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Inesperada circular de un autor de ATRIO

Me ha llegado un email de Miquel Sunyol sobre una serie de artículos en los que contesta a Leonardo Boff en el tema de María Magdalena. Al principio creí que iba dirigido a mí solo, pero después he visto que iba dirigido a todos los que habían leído algún artículo suyo y le habían contestado. Esto me obliga a pedir perdón a quienes hayan recibido ese correo por mi error en haber confiado excesivamente en Miquel Sunyol y haber permitido que él recibiera comunicación de comentarios escritos a ATRIO de forma directa. Es una excepción que hice con él hace más de dos años, explicada en este correo personal a él:

De: Antonio Duato <antonio.duato@atrio.org>
Enviado el: martes, 01 de marzo de 2016 12:35
Para: ‘Miquel Sunyol i Esquirol’ <sscu@tinet.cat>
Asunto: RE: Artículo para Atrio

Querido Miquel:
Ya está en ATRIO el artículo.
Dime si hay algo que corregir.
He puesto tu correo en la ficha de autor. Esto quiere decir que recibirás directamente los avisos de nuevos comentarios a medida que se vayan publicando. No es necesario que contestes a todos. Y otros suelen contestar en conjunto a varios o los más interesantes y dirigidos a ti. ¡Pero nunca contestes con correo a él, sino solo en el cuadro de comentarios! Si alguna vez quieres comunicarte con alguien dímelo para que yo como moderador pida autorización de enviarte su dirección. Espero vaya bien esta primera experiencia en ATRIO.
[…]
Un abrazo,
Antonio

Siento que haya faltado a la confianza que deposité en él y lo tendré en cuenta para que no vuelva a pasar.

Pero entrando en el fondo de la cuestión:

  1. Respecto de su serie sobre María Magdalena, con el título “Enseñar al que no sabe… Enseñar a Leonardo Boff”, efectivamente me la propuso en un e-mail del 20 de mayo. La respuesta debió ser por teléfono, pues no consta en la carpeta de enviados. O tal vez no le contesté y, sin volver a escribirme, supuso que no la publicaba por reverencia a las “vacas sagradas”. Aparte de que en esa serie de artículos, que empieza hablando de Boff y de cómo la teología de la liberación ya la inventaron ellos en los barrios de Barcelona, me parecía desproporcionado el título elegido por él, seguramente le hablé (o le hubiera hablado, pues tal vez por los problemas de salud que él conocía que tenía en esa época se me pudo pasar contestarle) de cómo el tema había sido tratado in extenso en nuestro número 265 de Iglesia Viva e iba a volver a tratarlo Salvador Santos en una serie prometida, que seguramente publicaremos pronto.
  2. Y Miquel aprovecha la ocasión para atribuir a ese mismo respeto a las “vacas sagradas” la no publicación de un comentario en el que reprochaba a Juan José Tamayo un error, el creerse la autenticidad de la frase atribuida a Loisy: “Jesús anunció el Reino y lo que vino fue la Iglesia”. En concreto, ese comentario no llegó. Lo he visto ahora entre los spam, como ha pasado recientemente con algunos de Olga y antes con otros. Yo sabía ya que esa frase no está en el libro de Loisy El Evangelio y la Iglesia. Aunque tal vez la dijo o escribió en otra parte… Puede quien quiera ver la cuestión en el blog de Sunyol, o con más profundidad en el Cuaderno de la diápora nº 18 (2006) que está accesible en Servicios Koinonia.
  3. Y, para cerrar el caso por mi parte:
    1. ATRIO seguirá con su propia línea y manteniendo el moderador la plena libertad de publicar o no textos originales o comentarios. Pero, como pueden ocurrir incidencias en el envío tanto de unos u otros, recomiendo, cuando se vea que no están publicados, hacer lo que hizo hace dos días Olga Larrazábal y hacen otros: escribir sobre ello un correo directo a antonio.duato@atrio.org.
    2. ATRIO será más riguroso aún en el preservar en secreto todas las direcciones de quienes envían comentarios, sin permitir que las conozcan ni siquiera personas que parezca merecer confianza.
    3. Como muchos habrán recibido la carta circular de Miquel Sunyol, pongo aquí la dirección para acceder a la serie de artículos suyos sobre Miriam de Magdala: Enseñar al que no sabe… Enseñar a Boff.
    4. Ofrezco el hilo que se abre con esta entrada para opinar no solo sobre lo que yo digo en ella, sino sobre lo que dice Miquel en su blog, pues no veo que haya lugar para ello allí, si no es con un mensaje personal.
    5. Ya anuncio 3 nuevas series de artículos en ATRIO, que sigue abierto a recibir textos originales de todos (incluido Miquel), cuya publicación decidirá con apertura pero sin imposición:
      1. 50 años de La Asamblea de Medellín 1968: Por Antonio Moreno de la Fuente. 24 y 31 de agosto, 7 de septiembre.
      2. María Magdalena en el Nuevo Testamento. Por Salvador Santos. A partir del 14 de septiembre (si llega).
      3. Creatividad e innovación en Jesús de Nazaret. Destilados de Oscar Valera a partir de un libro de Juan Antonio Vinagre Oviedo. A partir de cuando finalicen las dos series anteriores, hasta Navidad o casi.

 

17 comentarios

  • Asun Poudereux

    Sí,  nos vamos haciendo viejos en todos los sentidos. He descubierto ahora que lo archivé, al recibirlo,  sin leerlo por falta de tiempo.  Como este e-mail tengo otros muchos archivados para dedicarles el tiempo que merecen con calma.

    Estos líos con sus vericuetos me hacen reír más que llorar.  Algunas personas, y entre ellas, algunos hombres son un poco tozudos en defender quien sea posesor de la verdad, tanto como lo que es verdad y no es.  Con el arrastre influyente de la iglesia hemos topado.

    Estimo que puede ser una pérdida de tiempo, si se tiene ya claro,  que la verdad se va tejiendo entre todos, y que situados ahí,  no importa tanto quien la encuentre,  antes o después, sino el hecho común de dar con ella, cayendo más y más en la cuenta, que otras puertas y espacios se irán abriendo.

    Veo que ya está, seguramente estaba programado por Atrio,  las entregas de María Magdalena por Manuel Santos. Me encantaría que la visión fuera de lo más imparcial en cuanto a la mirada del hombre con capacidad de ponerse en la piel y carnes de una mujer como Miriam de Magdala.

    Leeré por otra parte lo señalado por Miquel Sunyol, también Antonio Duato sobre Miriam de Magdala. Agradezco  a Miquel haberme tenido en cuenta para enviar su circular.  Las personas nos entendemos hablando  y a veces no es cuando nosotros queremos, sino cuando la vida nos  lo va haciendo posible.

    Viene a cuento contaros que me felicitó una amiga,  la cual no pudo contactarme por teléfono, el día 15, pues siempre estaba ocupado:
    – Me pidió por wasap que la dijera cuándo estaría   libre para llamarme.
    -Pues bien,  lo dejé estar, ni siquiera le di las gracias, pensando que lo haría más tarde y con calma.
    -Fue ayer día 22 cuando la llamé,  habiendo olvidado su petición.  
    -Así se lo dije.  No pasó nada, sino alegría de poder hablar tranquilas.
    – Un regalo  añadido para las dos,
    – de comprensión mutua y confianza,  por delante de los deseos y requerimientos del ego, que asoman al acecho.

    Fue la conversación más profunda que jamás hayamos tenido.

    Muchas gracias a todos/as.

  • Apreciado Antonio:
    Te escribo desde Lamiarrita, nombre que tú ya conoces, aunque quizás no el lugar exacto donde ubicarlo
    Para los que quieran saber qué es Lamiarrita:
    http://usuaris.tinet.cat/fqi_sp04/lamiarrita_sp.htm
     
    Es verdad que recibi (el lunes 13)un correo de Atrio pidiendo que “contactara con el Administrador del sitio“, pero era tan impersonal que no hice caso. Después, supongo que aquel mismo día, me avisaron de que entrara en ATRIO. Lo hice y ya vi lo que habías publicado y los primeros comentarios.
    No era cuestión de responder a bote pronto. Además, el 14 hice mis buenas siete horas de tren para comer una paella; el 15, los últimos preparativos para Lamiarrita (suelo llevar “en papel” todo lo que he ido publicando en mi web); el 16 viajar desde Tarragona hasta este rincón del valle del Baztán.
    El 17 ya empecé a reflexionar y preparar la respuesta, pero el 18 formaba parte del equipo de “servicio” (servir la mesa y preparar la eucaristía comunitaria) y hoy ya tengo holganza de tiempo para empezar a escribir.
    Lo primero es pedir perdón por haber olvidado la advertencia que me diste hace dos años de no enviar correos directos y también pedir perdón a los que se hayan sentido molestos por el correo recibido.
    Pero estos no pueden ser muchos, pues envié (el día 11) el correo a 18 personas (las que alguna vez habían puesto algún comentario a alguno de los artículos míos publicados en Atrio). Tuve, como suelo hacer al enviar un mensaje colectivo, la precaución de poner las direcciones en el apartado de “copia oculta”, por lo cual yo no he dado a conocer ninguna dirección electrónica.
    De estas 18 personas, con cinco -uno eres tú mismo- ya teníamos intercambio de correos. Sigo poniendo “atenuantes” a mi acción: tres me respondieron dándome las gracias (“Mil gracias, Miquel“, “Muchas gracias, Miquel, por la deferencia que has tenido conmigo“, “le agradezco su interés“)
    Me parece muy bien que alguna persona o algunas no abrieran el correo recibido: es lo que yo hago muchas veces.
    Hasta aquí este tema de la utilización fraudulenta de direcciones electrónicas.
    Pongo a continuación el mensaje que envié a las 18 personas de Atrio:
    Muy buenas a todas y todos:
    Recibes este correo porque alguna vez has leído en ATRIO algún artículo mío y has hecho algún comentario.
    A partir de un artículo de Leonardo Boff, publicado entre otros sitios en ATRIO, sobre María Magdalena / Miriam de Magdala, creí oportuno precisar alguna de las afirmaciones de Boff. Como tenía “material” acumulado desde hace unos cuantos años, me ha salido una “catequesis” sobre la figura de María Magdalena en seis capítulos.
    A Antonio Duato, en sus responsabilidades de “webmaster” de ATRIO, no le pareció oportuno la publicación de esta “catequesis”, quizás porque su título general (Enseñar al que no sabe… Enseñar a Leonardo Boff…) le parecería irreverente. Pero esta decisión de Antonio no es óbice para que yo intente compartir esta “catequesis” con vosotros.
    Lo que no me pareció “demasiado correcto” es que Antonio Duato “censurara” (no publicara) un comentario que hice a un artículo de JJ Tamayo, publicado entre otros sitios en ATRIO: Tridecálogo para la descolonización del cristianismo y mi comentario decía:
    Me fijo en el apartado 7, el de “des-eclesiastizar”, y especialmente en su cita de Alfred Loisy, sin meterme ahora en si es necesario “des-eclesiastizar” o no, o cómo hacerlo.
    Me parece que JJ. Tamayo es uno más de los puedo apuntar a mi lista particular de los teólogos que citan esta frase de Loisy sin haber leído “L’Évangile et l’Église”.
    Ya hace unos cuantos años que empecé esta lista.
    Puedes leer:
    http://usuaris.tinet.cat/fqi_sp04/loisy_sp.htm
    Como podéis suponer la frase citada de Loisy era: “Jesús anunció el Reino y salió la Iglesia” (Jésus annonçait le royaume et c’est l’Église qui est venue). Antonio Duato seguía protegiendo “vacas sagradas” (dicen que en la India hay leyes que las protegen).
    Si os animáis con la “catequesis” sobre la figura de la “Magdalena”, recomendaría la siguiente dosis: un capítulo por semana (así me dais tiempo para ir “puliendo” los últimos capítulos, aunque ya todos se encuentran en la web).
    El primer capítulo (¿Cómo conocí a Leonardo Boff?) poco (o nada) tiene que ver con María Magdalena y quizás el cómo yo conocí a Leonardo Boff poco interés puede tener para el resto de los mortales. Pero la pregunta que se esconde en este capítulo es si se puede hablar de una “teología de la liberación” (en Europa, en España, en Catalunya) anterior a 1972, fecha reconocida por Boff como nacimiento de la “Teología de la Liberación” latinoamericana. Y esta pregunta y sus posibles respuestas pueden tener su interés.
    El movimiento de los “prêtres-ouvriers” (de los curas obreros, dels capellans obrers), ¿no era “teología de la liberación”?
    Si queréis entrar por la puerta principal: http://www.sunyol.net/miquel (directo a la versión castellana: http://www.sunyol.net/miquel/cast.htm)
    Os deseo unos buenos días de verano con María Magdalena o, si lo preferís, con la Miriam de Magdala.
    Cordialmente
    Miquel Sunyol
    Me gustaría hacer alguna puntualización al escrito de ATRIO (“Inesperada circular de un autor de Atrio“) y a algunos de los comentarios que ha suscitado.
    1. Antonio Duato dice:
    “…y de cómo la teología de la liberación ya la inventaron ellos en los barrios de Barcelona”
    Pero yo había escrito:
    Sirva esta introducción para reivindicar que, con anterioridad a 1972, fecha señalada por Leonardo Boff como “nacimiento de la teología de la liberación”, existía ya en Catalunya, en España, en Europa toda una serie de acciones liberadoras con su correspondiente reflexión evangélica sobre ellas. ¿No es esto (acciones liberadoras + reflexión evangélica) “teología de la liberación”, según la formulación de Hugo Assmann?
    Y en el mensaje enviado a los 18 repetía la triada en orden inverso:
    …la pregunta que se esconde en este capítulo es si se puede hablar de una “teología de la liberación” (en Europa, en España, en Catalunya) anterior a 1972,
    Quien quiera conocer mi versión sobre los orígenes del movimiento de los “prêtres ouvriers” que conllevó una nueva manera de hacer sermones (=una nueva teología) puede ver
    La aventura de los curas obreros
    http://usuaris.tinet.cat/fqi_sp04/aventura_sp.htm
    2. También dice:
    “…en el que reprochaba a Juan José Tamayo un error, al creerse la autenticidad de la frase atribuida a Loisy: “Jesús anunció el Reino y lo que vino fue la Iglesia”. En concreto, ese comentario no llegó. Lo he visto ahora entre los spam, como ha pasado recientemente con algunos de Olga y antes con otros. Yo sabía ya que esa frase no está en el libro de Loisy El Evangelio y la Iglesia. Aunque tal vez la dijo o escribió en otra parte…
    La frase en cuestión (“Jésus annonçait le royaume et c’est l’Église qui est venue“) está en el libro “L’Évangile et l’Église” publicado por Alfred Loisy en 1902. Para los que no tengan tiempo para adentrarse en los links señalados por Antonio Duato, les puede bastar esa frase del mismo Loisy “demostrar que la Iglesia hacía su aparición como un desarrollo necesario y legítimo del Evangelio“. El problema está en la interpretación que JJ. Tamayo (y otros muchos teólogos o conferenciantes) suelen dar a la famosa frase de Loisy.
    El segundo link señalado por Duato remite a un estudio de 186 páginas de Domingo Melero sobre el modernismo, en gran parte a través de textos de Marcel Légaut. Para la frase en cuestión (La frase más citada) hay que ir a la página 124 del pdf (hasta la 129). La interpretación de D. Melero es coincidente con la mía: después de tantos años podríamos discutir quién depende de quién. Yo argüiría que mi publicación llevaba la fecha de 1999 y que su estudio era del año 2006; y él replicaría recordándome que los dos libros de Loisy (L’Évangile et l`’Église y Autour d’un petit livre) me los había regalado él.
    3. Podría reseguir los otros comentarios, pero me parece que no es necesario, pero no quiero acabar sin agradecer a Oscar Varela que haya difundido la carta de Clara de Asís a Nuria, escrito que considero uno de los mejores que he publicado en mi web. El subtítulo era: “Un esbozo de la participación de las mujeres en los movimientos religiosos de los siglos XII -XIII después de la lectura de Vida de san Francisco de Raoul Manselli” (Las notas al texto, extraídas del libro de Manselli, son dignas de ser leídas).
    Aprovecho la ocasión para indicar que  algunos de los títulos (como por ejemplo éste “Clara de Asís, ¿fue engañada por san Franciso?” o el de “Enseñar al que no sabe… enseñar a Leonardo Boff“) son los indicados por mi editor (que soy yo mismo) para aumentar el número de ventas.
    Bueno, Antonio, por mi parte pienso seguir colaborando en ATRIO.
    Muy cordialmente
    Miquel Sunyol

    • Antonio Duato

      Gracias, Miquel, por tu comentario en el que -y esto es lo más importante para mi- manifiestas tu deseo de seguir colaborando en ATRIO.
      Acepto tus disculpas y, a la vez, te pido perdón por haber llevado este asunto a la parte pública de ATRIO y no dejarlo en el terreno de lo privado. La verdad es que lo dudé, pero me incliné por manifestar en público mi disgusto por ese quebrantamiento de lo que para mí, en los muchos años que llevo de moderador de este blog es un deber sagrada: mantener el secreto de las direcciones de correo de quienes envían comentarios. Ese fue el motivo de publicar este post y no el defenderme de las críticas que pudiste hacer a mi persona. Si se hubiera tratado de esto, hubiera empleado otro medio.

      ¡Claro que sitúo bien a Lamiarrita y el valle del Baztan! El verano pasado tenía que haberos acompañado y no pude, pues de verdad que me encontraba mucho peor que ahora en lo que después se manifestó un problema de hígado que desde hace dos meses parece estar del todo resuelto. Además, hubiera recordado mis vacaciones de 1993 en una casa rural de Amaiur, cuando mi hijo mayor tenía solo un año.

      Disfruté leyendo tu carta de Clara a Nuria que Oscar reproduce en este hilo. Me recordó las de Floria, madre de Adeodato, a Agustín, escritas por Gaarder en Vita Brevis. Son deliciosos estos futuribles que podemos construir a partir de momentos históricos rigurosos. ¿Cómo hubiera sido la Iglesia si Agustín, en vez de dejarse enredar por Mónica hubiera optado por la madre de su hijo? ¿Y si el franciscanismo se hubiera alineado con la naciente iglesia valdense?

      No te imaginas cómo disfrutaría yo siguiendo en todo tu estilo de taladrar en los acontecimientos y los textos. Me tengo que frenar, Miquel. Y si a veces ves que recorto algún texto tuyo es porque también yo recorto muchos míos con cosas y batallitas que sé que no son las que interesan a la mayoría de los demás.

      Un abrazo, Miquel, y a la espera de algún texto tuyo que se adapte a las preocupaciones y estilo de quienes acuden a este blog.

    • oscar varela

      Hola Miquel!
      Hola Antonio!
      Ya que ambos me nombran “singulatim”
      (al modo del otro afamado Michel Foucault)
      les agradezco que
      ya vaya quedando todo aclarado.

      Y agregar,
      ¡que nos dejemos de joder con tanto tiquis miquis,
      que la gente no está para estos entripa’os “singulatim”!
      ……………
      En cuanto a lo acontecido:
      1- Miquel: estuviste p’al carajo!
      2- Antonio: cumpliste tu tarea.
      3- ¡Seguir p’alante!

  • oscar varela

    Clara de Asís ¿fue engañada por San Francisco?
    http://usuaris.tinet.cat/fqi_sp04/clara_nur_sp.htm
    ¡INTERESANTE! -Cosas de Miquel Sunyol
    ………………
     Clara de Asís, humilde e indigna sierva de Jesucristo y servidora inútil de las damas pobres recluidas del monasterio de San Damián,
    a Nuria, hermana estimadísima, a quien desea que, con las otras santas vírgenes, pueda cantar el cántico nuevo ante el trono de Dios y del Cordero y seguir al Cordero a dondequiera que vaya.
    ¡Paz y Salud!
     
    Querida hermana:
    ¡Cómo te envidio! Me llegan noticias de que haces “vida itinerante”… y que te sientes viva y feliz como una mariposa en pleno verano.

    ¿No es esto lo que yo deseaba y no este vivir “clavada” entre las cuatro paredes de este monasterio de San Damián?

    ¡Cómo me dejé engañar por aquel xitxarel·lo de Francisco! Desde un primer momento, en aquellas conversaciones a medio escondidas, le dije bien claro lo que yo quería: “vivir según la forma del santo evangelio”, la manera de vivir de Cristo y de los apóstoles. Después él se inventó que yo y mis compañeras habíamos elegido “vivir según la perfección del santo evangelio”. ¿De dónde se sacó él que este vivir mujeres solas encerradas -algunos días es un verdadero infierno- es la “perfección” del evangelio?
     
    En aquel tiempo todo el mundo sabía (no era necesario ser un “doctor de París”) lo que quería decir “vivir según la forma del santo evangelio”. No sólo se sabía, sino que mucha gente lo hacía. Y las mujeres también. “Vivir según la forma del santo evangelio” era el grito de rebeldía, surgido en el pueblo cristiano, contra lo que llamábamos corrupción de la iglesia, desde el papa hasta el último cura de pueblo, pasando -no podemos olvidarlos- por los monasterios que, como señores feudales, vivían, bien alimentados, del trabajo del pueblo.
     
    Era el “grito de guerra” de todos aquellos que no creíamos en las reformas intentadas desde arriba, que inevitablemente conducían a una mayor clericalización de la iglesia (6). Era el grito de los laicos, de los hombres y mujeres que creían que, por el bautismo, ya eran discípulos de Jesús al cien por cien. No era necesario dar muchas vueltas a los evangelios: abrieras por donde los abrieras, siempre encontrabas lo mismo: “Ves, vende lo que tienes y dáselo a los pobres” (Mt 19, 21), o esta otra: “No os llevéis nada para el camino: ni pan, ni alforja, ni dineros” (Mc 6, 8). Y a la tercera: “El que quiera venirse conmigo, que reniegue de sí mismo, que cargue con su cruz y me siga” (Mt 16, 24).

    Si ahora pudieras verme, verías como una risita en mi rostro…
    Me es tan difícil sonreír dentro de estos muros, ¡enferma desde hace más de veinticinco años! Nadie se ha dado cuenta todavía que todas estas enfermedades no son más que la rebelión de todo mi cuerpo por no haberme atrevido a huir -una segunda vez- de estos muros que me retienen prisionera. Fue, ciertamente, un momento de debilidad, pero cambié el evangelio por la regla de san Benito)
    …pensando como Francisco -antes que a mí- ya había enredado a Bernardo de Quintavale, un rico hombre de Asís, y a Pedro Cattani , un sacerdote. ¡Qué juegos de manos! ¡Abrir tres veces los evangelios al azar y que salieran los tres textos que le iban bien! Y aquellos dos se creyeron que Dios les había hablado… . Bernardo, mientras tuvo fuerzas, como si yo fuera una parte de la herencia que le había dejado Francisco, me venía a ver muy a menudo. Me veía enferma, pero nunca me hablaba de los médicos. Cuando se hacía el silencio entre nosotros dos, yo ya sabía lo que le atormentaba: se sentía culpable por no haber tenido el coraje de defender, delante de Francisco, mi vocación. ¡Qué fácil le era desaparecer en los momentos críticos…!
     
    Incluso yo, muchacha de una familia noble de una ciudad de Umbría, había oído hablar, cuando mi padre se honraba invitando obispos y abades a compartir su mesa, de la existencia de diversos grupos que, hombres mezclados con mujeres, recorrían nuestras vecinas comarcas predicando en pobreza, criticando la riqueza de los clérigos y de los monjes, la palabra del evangelio. Hablaban de ellos con un cierto desprecio y alguna vez -aquel día la comida me sentó mal- un obispo, con un cierto orgullo, explicaba cómo había enviado hombres y mujeres a las hogueras. ¡Eran las hogueras y no estas paredes de San Damiano lo que mi corazón deseaba! 
    Antes de escuchar el sermón de cuaresma de Francisco (algunos se piensan que fue él quien me abrió los ojos) yo ya sabía que unos cuantos años antes de que él naciera, un rico mercader de Lyon de Francia había dejado mujer e hijas, había repartido entre los pobres lo que tenía y se había dedicado a predicar el vangelio. Muchos, hombres y mujeres, lo siguieron: eran los valdenses. También sabía quiénes eran los cátaros y cómo tenían una noche iniciática. Cuando, en la mesa, se hablaba de la cueva de los herejes, yo sabía que se hablaba de Milán  y de los “Humilliati”, los cuales -imitando la “ecclesiae primitivae forma”- vivían juntos hombres y mujeres, solteros y casados, ganándose la vida con el trabajo de la lana.

    Un día que durante la comida mi padre protestaba contra estas “cosas modernas”, un monje le explicaba que aquellas cosas no eran tan modernas, y que ya en el siglo pasado un cierto Roberto de Arbrissel, hijo de un sacerdote, sacerdote él también, fracasado reformador del clero de su propio país, arrastraba después de cada sermón que hacía una tal cantidad de gente, hombres y mujeres (éstas siempre más numerosas), que, abandonando la familia, lo seguían formando una comunidad nómada. Según aquel buen monje, doncellas jóvenes como yo lo seguían, junto con auténticas madres de familia y -bajando la voz como si intentara que yo no lo oyera- prostitutas.

    Ya ves, pues, envidiada hermana, lo que yo quería y deseaba… No sé en qué  momento Francisco me engañó…
    No te creas -ya sé que no lo harás- que ahora, hablando de “sentirme engañada por Francisco”, esté pensando en aquella señora de Roma, sin la cual él, como desesperado, no se quería morir… La verdad es que cuando la vi al lado del féretro cambió mi rostro. ¿Fueron imaginaciones mías o llegó hasta mi el cuchicheo de una de mis monjas a su compañera: “¡Mira! La cara de nuestra Eloísa” (No era la primera vez que llegaba hasta mi -como escapándose a través de los muros- este nombre). Después supe que fueron las manos de esta mujer las que lavaron y amortajaron su cuerpo. ¿Qué estigmas le dejaron para toda la eternidad?

    Nunca he querido pensar que aquella noche, cuando huí de mi casa, yo ya estaba engañada. Cuando me siento engañada, sólo desearía una cosa imposible: que lo que ya está hecho, nunca hubiera sucedido…, que yo nunca hubiera tenido la frivolidad de explicar mis sueños. Ya puedes suponer a qué sueño me estoy refiriendo…
     
    Aquella primera noche, en Santa María de la Porciúncula -ya sabes todo lo que allí hicimos- fue para mí una noche de iniciación: las antorchas, el cambio de vestidos, la cabellera cortada, el ceñidor de los penitentes…  Cuando me vi rapada y vestida como uno de ellos, ya me veía, compartiendo de lleno, con todos ellos, la vida según la forma del santo evangelio. ¡Ay! ¡Ni un solo día me duró esta vida según la forma del santo evangelio!!
     
    Si hubiera seguido a Pedro Valdo, ahora no te escribiría esta amarga carta… Él tenía muy claro que hombres y mujeres estábamos llamados, con los mismos derechos, a una misma vocación. Nunca me hubiera negado el derecho a la predicación ni mucho menos esto que tú haces ahora de hablar, “sentada sin más junto al pozo” -para recordar una vez más la “forma sancti evangelii” (Jn 4, 6)-, con hombres y mujeres del pueblo.

    Ahora, cuando doy vueltas a lo de aquella noche, me digo que quién realmente salió triunfador fue el señor Bernardone, a quien Francisco -desnudándose en público- le había negado el derecho de paternidad. Pocos han sabido ver lo que aquella noche pasó. A extramuros de la ciudad, a la luz de las antorchas, un grupo pretendidamente marginal, rubricaba el cambio de las estructuras sociales de la ciudad. El hijo de un rico comerciante tenía, a sus pies y de rodillas, a la hija de un noble. A partir de aquel día el señor Bernardone adoptaba unos nuevos aires cuando pasaba por las calles de nuestras nobles mansiones de Asís.

    A mí, como una de tantas cosas de «usar y tirar», me dejaron tirada -no era necesario que las mujeres formaran parte del mundo nuevo- en el monasterio de monjas benedictinas. Ya sabía él que me había dejado encerrada contra mi voluntad.

    Hermana, te envidio, pero esta envidia no es ningún pecado. Mi pecado, el que arrastro desde hace más de cuarenta años (¿o es él el que me arrastra a mí?) es no haberme atrevido, a la primera vez que Francisco vino a verme a las benedictinas de San Pablo, a hacer con él lo mismo que él hizo con sus dos primeros compañeros: agarrar los evangelios, abrirlos, como si fuera al azar, y leer muy claro: Id a las salidas de los caminos, y a todos los que encontréis, llamadlos… (Mt 22, 9). También tendría preparada una segunda frase: “¡Id!, mirad que os envío como corderos en medio de lobos… (Lc 10, 3). Y si él, haciéndose el devoto de la Santísima Trinidad, tenía una tercera frase, a mí no me hubiera costado mucho tenerla preparada: Id y haced discípulos de todos los pueblos… (Mt 28, 19).

    Te envidio; no por lo que ahora haces, sino por tu valentía de tantos años de ir dejando “paredes religiosas” para ir a vivir a “las salidas de los caminos”. No sé si serán los años o si serán las enfermedades, pero ahora, cuando ya estoy acabando esta carta, me digo que aquella muchacha que una noche del domingo de Ramos huía de casa de sus padres es la que hoy, setecientos cincuenta años después de su muerte, camina por unas tierras de las cuales nunca se había hablado en la mesa de Favarone.

    Roguemos a Dios la una por la otra, y así, ayudándonos mutuamente a llevar el peso de la caridad, observaremos mejor la ley de Cristo. Amén.
    Clara

     En el 750 aniversario (1253-2003) de la muerte de Santa Clara

    • Román Díaz Ayala

      Gracias, Oscar, por traernos precisamente a este hilo una muestra del genio intelectual de Miquel y que seguramente deleita a muchas personas.
      El autor hace una recreación muy ampliada de la breve carta ( no sé si supuesta) de Clara a Nuria la cual a diferencia de ella sí está en el mundo, situando su fecha en el año 2003.
      Enseguida alcanza mucho relieve la forma en que la Iglesia postconciliar de camino hacia el mundo en su afán encarnacionista enfoca los Evangelios para bien o para mal de esta misma Iglesia, en lo que va de los siglos XII y XIII con este siglo XXI

  • José Ignacio Calleja Sáenz de Navarrete

    Recibí el mensaje. Cuando un atriero que, habitualmente, “lo borda”, tiene su momento “ególatra”, me encanta. Un día para saber de sus límites y reconciliarme con él. Me encanta conocerlo en un momento débil. Me consuela. Ninguna importancia. Paz y bien.

    • Gracias. Soy una inútil y se me ha olvidado la contraseña de mi propio correo. Hasta que no vaya a Murcia no lo puedo leer. Sí leí su web.
      Me ha tranquilizado. Será porque estoy acostumbrada a cometer errores con frecuencia pero no me extraña nada que las personas de vez en cuando hagan cosas raras. Eso no les quita validez.
      Gracias otra vez.

  • Dios santo. Menudo disgusto tengo.

    Aaaaaaayyyyyyyyy, Antonio, Aaaaaaayyyyyyyyy.

    No te puedes imaginar lo que lo siento.

    En fin.

  • Mª Pilar

    Pues esta personilla, cuando recibió dicha comunicación… la borré, ni siquiera la leí.

    En principio me pareció una pequeña pataleta… y por encima de todo:

    Confío totalmente en Antonio; es demasiado lo que hace para poner a Atrio en un lugar bien alto.

    Así que amigo ¡DELANTE!

    mª pilar

  • ana rodrigo

    Aclaración pertinente y tranquilizadora para quienes no supiesen que Antonio solamente da el correo de alguien cuando éste o ésta da su autorización.

    Yo sí recibí el correo de Miquel. No entro en el análisis de los hechos, que están a la vista de todos y cada cual podrá juzgar según su criterio.

    Yo lo que quiero dejar constancia, una vez más, mi agradecimiento a Antonio por ofrecernos con tanta generosidad un ámbito de reflexión tan enriquecedora, a la que le dedica millones de horas de su tiempo, que coordina con la máxima honradez para que nuestros encuentros virtuales se nos hagan amables y que a mí, personalmente, me ha supuesto un hito importante en mi vida, el haberme encontrado, no sólo con el espacio ATRIO, sino con tanta gente maravillosa que tanto me han enseñado, a quienes tanto valoro y aprecio.

    Y una de nuestras colaboraciones más valiosas a atrio es mantener este tono de concordia dentro de la discrepancia normal en un colectivo tan variado y tan amplio.

    Ánimo y adelante. Saludos cordiales a todos y a todas.

  • Es que hubo un momento o dos en que, creo recordar, que cambiasteis de servidor y había un poco de jaleo. Posiblemente esa sea la causa del malentendido.

    A lo mejor es eso.

    Besos

  • Mira Antonio.

    Conozco a Miquel. Esto tiene que haber sido un malentendido. Yo no he recibido ninguna circular, al menos antes del uno de agosto que me viene a mi playa y dejé mi ordenador. Ahora escribo desde el móvil. Y si le he hecho comentarios. Aquí tengo otra dirección de correo que solamente la sabe uno de mis hijos. Quizás no lo haya mandado a todos.

    Sé que te aprecia mucho. Ha debido de ser una de esas cosas que a veces hacemos y no acertamos.

    Agradezco que las direcciones de correo no las tenga nadie más que tú o los que controlen Atrio. Me tranquiliza. No están los tiempos para bromas.

    Me uno a lo que dice Ramón.

    Un abrazo.

  • Román Díaz Ayala

    Recibí esta misma comunicación.

    Pensé inmediatamente que Miquel sólo podría disponer de los correos personales de quiens hemos insertado algún comentario en sus trabajos atrieros ( iniciados en marzo de 2016), y aunque alguien podía sentirse molesto, ésto sólo afectaría a un pequeño número y no al conjunto de quienes hacen sus comentarios en ATRIO. Aerear el tema podría causar más malestar que dejarlo al arbitrio de las meigas. Acostumbro a recibir muchísimos mensajes no deseados sin que yo conscientemente haya facilitado mi e-correos.

    Le contesté a Miquel con la intención de que resolviese el asunto directamente con Antonio Duato y con la esperanza de no perder su valiosa contribución en nuestro foro. Expliqué mis razones a Antonio.

    Despúes comuniqué con Antonio con el mismo propósito de concordia.  No se trata de saber quién tiene razón o de tomar partido por nadie, pues en el círculo familiar las cosas se resuelven  fortaleciendo la unidad, la cual se logra en un mismo sentir, que no es lo mismo que un sólo pensar.

  • oscar varela

    Hola!

    1- Certifico, por mi parte que la cosa es así como dice Antonio.

    2- Cuando recibí la “circular” de Miquel, lo que hice fue preguntarle a él si A.D. estaba enterado de su “circular” a no sé cuántos atrieros.

    3- La cosa me pareció un poco grave porque allí lo acusaba hasta de “censura” (creo).

    4- Miquel me contestó que A.D. había recibido la misma “circular”.

    5- Como nadie levantaba la perdiz, no quise revolver lo que a nadie aprovecharía …

    6- … pero ahora, que saltó la liebre, testimonio lo acontecido.

    7- En primer lugar: no admitir que A.D. haya “censurado” a nadie.

    8- En segundo lugar: que leído los 6 Capítulos de Miquel, considero que tiene muy poco sentido la pretensión acusatoria de Miquel a Boff, aun cuando tenga algunita razoncita.

    9- En cuanto al Asunto de la Magdalena tratado por Miquel pareciera interesante para el que se acostumbre a su “estilo de presentación y tratamiento” de los Temas que aborda, si logra no perderse en el laberinto de links, que a veces, por lo menos a mí me pasa que no logro “abrirlos”.

    10- Estimo oportuna y necesaria la posición aclaratoria y puntuación sobre las ies de Antonio.

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