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Ideas de ayer, la Europa de hoy

esglobalManuel Santos, desde Argentina, nos ha sugerido este magnífico artículo publicado en un sitio que recomentamos especialmente a todos los atrieros: esglobal (a la derecha, puede uno suscribrirse gratis al boletín).

Escritos y discursos sobre la construcción europea de Konrad Adenauer, uno de los padres fundadores de la Unión Europea. ¿Están su pensamiento y reflexiones aún de actualidad?

Por María García Casas a propósito del libro:

El fin del nacionalismo
Konrad Adenauer
Editorial Encuentro, 2014

Los ciudadanos europeos estamos viviendo un momento de desorientación. La prosperidad del proyecto de integración europeo se ha puesto en entredicho por la crisis económica, el auge de los nacionalismos y los populismos -en el Norte y en el Sur, de izquierdas y de derechas. Para poder arrojar luz sobre lo que es y no es Europa, necesitamos volver al origen. Quizá pensamos que Europa se trata únicamente de una unión económica, un mercado común y, en algunos casos, la ventaja de viajar sin pasaporte y sin cambiar de moneda. Konrad Adenauer, uno de los llamados padres fundadores de la UE, lo desmiente: Europa son fundamentalmente ideas.

Adenauer1200x400En los escritos y discursos de quien fue el primer canciller de la República Federal Alemana no se encuentran los pensamientos de quien sueña con un proyecto de integración utópico, que traerá consigo la solución a todos los problemas de la Europa del siglo XX. Por el contrario, Konrad Adenauer relata, con una visión muy realista, la necesidad de la Unión y los obstáculos que preveía encontrar en el camino hacia ella. Así, cumple con sus propias palabras: la tarea del político es ver la realidad de frente.

Para Adenauer lo fundamental son las ideas; la base filosófica que tienen las ideologías, las corrientes de pensamiento y las acciones. Explica los acontecimientos que Europa ha presenciado a lo largo del siglo XX, como una lucha de ideas. A lo largo de sus discursos, muestra a su público, cómo el materialismo desenfrenado que caló en la sociedad a principios de siglo, llevó al desprecio de la persona. Al ver denostado al individuo se idolatró al Estado, lo que sirvió de pedestal para el nacionalsocialismo. Esto es lo que les dijo a los ciudadanos de Colonia en julio de 1945, solo dos meses después del fin de la Segunda Guerra Mundial.

Hay un pensamiento central que Konrad Adenauer incorpora en todas sus intervenciones y que constituye para él el verdadero valor de Europa: la libertad de la persona y su primacía frente al Estado. De manera especial en los primeros discursos que se recogen en este libro, se resalta la relevancia del individuo en respuesta a las ideologías que lo han situado como un súbdito de un poder superior: el Estado.

El canciller defiende que la democracia tiene sus raíces en la dignidad y en los derechos inalienables de cada persona: cuando el hombre no piensa ni siente democráticamente, no hay democracia, sino parlamentarismo. Y el parlamentarismo se puede convertir fácilmente en una dictadura.

Otra idea que vertebra el proyecto europeo es la solidaridad. En una conferencia de prensa, tras la decisión del gobierno federal alemán de unirse al Consejo de Europa, el canciller advierte a los ciudadanos que “Europa no se creará de golpe, ni mediante una solución global. Esto solo sucederá si las medidas concretas adoptadas crean una solidaridad real”. Por eso enfatiza que, ante todo, necesitamos una unidad política.

Asimismo, contrapone la solidaridad y la convivencia al nacionalismo. El canciller habla en repetidas ocasiones del orgullo de ser alemán, pero matiza que su sentimiento de orgullo difiere del nacionalismo. Este es el culpable de que los países no reconozcan que todo el mundo tiene derecho a vivir, sin importar su nacionalidad, y que ser un buen vecino sirve a los intereses de todos.

En los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, Adenauer observa que Europa está viviendo una decadencia espiritual. Mientras tanto, Estados Unidos y la Unión Soviética iban adquiriendo fuerza y albergando deseos de ampliar su potencial más allá de sus fronteras. La idea de lograr una Unión entre los países europeos es la que ilumina a unos Estados sumidos en la desesperanza, tras años de guerras y barbarie.

Más allá de los beneficios que la unión pudiera aportar a los países miembros, Adenauer tiene claro que una Europa unida es necesaria para poder difundir sus ideas en el mundo. De hecho, en los albores del Consejo de Europa, afirma que su objetivo solo debe ser uno, alcanzar la creación de una Europa federal que favorezca la paz en el planeta. El canciller vislumbraba la futura UE como una tercera potencia, que pudiera usar su influencia para mantener la paz cuando las relaciones entre EE UU y la URSS tendieran a agudizarse.

Hace un llamamiento a los europeos para que dejen de lado sus dudas en cuanto a la integración regional, pues si no hay una Unión Europea, los europeos se quedarán fuera de los grandes acontecimientos. Los países europeos no tienen el peso económico suficiente para poder actuar de manera individual y, tras la Segunda Guerra Mundial, resulta evidente que las naciones no pueden vivir exclusivamente de sus deseos y tienen que hacer congeniar sus intereses con los del resto del mundo.

El discurso de Adenauer va evolucionando y transmite su deseo de que Europa se una a Estados Unidos, de manera que Occidente sea tan fuerte que pueda entablar conversaciones razonables con el gobierno soviético. Es muy común encontrar en sus palabras alabanzas a los estadounidenses, a los que califica como los mejores europeos, pues son el ejemplo del compromiso para alcanzar la unión. Sin embargo, la relación entre EE UU y Europa no puede ser de dependencia. Unos años más tarde, con la crisis del Canal de Suez, se hace evidente que los intereses de Washington no van a coincidir siempre con los europeos y, por tanto, son los propios europeos los que deben garantizarlos.

A pesar del paso del tiempo, en distintos discursos y escritos, Adenauer incide en varios aspectos que resultan de máxima actualidad para el lector. En primer lugar, resalta la solidaridad como la columna vertebral del proyecto, y como antídoto al nacionalismo. En un momento marcado por el cuestionamiento de la UR y las diferencias entre los miembros, resulta clarificador comprobar que uno de los fundadores era plenamente consciente de este riesgo y, aun así, prosiguió con la integración, convencido de sus ventajas. Por otro lado, se pronuncia en muchas ocasiones acerca del lugar de Reino Unido en Europa. Para el canciller el destino de este país está totalmente ligado al de Europa y consideraba que, si finalmente Londres decidiera no sumarse al proyecto de integración, se vería claramente perjudicada. De hecho, señala que el destino de Europa es el destino de todos los Estados europeos, e incide en que la integración debe ser tan elástica como sea posible, sin rigideces, para que quepan todos.

Por último, llama la atención sobre la juventud europea y las identidades. Urge crear todas las instituciones necesarias para que los jóvenes europeos, en quienes veía depositado el futuro del proyecto al que estaba dedicando su vida, se familiaricen con la identidad cultural de todos los pueblos de Europa y la puedan llegar a comprender. “Ayúdenme a formar jóvenes con mentalidad europea”, clamaba el ex canciller alemán.

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