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Leyendo a Marcos – 9

UN PASO, UN MUNDOSalvador Santos – “Destilado” de Oscar Varela

Mensaje y producción

En este Fascículo notamos la sosegada hondura de un “nuevo modo de comprender” el Texto evangélico.

Lo podemos encontrar, al menos, en tres rasgos:

  • 1.- Descarta el tradicional Título de una Parábola.
  • 2.- Ahonda el acto primero que da Sentido a todo Quehacer en el mundo: ESCUCHAR.
  • 3.- Remarca el “carácter Productivo” de su Proyecto.

Fascículo 8MENSAJE Y PRODUCCIÓN

(Mc. 4,3-9)

— La primera parábola es la del sembrador, ¿no? — preguntó alguien.

— Sí —respondió Teófila—, pero no la llamaremos así. Los títulos que vienen delante de las escenas y, como en este caso, los que dan nombre a las parábolas, no pertenecen al texto original, sino al traductor. El sembrador, como personaje que la historia requiere para poner en marcha el proceso de la siembra, aparece al principio y ya no se le vuelve a nombrar más.

Si nos atenemos a lo que el Galileo pretende que la multitud concluya, podríamos denominarla; el mensaje produce. Vamos a leerla.

— ¡Escuchen! Una vez salió el sembrador a sembrar. Sucedió que, en la siembra, algo cayó junto al camino; llegaron los pájaros y se lo comieron. Otra parte cayó en el terreno rocoso, donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda, brotó enseguida, pero cuando salió el sol se abrasó y, por falta de raíz, se secó. Otra cayó entre las zarzas: brotaron las zarzas, la ahogaron, y no llegó a dar fruto. Otros granos cayeron en la tierra buena: a medida que brotaban y creerían fueron dando fruto, produciendo treinta por uno y sesenta por uno y ciento por uno.

Y añadió:

— ¡Quien tenga oídos para oír, que escuche!” (Mc 4. 5-9).

Observen con curiosidad el relato: El verbo escuchar repetido al principio y al final del discurso del Galileo envuelve la parábola. Tal vez podríamos llamarla también: la parábola del escuchar. ¿Qué les parece?

Recordemos la imagen del Galileo sentado en la barca, y la gente, de cara a él, al otro lado de la orilla. Marcos ha cuidado la escenografía detallando la colocación de los personajes. El posicionamiento de cada uno de ellos tendrá un peso importante en toda la secuencia.

Nuestro protagonista comienza su intervención reclamando la atención de la multitud: “Escuchen“. Aparentemente, no hay más que un aviso pidiendo atención. Sin embargo, la gente conocía perfectamente dicho imperativo y su profunda significación. En hebreo: Shemá (escucha) era el nombre de una de las oraciones más importantes para el pueblo judío. Se recitaba dos veces al día, una por la mañana y otra por la tarde. La oración del Shemá poseía un carácter marcadamente social. Constituida por tres textos del Antiguo Testamento (Dt 6, 4-9; 11, 13-21; Núm 15, 37-41), recordaba al pueblo sus orígenes y le alentaba a reafirmarse en su genuina organización social basada en la igualdad. De la opción acertada dependerá, según el Shemá, incluso el desarrollo armonioso de la tierra o la destrucción del equilibrio natural.

Con su imperativo: ¡escuchen!, el Galileo ha colocado el adecuado marco social a la parábola. Al pronunciarlo, activó en la mente del gentío las ideas contenidas en la oración judía que comenzaba: Escucha, Israel.

Ahora bien, en nuestro relato, “¡Escuchen!” se dirige a todos y cada uno de los que están de la orilla hacia tierra. El imperativo les recuerda su origen y el principio que generó su salida de la esclavitud a la libertad convirtiéndoles en un pueblo unido por la justicia. Su situación actual es de absoluto sometimiento. Pero, según el Galileo, tienen ante sus ojos la sociedad que soñaban. Él les invita. Desde su posición en la barca, en la otra parte de la orilla, su llamada: ¡escuchen! da las claves para entender el sentido de la parábola antes incluso de iniciar su narración. Con el imperativo, el Galileo llama a integrarse a esa nueva sociedad; está animando a traspasar la línea que les separa.

La parábola comienza enunciando una actividad agrícola de sobras conocida: “Una vez salió el sembrador a sembrar“. En el original se percibe cómo Marcos construye esta frase con cuatro verbos enlazados cuya traducción literal sería: “Miren, salió el que siembra a sembrar“. El primero induce a concentrarse en la acción que se anuncia en la segunda parte de la frase con la repetición del verbo “sembrar“.

El sujeto que realiza la acción de sembrar se designa con la forma verbal: “el que siembra“, que destaca más la actividad que al propio individuo. El sembrar es una de las tareas del agricultor, no es una función específica que otorgue una especialización y un oficio. El personaje mencionado así aparece exclusivamente por la necesidad de personalizar la acción que pone en marcha el desarrollo de la parábola. De hecho, como les dije, ya no se le nombrará más.

La repetición sin pausa del verbo “a sembrar“, que insiste en el objetivo del hombre en su salida, subraya la acción con absoluta simplicidad. A la multitud no le hacen falta más explicaciones. Conocen el hecho en todos sus pormenores.

La labor de sembrar se realizaba previamente a la de labrar la tierra con la finalidad de que, al pasar el arado con la semilla esparcida, ésta quedara enterrada. La semilla se llevaba en una espuerta o en la misma ropa plegada. Se iba diseminando mientras se andaba el terreno. La faena requería la experiencia del agricultor, pero no una precisión milimétrica sobre cada grano lanzado. El éxito de este trabajo dependía, por lo tanto, de factores externos, climatológicos o biológicos, pero nunca, o al menos no solamente, de la puntería al arrojar la semilla.

Al entrar a narrar las circunstancias que forman parte del desarrollo de la parábola, el Galileo mantiene la escucha atenta de la gente con una frase que repite otra vez el verbo sembrar; “y resultó que, al sembrar“, en esta ocasión indicando el esparcimiento de la simiente. La reiteración del verbo contribuye a que la multitud se centre en los efectos de la acción.

Situémonos entre la gente, en primera fila, tratando de captar hasta lo que Marcos no explícita: la cadencia y el tono de las palabras del Galileo. No nos equivocaremos si imaginamos el gesto leve de su mano simulando el movimiento del agricultor al lanzar al aire el puñado de simiente. La última frase “y resultó que, al sembrar” permite suponer, tras ella, una breve pausa que concentraría en él todas las miradas.

Conviene desterrar de nuestra mente la imagen de un hombre severo, mayestático, de gesto amargo y cargado de dramatismo. Igualmente, la representación de una figura dulzona y acaramelada diciendo frases tan bonitas como estériles. La sencillez de su exposición revela, por el contrario, a un hombre normal, con un agrado natural que atrae y acerca. Acompaña sus palabras con expresivos movimientos de sus manos que generan confianza y muestran lo asequible de su mensaje. Un gesto amable, la actitud esperanzada y el optimismo que él irradia declaran su convicción en las ideas que propone. Las compara con lo que sucede en cualquier siembra.

Comienza diciendo: “algo cayó a la vera del camino“. No habla de cantidad. El sentido del pronombre indefinido, “algo“, se desinteresa del volumen; su indeterminación orienta al lector a considerar que alude a lo normal de una siembra a mano. La expresión “a la vera del camino” hace referencia a los bordes endurecidos de los caminos habituales o a las estrechas sendas generadas por el paso al atravesar los campos. Estas semillas tuvieron el mejor fin que en esas circunstancias pudieron conseguir, servir de alimento a los pájaros: “llegaron los pájaros y lo devoraron“. El verbo con que termina este primer detalle de la semilla esparcida induce a pensar a los oyentes que esos granos duraron poco en el sendero.

Mi abuelo escribió una nota concerniente a este verbo: devorar. Se aprecia en ella su sentido del humor.  La leo. Dice así: “En Marcos aparece este verbo sólo otra vez más, también en boca del hombre de Galilea, refiriéndose a otros pájaros (Marcos 12,40)”.

Y la cita dice:

— ”¡Cuidado con los Letrados!… esos que devoran los hogares de las viudas con pretexto de largos rezos…”

Pero continuemos con la exposición del Galileo —prosiguió—. Nuestro protagonista mantiene la tensión en la gente al recurrir a otra coyuntura típica conocida por todos: ”otro poco cayó en terreno rocoso“. Se refiere en esta circunstancia a la zona del terreno donde, bajo el suelo, existen rocas cubiertas por una escasa capa de tierra que es improductiva porque no conserva la humedad. A ese lugar, suficientemente conocido por el agricultor como terreno infecundo, llegan semillas sueltas sencillamente porque al esparcir, ajustando al terreno fértil, esa pequeña porción del puñado lanzado se desperdiga por donde el agricultor no desea.

— Teófila, ¿qué diferencia hay entre leer “otra parte“, como dice en mi Biblia, y “otro poco“, como has leído tú? No da lo mismo, ¿verdad? — preguntó una participante.

— Lo que cayó en ese lugar de la finca se cita en griego con un pronombre neutro en singular cuyo significado en nuestra lengua es otro, diferente a la expresión utilizada para describir lo que cayó a la vera del camino: “algo”. Traducir por ”otra parte” conduce a equívoco, porque lleva a pensar en parte de la totalidad a sembrar, cuando en realidad se está refiriendo a parte de algún puñado. Por ese motivo es preferible la traducción: “otro poco“.

Los que estaban escuchando conocían de sobra el destino de esos granos de simiente caídos sobre terreno rocoso. Sin embargo, el Galileo lo describe con multitud de matices alargando el final con detalles sabidos, aunque útiles para mantener vivo el interés.

En primer lugar subraya lo que es evidente: “donde apenas tenía tierra“. Las malas condiciones de esa zona del terreno no conceden posibilidades productivas a los granos llegados a aquel rincón. Pero a pesar de ese final ineludible, el Galileo consigue mantener el clima de enorme expectación con recursos magistrales: “y en seguida brotó“. Volemos otra vez aquí con la imaginación. Tal vez advirtamos una elevación del tono de su voz al que se asocian los gestos de sus manos, sus ojos bien abiertos reclamando concentración, y una ligera pausa, dando pie a explicar el motivo en una gradual bajada de tonalidad: “porque la tierra no tenía profundidad“.

El Galileo termina describiendo lo sucedido en el desarrollo baldío de la semilla: “pero cuando salió el sol se abrasó“. Como veis, va incorporando elementos narrativos, “el sol”, y concatenando detalles, “cuando salió“, para dar vivacidad a la parábola y apasionar la imaginación de los oyentes anhelantes por conocer su desenlace final. La descripción podía haber acabado diciendo que “se abrasó“, sin más. Sin embarco, agrega con énfasis la causa principal que impide la supervivencia del brote y determina el ocaso de la planta: ”y se secó porque no tenía raíz“. La insuficiencia de tierra junto a lo exiguo de la raíz son mencionados, utilizando la misma fórmula: “porque no tenía“, como razones del final anticipado del retoño.

La desaparición súbita de la semilla comida por los pájaros contrasta con la lenta y dramática muerte de los granos que han llegado a brotar en el lugar pedregoso. Tanto una como otra circunstancia carecen de significado por sí mismas; su función principal consiste en actuar como elementos útiles para encauzar a los oyentes al momento final de la parábola.

Aún expone una última circunstancia de la siembra ante la cual sucumbe la semilla: “otro poco cayó entre zarzas“.

Al labrar con posterioridad a la diseminación de los granos, se eliminaban las matas espinosas que hubieran crecido en algunas zonas del terreno. Sin embargo, las raíces más profundas y resistentes de estas plantas volvían a entallecer nuevamente, de manera que la simiente germinada junto a ellas estaba condenada de antemano a causa de la fortaleza de las plantas espinosas.

En la narración de lo que sucede en esta circunstancia, el cambio de entonación del Galileo adquiere nueva musicalidad con el empleo de dos verbos: “crecieron las zarzas, la asfixiaron…” que adelantan el fracaso de la semilla: “y no dio fruto“.

Se puede obtener una primera impresión pesimista de la parábola, aunque pronto veremos que no es la acertada. La parábola no fue escogida para maltratar. Hasta este punto, la exposición de la parábola ha seguido el destino de las semillas sueltas que caían en lugares con obstáculos insalvables, pero no se ha descrito lo sucedido con el grueso de cada puñado de donde han salido esos escasos granos perdidos a medio camino de su desarrollo.

El Galileo se ha servido de las circunstancias negativas, previsibles en una actividad tan normal como la siembra, utilizándolas como peldaños para conducir gradualmente al mensaje fundamental de la parábola. El proceso explicativo, dirigido con soberbia pedagogía, ha ido acrecentando en la gente su interés por conocer el desenlace de la historia y lo que pretende transmitir con ella.

En su parte final comprobaremos cómo cambia radicalmente esa falsa apariencia negativa.

Ese momento de la parábola sobresale del resto. Comienza utilizando el mismo pronombre griego que introducía los movimientos anteriores, aunque en esta ocasión, en plural: “otros“. El plural pretende significar la abundancia de los puñados esparcidos en contraste con las pocas semillas sueltas caídas en lugares indeseados. La traducción anterior del pronombre, ”otro poco”, unida a la transición del singular al plural, admite traducir en este caso por “otros muchos“.

La imagen del terreno donde cae el grueso de la semilla destaca también de las zonas anteriores por su carácter sobradamente positivo. Se dibuja resaltando sus condiciones inmejorables. La traducción literal del original sería: “cayeron en la tierra, la buena“. Se articula al adjetivo, “la buena” para realzar la calidad del terreno que recibe la semilla.

Esta entrada, como pueden observar, abre el camino al optimismo. La gran variedad de tiempos verbales escogidos para contar el resultado final de la parábola permite entrever con qué maestría nuestro hombre de Galilea, desde su posición destacada en la barca, modula su entonación acompasando su relato con un ritmo vivo y cambiante. Regula su cadencia en progresión constante, ajustándola a la acción eficaz que los verbos van trazando. Con ellos, estimula a la gente a adivinar el mensaje positivo de la parábola en el resultado excelente de la siembra.

La calidad del terreno proporciona a la semilla el ambiente adecuado para su desarrollo: “e iban dando fruto a medida que brotaban y crecían“. La idea de progresión de la planta llegando a producir el fruto deseado ha dejado a la puerta el objetivo de la siembra, lo que constituye el sentido último del ejemplo.

La acción que continúa, “producían”, anuncia el alcance definitivo de lo plantado. La potencialidad de la semilla y el resultado productivo de la siembra han sido espectaculares: “treinta por uno, sesenta por uno y ciento por uno“. La fórmula es un semitismo que señala multiplicación. Así lo entendió Lucas que, para facilitar la comprensión de sus lectores no judíos, simplifica en su evangelio la escritura de Marcos diciendo en su tugar: “centuplicado”.

En el texto de Marcos el efecto productivo se representa sucesivamente creciente hasta alcanzar límites extraordinarios. Este final desbordante concede sentido a toda la parábola. Desde ahí hay que contemplarla.

No hallaremos el significado de la parábola ni en el hombre que siembra, ni en los percances ocurridos a las semillas malogradas. Respecto al sujeto que realiza la tarea de sembrar, ha intervenido exclusivamente como factor desencadenante de la acción. Como han podido comprobar, una vez ésta iniciada, su función se ha diluido en los hechos. En cuanto a los insalvables contratiempos sufridos por algunas de las simientes, hicieron su función como engranajes del desarrollo narrativo y fueron útiles para el mantenimiento del suspense de la historia contada, pero su papel principal está supeditado al momento cumbre, el de la impresionante eclosión de la semilla sembrada en terreno fértil. A su final feliz, los indeseables accidentes del lugar han prestado su carácter negativo para lucimiento y realce del magnífico resultado obtenido. En ese instante inmejorable quiso el Galileo concentrar la atención de la multitud a la que iba dirigido el ejemplo.

Como método pedagógico, la parábola estimulaba la reflexión de la gente. Ante el deseo de las masas de ponerle al frente de un movimiento popular con vistas a conseguir la soñada hegemonía política, el Galileo indica que su camino es otro. Lo propone con entusiasmo y alienta a la esperanza. De cara a la muchedumbre expectante, les presenta la realidad de su propuesta: una sociedad alternativa (los Doce). Al igual que la oración del Shemá (Escucha) exigía al pueblo, él solicita a la muchedumbre, allí congregada, total confianza en su proyecto. Haciendo uso de un ejemplo sencillo conocido por todos, llama al optimismo y asegura que, pese a tener un aspecto igual de insignificante que el de una semilla, su rendimiento será tan espectacular como el de una siembra excelente.

Viendo al grupo de la barca desde la otra parte de la orilla, la multitud captaba el sentido comparativo del ejemplo. La introducción del Galileo aludiendo al Shemá, “Escuchen“, así lo preveía. Para relacionar una producción que aumenta progresivamente, “treinta por uno, sesenta por uno…” con la sociedad alternativa no tienen más que mirar en su dirección. La materialidad social de ese proyecto definitivo estaba ante su vista. Se trata de un colectivo pequeño, casi despreciable. Pero como la simiente, encierra una enorme potencialidad. Está situado a la otra parte de la orilla respaldado por un amplio horizonte. De uno a otro lado no hay más que un paso. El ejemplo incitaba a darlo.

A pesar de los inconvenientes y de la falsa apariencia de una realidad humilde, el Galileo reclama confiar en que será extraordinario el efecto multiplicador de su propuesta. Con su parábola, nuestro protagonista declara: ¡Este proyecto rendirá con creces! Transmitiendo entusiasmo, anima a la gente a recobrar la propia identidad personal e invita a comprometerse individualmente para contribuir a su avance.

La parábola termina con una sentencia: “¡Quien tenga oídos para oír, que escuche!“. Los verbos en singular escoltan el sentido individual de la frase, expresando su llamada al compromiso personal. El cambio de estrategia de nuestro protagonista respecto a las masas se ha confirmado.

El verbo escuchar, que ha sido utilizado como embalaje de la parábola, resume su finalidad. Escuchar no se reduce a percibir sonidos, sino a la disposición abierta sin prejuicios a que el mensaje cale hondo. Es la actitud que solicita el Galileo al gentío, convencido de que ese mensaje consigue plenamente sus objetivos.

69 comentarios

  • Santiago

    Hacia la línea 21 debe decir “la vida del espíritu”…sobra la palabra “espiritual”.   Gracias.   Vale    SH

  • Santiago

    Javier,   si has visto en mi aunque sea un poco de “buen cambio”…yo te diré lo mismo de ti pues al menos has citado “algo” del evangelio…y para mi eso es tambien algo de cambio, aunque no sea demasiado…y a mi no me cuesta ningun esfuerzo el reconocerlo, como a ti, que con gran esfuerzo has llegado a escribirlo.
    Si aceptas totalmente la voluntad de Dios es extraño que la consideres “solamente” despues de la muerte cuando ya tu destino va a estar decidido en un solo instante. Es en esta vida donde es mucho mas importante “hacer” y “aceptar” la voluntad de Dios manifestada de innumerables maneras..ya que si Dios me creo en la libertad…sostiene tambien esa libertad..,y sin coercion de ella, en ella mantiene  y fundamenta mi vida, proporcionándome los medios ordinarios para llegar hasta EL de manera voluntaria. El “quietismo” no es válido para la vida terrena pues tenemos inteligencia y voluntad..y con ellas podemos y tenemos que llegar a nuestro destino final…nuestra eterna felicidad…que es el deseo ardiente del Padre. No podemos renunciar a eso “por las buenas”… Y ES POR nuestra condicion de seres humanos creados, y por ser ademas seres racionales. Por eso no podemos dejar de cooperar y participar en ese deseo innato de felicidad…porque este deseo infinito no es parte de nuestra naturaleza fisica de la materia…sino de nuestra parte interna esencialmente espiritual. Por eso es una arrogante presuncion pensar que no necesitamos de ninguna ayuda para llegar a esa permanente felicidad…pues somos bien imperfectos y si en los negocios ordinarios de la vida diaria NECESITAMOS tanto de los demas…tambien necesitamos la ayuda espiritual para poder caminar diariamente en la vida del espiritu espiritual , mucho mas dificil de hacer que la manutencion de la vida física…CLARO que puedes rechazar la ayuda de los sacramentos y decir que son “paparruchas infantiles”. Es tu decisión personal…como tambien tiene derecho a practicarlos el que decide hacerlo. Ambas cosas son posibles…porque dependen del don de la libertad…que Dios nos dio desde el principio. 
    Pero tranquilízate, no creo que seas un farsante. Creo que todavía estas resentidoy esto te lleva a decir que abusaron de ti a las pocas horas de nacido y que te lavaron sistematicamente tu cerebro y que te adoctrinaron en una practica abusiva. Lamento profundamente que tengas todavia ese trauma psiquico. No se quienes son los responsables. Yo considero, sin embargo, que mis padres,mi familia, mi colegio, me dieron el mejor regalo posible, que es la fe católica. Nunca he percibido semejante don como un abuso. Todo lo contrario. Tu tienes una percepcion diferente…y has de llegar hasta allí..hasta lo profundo del tópico,  para saber que “defensas” psicologicas estas usando todavia para protegerte de aquello que pasó ya, está en el pasado, en aquellos años….Porque aquello solo existe en tu imaginacion, NO es real ahora..Uno, ya adulto, tiene que dejar atras al pasado. SOLO entonces podremos mejorarnos…La perfeccion en esta vida no consiste sino en el deseo y la tendencia hacia una mejor manera de amar a Dios y a los demas…aunque no lleguemos a ella..
    Por lo demas, como dices el mundo quiere alejarse de Dios cada vez mas. Las consecuencias son tan desastrosas que estamos a punto de una guerra nuclear causada principalmente por un odio cada vez mas profundo entre los humanos. Hay una crisis, no solamente de fe, sino de la moral. Porque el ser humano no es capaz de formarse un codigo de conducta por si mismo…esto tiene que ser formulado extrinsecamente a su naturaleza…Nosotros somos muy debiles e inconstantes..Solamente Dios puede trazarnos  el camino principalmente, a traves de su Hijo, Cristo, que vino- como tu sabes- para que amáramos cada vez mas, y que nos dio la ayuda necesario en los sacramentos del amor. Si seguimos a Cristo “no andamos en tienieblas”…El es el camino ideal…El es la salvacion del mundo….Y  El dijo que   “mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mateo 11,13) La verdad y la vida están en Cristo. No es dificil seguirle.    
    Un abrazo      de Santiago Hernandez     

  • Javier Renobales Scheifler

    Santiago,
     
    Mi caso no es ninguna excepción; montón de gente pasa en esta vida de la imaginaria otra vida que el negocio de la ICR trata de vender –siempre a cambio de algo, no lo olvides, Santiago: así ha hecho la ICR su inmenso patrimonio, inmobiliario y mobiliario, metiendo miedo a la imaginaria condenación eterna, y vendiendo como antídoto el bálsamo de fierabrás en frascos que llama sacramentos e indulgencias plenarias (de los que hace creer a los crédulos que los curas tienen el monoplio)  para ganar la vida eterna-.
     
    La gente en general por todo el planeta se afana por vivir esta vida lo mejor que puede, porque la vivan lo mejor que pueden sus personas queridas, y por prolongar la vida así mientras la pueden vivir con dignidad.
     
    La gente se va liberando cada vez más de la idea de Dios que le han metido de pequeño, vive como si Dios no existiera. Cada vez menos gente se cree que en esta vida está preparándose para una vida después de la muerte. Pasa del tema, lo mismo que pasa del tema de Dios, pues está convencida, con razón, de que Dios no le va a solucionar nada, pues no interviene en nuestras vidas.
     
    Los que no pasan del tema creen que tienen siempre a mano la confesión y las indulgencias plenarias para negociar airosamente la llamada salvación
     
    La gente sabe en qué consiste la libertad de cada uno, y se afana por vivir con dignidad cada día como mejor puede, aunque muchos, la mayoría del planeta, no llegan con sus ingresos (los que los tienen) a fin de mes.
     
    Está por demostrar que creer en Dios o en Jesús, o consagrar la vida a la ICR mediante el llamado sacramento del orden, hace mejores a las personas.
     
    Hay gente buena y mala lo mismo entre los curas que entre los ateos, lo mismo entre no creyentes que entre creyentes. Eso sí, cuando más poder tienen las personas, más lejos están del modelo que propugnaba Jesús.
     
    Repetir lo que unos hombres interesados han escrito en un libro, por mucho que le llamen evangelio o biblia (por ejemplo, si quieres ser perfecto, que dices, Santiago) no hace mejores a las personas. Querer ser perfecto es no querer ser humano: ni nadie es perfecto, ni sirve para nada querer serlo.
     
    Es amando como las personas nos humanizamos, y en eso Dios no tiene nada que ver ni que hacer. Bueno, tú crees que sí, y cerees que tienes la certeza de ello, pero eso no es verdad: no me puedes mostrar nada que, por mucho o poco rezar, te ha ‘concedido Dios’, pues lo mismo tienen otros que no rezan ni creen en Dios.
     
    Obras son amores; amar no es argumentar, ni hablar, ni sentir, ni creer, ni rezar, ni darle vueltas y más vueltas a la misma perdiz, llámesele evangelio o lo que sea.
     
    Dejo este post, amigo, saludos cordiales

  • Javier Renobales Scheifler

    ¿El cambio? ¿Y me lo dices tú, Santiago?
     
    Yo cambio, evoluciono, desde los dogmas católicos que me metieron a la fuerza, abusando con el paripé del llamado bautismo al de pocas horas de haber nacido yo, en el lavado de cerebro sistemático y adoctrinamiento que practica la abusiva ICR, cuando no podía defenderme.
     
    Pues tú no cambias nunca, Santiago, siempre dices lo mismo que el magisterio católico, que tampoco cambia porque pretende que es infalible –que no lo es- y eso le impide cambiar.
     
    Dime de qué presumes … ahora dices que el cambio. Cuando te pregunto en qué discrepas tú del magisterio católico, nunca puedes contestar nada, porque nada hay. Si te pregunto en qué has ido cambiando tú , me temo que tampoco lo dirás, pues no has venido al foro a decir cosas así que llevas dentro, sino a defender la ortodoxia católica, toda una misión de testimonio para ganar el cielo.
     
    Bueno, me cuesta esfuerzo, pero algo has cambiado desde tu anterior comentario: del ‘no tiene importancia’ de entonces al ‘no tiene tanta importancia’ hay una buena rectificación, un buen cambio; te dije que aprendemos de los errores.
     
    Dices que fortunas enteras han desparecido en un abrir y cerrar de ojos. No lo he experimentado, pues mi fortuna aún no ha desaparecido, aunque un día desaparecerá de esta vida.
     
    ¿Yo aseguro, dices, con tanta arrogancia mi actuación en el momento crucial del encuentro definitivo con Dios? Amigo, no me lees con amor:
     
    Dije: “cuando yo muera imagino que él hará lo mejor, con lo cual no puedo menos que estar totalmente de acuerdo –es decir, en paz-, sea lo que sea que haga conmigo y con los demás.”
     
    ¿Dónde está la arrogancia? He dicho ‘imagino’, lo cual no conlleva ninguna certeza, sino el reconocimiento de que no es más que mi imaginación.
     
    He dicho que no puedo menos que estar totalmente de acuerdo –o sea en paz- con lo que haga Dios cuando imagino que interviene, que es después de la muerte: acepto totalmente la voluntad de Dios.
     
    Y tú a eso le llamas arrogancia. Deberías saber reconocer la arrogancia, amigo, es necesario para no incurrir en ella; eso que he dicho no tiene nada de arrogancia: imagino un Dios que hace bien lo que hace, cuando interviene, y por eso no dudo que lo aceptaré cuando suceda, si es que hay Dios, lo cual no sé, ni tú tampoco.
     
    He dicho que evoluciono a partir de lo que voy siendo en cada momento y que moriré siendo lo que soy. Por lo tanto no pediré sacramentos católicos, que no sirven para nada. ¿Hay arrogancia en eso? No.
     
    Es una evidencia, una obviedad, que moriré siendo lo que soy en el  momento de la muerte, lo que haya evolucionado yo hasta entonces (que puede ser incluso antes de darle a ‘enviar’ este comentario, o dentro de pocos años, no muchos en todo caso.
     
    He dicho que no soy un farsante, eso sé bien que es la verdad, la realidad, pues me vivo a mí mismo. Eres tú el que me trata de augurar un vuelco a la hora de mi muerte, una repentina vuelta de campana por la que yo volvería de pronto a caer ante la amenaza de condenación eterna a la que trata de someterme tu nefasta ICR, y así yo pediría angustiado, al ver cerca la muerte, cura, confesión y sacramentos y la bendición de un Jefe de Estado.
     
    No me ofendes, porque somos amigos, Santiago, por creerme farsante. Forma parte de tu amén amén a la doctrina que crees infalible.
     
    Amigo, yo la satisfacción de vivir la experimento cada día. Si hay otra vida con más satisfacción después de la muerte, ahora no me interesa, pues no me sirve para nada. No por interesarme por la otra vida va a haberla o a dejar de haberla, Cada cosa a su momento, carpe diem. Ahora experimento la satisfacción de vivir, y esa gozosa experiencia es para algo: me voy a sacarle fruto, que me espera mucho trabajo hoy.
     
    Trataré de seguir leyendo tu comentario en otro momento, ahora la semilla de la satisfacción de esta vida me requiere, para producir cuanto más frutos, en otros cometidos, por lo que tengo que dejar aquí esto.
     
    Saludos cordiales

  • Santiago

    Javier, lo que dices ahora en Agosto de 2012 no tiene, en realidad,  tanta importancia pues la naturaleza de la vida es el cambio. Y asi lo que decimos hoy podemos rectificarlo mañana y en un dia todo puede ser distinto. Hay fortunas enteras que han desaparecido en un abrir y cerrar de ojos. ¡¡Cuanto mas las palabras que decimos!!! Ademas tu si que practicas la dogmática que tanto aborreces cuando aseguras con tanta arrogancia tu actuacion en el momento crucial del encuentro definitico con Dios. Nadie puede tener la certeza de como va a comportarse en aquel momento. Esa inmutabilidad no pertenece a esta vida…sino a los que ya traspasaron la frontera de esta vida terrena y estan ya en la otra
    Tampoco la satisfaccion completa forma parte de esta diversa y mudable vida. Ni las riquezas, ni los placeres, ni el poder pueden satisfacer completamente al ser humano que tiene deseos que van mas alla de las posibilidades de esta vida. Si hubiera esa satisfaccion completa y perpetua la vida sería un paraíso: no habría envidia, ni discordia, ni rencillas, ni odios, ni guerra, ya que todo eso no es sino producto de una profunda insatisfaccion de la condicion humana que busca algo mas…que no encuentra. Por eso cuando alguien habla de felicidad completa se entiende que se trata de momentos felices…que no son ni con mucho perpetuos, ni permanentes. La naturaleza de la vida consiste, en mucho, en el cambio. Por lo tanto, nadie puede tener la certeza absoluta de como se comportará en el futuro. Solo se podrá hacer una presuncion remota. El caso tuyo debe ser la excepcion. Lo mismo que tu presuncion y tu indiferencia ante el futuro eterno.
    En cuanto a la libertad ya del ateo o del creyente, esta consiste no en hacer lo que a uno le plazca, sino lo que se debe hacer. La esclavitud, o sea, la falta de libertad consiste en depender de la adiccion a la droga, al alchohol, a los placeres, al poder. Esto no es libertad sino todo lo contrario. Soy libre cuando puedo dominar mis inclinaciones desordenadas. Entonces no soy ya esclavo de lo malo. Y cuando excluyo la mentira de mi vida. Y es por eso que es la verdad la que nos hará libres. Cuando lo que creo me hace mejor persona practicando la moral. 
    La pregunta a Cristo y su respuesta sería la misma a un rico que a un pobre. Los dos poseen un destino final y los dos tienen derecho a hacer la misma pregunta. Es la pregunta en si lo que tiene importancia. Cristo no vino a “destruir ni la Ley ni los Profetas: sino a darle cumplimiento” y “ni una sola jota o tilde de la ley quedara sin notarse”..Por lo tanto, el “mandamiento nuevo” surgio del amor del Padre ya iniciado en esa ley del amor pues los mandamientos encierran ya mucha perfeccion. Pero si quieres ser perfecto y seguir mas de cerca a Cristo “vende lo que tienes, dalo a los pobres, y ven y sigueme”. Se trata de los que quieren seguir a Jesus mas de cerca…pero el amor del Padre es el mismo y fue dado a los humanos desde el principio. Nosotros somos los que podemos amar mas o menos, y mas perfectamente. 
    Por lo demas, gracias por tu paciencia y por tus comentarios…
    un abrazo    de Santiago Hernandez 

  • Javier Renobales Scheifler

    Santiago,
     
    En cuanto lo que me dices
    Lo que dices en este momento no tiene ninguna importancia para entonces”,
     bien te vendría aplicarte el cuento a ti mismo, para darte cuenta de que es un error lo que dices.

    Vaya que sí tiene importancia lo que digo en este momento: pues seré lo que voy consiguiendo ser poco a poco, y así hasta la muerte.
     
    Tú crees que en esta vida te ganas la otra como un premio eterno (do ut des) y para eludir un castigo eterno (me parece infantil), te preparas para la otra vida que te han prometido … unos hombres.
     
    Y crees que eso sólo puedes conseguirlo siguiendo a pies juntillas al desviado magisterio católico dentro de la ICR oficial, que se ha inventado esas cosas de premios y castigos. Porque tú crees en la ICR, tienes fe en ella, incluso probablemente te crees que es la esposa de Jesús, y cosas así, como que es santa, y que la fundó Dios, y que la gobierna Dios que elige al papa … etc, etc.
     
    Yo te digo que cualquier ateo tiene por lo menos las mimas posibilidades o más fuera de la ICR, y probablemente es más libre (Yo, que no soy ateo ni católico, tengo más, soy más libre fuera de ese tinglado ICR).

    No es necesario creer en DiosPadre ni en JesúsDiosHijo, ni en Jesús hombre, ni en la ICR para saber llegar a vivir plenamente. De hecho, la inmensa mayoría de la HUMANIDAD desde los primeros humanos no han creído ni creen en nada de eso.
     
    No me preocupa en absoluto la llamada ‘salvación para la otra vida’. La salvación es para esta vida, el reino aquí y ahora.

    Cuando me toque morir, si mantengo la consciencia –igual me toca morir sin enterarme de que voy a morir, quien sabe-, miraré hacia atrás satisfecho, confiaré en la vida (lo mismo hago ahora) que por ejemplo mis hijos y otros siguen y seguirán manteniendo hasta que se acaben la Humanidad, la especia humana y el universo, y moriré satisfecho.
     
    Moriré siendo lo que soy: si fuera un farsante, entonces me cagaría por la pata para abajo si veo acercarse la muerte, y pediría confesión y extremaunción y un cura que me prometa el cielo y esas cosas que modestamente considero paparruchas infantiles.
     
    Parece que tú esperas que lo haga, y por eso me dices que no tiene importancia esto que digo ahora (si es así, no me quieres bien, amigo). Quizá lo dices porque tú eres así. Pero yo no. Cada uno somos como nos vamos haciendo a cada momento. Yo no espero que tú cambies, espero que mueras siendo lo que quieres ser, con todos los sacramentos (bueno, casi todos, y la famosa llamada bendición apostólica de SuSan).
     
    No me dedico a prepararme en esta vida para la otra, pues me basta y me parece mucho mejor dedicar todos mis esfuerzos y lo que soy a vivir lo más coherentemente posible esta vida y a ser feliz en ella (lo que conlleva que necesite la felicidad de los demás). Amando así, es la única forma de amar a Dios, si es que existe. Yo amo poco, porque soy muy pequeño, pero amo, y eso me satisface. Amo la vida.
     
    No me preocupa si existe Dios o no, pues es un hecho que no depende ni de mi preocupación ni de lo que yo haga o deje de hacer.
     
    Si hay Dios, lo cual sabes que creo, cuando yo muera imagino que él hará lo mejor, con lo cual no puedo menos que estar totalmente de acuerdo –es decir, en paz-, sea lo que sea que haga conmigo y con los demás.
     
    Si no hay Dios, parece que ni me enteraré siquiera, pues ya no tendré ninguna consciencia ni conciencia de nada.
     
    Como puedes ver, no hay ningún motivo para preocuparse ahora del llamado más allá. Podemos vivir con toda serenidad, alegría y plenitud aceptando que vamos a morir pronto o tarde, pues la muerte forma parte de la vida que amamos y que es así.
     
     Ninguna falta nos hacen pues, para vivir coherentemente hasta morir, ni las extremaunciones ni los llamados santos óleos, ni curas ni confesiones católicas, ni inventos como ‘estar en gracia de Dios y no en pecado’, y similares monopolios que se ha inventado la ICR, pues nada de eso sirve para nada, en mi modesta opinión.

  • Javier Renobales Scheifler

    Santiago,
     
    Jesús evolucionaba, como todos.
     
    Al joven rico le habló como a un rico; Jesús predicaba su mensaje a los pobres, porque sufrían al estar oprimidos y despreciados por la sociedad manejada por los ricos a su conveniencia.
     
    El joven rico se acercó a Jesús, y quiso comer sopas y sorber, es decir, ser rico y seguir a Jesús, servir a dos señores, como hace la rica ICR. Entonces Jesús le habló como a un rico, sabiendo que el joven estaba agarrado a sus riquezas, y le dijo  ‘(al menos) cumple los mandamientos’: porque esa era la moral oficial, hecha para los ricos, la de los antiguos mandamientos de la ley judía. Era lo más que podía pretenderse de un rico y Jesús lo sabía.
     
    Pero la buena nueva que Jesús predicaba era preferentemente a los pobres ‘a los pobres se les predica el evangelio’ . Jesús evolucionó de la vieja ley de los mandamientos y los superó con aquello de ‘un solo mandamiento os doy, que os améis como a vosotros mismos y como yo os he amado’, lo cual superaba el sistema de ley/mandamientos judío de entonces, tan primitivo.
     
    La cual ley Jesús a veces no cumplía, cuando superaba el sábado para poner por encima de él a las personas, cuando comía y bebía con gente ‘de la calle’, con pecadores y gente pobre, cuando proponía ayudar al herido en el camino que fue ayudado por el samaritano y no por los sacerdotes tan puros ellos, y cuando Jesús superaba los obsoletos mandamientos proponiendo un ‘mandamiento’/consejo/recomendación bien superior a estos, más perfecto y exigente, como es el ‘amaos los unos a los otros como a vosotros mismos y como yo os he amado.
     
    Pero las Iglesias necesitaban leyes y mandamientos por conveniencia de ellas mismas, y no siguieron a Jesús, pues necesitaron quedarse en el sistema antiguo de ley/mandamientos judíos, que acabaron condenando a muerte a Jesús.
     
    Hay demasiado trecho, Santiago, desde una fe no absurda, a imponer dogmas, a condenar al infierno eterno por estar fuera de la ICR, y a excluir de la ‘familia de Dios en la Tierra’ a los no católicos, como hace la doctrina del magisterio católico, por ejemplo en el catecismo de los papas vigente en la ICR, el de 1992.
     
    No puedes negar, (sin faltar a la verdad, claro está, Santiago) que la dogmática católica se imponen como obligatoria por vuestro magisterio católico, que esa condena absurda y esa exclusión desviada, lo mismo que las excomuniones …etc., se siguen manteniendo por el magisterio católico al que tú tienes que defender y seguir en todo caso.
     
    Como en el caso del joven rico que habló con Jesús, es querer comer sopas y sorber, amigo mío.

  • Santiago

    Javier,  no solamente Cristo dijo que “améis como yo os amo”, como tu bien citas del evangelio, sino que al que le preguntó “¿que he de hacer para obtener la vida eterna?” Jesus le contesta: “Guarda los mandamientos” Y (el joven) dícele a Jesus: “¿Cuáles?” “Jesus (le) dijo: No matarás, no adulterarás, no robarás, no dirás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo. (Ex 20,12-16; Lev 19,18; Dt. 5, 16-20) (Mateo 19-16-20) LA RAZON de esta detallada explicación es doble: Jesus no vino a destruir la Ley sino a darle su verdadero sentido en el amor del Padre y además el mismo Jesus dijo que la ley del amor estaba contenida en los mandamientos de la Antigua Alianza. No es necesario que lo creas tu, pero Jesus quiso explicar que el amor a Dios y el amor al projimo, contenidos en el Decálogo, son parte intrinseca de esta ley del amor con que el Padre quiso mostrarse a nosotros, los humanos. Jesus vivo, pues, es el resumen de este amor infinito que nos mostro Dios desde la Creación.
    Te preocupas demasiado por la infalibilidad papal y por las obligaciones que dices son impuestas y excluyentes. No hay nada de eso. La ley del amor es diferente a las leyes humanas. La ley del amor se sigue voluntariamente, no hay ninguna coercion en ello, como tu constantemente imaginas.
    Pero ademas Javier, el amor no es un mero sentimiento que se siente un dia y al dia siguiente desaparece…no es una mera atraccion hacia algo o alguien…es mucho mas profundo, porque implica tambien un compromiso y una decision…Yo quiero a mi hijo, aunque sea malo y aunque me traicione, puesto que lo acepté desde que nació..y a este amor no puedo renunciar…Debo amar a mis enemigos, (Lucas 6,27) porque Dios los ama….y Cristo me manda amarlos con el mismo amor que el me ama a mi….Tienes razon, Javier, al decir que no se puede obligar a nadie a amar…es algo voluntario que yo acepto..Y yo acepto el amor a Dios y al projimo como el camino mejor para mi…Es lo que me hace ser mas persona, me acerca mucho mas al Creador por el cual estoy aqui, me mantengo y voy hacia EL. 
    Claro que Dios pudo haber creado un mundo diferente, segun tus deseos humanos, en tu mentalidad limitada. Pero tu no eres, ni seras nunca Creador, esto se lo reservó Dios. Tienes que conformarte con lo que tenemos que ya es bastante bueno. Estas aquí, viniste aquí y estas vivo. Lo que pasa despues de la muerte es bastante importante, ya que esas dos vidas estan relacionadas y tu no puedes sustraerte a ellas, quieras o no quieras. Lo que dices en este momento no tiene ninguna importancia para entonces. Lo importante es lo que dirás entonces y eso es imposible asegurarlo, pues nadie puede ensayar o predecir ese momento. Lo mas logico -como decias Juan XXIII- es prepararnos para ello como cualquier otro de los negocios de aqui abajo. Carece de lógica humana dejar eso a la suerte. Quizas entonces, la suerte no este tan y tan de nuestra parte. 
    Te aconsejo leas el libro de  Robert Spitzer sobre ese “imaginario” Dios. El hace asequible los nuevos indicios modernos sobre la existencia de Dios desde el punto de vista de la ciencias abarcando la asimetría espacial, las coincidencias cosmicas, la teoria del string, la cosmologia cuántica, los pensamiento matematicos sobre lo infinito para que veas que  la fe en Dios no es tan absurda, imaginaria e imposible como tu insinuas constantemente. Ya se que no crees mucho. Y no hay peor ciego que el que no desea ver.
    un abrazo   de Santiago Hernandez 

  • Santiago

    Rodrigo,  muy interesante lo que cuentas. Yo creo que no anduve muy lejos de que, en realidad, habías asimilado mucho del espíritu y el estilo ignaciano. Yo creo que ha sido Iñigo de Loyola el personaje que mas ha profundizado en la psicologia del alma humana, llegando hasta sus confines maas lejanos, pues en sus Ejercicios Espirituales te lleva a enfrentarte a ti mismo en tu verdadera identidad y por otro lado es, a mi entender, el que mas practicamente te lleva a conocer mejor quien era ese Cristo total que permanece todavía desconocido -aun hoy en día- para miles de personas que nunca han tenido la oportunidad de acercarse tanto a las caracteristicas humanas de su figura tal y como han sido relatadas en el evangelio. Ignacio no es un santo popular -como otros- pero es el que mas ha influido a nivel mundial para esa transformacion espiritual y universal como se ve fue, y es, el propósito de la orden desde su fundacion y desde sus comienzos, cuando Ignacio apostó y le ganó la partida a su amigo y compañero de la Sorbona,  Francisco Javier, para que accediera a practicar, en completo retiro, sus famosos Ejercicios. 
    Por lo demas, yo tomaría el comentario de tus amigos como un elogio. Simplemente como método, vale la pena estudiar el legado de Íñigo, precisamente para el mundo en que actualmente vivimos. 
    un saludo cordial    de Santiago Hernández    

  • M.Luisa

    Gracias querido Gabriel! qué diferente me siento ahora  a como me sentía ayer por la noche. ¡¡Los silencios son aterradores!! lo he tenido que leer varias veces para asegurarme de que te referias a mí
    Te voy siguiendo en tu evolución, te deseo lo mejor!
    Un fuerte abrazo
     

  • Rodrigo Olvera

    Hola Santiago
    Dices “yo siempre pensé que eras jesuíta, o muy cercano a la Compañía de Jesús”
     
    La primera referencia que escuche de los jesuitas fue cuando tenía yo unos 5 años, de labios de mi abuela
    -¿Cual fue la compañía de Jesús cuando nació? R= una mula y un buey
    – ¿Y cual fue la compañía de Jesús cuando murió? R= un par de ladrones
    jajajajaja. No se me tome en serio como insulto a los jesuitas, sólo un poco de humor. Estos chistes se los he contado a mis amistades jesuitas, y la mayoría de ellos los disfrutan.
     
    Dejando el humor a un lado, te cuento que hace algunos años el Provincial de México me invitó a una reunión de provincia en que se iban a discutir las relaciones entre jesuitas y laicos. En total 10 personas no jesuitas fuimos invitadas a dar nuestra opinión de la relación con jesuitas. 9 de ellas enfocaron su intervención de lo agradecidas que estaban de cómo les había cambiado la vida colaborar con jesuitas. Yo fui el último en hablar: empecé por contarles mis experiencias con lasallistas, maristas, franciscanos, diocesanos ….  y que entonces sí que tenía yo experiencia para comparar a los jesuitas (para este momento, la asamblea no paraba de reir). Después les dije que yo no podía hablar de experiencias con “los jesuitas” sino con jesuitas concretos. (En ese tiempo, yo trabajaba en un centro de derechos humanos laborales de los jesuitas, que estábamos apoyando al sindicato de una universidad jesuita en contra del jesuita que estaba de rector). Les dije que yo no colaboraba en la lucha por la justicia con los jesuitas que conocía por ser jesuitas; sino que yo colaboraba con aquellos jesuitas que luchaban por la justicia. Y con otros jesuitas que no estaban en esas luchas, no colaboraba.
     
    Supongo que los jesuitas mexicanos tienen algo de masoquistas, porque la consecuencia fue que me incorporaron a una comisión de consulta al provincial para impulsar relaciones entre laicos y jesuitas. Participé sólo un tiempo, sobre todo apuntando a las inequidades de relación que se dan no sólo entre el jesuita y el feligrés, sino especialmente entre el jesuita y el personal laboral no jesuita.
     
    Hay muchas cosas que valoro de la espiritualidad y pedagogía jesuita.  Medio en chiste y medio en serio, algunos amigos me decían que yo parecía más jesuita que amigos jesuitas. (Nunca supe si éso era un elogio o un insulto jajajaja)
     
    Saludos

  • Rodrigo Olvera

    Querido Gaby
     
    Toda mi cercanía, cariño y solidaridad a la espera de los resultados. Un abrazo para toda la familia

  • Santiago

    De la misma manera pienso yo de ti, Rodrigo, y te considero tambien un amigo, pues tenemos en comun, como dices, la búsqueda y la defensa de la verdad aunque “contradiga” nuestros sentimientos y tambien, y muy importante, la defensa de la justicia, y de los que son injustamente agredidos. ¡Que mayor prueba podemos dar, de amor a los demas, que  el que se convierte voluntariamente en defensor de  los desvalidos y de los marginados en este siglo! La cuestión fundamental es acercarnos a lo que “es verdad”, y lo que es verdaderamente justo…y esta aproximacion a la verdad, en medio del caos que vivimos en el mundo actual, puede ser una labor dificil, si no, hasta heróica..puesto que inclusive Pilato preguntó a Jesus ” ¿ y que es la verdad?  PORQUE no basta decir que es relativa a mi subjetividad, sino que la consecuencia de lo contrario -como es la mentira- podría tener graves consecuencias a nuestro alrededor….Por eso debemos aproximarnos a este tema con cautela   ¿estaré yo en la verdad? ¿será este el verdadero camino?  Por supuesto, hay cosas bastante claras y obvias…pero  en muchas otras, hay solo opiniones que puede ser…menos o mas probables…o muy probables….La decisión acertada puede ser, a veces, una verdadera agonía. Por eso, siempre vamos a necesitar ayuda..de algo mas objetivo que yo mismo
    Para que no te sorprendas y para que añadas alguna “denominación” mas a la serie de ellas, como has nombrado en tu comentario, yo siempre pensé que eras jesuíta, o muy cercano a la Compañía de Jesús…tu forma de enfocar algunos temas me recordaban a mis profesores. Sin embargo, como tu sugieres, nuestra identidad es interior, y poco importa lo que crean de nosotros. El caracter es algo que se concreta durante la vida y que adquiere -por lo general- cierta estabilidad. Lo mejor es permanecer fieles al principio de hacer el bien. Lo demas podrá ser accidental…pero “nuestra opción fundametal” es lo que importa. Y eso, es mi opinion, es lo esencial para hacer una vida constructiva y al servicio de los demas
    un abrazo       de Santiago Hernández  

  • oscar varela

    Hola!
     
    Leo en el final del Fascículo:
     
    -“ el Galileo solicita al gentío una actitud (estando) convencido de que ese mensaje consigue plenamente sus objetivos”-
     
    He aquí otro CONVENCIMIENTO de Salvador
    con cuya formulación me identifico.
     
    ALEGRÍA
     
    ABUNDANCIA de Vida
     
    POSIBILIDAD REAL (sólo está a “un paso”, “el tuyo, de cada cual”)
     
    Me resuenan en una comprensión compartida.
     
    Tal vez en la próxima Entrega se vislumbre el último rasgo,
    simbolizado en La Tierra Natural en que nos encontramos: La Vida Humana.
     
    ¡Vamos todavía! – Oscar.

  • Gabriel Sánchez

    PD concuerdo plenamente contigo Maria Luisa…Gabriel

  • Gabriel Sánchez

    Bueno que eres una completa maravilla no me cabe dura Rodrigo…aunque tu no te lo creas…Un abrazo a ese México que vive y lucha con un Montevideo, medio loco, recen queridos hermanos porque mañana recibo el resultado de la anatomía patológica.- Gabriel

  • M.Luisa

    A la vista de estas disensiones que se producen a la hora de opinar sobre uno de los  aspectos del presente tema y poderlo así tomarlo en su globalidad,    me remito a la importancia  de la diferencia  existente, todavía no apreciada por  algunos  cumpas atrieros,  entre fe y creencia.
     
    La fe,  a diferencia de la creencia  que es una adhesión ideológica a una doctrina,  es a   mi entender  la actitud humana fundamental en la vida y frente a lo real.
     
    La fe por tanto  aunque no está en el plano del conocimiento,  al abarcarnos por entero  tiene que ver con el conocimiento,  es un fermento,  un   catalizador  creciente que nos lleva finalmente  a la razón de ser de ella. De ahí que dijera hace días aquello tan perturbador de que la fe y la razón no son complementarias (esto se lo puede hacer venir bien la creencia) sino congéneres, es decir que deriva  una de la otra.   El problema está a mi modo de ver, en el modo cómo  la fe fermenta el conocimiento.
     
    Sin embargo  no es difícil considerar este modo si tenemos en cuenta que, como  además la fe según lo expresado, es una actitud frente a la vida  y  esta   nos fuerza a  vivir pensando,  si a este pensar lo anima  el carácter no temeroso de la fe,  la actividad pensante   no consistirá   en una serie  de actos  inteligentes que busquen la seguridad que ofrece las creencias sino  el deseo de conocer propio del ser humano.

  • Rodrigo Olvera

    Estimado Santiago
     
    Dices “Y el respeto a la persona es fundamental, sobre todo cuando nos llamamos cristianos”
     
    Pues yo no me llamo cristiano, pero sí te digo que no sólo respeto tu persona sino te he llegado a considerar como un amigo en nuestras diferencias.
     
    Te mando un abrazo sincero
    Rodrigo
     
    P.D.  Pienso que quizá alguna persona se sorprenda de que diga que no entro entre quienes se llaman cristianos. No deja de ser curioso que acá en Atrio me han etiquetado como católico, protestante, ortodoxo, marxista, posmarxista, moderno, posmoderno; lo mismo me ha tildado te tener prejuicios personales contra Tamayo, Masiá y Castillo cuando les critico; y ahora Francisco Javier dice que soy “fan” de Masiá.   Una de dos: o 1)soy una completa maravilla de esquizofrenia, o 2) quizá algo de congruencia he logrado desarrollar con  el lema vital  que asumí desde que tenía 13 años: defiendo lo que considero verdad aunque contradiga mi ideología.
     
    P.D. Yo apostaría por la primera de las opciones jajajaja.

  • Santiago

    AGRADEZCO vuestros sinceros comentarios,tanto de los que respetan mis opiniones, como los que las atacan. El dialogo se basa en la tolerancia mutua. Y el respeto a la persona es fundamental, sobre todo cuando nos llamamos cristianos. El debate ha de ser ideológico y menos personal pues entonces, cuando queremos ganar en el ego, todo se convierte en combate y no hay nada constructivo. He querido quedarme aquí para mostrar que muchos de los que practicamos la fe católica apostólica dentro de la iglesia queremos seguir las huellas de Cristo, que aunque fustigaba el pecado, amaba a entrañablemente a las personas…para llevarles al amor del Padre. Era esto lo que hacía atractivo a su Persona y eso es lo que debe atraer a la gente cuando ve el mismo amor de Jesus reflejado en sus seguidores. Aunque, desgraciadamente, no siempre es asi, yo he visto dentro de la iglesia muy buenos ejemplos de entrega completa al evangelio.  Y aunque no me considero bueno en el sentido de “santo”, pues tengo muchos defectos, trato de ser coherente con esa fe apostólica que es donde yo creo que se encuentra la verdad del cristianismo, pues fueron los Apóstoles los que recibieron “directamente” el verdadero sentido del mensaje del Maestro y su legado, y que ha llegado, preservado, hasta nosotros por los multiples testimonios que tenemos de los primeros siglos de la iglesia. Por lo demas, aunque la esencia es inmutable, nosotros evolucionamos cada dia y maduramos en nuestra fe para hacerla mas comprensible y asequible a nosotros mismos y a los demas. Jesus nos mandó a “predicar” la Buena Nueva. Y eso es lo que debemos hacer constantemente      un saludo cordial de Santiago Hernandez 

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