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Mohamed Boazizi, mártir

Todos conocemos ya la historia del joven informático tunecino en paro Mohamed Boazizi que, para sostener a su madre y a su hermana, vendía frutas y vegetales sobre una pobre mesa sin autorización en una pobre calle de Sidi Bouzid. La policía derribó su mesa, las frutas y verduras corrieron por el suelo, en la casa faltó el pan, la desesperación y la esperanza se batieron violentamente, y el joven Mohamed Boazizi se resolvió a algo terrible. ¿Qué pasaba por su corazón mientras se inmolaba en llamas? ¿Pudo más la desesperación? ¿Pudo más la esperanza? ¡Quién lo sabe! Pero es otra la pregunta pertinente: ¿Qué miras en ese cuerpo en llamas? ¿Qué te revela ese fuego y a qué te llama?

          Hace mucho tiempo –lo cuenta el libro del Éxodo de los hebreos–, en el desierto pagano de Madián, cercano a Túnez, un fugitivo llamado Moisés –que la paz sea con él– pastoreaba el rebaño de su suegro Jetró. Un día se sintió irresistiblemente atraído por la cima del Horeb, llamado también Sinaí, y observó una visión admirable: una zarza que ardía sin consumirse. Moisés se descalzó de sus míseras sandalias y se acercó asombrado. Era Dios. ¿Un Dios pagano? Era el único Dios, más allá de todos los nombres. Dios en forma de Zarza Ardiente, Dios envuelto en llamas, Dios bonzo, Dios mártir. Desde el fondo ardiente de todas las llamas que abrasan el mundo, Dios dijo a Moisés: “He visto la aflicción, he oído el clamor, he mirado el dolor. Voy a bajar para libraros. Vete al faraón, y saca a este pueblo de su esclavitud”. Así habló Dios a Moisés en el Horeb, el Sinaí, el Atlas. Así habló en Mohamed Boazizi.

Mira, escucha, déjate estremecer. Déjate llamar por esas llamas sagradas. Mira la infinita belleza del desierto de Túnez y su infinita tristeza: ¿Qué ves? Mares de arena dorada, mares de dunas rosadas al amanecer, azules al anochecer. ¿Qué ves? Mares de dudas, de historias irresueltas, de caminos sin meta… ¿Qué ves? Oasis de fuentes frescas, de bellas palmeras con grandes racimos de dátiles dorados…

          Mira a Mohamed Boazizi –¡Dios lo guarde!– envuelto en llamas. ¿Qué ves? Dios sin nombre y con todos los nombres, Dios sin mesa ni pan, Dios en paro. Dios que espera contra toda esperanza. Dios que arde y jamás se consume. ¿Qué ves? Un joven tunecino de 26 años, mártir por dar pan a su madre y a su hermana. Mártir de su país, mártir de nuestro mundo. Mártir de Dios.

 “Mártir” significa testigo. Un joven informático que se pone a vender frutas y verduras en la calle para dar de comer a su madre y a su hermana es martirio y testimonio. Una pobre mesa violentamente arruinada por un régimen dictatorial es martirio y testimonio de aquello que hay que abatir y de aquello que no es lícito abatir (Jesús jamás habría derribado esta mesa, como derribó aquella otra en el atrio del templo, desafiando al Sanedrín judío y al prefecto romano). Esos santos frutos de la tierra tirados por el suelo en un mundo hambriento son un terrible testimonio y martirio de lo santo y de lo inicuo. Un muchacho árabe –creyente o increyente, musulmán o laico, ¿qué más da?– enfrentándose a un régimen árabe dictatorial, sostenida por cierto por nuestra Europa, la Europa sedicente democrática y defensora de derechos humanos…, ese muchacho es un mártir, un testigo fidedigno de aquello que es justo y de aquello que no lo es. Y estaría muy bien que nuestra Iglesia lo canonizara ya mismo por aclamación, y creo que la campaña “subito santo” estaría más indicada en este caso que en algún otro en el que ya está en marcha a bombo y platillo desde el propio Vaticano. Mohamed Boazizi sería proclamado “subito santo” si leyéramos el Evangelio, no desde catecismos y cánones, sino desde lo único que importó a Jesús: la misericordia y la justicia y las Bienaventuranzas que no conocen fronteras.

          Era 17 de diciembre cuando Mohamed se hizo Zarza Ardiente. Justamente, ese día celebramos los cristianos católicos “la Virgen de la O”, la Virgen preñada, porque ese día empezamos a entonar y a desgranar las siete bellísimas “antífonas de la O”, una por día al atardecer hasta el día 23, víspera de la Nochebuena: “Oh Sabiduría que lo ordenas todo con firmeza y suavidad”, “Oh Adonai, Señor, que te mostraste a Moisés como Zarza ardiente”, “Oh Renuevo del tronco viejo y signo levantado para todos los pueblos”, “Oh llave que liberas de sus mazmorras a todos los cautivos”, “Oh sol que naces de lo alto para iluminar a todos los que viven en sombras de muerte”, “Oh Deseado de los pueblos para hacer de todos ellos uno solo”, “Oh Emmanuel, esperanza de salvación para todas las naciones”.

          Seguiremos cantando con emoción cada Adviento las siete “antífonas de la O”. Seguiremos celebrando a la Virgen preñada con su vientre abultado de vida, su vientre lleno de Jesús. Pero ya no deberemos olvidar a Mohammed Boazizi, envuelto en llamas para consumir un mundo y alumbrar otro. Y con él recordaremos al monje budista Thich Quang Duc quemándose en Saigón en 1963, a Jan Palach inmolándose en la plaza de Praga en enero de 1969 y a tantas y tantos otros bonzos desconocidos de todas las causas justas y de todas las convicciones. Y evocaremos con piedad conmovida la escena del monte Horeb o Sinaí, y escucharemos las palabras que “consumen y no dan pena”: “He visto. He oído. He mirado. Voy a bajar. Vete”, pues ¿cómo quieres que baje Dios si no vamos tú y yo y nos dejamos quemar hasta que nadie tenga que arder? ¿Cómo, si no, acompañaremos a la Virgen preñada y a todas las madres para que den a luz en la noche?

          No sé lo que pasará en Túnez. Nadie lo sabe. No sé si se establecerá sin tardar una auténtica democracia laica, o se impondrá un islamismo más o menos moderado, o los de siempre dejarán que pasen los meses para que todo siga igual. No sé si las llamas de Mohamed Boazizi seguirán ardiendo y acabarán arrastrando a todos los países árabes y a tantos otros países –ya tiene imitadores en Argelia y Egipto–, o el miedo y la fuerza acabarán pudiendo como casi siempre. No sé, nadie sabe lo que pasará en Túnez. Pero una cosa queda clara a la luz de estas llamas: la sedicente Europa democrática no puede quedarse mirando a ver qué pasa, como si ella no tuviera nada que ver con lo que ha pasado, con lo que pasa en todo el mundo. Como si ella no estuviera sosteniendo dictadores y terroristas allí donde conviene por razones de negocio. Como si ella no hubiera sostenido hasta última hora al dictador Ben Alí, y no hubiera callado vergonzosamente hasta ultimísima hora, hasta ver cómo terminaba. Como si no fuera ella la que guarda en sus arcas todo el oro que sacaron el dictador y su familia. Europa no puede seguir traicionando en la práctica sus grandes principios, amparándose en el “realismo político” (léase económico) o escudándose en cómodos e interesados tópicos de que el Islam es incompatible con la democracia, el laicismo, los derechos humanos y la razón crítica. Si Europa sigue eludiendo sus responsabilidades, es seguro que todo seguirá igual, es decir, todo irá a peor en todas partes. Y sería como si Moisés hubiese dicho al Dios ardiente de la Zarza: “No. Yo no iré”. Entonces nada será posible.

          “He visto. He oído. He mirado. Voy a bajar. Vete”, te dice Dios en todos los lugares donde sigue ardiendo la zarza, la vida, el cuerpo, el alma de sus criaturas. 

Para orar. “Hijo, no te rindas” 

Hijo,
no te rindas,
por favor, no cedas.

Aunque el frío queme.
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños.

Porque cada día es un comienzo nuevo,
porque ésta es la hora y el mejor momento,
porque no estás solo,
porque Yo te quiero (Mario Benedetti)

 PD. 1) El próximo verano dirigiré una tanda de Ejercicios Espirituales (en silencio), del 14 de Agosto (domingo) por la noche al 20 de Agosto (sábado) al mediodía. Lugar: El Espino (Burgos), cerca de Miranda de Ebro. Para informarse e inscribirse, podéis llamar a Txema (943 431635) o escribirle: jormazabal@irakasle.net

          2) Está a la venta el nuevo libro “Las charlas de José Arregi”, que recoge los textos de algunas charlas de estos últimos años o meses. Quien lo desee adquirir, lo mejor es que lo pida o encargue en su librería habitual (más información en www.feadulta.com).

11 comentarios

  • Gracias Joxé Arregui  por ser la voz a los que no lo pueden hablar.
    Con la complicidad de Europa se ha mantenido al Ben Ali y su mafia hasta el último minuto. Y ahora los que forman opinión se atreven a cuestionar si este pueblo Tunecino tiene capacidad de pensar, de creer en la democracia, de salir adelante por sí mismo. Estos nos siguen transmitiendo  que el mundo se divide en categorías, que hay pueblos  de segunda o tercera categoría  que no están preparados para la democracia. Pensamiento que también tuvieron cuando murió Franco y no creían en la posibilidad de que saliésemos adelante sin un Dictador

  • h.cadarso

      Boazizi se merece este homenaje de Arregui y de todos nosotros. Pero a nosotros nos toca una reflexión más amplia sobre lo que está sucediendo en el Magreb, Egipto, Yemen…y lo que te rondaré, morena, porque parece que la cólera popular crece como un tsunami.
      Hace como un año que denunciábamos aquí la falta de democracia de casi todos los gobiernos de países islámicos. Llevamos tiempo denunciando la crisis económica, el absoluto desprecio de los grandes gurús de la economía y los gobiernos que les hacen la pelota por el sufrimiento de los pueblos. En fin de cuentas, los gobiernos vuelven la espalda a los pueblos por igual en los países desarrollados y en los otros, lo que están denunciando los del Magreb, los gobiernos que le vuelven el c. al pueblo y la miseria y el espolio del pan de los pobres por parte de los gurús de las finanzas, son problemas que padecemos todos. Pero parece que solo los del Magreb se han rebelado contra este desaguisado, mientras nosotros callamos y aguantamos como p.
      O sea, que lo que tienen derecho a esperar de nosotros los norteafricanos es, desde luego, nuestra admiración y aplauso, que nos traguemos de una vez todas las palabras de desprecio que hemos proferido contra los pueblos del mundo árabe y su religión, pero también, sobre todo también, que nos solidaricemos con su rebeldía, cada uno en la medida de nuestras fuerzas y generosidad.
      Obras son amores, y no buenas razones.

  • Hasta el último minuto de la salida del mafioso Ben Ali y su panda, Europa y sus intereses han estado callados.
    Muchas gracias Joxe  Arregui por hablar.

  • Gabriel Sánchez

    erratas donde dice noche cotidiana, debe decir de la lucha cotidiana…Gabriel

  • Gabriel Sánchez

     Tal vez, este joven en su desesperación haya encendido una Luz, que termine incendiando primero todo el oriente y finalmente el mundo…Extraña paradoja que para prender esa llama, haya debido inmolarse…duele…y nos rebela la miseria de la condición humana…Y la necesidad de la noche cotidiana de todos…para alumbrar un mundo donde los hijos de Mohamed Boazizi…tengan un lugar y  también  los nuestros…Gabriel

  • Antonio Vicedo

    Parece ser que a nuestra racionalidad sobre lo justo, y un testimonio lo debe sre y parecer, no le casa el que la bondad de un fin justifique cualquier imperfección de los medios, sobre todo, si como sujetos libres y responsables lo qu está en juego es la disposición de la vida propia o ajena, en tanto BIEN SUPREMO.
    Podemos explicar las actitudes y comportamientos violentos contra uno mismo o contra los demás, pero de ahí a dejarlos justificados y considerarlos testimoniales hay un largo trecho.
    Antes que considerar la autodestrucción violenta como justa y testimonial (martirio) habría que considerar mártires a cuantos mueren por efecto de cualquier violencia ajena por acción u omisión. Todos ellos, como el arquetípico Abel,  son testigos (mártires) del desafortunado comportamiento violento del hermano Caín.
    Si consideráramos la autoinmolación de Mohamed, como víctima de circunstancias insuperables a su condición de sujeto -persona-, podríamos considerar su muerte como un martirio más junto a quienes, en su impotencia  llegan a la incapacidad de sobrevivir, pero entonces, la singularidad del testimonio tendría que quedar asociada a la de todas las víctimas de cualquier clase de violencia

  • Mohammed Boazizi… testigo (mártir) de la miseria y de la desesperación, de la avaricia, de la injusticia… si queremos verlo desde ahí como mártir pues vale. También se llama mártir a los hombres/mujeres bomba…
    Yo llamo mártir a quien deja que le maten (ni se mata ni mata a otr*s) por no renunciar a la verdad de la que da testimonio… Matarse puede ser una manera de protestar, también una manera de acabar con el sufrimiento cuando no se puede más… en momentos de mucho sufrimiento una verdadera tentación…
     
    Siento mucho lo que está sucediendo en Tunez, un país tan precioso, tan luminoso, con gente tan hospitalaria y tan buena. Estuve hace tres años y medio allí de vacaciones con mi hija  (barato, barato, je, je) y volví enamorada de tanta luz, tanto color… tanta amabilidad. Espero que las cosas vayan mejorando, esa gente lo merece.
     
    He subido al blog una entrevista que hicieron hace poco a un muy querido amigo/hermano tunecino que vive en Vitoria. Si queréis verlo no tenéis más que pinchar sobre mi nombre.
     
    Saludos foreros.

  • mªpilar garcía

    ¡Gracias José Arregui!
     

    Muchas voces, llamas, vidas entregadas:
     

    Para que cambie ¡ya! el ritmo injusto de este mundo.
     

    Mientras el poder (toda clase de poder) está ciego y sordo a estas llamadas.
     

    ¡Ah! d. dinero, ¡cuanta fuerza posee! ¡cuanto temor alberga… por si se pierde!


    ¡Cuanta injusticia cruel, reparte a manos llenas, en el 80% de la esta doliente humanidad!
     

    ¿Desde la lucha casi desesperada de los más castigados, se conseguirá algún rasgo de misericordia?
     

    ¿O dejaran que la tierra se vaya consumiendo ante el mal uso de todas sus riquezas, que solo nosotros somos responsables de cuidar, multiplicar, en  bien para todos los humanos?
     

    Solo el grito unánime de cuantas personas sufren tamaña injusticia, y a costa de muchas vidas truncadas:
     

    “Quizá, la mirada de este mundo, comience a cambiar”

    mª pilar

  • ELOY

    Me alegra muchisimo que Jose Arregui haya optado por comentar el gesto de Mohamed Boazizi.  Gesto, a mi entender desesperado, fruto de una gran depresión, y gesto también de protesta, fruto de una gran indignación.

    Sinceramente no pienso que él pudiera preveer las consecuncias sociales de su acto de inmolación. Pero las ha tenido y yo lamento muchísimo que Mohamed Boazizi no haya podido sobrevivir para incorporarse esperanzadoramente al camino de futuro que  el pueblo tunecino está  comenzando a construir esforzadamente. 

    Muchas gracias Jose Arregui.  

  • Jaume PATUEL

    Un hecho más a comprender y no juzgar. La desesperación para que la esperanza fluya. La sangre es la vida. El cremar dar la vida. Pero què ojos van a comprender? Qué reacciones emocionales va regenerar este hecho?  Sólo y  únicament el amor en el Amor puede aceptar y transformar. Però la razón o las razones del poder ciegan el cambio.
    He aquí  una nueva forma de crucifixión, no por los pecados sino para el testimonio y la lucha por la libertad, la justicia y la verdad.  

  • Sarrionandia

    La desesperación alberga esperanzas, pero hay que tener un ojo muy atento para descubrirlas.
    Condenar es más fácil que comprender y, al optar por lo más fácil, seguro que nos equivocamos

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