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El bendito encuentro entre Francisco y Diego

HOY

  • Otro interesante “signito” del papa Francisco…
  • El Papa recibió el sábado en El Vaticano a un placentino que se siente fuera de la Iglesia desde que se sometió a una reasignación de género
  • Creyente y católico practicante desde la niñez, pide al Santo Padre que le ayude a encontrar su rincón en la casa de Dios

Por ANA B. HERNÁNDEZ. HOY, 26-1-2014. Plasencia, Extremadura

«Nunca antes me hubiera atrevido, pero con el Papa Francisco sí; después de oírle en muchas intervenciones, sentí que él me escucharía». Diego Neria Lejárraga es un placentino de 48 años, que el sábado fue recibido por el Papa Francisco en un encuentro estrictamente privado -como tantos otros del Santo Padre- en su residencia de Santa Marta, en El Vaticano, a las cinco de la tarde. Un momento excepcional para cualquier creyente, para miles de ciudadanos en todo el mundo, y único en la vida de Diego. Porque, ahora sí, su espíritu está en paz.

«Cuando llegaba Nochebuena en mi casa podíamos cenar una tortilla de patatas, porque mi madre prefería llevar a casa a personas que no tenían nada para comer, y sentarlas a nuestra mesa, en lugar de disfrutar solo la familia de una opípara cena». Es el recuerdo que escoge para ilustrar sus orígenes. Nació en el seno de una familia bien situada, católica y practicante. Con paso propio en la Semana Santa placentina. Con una estrecha relación con la Iglesia.

Hoy Diego mantiene ser católico y practicante. A pesar de que esa relación con la Iglesia no es ya estrecha. O no lo era hasta el sábado. Porque su encuentro con el Papa Francisco marca claramente un antes y un después en su vida. En la de este placentino, que nació niña, y muy posiblemente en la de otras tantas personas que estén pasando, pasen o hayan pasado por un proceso íntimo y duro en el que el rechazo social y la lejanía de la Iglesia están o estaban garantizados. Quizás también el Papa Francisco cambie la realidad de las personas que un día decidieron o decidan, como Diego, reasignar su género.

Entonces tal vez se pueda, si no eliminar, sí reducir el sufrimiento que hasta ahora estaba asegurado y que ha marcado no pocos momentos de la vida de este placentino. Desde que tiene uso de razón e, incluso, antes. Sus cartas a los Reyes Magos parecía que nunca llegaban. Porque jamás tuvo el regalo que pedía: aquello que le permitiera ser niño. Y su desilusión llevaba a su madre a esconderse para que no la viera, y llorar. Porque ella sabía que Sus Majestades de Oriente no podían traer a su ‘niño’ el regalo que cada Navidad pedía.

Cuando la infancia se fue y la inocencia quedó atrás, el sufrimiento se acrecentó. Porque entonces Diego supo que viviría resignado a su destino, en un cuerpo que no quería y que no reconocía. «Mi cárcel era mi propio cuerpo porque no se correspondía en absoluto con lo que mi alma sentía». Y lo escondió durante años como pudo. «No conocí un verano feliz en el que poder ir a la piscina con los amigos», reconoce con tristeza. Ni siquiera se daba chapuzones en la piscina que sus padres hicieron para él en la casa familiar. Porque, simplemente, no quería verse.

Al variar su género, expresó el rechazo que sentía en una carta al Papa

La protección de sus padres y hermana, el cariño y apoyo incondicionales de los tres, por los que Diego les estará eternamente agradecido, no suplieron, porque era imposible, sus deseos de conciliar cuerpo y alma y tener que dejarse de vendar el torso y llevar ropa tres tallas por encima de la suya para tapar las partes de su cuerpo que detestaba.

Diego seguía sin poder mirarse al espejo. Todos en casa sabían qué ocurría en realidad y que el paso del tiempo no cambiaría nada. Por eso él decidió seguir resignado a su destino. Porque la persona que más ha querido en el mundo, «el alma de mi vida», su madre, le pidió que no cambiara su cuerpo mientras ella viviera. «Y por ella en una y mil vidas esperaría siempre».

Diego Neria Lejárraga, en la escalera de la iglesia de San Esteban, en Plasencia. :: andy solé

Diego Neria Lejárraga, en la escalera de la iglesia de San Esteban, en Plasencia. :: andy solé

A ella la cuidó durante los últimos años de su vida y uno después de su muerte, cuando Diego cumplió los 40, dio por fin el paso: contactó con una cirujana plástica y comenzó a cambiar su cuerpo. Quería, lo tenía muy claro, que otro de los grandes tesoros de su vida, su sobrina, le conociera de verdad como es, como siempre ha sido.

Vivió entonces a medio camino entre Madrid y Plasencia y cuando regresó de forma definitiva a su ciudad natal, su aspecto físico era diferente. Por fin, su cuerpo y su alma se habían encontrado.

Pero entonces tampoco el sufrimiento desapareció. El rechazo social y la condena de la Iglesia lo impidieron. «¿Cómo te atreves a entrar aquí con tu condición? No eres digno», le dijeron algunos de comunión diaria cuando Diego volvió a su iglesia. «Eres la hija del diablo», escuchó un día en plena calle de boca de un sacerdote.

Entonces se encerraba en casa a llorar. También a escribir. Diego Neria ha convertido muchas veces en letras sus sentimientos. Una terapia personal e íntima que ha hecho posible el mayor regalo de su vida. Porque fue una de esas tardes de dolor en la que decidió escribirle una carta al Papa Francisco. Y enviársela. Lo hizo a través de todas las alternativas posibles. También por medio del obispo de Plasencia, Amadeo Rodríguez Magro, en quien ha encontrado estos últimos tiempos ánimo, consuelo y apoyo.

«Soy el Papa Francisco»

Poco antes de las dos y media de la tarde, el día de la Inmaculada, mientras cuidaba a su padre enfermo entonces en su casa, recibe una llamada. «Era de un número oculto. La verdad es que no sé muy bien por qué descolgué el teléfono, porque esas llamadas nunca las contesto», recuerda. Esta vez el azar o lo que fuera hizo que Diego Neria respondiera. «Soy el Papa Francisco», escuchó. Y el cuerpo le dejó de responder. No sabía qué estaba pasando hasta que el Santo Padre le dijo que había leído su carta y le había llegado al alma. La emoción apenas le permitió abrir la boca, pero el Papa le pidió que se calmara y le dijo que quería verle, y que le llamaría más adelante para fijar la fecha del encuentro

Ocurrió pocos días después. El 20 de diciembre, mientras paseaba por Sevilla, ciudad en la que reside su prometida. El Santo Padre volvió a telefonear a Diego. Y le propuso, si les venía bien a él y a su mujer, la fecha del 24 de enero, a las cinco de la tarde, en El Vaticano para verse.

«La primera llamada ya era muchísimo más de lo que yo esperaba; la segunda seguía sin creerme lo que me estaba pasando, porque yo sé que mi caso no es nada, que hay tantas personas que sufren en este mundo, que no merezco la atención del Papa». Pero fue a él a quien Diego le planteó sus dudas y sus esperanzas en la carta. A quien preguntó por qué la Iglesia le rechaza, por qué no puede ser un católico practicante, por qué le da miedo comulgar, por qué no siente que forma parte del rebaño, por qué es incapaz de encontrar al Pastor.

Diego le preguntó al Santo Padre entonces si tal como es hoy, si después de su reasignación de género, hay algún rincón en la casa de Dios para él. Y el Papa Francisco ayer le abrazó en El Vaticano. En presencia de su mujer, con la que muy pronto formará una familia.

Hoy su espíritu está en paz. Y confía en que lo esté también el de otros muchos. No pretende abanderar nada, nunca lo ha hecho. Pero le gustaría que otros pudieran ver luz en el oscuro camino que a veces tienen que recorrer quienes nacieron en un cuerpo que no reconocen. «Si yo hubiera podido elegir, no habría elegido mi vida», deja claro.

Diego ha superado uno y mil obstáculos y ha logrado ser finalmente quien ha querido. Gracias al máximo representante de la Iglesia católica, a un Papa que recibió, leyó y atendió su carta. Esa misiva que Diego está seguro que le ayudó a escribir su madre, que desde el cielo ha querido acompañarle en el último tramo para lograr que, esta vez sí, los Reyes Magos atendieran su carta. Hoy Diego Neria es un hombre en paz.

13 comentarios

  • Gracias hermano Román por tus palabras, me considero  peor que Diego o de cualquier persona. No me creo mejor que nadie, eso me ha enseñado la Iglesia a través del Camino Neocatecumenal. Llevo escuchando casi 40 años: “no juzgues, no te resistas  al mal, bendice a tus enemigos”.
    En esto consiste ser cristiano. El que plasma esto en su vida, está en el Sermón de la Montaña. Y a mí me falta muchísimo para ser como Jesucristo.

    Aquí no se trata de condenar a nadie, ni de juzgar a nadie, y sin embargo juzgamos a Hitler, y a toda la curia romana. Tal es el juicio a esta persona, que no existe en el mundo, alguien que se llame Hitler. Y sin embargo la gente habla de la “misericordia” de Dios. Misericordia para algunos y condenación para otros.
    Todos hemos leído y escuchado el encuentro entre la adultera y Jesucristo. Nótese que al final le dice Jesús: “Vete y no peques más”. Aquí Jesús es bien claro, el adulterio es un pecado porque le dice: “no peques más”. Eso es todo. Nadie habla de condenar a nadie, la misericordia de Dios consiste en que yo me reconozco un gran pecador y para eso Dios viene en mi ayuda. Eso es todo.
    Creo que tenemos miedo el decir la verdad, la verdad nos hace libres, la verdad nos hace felices, no podemos vivir fingiendo. Tampoco podemos olvidar, (sin juzgar a nadie) cuando San Pablo arroja a un cristiano al infierno, porque estaba teniendo relaciones sexuales con su madrasta.
    Como dice la Escritura: “Todo me es licito, pero no todo me conviene”. Si todo me conviene, entonces “comamos y bebamos que mañana moriremos”.
    Saludos desde el Perú a todos los hermanos de España, país muy hermoso.
    Lucho
     

  • ELOY

    Comparto el discurso de Román D. Ayala y el gesto del Papa Francisco.

    Es la realidad del “hermano” la que nos interpela, más allá de cualquier elucubración teórica sobre lo que sea o no natural,  que, en definitiva, es lo que se da, se produce en la naturaleza, en forma de regla o de excepción. Y la excepción ( o minoría) también ha de ser muy tenida en cuenta.

    Pero sobre todo ha de tenerse en cuenta la persona en su realidad concreta y el amor que a ella que podamos darle desde cualquier perspectiva, religiosa o no.

    De eso nos habla el Evangelio al señalar los valores por los que hemos de ser juzgados: la acción de ayuda a las necesidades del prójimo.

  • Román Díaz Ayala.

    Luisalberto,
    todo el mundo es tributario de quienes con su influencia, contacto o afecto nos esclarecen como personas, tambien de aquellas formas de doctrinas o ideologías que conforman nuestro pensar, pues “naturalmente” somos sociables y seres pensantes.
    Hablar o expresarse nunca ofende sino que nos enriquece, y develar nuestros pensamientos son una forma de honradez, aunque conlleve al compromiso.
    En el mundo católico durante las últimas décadas, sus pastores en general, especialmente en su más alta jerarquía.  se hacía alarde de estar en posesión de un “pensamiento sano”, y la verdad así expresada se veía alejada de alguna forma de empatía hacia la persona del otro, en juicios más abundantemente condenatorios (El amor así expresado pasó a ser una forma de “entelequia divina”, de la cual estábamos exentos, y por tanto exculpados de no comunicarlo)
    Ahora en este particular mundo católico, donde el obispo de Roma es un personaje venerado y un referente ( incluso para la fe vivida de mucha gente) el actual rompe un poco con tales esquemas, igual que hicieron otros en el pasado, por ejemplo Juan XXIII,  y nos dice con “sus gestos”, que Dios, nuestro Padre bendito y Padre de Jesús, nos mira con ojos de misericordia y nos muestra su amor, con total independencia, de lo que los humanos pensemos o digamos. Hace muy relativa, no la verdad que pretendes defender, sino nuestra “condición”, la de cualquier persona, porque para Èl, es su hija queridísima.
    tu quieres que el papa te de doctrina, porque deseas tener un pensamiento claro, garantía de vivir en la verdad. Pero Jesús nos enseñó que la verdad de Dios. es Jesús como camino para nuestro encuentro con el Padre.
    Si no partimos de aquí, de tal experiencia, la de sentirnos amados, reconocidos y aceptados, Dios no podrá hacer en nosotros   las buenas obras a las que hemos sido llamados, eso que tu pretendes con “tu ordodoxia”, la del buen pensar.

  • Ante todo agradezco al responsable de la página ATRIO por permitir que participe con mi pluma, la pluma no ofende a nadie, pero si las palabras y los calificativos que no es propio de un cristiano.
    El suscrito es el UNICO responsable de todo lo que escribe. En honor de la verdad, no tengo a nadie como asesor, pero como dijo Jaime Balmes: “Leo mucho, pero nunca demasiado”.
    Me resisto a creer que en Atrio exista una ideología dominante que no consiente otras alternativas a su modo de pensar. Eso lo tengo claro, que discrepemos es normal,  pero a la vez es un ejercicio mental en el sentido que el ejercicio mental es bueno para la salud.
    Entiendo que la libertad de pensamiento es sagrada, que no pretendamos imponer nuestra verdad a nadie y que se pueda opinar de modo realmente libre, frase hoy muy gastada y demasiada “tocada”.
    Sin embargo, esta verdad tiene una característica: es autoevidente, no hay necesidad de demostrarla.
    Me refiero al “bendito” encuentro entre el papa Francisco y Diego (tenemos un hijo adoptivos con el nombre de Diego). Y espero que no me “excomulguen”.
    En la actual sociedad de TOLERANCIA, que no tiene ideales fijos y, como resultado, tampoco una CLARA DIVISION ENTRE EL BIEN Y EL MAL, existe UNA TÉCNICA que permite CAMBIAR la APTITUD POPULAR hacia conceptos considerados TOTALMENTE INACEPTABLES.
    No es cierto  suponer que la moral cristiana sea una moral que limita el desenvolvimiento de la persona. La moral bien entendida, bien practicada, ilustrada, no solamente no recorta las posibilidades de vida, los anhelos, los ensueños, las ansias interiores del alma, el anhelo de llenarla de plenitud en todas las dimensiones, incluso sensibles, nos digamos las estéticas, sino que al contrario, lo ensancha, lo dilata, le da horizontes finitos.
    La ley moral es también ley del hombre. Ello significa que lo que Dios manda, lo que la Escritura manda, y la Iglesia por consiguiente prescribe, no es bueno porque sea mandado por Dios, o porque sea mandado por la Escritura o prescrito por la Iglesia, sino que es bueno ( y ser bueno quiere decir que contribuye a la perfección del hombre, a su desarrollo) para el hombre, la Iglesia lo prescribe, Dios lo manda y la Escritura lo enseña. Esta es una verdad absolutamente capital.
    Es un academismo infundada, vulgar, creer que el hombre pagano, el hombre que hace “pacto” con el diablo presupuesta su plena madurez. Toda la historia del corazón humano prueba esto: que la experiencia del mal más bien recorta el horizonte vital; en cambio, la apertura al bien, la apertura a Dios, da ciertamente alas de espíritu. A que no es necesaria la experiencia del mal, para llegar a la madurez. A que la libertad no consiste en poder hacer el mal y en no elegir el bien; y que la verdadera plenitud del acto libre, está en que uno es capaz de ESCOGER EL BIEN. Que la potencia de experimentar el mal, el hombre no la debe actualizar experimentando efectivamente el mal, sino que la riqueza psicológica que fomenta el cristianismo, hace que uno lo sepa, sin haberlo realizado.
    Muchas personas consideran que la “ideología de género” es la solución a todos los problemas de la humanidad.
    Para la feminista Judit Butler, el “género” es el fruto de una constitución cultural, por lo tanto no es ni el resultado causal del sexo ni tan aparentemente fijo como el sexo. Esto significa que el ´”genero”  viene a ser una constitución meramente artificial no sujeto a ningún criterio natural.
    En otras palabras: hombre y masculino podrían significar tanto un cuerpo femenino como uno masculino, mujer y femenino, tato un cuerpo masculino y como uno femenino.
    Son palabras muy bonitas y atrayentes, pero a mí no me van a vender gato por liebre, porque son palabras engañosas que esconden UNA CALAMIDAD PARA LA HUMANIDAD.
    Esta “nueva perspectiva” del término en cuestión, significa que no “existe hombre natural ni mujer natural”. Ser hombre o mujer depende del rol social que le es asignado a uno u otro sexo, pura y simplemente es el fruto de una decisión el ser hombre o mujer. La ley natural, es reemplazada hoy por las circunstancias sociales. Por ejemplo, por las circunstancias sociales, yo me llamo Luis y mañana podría llamarme Lucha. Hoy (2015) soy hombre y mañana (2020) podría ser “mujer”.
    Sin embargo, como he dicho más arriba: “La verdad no necesita ser demostrada”! Otro ejemplo, sabemos que 2X2 es 4, pero mañana podríamos decir que 2X2 es 5.
    Si la sociedad necesita que “unos cuerpos” en un determinado momento adopten la forma de “mujer y hombre”, estos entes deben adoptar este u otro sexo. Pregunto: ¿Podemos modificar la naturaleza humana?  ¿O la eliminamos por completo? ¿La diferencia entre el hombre y la mujer es querida por Dios? Podemos “modificar” nuestra naturaleza de hombre a mujer y de mujer a hombre a través de las actuales tecnologías médicas. Pero ¿es esto real? ¿o es una farsa engañosa para nuestros futuros hijos?
    Por lo tanto es necesario repetir lo obvio, anunciar lo que la naturaleza (querida por Dios) desde el principio, y denunciar lo que la conciencia acusa. La verdad natural o revelada, no puede permanecer en silencio. Si los discípulos de Jesús permanecían  en silencio “las piedras clamarían” (Lc 19,40).
    Sabemos que la palabra “homosexual” no existía en los tiempos bíblicos. La palabra no, pero la “adicción”, sí. Y a menudo la Biblia condena esta adicción, sin hacer uso de tal palabra.
    Me pregunto ¿por qué no ir al principio de la Escritura que nos dice: “macho y hembra los creó”(Gn 1,27-28). Este pasaje contiene el propósito de Dios, la procreación y la diferenciación. ¿Habría que agregarle algo más a la creación? ¿O Dios se ha equivocado? No, de ninguna manera, Dios  se ha equivocado, somos nosotros que queremos ser “mejores” que Dios (Gn 3,5).
    Un biólogo debe de sentirse orgulloso y obligado a alabar a Dios por esta perfección de los sexos del hombre y de la mujer. Por naturaleza, el hombre y la mujer son diferentes y complementarios. Lo que tiene el hombre, no lo tiene la mujer y viceversa. Está todo tan perfecto que el aparato reproductor del hombre se acopla perfectamente al de la mujer. Hablar de sexo, SOLO tiene sentido si hay dos órganos distintos: pene y vagina. Me explico: la boca pertenece al acto digestivo (Mt 5,17) y el ano tiene la función excretora. Los actos homosexuales, tienen esta caricatura que es contrario al plan de Dios.
    Es perfectamente natural  que a los seres humanos no les gusta lo que es natural, sino ARTIFICIAL. Y en los actos homosexuales, todo es ARTIFICIAL y falso.
    El activista brasileño a favor de la homosexualidad Onaldo Alves Pereira llega a decir lo indefendible: “Lo que se considera natural en una cultura dada es a menudo simplemente una costumbre social aceptada en los tiempos de San Pablo”. Es cierto que la cultura varía de persona a persona. Pero la cultura, no contradice la naturaleza, la cultura no cambia la naturaleza. La cultura, PERFECCIONA la naturaleza dándole algo nuevo.  Era natural que el hombre recibiera de Dios la tierra virgen para que la trabajase. Con su ingenio, la tierra se convierte en un campo arado, listo para plantar. El hombre debía perfeccionar lo que por naturaleza recibe.
     
    A todo lo dicho acerca de los actos homosexuales, no excluye el amor de Jesucristo a cualquier persona en distintas condiciones.  Todos tenemos nuestro “derecho en la libertad de conciencia” de permanecer en nuestros actos. Corregir al hermano, no es “tapar” la verdad y ocultar el error, porque ya lo dijo el Maestro: “Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” ( Jn 8,32). Y la mentira, por más suave que fuese, ESCLAVIZA.
    Saludos a todos.

  • ELOY

    EL PAÍS digital de hoy publica más detallada información sobre las circunstancias en que se desarrolló la vida de Diego.
    ENLACE:

    http://politica.elpais.com/politica/2015/01/31/actualidad/1422722812_262557.html

  • ELOY

    EL PAÍS digital de hoy publica más detallada información sobre las circunstancias en que se desarrolló la vida de Diego.
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  • oscar varela

    Hola!
     
    La genialidad de ser sencillamente “humano” ¿no?
     
    ¿Para qué más, si no hay más (que ya es mucho y yo pienso que TODO?
     
    ¡Vamos todavía! – Oscar.

  • marivi

    Gracias Papa Francisco. Por fin el Evangelio sale a la luz!
     
     

  • Rodrigo Olvera

    Pues éste es hasta hoy uno de los tres signos de Bergoglio que no me parecen menores, a diferencia de tantos otros signos que sí me parece que cierto sector sobredimensionan (los otros dos son el encuentro mundial con movimientos populares y el “estáte-quieto” a Burke).
    Concuerdo con Pepe en la necesidad de que se traduzca institucionalmente. Pero este signo sí me parece que pueda convertirse en un avance estratégico en el ámbito cultural, en la medida de que sepan aprovecharlo los movimientos renovadores del catolicismo. En más de una ocasión, es la consolidación del avance en el campo cultural la que hace que se traduzca a un avance institucional por simple maduración. Claro, no es automático ni garantía. Entre otras cosas porque, al menos en las geografías (reales y virtuales) en que me muevo, veo poco aprovechamiento de la oportunidad de avance de los grupos renovadores … pero ese tema sería motivo de un largo análisis y debate.
     
    Repito aquí lo que escribí a una amiga que vive la experiencia de ser mujer transgénero y católica, cuando le compartí el enlace a esta entrada de ATRIO:
    Falta tanto todavía, y seguramente la derechona católica reaccionará rasgándose las vestiduras (así como la derechona judía se rasgó las vestiduras ante la compasión del hijo del carpintero hasta matarle)… pero estos gestos y pasos en la buena dirección se agradecen…. Y se agradece también a Antonio Duato y todo el equipo de ATRIO su perseverancia en difundir esperanza de renovación en el catolicismo.”

  • George R Porta

    Imagino que algunas de las interpretaciones doctrinales y las decisiones sobre el culto que Benedicto impuso fueran en realidad “gestos” que comprometían los pasos atrás en relación al Concilio Vaticano II y asegurarse de que quien le sucediera tuviera más dificultad en hacer lo mismo. Si buena o mala la intención eso queda por ventilar. Ciertamente Francisco entró en conflicto con una orden de frailes por prohibirles la liturgia pre-conciliar y con los Kikos por sus libertades litúrgicas.

    La experiencia de proceder de la vida religiosa que tiene Francisco como jesuita y que Benedicto nunca conoció como cura diocesano y profesor también influyen en el modo de implementar cambios. Teresa de Jesús escribió: “ser amada para ser obedecida”. Ratzinger conocía el ser temido para ser obedecido. Quizás Francisco esté buscando potenciar el sentido de libertad y de solidaridad en la medida que más gente lo comparta antes de dirigir al grupo de cardenales que deban refrendar cualquier cambio.

    La impaciencia por ver algunos cambios es comprensible y confieso que la comparto, la siento, pero al mismo tiempo, si algunos gestos marcan la dirección por la que andará de espaldas, otros pudieran marcar o señalar otra dirección que si no es ya radical o diagonalmente opuesta, pueda estar pasando por el punto neutro en su movida a la dirección de la esperanza, la de la acogida, la de la reconstitución de una eclesialidad diferente y más en sintonía con el CVII.

  • pepe blanco

    El “gestito” o “signito” es apreciable.
     
    Pero ya va siendo hora de que Bergoglio empiece a poner por escrito el supuesto contenido de tanto gestito, aprobando las necesarias modificaciones en el Catecismo, en el Código de Derecho Canónico, o en los textos oficiales donde sea necesario hacer cambios. De lo contrario, el papado de Bergoglio no pasará de ser un gran spot publicitario, una campaña de marketing.
     
    A Ratzinger no le tembló el pulso al firmar el motu propio por el que autorizaba el rito preconciliar para celebrar la misa, a pesar de no ser una petición generalizada del episcopado y de los fieles católicos. Si un papa quiere firmar un decreto, lo firma, que para eso es el papa. Y si no lo firma, es que no quiere firmarlo, digo yo.
     
    Si Bergoglio no empieza a firmar pronto textos oficiales para cambiar el estado de cosas dentro de la Iglesia Católica, sus gestitos irán perdiendo eficacia y él, credibilidad.

  • xabier

    Es así Papa Francisco….Leer el Evangelio sin malicia. El Evangelio para todos. Es como si Dios se asomase a la ventana del mundo y mirasse para todos amándolos. Gracias Papa Francisco por su LIBERTAD evangélica.

  • Antonio Vicedo

    Gracias a Diego y a Francisco por reconocer y poner a dúo esta primera piedra viva de identidad humana y circunstancialidad genérica especial a la que se irán juntando muchas otras, no como ocupantes de cualquier rincón en la Casa del Padre, sino siendo de pleno derecho estancias sagradas y vivas de “su” templo.
    Por fin se abre camino el empezar desde la realidad primera personal: aquella identidad humana que en tanto SUJETOS inalienables, a tod*s nos iguala en valor y dignidad, respetando la circunstancia secundaria del sexo, en ese segundo peldaño que le es propio y desde donde nos acompaña en nuestras sucesivas vivencias.
     
    El testimonio y mensaje de Jesús sigue acreditando aquello de: “La Verdad os hará libres y, del ajuste de su Justicia, brota la Paz, en clima de AMOR.

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