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Homilías: donde «el hijo de Dios» oscurece al «hijo del hombre»

Un recorrido por una treintena de homilías, entre otras muchas que se ofrecen en Internet, da pie para analizar el alimento espiritual, bíblico y teológico que se presenta a los fieles que asisten a las misas de los domingos. (Si alimento se le puede llamar, que para algunos no pasaría de “bazofia”).
Dejando  al margen algunas propuestas de homilía de una inspiración francamente “tridentina” hemos seleccionado un bloque de 27 cuyos autores son, entre otros, un Josef Ratzinger de los años 1980, el donostiarra Pagola o un Urs von Baltasar de la misma época y también sacerdotes catalanes, italianos o sudamericanos, de un talante más bien moderno a tono con el Concilio Vaticano II.
Ahora bien, uno se atrevería a aventurar que en todos ellos se echa de menos una atención suficiente a la condición humana de Jesús, que tanto empeño ponía en ser considerado “hijo del hombre”, y una interpretación de los hechos de tejas abajo, ocurridos en nuestro suelo y en nuestro planeta, tal como la haría un ser humano si fuese testigo de un hecho así en este siglo.
Concretamente nos hemos fijado en el evangelio del domingo VII del Tiempo Ordinario, en el que Marcos (2, 1-12) narra la curación de un paralítico que fue descolgado por un agujero hecho en el tejado de la casa. Jesús, curador que conocía del hombre, por intuición compasiva, lo que hoy puede conocer un médico o un siquiatra, se supone (no se dice) que hizo su pronóstico de la enfermedad de aquel paralítico y de la incidencia que en su parálisis tenía el complejo de culpabilidad que le torturaba. Por eso, su primer diagnóstico o receta fue: “Tus pecados están perdonados”. Los guionistas de las 27 homilías se apresuran a teorizar sobre el poder de Jesús de perdonar los pecados, que conlleva automáticamente su condición divina.
Tal vez podría aventurarse que en ese momento Jesús no se arroga su condición divina, sino simplemente tranquiliza al paralítico y le garantiza que su pecado no existe, está perdonado. Ante todo intenta liberarlo del complejo de culpabilidad que para Jesús carece absolutamente de fundamento y de sentido.
Pero no solo se recurre inmediatamente a la tesis de la divinidad de Jesús, también se abre una cascada de discursos sobre el pecado que está presente en el mundo y en todas las personas, sobre Dios que perdona, sobre las especies de pecado más en curso en nuestro mundo de hoy, sobre cómo le hemos vuelto las espaldas a Dios… tema éste muy socorrido para Josef Ratzinger.
Ni qué decir tiene que ya puestos en el tema del pecado se enlaza con ese tema inmediatamente al sacrificio de la Cruz como gesto redentor y liberador del pecado, a todos los discursos de todos los profetas sobre el pecado de Israel… Un tema que da mucho de sí…

Inmediatamente se suscita la polémica con los fariseos que le acechan: “¿Quién puede perdonar los pecados sino solo Dios?”
Y se vuelve a la carga, parece que hay prisa por dejar a un lado al “hijo del hombre”, el médico y siquiatra que se interesa por las enfermedades de sus semejantes, que no entiende tanto de esa dicotomía un tanto artificial entre cuerpo y alma del ser humano, sino que lo considera como una unidad a la que afectan enfermedades físicas y síquicas, y busca su curación integral.
Jesús acepta el reto de los fariseos: “¿Qué es más fácil: decirle a este paralítico: Perdonados están tus pecados, o curarle? Pues para que sepáis que el “hijo del hombre” (!otra vez el hijo del hombre!) tiene poder para lo uno y lo otro…
La escena termina con la curación de la parálisis, el paralítico, ante el triple mandato de Jesús: “levántate” “coge tu camilla” y “vete” coge su camilla al hombro y sale de la casa alabando a Dios.

¿Hasta qué punto se impone dictaminar una intervención extranatural y milagrosa de Jesús para interpretar este relato evangélico? ¿De qué pecado habla Jesús? ¿O bien simplemente se adapta a la filosofía-teología del pueblo que le rodea sobre el pecado y la culpabilidad del hombre frente a Dios, y se limita a decir que ese “constructo” mítico de la mentalidad judía quedaba superado por la primacía del ser humano y el pacto que Dios estableció con él por el mero hecho de crearlo? ¿Que un ser humano puede declarar extinguidos los pecados sencillamente porque para Dios el pecado no existe, porque el único requisito de la salvación del ser humano es su voluntad de superarse, de renunciar a un pasado de malas obras?

¿Cómo y en qué condiciones se puede trascender el relato “a lo humano” de este episodio y situarlo en una clave teológica, explicar a los fieles que acuden a la misa del domingo la lectura “a lo divino” que se puede hacer de él.
Seguramente habría que llegar a un tratamiento del texto evangélico en cuestión desde una perspectiva teológica y mística. Pero me temo que, al no haber valorado la dimensión humana de los hechos, los autores de estas homilías se incapacitan para trascender un tratamiento previo que ni siquiera han olido de lejos. No se puede hablar de Jesús hijo de Dios si se desconoce a Jesús hijo del hombre, diría uno…
La verdad es que el que acuda regularmente a la misa de los domingos en una iglesia cualquiera tiene que soportar homilías y explicaciones del evangelio en las que el “hijo del hombre” que se nos muestra en los textos de los cuatro evangelistas pierde su fisonomía humana completamente. Explicaciones del evangelio donde el Hijo de Dios habla un lenguaje solo apto para iniciados, y vive en la luna o más arriba.
Hace mucho tiempo que se impone una lectura del evangelio “en equipo” unas homilías dialogadas en las que cada uno exteriorice y comparta con toda la comunidad cómo entiende el texto de que se trata. Muy bien que al final el presidente de la asamblea cristiana haga el resumen o síntesis de lo que cada uno ha aportado, pero soportar discursos hueros y repetitivos sin emoción y sin contenido, faltos de actualidad y de humanismo, como los que se soportan muchas veces, es francamente desalentador.

NOTA. Las homilías mencionadas pueden localizarse haciendo clic en “Homilia. Domingo VII del Tiempo Ordinario. Ciclo B”. Aparece una primera homilía suelta y al final se vuelve a hacer clic en “26 Homilías más para el Domingo VII del Ciclo B”

4 comentarios

  • Gabriel Sánchez

    En primer lugar saluda al querido hermano Honorio con un gran abrazo…en segundo me voy a permitir, marcar algunos puntos que me parecen que valen tener en cuenta,algunos en confluencia y otros digamos que con una mirada diferente a la de Honorio…

    En primer lugar, no recuerdo otros textos del evangelio de Marcos, en donde la motivación “compasión” sea explícitamente puesta como motivación de la acción de Jesús, salvo estos dos (lo que no quiere decir que no haya, simplemente que no los recuerdo)…que pego a continuación:
    Mc 1,41
    Él se compadeció, extendió la mano, lo tocó y le dijo: —Lo quiero, queda sano.
     
     
    Mc 6, 34-36 (Se compadeció)
    Al desembarcar, vio un gran gentío y se compadeció, porque eran como ovejas sin pastor. Y se puso a enseñarles muchas cosas.[35]Como se hacía tarde, los discípulos fueron a decirle: —El lugar es despoblado y la hora está avanzada,[36]despídelos para que vayan a los campos y a las aldeas vecinas a comprar algo para comer.[37]Él les respondió: —Dadles vosotros de comer.
    http://www.pastoralsj.org/biblia/buscabiblia.asp?libro=49&dcap=6&dver=34

     
    http://www.pastoralsj.org/biblia/buscabiblia.asp?libro=49&dcap=1&dver=41

    La multiplicación de los panes y los peces…y el segundo la curación de un paralítico…
     
    Justamente Jesús vio, miro…sin embargo, existe la acción que de alguna manera obra como “facilitando” , “posibilitando”…que Jesús actúe…La primera en el leproso, es la audacia del leproso de acercase…de violar las reglas que excluían esa posibilidad y de de tener Fe que Jesús puede limpiarlo…Hay aquí una relación directa entre la persona que necesita ser liberada y Jesús, que es su capacidad por sobre toda lógica dominante…de dar el paso de saltar al vacío, de confiar ciegamente…violando incluso las normas religiosas…eso, motiva la compasión, que tiene que ver con la idea de padecer con…para eso Jesús…lo toca, se hace el mismo impuro…ese compadecerse nos habla de un sufrimiento físico, que arranca de las entrañas mismas de Jesús, al ver al oprimido, seguramente sentía eso no por este leproso solamente sino por todos, pero la liberación que Jesús le brinda, comienza con  la acción del mismo  leproso, el paso de acercarse y tener Fe…,
     
    En el caso de de la multiplicación de los panes, Aquí el papel de la comunidad, se vuelve importante, van a preguntar quienes están dispuestos a compartir lo que tienen…la persona…o personas (una antigua tradición habla de un muchacho)…pero en este evangelio, son anónimos…pero se recolectaron algunos panes y algunos peces… (Recordemos que la mayoría de las veces los números tienen un carácter simbólico)…Eso posibilita la acción de liberar…compartiendo…multiplicando…
     
     
    Y en particular en la curación del paralítico lo que motiva a Jesús a actuar de la forma que lo hace, es además del inmenso amor de Dios, por nosotros, especialmente por los que más sufre, es algo  que lo recalca y menciona el evangelio que parece hacerlo con fuerza… (Obviamente supongo…no hay forma de establecerlo con absoluta seguridad, que lo que impulsa a Jesús…a actuar de determinada manera, es el mostrar, vinculaciones y relaciones en donde Dios Reina…y mostrar las dinámicas de salvación de Dios)…pero aquí lo dice explícitamente… Viendo Jesús la fe que tenían, dijo al paralítico: —Hijo, tus pecados te son perdonados (Mc 2,5)

    Es la fe de la comunidad, la que motiva a Jesús a actuar concretamente, claro que parte de ese ver…vio…que es el centrar su atención, a pesar de estar anunciando la palabra…Aquí la fe de que tenían se vuelve algo fundamental para la liberación, se puede decir que esa fe…llevo a la comunidad (los cuatro y el paralítico), a actuar, a desafiar las dificultades juntos y acercarse a Jesús, que tenía  la autoridad (exousia) ἵνα δὲ εἰδῆτε ὅτι ἐξουσίαν ἔχει ὁ υἱὸς τοῦ ἀνθρώπου ἀφιέναι ἁμαρτίας ἐπὶ τῆς γῆς- λέγει τῷ παραλυτικῷ·

    La Palabra griega empleada en Marcos 2,10 ἐξουσίαν (exousia), autoridad-potestad- se diferencia de la palabra δύναμη (dýnamē) , que podía traducirse como la Fuerza de Vida…en el contexto evangélico y creyente… δύναμη μία εστίν , si la fuerza que muchas veces se traduce poder, es uno…El de la trinidad, de ella participan en Jesús los hombres que reciben la fuerza de Vida de Dios…

    En resumen se habla de la autoridad de este hombre o del hijo del hombre (como prefieran traducirlo)…el dilema aquí es si refiera a que los hombres tienen la autoridad o Él Jesús tiene la autoridad veamos, más allá de exegesis, tenemos con nuestro modestísimo conocimiento…que la referencia tiene la siguiente secuencia
    ἐξουσίαν   autoridad

    ἔχει  tiene

    ὁ la                por lo que entiende el conjunto ἔχει ὁ pude traducirse por la tiene

    υἱὸς  Hijo

    ἀνθρώπου  del Hombre

    ἀφιέναι   para perdona

    ἁμαρτίας  pecados
    Quien es el hijo del hombre que tiene autoridad para perdonar pecados…, me parece que la clave de esto esta en lo que pensaban los fariseos… Mc 2,7

    οὗτος este

    βλασφημεῖ Basfema
    τίς Quien
    δύναται es capaz

    ἀφιέναι perdonar

    ἁμαρτίας pecados

    εἰ si

    μὴ no

    εἷς uno

    θεός Dios

    Mc 2,11

    Σοὶ λέγω, ἔγειρε καὶ ἆρον τὸν κράβαττόν σου καὶ ὕπαγε εἰς τὸν οἶκόν σου. (Mc. 2,11)
    Σοὶ A usted

    λέγω digo    (el digo, implica el yo te digo, no dije, diré…no dirán otros)

    ἔγειρε surgir-emerger-levantarse

    ἆρον subir

    τὸν La

    κράβαττόν estera –(se suele traducir por camilla)

    Los textos parece parecen sugerir…que el que blasfema y quien se atribuye la autoridad y quien le dice levante(ejerce la autoridad)…surge y toma tu estera…es el mismo Jesús, que al menos por esta ocasión podemos perfectamente identificar a partir de los textos en griego es Jesús mismo, es más…en el momento en que dice levántate-surge…emerge…al paralítico desde nuestro modesto punto de vista , ejerce la exousia y da…dona, la dýnamē fuerza de Vida de Dios…

    Otros aspectos relevantes… me parece importante Marcar el hecho de que no era usual, que a una casa, entrara un enfermo, eso no sólo contaminaba a las personas, sin que volvía impura a la casa y sus objetos…y por supuesto quienes Vivian en ella, la respuesta de Jesús…tiene mucho que ver con algo que nos dice la reflexión  de koinonia, de la que tomamos algunos fragmentos que nos parecen sinceramente brillantes… “Como el domingo pasado, estamos ante esa unidad de palabra y acción, de teoría y práctica, de decir y hacer… Jesús es maestro de esa unidad. Y sus discípulos también lo hemos de ser. Tenemos un mensaje de salvación que hay que anunciar, pero que también hay que «realizar», aunque sea con gestos simbólicos. La Utopía, («¡el Reino!») no sólo debe ser anunciado (hablado, dicho, comunicado, informado, pensado, teorizado), sino construido (hecho, realizado, implantado, promovido, luchado). La Buena Noticia no sólo tiene que ser anunciada-explicada, sino mostrada-evidenciada, primero en nuestra propia vida, también en la comunidad y, hasta donde nos dejen, en la sociedad.” Con cariño para todos…A propósito monumental movilización  en España…al grito de Huelga, Huelga…parece que tienen razón la gente de koinonia, el Reino hay que lucharlo… Gabriel

  • ELOY

    Amigo Honorio:
    Hace algún tiempo que no escucho muchas homilías, aunque cuando las escuchaba más frecuentemente (aparte de intentar todo lo positivo que pudiera de ellas, como de todo en la vida), es verdad que muchas veces notaba un gran desfase entre lo que se dice y la realidad circundante y, a veces, incluso elementales normas de prudencia y respeto a formas distintas de pensar.
     
    Pero como digo, no tengo experiencias recientes y por ello no puedo extenderme más en este tema. Lo que si he visto es el “sermón” (con otras intervenciones participativas) sobre el tema de Pasta de Conchos, puesto en ATRIO en el artículo de Rodrigo Olvera. Es evidente que el estilo es muy distinto al habitual que conocemos por aquí.

  • Héctor

    Honorio, qué oportuna tu homilía de hoy. He ido a oír una homilía más a una iglesia donde había 100 personas, (1,8 % en un pueblo de 5500 habitantes), casi todos mujeres, muy pocos hombres, todos funcionarios y funcionarias de clase media. Allí no estaban los marginados de esta sociedad nuestra bendecida por Dios con el progreso y el bienestar concedido por pingües salarios o pensiones de jubilados. No había pobres ni desempleados ni paralíticos ni desahuciados.

    Los asistentes al igual que los letrados venidos de la ciudad para observar a Jesús permanecíamos en silencio sentados mirando en la lejanía al hombre vestidos con ornamentos del siglo iv, de los tiempo de Milán (313) y  Nicea(325). Aquel hombre nos hablaba de otro Jesús que según él estaba encerrado allí bajo llave porque era Dios y así había que venerarle. Todo debíamos creer lo que él decía. Dentro de la Iglesia nadie podía usar su cabeza, el nos prestaba la suya a todos y pensaría por nosotros.

    No nos dijo nada del sentido figurado con que Marcos presentaba la escena del paralítico: una multitud asfixiante e inmóvil que no dejaba paso a nadie. que separaba a Jesús de quien quisiera acercarse a él. Cuatro hombres llevan al paralítico: más simbolismos, la humanidad, cuatro, los cuatro puntos cardinales. Es la humanidad la que tiene que aprender de la verdadera fe de aquellos hombres. Así era Marcos. Nadie habla: ni siquiera los letrados. Pensaban  no hablaban. No hablaron los portadores. Sólo habla Jesús. No para que se fijen en lo que hace sino para que se fijen en aquellos cuatros hombres de fe. La fe que tenían movió a Jesús a decir que allí no había pecados y que todo el que quiera andar andará. La verdadera fe es estar con los demás para que anden, para que vivan, para que sean felices. (Ver Salvador Santos Un paso un mundo página 104).

    Este es el Jesús que yo quiero. Me quedo con él.  Como dice mi amigo Luis Cobiella: “Jesús está aquí, hoy, en los que padecen hambre hoy, en los que necesitan justicia hoy: en esto radica para mi, el principio de la fe, creer que esos hoy, ahora, son Jesús de Nazaret: he ahí su presencia actual…”

  • Mariana

    Estimado Honorio:
    Tengo 47 años y fui a misa durante gran parte de mi vida; en general sintiéndolo de corazón y no por el mero hecho de cumplir con un precepto; hubo temporadas en que también participé de las celebraciones semanales, y llegada a mi juventud decidí una participación más activa, fuese como lectora, cantante o animadora. Lo que yo observaba por entonces era que la comunidad (si la había, en el mejor de los casos) lucía solamente como espectadora “acrítica” de lo que decían, callaban, hacían o no hacían los que se movían cerca del altar. Y si bien pasé mis últimos años como católica en una iglesia “progresista” aquí en la ciudad de Buenos Aires, donde se había cambiado la espacialidad del templo, se reemplazaban las lecturas del AT por textos contemporáneos,  y el sacerdote podía hasta descalzarse en medio de la misa, siguen siendo solo los religiosos los que definen en última instancia lo que habrá de “tener lugar” durante la celebración. Para eso pasan casi diez años enclaustrados en sus seminarios, perdiendo contacto con sus sueños más nobles, y pertrechándose obligatoriamente de una ideología funcional a los intereses de la curia; la que sea. De ahí que ya no me inspire la iglesia y busque la palabra humana más genuina entre la gente, como hacía el maestro Jesús, que bien decidido tuvo eso de alejarse de templos, sinagogas, rabinos y dogmas.
     
     

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