad, así en trajes como en gestos: unos blancos y otros negros, unos en paz y otros en guerra, unos llorando y otros riendo, unos sanos, otros enfermos, unos nasciendo y otros muriendo, etcétera. Como lo hay cuando nos invita hacernos presente en el nacimiento de Jesús: haciéndome yo un pobrecito y esclavito indigno, mirándolos, contemplándolos y sirviéndolos en sus neccessidades, como si presente me hallase, con todo acatamiento y reverencia posible.

        Entiendo que en la auténtica espiritualidad ignaciana haya elementos muy remarcables de lo que ahora se consideraría espiritualidad franciscana, que aportó la sensibilidad humanista del renacimiento a la Iglesia. Ese método de acercamiento a la humanidad de Jesús, aplicando los cinco sentidos en la contemplación, está en la línea de Francisco, el de Asís, que teatraliza en Greccio la escena del nacimiento de donde proceden nuestros belenes.

        Pero a él le interesa sacar de esta elección de Dios de nacer en sencillez y pobreza, como lo cuenta Lucas, el criterio fundamental para la elección de estado que será el objetivo de dos meditaciones que seguramente han sido decisivas en nuestras vidas: las dos banderas y los dos binarios. No pretendo ahora volverlas a exponer o que las hagáis hoy. En todo caso se orientarían a la confirmación de nuestro estado de vida o de nuestra opción fundamental por los pobres. Pero sí que me interesa hacer algunas observaciones sobre el “estilo de vida” que se deriva de las palabras y gestos de Jesús. Es verdad que no hay una ética exclusiva que derive del hecho de Jesús. Casi todos sus mandatos o consejos se encuentran en otros autores o tradiciones anteriores. Incluso el mandato del amor universal y a los enemigos. Pero esto no impide que, de hecho, la mayoría de nosotros hayamos recibido impulso para lo mejor de nuestra vida de Jesús y que él siga siendo un camino y fuente de vida en cualquier estado en que se encuentre ella hoy.

        San Ignacio insiste en que hay que empezar en imitar a Jesús eligiendo pobreza antes que riqueza. La opción por los pobres y por el estilo de vida de los pobres ha sido primordial en todo lo que rodea la llamada misión obrera, base de este grupo [referencia al grupo que se suele reunir anualmente en Lamiarrita, a quienes iban primariamente estas meditaciones. AD], surgida tras el Vaticano II y el pacto de las catacumbas (1965), la conferencia episcopal de Medellín (1968) y la 32ª congregación general de la Compañía preparado por Arrupe (1974). Fue de lo mejor que salió del nuevo aire que sopló hace medio siglo en la Iglesia. Lo que hoy queda de ello, que no es poco, se regocija del reavivamiento de ese estilo de vida que hoy propone Francisco. Sugiero solo alguna observación sobre el estilo y la ética de Jesús.

  • Que las decisiones surjan de forma natural desde nuestra inspiración y fuerza interior, no forzando la voluntad por imitación, con una heroica ofrenda de mayor estima. El estilo de Jesús nos debe llevar a vivir como la gente del pueblo (hoy “lo popular” sustituye frecuentemente a “lo obrero”, con importantes connotaciones culturales) pero para estar, gozar y celebrar con el pueblo todo. Pasos excesivamente radicales y forzados, hechos en otros tiempos, desde la burguesía a la clase obrera, desde conventos acomodados a chavolas, pudieron ser muy meritorios pero también causaron más sufrimiento del debido a personas cuyos subyectos se resintieron de ello. Sé que es un tema delicado, pero estas meditaciones y elecciones de la segunda semana han podido inducir decisiones heroicas impuestas a la propia naturaleza que a la larga han destruido vidas como holocaustos que tal vez podrían haber sido evitados con más atención a cómo Dios actúa en nuestro interior. Aunque este equilibrio entre radicalidad y connaturalidad en el seguimiento de Jesús es cosa difícil de dilucidar, que solo en la conciencia de cada uno se puede determinar.
  • A la pobreza como estilo de vida debe seguir, según las meditaciones de la 2ª semana ignaciana, aceptación de deshonor e injurias que lleven a la humildad necesaria de todo seguidor de Jesús. En ese camino de alegrarse de ser humillado para conseguir ser humilde creo que hay otro punto de diferencia importante en la espiritualidad heroica ignaciana que en muchos de nosotros está. La reflexión sobre mi vida y la de otros me llevan a pensar que la verdadera humildad debe surgir de la verdad de sentirse algo muy pequeño, que no vale la pena hacer nada para engrandecer la propia vida, hacerla importante e influyente, hacer carriera como dice hoy Francisco. El único sentido que puede tener la vida de un discípulo, desde sus más profundas motivaciones es ponerla al servicio de los demás, desde las pequeñas cosas, desde la praxis universalizada de un hermano coadjutor para entendernos. No se consigue humildad rehusando pensamientos sobre lo que uno vale, de lo muchas veces recuerdo haberme examinado con ese detalle contable que describe Ignacio, de letras y rayas por día de la mañana. Lo único es vivir todo, éxitos y fracasos, con actitud de servicio. Y si consigo ser capaz de servir más por valer para más cosas, pues alegrarme de ello, no querer negarlo. Tampoco es necesario en buscar que otros me humillen. Cada uno lleva dentro de si el aguijón que le obliga a ello. Perdonar y olvidar ofensas es el mejor ejercicio que podemos hacer en la vida y ocasiones no faltan.
  • Para adoptar el estilo de vida que corresponde a un discípulo de Jesús no hace falta hacer una referencia o memoria expresa a él. Ni siquiera es necesario para conseguir esas dos actitudes fundamentales que hemos referido expresamente: opción preferencial por los pobres y humilde actitud de servicio. Esta y otras muchas surgen de la misma naturaleza si está uno abierta a ella y las vemos a veces extraordinariamente presentes en muchas personas por las que no ha pasado la referencia explícita a Jesús. Incluso en quienes parece que están más lejos de Él se cumplen mejor sus consejos de dar de comer, de visitar, de acoger, como expresamente lo señala en Mateo 25, síntesis con las bienaventuranzas de la ética cristiana que es común a otros. Porque la verdadera fe se encuentra muchas veces más en quien consideramos lejano, como en aquel centurión romano que incluso parece que era homosexual y recibió la alabanza de Jesús (Lc. 7). Todo esto me da una especial esperanza cuando veo llena de valores a la juventud actual de la que hemos alejado al Jesús auténtico. Y me hace pensar en que está totalmente equivocada la pastoral juvenil actual cuando, en vez de concienciar y fomentar esos valores de justicia y solidaridad, pone todo el acento en acentuar la referencia explícita a Jesús. Es lo que creo que no tiene claro el arzobispo de Madrid, el bueno de Carlos Osoro que insiste en que hay que acercar los jóvenes a Cristo, pues solo así tendrán valores y salvarán sus vidas. Este mismo dogma pastoral parece que persiste en la teoría y praxis de las JMJ, Jornadas Mundiales de la Juventud, aunque hayan desaparecido de ellas la dominante presencia de movimientos conservadores. La estrategia pastoral debería ser la contraria: animemos a los jóvenes a encontrar y seguir valores en su vida, que así es como se acercan a Jesús, lleguen o no a encontrarse algún día explícitamente con él.

 

  • 3. La presencia de Jesús en la eucaristía

        Otra característica que de la relación con Jesús ha sido, para casi todos, la presencia eucarística. Además de la Misa y frecuentemente con más importancia que la Misa, lo importante era tener mucha vida de sagrario. Bueno, ojalá me equivoque y muchos seáis más jóvenes u os hayáis acercado a la vida cristiana más tarde que nosotros. Llegaba a medirse la espiritualidad por la cantidad de horas que pasaba uno ante el sagrario o la cantidad de visitas que se hacía a la capilla.

        Las celebraciones eucarísticas tienen un inicio muy temprano en las comunidades cristianas como ágapes en que se hacía memoria de Jesús. El cumplimiento dominical se impuso mucho más tarde, cuando se convertían pueblos porque se convertía el rey y había que reglamentar la práctica cristiana. Curiosamente el culto al Corpus Christi fue promovido por una espiritualidad que nacía del pueblo y de mujeres que atendían a leprosos[3]. Era un afán de ponerse en contacto estrecho con la humanidad de Jesús. Lo mismo que existía en tiempos de Santa Teresa y su lucha con confesores y capellanes para comulgar con más frecuencia. Hoy no es que no valoremos todo esto. Pero en la espiritualidad moderna la devoción eucarística tiende a centrarse en la celebración de la cena del señor como sacramento, centrado en la asamblea del pueblo de Dios que hace memoria de Jesús, de su muerte y resurrección y se compromete a hacer lo que él dijo e hizo en el mundo de hoy.

        No hay que quitar las devociones tradicionales a quienes siguen con ellas a gusto. Pero no permitir que su abandono se interprete como falta de fe en la presencia real. Precisamente lo que pasa es que hoy el hombre espiritual tiene muchos más lugares donde encontrar presente a Jesús, a veces incluso con expresas palabras suyas: cuando dos o más estéis reunidos en mi nombre, ahí estoy yo; lo que hiciereis a uno de estos…

 

  • 4. ¿Debemos propugnar, incluso por fidelidad a Jesús de Nazaret, una sociedad poscristiana, sin referencias explícitas a nombres y símbolos cristianos?

        El año pasado leí con fruición el libro Después de Cristo de Alfredo Fierro, que él me había regalado en un entrañable reencuentro. Después supe que había participado en una reunión de Lamiarrita. Al ir escribiendo esta historia de mi relación personal con Cristo me he acordado mucho del genial recorrido que él hace de cómo se fue construyendo esa realidad histórica que es el cristianismo y de con qué facilidad se ha ido deconstruyendo después, dejando solo algunos vestigios culturales de mayor o menor calidad. Hasta el punto de que él se pregunta con razón si hubo de verdad cristianización de los países europeos ya que la descristianización ha sido tan profunda y tan espontánea, a pesar de las muchas resistencias de las iglesias por impedirla.

        Recientemente los debates surgidos en torno a la novela y película Silencio profundizaron más aún sobre este tema de cómo entender el mandato Id y haced discípulos de todas las naciones. Para algunos misioneros el anuncio tenía que hacerse siempre explícito y con los signos traídos del país de origen, aunque significaran para los japoneses poder colonial y para los misioneros y sus discípulos martirio. Para otros debía darse un testimonio vital de servicio en secreto, dejando el fruto al trabajo oculto de las conciencias. Creo que la mayor parte de nosotros elegimos hace tiempo el camino de Charles de Foucault, que había sido colonizador, en su tienda con una tribu de tuaregs y de los hermanitos y hermanitas de Jesús que se esconden en el corazón de las masas. Ese creo que es el verdadero espíritu de Jesús hoy.

        No pretendo aquí que orientéis en ese tipo de ocultamiento social vuestro discipulado de Jesús. Esto es seguramente algo que la mayoría tendrá claro. Pero como hay corrientes poderosas que siguen clamando por primar la evangelización expresa os transmito, desde mi experiencia de hace años y de tantos otros que nos precedieron, que la fe en Jesús y la difusión de la misma hay que seguirla viviendo en espíritu y verdad, en el interior de los corazones y la celebración en pequeñas comunidades. Todo intento de hacer presente a Jesús en la sociedad con procesiones, predicaciones de impacto mediático o grandes eventos, tendrán muy poco valor real de cristianización y frecuentemente servirán más a lo contrario.

NOTAS:

[1] Hay quien sigue reivindicando que siga constando lo de dC y aC en los años de la historia, considerando ec y aec como cesión injustificada a la secularidad y falta de valor para defender la verdad.  Yo veo más conforme al espíritu de Jesús ocultar esa referencia que le encumbra en una humanidad actual muy dividida por identidades religiosas.

[2] Si la teología oficial me ha ayudado mucho, las reflexiones mantenidas en el Portal ATRIO sobre la encarnación, mucho antes que llegaran a él las conocidas catequesis de Miquel Sunyol. Juan Luis Herrero del Pozo fue un padre blanco quien, tras ser profesor de teología, abandonó la orden y la teología. Cuando abandonó también el activismo social de primera línea tras la primera huelga de hambre del 0,7 (1994) se dedicó a releer la teología que había enseñado y rescribirla desde su lectura actual. Tras un libro titulado Religión sin magia (Murcia, el Almendro, 2008) publicamos en Atrio una serie de capítulos de lo que iba redactando como libro sobre la fe desde la secularidad. Todo él iba a la múltiple encarnación de Dios no solo en Jesús sino en todas las personas y toda la creación. Juan Luis no ha podido acabar su obra por haber perdido totalmente la vista. En Atrio esperamos recoger de nuevo esos materiales que por cambios de programa no aparecen hoy debidamente en el portal.

[3] Es curioso e interesante. Al llegar a este punto al que quería aludir, busqué en Iternet alguna referencia y me encontré precisamente con el Portal Lamiarrita: http://lamiarrita3.blogspot.com.es/2011/06/eucaristia-y-solidaridad-con-los-pobres.html ¿Continúa ese interesantísimo blog que veo se interrumpió en 2013? Vale la pena valorar este tipo de esfuerzos por subir a la red materiales como este que cada vez, con la enorme capacidad de búsqueda que actualmente tiene Google, se pueden utilizar con más facilidad de lo que parece.

 

15 comentarios

  • George Porta

    Muchas gracias, querido Antonio por tus reflexiones. He de confesarte que solo puedo acallar los tumultuosos pensamientos que me provocan y callar después de repasarlos. Cualquier cosa que pueda decir me suena como a lo que se siente cuando alguien tropieza ruidosamente al entrar en un recinto de silencio.

    Hay un par de cosas que siento con claridad y que puedo comentar, desde luego como reacciones personales, y que no quiero acallar.

    No me puedo imaginar a Jesús como «hombre completo», ni siquiera como el «último hombre» (Ratzinger, Introducción al Cristianismo).

    Y Siento que su asesinato fue demasiado anticipado.

    Si le hubiesen matado a mi edad, a los 76, pues nada, le hubiésemos conocido mejor y no hubiese sido ni remotamente tan trágico para él. Posiblemente la deshidratación y los latigazos le hubiesen causado la muerte y si no, en la primera caída ya hubiese sido rematado.

    El Galileo, ese hombre al que llamamos Jesús de Nazareth, fue asesinado en su juventud y mucho antes de que él mismo deseara terminar con su existencia. Solo hemos podido barruntar entre nieblas (sabrá él cuán densa nuestra ceguera) unos tres años de su vida, dizque…

    De otro modo el escondite y los cuidados para andar en sombras, la alegada agonía en el Huerto, tantos incidentes de su pasión tuvieran que cambiar. Este individuo en sus treinta y piquitos aún no había llegado a la plenitud de su existencia cuando éste le fue arrebatada.

    No se pregona por razones de conveniencia política, pero debió haber llorado sobre Jerusalén no porque la viera sin pastor, que eso también, sino porque a medida que su existencia se le hacía una experiencia más arriesgada y obviamente pero injustamente peligrosa, debió de otear con gran angustia la inmensa tarea que quedaba si moría y lo inútiles y autodestructivos/as, peligrosos/as que podían ser aquellos/as a quienes debía encomendar su plan. Sobre todo, debió sentir el dolor de no poder ya llegar a los tantos que hubiese querido y debido llegar: Curar, revelar, develar, reprochar…

    Debió sentir un profundo dolor por no haber podido causar algún efecto en la lucha sociopolítica por y de los pobres y por algo tan profundamente humano como engendrar hijos/as. En suma, por no haber podido «amar y servir» más plenamente por más tiempo, por tener que abandonar el mundo al que vino y no le recibió y hacerlo en medio de un inmenso fracaso, precisamente humano, porque ni siquiera quienes le rodeaban de manera inmediata le fueron siempre fieles.

    ¿Cómo se puede afirmar que nunca se hubiese casado si le asesinaron tan pronto?

    La agresión es la anticipación de una maniobra defensiva. ¿Qué vieron de malo o peligroso o sedicioso en él que les encegueció hasta impedir a sus enemigos ver aquello que vio el centurión que reconoció su bondad? (Cf. Lucas 23, 47: «Viendo lo que sucedía, el capitán confesó: Realmente este hombre era inocente».)

    Alguien quien muerto puede ser tan persuasivo ¡qué no hubiera podido lograr en vida! ¿Cómo podemos afirmar sin miedo que todo lo demás que pudo lograr y no logró, tampoco era necesario?

    Sobre todo, porque aquellos cafres a quienes no pudo evitar confiarles su quehacer, si es cierto que se los confió que eso solo lo sabemos por ellos mismos, el Galileo sabía que no le habían comprendido suficientemente. Lo poco que le habían comprendido, había sido comprendido según sus propios pre-condicionamientos, no según el sentir, el pensar, y el amar del Galileo.

    Kazantzakis lo vio claro cuando publicó Cristo de nuevo crucificado (1948) y La Última Tentación de Cristo, (1951). En ambas instancias fue castigado duramente por la Iglesia, no por el mundo del arte que llevó ambas novelas al cine y con mucho éxito y gran escándalo eclesiástico. La conclusión es que si fue castigado, aquello que pensaba y decía y le merecía el castigo debió ser desde el punto de vista eclesiástico, peligroso u ofensivo.

    No sé liberarme de esta fortísima impresión de que este Galileo, a quienes hemos apodado Cristo, debió ser aquél que pasara haciendo el bien, pero que estamos condenados a desconocer por el «efecto pantalla» de todos los Cristos inventados y con los cuales le hemos representado a falta de una imagen auténtica.

    Ya sabes que te aprecio de veras. Un abrazo cordial.

  • Antonio Gil de Zúñiga

    También, Antonio, he compartido esas vivencias en mis años mozos. Ora et labora, decía san Benito. Las dos cosas tienen que ir juntas por más que ahora en ciertos sectores cristianos se insista en el pietismo más o menos dogmático sin tener en cuenta la ética de Jesús de Nazaret en su programa de las bienaventuranzas.

  • He leído tus reflexiones. Es difícil ser discípulo de Jesús. Intentarlo, en ello estoy. Aunque no lo creas he tenido todas las dudas acerca de la existencia de Cristo o Jesucristo. Hoy no las tengo, ninguna. Desde que llegué a la conclusión de que el Cristo de Saulo (su creador) solo existió en su cerebro y en la visión que luego contó, tengo la tranquilidad hoy de haber recorrido durante casi medio siglo, de búsqueda ininterrumpida para encontrar al Jesús de la Historia, sabiendo que llegó a este mundo, como llegamos los seres humanos, a través de nuestros padres, sólo que él ignoró quien había el suyo. Y en su búsqueda halló lo que buscaba. Nunca aceptaré que Dios pueda anonadar, achicarse, o cualquier otra palabra que quiera decirme que Dios puede hacer un imposible, una magia verdaderamente ridícula. ¿Quien creemos que es Dios?. ¡¡¡Cuando Jesús estuvo siempre indicando al Padre ( y si hubiera vivido en nuestra época hubiera dicho Padre-Madre) y solo se fijaron en el dedo que lo señalaba…..¡¡¡Por favor!! Como diria el abate Loisy.: Esperaban a Jesús, y lo que vino fue la Iglesia. ¡¡¡. A veces cuando tengo alguna duda, me pregunto: ¿Que habría hecho Jesús en mis circunstancias?. Y lo pienso. Acertaré o no pero, procuro si puedo,…..y allá vamos.  Uf….

    Un abrazo muy cordial. Gracias.

  • Antonio Duato

    Gracias a las cinco mujeres -¡cinco maravillosas hermanas!- que me habéis leído y habéis aportado vuestros diferentes comentarios. Siempre sois las primeras en estar atentas a los sentimientos, rumiar las cosas en el interior y encontrar palabras para hablar de lo que sale del corazón.

    Se trataba de lo que es Jesús para cada una de nuestras personas, de lo que significó, de cómo ha ido evolucionando su significación a los largo de nuestra vida y de cómo sigue llamándonos a ser discípulos y discípulas suyas. A medida que vamos avanzando en la búsqueda de nuestra humanidad, avanzamos en ensanchar la amplitud y profundidad como Jesús el Cristo vive en nosotros. En iviva presentaba hace poco a dónde ha llegado un franciscano de EEUU al escribir un libro que titula “El Cristo Universal”

    En mi escrito no hay solo testimonio personal, sino elaboración intelectual y teológica con que he ido acompañando mi evolución interior. Estas disquisiciones son disputas sobre el sexo de los ángeles si no sirven para vivir una concreta fe en Jesús, pero ¿estáis de acuerdo, eximios teólogos, en lo que digo a propósito de la superación de los concilios de Calcedonia, de Trento y del Vaticano I respecto a la Trinidad, la Eucaristía y la misión evangelizadora de la Iglesia?

    Porque la verdad es que si vuelven a la curia romana los inquisidores que están atacando a Francisco por no ejercer su autoridad en mantener la Fe verdadera, todos nosotros, incluso el bendito franciscano Rohr y el buenazo de Herrero del Pozo, seremos declarados herejes.

    • Mª Pilar

      No te preocupes querido Antonio; hablo por mí… Pues al “trullo” o donde me envíen, ¿no lo ajusticiaron a Él por lo mismo?

      ¡Adelante amigo! no hay que tener miedo:

      Sino ¡Sentir-viviendo!
      Un abrazo entrañable.
      mª pilar

    • Carmen

      Yo tengo unos bonos del infierno, están a vuestra disposición.

  • Carmen

    Hola.

    Quizás te pase un poco lo que a todos creo que nos pasa.  Me ha costado muchísimo tiempo darme cuenta. Quizás, es posible, creo que proyectamos en la figura de Jesús de Nazaret lo que nos gustaría que , a ver cómo lo digo, lo que nos gustaría ser a cada uno de nosotros, pero no solo eso, sino que también proyectamos cómo debería de ser la sociedad nuestra.

    Creo, me parece.

    Y muchos coincidimos. Muchos más de lo que puede parecer a primera vista. Lo que nos gustaría que fuese, no lo que es.

    Por eso hay tantísimas ideas distintas sobre este personaje. Casi tantas como personas hay. Una vez me dió por escribir una especie de cuento largo sobre su historia. Lo mandé a media docena de personas. Ya no lo conservo. Al cambiar de ordenador lo perdí. Y es curioso, me dijeron todas esas personas casi lo mismo. Es una visión como muy dulce, como muy romántica, hubiese sido estupendo que hubiera sido así.

    Pues eso me pasa. Tengo una visión dulce, romántica e irreal de este personaje. Pero me gusta. Y no creo que nadie sepa qué ocurrió realmente, ni que dijo literalmente, ni tan siquiera lo que pasaba por su cabeza.

    Pero sé lo que pasa por la mía.

    Un abrazo

    • M.Luisa

      En tu comentario, Carmen, planteas el problema que se debatió a comienzos del siglo XX de si lo primero es el ser o la realidad.

      Al parecer, respecto a los términos que utilizas le estás concediendo al ser la prioridad. Por ejemplo el de “gustar” que como tal es sentir complacencia en algo que para nosotros es mero objeto de deseo. En tal caso la figura de Jesús de Nazaret sería como un dejarnos con gusto pero sin sabor alguno en la superficialidad de su figura, de ahí su fácil manipulación por parte de la religión. Para saborear, es decir, para saber, hemos de profundizar en la realidad, en la realidad de Jesús pues es a ella a la que se refiere Légaut con el término “fidelidad” el cual atraviesa toda su Obra.

      El mismo titulo “Llegar a ser uno mismo” la realidad en él se sobreentiende ya que es en ella por donde el ser transitará para devenir en su unidad, aquella unidad que le es propia. No sé si me explico… en cualquier caso recibe un cariñoso saludo!

      • M.Luisa

        Bien, un vez he vuelto al artículo después de llenar la casilla del comentario y volver hacia arriba me he dado cuenta que el titulo no es el mismo del que yo me he referido pues éste el de “llegar a ser uno mismo” es el que consta en el libro que en aquel momento tenía entre las manos. La diferencia está en que un titular hace referencia a llegar a ser uno mismo y el otro a llegar a ser discípulo de Jesús, sin embargo el desarrollo resulta coincidente.

        Se lee en su primera página:

        Alcanzar lo alto
        Sondear lo profundo
        Entrar en el silencio.
        Habitar la propia soledad
        Poblarla de presencias
        Que superen la distancia
        Ir más allá del acontecimiento
        De lo que puede ser conocido
        Penetrar en la ignorancia
        De lo que no puede ser más que ignorado
        Abrirse a la totalidad,
        A su inagotable unidad
        A su ilimitada fecundidad.
        (…)

      • Asun Poudereux

        M. Luisa, llega muy hondo lo que nos citas de Marcel Légaut. Muchas gracias por todo. Besos.

      • Carmen

        Te explicas muy bien.
        Pero el problema que veo es que en este caso en concreto, no sé cómo podemos saber la realidad.
        No sé casi nada de filosofía, bueno, quizás sea más correcto decir nada. Pero después de leeros a vosotros y buscar a autores que citåis , y leer algún libro que otro, tengo la sensación de que siempre nos hacemos las mismas preguntas y según la época del autor, intenta dar respuestas. Y no sé por qué pienso que vamos a seguir así mucho tiempo. Porque quizás, quizás, no sé, pero quizás haya preguntas que no sean medibles y observables, como las científicas, sino simplemente opiniones.
        Besos.

      • Carmen

        Haya respuestas, sorry.

  • ana rodrigo

     
    Pienso que quienes nacimos en la España nacional-católica franquista hemos pasado más o menos por las mismas etapas, si bien, como en todo, habrá excepciones.
     
    Gran parte de mi vida viví ese tipo de religión, en la que fuimos sujetos pasivos de quienes nos adoctrinaban en lo que, en esa época, “se llevaba”, no había otra cosa.
     
    Hasta que, yo personalmente, tomé conciencia de lo absurdo de tantos ritos, normas, obligaciones, pecados (¡¡¡!!!), culpabilidades, etc. etc., y lo mandé todo a paseo. Fue como una liberación.
     
    Hasta que ciertos acontecimientos personales te hacen “pensar”. porque no le ves sentido a la vida y, como en tantos momentos le ha ocurrido a la humanidad, busca algún refugio en el que cobijarse, casi siempre de tipo religioso.
     
    Como mis raíces eran cristianas, tuve la suerte de conocer en esos momentos a las comunidades de base que, aunque aún incipientes, me hicieron ver las cosas de otra manera. Desde entonces estoy en un proceso de deconstrucción de creencias, de ritos, de interpretaciones del mensaje evangélico y de verle sentido al mismo para la vida, individual y colectivamente, por los valores humanos que entraña y que ahora conocemos como Derechos Humanos.
     
    He tenido la suerte de relacionarme con teólogos, después con teólogas de primera que me referían a lecturas de gente puntera en exégesis y hermenéutica. He asistido a 34 Congresos de Teología de la Asociación de teólogas y teólogos Juan XXIII, a las semanas de las comunidades de Murcia en verano en San Juan de Alicante durante muchos años, he leído mucho, y, en este momento, creo que vale la pena tener como referente en mi vida a Jesús el Galileo. Y en ello estoy, desbrozando caminos con un sentido crítico de todo lo que escucho y leo, y caminando hacia esa utopía que se nos ofrece siempre en el horizonte, persiguiéndola siempre.
     

  • Asun Poudereux

    Muchas gracias, Antonio y Pilar. Y qué no es personal en todo esto que hablamos. ¿?    
     No creo, pues,  que se pueda desligar de lo personal lo vivido por cada cual en nuestra tradición religiosa y cultura espiritual en referencia a Jesús, y esencialmente lo que en su desnudez nos remueve e identifica: Experiencia humana interior de soledad y reencuentro con lo que realmente se es, y que  sin embargo está en constante conexión con lo que viven todos los seres en alerta y en búsqueda de autenticidad. Emerge algo que impulsa  a no traicionar aquello que lo ha hecho posible tanto en Jesús como lo es en potencialidad en todo ser humano. Las particularidades de este reencuentro con uno mismo y con los demás, también lo va viviendo Jesús,  en un tiempo y circunstancias llenos de incongruencias y que va liberándose de tradiciones y creencias que obstruyen la Vida, es decir,  alinearse con ella. Vida, Aquello que se descubre también como real en todos y en todo y que no  deja de ir adentrando al ser que somos a la Consciencia que a todo y todos incluye, dejando atrás  privilegios y prejuicios constructos. Lo de discípulo pudiera serlo también. 
    Besos a los dos.

  • Mª Pilar

    ¡Oh! Antonio, cuantos recuerdos han acudido en mi rato de silencio, ha sido hermoso.

    Jesús el Galileo entró en mi vida, haciéndome sentir… Una gran atracción hacia su Mensaje.

    La casa donde nací, tenia a nuestra derecha, como a 5 min. lo más florido de la ciudad, desde El Pilar, hasta el parque grande; y… a 5 min. a la izquierda, todo lo más dolorido de la ciudad; era, como pasar de la luz a la oscuridad; pero en esta oscuridad, había corazones luchando por vivir, y era mucho más alegre (dentro de la pobreza, y el dolor que esta causa) más vital, más abierto a compartir sus vivencias.

    Hasta mi colegio estaba a la izquierda, lo regentaban las Paulas, con un gran sentido de compartir con los menos agraciados nuestra vida.

    Y El Galileo… ¡Entró en tromba en mi vida! 

    Siempre descubriéndolo cerca de personas geniales… Cuantas cosas me has hecho revivir en tu apartado primero; pude vivir intensamente todos aquellos acontecimientos. Primero, la formación desde A.C. después, los HH. de Jesús en Farlete… y en nuestra casa gracias a mi hermano Paco persona muy, muy especial… Luego mi querido C. Pignatelli:

    ¡Cuanto bueno recibido… en directo!

    Entramos en el punto 2:

    Esa necesidad de sentirse ¡nada! de sentirse culpable por casi todo… pero La Palabra del Galileo Jesús… ante la infinidad de preguntas que me asaltaban ante tanta “discrepancia” con la realidad… ¡Se iluminaba! Se hacía Vida, y en mi interior, otras brillaban con más fuerza. Y caí en la cuenta, que tanto “golpe de pecho” oculta la verdadera realidad;  comprendí y aprendí a reconocer mis errores, flaquezas, o malas decisiones, y hacerme responsable de ellas, intentando solucionar lo que fuese posible; hay cuestiones, que son connaturales con nuestra manera de ser, y ahí, solo cabe, asumir e intentar cambiarlas para que hagan en cada persona el menor mal posible; la culpabilidad, sin rescate… no sirve para nada y frena toda posibilidad de salir de ellas…

    Punto 3.- Jesús en la Eucaristía.

    Hace mucho, mucho tiempo, que vivía la Eucaristía con espíritu de compartir el hermoso momento que recordábamos:

    ¡Su última cena con sus amigos y amigas, todo lo que sucedió en ella, y todo cuanto de gran valor se dijo allí! 

    Y comencé a sentir… tristeza ante la… “casita” donde intentaban encerrar, a quién… todo lo llena con su espíritu, su Palabra y su Vida.

    Me siento parte del gran Misterio que nos rodea, y que todo ser nacido lleva grabado a fuego en su entraña…

    ¡Como don, que todo, si lo acepto, me hace capaz de avanzar para Ser persona en plenitud!

    Esas miradas, las podía compartir con pocas personas, pero no era importante porque para mí:

    ¡Eran Vida!

    El resto, es la vida que tengo entre mis manos; compartida durante muchos años en mi comunidad… y ahora en soledad, porque las “florituras” las “beatitudes” ritos y el lenguaje que no florece ni se pone al día, me aleja; y porque después de años de una gran lucidez y alegría ante los prometedores avances… todo se a ralentizado, quizá, por que muchas de las personas tan especiales y tocadas por el Mensaje de Jesús… ya no están entre nosotros.

    Es, como si una nube densa, no nos dejara contemplar toda la luz que fue avanzando y haciendo que muchas personas, volvieran a la ¡Vida!

    Ahora contemplo ¿decadencia…costumbre…asegurar… qué?

    No soy nadie para denunciar nada de nada, me limito como siempre he hecho, a intentar hacerlo:

    ¡Vida en mi pequeña vida cotidiana!

    He sido muy afortunada por tanto bien recibido; y soy consciente de ello, por eso, doy gracias a cada instante y lugar, soy una persona que ha recibido tanto, tanto, que solo puedo agradecer las 24 horas del día.

    ¡Gracias Antonio! Me has vuelto a introducir en todo lo vivido con gran intensidad, y eso es:

    ¡Muy bueno para el alma, ya en espera de llegar a la meta!

    Un abrazo entrañable y agradecido… de corazón.

    mª pilar

     

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