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Un franciscano de verdad

Querido José Arregi: sé que, en estos momentos, no te sientes solo, pero debes saberlo y muchos nos adentramos en tu drama para compartirlo contigo. El drama viene de lejos y su historia en estos momentos nos recuerda a otros que han vivido similares situaciones.

       A mi no me corresponde juzgar sobre nadie, pero la historia eclesial me enseña que los afectados acaban las más de las veces siendo sometidos, en medio de estremecida impotencia. Quienes “victoriosamente” representan al sistema no parecen mostrar signos de mucho pesar, pero les toca registrar acaso contra su voluntad la tristeza infinita de quienes, “vencidos”, se resignan a no levantar cabeza. El sistema es el sistema, y sus guardianes son sus guardianes, y no dudan en actuar con inalterable gesto. Como decía un experto vaticanista, en los teólogos de la curia romana la ignorancia se muestra en perfecta adecuación con la arrogancia.

      Es por donde quiero acompañarte arrimándome fraternalmente a tu íntima soledad y libertad, porque, como dices en tu carta, “todo ser humano es señor de toda ley religiosa por sagrada que fuere”.

       No te escribo para criticar a la Jerarquía ni recrearme en sus atropellos y contradicciones, aunque tenga que aludir a ella. Es inútil y, tanto como tú, ellos creen que obran en conciencia pero con una diferencia: creen que la verdad de tu conciencia está subordinada a la de ellos; sólo la suya es válida y conforme a la ortodoxia católica.

       No sé si tú, buen conocedor de las Escrituras, me permitirías aplicar las palabras de Jesús: “Os dejo dicho esto para que no os vengáis abajo: os expulsarán de la sinagoga; es más, llegará el día en que os maten pensando que así dan culto a Dios. Harán eso con vosotros porque no nos reconocen ni al Padre ni a mí” (Jn 16,1-4).

       No me extraña que este punto, a quienes lo analizan, les parezca indescifrable. ¿Por qué el sistema se cree con derecho a todo, a desoír la razón, la ciencia, el derecho, la fraternidad, el diálogo, la humildad y al mismo Nazareno?

      No sé por qué me vienen a la mente las palabras del jesuita sin papeles Díez Alegría: “Por parte de la Iglesia el secuestro de Jesús ha consistido en quitarle de en medio para poner en su lugar a la Iglesia. A la operación han ido contribuyendo sobre todo los jerarcas y, en general, los hombres de Iglesia. Naturalmente el secuestro se ha realizado con guante blanco. Para poder llegar a Jesús hay que ir a ellos. (Que, luego, en el fondo casi no es llegar, porque los hombres de Iglesia están siempre al acecho para decirte que ellos dominan tu relación con Jesús y te lo quitan si tú no haces lo que a ellos les da la gana). En lugar de creer vitalmente en Jesús, lo que hay que hacer es entrar en la iglesia, sabiendo que los que allí se mueven son los hombres de iglesia. Ellos mandan. Con ellos hay que entenderse. A ellos hay que obedecer. De lo contrario, no hay Cristo que te valga, porque ellos son los amos y Cristo tiene que estar a lo que ellos digan”.(De su libro “Teología en broma y en serio, DDB, 1975, pp.50-51).

       Me conmueve lo de que “contra tu intención primera”, tienes que abandonar la orden franciscana, hogar y familia tuyos durante 47 años. Pretenden –no sé si con algún temblor de corazón– anular lo que ha dado forma a tu vida, echarte al vacío, para que nadie, ni tú ni tus amigos, sepan lo que has vivido. ¿No habrán leído que por encima del dogma está la persona? “Id a aprender lo que significa corazón quiero y no sacrificio”.

       Tú estas en una Orden, sin la cual tu vida sería otra, no te reconocerías. Y te empujan a salirte, desposeerte y aislarte, como a un leproso. “Agua sucia que contamina a los dentro y los de fuera”, subrayaba el obispo Munilla.

       Está visto que a quien manda y es elegido para ello, se lo prepara para defender los privilegios de una iglesia clerical y asegurar la obediencia y no para anunciar el Evangelio y actuar libremente. A él le mandan y obedece, pero también él manda y es obedecido. Unos y otros, acaso frustrados por la despersonalización, se ven compensados por la erótica del poder. Una huida del yo íntimo que lo deja herido para siempre. Porque la persona está hecha para amar y ser amada y no para mandar y obedecer. Al fín y al cabo, nadie está sobre nadie y sobre todos está la norma del seguimiento del Nazareno, basada en el amor.

       Obedecer sí, y también mandar, pero no mandar como quien ejerce dominio y dispone de otro con ciega voluntad. La autoridad cristiana es una mediación, una ayuda, que se nos da para llegar hasta Dios, mejor conocerle y amarle. La autoridad, comenzando por ella misma, no cierra ninguna puerta, sino que abre las antenas para percibir la voz de Dios, el Evangelio de Jesús que nos habla hoy de múltiples formas. Su misión es no acallar nada que pueda incluir o transmitir el Espíritu de Dios. Con los oídos y el corazón abiertos para escuchar, escuchar, aprender, y descubrir esa verdad divina que llega por el canal secreto de cada ser humano en la peculiaridad de cada época.

       Ahí, en ese escuchar, todos somos hijos de obediencia y se nos acaban las ansias de erigirnos sobre los demás. Dios, no la voluntad de nadie, está presente en todos, nos ama y guía nuestros corazones para que evitemos el envanecimiento y dureza de corazón.

       

       La coraza del sistema seca –¡cuántas veces!– las fibras del corazón, de modo que la humanidad , la amistad, la lealtad, la ternura, la compasión, la desgracia y el sufrimiento compartidos resultan extraños para quienes obrando así piensan “cumplir la voluntad de Dios, salvar la ortodoxia y asegurar el bien de la Iglesia”. “¿Quién de los tres se hizo prójimo del asaltado?, pregunta Jesús. Y el jurista : el que tuvo compasión con él. – Anda y haz tu lo mismo” (Lc 10, 25-37).

       Tus entrañas de humano, tu proceder católico, es decir, universal, abierto, creativo, libre, fiel al Evangelio, les da en rostro y no lo toleran por no estar acreditado con sus sellos y autorizaciones. ¿Para qué si no están ellos?

       

       En un sistema de poder, tan piramidal y absoluto como el de nuestra Iglesia, los funcionarios (del culto, de la teología, de la administración…) saben que, al ser elegidos, no pueden ser ellos ni obrar con autonomía. Entrar en el sistema y ser consagrados por él, equivale a dejar en manos de la autoridad la propia racionalidad y la libertad.

       Intocable es el poder, no la dignidad y derechos de la persona.

       Y donde rige el poder, rige la arbitrariedad; y donde rige el poder absoluto, rige la arbitrariedad absoluta.

      Ibas como sintiendo que te llegaba irreversible el dilema: acatar el mandato o irte. Acatarlo, renegando de ti mismo, bendiciendo los dictados de la autoridad; o irte aguantando incluso que se haga oficial tu traición (ineptitud) para el franciscanismo. Cualquiera de las dos opciones son crueles: ser fiel a tu conciencia y quedarte siguiendo la misma línea a lo mejor no lo ven incompatible con el franciscanismo, pero es desobedecer; irte, admitiendo de alguna manera que denuncias la traición de la Orden al franciscanismo, imposible de admitir por quienes de antemano se alistan con la Orden.

      En todo caso, el traidor, hereje o inepto eres tú.

      Pero, esta es una cuestión de poder, no de doctrina.

      La conexión vertical de este poder cuenta para estos casos con el recurso al voto de obediencia. Sin mayor miramiento se desecha el espacio donde únicamente podría brotar la luz: el argumento, el diálogo, el discernimiento que llevarían a relativizar posturas y consolidar la convivencia fraterna. Pero, el poder en cuanto poder rehúye la razón, teme la crítica, odia al que lo cuestiona, no ama la verdad. Y, presintiendo la derrota, se escuda extrapolando el tema al terreno donde siempre vence: la obediencia.

       

      Se somete la voluntad, pero no la inteligencia. El poder no compite en el terreno de la inteligencia: búsqueda, estudio, argumento, rigor, paciencia, moderación, humildad. Son otras sus armas.

      El dilema se hace entonces contundente: dentro o fuera; si dentro, todo; si fuera, nada; si dentro: sumiso, fiel y franciscano con todos los derechos; si fuera: traidor, proscrito y sin derecho alguno. Toda una familia y un hogar tuyos, de años y años, anulados por mandato ejecutado subordinadamente.

       ¿O puede ocurrir querido Arregi que, aunque te nieguen las formalidades jurídicas del franciscanismo, (un franciscano sin hábito, un jesuita sin papeles, un… sin …) te acogerán de por vida y con amor? ¿Cuáles serán los mecanismos secretos que moverán ahora los corazones de quienes han sido tus hermanos? ¿Aplicarán el amor o el anatema?

      Mons. Munilla en reunión con el superior provincial y vicario de los franciscanos de Guipúzcoa, les dijo: “Debéis callar del todo a José Arregi. Yo no puedo, hasta dentro de dos años (hasta que haya tomado las riendas de la diócesis) adoptar directamente esta medida contra él. Pero ahora debéis actuar vosotros. Os exijo que los hagáis. Debéis destinarlo a América a trabajar con los pobres, como “medida de gracia”, como “ocasión de gracia”. Es agua sucia que contamina a todos , a los de fuera de la Iglesia al igual que a los de dentro”. A todos, también a los obispos, nos viene bien confrontarnos con las palabras de Jesús: “Vosotros os las dais de intachables ante la gente, pero Dios os conoce por dentro y ese encumbrarse entre los hombres le repugna a Dios” (Lc 16,15).

      Arregi, antes que profesor de Sagrada Escritura, es persona y, en decir de todos los que lo conocen, se comporta dignamente como tal. No se considera por encima de nadie, tampoco por debajo; no desprecia a nadie y siente respeto por todo el mundo aunque no lo conozca.

       A ese nivel, resulta incomprensible que otro hermano obispo acuda a su superior provincial y vicario para que lo reduzcan a silencio.

      Arregui y Munilla muestran idéntico cuadro de dignidad personal. Entonces, ¿qué es lo que en su interior lleva a Munilla a ejercer su poder sobre Arregi como si de un objeto malvado se tratara?

      Si Munilla piensa que está en la verdad obrando así, desatiende el principio de igualdad interpersonal. Si, además, se excusa de hacerlo él y exige a otros que lo hagan, elude su responsabilidad y, acaso, rehúye su propia conciencia. Si los superiores de Arregi acatan una intromisión episcopal arbitraria, demuestran plegarse al miedo y actuar sin libertad. La responsabilidad les exige ser leales con un miembro de su Orden, cuando otra autoridad lo quiere someter indebidamente. Ninguna persona tiene dominio sobre otra.

       

       En esto son claras las palabras del Vaticano II: “La personal dignidad y libertad del hombre no encuentra en ninguna ley humana mayor seguridad que la que encuentra en el Evangelio de Cristo, confiado a la Iglesia. Pues este Evangelio proclama y enuncia la libertad de los hijos de Dios, rechaza toda esclavitud, respeta como santa la dignidad de la conciencia y la libertad de sus decisiones, amonesta continuamente a revalorizar todos los talentos humanos en el servicio de Dios y de los hombres. Y, así, la Iglesia proclama los derechos humanos y reconoce y estima en mucho el dinamismo de nuestro tiempo , con el que se promueve estos derechos por todas partes” (GS, 41).

       

      Prosiguiendo en este nivel, Arregui es profesor de Escritura y, como tal lo acreditan sus estudios, títulos (Licenciado y Doctorado en Teología), clases (en Deusto, Vitoria, Pamplona) y escritos numerosos publicados. Munilla es licenciado en Teología y Espiritualidad y entró enseguida a ejercer de párroco hasta ser nombrado obispo en 2006. En principio, por el currículum, Arregi acredita enseñar y dominar mejor el mundo de la teología.

       En las cuestiones debatidas, a uno y a otro les debe acompañar la competencia de otros teólogos con quienes tratarán de estudiar, dialogar y lograr acuerdos hasta donde se pueda. En ese ámbito, no hay más verdad o mentira (ortodoxia o heterodoxia) que la alcanzada por los métodos del saber exegético y teológico. Ningún teólogo tiene la verdad en exclusiva ni puede sentenciar declarando a otro como hereje.

      En el nivel cristiano las cosas no aparecen tan difíciles si las tomamos del Evangelio y de los primero siglos. Casi hasta pasado el primer milenio, los cristianos tenían claro que la calidad de todos era la misma y se la medía por saber escuchar las palabras de Jesús, aprenderlas y cumplirlas.

       (…)

      

      Te vas, querido Arregi, sin saber qué será de ti, seguro no obstante de que el Señor te cobijará y estará siempre contigo. Sobre ninguna otra piedra , en efecto, se ha edificado la comunidad eclesial y nadie sino El posee el señorío de nuestra vida.

       El Señor nos hizo así: para ser sinceros, libres y coherentes. Y es lo que te permite dar el paso en paz. Otros pasos no ajustados a tu conciencia te hubieran roído el alma. Es donde hallo, sin pretenderlo, luz y fortaleza para decirte: ¡Bendito seas! La pérdida temida, se te convierte en ganancia: “El que pretenda poner su vida al seguro, la perderá; y, en cambio, el que la pierda, la recobrará” (Lc 17,33).

      Paz, amigo y hermano.

      (…)

       

      ¿Quién dentro de la Iglesia puede pronunciar anatema sobre otro por tratar de actuar según las pautas y espíritu del Vaticano II?

      La paz del Señor, querido Arregui, es para ti el don y bendición del Señor. Has hecho, creo, lo que tenías que hacer; brilla en ti la bondad y la honestidad y puedes estar seguro de que, aun “fuera” de la orden franciscana, tú eres franciscano de verdad y lo seguirás siendo para todos nosotros.

       Recibe mi reconocimiento, ternura y estima fraternos.

       Un fuerte abrazo

       

      Benjamín Forcano

      

     

61 comentarios

  • Fico Sánchez Peral

    Muy bueno J. Miguel, muy bueno, pero no es que estés o no a la altura del comentario previo, es que te pasas unos cuantos pueblos.
     
    Veo que eres consecuente, pues, tanto en lo de Arregui como en lo del Modernismo, tu criterio es el mismo: acudir siempre y únicamente a la autoridad de las fuentes del magisterio de la Iglesia, siempre a lo ortodoxo, siempre a lo tipificado como legal y buscar siempre la garantía y la seguridad de la obediencia a la norma. Mientras que lo que yo proponía era precisamente (y en eso coincidimos muchos en Atrio) el intento de trascender todo eso y acceder –por fin y aunque sea asumiendo ciertos riesgos- al misterio del hombre en sí mismo y, una vez en él, hallarse con el misterio de Dios que lo habita. No sólo por la discutible autoridad humana de todas esas fuentes que citas y que la jerarquía –tras declararse infalible para lo que le conviene- da por indiscutiblemente sacralizadas y por tanto incuestionables; sino por la evidencia del fracaso de esa práctica religiosa durante XXI siglos. Porque (y no pretendo ofender a nadie, pues en todo caso la culpa sería más de la jerarquía que de los fieles -que también-) si se analiza el nivel de fe, de madurez, de consciencia, de conocimiento y de vivencia de fe de los fieles que pueblan las misas dominicales, e incluido el de muchos de los sacerdotes que las ofician, el balance es penoso. Por eso, simplemente: ¿para qué insistir en una vía que lleva XX siglos de malos  resultados y maltrato y atrofia de los fieles, mientras se menosprecia la llamada de Jesús a la trascendencia? Pero: «…sin dinero en las alforjas, sin túnica ni sandalias de repuesto, sin bastón, sin…, sin…, sin…», y confiando solo en Él. Es decir: en la maravillosa inseguridad de la confianza en Dios.
     
    Sí, sí, ya sé… Pero por favor, no me repitas otra vez toda esa lista de reglas, ortodoxias y sacralizaciones que ya me has dicho antes. Verás, es que yo ahora prefiero seguir más a Jesús, en la inseguridad, que a las reglas de la jerarquía religiosa.
     
    En algún  lugar te dije que Atrio era lugar de encuentro –entre otros- de la Iglesia de la Diáspora; que es la que componemos todos los que por uno u otro motivo -y tras pasar largos años en la iglesia oficial y en sus ortodoxias-,  es decir: partiendo de ella, un día decidimos trascenderla y  traspasar sus fronteras, a ver qué hallábamos. Y te aseguro que lo hallado nos parecería insuperable, si no fuera porque, siéndolo -al menos comparado con todo lo anterior-, no cesa de revelarnos que lo alcanzado hasta aquí, por bueno que sea, no es más que un maravilloso primer paso y un continuo anuncio de que lo que está por llegar, lo que ya va llegando, es infinitamente mejor aún. En lo que queremos seguir profundizando, sea por los caminos que sea, por poco eclesialmente ortodoxos que puedan parecer y agradeciendo cualquier iluminación puntual que nos pueda llegar, aunque proceda de personas no creyentes e incluso ateas. (Y no sabes tú las magníficas y frecuentes aportaciones que recibimos en Atrio de algún ateo que yo me sé…).
     
    Y esto convive lo mejor –o lo menos mal- que puede, con la periódica aparición por Atrio de católicos ortodoxos como tú, que quizá por curiosidad, o porque en la iglesia no tienen un lugar de diálogo libre en el que profundizar en su fe, que también aportan su parte de luz, (que acogemos y agradecemos), pero eso sí, claro: siempre que su adicción a la obediencia les permita controlar su ya genética tendencia a la beligerancia militante; pues de lo contrario, lo normal es que se limiten a descalificar y discutir de religión con quienes, precisamente, tras usarla como etapa de iniciación, hemos optado por trascenderla.
     
    Yo comprendo que es tentadora la posibilidad de no optar por ninguna de las dos alternativas que citas de Friedrich von Hügel; limitarse a simpatizar –de lejos- con alguna de ellas y seguir, “erre que erre”, discutiendo de religión, de magisterio, de tradición, de obediencia debida, de…, de…, de…
    Esa dócil inacción de muchos obedientes es la que, en mi modesta opinión, facilita que los autoritarios de siempre tomen la iniciativa que acaba con el silenciamiento y la excomunión de los mejores pensadores de la iglesia. Y para ilustrarlo citaba como ejemplo reciente de consolidación de sucesivos  autoritarismos, los casos del Modernismo, el concilio Vaticano II y el anticoncilio que llega hasta el presente; no para que ahora nos perdamos en analizar sus detalles, (cosa interesantísima de hacer, sobre todo, si es en los escritos y correspondencia de quienes la sufrieron, no tanto en la de quienes aplicando el rodillo del poder jerárquico se limitaron a triturar y silenciar su trabajo) sino como ejemplo de trayectoria del autoritarismo en la historia reciente de la iglesia. Lo que, por acumulación, puesto que es la enésima vez que sucede así, nos lleva a la evidencia del estancamiento de la jerarquía eclesiástica en un paradigma premoderno y su incapacidad de entenderse con una sociedad globalizada que, trascendido el moderno, avanzan por el postmoderno y se aleja de ella, que permanece inamoviblemente anclada al “seguro” y yermo suelo que pisa.
     
    Y no quisiera parecer presuntuoso ni humillantemente condescendiente, pero es que la distancia ideológica entre ambos tipos de creyentes es tanta, que no sé cómo evitarlo. Pero lo cierto –nos guste o no- es que la iglesia se haya en una encrucijada en la que se juega su existencia, por eso es necesario que cuando nos encontremos no acabemos –como siempre- perdiendo el tiempo en discutir de religión, sino tratando de analizar objetivamente la situación, libres de ataduras, tratando de avanzar juntos hacia Dios.
     
    Así, pues, ya lo ves: Atrio es así y no se trata de que te acosemos, ni de que haya un pensamiento único, (bastante menos único –por cierto- que el de la iglesia oficial, que ni permite la discrepancia). Es que cuando uno llega a un ambiente nuevo para él, en los primeros compases de cualquier conversación es necesario identificar el terreno de juego y sus reglas, y en Atrio ya ves cómo es la cosa. Y a partir de aquí puedes opinar libremente lo que quieras, pero ya sabes lo que te vas a encontrar. Si, a pesar de ello, vienes con toda la parafernalia de la infalible doctrina a cuestas, mientras ves que en Atrio volamos inseguros en ala delta; una de dos: o te acercas un poco a este terreno de juego y sus reglas, o va a ser difícil que nos entendamos. Y si te empeñas en llevar la conversación a la religión y en discutirnos el fundamento de por qué vuela un ala delta, (que aunque no lo conozca a fondo, sé, ¡me consta!, que vuelo con ella), no te extrañes de que no se te dé la razón o de que no interesen tus argumentos.
     
    Lo fácil es entender que a la inversa sucedería lo mismo ¿no? ¿O crees que no se me comerían en la Iglesia si fuera allí a contarles mis teorías? Por eso no estoy en ella, porque ya se me comieron hasta las uñas…, y lo mío me costó recuperarme. La mayoría –no todos- estamos aquí por eso, porque ya nos devoraron cuando intentamos dialogar con ellos en la Iglesia. Así que cuando lo descubrí, Atrio se convirtió en esa Iglesia de la Diáspora en la que puedo vivir la comunión con otros con un pensamiento parecido al mío y con los que voy avanzando, con algunos en la fe y con los demás en amistad.
     
    Se bienvenido y ojala te llegues a sentir a gusto en Atrio, pero ya sabes lo que hay.  Sin que yo pretenda hablar en nombre de Atrio, pues esto es sólo mi personal opinión. Y no esperes aquí que en nuestra argumentación prime la obediencia ni la fidelidad al papa ni a su magisterio, eso son cosas temporales a analizar y valorar en cada caso concreto. Mi fidelidad primera es a Dios, a mi mismo y hacia las personas de mi entorno en el más amplio sentido; y la jerarquía religiosa se encuentra (en mi experiencia y excepciones aparte) entre los que más desconfianza han acreditado merecer.
     
    Saludos cordiales. Fico.
    (Y perdón por la extensión).

  • Javier Renobales Scheifler

    Vale J. Miguel, por lo menos no te has ido.
    Nos estamos viendo.

  • J.Miguel Vallejo

    Javier, que quieres que te diga, para ti la perra gorda. Te remito dos páginas, una con los escritos del mismo San Francisco, otra con estudios de especialistas en franciscanismo, tu me muestra uno. Te he argumentado hasta la saciedad el tema Arregi, con el planteamiento de los tres protagonistas. Y tu con lo tuyo, La Icar, Franco, La Inquisición, lo otro y lo de más allá. Y encima me dices que tengo la culpa de que no veas, o no quieras ver, tres en un burro.
    En fin amigo, para qué seguir, ni yo te convenzo, que no lo pretendo, ni tu me vas a convencer a mi. Seguramente ninguno estemos en los cierto pues errare humanum est, pero bueno sería abrir la mente y el razonamiento para ver un poco más allá de nuestros prejuicios.
    Amigo Javier, Aeternum vale.
     

  • Javier Renobales Scheifler

    J. Miguel Vallejo,
     
    http://www.franciscanos.net/teolespir/herejes.htm
     
    En el link de este religioso Jerónimo Bórmida OFM.Cap, que habla de los disidentes, bajando hasta el apartado titulado ‘FRANCISCANOS FRENTE A HEREJES’, explica :
    … “Obedecer o no obedecer es cuestión – literalmente – de vida o muerte. …
     
    Como recordarán el problema no era sólo ser hereje sino parecerlo y el simplemente sospechoso lo pasaba muy mal. Por lo cual la Regla determina que los dichos y las obras de los hermanos tienen que ser y parecer católicos.
    Como el epicentro del ciclón gira en torno a la estructura de gobierno, se ordena que se debe evitar todo conflicto con las instituciones de la Iglesia.”
     
    Lo que he dicho desde el principio, J. Miguel Vallejo, es que Arregi hoy puede –y debe- ser insumiso como lo ha sido, en mi modesta opinión.

    Francisco de Asís en su época (en su contexto, época y circunstancias, que me aconsejas tú sitúe los hechos históricos para entenderlos debidamente) no podía no someterse, no podía ser insumiso como ha ido Arregi, porque le iba la vida en ello; así, literalmente.
     
    A pesar de ello este religioso Jerónimo Bórmida, más abajo recoge que a pesr de ello hubo una política franciscana que estaba en abierta contradicción con la política oficial de la ICAR de entonces:
     
    “Esta política franciscana está en abierta contradicción con la política oficial.” Se refiere a la asquerosa práctica chivata, que hoy perdura, de delatar a los que a la jerarquía le interesa perseguir. Hoy todavía la jerarquía mantiene esta asquerosa práctica. En este foro vimos cómo el jesuíta Juan Masía fue delatado por un forero que envió una carta a la jerarquía, forero que fue explulsado de Atrio inmediatamente por ello.
     
    Así está Arregi hoy, en abierta contradicción con la política oficial de Munilla. También había franciscanos que en algunas cosas estaban, en los inicios de la Orden fundada por Francisco de Asís, en abierta contradicción con la política oficial de la jerarquía.
     
    No me puedes decir pues, J. Miguel Vallejo, que Arregi no es buen Franciscano por no obedecer a Munilla, obedecía; porque la cuestión es mucho más profunda que eso, ya que Francisco se jugaba la vida, con la seguriedad de perderla, si no obedecía.
     
    Tienes que buscar otro argumento mejor, para afirmar, como gratuitamente has hecho, que Arregi no es buen franciscano.

    En realidad creo que no le consideras buen franciscano simplemente porque has tomado partido por la ICAR oficial, haga lo que haga ésta, y eso te hace colocarte de parte de Munilla, de la jerarquía. Pero la cosa es mucho más profunda que eso, amigo J. Miguel.
     
    Saludos cordiales

  • Javier Renobales Scheifler

    La condecoración que tiene Franco, recibida de la jerarquía católica (del Papa Pío XII, otro a santificar por ellos mismos), es la de la Orden Suprema de Cristo, (como si la hubiera fundado Cristo, vamos, para mejor engañar a la gente) no la Cruz de Cristo, como por error he dicho antes

    http://hispanismo.org/historia-y-antropologia/9101-franco-recibio-la-maxima-condecoracion-vaticana.html

    Se la podían quitar, si de verdad quisieran pedir perdón por las criminales Cruzada y dictadura franquistas. Pero recibieron demasiados privilegios de éstas, a cambio de su apoyarlas incondicionalmente, como para poder pedir perdón por semejantes barbaridades de la jerarquía, nada cristianas por cierto.

    Dentro de 400 años quizá sí pidan perdón, quién sabe cuando ya nadie entienda nada de lo que hicieron. Así creo que han pedido perdón por otras Cruzadas. Pero de ésta aún están disfrutando. Es la hipocresía Tradicional.

  • Javier Renobales Scheifler

    http://blogs.20minutos.es/arsenioescolar/2009/07/12/la-iglesia-espaaaola-pide-perdain-su-apoyo-al-franquismo/
    12 de julio de 2009La Iglesia española pide perdón por su apoyo al franquismo”. ¿Podremos algún día publicar este titular los periódicos?
    Quizás sea un arrepentimiento sincero y completo, y ahora los tres prelados lleven a la Conferencia Episcopal Española, de la que son miembros, una iniciativa por la que la Iglesia española en su conjunto pida perdón por su silencio ante todos los crímenes franquistas -fuesen quienes fuesen las víctimas-, por su complicidad con Franco, por haberse constituido durante décadas en la coartada moral de un régimen injusto e inmoral.
    Fue la ‘Iglesia Vasca’ (los tres Obispos Uriarte Blázquez y Asurmendi)  la que pidió perdón, la del Obispo Uriarte, no la de Rouco-Munilla-Ratzinger
    http://www.publico.es/espana/238089/obispos/vascos/piden/perdon/victimas/religiosas/franquismo
     
    La ICAR no ha pedido perdón por su apoyo rotundo a su Cruzada criminal y su dictadura católica franquista (Franco bajo palio en las iglesias, al que la jerarquía otorgó la máxima condecoración de la ICAR; Franco aún tiene la Cruz de Cristo que le dieron, lo cual es incompatible con el imaginario perdón que dices, J.Miguel, y no se la van a quitar los jerarcas).
    Cuando Blázquez aún Presidente de la CEE quiso probablemente pedir perdón, los Obispos en su mayoría lo desmintieron. Además las  palabras de Blázquez (que copio en el párrafo siguiente) fueron timoratas y a medias, y sólo pidió probablemente perdón por actuaciones concretas que nunca concretó, a la vez que arteramente anteponía las gracias que daba a Dios por ‘lo que se hizo y las personas que actuaron’ –ahí sin llamar concretas a estas actuaciones-:
    http://www.elpais.com/articulo/sociedad/obispo/Blazquez/pide/perdon/Iglesia/papel/guerra/civil/elpepusoc/20071119elpepusoc_4/Tes

    En muchas ocasiones tendremos motivos para dar gracias a Dios por lo que se hizo y por las personas que actuaron; y probablemente en otros momentos ante actuaciones concretas, sin erigirnos orgullosamente en jueces de los demás, debemos pedir perdón y reorientarnos, ya que la purificación de la memoria, a que nos invitó Juan Pablo II, implica tanto el reconocimiento de las limitaciones y de los pecados como el cambio de actitud y el propósito de la enmienda”.
    Así ‘pidió perdón’ Blázquez, al que inmediatamente los Obispos españoles sustituyeron por Rouco como Presidente de la CEE.
    No es cierto que Blázquez como presidente de la CEE pidiera perdón: sabía como cristiano que debía pedirlo, pero como Obispo no se atrevió, con toda la imaginaria ‘Gracia del Espíritu Santo’ que su sacramento dicen le proporciona.
    Las palabras con las que quiso pedir perdón, que he entrecomillado más arriba, muestran claramente que no lo llegó a pedir: se quedó en el ‘probablemente’  y sin concretar.
    Y no se atrevió porque sabía bien que la mayoría de los Obispos españoles no lo pedían, ese perdón que dices y que nunca existió:
    “El segundo grupo, mayoritario y que tiene como principal exponente al cardenal de Madrid, Antonio María Rouco Varela, se niega a reconocer su responsabilidad en la guerra fratricida y en la dictadura”
    http://foros.elsiglo.mx/foro.php?foro=4&post=45376
    Por si hubiera dudas, el portavoz de la CEE Mtz Camino lo aclaró inmediatamente:
    http://www.publico.es/espana/20226/martinez/camino/matiza/perdon/blazquez/actuacion/iglesia/sido/-sacado/conexto
    Concluye pues el periodista que da la noticia de lo ‘aclarado’ por Mtz. Camino:
     
    Lo que muchos interpretaron como el esperado perdón de la jerarquía eclesiástica por su actuación durante la Guerra Civil no fue tal.”

    Así es tu versión de la historia, amigo J. Miguel, que pareces capaz de creerte la llamada Leyenda Negra, la versión de los vencedores, la historia que escriben los vencedores.
    Contexto, época y circunstancias es lo que te he puesto respecto de Francisco de Asís (tema del hilo) y su obediencia obligada a los jerarcas de su época, si Francisco quería predicar a Jesús y su mensaje tenía que someterse a la jerarquía católica, porque esta se arrogaba por la fuerza el monopolio de predicar a Jesús.
    Tú no has puesto nada de eso que aconsejas, limitándote a protestar. Así que correspondo a tu consejo aconsejándote coherencia: intenta ser consecuente con lo que dices.
     
    En cuanto a las normas que tengo en mi trabajo, son las que se basan en las normas que nos hemos dado todos democráticamente, al menos en teoría.

    No las normas de la ICAR que tú defiendes, que son impuestas dictatorialmente como las que imponía Franco. ¿Ves la diferencia entre unas normas y otras? Por eso Arregi no se somete, como hacía Jesús, como todo buen franciscano debe hacer.

    Adiós, amigo J. Miguel. Será adiós si tú quieres. Pero como te dice Fico y yo te había dicho desde tu aparición en este foro, eres bienvenido, si quieres que no sea adiós.

  • María

    ¿El obispo Uriarte, que ni siquiera le permiten dar el Nihil obstat a la novena edición corregida del libro de Jose Antonio Pagola Jesús, una aproximación histórica sin que una mano invisible con más poder se lo revoque  retirando la edición impresa en papel de las librerías, ese mismo obispo es el que quieren que me crea que silenció a Arregi? ¿Por orden de quién?

    Ni que fuéramos bobos para creer semejante patraña…  los tiempos del comecoco ya pasaron, Miguel.

    Todos los manejos ocultos de la ICAR y hay muchos (otro más: la muerte súbita de Juan Pablo I cuya autopsia nunca nos dieron a conocer, el santo subito no lo hizo… ) no se firman ni dejan testimonios escritos, pero eso no quiere decir que no haya habido movidas sospechosas por debajo, al contrario; hacen sospechar que sí las ha habido y que han debido ser muy graves cuando no nos las quieren dar a conocer. ¿Por qué? 

    Y para despistar y cambiar de tema, simepre que pasan estas cosas nos sacan a relucir el último supersecreto del mensaje de Fátima, que ya lo han liado tanto que no hay quien lo pueda entender…

    La falta de transparencia de nuestras jerarquías en el tratamiento de asuntos sumamente delicados, hace a la ICAR menos creíble cada vez.

    En nuestros  franciscanos sin hábito, sin embargo,  no me cuesta ningún trabajo creer.

  • J.Miguel Vallejo

    Querido Javier algún día podemos hablar de la inquisición y de la quema de brujas, en España un (0,037) del total de ejecuciones en Europa, la mayoría en países no católicos, veo que te apasiona  ahondar en los elementos de la Leyenda Negra que formar parte de la ideología del anticlericalismo español. Recueda contexto, época y circunstancias, no utilices la demagogia.

    Ni decir tiene que no puedo estar de acuerdo contigo en casi nada, veo que eres aficionado a las fábulas de Esopo, aunque me parece que tu autentica afición son los cuentos de Calleja. Para que quieres que te de argumentos, si no los atiendes ni debates, incides en opiniones no objetivas, no admites realidades, te ofrezco datos, tú supuestos.

    ¿Tu en tu trabajo no estás sometido a unas normas?, yo sí y todo hijo de vecino. Lo del franquísmo es el recurso que se tiene cuando no se tiene argumentos. Y me hace gracia pues das en hueso, porque yo he sufrido en mis carnes trabajadoras, y más aún mis padres, la dictadura y sus consecuencias. Pero lo curioso es que hay muchos reconvertidos del franquismo que presumen de antifranquistas cuando eran los privilegiados y los auténticos hijos del régimen. La historia se repite, siempre mandan los mismos.

    Lo que “los  católicos han vilipendiado en España a los vencidos en la guerra y a media España durante decenas de años, con su sangrienta dictadura, inhumana como todas, y por lo tanto no cristiana”, es de nota, Javier no puedes ser más injusto pretendiendo emponzoñar a todos los católicos con tus palabras. Por otro lado la Iglesia pidió perdón por el apoyo al franquismo, los que asesinaron a miles de religiosos y religiosas y quemaron iglesias no lo han hecho.

    Quizá moleste que frente a un grupo muy reducido de disidentes, anclados, quizá por su avanzada edad, en planteamientos desfasados que a nadie atraen, se alza otro muy numeroso de importantes teólogos, de movimientos eclesiales, de savia nueva, de jóvenes, que viven su fe y su amor a la Iglesia.
    Adiós Javier, admitemé un consejo, no generalices y creas enemigos a todos los que no opinan como tú, nadie tiene la culpa de las viviencias, imagino que negativas, que puedas haber tenido en relación con la Iglesia Católica, o con tus ideas políticas.

  • J.Miguel Vallejo

    Apreciado Fico, gracias por el tono y por el contenido de tu comentario, espero estar a la altura del mismo.

    Evidentemente Arregi es un profesor cuya misión, entre otras cosas, es la de investigar y profundizar en los aspectos teologicos y normativos  para trascenderlos en beneficio de toda la Iglesia, pero el teólogo no debe de contentarse con derivar los dogmas a partir de las fuentes de la fe y con explicarlos, se ocupa de la teología “positiva”. Guiado por la autoridad doctrinal de la Iglesia, utiliza la historia y  la crítica para encontrar en la Escritura y la Tradición la verdad genuina sin mezcla. La teología positiva debe probar sus tesis mediante argumentos concluyentes sacados de la Escritura y la Tradición; de ahí que esté estrechamente relacionada con la exégesis y la historia. Como exegeta, el teólogo debe en primer lugar aceptar la inspiración de la Biblia como Palabra de Dios. Pero incluso cuando está aclarando su significado, siempre tiene en mente la interpretación unánime de los Padres, los principios hermenéuticos de la Iglesia, y las directrices de la Santa Sede. En su faceta de historiador, el teólogo no debe dejar de lado su creencia en el origen sobrenatural del Cristianismo y en la institución divina de la Iglesia, si quiere dar un relato objetivo y verídico de la tradición, de la historia del dogma y de la patrología. Igual que la Biblia, que es la Palabra de Dios, fue escrita bajo la inmediata inspiración del Espíritu Santo, la Tradición fue, y es, guiada de manera especial por Dios, que la preserva de ser restringida, mutilada o falsificada.

    Olvidas que Argel también es un présbitero y un religioso con un compromiso con la Iglesia y con su Orden, que incluso está por encima de su calidad de doctor y profesor. En mi opinión, Arregui está muy capacitado para acrecentar sus talentos, para producir al máximo según lo que ha recibido de Dios, esas cualidades que le ha dado. Y la obediencia nunca le privó de hacerlo. Y él más que nadie debería saber que el que ama de verdad no deja escapar ninguna ocasión para aprovechar sus dones y hacerlos fructificar en bien de los demás.

    Sacrorum antistitum, estuvo vigente desde 1910 a 1967, es muy probable que se llevara a muchos buenos teólogos, que llamaran la atención sobre la ley de la evolución del dogma y sobre la necesidad de incluir el método histórico en el estudio de los testimonios escritos. Pero, también,  querían prescindir totalmente del carácter sobrenatural e inspirado de esos testimonios, así como de la interpretación dada por la tradición y el magisterio eclesiástico. Los modernitas partieron de algunas verdades parciales, a las que se dio un valor desmesurado y unilateral. Siendo verdad que: la experiencia interna es un elemento esencial de la vida espiritual y, en muchos casos, la fuente psicológica de la fe; las fórmulas dogmáticas permanecen siempre inadecuadas frente a su objeto (el misterio de Dios); la revelación tiende a dirigir nuestra vida religiosa más que a satisfacer nuestra curiosidad especulativa; el mensaje revelado ha sido desarrollado por la Iglesia poco a poco y, en ciertos puntos, sólo después de repetidos conatos. Pero es falso que el único camino para conocer algo de Dios sea la experiencia religiosa; que las fórmulas dogmáticas no expresen ningún contenido objetivo;  que la evolución de las formulaciones dogmáticas se produzca según un proceso puramente natural, por el que se haya ampliado desmesuradamente e incluso desfigurado el mensaje originario de Jesús, de modo que éste deba adaptarse a los nuevos datos históricos. sus adictos ven en la Iglesia, no tanto una institución sobrenatural para alcanzar la salvación, cuanto un factor de civilización y progreso moral en este mundo. Con lo cual ellos se exponen al peligro de caer también en el error fundamental, común a todos los modernistas, que Friedrich von Hügel caracteriza de la siguiente manera: «Creo que la diferencia principal y decisiva (entre los auténticos modernistas y los que permanecieron católicos, los que se limitaban a simpatizar con el movimiento) es la que se da entre la concepción de la religión como un fenómeno puramente intrahumano, que no revela nada por encima del ámbito de las experiencias humanas, y la interpretación de la religión como una dimensión metafísica que por esencia revela y produce en nosotros más de lo que poseemos por las propias fuerzas» (Carta de 1921: Selected Letters [1927] 333s).
    Un saludo muy cordial

  • Javier Renobales Scheifler

    ¿Ahora te vas a creer la única voz discrepante en este foro, amigo J. Miguel? Mira bien y verás que hay muchas. No te creas que eres el único que discrepa.

    Que me trates de brujo me recuerda a la Inquisición, que asesinaba brujas por aquí cerca, en la zona del Duranguesado. y por tantos lugares. Una eficaz manera de asesinar para robar, esta católica Inquisición hoy Santo Oficio o CdF.

    Respecto de Arregi, veo que los más en este foro estamos de su parte, incluso instintivamente pues, por instinto cristiano ya, nos ponemos del lado de la parte débil en este conflicto surgido entre cristianos que deberían ser iguales, y no uno poderoso (Munilla) y el otro tan débil eclesialmente (Arregi).
    Como de costumbre, el lobo (Munilla) de la fábula de Esopo le quiere impedir beber al cordero (Arregi) que bebía más abajo en el río y, ante los razonamientos de éste, le condena al silencio y le expulsa (se lo come vivo) culpándole falazmente de enturbiarle las aguas al beber.
    Los más en Atrio veo que estamos de parte de Arregi, nos solidarizamos con el cordero Arregi. Tú no, tú estás de parte de Munilla, por obligación católica mal entendida, porque aceptas acríticamente las normas impuestas por la jeraquía.
    Dices: hay unas normas. Como si esas normas las hubieran puesto ahí las leyes del universo, o como si Dios la hubiera puesto ahí. Pero no, esas normas las han puesto ahí los jerarcas, no los católicos, no el pueblo de Dios, ni menos aún Dios (que no va por ahí poniendo normas en las Iglesias), sino los jerarcas.
    Tu planteamiento, querido J. Miguel, me recuerda al de Franco y sus franquistas (te lo digo cariñosamente, sin ánimo de ofender –yo también procuro tratarte cariñosamente, por eso has vuelto- je, je, perdona la petulancia): o aceptas esas normas, o si no te gusta, vete de España. Eso decían, que se vayan de España los que no acepten las normas del franquismo.

    Es que se habían apoderado de España, lo mismo que los jerarcas se han apoderado de la ICAR y la manejan como si fuera su finca, la finca del abuelo, que decíamos del patascortas, cuando éramos más pequeños ¿recuerdas?

    Creo que el planteamiento correcto es el de Arregi, que tiene todo el derecho a discrepar desde dentro. Arregi tiene todo el derecho a seguir predicando y expresándose libremente. Ningún cristiano debería impedírselo. Sólo una mente dictatorial lo haría, y lo ha hecho.

    Arregi ama la ICAR, y por eso entiendo yo que quiere su democratización: para que el pueblo de Dios del que sois parte los católicos pueda participar eligiendo a sus representantes en sus comunidades de base, y así sucesivamente hasta elegir un colegio de representantes en la cúspide del gobierno de la ICAR, o un Papa, si es el caso.

    Ahora el pueblo no participa nada, pues todos los Obispos, los que van a los Sínodos y los queno van, los elige todos a dedo el Papa, imponiendo al que mejor le parece a él.

    Es la dictadura por excelencia, la católica, la de la ICAR. Pero claro, a ti te parecerá incluso democrática, me temo; bueno, también Franco decía que lo suyo era una democracia orgánica.

    Pero eso es engañar, tratar de engañar y permitir que se engañen los que quieran hacerlo, complacientes con la dictadura que sea.

    Los católicos por ejemplo han vilipendiado en España a los vencidos en la guerra (Cruzada por Dios la llamaban los jerarcas, blasfemamente); han vilipendiado a media España durante decenas de años, con su sangrienta dictadura, inhumana como todas, y por lo tanto no cristiana.

    Hoy hay católicos, como tú, que siguen defendiendo la dictadura en la ICAR, aunque la dictadura sea inhumana y por lo tanto no cristiana.

    Así que no te creas disidente, J. Miguel, que vas cómoda  y acríticamente a favor de corriente en la ICAR que también es de Arregi.

    El disidente es Arregi, tú estás en el bando de la poderosa jerarquía, en el contrario al que eligió Jesús, que fue un disidente porque estuvo toda su vida en el bando de los pobres, en el lado de los débiles, de los desheredados.

    Y por eso lo mataron los sacerdotes. Por eso han echado a Arregi.

    Jon Sobrino (teólogo católico) decía estos días que el poder eclesiástico ha traicionado a Jesús, y tiene razón. En este foro lo decía hace años Juan Luis Herrero del Pozo, riojano como tú, y como nuestra amiga Mar Medina.
    http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Jon/Sobrino/denuncia/poder/eclesiastico/ha/traicionado/Jesus/elpepisoc/20100913elpepisoc_5/Tes.

    La Iglesia de Jesús no es ese poder eclesiástico católico, amigo J. Miguel, y Arregi y Sobrino tienen todo el derecho a querer sanear ese poder eclesiástico que tú defiendes. Ellos son los disidentes, las voces discrepantes en la ICAR, no las únicas, pero las discrepantes, las que no tienen poder en la ICAR.
    Saludos cordiales.

  • Fico Sánchez Peral

    Apreciado J. Miguel Vallejo:
     
    Yo en ningún momento me he referido a Atrio como “mi” casa, en sentido posesivo y excluyente, sino a la nuestra, lo cual te incluye. Literalmente dije: «Eres tú el que vienes a la nuestra (también tuya, e insisto: eres bienvenido)… a “amenazarnos” con marcharte si no te damos la razón…». Lo cual, para nada pretende obligarte a pedir permiso (eso es demagogia) sino, por el contrario, darte la bienvenida a un ámbito de encuentro y de diálogo (bastante más libre que el de la Iglesia) en el que a veces se está de acuerdo y a veces no, pero en el que incluso en la discrepancia tratamos de entendernos, eso es todo. Sólo pretendía pedirte juego limpio en ese sentido y que aportaras tus opiniones y tu reflexión, no la de la jerarquía religiosa, que esa ya nos la sabemos.
     
    Y por si no lo has captado aún, te recuerdo que la intención de mi cometario era llamar la atención sobre la contradicción entre la llamada de Jesús a desarrollar los talentos y la imposición de silencio (muerte intelectual, aborto retroactivo…) por parte de Munilla (licenciado en teología) a José Arregui, que como doctor en teología no se dedica a incumplir normas, sino a investigar y profundizar en ellas para trascenderlas en beneficio de toda la Iglesia. Lo cual implica, entre otras muchas cosas: valentía para asumir riesgos al traspasar fronteras. ¿O es que hay alguna investigación que no asuma riesgos experimentales y que, aun con eventuales fallos, e incluso gracias a los mismos fallos, que por eliminación nos llevan a nuevas pruebas que, a su vez,  finalmente acaban facilitando el avance? Por eso, y no por desafiar o humillar, me refería al siervo bueno y fiel que se arriesgaba por acrecentar los talentos. Que es lo que hace Arregui… y por lo que muchos le estaremos eternamente agradecidos.
     
    ¿Te suena el Juramento antimodernista? Fue la indecente formula usada por la jerarquía eclesiástica para imponer silencio, obligándoles a abominar de sus propios escritos, a los más avanzados teólogos de la primera mitad del siglo XX. Entonces se creó en la iglesia un vergonzoso clima de acoso y delación hacia los mejores pensadores, protagonizado -cómo no- por los más obedientes y menos formados teológicamente, y que acabó con el silenciamiento y excomunión de casi todos ellos. Lo que -para desgracia de la Iglesia- fue la causa del retraso intelectual y teológico de varias generaciones de jerarquía religiosa, y que llega hasta la pobreza, mediocridad, espíritu de sumisión e innoble servilismo de la jerarquía actual, pues con aquella maniobra nos robaron a los mejores y nos quedamos, como torpes formadores de las siguientes generaciones, con los mediocres protagonistas de la persecución y delación.
     
    Mucho tuvo que ver con el deseo de superación de los efectos de aquella nefasta etapa, la convocatoria por el Papa Juan XXIII del Concilio Vaticano II, pero ya sabemos lo pronto que se empezó a gestar –incluso antes de que acabara- el anticoncilio, para impedir que eso se consiguiera. Y así nos va. Por eso no es de extrañar que en la actualidad, para los católicos de pro, siga primando más la obediencia a la institución que la comunión y por eso se ven siempre, inevitable y únicamente abocados a discutir de religión, pero nunca a promover la comunión en una fe común, ni a compartir su anhelo por avanzar en una mejor experiencia de Dios. Quizá si se arriesgaran a traspasar algunas fronteras a la búsqueda de Dios y de sí mismos fuera de otra manera…
     
    Yo preferiría que te quedaras, pero si lo haces –y sin necesidad de que nos des la razón por sistema- si te pediría que trates de esforzarte en comprender. La finalidad del diálogo (decía Juan Pablo II al principio de su mandato y por eso despertó tantas esperanzas luego frustradas…) no es convencer, ni ponerse de acuerdo, sino comprenderse; ponerse en el lugar de nuestro interlocutor para tratar de entender las razones profundas que le hacen pensar como piensa, y así crear puentes de unión que, aún en el desacuerdo, acerquen a las personas…
     
    También hace falta valentía y juego limpio para arriesgarnos a ponernos en el lugar del otro y correr el riesgo de que sus planteamientos nos convenzan, pero eso nos ennoblece a ambos.
     
    Eso pretende también Atrio como lugar de encuentro y eso pretendemos los atrieros, aunque a veces en el fragor de la conversación nos excedamos.
     
    Saludos cordiales. Fico.

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