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Decir República, decir hoy

Publico2

Quien siga la SER estará acostumbrado al bien decir de Luis García Montero que semanalmente hace un comentario de actualidad. Luis García Montero (, 1958) es un poeta y crítico literario español, ensayista, profesor de Literatura Española en la Universidad de Granada. Hoy, preparándonos para la conmemoración de la proclamación de la segunda república, preesentamos este artículo suyo de Público, 10 abr 2014.


Abril es un mes republicano. Hablar en España de República significa de forma inevitable asumir una meditación histórica. El golpe de Estado de 1936 abrió un proceso de manipulaciones, olvidos y reescrituras que convirtió la historia en una versión enfermiza de la mentira. Al pasado se le negaron sus derechos como a una víctima más de la represión franquista. Fue humillado de paredón en paredón, de cárcel en cárcel, de discurso en discurso.

Cuando murió el dictador con un heredero designado, la historia tampoco tuvo mucha suerte. Las leyendas del franquismo fueron sustituidas por los mitos del consenso al amparo de un espíritu que volvió a necesitar del olvido y la manipulación. Las élites económicas y políticas de la dictadura borraron su hoja de servicios con yugos y flechas para vestirse de padres de la democracia. La oposición clandestina aceptó perder la memoria, o suavizar sus recuerdos, para tranquilizar los ánimos y facilitar la llegada de las libertades. Así se fundó una democracia sin raíces, incompleta, heredera de la dictadura, en la que las deficiencias sociales estuvieron siempre acompañadas por las lagunas en el conocimiento del pasado.

El espíritu de la Transición, que como su propio nombre indica debería haber sido una ética transitoria, quiso instalarse después como horizonte único, como consigna para fijar el futuro en la renuncia. Si la solución de conflictos invita en una sociedad decente a la verdad, la justicia y la reparación, aquí nos acostumbramos a confundir la España del consenso con la mentira, la impunidad y el desamparo. La España que se niega hoy a aceptar los convenios internacionales y la justicia universal es en el fondo la misma que desatiende los derechos de las víctimas del franquismo y que falsifica la historia de la Segunda República y de la Guerra Civil con un cóctel de silencios, equidistancias, malabarismos, calumnias y fraudes. Es también la España que se acostumbra a convivir con la corrupción. La España que no conoce la palabra dimisión.

Hay muchas distancias entre la España real y la España oficial. Oír al presidente de Gobierno hablar de economía o de política tiene poco que ver con la experiencia de la gente. Son mundos paralelos. Uno de los abismos más grandes y más significativos de esa separación entre lo real y lo oficial está en la distancia abierta entre los datos objetivos del pasado que investigan los historiadores y la versión parlamentaria del franquismo.

Por eso hablar de la República supone de forma inevitable asumir una tarea de conocimiento y verdad histórica. Y por eso supone también una meditación sobre el presente. Este abril republicano de 2014 es una urgencia, una llamada a la realidad inmediata, un compromiso para devolver a los ciudadanos su orgullo y su capacidad de autogobierno. Se trata de devolverle la política a sus propietarios legítimos.

Ser republicano significa tomarse en serio la democracia en una Europa que le ha hurtado a la política las decisiones sobre el futuro para regalárselas a la sangre azul del dinero. La política está muerta en una sociedad en la que los poderes financieros se imponen a la soberanía de los parlamentos. La política está muerta cuando un partido designa a sus candidatos sin discusión de sus órganos, reduciendo la democracia al dedo masturbatorio del jefe. La política también está muerta cuando un país renuncia a la elección de su Jefe de Estado. La política está muerta cuando abandona la palabra socialismo en la bandeja de un rey o en la mesa de un banquero. El consenso con las hipotecas de la banca no es política, sino liquidación por derribo.

Ser republicano supone respeto a las leyes, porque son el principal espacio público de la convivencia. Pero no olvidemos que el respeto es siempre un viaje de ida y vuelta. Respetar la ley exige en primer lugar su cumplimiento. Y cuando los derechos de la realidad y de la legitimidad democrática no encuentran solución dentro de la ley, el respeto exige un cambio de la legalidad, su acomodo a la justicia.  Ese viaje de ida y vuelta vale tanto para la organización territorial como para la defensa de la justicia social. En este abril republicano de 2014, las formas del Estado son también inseparables de la voluntad de conseguir una democracia económica que detenga el empobrecimiento de la mayoría de la población. La cicatriz aguda de la brecha social debe quedar fuera de la ley.

Ser republicano es defender la virtud pública y el pudor democrático.

6 comentarios

  • ana rodrigo

    La república como idea necesaria, tanto desde el punto de vista político como social, tuvo su momento, el de las revoluciones. Ahora en España la idea monárquica está enquistada (apoyada en dos o tres ideas: el 23 F, la representatividad internacional, y la su apariencia de inofensiva) en el imaginario colectivo, y la idea republicana está polarizada entre quienes la defienden fervorosamente y quienes la odian y temen como si de la  bicha se tratase.
     
    Es cuestión de mantener el deseo, educar en ello y echarle paciencia histórica.
     
    El otro día le preguntaban a un ciudadano catalán qué cambiaría si Cataluña consiguiese la independencia, él contestó, “no cambiaría nada, sólo que viviría en el país que quiero”. Pues con la república diríamos lo mismo, pero para eso tiene que desearlo la inmensa mayoría de la ciudadanía, y en este aspecto soy muy pesimista.
     
    Por lo demás, estoy de acuerdo contigo en todo lo demás.

  • ELOY

     
    Ya lo entiendo Ana. Entiendo tu análisis y puedo compartirlo.
     
    En Atrio, en un artículo, mantuve también los problemas fácticos que tú indicas sobre la implantación de la República.
    Y condicionaba su implantación renovadora a un cambio social y de profundización democrática.(  http://www.atrio.org/2013/04/%c2%bfmonarquia-o-republica-una-reflexion/ )
     
     Dentro de ese cambio pienso que es muy importante el esfuerzo de elaborar un ideario creíble y factible actualizado mirando al futuro ( y no tanto al pasado) institucional.
     
    Y  hacerlo desde los valores republicanos esenciales tejidos en la experiencia histórica y remozados por las exigencias del presente y del futuro previsible o probable.
     
    En ese esfuerzo es importante que nos eduquemos  en hablar de la República en términos de dialogo, de interrogación y de construcción esforzada de un consenso con vistas al futuro.
     
    Quizá hay que dejar de plantear la cuestión de República sí o Republica no, sino plantear la cuestión en términos de qué valores queremos defender y consensuamos y desde ellos surgirá como una necesidad razonable  el diseño de la República del futuro.
     
     

  • ana rodrigo

    Querido Eloy, el problema en cuestión no radica en la idea, en el ideal o en el deseo de una república o, incluso, en la añoranza de lo que pude ser y no fue de la II república española. El problema de España está en que hay muchísima gente que asocia aquella etapa a lo peor que ha tenido este país en su historia. Tenemos la desgracia de que la derecha en España o gobierna o no deja gobernar, y a esta derecha no le menciones la república. Sin contar la cantidad de gente que es monárquica como si se tratase de la cofradía del cristo de la buena muerte.

    Como ves mi pesimismo está en cuestiones pragmáticas, no en cuestiones ideológicas.

  • Antonio Vicedo

    Como en los procesos físicos el troquelaje o ensamblaje nunca pueden sustituir la falsedad de la materia prima, igualmente en los procesos humanos  el troquelaje de las asociaciones y el ensamblaje de las mismas en estructuras mas amplias: municipios, provincias, cantones, landers, estados federados  o confederados, estados y comunidades  de  varios de ellos, hasta la globalidad , o casi, de la ONU, no pueden suplir la falsedad con  la que es considerada su materia prima social:LAS PERSONAS, en cuanto que ni se las considera como SUJETOS BÁSICOS IGUALES en valor, dignidad y finalidad; ni mucho menos se las trata así en la práctica relacional.
     
    REPUBLICA que viene de RES PUBLICA, lo que real y verdaderamente es igualmente común en el PUEBLO, aún no ha sido concebida, ni aplicada  en base a esa falsedad ancestralmente conservada de la desigualdad primaria y fundamental de la Persona, en tanto SUJETO RACIONAL LIBRE Y RESPONSABLE, inalienablemente IGUAL  a TODOS LOS DEMAS SERES HUMANOS.
     
    Ningunear o minusvalorar a alguien en lo que es , u honradamente hace colaborando realmente, aunque no se considere así al Bien Común, no puede encajar ni es coherente con la COSA PÚBLICA, NI CON LOS SUJETOS QUE COMPONEN EL PUEBLO.
     
    ¿Qué REPUBLICA va a resultar de una pre-cultura en la que se clasifican las personas con diferente valor y en consecuencia sus calificada clases de actividades endosándoles suprema o mínima valoración, según el valor atribuido a la persona sujeto?
     
    ¿Cómo algún o algunos privilegiados que han conseguido, p.e. un avance cultural o técnico, con la indispensable colaboración de quienes, desde su misma categoría humana, han hecho posible que se pudieran mantener vivos, por cuanto la vida necesita y desarrollar sus capacidades por que los otros lo hacían con la suyas, llegan atribuirse o se les atribuye el exclusivo honor y la casi completa rentabilidad?
     
    Poner precio diferente  a la PERSONA y a su EXPRESION CULTURAL y LABORAL ¿No entraña el primer desajuste radical humano?
     
    ¿No se concreta en aquella tremenda frase atribuida a algún pensador profundamente humano: -“Si eres rico, percátate bien de que lo eres por ser ladrón o heredero de ladrones”?
    ¿Por qué? -Responderás.
    Porque si hubieras considerado a quienes te ayudaron a conseguirlo como te consideras a ti mismo y lo producido con la necesaria ayuda de todos, entre todos lo hubieras repartido, ni tu lo acumularÍas, ni ellos estar-Ian necesitándolo.
     
    Pero te creíste que valías mas que ell*s cuando en verdad, sin ell*s no hubieras podido ni existir.
     
    ¿Por qué hablar de MERCADO LIBRE, si las pesas en el mismo están falseadas por la omnipresente LEY DE LA FUERZA con la que se cataloga a COMERCIANTES Y CONSUMIDORES?
     
    ¿Pensamos seriamente lo que está sucediendo con la modificación de un gen CONSIDERADO PROPIEDAD PARTICULAR  añadido a los 99 que se han tomado del COMUN PATRIMONIO HUMANO y la  propiedad y rentabilidad se deriva y controla a beneficio de quien solo aporta el 1%?
    ¡Pues eso! ¡Que sigan los remiendos sin remover LA FALSEDAD!!

  • ELOY

     
    Hola Ana, leo con interés tu comentario que comparto en el sentido de que la voz “república”, simplemente entendida como un régimen distinto de la “monarquía, no supone en sí misma planteamientos democráticos ni mejoras sociales de ningún tipo.
     
    Por ello entiendo que lo primero que procede es destacar que la república que deseamos, al menos la que yo pueda desear, es una república- democrática que además responda a un ideario propio y singular que tenga como ejes, dentro del contexto democrático, la igualdad y la solidaridad.
     
    Por otra parte este artículo y tu comentario me han sugerido algunos otros puntos  de reflexión:     
     
    1) Durante más de cincuenta años, a partir de 1873 y hasta 1931,  la fecha de referencia para los republicanos españoles era el 11 de febrero, día y mes de 1873 en que dimitió formalmente el rey Amadeo I y se proclamó la I República  española. 
     
    No conocieron la Segunda República, pero ya tenían de un ideario republicano y, en su mayoría, de  un digno comportamiento republicano.  
     
     2) La formulación de un ideario republicano – democrático en España, es anterior a la institucionalización  histórica de la República como forma de gobierno, aunque las experiencias, positivas o negativas, de 1873- 1974 y 1931-936 han contribuido a enriquecerlo con la experiencia práctica de gobierno y con las aportaciones de todo orden de los republicanos de dichos períodos.
     
    3) La conmemoraciones republicanas centradas únicamente en la experiencia de la II República, aún sin pretenderlo, corren el riesgo de obviar un rico acerbo de pensamiento y práctica republicana en España anterior a esa concreta experiencia.

    4) El ideario republicano -democrático es un ideario en transformación y perfección que se debe de ir adaptando a las diversas circunstancias concurrentes.
     
    5) Por eso el ideario republicano – democrático no solo es distinto en el tiempo, sino también en diferentes lugares y culturas y su evolución puede estar “marcada”, positiva o negativamente, por la trayectoria histórica de cada pueblo.
     
    6) Transcribo a continuación, un párrafo de Ángel Duarte que tomo de su libro “El Republicanismo. Una pasión política” (Ediciones Cátedra, página 31). Recomiendo su lectura reposada, aunque pudiera resultar algo largo  intentando captar los distintos matices de su planteamiento (los subrayados en nefrita y separación en párrafos más cortos, son míos parar facilitar su lectura.):
     
    << “El sentido de república se modifica, y mucho, de un momento a otro incluso de un lugar de la geografía a otro, por no hablar de una perspectiva de clase u otra.
    No significa lo mismo en los años 1830 que durante el Bienio Progresista; no alude a idénticas perspectivas en tiempos de la Primera República que en los de la Segunda; no contiene los mismos registros emancipadores entre los elementos conservadores del campo de la democracia que entre los más avanzados, entendiendo por tales los situados más a la izquierda.
    Con el tiempo, y con posterioridad a la emergencia de los nacionalismos subestatales, será concebida de maneras diversas en las distintas nacionalidades y regiones.
    Todos ellos, no obstante comparten un ideal de ciudadanía; de extensión de la misma. Un ideal de autogobierno participativo con grados diversos, eso sí de aspiración – unos en lo político, otros en lo político y lo social con el protagonismo destacado del “cuarto estado –  igualitaria. 
    Comparten asimismo,  una idea de la historia de España, un relato que situaba sobre el territorio peninsular, y el insular, a una sucesión de individuos y colectividades que , desde tiempo inmemorial, habrían combatido por la libertad frente a cualquier modalidad de invasión , opresión, sojuzgamiento o absolutismo.
    Esa España, en la que acabarían forjando lazos de sangre y de raza, tendría pues, una historia nacional que, en la medida en que se emancipaba, era la historia del partido republicano. ” >>
    .
     
     

  • ana rodrigo

     

    Termina el autor su artículo con esta frase: “Ser republicano es defender la virtud pública y el pudor democrático.” Tengo mis dudas al respecto de esta aseveración, pues en regímenes republicanos en muchas ocasiones brillan por su ausencia estas virtudes.

    La república en España significaría pasar página a una época vergonzosa de su historia: tener como gobernante a alguien por haber sido hijo o hija de… reyes. Esto es uno de los mayores absurdos que se pueden dar en cualquier país del siglo XXI.

    La república significaría que el presidente de la misma sería elegido por el pueblo y, si es un impresentable o no lo hace debidamente, poder echarlo en las próximas elecciones.

    La república significaría la eliminación de privilegios adjuntos a la monarquía, lo que no significaría que la república se inventase otros para quien gobernase como los hay actualmente con la clase política.
     
    La república seguramente haría justicia con las víctimas republicanas del franquismo, que ¡ya va siendo hora!
     
    La restauración de la república en España significaría que habría amplio consenso en el pueblo, cosa que ahora no ocurre y, que hace difícil tal empeño, pero habrá que seguir luchando por conseguirlo.
     
    La  restauración de la república en España significaría que se haría justicia a la historia de la II República española y a su labor constitucional y de reformas. Se desbloquearía el atranque que muchísima gente tiene de que la II República fue la causante del golpe de estado franquista, ¡uf! Cuánta ignorancia de la historia.
     
    Pero soy muy escéptica de que desapareciese los vicios y “pecados” adheridos al poder desde siempre. Termino como comencé: y si no, veamos qué diferencia hay entre países republicanos y países monárquicos de Europa. Eso no justifica que yo no siga defendiendo la república como forma de gobierno.

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