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¿Qué pasa en Egipto?

Entre los diversos conflictos en ebollución destaca lo que está pasando en Egipto. Parece que tiene desconcertados a los mejores comentaristas y a los líderes mundiales, como Rajoy que ayer no sabía qué decir. Realmente ha sido un golpe de estado contra un gobierno nacido de las urnas. Y, sin embargo, las masas que se habían manifestado desde el día 30 de junio dicen que ellos han forzado la situación y agradecen al ejército que apoya su revolución. La cuestión es: ¿el gobierno de Morsi era el salido de las urnas o el teledirigido por los Hermanos Musulmanes, que sacaron muchos votos pero que traicionaron a sus mismos electores? Pera empezar el debate hemos escogido este comentario de Diego Mendoza en Rebelión, que desde la izquierda acepta el golpe como proceso revolucionario. ¿Otras opiniones?

La tercera ola de la Revolución Egipcia derriba el gobierno de Mursi

Diego Mendoza, Rebelión 5-7-2013.

Millones de personas en las calles de Egipto han provocado la caída de Mohamed Mursi un año después de que llegara al poder. Aunque ha sido la intervención del ejército la que ha precipitado la caída del gobierno, mucha gente gritaba: “No es un golpe de estado”.Aunque la maniobra de la cúpula militar pretende frenar el movimiento de masas y volver al orden preestablecido, los revolucionarios y revolucionarias egipcias han resaltado el carácter popular del derrocamiento de Mursi. “No se puede hablar de golpe de estado cuando millones de personas están en las calles y casi en huelga general”, decía la activista Gigi Ibrahim en Twitter poco después de la destitución del presidente.

Y es que durante estos días millones de personas han salido diariamente a la plaza Tahrir y a las calles de las principales ciudades egipcias pidiendo la dimisión de Mohamed Mursi y el gobierno de los Hermanos Musulmanes (HHMM). Otra vez la realidad terca del pueblo egipcio se ha negado a confirmar lo que suena tan a menudo en occidente: la inevitable derrota de la revolución en un país atrasado e islamizado. Pero la realidad es muy diferente. Mucha gente ya ha bautizado este nuevo movimiento de masas como la “tercera ola de la Revolución Egipcia”. Una nueva etapa no exenta de dificultades y contradicciones.

Desde que se inició el proceso revolucionario las máscaras han ido cayendo y las intenciones de los diferentes sectores se han ido explicitando. Primero fue la cúpula militar que, con la caída de Mubarak intentó manejar la transición demostrando su voluntad de que nada cambiara, atacando brutalmente las movilizaciones e intentando blindarse en la tutela del poder. Frente al riesgo de contrarrevolución, la victoria de Mursi en las elecciones presidenciales mostró básicamente la voluntad del pueblo egipcio de no volver atrás, teniendo en cuenta el contexto de masivas movilizaciones contra cómo se estaba llevando a cabo la transición en su conjunto y la traición de las demandas revolucionarias por parte de la cúpula de los HHMM. Aquel fortísimo malestar y la baja legitimidad del presidente no eran más que una bomba de relojería en una revolución que ni mucho menos se dio por finalizada con aquellas elecciones.

La cristalización de este malestar ha tomado forma en los últimos tiempos con la formación del movimiento Tamarod (Rebelión) que ha reunido más de 20 millones de firmas pidiendo la dimisión de Mursi y que convocó las protestas del pasado 30 de junio. La retirada del apoyo a Mursi por parte de la cúpula militar y el paso atrás que han hecho sus aliados salafistas por no cumplir con sus demandas particulares, han dejado solos a los dirigentes de los HHMM en un momento en que la estrategia de la ambigüedad frente a las movilizaciones de Tahir ya no tiene cabida y las mismas bases de los HHMM –formadas en buena medida por jóvenes de clase trabajadora que participaron desde un inicio en el proceso revolucionario– han ido perdiendo confianza en sus líderes y las tensiones internas solo han ido a más.

¿Qué viene ahora?
Pero la situación dentro de la oposición es muy complicada y la realidad es que la única demanda que compartían era la salida del gobierno de Mursi. Hace unos días el activista Hossam El Hamalawy decía: “No llevará mucho tiempo derrocar a los HHMM, lo que venga después es mi principal preocupación”. Su destitución ha sido sin duda una victoria para el pueblo, pero otra vez quienes pretenden llevar las riendas de la transición son aquellos que no quieren que nada cambie.

Por un lado el ejército jugará un papel clave. En los últimos días ha intentado ponerse al frente de la lucha contra Morsi, intentando ganarse el apoyo de las movilizaciones –una imagen muy gráfica es la de los helicópteros militares sobrevolando Tahrir con enormes banderas de Egipto–, pero sobre todo afianzando posiciones como garantes de la unidad nacional y el orden. De hecho ha sido la cúpula militar, con el general Abdul Fatah al-Sissi al frente, quien ha destituido oficialmente el presidente y ha nombrado al presidente del Tribunal Constitucional, Adly Masouri, como presidente transitorio, cumpliendo con su “deber de acudir a la llamada del pueblo”. Su peso económico y su estrecha dependencia del statu quo regional –recibe 1.300 millones de dólares anuales de los EEUU– sólo garantizan que la lucha por las demandas revolucionarias deberá continuar como ocurrió con el mariscal Tantawi tras la caída de Mubarak.

Pero el riesgo de la contrarrevolución también se ha ido consolidando con la presencia de los matones del antiguo régimen en las protestas. Estos han protagonizado durísimos enfrentamientos con los defensores de Mursi causando gran número de muertos. Las contradicciones derivadas de luchar conjuntamente con estos sectores ponen en peligro los sectores revolucionarios y los movimientos sociales que aún hoy tienen la tarea imprescindible de construir una alternativa real arraigada en el pueblo y la clase trabajadora. Mientras, se airea el discurso del miedo y se juega con el cansancio de la sociedad desde todos los sectores que trabajan para detener el proceso revolucionario.

La revolución como proceso en que la sociedad se empodera, lucha masivamente e irrumpe en la historia directamente como actor político presenta necesariamente muchas contradicciones, porque las mismas personas deben crear una nueva conciencia en base a la experiencia de lucha colectiva rompiendo las propias cadenas. Un dramático ejemplo de ello es que aún hoy en Tahrir, el centro del proceso revolucionario, se dan agresiones sexuales contra mujeres y situaciones de acoso –cerca de un centenar en los últimos días. Pero también tenemos claros ejemplos de empoderamiento, porque no sólo hemos vivido masivas manifestaciones de mujeres, sino que se ha creado la Operación Contra el Acoso y los Asaltos Sexuales para intervenir contra las agresiones, apoyar a las personas acosadas y denunciar a los agresores, a la vez que señalan que más allá del trasfondo de discriminación y sexismo que viven las mujeres egipcias, estos ataques son un arma política utilizada por grupos organizados con el objetivo de echar a las mujeres del espacio público y de la lucha política.

Las demandas de la revolución no han dejado de sonar desde el principio sintetizadas en el lema de “pan, libertad y justicia social”. Frente a la estrategia de la división sectaria y el miedo, el bando revolucionario no puede más que continuar construyendo la lucha en los barrios y centros de trabajo y consolidando unas demandas de clase que superen la estratagema del poder. Esta lucha no será fácil, pues las fuerzas armadas han recuperado mucha legitimidad social y, de entre todos los sectores implicados, el revolucionario es el más desestructurado y menos consolidado socialmente. Señalar al ejército como parte del problema es el primer paso, pero el verdadero reto será construir una alternativa revolucionaria que otorgue el poder real a las personas, una revolución que saque los jefes corruptos, acabe con los poderes económicos fácticos –incluyendo la cúpula militar– y ponga la riqueza en manos del pueblo.

Diego Mendoza es miembro de de En lluita / En lucha

http://www.enlucha.org/site/?q=node/18873

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

3 comentarios

  • oscar varela

    James Petras: “En Egipto hubo un recambio de islámicos radicales derechistas por un gobierno militar neoliberal secular”
    Por: CX36 RADIO CENTENARIO
    http://www.argenpress.info/2013/07/james-petras-en-egipto-hubo-un-recambio.html

    JP: Bueno, empezamos con Egipto, donde hay un panorama bastante complejo, donde se mezcla la izquierda, la derecha y el islamismo. En un panorama donde no hay claramente un movimiento, un proceso, con posibilidades democráticas.

    En primera instancia, destacar el hecho de que el gobierno fue derrocado por un golpe de Estado militar, pese a que sectores de las masas anti Mursi, anti islámicos, sostienen que fue un “golpe democrático” lo que es absurdo. Los militares ya encarcelaron a cientos de apoyantes del Partido Islámico, encarcelaron a sus líderes, intervinieron toda la prensa independiente, tratan de imponer controles sobre distintas actividades, nombraron a dedo al Presidente interino y siguen masacrando a la gente en las protestas, como ayer donde tiraron balas vivas y mataron a 53 personas e hirieron a más de 500.
    Es un golpe de Estado. Es un golpe militar.

    Se señala que era un gobierno autoritario islámico. Pero de ambos lados hay una masa de gente apoyándolos .Sin embargo ambos lados tienen una cúpula de derecha, ofrecen apoyo al imperialismo. Me parece que los sectores progresistas que están en las plazas, que participaron de protestas contra Mursi, están totalmente confundidos cuando están aplaudiendo el golpe, porque piensan que los militares pueden de alguna forma abrir encamino hacia una situación democrática constitucional, mientras que en toda su trayectoria, los militares han sido asociados a Estados Unidos y colaboradores de Israel.

    Comentaristas del mundo occidental como Samir Amin, que apoya el golpe, han perdido sus papeles sin mirar más allá de su anti islamismo e identificar la trayectoria de los militares. Es una alianza militar neoliberal y tiene sectores de izquierda en la cola, las masas no tienen ninguna influencia. Y la hoja de ruta que están proponiendo no tiene nada democrático, porque los militares quedan con todo el poder.

    Ahora, ¿cómo analizamos esta situación?

    Los Estados Unidos están en una situación ahora, donde tienen el miedo al problema, la inestabilidad; y miedo a la solución, que es una guerra civil que puede salírsele de las manos, y salirse del marco militar neoliberal. Por eso tiene una posición contradictoria, siguen sin llamarlo ‘golpe’ porque si lo hacen tendrían que cortar la ayuda norteamericana de acuerdo a la legislación norteamericana, que dice que no pueden apoyar financieramente a un país donde hubo un golpe de Estado.

    Por otro lado, quieren apoyar el camino nuevo de imponer a Mohamed Mustafa el-Baradei, ex funcionario del banco Mundial como cabeza del gobierno.

    Por tanto, otra vez es un gran tema para la izquierda. Falta una organización de vanguardia, una organización capaz reencabezar la lucha de las masas..Las masas mantienen su capacidad de derrocar gobiernos pero no tienen ningún papel para determinar las consecuencias.

    Ese es el drama en el caso de Egipto. En el caso de Egypto, crearon las condiciones para derrocar al gobierno pero no son los protagonistas cuando el gobierno cayó. En otras palabras, la sola presencia de las masas en las calles –aunque sean millones de personas- no es determinante, es el liderazgo politico y el poder del Estado que al final de cuentas determina el resultado que va a tener una protesta o un levantamiento. En este caso me parece todavía muy negativo.

    EChI: ¿Por tanto no es un levantamiento contra occidente ni contra el sistema neoliberal?

    JP: Es un recambio de islámicos pro occidentales, pro Fondo Monetario, pro intervención en Siria, pro relaciones con Israel; que reemplaza a este tipo de islámicos derechistas pro occidentales por un gobierno militar neoliberal secular. En este caso el hecho de que haya un levantamiento popular no necesariamente indica un cambio.

    Las posibilidades, pienso, pueden ser dos: Una guerra civil prolongada como Argelia en los ’90, donde murieron más de noventa mil personas terminando con un gobierno dictatorial que imponen los militares. Ser anti islámico no necesariamente quiere decir progresista. O lo otro que puede pasar, es una coalición entre neoliberales, islámicos y militares, una ‘troika’ que intente desmovilizar a la gente. De todos modos los problemas económicos siguen siendo enormemente graves y esta nueva configuración de liberales , militares y islámicos, no tiene ningún programa para mejorar la situación de desempleo y pobreza.

    EChI: ¿Cómo está la situación en Siria a partir de estos hechos en Egipto?

    JP: Lo que es claro es que Mursi apoyaba a los islámicos terroristas que estaban atacando el gobierno de Siria. Es decir, Egipto era un trampolín para muchos terroristas que iban directamente a Turquía para entrar en Siria.

    En otras palabras, actualmente la caída de Mursi va a postergar mayores intervenciones de los islámicos que están muy preocupados e involucrados ahora en el conflicto en Egipto.

    Pero no creo que sea decisiva la caída de Mursi, aunque en algún sentido puede debilitar la salida de terroristas desde Libia a Siria, que utilizaban El Cairo como un centro de entrenamiento y de armamento, para intervenir. Sin embargo, los principales apoyantes siguen, los países del Golfo con dinero y armas; Turquía con apoyo logístico, entrenamiento y armas; y el financiamiento de Francia, Inglaterra y estados Unidos. Todos ellos siguen montando esta agresión contra Siria. Pero en el último período, las divisiones internas entre los neoliberales y los islámicos, han debilitado la capacidad de los insurrectos de avanzar. Eso se suma a que en los últimos tiempos el gobierno sirio está avanzando, desplazando a los terroristas en varios frentes y lugares estratégicos.

    Entonces, sin resolver el conflicto en su totalidad, el proceso de recuperar la soberanía y desplazar a los terroristas ha avanzado en Siria, aunque no en forma definitiva. Es claro que los islámicos están en período de repliegue y buscando formas de reagruparse, entre los diferentes y variadas fuerzas.
     
     

  • Antonio Vicedo

    Sería muy conveniente e importante saber como actúan los grupos enfrentados de acuerdo con lo planificado y decidido por el Club Bilderberg y sus grupos cómplices en la recién y pasadas reuniones, siempre tan herméticamente  puesto bajo estricto secreto.

    Parece ser que estas conmociones, ni parten del Nilo, ni de los desiertos en una población que podría estar disfrutando con libertad y paz de las inmensas riquezas del país.

    ¿Qué intereses profundos y cómo los defienden y consiguen por Oriente Medio estos ilusionados con su Gobierno Mundial?

  • h.cadarso

      Me da qué pensar el posicionamiento de distintos grupos ante los sucesos últimos de Egipto. Según los mass-media, Hamas se ha puesto al lado de los Hermanos Musulmanes y el gobierno derrocado, mientras que la OLP y el gobierno palestino apuesta por los manifestantes y por la decisión del ejército egipcio. Aquí en Euskadi, el periódico de la izquierda abertzale Gara parece posicionarse con el gobierno derrocado y con Hamás.
      Por otra parte, se apunta al Premio Nobel Al-Baradei como el más firme candidato para liderar las aspiraciones revolucionarias y postularse como jefe del futuro gobierno.
      Y no dejo de pensar en la reflexión del candidato a santo, el profeta tanzano  Julius Nyerere, cuando dice que los grupos financieros impònen  normas severas a las naciones, pero se v an rápidamente y le dejan la patata caliente a los gobiernos de cada país para que asuman la culpa y el castigo de los crímenes financieros que ellos, los “mercados” cometen. 
      !Vaya lío, Mari Loli!

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