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En nombre de Dios…

 Hay una persona o grupo que se oculta bajo el pseudónimo “R.”  que envía a diario varios tetxos que no tienen desperdicio. Hoy reproducimos un artículo que nos acaba de lenviar,  atribuido a Salvador Bofarull, un funcionario de la ONU jubilado. Ya R dice que, aunque pueda contener alguna inexactitud (hace una cita del evangelio, cuando allí mismo Jesús tiene una frase en sentido contrario), es un artículo que nos anima a pensar por nosotros mismos. Y ahí coincide plenamente con el objetivo de ATRIODIOS-1

 

      El refranero popular rezuma profunda sabiduría: Una buena capa, todo lo tapa. Una buena capa puede tapar los actos más repulsivos.

      Cuando el hombre primitivo empezó a pergeñar la idea de un Dios pantocrátor y todopoderoso, pronto descubrió que la Divina Capa de Dios le brindaba impunidad para dar rienda suelta a sus instintos más abyectos.

      Cuando las primeras agrupaciones humanas codiciando las riquezas de sus vecinos (agua, caza, mujeres, tierra fértil, etc.), emprendieron agresiones de rapiña, lo hicieron al grito de ¡Luchemos contra ellos, que nuestro Dios es más poderoso que el suyo! En nombre de Dios se perpetraron masacres sin fin.

      Las grandes religiones con su cúpula autocrática y burocratizada, azuzó estos sentimientos. Al crédulo se le llamó “creyente” y se impuso la “creencia” por el terror. Muchos pedían a gritos que se les engañara. Eran los buenos “creyentes”, mientras que a los demás se les mandaba a galeras o a la hoguera, todo ello en nombre de Dios. Los organizadores de las “Cruzadas”, bajo histérico grito del Preste Juan, ¡Dios lo quiere!, lanzaron ejércitos de desarrapados contra poblaciones del Próximo Oriente, saqueando y masacrando a su paso.

      En Europa, los monarcas absolutistas y despóticos, se arroparon con el manto divino, en nombre de Dios, para “guerras de religión”, en realidad de destrucción, para satisfacer así su megalomanía y sus ansias de riquezas. Los conquistadores españoles de América, expoliaron las riquezas del llamado “Nuevo Mundo”, especialmente el oro y la plata, a “cristazo limpio”, es decir en nombre de Dios, y mientras masacraban a quienes osaban resistir la invasión, enviaban estos expolios a España, no para mejorar la penosa condición de sus súbditos, sino para financiar desastrosas “guerras de religión” en lejanos países.

      En las respectivas retaguardias, el nombre de Dios seguía haciendo estragos. El Santo Oficio de la Inquisición perseguía con saña a quienes no aceptaban ser sumisos borregos de los jerarcas religiosos. La sumisión y la negación de la propia personalidad se exigían en nombre de Dios. Términos como Las esclavas del Señor, El Divino Pastor, la oveja descarriada, el Pastor de almas, etc. reflejaban la política de la cúpula religiosa de reducir a sus fieles a la condición de sumisos borregos.

      Desde los inicios del Cristianismo, éste consideraba la esclavitud como institución natural. Con la expansión del colonialismo europeo se consideró a África como la gran cantera de esclavos. Piadosos traficantes de esclavos, todos ellos buenos cristianos, que actuaban en nombre de Dios, arrasaron poblados enteros enriqueciéndose con el tráfico esclavista. En las costas del Índico, piadosos creyentes musulmanes, también en nombre de Dios (Allah) realizaban prácticas similares. En Estados Unidos, Cuba, y otros territorios americanos, buenos cristianos explotaban a los esclavos procedentes de Africa. En 1865, el presidente sureño, jefferson davies, afirmaba: Dios ha regalado los negros al hombre blanco, y oponerse a la esclavitud es ofender a Dios, rechazando el obsequio que le ha hecho. Todavía en la década de 1950, una prestigiosa revista islamista, Al Hadi al Islami (editada en Libia antes del régimen de Gadafi), proclamaba solemnemente que La esclavitud es una institución grata a Dios (Allah).

      Durante varios siglos, en la terminología de los seguros marítimos, las pérdidas de navíos o daños por ellos sufridos por tempestades, choque con arrecifes, incendios accidentales, etc. se decía eran debidos a Acts of God (Actos de Dios), pues creían que estas desgracias eran obra de Dios. El concepto de Dios como un ser iracundo y vengativo impregna siglos de teología cristiana. El célebre himno Dies Irae (el día de la Ira), se refiere a la ira de Dios, que castiga a sus enemigos, y ha estado presente en oficios religiosos durante siglos hasta recientemente. Quien no está conmigo está en contra de mí – Jesucristo – . No vale la neutralidad. Para los cristianos, quien no renuncia a su propia personalidad convirtiéndose en un monigote en manos de quienes se arrogan la representatividad de Dios en este mundo, serán víctimas, más tarde o más temprano, de la ira de Dios.

      Por otra parte, este Dios arrogante e iracundo, no quiere mancharse sus divinas manos con sangre inocente. Para ello tiene un perfecto comodín, el Demonio, que le hace el trabajo sucio; en el infierno, tortura eternamente a quienes, en este mundo traidor, no se han resignado al papel de peleles, y han pensado por su cuenta y riesgo.

      Todavía, a mediados de la década 1950-60, el sacerdote Monseñor Galindo, en un famoso templo de la calle de Serrano, Madrid, afirmaba categóricamente: Terremoto en Chile: diez mil muertos… ¡es la ira del Señor que nos castiga por no rezar bastante! Es decir, ejerce su ira en este mundo y también en el otro, ¿o no? ¿No será este Dios sino el producto de la desbordada imaginación humana, azuzada convenientemente por sus beneficiarios? De ahí el interés de estos en que la gente no piense… pero Cogito ergo sum – pienso, luego existo- (Descartes) y E pur si muove – Sin embargo, se mueve- (Galileo Galilei).

       Salvador Bofarull. Madrid.

       Ex-Asesor Económico en República de Guinea Ecuatorial

 

 

21 comentarios

  • De donde se deduce,querida ANA RODRIGO, que la autocrítica para ser creible a fuer de sincera y que exprese una verdadera revisión de conducta, se debería haber producido desde que se tuvieron conocimiento de los hechos y no a merced de los acontecimientos porque, en ese caso me temo que estamos más ante una nota diplomática que ante un reconocimiento de errores. 
    Alguna diferencia de opinión sobre esto mismo tuve yo hace días con un contertulio de Atrio a propósito de esa carencia de autodepuración en el seno de la Iglesia. Y parece que al final hasta el Papa nos da la razón. 
    Por cierto no conocía ese comunicado.
    Saludos   

  • Luis González Morán:

    De tu ultimo escrito al menos, se desprende cultura. Pero la verdad es verdad, la diga “Agamenon o su porquero”. En este caso, el porquero, soy yo.

    Te cuento que a veces escucho “Radio María”, porque me informa de hasta donde llega el desvarío religioso. Hace pocas noches que criticaban el Internet. Se desprendía claramente que les “preocupaba” el que nos llegase todo sin filtros…
    La “Congregación para la Doctrina de la Fe”. Creo que es una institución para el control del pensamiento.
    La religión Católica, con todo respeto te diré. Que ha engañado con un mas allá hipotético, y ha aterrorizado con un hipotético Infierno. Lo digo en pasado, porque, al menos en España y en Europa, está “de capa caída”. Donde vivo, teníamos un “santo varón” de sacerdote, que murió recientemente con muchos años cumplidos. Ahora celebra la Eucaristía otro sacerdote, también con muchos años, y que “tiene a su cargo, las almas” de no se cuantos pueblos…
    Lo quieras reconocer o no, en un pasado que llega hasta anteayer, al ciudadano “librepensador”, le esperaba el Infierno, y la ira de Dios. Afortunadamente, al ciudadano de hoy, esto, le hace reír…
    Por otra parte, la imagen de Jesús que transmite la Iglesia. Está contaminada con el mito. No nos vale hoy. Pretendes hacernos creer, que te crees, que Jesús, nació de una virgen?. o que resucitó de entre los muertos al tercer día. Etcétera…
    Si te lo crees, me reservo la opinión…, si no te lo crees, también me la reservo…
    Tienes razón, ante todo libertad, para ser creyente o no. Y hasta para que puedan abortar las mujeres…
    Ante todo libertad, para que unos cada vez menos creyentes, estén enredados en una palabreria prerracional y mítica. Pero igual que se habla lo que se quiere de las sectas peligrosas. Creo que se puede hablar, de una macrosecta, bastante, bastante, peligrosa…

  • Luis González Morán

    El artículo que da pie a esta entrada es una fuente inagotable, a mi juicio, de despropósitos, a pesar de haber obtenido una muy alta calificación en el veredicto atriero.
    Ya he destacado varias perlas “exhibidas” en este artículo, pero voy a añadir una más, para desenmascarar la “objetividad” del escrito.
    Dice Don Salvador Bofarull: “Para los cristianos, quien no renuncia a su propia personalidad, convirtiéndose en un monigote en manos de quienes se arrogan la representatividad de Dios en este mundo, serán víctimas, más tarde o más temprano, de la ira de Dios”.
    Párrafos como él transcrito son los que llevan al éxtasis a los seculares y actualizados enemigos de la Iglesia: se pinta un cuadro inmundo y despreciable, se rebajan hasta el paroxismo las lindes de la decencia y la objetividad, se degrada la imagen, desfigurándola hasta la parodia y el sarcasmo, y luego a tirarle piedras al muñeco hasta que salte hecho añicos… Ya nos había dicho Don Salvador que los creyentes éramos “sumisos borregos de los jerarcas religiosos”. También que el “crédulo se convierte en creyente”.
    Estas manifestaciones ponen en evidencia al que las formula. Por poner un ejemplo de creyente, (un mal ejemplo, por supuesto) voy a hablar de mi mismo: en cincuenta y dos años de sacerdocio, jamás un arzobispo, obispo o similares (y heconocido y tratado a muchos) me ha hecho la menor indicación de qué tenía que decir o qué tenía que callar o sobre qué cosas debía poner énfasis o qué cosas debía silenciar. Jamás nadie me insinuó que tenía que renunciar a mi propia personalidad y revestirme de otra que (supongo) me facilitarían gratis.
    Una anécdota personal: en los tiempos en que estudiaba Sagrada Escritura en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma (antes, por supuesto de que llegaran los rompedores exegetas con las peregrinas versiones hermenéuticas), llegué a ser amigo personal de Juan XXIII, por la cantidad de veces que asistí a audiencias privadas de grupos pequeños  que llegaban de España.  Debo decir muy alto en honor a la verdad que aquella entrañable persona jamás nos obligó a renunciar a nuestra propia personalidad……. para “no ser víctimas, más tarde o más temprano, de la ira de Dios”.
    Autores, como el redactor de este artículo, parten del criterio (que comparten algunos compañeros de Atrio) de que todas las personas que seguimos fieles a la Iglesia, somos “menores de edad” y “sumisos borregos de los jerarcas religiosos”.
    Pero, ¿cómo se pueden decir estas tonterías en los tiempos que vivimos? Evidentemente, que en el seno de la Iglesia se han cometidos muchos errores, muchos crímenes y muchas injusticias, pero lo que no es de recibo es afirmar, como se viene haciendo, que en la Iglesia de Jesús (eso, para los que admitimos que Jesús instituyó una iglesia) SOLO hubo errores, crímenes e injusticias. En el seno de la Iglesia mucha gente conoció a Jesús (estoy hecho un lío con lo Jesús es Dios o lo de Dios es Jesús), aprendió a amarlo y seguirlo, aprendió a rezar, a amar a los hermanos, a servir a los más pobres, incluso a dar la vida por los que se ama, como Él nos enseñó.
    Muchas personas han abandonado la Iglesia: esta es una decisión personal absolutamente respetable. Sea enhorabuena, si esto es lo mejor para ellas. Muchos seguimos dentro de la Iglesia: sea enhorabuena, si esto es lo mejor para nosotros. Pero, dicho esto, ¿no sería bueno mirar todos en la misma dirección (desde dentro y desde fuera) y hacer juntos lo que Él nos enseñó, es decir, amarnos como hermanos, sobre todo a los más pequeños y vulnerables y convertir este amor en gestos y actitudes generosas y beligerantes en su favor? ¿No podríamos orientar nuestro esfuerzo a aliviar y suprimir tanta injusticia como vive alrededor nuestro, generadora de tantísimo e injusto sufrimiento?
     

  • ana rodrigo

     
    No sé porqué hay que negar evidencias como que, por ejemplo las Cruzadas, las guerras de religión  o la Inquisición son historia. Todo en la vida tiene su lado oscuro además de momentos luminosos y brillantes. Y esto ha ocurrido en todas las religiones.
     

     Un ejemplo lo tenemos en los últimos acontecimientos de pederastia en la Iglesia. Obispos, cardenales y demás personalidades han estado echando en cara a los medios de comunicación que eran enemigos de la Iglesia porque informaban de lo ocurrido, todo lo interpretaban en clave de ataque a la Iglesia. Hasta en atrio se nos achacaba que estábamos atacando a la Iglesia y se intentaba por parte de algunos, de minimizar el problema.
     

     Pues hoy el Papa ha dicho lo siguiente: “Hoy vemos de una forma realmente terrible que la mayor persecución de la Iglesia no proviene de los enemigos externos sino que nace del pecado dentro de la propia Iglesia”. ¿Decimos que el Papa es enemigo de la Iglesia porque reconozca esta página negra de la Iglesia?¿O es que hasta que no habla el Papa no podemos opinar?

  • Carmen (Almendralejo)

    Es curioso, cuando la naturaleza actúa y nos coge a contrapiés, es decir nos sacude y a la vez nos devuelve cierta parte del daño que recibió de nuestra manos, los hombre que creen tener la voz de D*s, nos dicen ¡D*s os está castigando!

    Pero cuando sale a la luz, la maldad y el abuso de estos, no es D*s quien actúa, sino que somos las personas quienes intentamos hacer daño a estos hombres de la religión.

    Nuevamente vemos la perversión de la utilización del nombre de D*s, y de cómo en nombre de D*s se hace todo, se permite todo y se olvida lo esencial, el compromiso con la humanidad, el mismo que D*s hizo al encarnarse en el vientre de una mujer…

    Esa es la gran locura, que D*s se Encarnó en el útero de una mujer, después que naciese varón o mujer, daba igual.

    La locura de la cruz, es una locura racional y primate, la Encarnación de D*s en una mujer, es la locura basada en el Fiat y el Amor sin género.

    ¿Cuatas más aberraciones se puede decir o hacer en nombre de D*s?

     

     

     
    Cómo ver a D*s, cuando se tiene invisibilizada a más de la mitad de toda la humanidad, si partimos del seno de ella, y sin embargo ocultamos sus voz?

    D*s, está invisible porque no hemos sido capaz aún de reconocer lo que ha sido en verdad la figura de Jesús, Nacimiento, vida y obras…
    Nos hemos quedado con la preocupación material de la otra vida, como siempre
     
     

  • Luis González Morán

    Agustín.
    No solo te permito, sino que te agradezco la precisión.
    Este escrito tuyo es de lo más amable que se ha escrito en Atrio en los últimos milenios.
    Un abrazo con gratitud musicóloga y mozartiana para un experto en la materia.
    Por cierto, decir que este escrito es historia y solamente historia…es una buena broma.
    El escrito “ofrece” una visión peculiar de la historia, que es la del autor del artículo, que no quiere decir que sea historia objetiva, sino manejo de la historia (lo que se llama “cocinar” la historia) para unos fines concretos, que en este caso el señor Bofarull sabrá cuáles son.
    Debo decir que me ha parecido  muy buena y “templada” la aportación de Sergio Zalba.
    No quiero terminar sin hacer mención de otra de las muchas perlas que salpican el escrito del señor Bofarull. Dice literalmente: “en las retaguardias, el nombre de Dios seguía haciendo estragos”.
    No, señor, el nombre de Dios no hace estragos ni en la vanguardia ni en la retaguardia, ni siquiera en Guinea Ecuatorial: el nombre de Dios es santo, pacífico, consolador, benéfico y amable.
    Lo que hace daño es el uso que el hombre (los hombres de la Iglesia y los de fuera de la Iglesia) pueda hacer del nombre de Dios y las aplicaciones que hagan del mismo, sobre todo cuando sirvan para hacer sufrir a un hermano. Pero esta maldad (estos “estragos” en la voz del autor) no debe ser atribuída a Dios, sino a la perficia y a la estulticia humana. Y éste es otro cantar.
    Pero, bueno, hay otros que hacen daño sin invocar el nombre de Dios…
    Así que historia y solamente historia, eh?
     

  • A Luis González Morán, sin la más remota intención de molestar.
    ¿Me permites una precisión? (Lo digo porque es que yo, como he dado a entender en alguna ocasión, soy muy mozartiano).
    Hay un lapsus (perfectamente entendible, por otra parte) en la referencia al número de catálogo del Requiem de Mozart. No es KV 636 sino 626. Y otra. Mozart no terminó de escribir el Requiem; es más, el Dies Irae se termina en el octavo compás del versículo Lacrimosa. El resto lo terminó de componer (basado en lo ya escrito por el propio Mozart y repitiendo algunos pasajes musicales su discípulo Sussmayer.  Por ejemplo en la Communion repite el mismo tema fugado del Kirye. Y lo más importante; Mozart hace de su Requiem un canto de esperanza y le quita tremendismo como hizo con su música para un funeral masónico (que ya comenté en otra ocasión). 
    Un cordial saludo    

  • En primer lugar debo dejar constancia de mi acuerdo (en términos generales) con la visión del autor sobre la idea que la teología oficial ha diseñado sobre Dios: el Dios justiciero que castiga con el fuego eterno al pecador. Esa imagen repugna a la mente (leáse el verbo repugna en  el sentido en que se suele usar precisamente en la escolástica). O Dios es amor o no es. Es más decir que el hombre puede ofender a Dios es una blasfemia. Que Dios (que no olvidemos que es metafísicamente imposible saber qué es o cómo es y tan siquiera si es) pueda sentirse ofendido por algo que haga un ser humano es ridiculizar a Dios. Y el problema es que eso lo afirman quienes dicen creer en Dios. Como alguien ha dicho no estamos hablando de Dios (es imposible) sino de un Dios que nos hemos inventado.
    La otra cuestión que igualmente repugna a la razón es que Dios nos haya creado con culpa. El ser humano, dice la teología oficial, viene al mundo con pecado y tiene que redimirse. Y de nuevo creamos a un Dios mezquino; tan mezquino como cualquiera de nosotros. Y eso es blasfemo.
    En una ocasión me decía una hermana mía: verás, Agustín, si no existiera el infierno y todo el mundo después de muerto pudiera ir al cielo; si no existiera ese temor todo el mundo haría lo que le diera la gana.
    El problema, le dije, es: 
    – que no existe el infierno (Dios no puede condenar eternamente a alguien que se muera estando en la cama con alguien que no es su mujer o su esposo, porque además, sin ninguna duda se trata de buena gente porque en ese momento se estaban amando. Es absurdo)
    – que existen muchos millones de personas para las que su religión nunca les habló de infiernos ni purgatorios y no por eso son unos malvados
    – que quien fomenta los comportamientos antisociales o pecaminosos es precisamente quien dice que tiene en sus manos las llaves del cielo y que con una confesión en el último momento basta para abrir las puertas del cielo. Con lo cual estamos fomentando que se puedan cometer todo tipo de tropelías porque si al final nos confesamos estamos salvados. Absurdo, igualmente.

    Y dos apostillas: No fue el preste Juan quien predicó las cruzadas con el lema de “Dios lo quiere” sino Pedro el ermitaño.
    – El Dies irae, no forma parte de ninguna teología aunque responde al espíritu de la teología del pecado y la salvación o condenación. Se trata de la Sequentia de la misa de difuntos, construida por algún monje anónimo y en un latín bastante pobre, buscando principalmente la rima más que el concepto y donde la primera parte es un canto de desesperación del “pecador” y en la segunda se invoca a la misericordia de Dios.

    Por cierto, toda la misa de difuntos, musicalmente hablando es realmente impresionante (la del gregoriano). Tanto que Schubert parece ser que decía que no era posible componer esa misa con una música más apropiada.        

  • Manuel V.

    No afirmo que sea de teología… ni de historia, sino todo lo contrario

  • Manuel V.

    ana:
    Si el post fuera de historia y no de teología. peor me lo pone.
    A cualquier cosa le llamas ataque de autodefensa. Con esa norma ¿que es lo que escribes tú? De todos modos basta ver las excepciones que mencionas para ver que no mides con el mismo rasero. Lee mejor los textos escritos y hablamos.
    Saludos

  • Sergio Zalba

    A mí el texto del post no me resulta del todo objetivo, o mejor, no me parece ‘completo’. Claro que señala una teología y una religiosidad -aún vigente en muchos enclaves conservadores- pero que ya ha perdido muchísimos adeptos aunque básicamente se mantenga en el poder.
     
    Tampoco en la historia, las actitudes que allí se señalan han sido homogéneas. No me imagino, sólo por nombrar algunos personajes muy conocidos, ni a Francisco de Asís, ni a Juan de la Cruz, ni a Juana de Arco, balando como corderos ante el llamado del Papa. Ni todos los cristianos fueron guerreros ni todos necesariamente esclavistas. La historia, junto a la negritud que se señala en el artículo, supo de grises y también de brillanteces. Cayetano de Thiene, por ejemplo, fundador del primer banco de crédito para los pobres y laboralmente explotados, criticó a Roma y a sus palaciegas costumbres, tanto o más de lo que hoy puede hacerlo el más progresista de los cristianos o teólogos. Pero así y todo, es muy difícil juzgar todos los hechos del pasado con categorías del presente, aunque algunos sí, por supuesto.
     
    Me parece que de todos los horrores que señala Bofarul, el que persiste con una fuerza admirable, es el de los “actos de Dios”, ya sea para dañar/condenar como para beneficiar. Me resulta ya casi inconcebible -y no pretendo ofender a nadie, ni tengo alcurnia para hacerlo- que personas tan instruidas del siglo XXI, puedan justificar un himno como el Dies irae, aunque en su segunda parte refiera a un Dios un poco (pero sólo un poco) más benévolo que en la primera. “Mis ruegos de nada valen, pero tu que eres bueno, haz misericordioso que no me queme en el fuego eterno…” ¡Cuán misericordioso es ese Dios que para los ‘malos’ ha creado el fuego eterno y al que hay que suplicarle para no acabar la existencia como un pollo al espiedo!
     
    Sólo falta -y tengo para mí que está llegando el día, aunque reste un siglo- que desaparezca esa imagen tan absurda como mágica de que Dios pueda tener ‘hijos y entenados’,  ministros infalibles y creyentes de segunda selección. Cuando se acabe la infalibilidad, serán muchos más quienes se atrevan a pensar por sí mismos. Y entonces el cristianismo ‘oficial’ dejará de ser un conjunto de dogmas a cumplir y será -¡por fin!- un estilo de vida a vivir. Tal como lo vive la mayoría de los creyentes, incluso los que no lo son.
     

  • ana rodrigo

     Dice José Rodríguez de Rivera: “…permiten identificar, desde una situación singular, factores o elementos que posiblemente permitan revisar tesis o hipótesis hasta el momento admitidas como incuestionables.” Y veo que los comentarios que se ha colgado hasta este momento, salvo el de Pepe Sala y el del autor de este párrafo, automáticamente les ha saltado el resorte de la autodefensa atacando.
     
     
    Lo que escribe el autor del post acerca de la historia, no es teología, señores, es historia, sencillamente historia. Que hay además de ésta otra historia más amable y positiva, pues cierto, pero es que la realidad tiene dos caras, unos miran el anverso y otros el reverso.
     
     
    Si la teología oficial, (la no oficial ya lo está haciendo), se cuestionase muchas de las cosas que el autor nos dice, posiblemente la religión cristiana sería más creíble. José Rodríguez no pone el ejemplo de Dios Providencia, pero podríamos poner qué sentido tiene para una sociedad racional un Dios todopoderoso, omnipotente, al mismo tiempo que ese mismo Dios es misericordioso, padre y bueno por antonomasia. Sería la cuadratura del círculo y, que yo sepa, esto es irracional o inhumano, un Dios que teniendo en sus manos evitar el sufrimiento no lo haga siendo el Bueno absoluto.
     
     
    ¿No será cierto eso de que ha sido el hombre el que creó a Dios? Si el mismo San Juan nos advierte que nadie ha visto a Dios, ¿Cómo nos atrevemos a hablar de sus atributos con tanto desparpajo? De ahí a lo que se ha hecho y se sigue haciendo en nombre de Dios sólo hay un paso. Porque lo mismo que le atribuimos cualidades sublimes, también le adjudicamos voluntad divina a lo que nos interesa para nuestro intereses (valga la redundancia). ¡Jugar a ser los intérpretes de los pensamientos, sentimientos, y voluntades de los dioses, es tan peligroso como querer ser dioses en proporción al poder que tengamos sobre nuestros semejantes.

  • Luis González Morán

    Contemplado con un golpe general de vista,  el texto parece un alegato arrollador, sin ninguna posibilidad de contra-argumentación. Desde luego, es peligroso escribir sin matices, a trazos gruesos, sin la debida matización, porque así nos encontramos ante la peligrosa generalización.
    Voy a referirme a un solo punto del artículo de entrada. Dice el autor: “El célebre himno Dies Irae (el día de la ira), se refiere a la ira de Dios, que castiga a sus enemigos, y ha estado presente en los oficios religiosos hasta recientemente”.
    Evidentemente el Sr. Brufau toca de oído (aunque no haya oído nunca la grandiosa versión que de este himno hizo Mozat para orquesta en su Requiem en re menor (KV 636). Es verdad que el  himno tiene unas estrofas donde se resalta el enojo de Dios, pero toda su segunda parte es un himno confiado a la misericordia de Dios. Para evitar interpretaciones subjetivas, transcribo los párrafos donde se invoca el amor misericordioso de Dios y su piedad:
    “Rey de tremenda majestad, que salvas gratis a quienes van a ser salvados, sálvame fuente de piedad.
    Recuerda, piadoso Jesús, que soy la causa de tu camino: no me pierdas aquel día.
    Buscándome, te sentaste cansado: me redimiste padeciendo muerte de cruz; no sea vano tanto esfuerzo.
    Juez que castigas justamente, házme el regalo del perdón antes del Día del Juicio                                             

    Gimo como un reo, se enrojece mi rostro por el pecado; perdona, Dios, a quien te implora.
    Tú, que absolviste a María y escuchaste al ladrón, también a mí me diste esperanza.
    Mis ruegos de nada valen, pero tu que eres bueno, haz misericordioso que no me queme en el fuego eterno.
    Suplicante y humilde te ruego, con el corazón casi hecho ceniza: toma a tu cuidado mi destino.
    Día de lágrimas será aquel en que resurja del polvo el hombre culpable para ser juzgado. PERDONALE, PUES, OH DIOS”.
    No voy a extenderme en más comentarios, porque los propios textos ponen de relieve que se invoca y se confía en un Dios misericordioso. Es verdad que hay un Dios que infunde temor, pero es el mismo Dios que infunde amor, esperanza y confiada serenidad.
    Moraleja: cada uno puede tener las ideas que le parezcan razonables y asumibles, pero no se puede intentar pulverizar las ideas de los que no piensan lo mismo con trazos gruesos indebida e insuficientemente documentados.
    Otro ejemplo de lo que digo es la asimilación conceptual entre “crédulo” y “creyente”. Según el DRAE crédulo (del latín credulus) “es aquel que cree ligera o fácilmente”. Por tanto, el término implica una cierta simplicidad, una incapacidad de crítica o pensamiento propio. Mientras que el creyente es “quien cree, especialmente el que profesa determinada fe religiosa”. Identificando ambos términos, el autor ya nos califica a todos los creyentes de personas que tragamos montes, carros y carretas, necesitados permanentemente de tutores y “pedagogos”. Y ésto es, sencillamente, un insulto. Por que hay muchos “creyentes” de fe madura, reflexiva, comprometida y generosa.
    Qué terrible es generalizar y reducirlo todo a esquemas domesticados y controlables: ¿entiende el autor del artículo que existe un único tipo de creyentes/crédulos, acríticos, irresponsables, siempre “minorennes”, lo que explícitamente denomina el Sr. Brufau “sumisos borregos de los jerarcas religiosos”?: por favor, ex-funcionario de la ONU, le pierde el sectarismo. Todo es cuestión de lindes y precisión, no de afirmaciones “a bulto”, donde todo lo relacionado con la glesia es absolutamente negro y lleno de podredumbre…
    Hay que andar con más cuidado, máxime, cuando anda por medio esa realidad misteriosa e inaprehensible que se llama Dios.

  • Manuel V.

    Todo no da igual, ni las generalizaciones son “datos históricos perfectamente demostrables”, ni el Preste Juan tiene nada de cruzado (imposible confusión)  ni de calixtino.

    Como que la teología católica y la anglicana-protestante-puritana no se pueden meter en el mismo paquete a la hora de interpretar los ¿datos históricos? que se pretende juzgar en paquete unificado, para mayor facilidad de la confusión

    También puede leerse Mc 9 40, pero cualquiera de las citas debe leerse en todo su contexto, ya sabemos lo sencillo que es descontextualizar.

    Valga otro ejemplo: El témino “Esclava del Señor” es una expresión en boca de la Virgen María, que no creo que sea una “borrega”, aunque se la cite en textos tambiéen como “cordera de Dios”.  Parece que no es importante, pero es curioso que párrafo a párrafo ninguno de ellos parece importante. Lo importante es “el todo” dice alguno, el todo no es nada sin las artes y si las partes son como son, pues así el todo.

    Después del repaso venía el exámen final

  • pepe sala

    En atención a la redaccion de ATRIO y a algunos observadores.
    La cita evangélica a la que se hace referencia creo que es ésta:
     
    Evangelio según San Lucas 11-23:
    23 «El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama.
    Todos los demás datos históricos a los que se refiere el texto son perfectamente demostrables para cualquiera que intente pensar y leer por sí mismo.
    Hay un matiz que quizás esté dudoso. Al menos yo, siempre había achacado la frase ” Dios lo quiere” al fundador de la santas cruzadas: Urbano II. Pero es un dato irrelevante que en nada desmerece la veracidad y autenticidad del artículo. Tampoco aseguro queno  sea yo el confundido al respecto del matiz y la tradicción se haya encargado de poner en boca de un papa lo que corresponde a otro autor. Como ejemplo más llamativo pongo el Códice Calixtino, que no era del Papa Calixto.
     
    Buen repaso, ¡¡ por Tutatis!!

  • Cesáreo

    Salvando las precisiones de Manuel V. que merecen todo mi respeto, el artículo de Bofarull puede parecer exagerado, pero creo que algo ha habido y hay de todo ello. Y no algo, bastante.

  • Manuel V.

    Demasiadas generalizaciones y excesivas imprecisiones.
    – De las primeras agrupaciones humanas no hay constancias de esas luchas “divinas” ni nada que se le parezca, aunque podría ser, o no. La manipulación de la religión por parte de los poderosos es un recurso humano habitual.
    – El reino del Preste Juan no tiene nada que ver con las cruzadas, nada más lejos.
    – Investiga los  “Términos como Las esclavas del Señor, El Divino Pastor, la oveja descarriada, el Pastor de almas “, antes de pronunciarte tan despectivamente sobre la Iglesia y hablar de borreguismo en esas denominaciones. Borreguismo es apuntarse al “todo vale” sin investigar ni reflexionar una miaja.
    – Sobre el himno “Dies irae” (que no solo estuvo vigente sino que lo está y se sigue usando en la misa de Requiem) lo primero es que te lo leas completo y luego quizás hablamos.
    – El cristianismo católico no considera ni ha considerado la esclavitud como institución natural.
    – Yo soy cristiano y no soy un monigote esperando las iras de ese ser que, me parece,  tu subconsciente ha creado.
    –  La cita del Evangelio y demás, más de lo mismo
    – Espero que en Guinea Ecuatorial, ejemplo de apertura al diálogo y a la reflexión, puedas ayudarles con estos asesoramientos. Háztelo mirar.
    Saludos

  • José Rodriguez de Rivera

    El mordaz análisis de Bofarull es un buen “estudio de caso”, y la metodología científica considera que estos estudios no sólo son un buen instrumento pedagógico (Harvard es la más conocida universidad en usarlos), sino permiten identificar, desde una situación singular, factores o elementos que posiblemente permitan revisar tesis o hipotesis hasta el momento admitidas como incuestionables. Charles Sanders Santiago Peirce, el gran filósofo estadounidense, clasificó este procedimiento (creado por Aristoteles como Apagoge – a distinguir de Epagoge) como un tercer modo de acceso a la verdad, junto a la Inducción y la Deducción.
    El caso de la esclavitud podría ser complementado con otros errores básicos como fue la condena absoluta del préstamo con interés (Knoll, teólogo alemán lo estudió en detalle y fue un argumento de los consultores de Pablo VI cuando la Humanae Vitae para cuestionar el valor de afirmaciones tradicioinales). Pero lo mismo podría decirse de otros errores “prácticos” de la historia de la Iglesia, como declaración de que una Societas Perfecta debe estructurarse como dictadura (eso es lo que dijo el Vaticano I si uno traduce términos de entonces a los actuales), etc.
    Aquí, las presuntas válidas leyes cuestionadas son varias. A nivel de análisis de la sociedad Iglesia Romana, su pretensión de poseer la verdad en exclusiva basándose en la promesa de Jesús de que asistiría siempre a la Iglesia se ha interpretado como garantía de infalibilidad en sus teorías, pues cualquier lector de la Divina Comedia sabe que era normal situar a los mismos pontífices y obispos en el Infierno. Es decir, nunca se extendió esa protección divina a la Praxis, ahí la iglesia es humana y pecadora, sino se la limitó a la infalibilidad teórica – en una inferencia por deducción apoyada en argumentos que nadie ha sabido exponer bien.
    Por esto creo que esta exposición nos debería hacer reflexionar sobre la total falibilidad en la praxis de la institución eclesial. Y quizá así llegaremos a una postura de cierta humildad y a no creernos mejores que islamistas, budistas o mayas, por sólo citar algunas alternativas de posiciones religiosas.
    Pero a mayor profundidad ese análisis histórico muestra algo más serio. Los humanos, incluyendo ahí a los autores de los libros bíblicos del AT y del NT, construimos “dios” a nuestra imagen y semejanza. Posiblemente en toda teología no-negativa sucede eso. El fundador del Budismo, en reacción a las mitologías del hinduismo sólo se atrevió a crear una teología negativa. En la iglesia antigua, sobre todo en el ámbito griego, hubo santos padres que comprendieron que lo más que podemos llegar a afirmar de Dios es que no podemos saber nada.
    La consideración de un Dios Omnipotente, Providente etc. – como le gustaba por ejemplo a Seneca – es quizá buen consuelo para los que esperan algo mejor que lo que les da esta vida. Pero esas creencias chocan con la realidad del mundo y de la humanidad. Son demasiado “baratas”, como afirmaba Bonnhoeffer, el asesinado por los nazis como culpable de participar en el atentado contra Hitler (un párroco asesino…). Auschwitz, desgraciadamente no es un caso único. Es que el Dios Providencia no es bueno para todos? o tendríamos que revisar nuestra pretensión de definir a Dios, como última razón o fundamento o sentido de lo real?
    Aportaciones como ésta merecen le agradezcamos que nos haga “pensar críticamente” sobre nuestras propias ideas o constructos sobre lo divino y lo eclesial.

  • Miguel González

    Buen repaso ha dado, sí señor. Lo que me pregunto es qué queda después de ese repaso. Qué queda de Dios pero también qué queda de los hombres. Si no queda nada, recojamos los bártulos y arrojémonos al mar porque este mundo no tiene arreglo.
     
    No me parece que lo más correcto sea entrar  en la historia como elefante en cacharrería,  salvo  si uno es doña perfecta. Como no veo a doña perfecta entonces digo que el repaso, que obvia todo lo obviable, es como no decir nada.

  • andres galera segura

    Genial el texto, expresa de forma clara lo que yo opino y observo, no tengo que añadir ni matizar.

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