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Presiones reformadoras desde la base

Me ha parecido interesante para completar la visión de una visita de la que hablamos. Confirma que sin “presión desde la base” la reforma no se puede hacer hoy. Pero también que este papa cuenta con ello más que con su autoridad teóricamente ilimitada o su poder de convicción a los obispos. Y Polonia puede ser un buen experimento del cambio. AD.

Promovida por la presión “desde abajo” de las bases católicas

La visita del Papa podría provocar una ‘revolución franciscana’ en la Iglesia polaca

Francisco convenció a mucha gente de su mensaje de misericordia, paz y perdón

Cameron Doody, RD 13 de agosto de 2016 a las 08:55

(Cameron Doody).- La visita del Papa Francisco a Polonia en el marco de la Jornada Mundial de la Juventud de Cracovia -evento que reunió a más de dos millones de jóvenes de 187 países, además de 50 cardenales, 850 obispos, 20.000 sacerdotes y 30.000 mujeres religiosas- desencadenará “presión desde abajo”, para que la Iglesia “abandone la mala praxis” eclesial y pastoral, que aún persiste en el país, según Malgorzata Glabisz-Pniewska, católica fiel y presentadora de la radio nacional polaca.

Entrevistada esta semana por el corresponsal en Polonia del NCR, Glabisz-Pniewska opinó que no es que una posible reforma de la Iglesia polaca se deba a que el papa haya conseguido convencer al episcopado nacional -después de un periplo de solo cinco días- a que abandone su conservadurismo histórico en temas como el aborto, el matrimonio, el divorcio, la homosexualidad o la acogida que se le debe a los refugiados que llegan a Europa.

Más bien, según esta periodista, el hecho de que el pontífice ya haya convencido a mucha gente de a pie, en su paso por Polonia, de su mensaje de misericordia, paz y perdón -o de “memoria, coraje y sembrar para el futuro”, como él mismo lo plasmó en su improvisado discurso de despedida de la JMJ- podría hacer “que sea más difícil para los obispos mantener su actitud severa e intransigente” en cuestiones pastorales.

Con esta alusión al pensamiento “en blanco y negro” con el que los obispos polacos siguen enfocando las realidades sociales, Glabisz-Pniewska se refería, en primer lugar, a la lealtad que muchos aún profesan por su hijo predilecto, el papa conservador San Juan Pablo II.

Por otro lado, la inmovilidad de la jerarquía polaca encuentra explicación también en su peculiar interpretación de las líneas en Amoris laetitia al tenor de que “en cada país o región se pueden buscar soluciones más inculturadas” a las situaciones imperfectas en las que viven familias reales, respuestas que sean “atentas a las tradiciones y a los desafíos locales” (AL, 3).

Este es el artículo al que se aferran los obispos polacos como excusa para que todo siga igual, y como “valvula de escape” que les excuse de tener que implementar el cambio hacia el discernimiento y el acompañamiento pastoral que Francisco ha propuesto para toda la Iglesia.

La inercia que se experimenta en la Iglesia polaca se debe, pues, al miedo del episcopado de que el Papa Bergoglio no entienda ni la situación en Polonia ni la de Europa más ampliamente.  O al menos no tan bien como el Papa Wojtyla. Pero como explica Glabisz-Pniewska, ahora que los polacos -católicos o no- se han encontrado con el Francisco de carne y hueso pueden decidir por sí mismos si comprenden bien los desafíos a los que se enfrentan.

Para esta locutora de la radio polaca, todo apunta a que la gente del país sí ha sido receptiva al mensaje y persona del papa argentino. “El papa representa otra mentalidad completamente distinta respecto al lugar de la Iglesia en la vida cotidiana”, señaló Glabisz-Pniewska. “Ciertamente habrá atraído a muchos católicos polacos normales. Gente así quedó conmovida por sus palabras y gestos, y sintió que  el Papa entendió sus necesidades”, prosiguió en la entrevista al NCR.

Pero más allá del despertar meramente “eclesial” que el papa haya podido inspirar a su paso por Polonia, hay signos de que el mensaje de Francisco sobre la importancia “de acoger a los que huyen de las guerras y del hambre” pueda traducirse en políticas más humanitarias hacia los migrantes por parte del gobierno nacional.

Aunque, de momento, la primera ministra de Polonia, Beata Szydlo, sigue manteniendo que la llamada del pontífice a mantener “el corazón abierto” a los refugiados no significa que haya que asilarlos en el país, no hay nada que impida pensar que si la población polaca -de la cual el 94% se defina como católico- puede presionar a sus obispos para que adopten posturas más compasivas, no pueda hacer lo mismo con sus políticos también.

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