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Intervención de Julia Kristeva

Intervención de Julia Kristeva (Asís, 27 de Octubre, 2011):

Su Santidad, señoras y señores:

¿Qué es el humanismo?  Un punto de interrogación frente a dos temas serios: Dios y el hombre. En la gran tradición europea –griega, judía y cristiana– surge este acontecimiento que no cesa de prometer, de decepcionar y de refundarse.

Las palabras de Juan Pablo II “¡No tengáis miedo!” no se dirigen solamente a los creyentes a quienes animaba a resistir al totalitarismo. El llamamiento de este papa –apóstol de los derechos humanos– nos invita también a no temer la cultura europea, sino, al contrario, a atreverse a acoger el humanismo: construyendo complicidades entre el humanismo cristiano y el que, nacido del renacimiento y de la ilustración, ambiciona recorrer los peligrosos caminos de la libertad.

Gracias hoy al papa Benedicto XVI por haber invitado por primera vez a algunos humanistas a reunirnos con ustedes.

  • El  humanismo del siglo XXI no es un teomorfismo. Es decir que no es un “valor” ni un “fin” superior. El Hombre con mayúsculas no  existe. Tras la Shoah y el Gulag,  el  humanismo tiene el deber de recordar a los hombres y a las mujeres que si nos consideramos los únicos legisladores, si decimos que podemos decidir la sociedad y la  historia, es únicamente porque continuamente  estamos cuestionando nuestra situación personal,  histórica y social. Hoy,  lejos de antiglobalizar, es necesaria inventar una nueva reglamentación internacional para regular y controlar las finanzas y la  economía mundializada y para crear a largo plazo una gobernanza mundial ética, universal y solidaria.
  • El  humanismo está en un permanente proceso de refundación que sólo se desarrolla por rupturas que son innovaciones. La memoria no es propiedad del pasado: la Biblia,  los Evangelios, el Corán, el Rigveda, el Tao nos habitan el presente. Para que el humanismo pueda desarrollarse y refundarse, ha llegado el momento de reanudar los códigos morales construidos durante la historia: sin debilitarlos, para problematizarlos, renovándolos respecto a las nuevas singularidades de los hombres y de las mujeres de hoy.
  • El  humanismo es un feminismo. La liberación de los deseos debía conducir a la  emancipación de las mujeres. Los combates por una paridad económica,  jurídica y política requieren una nueva reflexión sobre la elección y la responsabilidad de la maternidad. La secularización es aún la única civilización que carece de discurso sobre lo maternal.  Este vínculo pasional entre la madre y el  niño, por el que la biología se convierte en sentido, alteridad y palabra, es una religación que, de forma diferente a la función paternal y a la religiosidad,  las completa y participa por completo de la  ética humanista.
  • Porque  despierta los deseos de libertad de hombres y mujeres, el  humanismo nos enseña a cuidarlos.  La preocupación (cura) amorosa por el  otro, el cuidado de la tierra, de los jóvenes, de los enfermos, de los minusválidos,  de los anciano dependientes son experiencias interiores que crean nuevas proximidades y solidaridades inauditas.  Nosotros no  tenemos otro medio de acompañar la revolución antropológica que  ya anuncian el progreso de las ciencias, el desbloqueo de la técnica y de las finanzas,  y la  impotencia del modelo democrático piramidal para canalizar las innovaciones.
  • El  hombre no hace la  historia, pero la  historia somos nosotros. Por primera vez,  Homo sapiens es capaz de destruir la tierra y a sí mismo en nombre sus creencias, religiones o ideologías.  Por primera vez también los hombres y las mujeres son capaces de evaluar de nuevo, con total transparencia, la religiosidad constitutiva del  ser humano. El encuentro de nuestras diversidades aquí, en Asís,  es una prueba de que la  hipótesis de la destrucción no es la única posible. Nadie sabe qué tipo de seres humanos nos sucederá a quienes estamos comprometidos en esta transvaloración antropológica y cósmica sin precedentes. Ni dogma fundamental, ni juego de ingenio, la refundación del humanismo es una apuesta.

Señoras y Señores,

La era de la sospecha ya no basta. Ante las crisis y amenazas agravadas, ha llegado la hora de la apuesta.  Atrevámonos a apostar por la renovación continua de las capacidades de los hombres y las mujeres para creer y a saber juntos. Para que, en el multiverso bordeado de vacío, la  humanidad pueda proseguir mucho tiempo su destino creativo.

Julia Kristeva, Asís, 27 de octubre de 2011

Nota de ATRIO: este es el texto del discurso pronunciado, cuyos párrafos han sido entresacados de otra versión más amplia del discurso, que no pudo ser leído en su totalidad por exigencias del tiempo disponible. Puede ser útil consultar el texto amplio para un mejor entendimiento de su discurso. Y si alguien lo encuentra traducido o lo traduce, lo ofreceremos aquí para todos.