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La hora y la vez de Venezuela

Correspondiendo al propósito de ATRIO de no pasar página respecto al caso de Venezuela, hasta que no desaparezcan los nubarrones de un golpe de derechas o una amenazante guerra armada de opositores mercedarios, como pasó en Siria, con consecuencias que en Latinoamérica serían aún más desastrosas, ofrecemos este artículo de Emir Sader publicado ayer lunes en Pagina 12. Emir nos emplaza claramente a quienes nos consideramos de izquierda a tomar una decisión por uno u otro bando. Porque el equilibrio equidistante (como pretende Pablo Iglesias en contra de lo que manifiesta el partido de su socio Alberto Garzón de IU) es imposible. AD.

Estar en favor del gobierno de Venezuela no es sólo una cuestión política, sino también de carácter. Es vergonzoso como persona que pretende estar en el campo de la izquierda, instituciones con tradición de izquierda, partidos que en principio pertenecen al campo popular, quedan silenciosos o se valen de críticas al gobierno para justificar la falta de solidaridad con el gobierno de Venezuela.

Uno de los argumentos de mala fe es el de que habría que sortear la polarización entre gobierno y oposición, como forma de contornar la ra­dicalización, que sería no estar de ningún lado. Es pretexto para no solidarizarse con un gobierno asediado por la derecha local y por el gobierno de Estados Unidos. Intelectuales suman críticas al gobierno para pronunciarse por la solidaridad con el pueblo de Venezuela, como si el pueblo del país no estuviera involucrado en la polarización.

Se puede no estar de acuerdo con aspectos de las políticas del gobierno de Maduro, pero ninguna crítica justifica una posición de equidistancia, porque nadie tiene dudas de que, en caso de que se lograra la caída del gobierno, sería sustituido por un poder de derecha e incluso de extrema derecha, con durísimas medidas para los derechos de la masa de la población venezolana y para los intereses nacionales del país.

Hay todavía el argumento de que la izquierda latinoamericana no debiera estar solidaria con el gobierno de Nicolás Maduro, que le daría legitimidad en toda la región, comprometiendo la imagen de las fuerzas progresistas latinoamericanas. Los que hablan de esa forma tienen una imagen particular de la izquierda, que no es de la izquierda realmente existente.

Una parte de esas posturas es reflejo de una ideología liberal. Lo único que hay para esa visión son democracia y dictadura. Y como el gobierno de Maduro no cabe en la concepción que tienen de democracia, lo clasifica inmediatamente de dictadura y centran su fuego en contra del gobierno, supuestamente aislado por una sociedad civil en rebelión contra la tiranía.

Para esos, aunque se digan de izquierda, no existen ni capitalismo ni imperialismo. No hay tampoco derecha ni neoliberalismo. Las clases sociales desaparecen, disueltas en la tal sociedad civil, que pelea en contra del Estado. No toman en cuenta que se trata de un proyecto histórico anticapitalista y antimperialista.

Parece que no se dan cuenta que no se trata de defender un gobierno, sino un régimen y un proyecto histórico. Que si llegara a caer ese gobierno, cae todo el proyecto histórico iniciado por Hugo Chávez y Venezuela se sumaría a la recomposición neoliberal que hoy victimiza a Argentina y Brasil.

Se puede ser de izquierda y ser crítico, pero peleando dentro de la izquierda, de las fuerzas antineoliberales, por el avance de esos procesos, nunca por su derrota. Porque la alternativa a esos gobiernos está siempre en la derecha –como Argentina y Brasil lo confirman–, nunca en la extrema izquierda. Derrotar a gobiernos antineoliberales es abrir el camino a la restauración neoliberal, que es la única bandera de la derecha.

Lo que está en juego hoy no sólo en Venezuela, sino también en Bolivia, en Ecuador, en Uruguay, en Argentina, en Brasil, es el destino de los más importantes gobiernos que América Latina ha tenido en este siglo: si se afirman y avanzan, si recuperan el camino donde la derecha ha retomado el gobierno o si la contraofensiva neoliberal vuelve a imponer la década nefasta en que imperó en nuestra región.

Esa es una razón más para que la izquierda exprese su apoyo y solidaridad con Venezuela. Hay horas en que el silencio es criminal, sea de dirigentes, sea de militantes, sea de intelectuales, sea de partidos, sea de instituciones, sea de gobiernos, sea de quien sea.

10 comentarios

  • oscar varela

    La oposición venezolana se anota para los comicios regionales
    https://www.pagina12.com.ar/55480-entre-denunciar-dictadura-e-inscribir-candidatos
    ……………………..
    MUD inscribirá candidatos:
     
    – “Es una forma de lucha y no asumirla es la mejor manera de convalidar y fortalecer la dictadura”, argumentaron los opositores venezolanos y afirmaron que en paralelo van a “profundizar la presión de calle”.

  • Albert Soler

    Parece que tanto experto y “enterado” incide en los mismos errores y no se entera del fracaso de su ideología después de la caída del Muro de Berlín. No se enteran hasta qué punto el fracaso del llamado socialismo del siglo XXI latinoamericano, (conjunción de populismo, marxismo, catolicismo, que finaliza en caudillismo y en el más puro fascismo), no ha conseguido engañar y confundir a pesar de la propaganda y de asegurarse que nadie alborote el pensamiento de la masa en contra de la verdad impuesta. No se enteran, mejor dicho no quieren enterarse, de que las personas son capaces de actuar y de pensar por sí mismas. Que toda persona tiene el derecho a decidir según sus intereses y de sus gustos.  Pasó el tiempo del super poderoso estado protector cuya misión era tutelar, dirigir a la población, como si de menores de edad se tratase. También cansa el victimísmo y el culpar al exterior, a las más diversas potencias económicas y países extranjeros, cuando la política  social y  economía es incuestionablemente un desastre.

    En otro hilo – Venezuela en blanco y negro – se pretende justificar lo injustificable, pues pretender afirmar que en Venezuela existe un régimen democrático es de humor, pero del negro. Es que los enterados no saben, o mejor dicho no quieren,  diferenciar en que términos se desarrolla un sistema realmente democrático. La verdadera democracia implica, entre otras cosas, una separación de poderes y un gobierno representativo de la sociedad, el estado totalitario estataliza al partido único, o aunque reconozca la pluralidad de partidos en la sociedad, los mete a todos en el Estado, creando facciones de un solo bloque, la libertad política está secuestrada por aquellos únicos agentes y gestores del monopolio político de la representación. Aunque en el caso Venezolano es aún más grave.

  • oscar varela

    Hola!
    Leo de Isdoro sobre su sí mismo:
    – “desde mi desconocimiento”-
    ………………
    1- Lo dice él (no yo, ni otros)
    2- Suele decirlo en muchos de sus Comentarios, sobre la temática que sea.
    3- Esto lo hace interesante a la vez que muy “livianito”.
    4- Da la impresión como que no se enterara de lo que otros dicen; sobre todo gente de larga trayectoria y suficientemente creibles.
    5- Tal vez el Método científico se le haya ido al carajo cuando hay que barajar realidades huamno-sociales.
    ¿No?

  • Román Díaz Ayala

    Me gustaría, Isidoro, con tu permiso, puntualizar lo que tu has evidenciado del texto de este politólogo brasileño, Emir Sader, sobre la clara diferenciación que hace entre ser demócrata y ser revolucionario, lo cual es algo más que una reflexión puntual sino una de sus tesis ampliamente difundida. En Nuestramérica no resulta suficiente la etiqueta de demócrata, porque siempre está “la revolución pendiente”, lo cual hay que dejar para los europeos del otro lado del Atlántico con sus democracias “liberales” y para las democracias formales del continente que en realidad se rijen por el neoliberalismo cuyas consecuencias más inmediatas son que las economías de sus Estados se hacen totalmente financieras (financierización) y por la precariedad laboral de sus sociedades. Estados Unidos es su imagen emblemática, exportadora de su estilo de vida, con su consumismo  y la mercantilización de la vida.

    Para tener desde aquí una mejor comprensión de aquella situación tenemos que volver nuestra mirada a la Europa de principios de siglo XX, y aquí en España a 1917 cuando se respiraba una atmósfera de que había llegado la hora de las revoluciones. La crisis de agosto de 1917 que finiquitó la Restauración, aventó los aires militares para la dictadura de Primo de Rivera y abrió el período revolucionario de la década de los años 30.

    con la desconfianza hacia las democracias formales también han caído en su obsolecencia en América sus actores tradicionales, tales como sindicatos y partidos políticos, y con ella también las instituciones del Estado, como lo que se perpetrado contra los representantes electos de las anteriores elecciones. Para esta “verdadera” izquierda el pueblo está constituido por los elementos integrantes de los nuevos movimientos sociales, que exigen nuevas formas de protagonismo y representación.

    Tras el fallecimiento de Chávez se ha dado la paradoja de que un gobierno popular ( el Ejecutivo de la Nación) salido de esos movimientos sociales, políticos, por causa de la democracia formal respetada por el difunto presidente hasta entonces, la Asambla Legislativa de la Nación se ve integrada en abrumadora mayoría por representantes de “la vieja política”, y entonces, la cosa ya no funciona porque peligra el buen fin del proceso revolucionario. La huída hacia adelante del Presidente Maduro es interpretada por unos como una radicalización necesaria de la Revolución Bolivariana, y por otros, como la prueba evidente de los planes de instauración de una dictadura. Para los teóricos revolucionarios es el paso necesario para no caer en manos del Imperialismo. Un mal menor, que sólo se justifica para evitar males mayores.

    Emir Sader está pidiendo que los sucesos de Venezuela sirvan de catalizador para reconocer cuál es la verdadera izquierda del Continente.  (Todo esto te recuerda algo?)

     

  • Isidoro García

    Vamos a ver si me voy aclarando sobre el tema de Venezuela.

    Resulta que tenemos un país, que va muy mal económicamente, (¿sabotaje político?, ¿ineptitud del Gobierno?, ¿caída de los precios de las materias primas?, ¿gastar por clientelismo político, más de lo que hay?, ¿o todo junto a la vez?).

    Y un partido político, que había ganado todas las elecciones anteriores desde hace mucho tiempo, pierde las dos últimas: alcaldes y gobernadores y luego después las legislativas.

    Las próximas de gobernadores están anunciadas para dentro de seis meses, y las presidenciales, (nos informa Milagros), que para dentro de año y medio.

    La oposición presiona en las calles, para adelantar dichas elecciones, y el Gobierno, en vez de trabajar por resolver la grave situación económica del país, para resolver la crisis política decide convocar una Asamblea Constituyente.

    ¿Para qué se convoca en general, una Asamblea constituyente?: para cambiar el terreno de juego político, las normas electorales, los calendarios previstos de elecciones, etc. Lógicamente no se van a elegir unos cargos, con unas condiciones electorales, que están en proceso de cambio. Habrá que esperar a que la Constituyente acabe su trabajo, que luego habrá que votar.

    (De entrada ya ha cambiado al fiscal general, (lo que parecería asunto o de Presidencia o de la Asamblea legislativa), y se ha autoampliado su tiempo de trabajo de los seis meses iniciales a los dos años, que podrían ser ampliados posteriormente).

    Total, que las cosas parecen claras. Recuerdo aquel chiste de que si en un trigal, se ven asomar unas orejas de burro, suena un rebuzno, y huele a boñiga de burro, no hay que ser muy listo para deducir que allí hay un burro.

    No me extraña que la oposición esté “mosqueada”. Resulta que estoy perdiendo elección en elección, y cuando me llega la hora previsible de ganar, se me cambian las reglas de juego, y ya veremos lo que deciden,… cuando lo decidan.

    Yo solo advierto, que los de Podemos y asimilados, aquí en España, corréis serio riesgo de que se os vea el plumero.

    Y esto explica el por qué Pablo Iglesias, aquí en España se pone de perfil sobre la cuestión.

    Lo explica muy bien el autor de este artículo, que es coherente, sincero y claro. La izquierda americana no es demócrata, sino “revolucionaria”, aunque la mona se vista de seda por pura táctica política, y mas desde Europa, en la que para justificarlo se hacen equilibrios y malabares como los del amigo Calleja. (Si reconoces que estás dispuesto, por solidaridad ideológica a defender jesuíticamente lo que no consideras acertado, te autodescalificas como interlocutor intelectual honrado. (¡Lenin y San Ignacio te lo pagarán en la otra vida!).

    Comprendo que en Iberoamérica esa es la situación generalizada, pero aquí en Europa, después de muchos años de telón de acero, para que no se escapara la gente del paraíso, eso ya no funciona así. ¿Qué ha quedado de los comunismos en los diez o doce países europeos del este?. Ni rastro.

    Pablo Iglesias, se pone de perfil, porque a él, esto de Venezuela, le ha pillado con el paso cambiado. Aún está en la fase previa, la de convencer al electorado, que si gana las elecciones y gobierna, no peligra la democracia, (tal y como es ahora), en España, y que no se va a intentar encastillar en el poder como sea, por una buena causa, (su ideología).

    Y claro, los ejemplos de Venezuela, prometen aclarar mucho sobre la estrategia de conservación a toda costa del poder cuando vienen mal dadas electoralmente.

    Tácticas torticeras que ya vienen de antiguo, tampoco vamos a pensar que es un invento del Sr. Maduro.

    Luego existe, una circunstancia que extraña mucho aquí, desde Europa: el clima de violencia política callejera en la Venezuela actual. Pero desde mi desconocimiento, creo que la violencia general en Venezuela, es endémica, (por razones para mí desconocidas), y que eso viene de antiguo, (ya el antiguo “Caracazo”). Por ello parto de la idea de que la brutal violencia callejera política es mutua por ambos lados, y es algo cultural y social, como el problema de Méjico, Brasil, y parte de Centroamérica.

  • Carlos

    Creo que voy a decir algo políticamente incorrecto pero siempre he creído que el responsable de la situación de un país es el gobierno, no la oposición cuyo papel por definición es oponerse. Quiero decir: la política es el arte de lo posible y por tanto un buen gobierno debe calibrar siempre qué es lo posible. Así lo hizo, con muy buenos resultados, el presidente Mujica.

    Nadie negará los logros del gobierno de Chávez pero tampoco que no fue capaz de atajar la violencia ni la corrupción (Verstrynge, su asesor, se lo dijo sin ningún resultado) Por otra parte se descuidó la producción industrial confiando sólo en el petróleo y cuando el precio de éste cayó radicalmente la economía se vino abajo, el desabastecimiento fue un hecho, la inflación se disparó hasta los índices actuales.

    Creo que cargo todas las culpas sobre el enemigo (la oposición, la conjura internacional…) no es un buen análisis (aunque naturalmente existan y jueguen su papel con el que, repito, un buen gobierno debe contar)

     

  • Un cambio de régimen implica algo de radical en los fundamentos de la gobernabilidad del Estado y de su relación con el pueblo. Un cambio de régimen puede ser provocados por grupos minoritarios armados, que sean de tendencias capitalistas ( la supuesta derecha) o de tendencias socialistas (de tendencias socialistas). En Pinochet, Videla, Banzer encontramos los primeros mientras que en Fidel y Ortega, encontramos los segundos. 

    Con Salvador Allende, asistimos a un primero gobierno revolucionario que llego al poder por los votos mayoritarios de su pueblo. A pena electo,  la derecha empezó las acciones violentas para impedir que llegue al juramento como Presidente. Conocemos, ahora, lo que sucedió. No hubo ninguna concesión de la derecha hasta que llegara a derrotarlo.

    Con Hugo Chávez tuvimos el segundo gobierno revolucionario que llego al poder, apoyado por la mayoría de su pueblo. Chávez sabia lo que había sucedido a la revolución de la Unidad Popular de Salvador Allende. Desde principio, se dedico a poner en marcha una constituyente para dar al pueblo una constitución que iba a protegerlo de una derecha enfurecida. Ya conocemos lo recorrido por esta oposición de la derecha que no paro un instante a atacar por todos los medios a esta revolución. Golpes de Estado, guerras económicas, manipulación y desinformación sin ningún criterio de respeto a las personas y a la verdad.

    El 30 de julio, el pueblo salió de nuevo para defender su revolución. Fueron ocho millones y mas que votaron por una Asamblea nacional Constituyente con el propósito de imponer la paz al vencer por la Ley los terroristas y una oposición convertida en violencia. En parecido contexto de una oposición que no quiere saber nada de la revolución bolivariana no hay compromisos posibles. El blanco es blanco y el negro es negro. En sus raíces es un poco lo que existe entre un humanismo solidario y un capitalismo salvaje. La cohabitación no es posible. Es parte del capitalismo salvaje de no hacer compromisos en lo esencial de su régimen. De este tenemos, los de la izquierda aprender que no hay espacio a compromisos sobre lo esencial de una revolución que se quiere socialista y profundamente humanista. Lo caliente no anda con el frio, tampoco dios con el diablo. 

  • George R Porta

     
    Leo: «Se puede ser de izquierda y ser crítico, pero peleando dentro de la izquierda, de las fuerzas antineoliberales, por el avance de esos procesos, nunca por su derrota. Porque la alternativa a esos gobiernos está siempre en la derecha –como Argentina y Brasil lo confirman–, nunca en la extrema izquierda. Derrotar a gobiernos antineoliberales es abrir el camino a la restauración neoliberal, que es la única bandera de la derecha.»
     
     No estoy muy seguro de que dentro de la izquierda se pueda ser crítico de la izquierda, ni siquiera para mejorarla, pero sea cierto esto que digo o no, también es cierto lo que el autor plantea acerca de que sea muy difícil situarse en la neutralidad que todo el mundo sabe equivale a la inmovilidad y por tanto a la complicidad por omisión. Después de todo la balanza permanece por poco tiempo en el «fiel» y toma una dirección o la otra.
     
    Además, cuando los astros estaban alineados en favor de la izquierda y la misma estaba organizada internacionalmente en los sesenta del siglo pasado, algo debió ir mal que la izquierda perdió su momentum y de repente el péndulo comenzó a moverse hacia la derecha y el fascismo. Lo que ha ocurrido en China es un ejemplo: El modo como el capital chino está comprando África es idénticamente capitalista a como Leopoldo de Bélgica compró el Congo y como los EE. UU. se apoderaron de las tierras en Brasil y Argentina, Cuba, y tantos otros lugares. Si no, que expliquen sus dirigentes las enormes inversiones personales que hacen en los bienes raíces más caros.
     
    ¿Qué causó el fracaso de la URSS? ¿Qué ha hecho que la RP de China se haya desviado del socialismo? Esas son preguntas que se van quedando sin respuesta y entonces la derecha provee su ideología para ofrecer la explicación neoliberal de la inevitabilidad histórica del capitalismo como Marx hablaba de la inevitabilidad histórica del comunismo. Pero las preguntas siguen sin respuesta y la consecuencia es el escepticismo y la neutralidad, la inmovilidad política, la muerte ideológica.
     

  • Santiago

    El hecho que existan el “capitalismo y el imperialismo” despiadados, tampoco nos ha llevar a un totalitarismo nacional que es lo opuesto a la democracia, puesto que entonces el remedio es peor que la enfermedad… Es que parece, pues, que nunca podemos encontrar un “centro”…no un radicalismo que nos lleve al polo puesto….Tratando, pues, de resolver la evidente injusticia social que prevalece en nuestro mundo de hoy,-que muchas veces es solo un pretexto de los activistas políticos para adueñarse señeramente del poder y arribar con el objeto de hacerse de un nombre etc., se cae entonces en algo que va mucho más allá de lo político como ES el dominio absoluto, en cuerpo y alma, de la vida de los ciudadanos, de su religión, de su ideología, de su derecho a la propiedad, de su libertad de expresión,aunque sus ideas sean contrarias al gobierno “oficialista”… y sometidos, por ende, a la omnipotencia del Estado que se espera ha de resolverlo todo…para llegar a la felicidad completa individual y colectiva…Pero esta concepción es mera ilusión…Por ahora, no se ha visto que este tipo de gobierno “social” haya podido llegar a esa perfección natural…Se trata solamente del deseo..

    Por otro lado, el esfuerzo de la izquierda por mantener un gobierno  como el  de Cuba y Venezuela, en pie de guerra, y como modelos a seguir, donde no existe ninguna garantía para los derechos humanos y la libertad de expresión, es porque se juega también el poder de los gobiernos de Bolivia, Ecuador, etc del mismo corte y tendencia de sus homólogos cubanos y venezolanos..Sin embargo, los totalitarismos, ya sean de izquierda o de derecha, que son antidemocráticos per se, tardarán pero llegarán a su final…El principal problema está en su interior…tal como ha pasado ya en la historia, este tipo de gobierno explota internamente…puesto que no puede sostenerse por mas tiempo lo que no está basado en la libertad del ser humano, que es intrínsecamente inherente a su misma naturaleza…

    Saludos cordiales

    Santiago Hernández

     

  • José Ignacio Calleja Sáenz de Navarrete

    Pues, parecerá contradictorio en mí, pero creo que tiene razón; deja claro que el gobierno de Maduro no cabe en la concepción que tenemos de democracia, y a partir, de ahí, yo lo entiendo, asumo los motivos, y me pronuncio a favor de la parte del pueblo que empuja la revolución bolivariana. (Poco más puedo añadir, porque no tengo información de primera mano para valorar bien la estrategia). Por supuesto, en lo que no estoy de acuerdo es que el autor suponga que todo el pueblo está en un solo lado. Esto es muy reductivo y tentador. Por desgracia hay mucha gente-pueblo en el otro lado. Ya lo he dicho varias veces. Y a esa gente hay que ganarla de buenos modos para que abandone a las oligarquías. No son sólo la derecha local y el gobierno norteamericano, ¡ojalá fuera ese el problema allí y aquí!

     

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