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Reforma de la curia romana, reforma de la Iglesia

          El discurso que el papa Francisco tuvo, como felicitación navideña, a la Curia Romana el pasado día 21 de este mes de diciembre, está dando que hablar en los ambientes relacionados con la Iglesia. El papa les habló, a los miembros de la Curia, con la claridad y la libertad que le caracterizan. Y desde ahora afirmo que, desde su claridad y su libertad, el papa hizo, entre otras, dos afirmaciones que hacen temblar.

  1. Dirigiéndose a los cardenales, obispos, monseñores y demás personajes de la Curia, el papa les habló de “la desequilibrada y degenerada lógica de las intrigas o de los pequeños grupos que en realidad representan… un cáncer que… se infiltra en los organismos eclesiásticos”.
  2. Y en seguida añadió: “otro peligro, que es el de los traidores de la confianza o los que se aprovechan de la maternidad de la Iglesia, es decir de las personas que han sido seleccionadas con cuidado… pero se dejan corromper por la ambición y la vanagloria”.

          O sea, a juicio del papa Francisco, la Curia que gobierna la Iglesia, es (en este momento) un enfermo grave, en el que “traidores de la confianza, que la misma Iglesia ha depositado en ellos, les ha llevado a actuar motivados por “la ambición y la vanagloria”.

          ¿Se puede pensar que el papa Bergoglio exagera al decir etas cosas sobre personas tan respetables? Con toda sinceridad, puedo afirmar que, pocos días antes de conocerse la renuncia de Benedicto XVI al cargo de Sumo Pontífice, uno de los más importantes personajes en el gobierno de la Iglesia, me dijo en Roma confidencialmente: “Rece mucho por la Iglesia, porque la situación, en este momento, es tan grave, que esta Iglesia que tenemos, no puede caer más bajo de lo que ya ha caído”.

          ¿Qué está pasando en la Iglesia? Sin miedo a exagerar o sacar las cosas de quicio, creo que se puede (y se debe) afirmar que el “desequilibrio” y la “degeneración”, que el papa denuncia de la Curia Romana, no se reduce a la Curia del Vaticano. Ese “desequilibrio” y esa “degeneración” se extiende – de una o de otra forma, con más o menos profundidad – por la Iglesia entera. Y aquí podemos decir que quien tenga las manos limpias, que tire la primera piedra. Y quede claro que yo soy el primero que lo digo. Porque somos muchos (más de los que nos imaginamos) los que tenemos mucho que callar.

          ¿Por qué? ¿Qué está pasando en la Iglesia? Vamos a ser sinceros. Si tomamos el Evangelio en nuestras manos, y si es que aseguramos que en Jesús se nos ha revelado Dios y lo que Dios quiere, entonces no nos queda más remedio que decir que mientras haya obispos viviendo en palacios, clérigos luciendo vestimentas solemnes, diócesis e instituciones religiosas que manejan mucho (pero mucho) dinero, individuos jóvenes que se meten en seminarios y conventos para “hacer carrera”, por más que aseguren que ellos quieren “seguir a Cristo”, mientras las diócesis sigan teniendo privilegios (económicos, legales, sociales…), que la mayoría de los ciudadanos no tienen, ni pueden tener, mientras todo esto funcione así, por más que nos digan que todo esto es así porque así lo estableció Jesucristo, esta Iglesia no tiene arreglo. Ni con este Papa, ni con cincuenta Papas que vengan detrás de él. Porque, en una institución que funciona como funciona la Iglesia, y dado lo que es la condición humana, en ella habrá gente, bastante gente, que, pensando que está allí para servir a Dios y para servir a Cristo, para salvar al mundo y dar gloria a Dios, en realidad estamos ahí porque ahí, sin ser un genio o ser un héroe, “te colocas bien en la vida y tienes tu vida asegurada”.

          No es cuestión de ambición o egoísmo. El problema está en que, como ha dicho el papa Francisco en su reciente discurso a la Curia Romana, la Iglesia está organizada de manera que los que nos metimos en ella diciendo que lo hacíamos porque “seguíamos a Jesucristo”, en realidad muchos terminamos siendo “funcionarios”, que, en palabras del papa, terminamos siendo “traidores de la confianza”, que depositaron en nosotros.

          No es cuestión de la maldad de los que nos metemos a curas, frailes o religiosos. Ni es un problema de debilidad o cobardía de quienes gobiernan. El problema está en que Jesús pensó en un movimiento profético, que, con el paso de los tiempos, ha terminado siendo una organización mundial cimentada sobre el poder que la religión tiene sobre la intimidad de las personas, la capacidad que da la seguridad económica y, en consecuencia de lo dicho, la influencia socio-política que le dan los poderes de este mundo, con tal que la Iglesia sepa estar siempre en “su sitio”. Un sitio que, con frecuencia, está en los antípodas del que ocupó Jesús, en quien radica su origen y su razón de ser.

          Jesús vino a estar con los últimos y a identificarse con ellos. La Iglesia funciona de tal manera, que no tiene más remedio que estar con los primeros o lo más cerca posible de ellos. Así, vivimos y viviremos siempre en la contradicción. De ahí que un Papa como Francisco es, y será, amado por unos y odiados por otros. Tal como somos los seres humanos, esto no tiene otra salida.

 

7 comentarios

  • Isidoro García

    Es impactante el artículo de Castillo. Y ante él, podemos actuar de dos maneras. La primera, la moralista, reducirlo todo a un tema de corrupción humana, y arrear a diestro y siniestro, con la gran contradicción interna, de que todos tenemos las manos sucias.

    La segunda, es hacer un análisis en profundidad, y darse cuenta, de que no es un problema moral, sino estructural. Y más que estructural es un problema infraestructural.

    Sobre cimientos arenosos o cenagosos, no se puede construir nada recto.

    Como creo que señalaba Sunyol, u otro, (no recuerdo bien), toda la concepción del “alma” humana, de la naturaleza del humano, se basa, en una filosofía antigua, clásica, un gran avance para su época, pero algo plenamente desfasado de las ideas psicológicas de hoy día.

    Y la estructura orgánica de la Iglesia, y la mayor parte de su dogmática, (que tanto esfuerzo bienintencionado le cuesta al amigo Jorge, el intentar conciliar literalmente, con la modernidad científica), proviene de las necesidades políticas de un Imperio romano, que hace mucho tiempo desapareció.

    Y sobre esos lodos, tuvo la Iglesia que adaptarse a todo el avance de la humanidad, siempre a la contra, con el freno de mano echado, gracias al poder temporal y al semimonopolio cultural que se procuró inteligentemente.

    Y para revertir esa situación y volver a ser un útil propagandista de la “buena nueva” cristiana, no bastan las admoniciones morales, ni solo bastaría una reforma estructural orgánica, construyendo una Iglesia de nueva planta organizativamente.

    Es necesario, un replanteamiento teórico, haciendo una valiente limpia de todas las adherencias extraevangélicas, y además aceptar dos cosas fundamentales.

    La primera, que la asistencia del Espíritu Santo, (sea eso lo que sea), es misteriosa, y desde luego no se le puede automatizar ni mecanizar, como si fuera una máquina expendedora de gracia, mediante los sacramentos. Todos los reconocimientos de los graves problemas orgánicos de la Iglesia, deberían ir acompañados, de un reconocimiento de la necesidad de replantearse la verdadera acción del Espíritu en los humanos. (Sobre esto ya he escrito, pero próximamente mandaré un artículo a Antonio).

    La segunda, hay que reconocer que el mensaje del Jesús histórico, no nos ha llegado claro, ni limpio de desgraciadas adherencias culturales e históricas. Y que esa situación, exige, una intensa labor de reflexión para adaptarla a los tiempos nuevos, con el criterio claro, de que todo lo que sea incompatible, con los nuevos tiempos de la historia, no es fiable y por ello, hay que limpiarlo, sin que nos tiemble la mano, y aún a riesgo de errores.

    Los tiempos de la unidad doctrinal férrea, ya no tienen sentido, en un mundo tan plural culturalmente, donde la cultura avanza poco a poco mediante consensos difíciles de conseguir. (El Vaticano I, y su intento de infalibilidad papal, fue el culmen del despropósito a que se llegó, con unos planteamientos doctrinales dislocados y enfermizos.

    Pero hasta ahí llegaron las aguas. Y esto ya no da más de sí.  Esto no se arregla con dos aspirinas.

    Todo lo demás que no sea esta “refundación” radical, (desde las raíces doctrinales), de la Iglesia, son esfuerzos bienintencionados pero inútiles.

     

    Aprovecho la ocasión para saludar a toda la comunidad de lectores de Atrio, (que es mucho más numerosa que la de los comentaristas habituales), y desear a todos unas buenas fiestas navideñas y un 2018, que sea para todos, llenos de felicidad y creatividad.

     

  • George R Porta

    Solo la percepción desfasada de una gobernanza que es percibida como estrategia o táctica puede, en sí misma, ser un fin superior al bien inmediato de los gobernados. Interesantemente, pensando éticamente, los gobernados tienen el derecho fundamental de beneficiarse de la gobernanza cuanto antes y en la mayor magnitud, no solo en la mayor magnitud posible. Además, ese derecho a ser gobernados bien y sin demoras tácticas o políticas, debe poder ser ejercido por los gobernados con el menor de los sufrimientos.

    Si Francisco sigue tomándose su tiempo para «asentarse» en el mando, simplemente no podrá asentarse lo suficiente. Ya pasa de ochenta de edad y su salud no es Buena y ya había dicho hace tiempo que su pontificado no sería tan largo como el desgobierno de su predecessor de infeliz memoria. Aunque quizás eso dijo entonces y ahora no, porque le habrá tomado apego al poder, quién lo sabe si no él, claro está.

  • George R Porta

    En la curia romana hay laicos, pero de alguna manera, la Iglesia sigue siendo percibida por muchas personas como si fuese una corporación o asunto o proyecto exclusive de los curas y sus congéneres. Nada más erróneo.

    El origen de esa falsa o incorrecta vision es precisamente el reflejo de la falsa percepción que los clérigos han tenido de sí como «separados» o «escogidos» y la herencia de la cultura hebrea que veía al Laos, al pueblo hebreo como el pueblo escogido del Dios en el que creen. No muy diferente de la percepción narcisista de los niños/as que se sienten predilectos de sus progenitores. De ahí lo incorrecto de utilizar la Carta a Los Hebreos como el documento que justifica la lectura sacrificial del asesinato de Jesús. La Carta misma debiera ser eliminada del canon, aunque no me hago ilusiones porque los curas no reconocen sus errors (Sodano y Francisco ni mencionaron siquiera que Bernard Law había causado tanto sufrimiento con su criminal encubrimiento de los pedófilos de Boston y el correspondiente santuario que le brindó Sodano y la claque de Juan Pablo II al hacerlo arcipreste de Santa María Mayor).

    La historia ha demostrado en los malos efectos de las «misiones» desde los tiempos apostólicos pero mucho peor después de Constantino, precisamente por esa falsa percepción de que unos son preferidos a los otros, en la Edad Media de España, los cristianos viejos de los nuevos, reflejaron el mismo modo de mirar a la la identidad de la Iglesia.

    ¡Ojalá que quien padezca de esa especie de error de paralaje lo corrija!

  • oscar varela

    Hola!

    La Gobernanza requiere percepción de los tiempos oportunos.

    El discurso de Pancho muestra que va asentando el Mando

    (poner en “manos” de los seguidores un plan entusiasmante)

  • Carmen

    No sé ese Juan de dónde ha salido. Uf.

  • Carmen

    Da gusto leerle, señor Castillo.

    Y me preguntó. Quién puede, debe o quiere dar el primer paso para reformar las estructuras de la iglesia? Los laicos no creo, el resto, que se lo pregunté según el estamento en el que se encuentre. Porque si no se da un primer paso que vaya más allá de palabras, acabará llevándoselas el viento.

    Un saludo cordial Juan

  • George R Porta

     
    Del artículo: «¿Qué está pasando en la Iglesia? Sin miedo a exagerar o sacar las cosas de quicio, creo que se puede (y se debe) afirmar que el “desequilibrio” y la “degeneración”, que el papa denuncia de la Curia Romana, no se reduce a la Curia del Vaticano. Ese “desequilibrio” y esa “degeneración” se extiende – de una o de otra forma, con más o menos profundidad – por la Iglesia entera.»
     

    Me alegra que el Prof. Castillo haya mencionado esto que copio. La degeneración de la Iglesia no es solo la degeneración del clero o de los profesionales al servicio o a cargo de la institución católica. En materia de las relaciones interpersonales que constituyen la esencia al anuncio del evangelio jesuánico y en materia de relaciones sociopolíticas, que siguen a las relaciones interpersonales en orden de importancia antes que las relaciones ministeriales o pastorales, la Iglesia Católico-Romana tiene mucho que arreglar.

     

    Basta mirar a la injusticia social, la desigualdad económica, la violencia doméstica y entre las naciones, para darse cuenta de que el mundo cristiano no es tan cristiano como cree ser.

    Claro que los curas, frailes, monjes, monjas tienen que hacer lo suyo, pero cuantitativamente constituyen la minoría de la Iglesia. La mayoría la constituimos los seglares o laicos y por lo tanto la reforma comienza en casa, comienza por nosotros. «Es más fácil advertir la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio», como dice el refranero popular, pero urge que al mismo tiempo que el Papa reciba apoyo en su denuncia y en su manera de transformar la sub-cultura institucional, los laicos hagamos lo nuestro, al nivel de la calle, de la familia, de la empresa o negocio, la escuela, los centros laborales…el mundo de «a pie».

     

    Es muy válido recordar que la primera piedra está reservada a quien no tenga nada que hacerse perdonar…

     

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