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«¿Dando se recibe?»

Estamos en tiempo de montaje del gobierno. Hay disputas por cargos y funciones por parte de partidos y de políticos. Se realizan negociaciones, cargadas de intereses y de mucha vanidad. En este contexto, se oye citar este tópico de la inspiradora oración de san Francisco por la paz: «es dando como recibiremos» para justificar la permuta de favores y de apoyos donde corre también mucho dinero. Es una manipulación torpe del espíritu generoso y desinteresado de san Francisco. Pero dejemos a un lado estos desvíos y veamos su sentido verdadero.

          Hay dos economías: la de los bienes materiales y la de los bienes espirituales. Una y otra siguen lógicas diferentes. En la economía de los bienes materiales, cuanto más das bienes, ropas, casas, tierras y dinero, menos tienes. Si alguien da sin prudencia y derrocha sin control acaba en la pobreza. En la economía de los bienes espirituales, por el contrario, cuanto más das, más recibes; cuanto más entregas, más tienes. Es decir, cuanto más das amor, dedicación y acogida (bienes espirituales), más ganas como persona y más subes en el concepto de los demás. Los bienes espirituales son como el amor: al dividirse se multiplican. O como el fuego: al extenderse, aumentan.

          Comprendemos esta paradoja considerando la estructura de base del ser humano. Es un ser de relaciones ilimitadas. Cuanto más se relaciona, o sea, sale de sí en dirección al otro, al diferente, a la naturaleza y a Dios, es decir, cuanto más da acogida y amor, más se enriquece, más se adorna de valores, más crece e irradia como persona.

          Por lo tanto, es dando como se recibe. Muchas veces se recibe mucho más de lo que se da. ¿No es ésta la experiencia atestiguada por tantos y tantas que dan tiempo, dedicación y bienes para ayudar a las víctimas de la hecatombe socioambiental ocurrida en las ciudades serranas de Río de Janeiro, en este triste mes de enero, cuando murieron cientos de personas y miles quedaron sin techo? Este «dar» desinteresado produce un tremendo efecto espiritual que es sentirse más humanizado y enriquecido. Se convierte en gente de bien, tan necesaria hoy.

          Cuando alguien que tiene da sus bienes materiales dentro de la lógica de la economía de los bienes espirituales para apoyar a los que perdieron todo y ayudarlos a rehacer la vida y la casa, experimenta la satisfacción interior de estar con quien lo necesita y puede testimoniar lo que decía san Pablo: «hay mayor felicidad en dar que en recibir» (Hch 20,35). Alguien que no es pobre se siente espiritualmente rico.

          Existe por lo tanto una relación circular entre el dar y el recibir, una verdadera reciprocidad. Ésta representa, en un sentido mayor, la propia lógica del universo, como no se cansan de enfatizar biólogos y astrofísicos. Todo, galaxias, estrellas, planetas, seres inorgánicos y orgánicos, hasta las partículas elementales, todo se estructura en una red intrincadísima de inter-retro-relaciones de todos con todos. Todos co-existen, inter-existen, se ayudan mutuamente, dan y reciben recíprocamente lo que necesitan para existir y co-evolucionar dentro de un sutil equilibrio dinámico.

          Nuestro drama es que no aprendemos nada de la naturaleza. Sacamos todo de la Tierra y no le devolvemos nada, ni siquiera tiempo para descansar y regenerarse. Sólo recibimos y nada damos. Esta falta de reciprocidad ha llevado a la Tierra al desequilibrio actual.

          Urge por lo tanto incorporar de forma vigorosa la economía de los bienes espirituales a la economía de los bienes materiales. Sólo así restableceremos la reciprocidad del dar y del recibir. Habría menos opulencia en las manos de pocos y los muchos pobres dejarían de ser carentes y podrían sentarse a la mesa comiendo y bebiendo del fruto de su trabajo. Tiene más sentido compartir que acumular, reforzar el vivir bien de todos que buscar avaramente el bien particular. ¿Qué nos llevamos de la Tierra? Solamente bienes del capital espiritual. El capital material se queda.

          Lo verdaderamente importante es dar, dar… y otra vez dar. Solo así se recibe. Y se comprueba la verdad franciscana según la cual «es dando como se recibe» ininterrumpidamente amor, reconocimiento y perdón. Fuera de esto, todo es comercio y feria de vanidades.

Leonardo Boff es autor de La oración de san Francisco, un mensaje de paz para el mundo actual, Sal Terrae 2005.

[Traducción de MJG]

5 comentarios

  • kaláa

    Hola joana!
    Tranquila,  por lo menos a mi me ha llegado , lo acabo de abrir….
    Saludos.

  • joana

    creo que es sumamente importante para los que queremos ser continuadores de un mundo mejor avivar la capacidad de análisis para saber lo que la sociedad actual necesita. Ser creativos, potenciar la imaginación para dar nuevas formas, nuevo lenguaje y distintas actitudes si queremos que entiendan nuestro compromiso de expandir el amor manisfestado en solidaridad, igualdad de oportunidades…Hay que abrir las puertas para acoger a TODAS las personas sin distinción especialmente a los más indefensos.
    Tenemos que saber trasladar el vino viejo en odres nuevos. No esperemos que otros lo hagan, empecemos cada uno dentro de sus posibilidades.

  • joana

    quiero saber si con estos datos les llega el correo

  • fernando

    A mi me parece que la clave no esta en dar. Hay momentos en los que dar es un tormento. Podemos dar convirtiendo en objetos las cosas mas preciadas. Solamente dándose (dar-se) es como uno tiene la oportunidad de encontrarse (recibir-se). Estamos destruyendo la tierra porque la seguimos viendo como objeto en nuestra relacción con ella.

  • Gabriel Sánchez

    La querida y vieja sabiduria Franciscana, desplegada en el profetismo genial de Leonardo, nos devuelve una sabiduria olvidada, que alguna vez Compte Resumio en una frase…
    Vivir para los demás no es solamente una ley de deber, sino también una ley de felicidad.”

      Los caminos del Reino, las dinamicas comunitarias, que integran la libertad individual en el bien comùn, sin anularlas, son el camino de la Felicidad, el camino que Jesus nos muestra en las Bienaventuranza y en el que esta el itinerario vital de ser Feliz, que nos hace constructores del Reino… Gabriel

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