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En el mundo material búsqueda del mundo espiritual

   Hay mucha gente harta de bienes materiales y del consumismo de nuestra cultura. Como contrapunto quiero situar el tema de los bienes espirituales en el contexto dramático, peligroso y esperanzador en el que se encuentra actualmente la humanidad, especialmente la humanidad humillada y ofendida que vive en el Sur Global, las víctimas de las 18 regiones en guerra, en particular en la Franja de Gaza, con visos de genocidio a cielo abierto, sin olvidar las muchas víctimas de la guerra Rusia-Ucrania.

      Nuestra reflexión quiere captar la emergencia del mundo espiritual e insistir en su urgencia apremiante ante las amenazas de desaparición de la especie y de liquidación de la biosfera, ya sea por una guerra nuclear, por exceso de calor debido a cambios climáticos o por cualquier factor de desequilibrio del mismo planeta Tierra. Podrían eventualmente poner en peligro el futuro común de la Tierra y de la humanidad.

      En momentos así, dramáticos, el ser humano se sumerge en lo más profundo de sí y se plantea cuestiones básicas: ¿Qué hacemos en este mundo? ¿Cuál es nuestro sitio en el conjunto de los seres? ¿Cómo actuar para garantizarnos un futuro que sea esperanzador para todos y para nuestra Casa Común? ¿Qué podemos esperar más allá de esta vida? Estas son preguntas del mundo espiritual.

      En este contexto debemos plantearnos la cuestión del mundo espiritual, en otras palabras, de la espiritualidad. El mundo espiritual es una de las fuentes principales, aunque no la única, de inspiración de lo nuevo, de esperanza de buenos resultados, de generación de un sentido plenificador y de capacidad de autotrascendencia del ser humano, pues el ser humano sólo se siente plenamente humano cuando busca autosuperarse. La razón radica en que el ser humano se vivencia como proyecto infinito, repleto de virtualidades que, en parte, se realizan en la historia, y, en su totalidad, más allá de ella.

      Esa preocupación por el mundo espiritual es recurrente en nuestra cultura, no sólo en el ámbito de las religiones, que es su lugar natural, sino también en el ámbito de las búsquedas humanas tanto de los jóvenes como de los intelectuales, de famosos científicos y –para nuestra sorpresa– de grandes empresarios. En los últimos años he dado charlas aquí y fuera del país, a personas pertenecientes a esos grupos.

      Que grandes empresarios se planteen cuestiones ligadas al mundo espiritual, o sea, a la espiritualidad confirma las dimensiones de la crisis que nos asola. Significa que los bienes materiales que ellos producen, las lógicas productivistas y competitivas que incentivan, el universo de valores comerciales (todo se ha vuelto mercancía) que inspira sus prácticas no abordan los interrogantes referidos. Hay un vacío profundo, un hueco inmenso dentro de su ser. Por eso, pienso, que sólo el mundo espiritual puede llenarlo.

      Es importante, sin embargo, mantener siempre nuestro espíritu crítico, porque con el mundo espiritual, con la espiritualidad, también se puede hacer mucho dinero. Hay verdaderas empresas que manejan discursos de espiritualidad, que no es raro que hablen más a los bolsillos que a los corazones. Hay líderes neopentecostales que son expresión del mercado con su predicación del evangelio de la prosperidad material y, recientemente, del dominio. Conquistan para los intereses de sus pastores a los fieles, religiosos y de buena fe.

      Pero los portadores permanentes del mundo espiritual son las personas consideradas comunes, que viven la rectitud de la vida, el sentido de solidaridad y cultivan el espacio de lo Sagrado, ya sea en sus religiones e iglesias, ya sea en el modo como piensan, obran, interpretan la vida y cuidan de la naturaleza.

      Lo que importa es que mundialmente hay una demanda de valores no materiales, de una redefinición del ser humano como un ser que busca un sentido plenificador, que está en busca de valores que propician alegría de vivir. En todas partes encontramos seres humanos, especialmente jóvenes, indignados con el destino previamente definido en términos de economía, cuando se dice que “no hay alternativa” (TINA=There is no Alternative), con el sistema de mercado bajo el cual estamos obligados a vivir, que se niegan a aceptar los caminos que los poderosos obligan a seguir a la humanidad. Esos jóvenes dicen: “No permitiremos que nos roben el futuro. Merecemos un destino mejor, necesitamos beber de otras fuentes para encontrar una luz que ilumine nuestro camino y nos de esperanza”.

      Por eso resulta importante introducir desde el principio una distinción –no para separar, sino para distinguir– entre el mundo religioso, la religión, y el mundo espiritual, la espiritualidad. Lo ha hecho el Dalai Lama de forma extremadamente brillante y esclarecedora en el libro El arte de vivir en  el Nuevo Milenio (Grijalbo Mondadori, PDF gratis en abierto). Son términos que usamos sin saber con certeza lo que significan. Me permito citar un tema del libro cuya comprensión comparto y hago mía.

      «Juzgo que la religión (mundo religioso) está relacionada con la creencia en el derecho a la salvación predicada por cualquier tradición de fe, creencia que tiene como uno de sus aspectos principales la aceptación de alguna forma de realidad metafísica o sobrenatural, incluyendo posiblemente una idea de paraíso o nirvana. Asociado a esto hay enseñanzas o dogmas religiosos, rituales, oraciones, etc».

      «Considero que la espiritualidad (mundo espiritual) está relacionada con aquellas cualidades del espíritu humano –tales como amor y compasión, paciencia y tolerancia, capacidad de perdonar, contentamiento, noción de responsabilidad, noción de armonía– que traen felicidad tanto a la propia persona como a los demás».

      «Ritual y oración, junto con las cuestiones de nirvana y salvación, están directamente ligados a la fe religiosa, pero esas cualidades no precisan ser interiores. No existe por tanto ninguna razón por la que un individuo no pueda desarrollarlas, incluso en alto grado, sin recurrir a cualquier sistema religioso o metafísico» (p.32-33).

      Como se deduce, esas reflexiones son cristalinas pues muestran la distinción necesaria entre el mundo religioso, la religión y el mundo espiritual, espiritualidad. Una vez distinguidas, pueden relacionarse y convivir, pero sin depender necesariamente una de otra. Vivir el mundo espiritual puede mostrarnos caminos que nos saquen de la crisis de los tiempos actuales.

*Leonardo Boff, teólogo y filósofo ha escrito Espiritualidad: camino de transformación, Rio 2001; Meditación de la luz: camino de la sencillez, Vozes 2010.

Traducción de MªJosé Gavito Milano

     

     

10 comentarios

  • Juan A. Vinagre

    Solo abundar en la reflexión de L. Boff: Se pueden hacer -y se hacen- muchas reflexiones distintas sobre el sentido de la vida y del ser humano. Reflexiones que van del todo a la nada. Pero, a mi juicio, es curioso -y muy significativo- que el hombre, desde el inicio, se haya hecho y se siga haciendo preguntas que buscan un sentido que vaya más allá de su circunstancia inmediata. Quien pregunta intenta, de alguna manera, trascender su inmediatez. Y ese intento de preguntarse no es solo una creación de la cultura o de la inseguridad personal (la cultura es también una creación del espíritu que busca), es algo gestado e impulsado desde las mismas entrañas, es algo instintivo, genético. El hombre es un ser que pregunta y persiste en la pregunta, y en cuanto pregunta -y persiste- es un ser que, de alguna manera, trasciende. Como dice Leonardo, el ser humano es verdaderamente humano cuando se autosupera. La pregunta y la búsqueda son un afán de superación. Y para ello se sirve de su espíritu crítico, innovador y creativo… El hombre es más que su cultura, el hombre es más que una mercancía, el hombre es un ser inconformista…, que necesita liberarse de muchas servidumbres mentales, culturales y sociales.  Las creaciones culturales, de valor muy relativo, -y las necesidades humanas- que reducen al hombre a su “aquí y ahora” son creaciones inmaduras, pobres que no satisfacen a muchos… ¿Por qué?  Sencillamente, porque el hombre es más que materia. Su pensamiento que busca es más que materia; su yo que pregunta es más que materia.En esa búsqueda, que es una gran gesta -la mayor gesta humana posible- de alguna manera el hombre se trasciende. Y trascender es ir a la búsqueda de valores humanos no materiales… Cuando se autosupera, el hombre plantea de nuevo preguntas más finas y más profundas…, que hacen pensar en una esperanza… Una esperanza de mayor humanización, que también trasciende…, y en cuanto tal, esa esperanza puede tener futuro…  Futuro -hipótesis- que de alguna manera quiere comprobar, no solo intuir… Entonces es cuando nos topamos con la incertidumbre y con las dudas…  Si uno se reconoce como un ser humano limitado y al tiempo intuye algo de lo que puede ser un “más allá del aquí y ahora”, admite las dudas como algo normal e inevitable. Si no las acepta es muy fácil que acabe en dogmas existenciales: Solo existe el azar (con minúsculas), la necesidad y la Nada. No hay futuro, no hay esperanza, no hay sentido que vaya más allá del aquí y ahora, por muy absurdo que parezca… (Otra cosa es la persona agnóstica que admite no saber y se abstiene de pronunciarse, pero en el fondo espera.)

    Pues bien, en este caso, al margen del agnóstico, ¿qué es el hombre? ¿En el fondo solo un sin sentido, un absurdo?  ¿Esta es la respuesta a la pregunta que busca…?  ¿El hombre solo es  materia o forma parte del misterio que es mucho más que materia? ¿El misterio no puede ser una invitación a trascendernos?Dejo esta reflexión aquí, por muy incompleta que quede. Aprovecho para enviar un cordial saludo y un buen descanso a todos y a todas las atrieras. Me voy a mi tierra de las Rías Baixas. Desde allí algo participaré.

  • carmen

    David .No sé si es usted matemático.Conozco a alguno.De hecho todo el mundo pensaba que mi futuro estaba en esa carrera. Me gusta. Hice primero de químicas y con las matemáticas aprobadas entré en primero de matemáticas en Granada.Es un caso muy particular de las materias consideradas como científicas. Es una pura abstracción. Las personas que se dedican a esa materia exclusivamente, tienen una mente también exclusiva .Me llama poderosamente la atención que el álgebra, el cálculo y demás, sean el lenguaje de eso que llaman Ciencia. Poderosísimamente. Porque es pura abstracción, carente de alma.Cierto que hay cosas maravillosos, hay partes que como entres, te maravillas. Cómo es posible haber llegado a esto? Una maravilla.Pero es pura abstracción. Insisto. Para un ratito está bien. Pero, toda la vida pensando en esas claves? Uuuuuufffffff.Cuando algún científico se queja, como se quejaba Einstein, de que no sabía suficientes matemáticas para demostrar en el lenguaje de la ciencia, lo que sabía que era cierto, muchas personas no entienden qué quería decir. Incluso se ha dicho que su primera mujer, una gran matemática y compañera de universidad, es la que en realidad demostró la teoría de la Relatividad y que Einstein se la robó. He leído cosas , artículos y algún libro sobre ello.Pero no es cierto , es como si una persona le cuenta una historia formidable a otra. Y esa otra, escribe bien y construye una novela sobre la Historia. No sé si me explico.

    Por eso estoy de acuerdo con Einstein. La imaginación es más importante que el conocimiento. El desafío a lo establecido.

    Por lo visto, este señor salió de ese influjo, pero su tipo de cabeza es el que es, y lo aplicó a la espiritualidad. Hasta el punto de llamar mutantes a los que se dedicaban a profundizar en la espiritualidad, de tal manera, que serían los salvadores del Mundo. Porque, según él, la ciencia no tiene alma.No es cierto.

    Lo que no tiene alma son algunas ramas de la matemática, aunque sí tengan belleza.No hay mutantes. No hay nada nuevo bajo el sol. Hay lo de siempre. Introspección, reflexión, dejarte llevar por la belleza que nos rodea.Y luego, Dios dirá. Solamente existen las certezas que tú mismo quieras aceptar. Pero no son válidas para todos. Tengo amigos a los que envidio y mucho, por la certeza que tienen en que todo no acaba aquí.

    Me alegraría un montón si usted fuese uno de ellos. Pero, permítanos dudar a los demás.Una abrazo y mucha suerte.

  • David

    Decir que la investigación científica es necesariamente útil, es extremadamente cuestionable y debe reconsiderarse seriamente. Demasiado a menudo ha servido para degradar al hombre, desde el comienzo de la revolución industrial hasta hoy, donde  corre el riesgo de convertirse en la herramienta para su destrucción final“. Alexandre Grothendieck. El autor de esta cita no es un inconsciente  ni un loco, es un hombre de ciencia, es el matemático contemporáneo más importante, que recibió la Medalla Fields (el equivalente al Premio Nobel en matemáticas). La ciencia moderna, cegado por la observación física, el dogma de hecho o experiencia reducible, axiomas puramente formales precarios, hipótesis inverificables, manifestaciones arbitrarias matemáticas, se desconecta de la espiritualidad, la intuición, la mente. profunda y de la Verdad. La ciencia matemática contemporánea se encierra en una búsqueda absurda y exclusiva de la llamada verdad, mientras que la verdadera tiene como única base el bien, el justo o lo hermoso, que caracterizar valor o verdad es todo cosa. Nuestros matemáticos actuales están encerrados en la materia, mientras que el Cosmos, la Vida y la Humanidad significan sobre todo la apertura de la mente, la atención, la contemplación, la compasión, el equilibrio, la armonía, la justicia, la ecuanimidad, la beneficencia, la fraternidad, el amor, de los que están irremediablemente desconectados.

  • carmen

    Hemos cambiado el Apocalipsis por la Esperanza en la Juventud.Me alegro por él.

  • oscar varela

    Buen día 1. Desnortado2. la “ESPIRITUALIDAD” como “PLACEBO”

    • Juan A. Vinagre

      Hola, amigo Óscar. Antes de nada, un cordial saludo y los mejores deseos para el futuro vital y convivencial de los argentinos. Supongo que de Milei aprenderán todos: también los que gobernaron antes y los sindicatos que a veces reivindicaron privilegios…, desnortados.

      Ahora permíteme que añada un matiz a lo que dices: Las espiritualidades pueden ser placebos para mucha gente, sin duda. Incluso pueden ser opios… que enganchan y permiten tolerar… lo intolerable…

      Pero una espiritualidad fundada en el Mensaje evangélico de Jesús de Nazaret -espiritualidad que se manifiesta en obras solidarias-, no es una espiritualidad de placebos ni de opios, sino una espiritualidad de HUMANIZACIÓN. Esto es algo esencial en el gran mensaje del Reino. Creo que la llamada “redención” no es más que liberación de servidumbres que llevan al recurso de esos placebos y opios…  Liberación con un sentido que va más allá del “aquí y ahora”…, que incluso trasciende. Y que el hombre aspire a trascenderse es algo muy racional y razonable.  Es una apuesta para muchos difícil, pero razonable. Trascender es la gran apuesta -liberadora- por el futuro del hombre. Esa apuesta es más racional que un mero placebo. (Hablo así siempre en mi opinión, desde mi razón. No solo desde mi fe.)

      Un abrazo, Óscar. Y si ganáis la copa de América -con permiso de Colombia-, también enhorabuena. Como también espero que España también comparta esa copa en Europa. Estos sí que son placebos para pasar la tarde alegres…

      • oscar varela

        Hola Juan!

      • oscar varela

        ¿Hay algún cristiano por ahí?

        Lola Cabezudo, 30-junio-2024

        Lola, catedrática jubilada de química, es una de las más veteranas en ATRIO. Así la presentábamos en 2012 cuando nos envió “Nos gustan la caenas“, artículo y comentarios que recomiendo revisitar:  “Esperamos que su participación en ATRIO  nos ayude a despertarnos y buscar, con lucidez crítica e impulso utópico, nuevas salidas a las crisis de humanidad que padecemos”. Lola, testigo del Vaticano II, gracias por reaparecer en estas crisis aún más agudas. AD.

        ¿Hay algún cristiano por ahí?

      • oscar varela

        ¿Vino nuevo en odres viejos?

        Olga Consuelo Vélez Caro, 02-julio-2024

        Para hacer posible la sinodalidad 
        Somos conscientes de que ATRIO no es un medio confesional. Pero nos interesa cómo una gran colectividad pueda evolucionar, aportando nuevas energías con una gran conversión (mutación) hacia el mensaje de su fundador. Nos felicitamos a veces de los signos y planes renovadores de Francisco. Pero hasta quienes han puesto más esperanza en el Sínodo 2021-2024 (¿o será 2021-2025?) sienten cómo se va va aplazando la toma de decisiones importantes, sustituida la misma atención papal por un anacrónico y turístico proyecto de Año Santo 2025… ¡Qué pena! Unos reaccionarán con protestas o seguirán su propio camino sinodal. Otras, como Olga, con no disimulada amarga frustración. AD.

        ¿Vino nuevo en odres viejos?

         

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