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AG: Jung, el Inconsciente y la experiencia de Dios

(Texto de Alexander Grothendieck, tomado del capítulo II, §21 de La llave de los sueños. )

Este apartado está fechado por AG el 20-5-1987. Unos meses antes había descubierto con claridad que el autor de esos mensajes iluminadores que en él surgían provenían de Dios -le “bon Dieu” de la gente sencilla de siempre-, lo que le llevó a empezar a escribir el inacabado libro La llave de los sueños, en abril de 1987, poniendo fecha a cada texto que iba escribiendo. AD.

 

Verdaderamente es raro que a pesar de esa especie de “familiaridad” con el Soñador (si aún me atrevo a aventurar tal expresión…), a pesar de esa estrecha e intensa relación, haya persistido en prohibirme (tácitamente al menos) plantear la pregunta, que sin embargo parecía imponerse: ¿pero quién es pues el Soñador? Seguía, en suma, acantonado en la actitud “utilitaria” antes descrita: tenía un Guía incomparable, sabía que podía confiar totalmente en él – eso bastaba. Al menos a nivel consciente, donde la consigna seguía siendo: ¡sobre todo nada de cuestiones “metafísicas”!

A nivel subconsciente, en incluso ya con la existencia del Soñador fuera de cuestión, era más o menos como antes: una especie de bruma indecisa, un batiburrillo confuso, que nunca me dignaba examinar. La “voz cuchicheante”, ella, al menos estaba clara en un punto: El Soñador no es una parte de mí mismo, de mi psique – la parte “más creativa” digamos, lo que a veces también llamaba “el niño en mí”. Yo Lo sentía verdaderamente distinto de mí, aunque sólo fuera por Sus prodigiosos medios, que superan infinitamente los que me conozco. En absoluto podía tomarlos como “los míos”, ni siquiera atribuyéndolos (por el bien de la causa) a un “Inconsciente profundo” más o menos hipotético38[i], al que la mirada consciente jamás tuviera acceso directo. En cuanto a la “voz de la razón”, daba a entender que realmente aquí no había ninguna razón para buscarle tres pies al gato. Después de todo, los sueños tenían lugar en mi psique, ¿no? Y además, era bien conocido que el Inconsciente se las daba un poco de creativo, no había que creerse que era un vulgar estercolero o el cubo de la basura, como Freud parecía creer…

Debía haber oído hablar un poco de C.G. Jung; que el tema ya estaba archivado, que había ese famoso Inconsciente. Y he aquí que me topo por el mayor de los azares, todo hay que decirlo, con la Autobiografía de ese mismo Jung[ii]. Como interesante, era interesante, y Dios sabe si se trataba del Inconsciente, y bien rodeado de vibraciones “numinosas” – ése es, en griego o en latín, el término correcto[iii] que ahora reemplaza a las expresiones en desuso y de encantadora ingenuidad como “sagrado”, “religioso” o “divino”. Ese Inconsciente, comprendí entonces, había reemplazado al buen Dios de los buenos viejos días. Cierto es que en nuestros días y entre sabios distinguidos y humanistas, ese pobre buen Dios ya es simplemente insoportable. Incluso para un buen cristiano y cuando se es alguien, verdaderamente no es serio hablar de Él (o se hace en griego o en latín, o mejor aún en sánscrito, chino o japonés…). Mientras que el Inconsciente, según había probado Freud (pero cuanto menos se hable de eso mejor…), era de lo más científico, ¡magnífico! ¡Nadie podía pretender lo contrario, no!

Dios sabe que yo “ardía”, en ese momento. Verdaderamente hacía falta que me empecinase para que no hiciera entonces una comparación, y encontrara la respuesta ya preparada (¿y que tal vez había “sabido desde siempre”?), a la pregunta informulada: ¿quién es pues el Soñador? Ya dudaba mucho de que el Soñador estuviera presente y bien despierto ¡sólo en los momentos en que duermo y sueño!

Si me hubiese planteado entonces esa pregunta, ¡no es posible que no cayera sobre la respuesta evidente, la que se imponía! Pero en mi espíritu (como seguramente en el de muchos otros) ese tipo de cuestión era incluso cuestión prohibida: ¡lo siento, no merece la pena insistir! Pasemos a las cosas serias. El Inconsciente y todo eso…

NOTAS:

[i] 38Con el término “hipotético” no pretendo poner en duda la existencia de dicho “Inconsciente profundo”, sino solamente subrayar que parece casi imposible hacerse una idea que no sea “hipotética” sobre su naturaleza y su conformación. Una primera y quizás principal dificultad, sobre la que tendré que volver, es llegar a “apartar” lo que, en la actividad de las capas profundas, proviene de Dios, y lo que proviene de la psique. Quizás forme parte de los designios de Dios que el espíritu humano deba permanecer en una ignorancia casi total al respecto. Compárese con las reflexiones de una nota al pie de la página 20 en la sección “Acto de conocimiento y acto de fe” (no 7).

 

[ii] 39Se trata de ese “mayor de los azares”, y de las primerísimas impresiones de la lectura, en CyS III, al principio de la nota “El Hermano enemigo – o el traspaso de poderes (2)” (nota 156).

 

[iii] 40La palabra “numinosum” (de la que deriva “numinoso”) se encuentra en el copioso “Glosario” del final de la Autobiografía, que recoge y explica los términos del vocabulario de Jung necesarios para la comprensión del libro.