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La verdad es una obligación revolucionaria

Antonio Gransci a los 30 años. Moriría 16 años después, en 1937.

Antonio Gransci a los 30 años. Moriría 16 años después, en 1937.

Tras un paréntesis motivado por una Asamblea General de la Asociación Iglesia Viva celebrada ayer en Madrid, reanudamos Atrio con este artículo que nos ha indicado una vez más Manolo Santos y que nos ayuda a repensar con los actuales conceptos gramscianos de “hegemonía”, “sociedad civil”, “ideología” o “estado”. A los 80 años de su muerte, sigue presente Antonio Gramsci en las izquierdas de todo el mundo, con diversas interpretaciones. Pero es más actual que nunca, en esta época de la pos-verdad, su principio: la verdad “La verdad es una obligación revolucionaria”. AD.

Gramsci en disputa

Ángel de la Cruz – Concejal en Benalúa de las Villas (Granada) por IU, en eldiario.es de 27-4-*2017

Este 27 de abril se han cumplido 80 años de la muerte de Antonio Gramsci

La vida y la obra de Antonio Gramsci estuvieron marcadas por el drama. A un contexto político de reflujo del movimiento comunista, con la derrota alemana como ejemplo paradigmático, hay que sumar unas condiciones de vida paupérrimas: la cárcel acabó agravando las enfermedades y los problemas físicos que aparecieron a la corta edad de tres años y degradando sus complejas relaciones humanas (principalmente sentimentales, pero también políticas). Debido a estas condiciones y a su muerte prematura, la obra del ínclito dirigente italiano estuvo marcada por la fragmentación, la complejidad y, debido a la censura, una cierta encriptación. Su lectura nunca ha sido unívoca, hasta el punto de que se ha utilizado como coartada para una cosa y su contraria.

En cualquier caso, nadie duda sobre la originalidad de su pensamiento que lo convirtió en el marxista más recurrido una vez finalizada la II Guerra Mundial. Después del rescate de su obra en la década de los setenta, en ocasiones de manera oportunista para legitimar la estrategia del “compromiso histórico” tras un ciclo de impasse culminado con el golpe de Estado contra Allende, se suma un nuevo debate sobre su vigencia tras el fin del “fin de la historia”.

La originalidad de Gramsci no radica en una supuesta ruptura con un marxismo moribundo, sino en la actualización de éste en un contexto diferente al de Rusia, una vez que la propia historia superó el determinismo que predicaba la inevitabilidad del socialismo tras el colapso del capitalismo. La derrota del movimiento obrero en los países con un capitalismo desarrollado, acompañada en la mayoría de los casos del triunfo del fascismo, hizo a Gramsci establecer una distinción entre Occidente y Oriente, no por un capricho geográfico sino atendiendo a un diferente desarrollo socioeconómico. Los países que arrastraban condiciones semifeudales, con un incipiente capitalismo, presentaban un Estado débil que consistía básicamente en una máquina de represión. Así, en un contexto de crisis y ante el embate de las masas, se podían dar las condiciones para una “guerra de maniobras”, es decir para un choque frontal. Esas eran las condiciones de la Rusia zarista.

Por otra parte, los países occidentales desarrollados (Gramsci no incluía a España en esta categoría) presentaban un Estado más fuerte que impedía exportar la estrategia revolucionaria triunfante en Rusia. Eran más resistentes a las crisis económicas, que no eran acompañadas de crisis políticas directamente proporcionales y mucho menos en una dirección necesariamente democrática. Es aquí donde adquiere relevancia la “autonomía de lo político”. Gramsci partía de la definición leninista del Estado para ampliarla hacia una concepción más rica y compleja: ya no solo se trataba del conjunto de aparatos represivos, lo que se podría definir como la parte más nítida de la “sociedad política” relacionada con la coerción, sino de la mezcla de ésta con la “sociedad civil” como la suma de “cuarteles y fortalezas”.

Es en la sociedad civil, en la Italia de entreguerras con una fuerte presencia de la Iglesia Católica (de ahí su lucha contra el anticlericalismo izquierdista), donde se produce la lucha ideológica, que iría más allá de la clásica definición marxista de “falsa conciencia” para convertirse en la “visión del mundo” encargada de cementar la infraestructura económica y la superestructura jurídica-política-ideológica.

En el terreno de la ideología se disputaría la pugna por la “hegemonía”, concepto que Gramsci toma –nuevamente– de Lenin para ampliarlo. Para el dirigente bolchevique consistía básicamente en la capacidad de una clase para estrechar alianzas con otras: en Rusia la capacidad del proletariado de atraer a posiciones revolucionarias a los campesinos sin renunciar a su posición dirigente. En Italia las alianzas de clase iban en el mismo sentido: el proletariado industrial, con mayor presencia en el norte, debía hacer suyas las problemáticas del campesinado pobre, principalmente sureño.

Para Gramsci la hegemonía tiene un carácter dual, cuya metáfora del centauro toma de Maquiavelo: una parte animal, relacionada con la coerción, y una parte humana, relacionada con el consentimiento. Una clase es hegemónica cuando aparte de dominante es dirigente, es decir cuando posee los medios coercitivos pero también cuenta con el consentimiento de las clases subalternas, que son subalternas precisamente por no contar con una visión del mundo propia y autónoma. En resumen, una clase es hegemónica cuando tiene la capacidad de reprimir a su clase enemiga y a la vez estrechar alianzas con otras que objetivamente –en términos económicos– no comparten el grueso de intereses, en aras de la construcción de un “bloque histórico”.

La guerra de posiciones como estrategia resultante de la noción de hegemonía no supone la concesión o la claudicación de unos objetivos generales, sino la adecuación de los métodos de lucha a un contexto nacional determinado. Solo quien tiene una fuerza ostensiblemente superior a la del enemigo puede escoger las formas de lucha. Ya en las décadas de los años veinte y treinta del pasado siglo, al menos en las sociedades desarrolladas, las condiciones del movimiento obrero se tornaron desfavorables. La ampliación y el desarrollo de lo que Marx llamó “medios de producción ideológicos” (en los cuales Althusser pondría especial atención) consiguieron ampliar la capacidad de consenso de la clase dominante y blindar el Estado. Se hacía necesario “cavar trincheras” en la sociedad civil para dar la batalla ideológica y cultural frente a los instrumentos al servicio de la clase dominante: la Iglesia Católica, los medios de información, la educación, la cultura, el folclore, etc.

La tarea del Partido como “Príncipe Moderno” era, en última instancia, la construcción de una visión del mundo propia, esto es, la lucha por la hegemonía. Así, era necesario pasar del primer paso egoísta-pasional o corporativo en el que los trabajadores reclaman “lo suyo” a una visión global. Para ello la pedagogía es imprescindible, así como decir la verdad (para el dirigente sardo no era una cuestión moral sino un deber político). No por casualidad, la conquista de la hegemonía debe producirse antes de la toma del poder. No basta con un programa económico, la “reforma moral e intelectual” es imprescindible en un horizonte verdaderamente emancipador.

Aquí adquieren una importancia crucial los “intelectuales”, que no serían sesudos académicos sino cualquiera que ejerciera un papel de transmisor de ideología desde lo más alto a lo más mundano. Uno de los objetivos políticos del dirigente sardo fue acabar con la jerarquía vertical tan propia de la Iglesia que se reproducía en los partidos políticos. La división entre clérigos y sencillos es impropia de cualquier organización transformadora y hace imposible el éxito de estar allá donde haya política, es decir donde haya conflicto y –por tanto– pugna ideológica (en política no existen espacios vacíos).

Solo el trabajo en la sociedad civil, que va muchísimo más allá de lo que vulgarmente se simplifica como “la calle” y vendría a ser la retaguardia, puede permitir el triunfo de la vanguardia en términos más estrictamente políticos: conquista del gobierno, del Estado y, en la aspiración nada modesta de Gramsci, el paso hacia una “sociedad regulada” en la que éste tendería a desaparecer, o más precisamente a ser absorbido por la sociedad civil.

La disputa por el pensamiento político de Gramsci normalmente se hace desde dos posiciones enfrentadas y aparentemente antagónicas pero, a mi juicio, igual de pueriles. Por un lado, están quienes lo analizan con una intención instrumental separando conceptos de la obra en su conjunto y de su contexto. Normalmente esto se ha hecho desde posiciones más conservadoras, convirtiendo a un leninista –no “ortodoxo”– en un revolucionario “amable” con tendencias socialdemócratas. Así, fue la coartada para los acuerdos de concentración nacional tras la II Guerra Mundial, el eurocomunismo, el compromiso histórico e, incluso, el propio harakiri del Partido Comunista Italiano.

Por otra parte, están quienes reclaman a Gramsci como un marxista-leninista alineado con la ortodoxia soviética. Si bien podríamos considerarlo como un leninista (si partimos de que reducir una obra compleja y en ocasiones contradictoria a una etiqueta es una pérdida de tiempo), Nino nunca dejó de pensar con su propia cabeza, lo que le valió la desconfianza y un cierto aislamiento tanto dentro de Italia como fuera. Quizá su primera gran batalla política fue la lucha contra el izquierdismo encabezado por Bordiga, que llegó a defender el abstencionismo y demás posiciones infantiles. Más tarde se enfrentó contra la Internacional (posicionándose en contra de la estrategia del socialfascismo y la “clase contra clase”), criticó la burocratización del PCUS e hizo un llamamiento a la unidad ante las inminentes purgas en la Unión Soviética (al mismo tiempo señaló a Trotsky como el principal responsable de la situación de inestabilidad).

La disputa conservadora por Gramsci tuvo su colofón en España durante la Transición, ya que tanto el PCE (especialmente) como el PSOE lo usaron para legitimar sus estrategias. El caso del PCE es paradigmático: el gran traductor español de la obra gramsciana fue Jordi Solé Tura, uno de los “padres de la Constitución” y más tarde Ministro de Cultura con Felipe González. Manuel Sacristán, probablemente el marxista español de mayor fuste y contrario a la estrategia carrillista, hizo otra lectura que continuarían sus alumnos con Fernández Buey a la cabeza.

Los seguidores de Ernesto Laclau hicieron su particular lectura y tras los procesos latinoamericanos del “socialismo del siglo XXI” Gramsci volvió a ponerse de moda. En el fondo del particular Vistalegre II se escondía una nueva batalla por el italiano y, concretamente, una lectura distinta del concepto de hegemonía. A pesar de la nueva retórica sofisticada, los laclausianos hacen una lectura similar a la de la “vieja izquierda” entendiendo la hegemonía única y exclusivamente como consenso. Sin embargo, esta lectura, más allá de su cuestionable validez, no tiene mucho sentido si se desliga de la obra en su conjunto. Gramsci era un marxista que no entendía el poder como una cosa, sino como una correlación de fuerzas.

La ruptura novedosa de Laclau, ya declaradamente posmarxista en 1986, no es desprenderse del materialismo dialéctico como la “filosofía marxista” o del materialismo histórico como la “ciencia de la historia”, sino de la centralidad de las clases sociales como sujetos con intereses antagónicos. Así, desaparecía el conflicto económico y la política quedaba reducida, en última instancia, a la conquista de una mayoría electoral (detrás de la tosca retórica carrillista y de la sofisticada retórica laclausiana no se escondía mucho más). Estrategia totalmente legítima pero distinta a la del maltrecho sardo que asumía que decir la verdad era una obligación revolucionaria.

69 comentarios

  • George R Porta

    Gracias María Luisa por tus aclaraciones que aprecio y aprovecho. In saludo cordial.

  • M.Luisa

    …precisamente, George,  esta progresiva actualización de la verdad en la inteligencia como un mero “quedar” en ella  y no como si la inteligencia  operase  incisivamente en su búsqueda  es lo que explica de alguna manera el sentido que en la historia tienen las revoluciones   porque en cada una de ellas  lo que se intenta es que dimane la verdad en forma  de actualidad novedosa. Dicho todo ello de modo resumido para evitar cualquier agotamiento.

  • M.Luisa

    Hola George, buenos días!

    No quisiera olvidarme de la respuesta que me quedó pendiente sobre las diferentes proposiciones   en las que me planteas cuestiones sobre el concepto de  verdad. Al releerlas de nuevo veo que   le das demasiadas vueltas al tema complicándolo más si cabe,  cuando en realidad la cosa es más sencilla  de lo que parece, y es que la tradición  nos ha llevado  por la vía  de la verdad de razón   entendiendo ésta como razón pura y haciéndonos transitar por la verdad lógica u ontológica, es decir aquella  dada por la identificación de la realidad y su concepto objetivo y es a ella a la que yo me resistía, pues si lo que se busca es la verdad real ésta es tan sólo un momento estructural de la realidad.   Interpretar la verdad desde fuera como un “sentido” desplazado que flotara independientemente de la realidad de hecho  es para la filosofía actual insostenible.

  • George R Porta

     
    El capítulo 2 del Libro de Josué, narra la mentira de Rahab para proteger a los dos espías israelitas a cambio de la preservación de su vida y la de su familia cuando Jericó llegue a ser invadida por aquellos.
     
    En Lucas 16, 1-12 se atribuye a Jesús esta parábola en la que pone el ejemplo a un administrador «hábil» que resuelve una estafa resultando impune solo haciendo desaparecer la causa de la acusación y la evidencia del crimen, pero sin pasar por la admisión de culpabilidad y sin pagar por el intento de estafa tanto al amo cuanto a los deudores. Más aún la narración hace aparecer a Jesús recomendando como una conducta encomiable la del administrador que altera la evidencia documental de su crimen para deshacer la acusación y evader el castigo.
     
    Uno pudiera concluir que exponer la verdad no sea una obligación y que la mentira pueda ser permisible y hasta no ser necesariamente punible.
     

  • mª pilar

    Jajaja… ¡¡¡Gracias por estos desengrasantes cantores!!!

    Cuando un diálogo amistoso, para comprender las ideas de toda persona que interviene, se convierte en una lección… a veces… agota un poquito.

    Y sucede lo de siempre, cada cual… erre que erre con lo suyo.

    Estoy de acuerdo y me uno al “carro o carreta” de Honorio.

    Un abrazo entrañable… no puede ser de otra manera… no puedo abrazar sin entregarme en ello jejeje.

    mª pilar

  • George R Porta

    ¡Gracias Oscar! Prefiero a Larralde, he disfrutado mucho a Atahualpa, y no conocía a Cafrune. De este ultimo comenzaré ahora mis entradas de «vela no llamada al entierro o de cuchareta metida sin ser invitado» con la primera tonada de esto de Cafrune: https://www.youtube.com/watch?v=FO1TFkaC2Ws

  • George R Porta

    ¡Gracias Asun, ya me siento m ejor desengrasado!

  • h.cadarso

    Maite Lesmes ha puesto el grito en el cielo ante el tono y las reflexiones emitidas en estos largos comentarios, largos por la enorme extensión de algunos, y largos por la cantidad de los mismos, pero cortos porque las personas que intervienen no son demasiadas en número…Maite valora al menos las intervenciones de Oscar Varela, quizá el que más se agarra a los hechos históricos que vive más o menos de cerca…

    El caso es que aquí, hoy, tenemos en marcha ante nuestras narices los debates en torno a la deriva del PSOE, ele voto de censura lanzado o anunciado por PODEMOS, la complicidad PNV-PP en la puesta en marcha de unos presupuestos altamente neoliberales dictados por el IBEX-35, los paraísos fiscales…y la estrategia política de Macri, de Temer en Brasil, más la victoria de Macron sobre Le Pen…

    ¿No podríamos aplicar a estos hechos que vivimos de cerca las estrategias que Gramsci aplicara a una Europa y una situación mundial de los años 50, 60 y 70? “Dímelo hilando”, dice algún refrán. Marx es Marx justamente porque al mismo tiempo que luchaba y actuaba en medio de la gente, expuesto a todos los golpes de toda la gente, partiendo de esas experiencias alaboraba una teoría revolucionaria.

    Por favor, Maite, entra en el debate, intenta llevarlo a un mayor acercamiento al “hoy, aquí, ahora, partiendo de nuestras experiencias de acción revolucionaria”. Más o menos somos conscientes de lo que nos falta…No apagues la vela que se queda sin cera, no quiebres la caña que se tambalea…

    Con perdón, perdonen mi audacia…pero es que yo también me pierdo y echo de menos unas alas que suplanten a mis pies…

  • Asun Poudereux

    Claro, George, aunque a veces me resulta imposible comprender, hacía dónde pones tu atención y requerimientos, en esta ocasión, te agradezco doblemente que haya sido capaz de seguirte. Vamos a ver, dices:

     
     La muerte de cada persona es el mejor ejemplo de la culminación del crecimiento biológico, aunque parezca paradójico.
     
    Así lo veo, también, especialmente cuando la muerte es aceptada como una manifestación más de la vida, en la que el ego desaparece, ya no hay nada que temer.
     
    Por otra parte, si crees que se trata de sobre-imponérselo, el hecho de reconocerse en el otro, entonces hablas y actúas únicamente desde la mente egocéntrica,  que cree ser alguien separado del otro.
     
    Al decir reconocerme no hablo de fusión, sino en ver en él, en ella  y en mí, lo que de fondo compartimos, que es permanente y mucho más espacioso que las diferencias, que en realidad son enriquecimiento para ambos, y en todo y todos repercute,  madurando en el amor que crece conviviendo,  con dificultades de todo tipo, siempre imprevisibles, y a veces con “tonos caprichosos y tozudos”,  pero liberadoras.  
     
    Y por supuesto, sin humildad, que nace del no-lugar del ego, la consciencia que nos hace conscientes de nuestras propias limitaciones, y que mueve a interactuar e interactúa en el mutuo reconocimiento,  aproximando, catalogamos al instante y al punto al otro, impidiéndolo.  
     
    De todos modos, George, te hablo desde mi experiencia personal, en cuanto al conocimiento de lo que es llamado transracional, e incluso transpersonal, como profesional que eres desde tantísimo tiempo, creo que te sobrarán datos y conocimiento al respecto, pero de nuevo gracias, por sacarme de lo que en broma suelo decir de mí misma: Iba para autista y me quedé a medio camino. Ja, ja…
     
    Un abrazo
    P.d.- No sé si esto tiene que ver con la obligada revolución, pero a Asun, la sacude y la engrasa los ejes de la carreta que no para en su marcha.

  • George R Porta

    ¡Hola, Asun, Óscar! ¿Me perdonáis que meta la cuchareta?   

    Leo, Asun, que escribes: «La revolución que no consiste en quitar a otros para que me ponga yo, sino que es movida por la capacidad de reconocerse en cualquier otro…»

    Quizás estés acertada en tu afirmación, pero me pregunto ¿al «reconocer-me» en cualquier otro/a no me le sobre-impondría?

    Puede que una «revolución tal sea posible» pero recuerdo que el Ché Guevara en un opúsculo extraordinario («La Guerra de Guerrillas») escribiera y con gran razón que los poderosos no renuncian voluntariamente al poder que tienen. Con este razonamiento él sostuvo la «justificación» de la violencia revolucionaria no como materialización de odio hacia los poderosos sino incluso (aunque no solo) para impedir que sigan deshumanizándose, alienándose, en el ejercicio injusto de un tal poder. La revolución pacífica o apacible, espontánea fuera más bien opuesta a la naturaleza que parece preferir los cambios sutiles, aunque cientos de ellos alcancen masa crítica y causen un cambio cualitativo permanente como algo nuevo. La muerte de cada persona es el mejor ejemplo de la culminación del crecimiento biológico, aunque parezca paradójico.

    Me permito plantearte las siguientes preguntas con el propósito de comprenderte no porque no te expliques sino porque ya sabes que soy enredado.

    1.    ¿Cómo puedo reconocerle a «otro/a» y al mismo tiempo reconocerme en él/ella?

    2.    ¿Te parece que fuera viable en lugar de reconocerme que nos reconozcamos mutuamente o recíprocamente pero que sobreviva la alteridad y las correspondientes diferencias individuales? Esto pudiera crear el espacio del amor y la convivencia.

    3.    Dada la dificultad casi imposibilidad de mirar-se a uno/a mismo/a como si fuera otro/a, ¿es realmente posible mirar al otro/a sin la necesaria humildad de dar por sentado que solo vemos nuestra visión de él o ella?

     

  • Asun Poudereux

     
    ¡Gracias, Oscar! Otro buen trabajo de síntesis.
     
    Por lo que dices en este último comentario del día 8 a las 22.17, estoy bastante de acuerdo en líneas generales y lo dejaría así estar, pero, al final, concluyes y he aquí que dices:
     
    Son, por decirlo así,
     
    *tres formas diferentes del mecanismo psíquico,
     
    * tres maneras distintas de funcionar el aparato mental del hombre.
     
    Y ahí creo puede estar el error de fondo: ponerlas por separado y además ubicarlas en el aparato mental del hombre, entiendo como primacía y preminencia de todo lo que nos constituye. Además no se llega saltando de uno a otro, como tampoco rechazando y queriendo anular los primeros niveles que llevan al último, el espacio de lo que llamamos  mística, en el que prevalece la consciencia transpersonal, la más revolucionaria, que pueda haber, pues no pone su centro de interés en imponer, sino que  favorece pacientemente que empape hasta la raíz  de la que emerge y se renueve sin interrupción.    
     
    No siendo persona de ciencia, sé de antemano que no puedo satisfacer, como quisiera, mi explicación, en mi intento de ir incluso más allá de lo que se sugiere en esas frases, consecuentes de anteriores afirmaciones.
     
    Difieren esas constataciones, que reconozco y aprecio en lo que aportan y han aportado, en uno y otro sentido, a la humanidad,  de otro modo de ver y de conocer, que parte primariamente de ser consciencia, por lo que la mente, así como el cuerpo y todas otras partes que nos conforman, no son más que manifestaciones de aquella de la que emergen en interrelación y conexión constantes.  La consciencia va desplegándose en la personas, conformando el comportamiento del ser humano, trascendiéndose todo él,  no yendo las partes que le constituyen por separado, aunque realmente pueda parecerlo y así sentirlo, por la preminencia otorgada a la mente, fuera de lo que es su funcionalidad y aportación básica al conjunto.
     
    La revolución que no consiste en quitar a otros para que me ponga yo,  sino que es movida por la capacidad de reconocerse en cualquier otro,  consciente de los orígenes de los que emerge, le gusten o no, poco importa,  traspasa el umbral hacia una más amplia consciencia que apunta a lo transpersonal. De dónde venimos y la capacidad de racionalizarlo no es la meta, conocerlo sí, rechazarlo tampoco, si no,  tarde o temprano se trunca.
     
    Es otro el camino de la revolución, la que es continua, no se retiene, y no conoce límites en el despliegue de  consciencia  transracional,  de la que brota toda transformación personal, colectiva y universal haciéndolo de mil formas y maneras no violentas.
     
    El solo hecho  de estar abierto, integrando y trascendiendo al paso que toque, no desde la mente sino  desde todo lo que nos constituye y conforma,  lleva ya en sí un componente de revolución y verdad, de obligada coherencia íntima y personal, en cualquier entorno en el que el ser humano, que aspire y se inspire en ello,  esté presente en la vida.
     
    Imponer no, callar tampoco, aunque se hable con silencios y finalmente en todo este tinglado, los hechos son reveladores de verdad.
     

  • George R Porta

     
    ¡Hola, Oscar! Siempre te leo y lo inconveniente para ti es que me resulte imposible dejar de hacerte preguntas, no por causa tuya sino de mi ignorancia.
     
    Has escrito: «Todas, en efecto, si lo son en verdad, suponen una peculiar, inconfundible disposición de los espíritus, de las cabezas… … Son, por decirlo así, tres formas diferentes del mecanismo psíquico, tres maneras distintas de funcionar el aparato mental del hombre.»
     
    Pensando en términos políticos me parece que las revoluciones tienen un «comienzo» fluido y que el pensamiento no pudiera prescindir de los hechos históricos porque me parece que solo se descubre lo que ya existe.  
     
    Pienso que sea difícil afirmar en este caso como en tantos otros de la historia qué venga primero ¿el huevo o la gallina? ¿La mente o el pensamiento/espíritu o la revolución? En suma, me parece que la realidad sea fluida, líquida, aunque la expresión esté perdiendo relevancia porque se utilice para todo.
     
    En otro punto afirmas que el estado de bienestar en Francia, en la época de la Revolución, imagino que la de 1789, era mejor que nunca antes. Pero no he podido confirmar esa opinión, por lo cual ya hice otra entrada ofreciendo la opinión opuesta a falta de una propia.
     
    El pensamiento político sigue debatiendo algo que Régis Debray al escribir primero su ensayo «¿Revolución en la Revolución?» (1967) y 14 años más tarde otro igualmente famoso «Critica de la razón política» (1981) ―ambos famosos lo mismo si uno se agrupa en un punto u otro del espectro ideológico― si el gesto revolucionario depende de las circunstancias o lo contrario, cuando lo problemático y Debray me parece que trató de afirmar es que sean inseparables.
     
    Parece que las revoluciones socialistas no hayan fallado porque sean naturalmente defectuosas sino porque son forzadas a ocurrir con un «grito» u otro, un «levantamiento» u otro cuando es obvio que solo van a engendrar un enfrentamiento generalmente prolongado y sangriento.
     
    Más bien parece que la historia solo tolera las crisis por un período generalmente breve y si no encuentran una resolución dentro de ese período, se anquilosan. No por gusto la Revolución Francesa acabó en un emperador y tantas revoluciones de derecha o izquierda han terminado en un dictador (dicho sea, claramente, no recuerdo que hayan terminado en una «dictadora»). No importa cuánto tarde tal parece que haya una especie de destino político de las naciones nacidas de las monarquías, vía liberación de las colonias, o por la vía revolucionaria, de avanzar hacia la consolidación del poder. Un ejemplo es el modo como la democracia estadounidense ha venido a hacer esta especie de «farsa monárquica» del gobierno actual.
     
    Unas preguntas me quedan rondando:  Cuando escribes «… los grandes organismos históricos que han cumplido su curso completo…» ¿a cuáles te refieres y qué los detuvo si desaparecieron los respectivos pueblos? ¿Desaparecen los pueblos o cesa la historia de los pueblos porque deja de ser narrada de una cierta manera para serlo de otra?

  • George R Porta

    En línea hay un breve artículo sobre la Revolución Francesa. He aquí dos párrafos interesantes:

    «HECHOS QUE LLEVAN A LA REVOLUCIÓN: En 1787 y 1788 hay malas cosechas en Francia (crisis agrícola), por lo que se pasa hambre. Cuando en 1788 se elabora el presupuesto para 1789, se encuentran con que Hacienda está en bancarrota. Francia tenía una deuda exterior de cinco mil millones de libras. En este presupuesto, los gastos son superiores a los ingresos. La mayoría de los ingresos de Francia en el Antiguo Régimen procedían de los impuestos. Los ministros de Hacienda llegan a la conclusión de que la única solución es imponerle impuestos al grupo privilegiado.

    El Rey, viendo que esto no le favorecía en absoluto, cesó a los ministros que llegaran a esta conclusión, en total cuatro. Los no privilegiados ya están al límite de sus posibilidades en cuanto a gastos. 

    Si aún por encima tenemos en cuenta que en esos dos años hubo una crisis agrícola, deducimos que no se les pueden subir los impuestos.

    La aristocracia solicita a Luis XVI la convocatoria de los Estados Generales. Estos llevaban sin reunirse desde 1614 porque en la Edad Moderna, los nobles no prestan dinero al rey y el rey no necesita el consejo de los nobles. La convocatoria es realizada a finales de 1788 y se decide que la reunión sea el 5 de mayo de 1789. En los meses que transcurren desde la convocatoria hasta la reunión (5 meses) se elaboran los llamados cuadernos de quejas.»

    Fuente:

    https://historia-vcentenario.wikispaces.com/file/view/La%20Revoluci%C3%B3n%20Francesa%201789.pdf/135200827/La%20Revoluci%C3%B3n%20Francesa%201789.pdf

     

  • M.Luisa

    El pasado día 6 de mayo, Maite Lesmes horrorizada creía que la entrada de ciertos términos conceptuales  a los que se les tuvo que dar,  precisamente, por el vuelco  que dio el asunto   con el tema de la verdad, eran conceptos provinentes de la ontología, y aquí empezó el error pues, al menos por mi parte, en absoluto hacían referencia  al ENTE sino a la REALIDAD,  son términos no de ontología sino de noología, es decir  aquellos  surgidos  no de una construcción teórica   sobre la inteligencia dando por supuesto que ya  ésta estuviera en relación con el ENTE, sino surgidos  del estudio de la inteligencia  cuando  ésta se enfrenta con las cosas en cuanto reales,   es decir,  no es un estudio teórico,  utilitarista, de aquello que la inteligencia podría ser y hacer de ella, sino un estudio práctico donde por enfrentamiento con las cosas  la intelección humana muestra  su “acto” primero , aquel que surge tras  el trato con ellas.   No es posible ir más allá de este límite. “Permaneced fieles a la tierra” en frase nietzscheriana

  • M.Luisa

    Buenos días!

    Parece que hemos vuelto al núcleo de la cuestión retomando el término REVOLUCIÓN,  A ella  me referí justamente, creo, no sé si en mi primer comentario o en el segundo, da lo mismo,  venía a diferenciar  entre autoridad hegemónica y hegemonía. La primera es a la que se ha de poner resistencia, decía,  frente a  la  posición de obertura en la segunda que es aquella que explicaría de algún modo  la existencia de las REVOLUCIONES como portadoras de novedad.

    Leída  ahora la aportación de Oscar, también me podría apuntar a ella, a lo mejor, tal vez, la enfocaría en un sentido distinto  pero con alta probabilidad de coincidir.  Lo enfocaría no por lo imposible sino por lo posible. Y esto porque cuando pasa un pasado no pervive como realidad en el fondo del presente, pero  su pasar que consiste precisamente en no ser real, sin embargo nos deja en una situación de posibilidades, aquellas que nos otorgó el pasado cuando fue real. El pasado pervive en el presente en forma de posibilidades.

  • oscar varela

    Hola!

    Pasemos al otro término: REVOLUCIÓN

    Para definir una época no basta con saber lo que en ella se ha hecho;

    es menester además que sepamos lo que no ha hecho,

    lo que en ella es imposible.

    ………………………………………
    1- Una época es un repertorio de tendencias positivas y negativas,
    es un sistema de agudezas y clarividencias unido a un sistema de torpezas y cegueras.

    No es sólo un querer ciertas cosas, sino también un decidido no querer otras.

    2- Al iniciarse un tiempo nuevo, lo pri­mero que advertimos es la presencia mágica de estas propensiones negativas que empiezan a eliminar la fauna y la flora de la época anterior, como el otoño se advierte en la fuga de las golondrinas y la caída de las hojas.

    3- En Europa se han acabado las revoluciones.

    No sólo que no las hay, sino que no las puede haber.

    4- Se suele tener de las revolu­ciones la más vaga noción.

    (Un amigo uruguayo (argentino, da lo mismo) me aseguraba con velado orgullo que en menos de un siglo había sufrido su país hasta cuarenta revoluciones. Evi­dentemente, mi amigo desmesuraba. Educado, como yo y buena parte de los que me leen, en un culto irreflexivo hacia la idea de la revolución, deseaba patrióticamente ornar su historia nacional con el mayor número posible de ellas)

    5- Llamaba revolución a todo movimiento colectivo en que se emplea la violencia contra el Poder establecido.

    Mas la historia no puede contentarse con nociones tan imprecisas.

    Necesita instrumentos más rigorosos, conceptos más agudos para orientarse en la selva de los acontecimientos humanos.

    6- No todo proceso de violencia contra el Poder público es revolución.

    No lo es, por ejemplo, que una parte de la sociedad se rebele contra los gobernantes y violentamente los sustituya con otros.

    Las convulsiones de los pueblos americanos son casi siempre de este tipo.

    Si hay empeño en conservar para ellas el título de «revolución», no intentaríamos hacer una más, a fin de impedirlo;

    7- pero tendremos que buscar otro nombre para denominar otra clase de procesos esencialmente distintos, a la que pertenecen la revolución inglesa del siglo XVII, las cuatro francesas del XVIII y XIX y, en general, toda la vida pública de Europa entre 1750 y 1900, que ya en 1830 era filiada por Augusto Comte como «esencialmente revolucionaria».

    8- Los mismos motivos que inducen a pensar que en Europa no habrá ya revoluciones, obligan a creer que en América no las ha habido todavía.

    9- Lo menos esencial en las verdaderas revoluciones es la violencia.

    Aunque ello sea poco probable, cabe inclusive imaginar que una revolución se cumpla en seco, sin una gota de sangre.

    La revolu­ción no es la barricada, sino un estado de espíritu.

    Este estado de espíritu no se produce en cualquier tiempo; como las frutas, tiene su estación.

    ……………………

    10- Es curioso advertir que en todos los grandes ciclos histó­ricos suficientemente conocidos —mundo griego, mundo romano, mundo europeo— se llega a un punto en que comienza, no una revolución, sino toda una era revolucionaria, que dura dos o tres siglos, y acaba por transcurrir definitivamente.

    11- Implica una completa carencia de percepción histórica considerar los levantamientos de campesinos y villanos en la Edad Media como hechos precursores de la moderna revolución. Son cosas que no tienen nada importante que ver entre sí. El hombre medieval, cuando se rebela, se rebela contra los abusos de los señores.

    12- El revolucionario, en cambio, no se rebela contra los abusos, sino contra los usos.

    Hasta no hace mucho se comenzaba la historia de la Revolución francesa presentando los años en torno a 1780 como un tiempo de miseria, de depresión social, de angustia de los de abajo, de tiranía de los de arriba. Por ignorar la estructura específica de las eras revolucionarias, se creía necesario para comprender la subversión interpretarla como un movimiento de protesta contra una opresión antecedente.

    Hoy ya se reconoce que en la etapa previa al general levantamiento gozaba la nación francesa de más riqueza y mejor justicia que en tiempo de Luis XIV.

    13- Cien veces se ha dicho que

    * la revolución estaba hecha en las cabezas

    * antes de que comenzara en las calles.

    Si se hubiera analizado bien lo que en esa expresión va incluso, se habría descubierto la fisiología de las revoluciones.

    14- Todas, en efecto, si lo son en verdad, suponen una peculiar, inconfundible disposición de los espíritus, de las cabezas.

    Para com­prenderla bien conviene hacer resbalar la mirada sobre el desarrollo de los grandes organismos históricos que han cumplido su curso completo.

    Entonces se advierte que en cada una de esas grandes colectividades el hombre ha pasado por tres situaciones espirituales distintas, o, dicho de otra manera, que su vida psíquica ha gravitado sucesivamente hacia tres centros diversos.

    A) De un estado de espíritu tradicional pasa a

    B) un estado de espíritu racionalista, y de éste

    C) a un régimen de misticismo.

    Son, por decirlo así,

    *tres formas diferentes del mecanismo psíquico,

    * tres maneras distintas de funcionar el aparato mental del hombre.

  • M.Luisa

     

    Buenos días!

    En este hilo ha pasado lo que generalmente suele pasar  en todos, pues  a un determinado nivel del diálogo,  ocurre a veces, como en esta ocasión, que se mezclan las ideas, lo cual  a partir de este momento   puede suceder  que la idea dominante hasta el momento   ya sea otra o adquiera un distinto sentido de la originaria. Creo que esto ha pasado con la idea de verdad pues  si bien al principio  se debatía  como algo que nos tiende pero a lo que nunca se llega, luego  en el debate   se cambió de rumbo y  surgió   la idea de la verdad como afirmación ¿Qué es la verdad?   Dando pie  al embrollo  que, por cierto  cuando estas situaciones se dan valdría la pena procurar salirse de ellas con un poco más de serenidad.

    Por lo que a mi respecta déjenme hacerles una pequeña reflexión que pueden ustedes valorar como mejor les parezca.  Es muy difícil leer un autor tanto más cuanto más carga de novedad contenga su Obra. Todo autor  usa en ella, necesariamente palabras y conceptos  del lenguaje ya acuñado , bien en el habla habitual, bien en el argot propio de su disciplina, en cualquier caso si su mensaje  resulta novedoso estará intentando insuflar significados nuevos a términos viejos. Esto conferirá a sus términos de una cierta confusa  ambigüedad   que pudiera conducir  a los lectores a falsas interpretaciones. Es lógico que éstos interpreten los términos en el sentido que ya conocen, o sea el que viene dado por la propia tradición de la disciplina de la cual  se trate de modo que, como decía,  tenderán a darle un sentido distinto al del autor. Esto sucederá tanto más cuando cuanto más novedoso sea el mensaje del texto que se esté leyendo, pues   nadie lee los textos libres de prejuicios,  es decir, libres de contexto y por tanto  se requiera ir analizando las semejanzas y diferencias que los diferentes términos  conceptuales,   en especial los más importantes, tienen en cada autor respecto de su uso tradicional. Esta es una labor muy penosa y muy lenta que sólo se soporta llevándola  a cabo  si  a distancia se vislumbra ya  el novedoso aporte que contiene y  su capacidad de alumbrar  oscuras situaciones del presente.

  • oscar varela

    Una amenaza a conquistas históricas

    El ex juez Baltasar Garzón analiza el fallo de la Corte (argentina) del 2×1

    https://www.pagina12.com.ar/36231-una-amenaza-a-conquistas-historicas

    Alerta que el fallo es un “ataque” contra conquistas históricas de la Justicia.

    La mezcla de jurisprudencias, el error de ignorar el contexto internacional, el deliberado recorte del proceso histórico.

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