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La raíces humanas de la Esperanza de Francisco

El reciente libro Esperanza. La autobiografía, se escribió a la limón entre el papa Francisco y su amigo, también argentino de origen italiano, Carlo Musso, editor. Se completó la redacción pensando que fuese una publicación póstuma, como lo fue Diario del Alma, de Angelo Roncalli, publicado en 1963, pocos meses después de su muerte, por el que fue su secretario, Loris Capovilla.

Recuerdo que leí con fruición los diarios y cartas a sus familiares y amigos en los que se descubría el itinerario en que se fue fraguando su fe personal y su humildad bien auténtica. Impresionante sobre todo sus largos periodos de nuncio (veinte años) en Bulgaria y Turquía, sin rechistar en lo que parecía un raro estancamiento en su carrera diplomática. Gracias a estas vivencias y las posteriores en París y Venezia, pudo madurar y eclosionar en su breve pontificado la gran renovación del Vaticano II.

Finalmente, la publicación del libro de Bergoglio ha sido adelantada para hacerla como una proclama papal, en forma de autobiografía, en este proclamado Año Santo de la Esperanza. Yo no estaba especialmente motivado a leer el nuevo libro, dado que de la vida personal de este papa, por sus repetidas alusiones en discursos improvisados y múltiples entrevistas en medios de comunicación, sabíamos ya mucho. Pero un amigo me lo recomendó especialmente. Le hice caso y lo he leído de principio a fin. Estoy contento por haberlo hecho y lo recomiendo a todos. Más que por los detalles de su vida que aporta, por el testimonio de cómo vivió él por dentro algunos de los acontecimientos antes y después de ser papa.

La parte primera del libro está estructurada de una manera secuencial, a partir de la vida concreta de sus abuelos campesinos, marcada por la terrible primera guerra mundial, la de las trincheras y la sucesiva emigración, con todos los altibajos de adaptación a la nueva patria argentina donde nació Jorge, hijo de Mario, hijo de Giovanni. La saga está bien descrita y religa sus raíces rurales del Piemonte con los barrios de  Buenos Aires. Son muy importantes las referencias a personas que marcaron su vida y que le descubrieron la crueldad de la dictadura, por ejemplo.

Me ha impresionado conocer a través de este libro a Esther Ballestrino de Careaga, la que había sido su metódica tutora de prácticas de química, no creyente, que, tras conseguir salvar de la represión a sus hijas en Suecia, regresó a Argentina para seguir luchando con las Madres de Plaza de Mayo. En diciembre de 1977, fue apresada con otras cuatro compañeras y arrojadas vivas desde un avión al mar. Esto se cuenta con detalle en el capítulo12, donde se parte de sus prácticas de química para, siguiendo a personas, hasta los crímenes de Videla cuando él era ya provincial de los jesuitas en  1977.

Y al final del mismo capítulo se pasa de puntillas por el asunto de los jóvenes jesuitas Yorio y Jaliks de cuyo apresamiento tanto se habló en los primeros años del pontificado. Fue acusado de haber denunciado al grupo de jesuitas obreros. Vi los vídeos de sus declaraciones cuando ya era cardenal. Él ha dicho siempre que gracias a las relaciones que seguía manteniendo con el dictador y sus generales fue como pudo salvarles la vida. No me cabe duda que fue así. pero tremendo conflicto entre el posibilismo diplomático para conseguir algo o la denuncia profética abierta como otros pedían. Hoy se repite. Y ese fue el problema de Pío XII con los nazis y los judíos, motivo por el que Eugenio Pacelli hoy no es santo, aunque su fiel asistenta sor Angelina declarara que al final de su vida se le aparecía el Sagrado Corazón y vio el milagro de danza del sol como en Fátima.

Y también las responsabilidades históricas debieron haber detenido la canonización de Wojtyla, por sus probables pactos con los EEUU para obtener ayuda en Polonia, a cambio de frenar la Teología de la Liberación en Sudamérica. Si tuviera acceso a Francisco una de las cosas que le recomendaría es que volviera a urgir perentoriamente que ningún papa ni ninguna persona con responsabilidades históricas puedan nunca ser beatificados o canonizados, a menos que pasen al menos 50 ó 100 años de su muerte. ¡Nada de nuevo con un ¡santo subito!  O mejor nadie en absoluto canonizado, al menos, si incluye la nefasta prueba de los milagros o un costosísimo proceso curial.

La segunda parte del libro son más bien testimonios de cómo vivió él algunos de sus conocidos viajes y ceremonias. Entro las experiencia de viajes, destaca el primero a Lampeusa, con el grito ¡Vergogna! Y los repetidos viajes a la isla de Lesbos y otros centros de internamiento. Ahí, más que en homilías o  discursos se nos muestra un papa humano, con una fe personal ,no solo teórica, en la dignidad humana. Ahí es donde debe ser cada vez más duro denunciando a los verdaderos sicarios que matan a niños sin piedad.  Esas experiencias profundas de lo que nos están mostrando los medios cada día, de cómo hoy con frialdad de quien maneja drones y mísiles teledirigidos  como si jugase a marcianitos en la pantalla, es la que debe ser sentida como hijo y nieto de emigrantes,  como sencilla persona humana de carne y hueso. Gracias, papa Frencisco, por ser así y no hacer mera retórica sino simple emoción de horror ante esos espectáculos. Ahí sí que debe primar, y prima casi siempre en su caso, la cercanía empática a la prudencia diplomática.

Hay una foto de hace ochenta años, en Nagasaki, que reproduce en el libro y no me resisto a publicarla (lo haré cuando lo consiga) con el comentario que de ella hace:

Para mí se ha convertido en el símbolo de la barbarie inhumana de las guerras: representa a un niño en primer plano, no tendrá más de diez años, que lleva a la espalda, como si fuese una mochila del colegio, la carga más pesada: su hermanito muerto. Tiene el rostro tenso, dramático y serio. Espera su turno para llevar al horno crematorio el cuerpo del más pequeño de la familia, muerto por las radiaciones de la bomba atómica en Nagasaki. Toda su angustia se manifiesta en un solo gesto, casi imperceptible: se muerde los labios hasta hacerlos sangrar. El fruto de la guerra: una imagen que vale más que mil palabras

Por esos testimonios que acercan a la auténtica humanidad del señor papa actual, vale la pena leer despacio el libro.

Voy a citar también otro comentario sobre cómo vivió él el terrible momento de atravesar la Plaza de San Pedro totalmente vacía por la pandemia en  la Semana Santa de 2020, cuando se reprodujo la salvación de Roma en la peste de 1522 por el mlagroso crucifijo de la Iglesia de San Marcelo:

Avanzaba solo y tenía en el corazón la soledad de todos, notaba sus pasos en los míos, sus pies en mis zapatos, podría decir. En aquel silencio sentía resonar millones de súplicas y una necesidad universal de esperanza. Había llegado el «atardecer» (Mc 4, 35), el tiempo de la tempestad, para desenmascarar falsas y superfluas seguridades, y todos juntos nos encontramos abrazados como a un ancla a ese Cristo capaz de vencer el miedo, de brindar apoyo. «Meté mano —le decía, una expresión muy mía, que utilizo con frecuencia en la oración—. Meté mano, por favor. Lo hiciste en el siglo XVI, ya conoces esta situación». De vez en cuando dirigía mi mirada hacia la columnata de la derecha y al monumento al Migrante que hacía un año decidí colocar ahí, para que nos ayudase, en el centro de la cristiandad, no solo a aceptar el desafío evangélico de la hospitalidad, sino precisamente a leer los signos de los tiempos. Se titula Angels Unawares, ángeles sin saberlo, esa escultura de bronce y arcilla en la que están representadas personas de todas las edades, de varias culturas, de distintas etapas históricas: están juntas, muy pegadas entre sí, hombro con hombro, de pie sobre una patera, con los rostros marcados por el drama de la huida, del peligro, del futuro incierto. Estábamos todos juntos en esa patera, ahora, con idéntica inquietud, sin saber cuántos lograríamos desembarcar, ni cuándo. Estábamos todos juntos. También por eso en esa plaza nunca me he sentido realmente solo. Besé la base del Crucifijo y eso me dio esperanza, me la da siempre. Le pedí al Señor que alejara el mal con su mano y a la vez la gracia y la creatividad de saber abrir nuevas formas de fraternidad y de solidaridad, incluso en ese contexto para nosotros desconocido. Porque de repente, en mí y en la Iglesia entera, la urgencia de la oración se unió a la del servicio. De manera especial a las personas más frágiles, en apuros: los indigentes, los presos, los hospitalizados, las personas mayores.

Muchos más textos del libro podría resaltar que expresan el alma tierna de Bergoglio. Recomiendo su lectura, ya lo he dicho. Pero sin menoscabo de mi cercanía y sintonía con él y dado que he vivido más años que él y con vivencias que siguen impulsando también mi fe y mi esperanza, permítame el querido papa Francisco que te haga unas sugerencias, entre las muchas que haría:

    — A los padres se nos recomendaba, con toda razón, no regalar a nuestros hijos armas de juguete. Par ir formándolos en la cultura de la paz. ¿Por qué no aprovecha la próxima Pascua del Año Santo para suprimir definitivamente esos anacrónicos desfiles de fuerzas armadas del Vaticano y del Estado Vaticano? Sería un primer paso para estudiar mejor cómo pueden organizarse los servicios de orden y seguridad indispensables.

    — ¿Por qué no superar ya certezas teológicas superadas como que la Iglesia no tiene autoridad para ordenar a mujeres sacerdotes? Lo pudo decir un papa pero no en absoluto definición dogmática, algunas de las cuales incluso  ya se admite que sean reinterpretadas? ¿O no?

    — Y, finalmente, para no hacer demasiado larga esta lista, ¿por qué no permitir que en los sínodos, universales o continentales, se acepte el principio decisorio por mayoría, no la remisión a una decisión última del papa, válida para todos?

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17 comentarios

  • Gabi Vallejo

    Buenos días.Yo no viví  el cambio de la época anterior al Concilio Vaticano II a la pos-conciliar, pero por la información que tengo  entendiendo su dimensión. Más allá der la estética de curas y monjas, se cambió el idioma de la misa, se introdujeron cambios importantes en la liturgia, cambió hasta la disposición de elementos en los alterares, y se aceptó música, se le dio  importancia  al ecumenismo, para algunos  relajación en el rigor de la disciplina y un humanismo no  Cristo-céntrico.La Iglesia Católica suele ser denostada por el ornato del Vaticano, aunque sus lujos realmente palidecen frente al estilo de vida de los tele evangelistas estadounidenses. Entonces, el que Francisco haya elegido vivir en un apartamento cómodo pero humilde, así como eligir a  Francisco de Asís como inspiración, y que al menos intente contener a los cardenales mas arcaicos, puede parece un avance. Los papas son seres humanos con cualidades y defectos, y el que un hombre sea sacerdote, obispo o papa no implica que sea un dechado de virtudes.  Francisco habla de misericordia en sus encíclicas, pero predica en un lenguaje populista  vacío y predecible,  hueco adornado con santurronería que nada positivo aporta. Yo creo que poco aporta, no es autónomo, es una creación absoluta del vaticano, al que intentan pasar por  «cool». Habla de ecología, de paz, de amor, de igualdad, de ecumenismo, pero la realidad es que no deja de parecer un demagogo, de los de siempre,  haciendo su show. El Vaticano  tiene un pasado, no sé si aún un presente, protegiendo pedofilos, lavando dinero de la mafia en el banco Vaticano, haciendo negocios non sanctos, haciendo caridad con las uñas de un gato, infiltrados en las redes, en la política, think tanks, en tanto ponen a hablar a Francisco con el megáfono a todo volumen.         

    • Gabi Vallejo

      Podría poner este comentario en cualquier hilo de Atrio, pero lo hago en este a continuación de otro comentario mío.

       
      Creo que hay una mayoría silenciosa que es paciente, sensata, y muy capaz del matiz en tantos temas que están polarizados. También, hay muchas personas sometidas a discursos contundentes, a planteamientos maniqueos, que terminan despeñándose por el abismo de la ira, de la violencia y del enfrentamiento personal. Casi cualquier discurso se construye por oposición. Toda cuestión termina convertida en excusa para repetir los enfrentamientos habituales entre grupos perfectamente alineados. Entonces qué hacemos, hay que defenderse de todo ello. Y solo se me ocurren dos caminos: o empezamos a hablar o dejamos de escuchar.
      Empezar a hablar implica atreverse a decir cosas que pueden granjearte las iras de los defensores de lo políticamente correcto. Y hay corrección política en todos los bloques ideológicos, cada uno defiende la suya. La realidad es que, sobre la mayoría de las cuestiones, no hay una única manera legítima de ver la realidad. Y hablar implica dar la cara en defensa de lo que crees justo, pero saliendo de la lógica de que hablar es polemizar.
      Dejar de escuchar es silenciar a los estridentes, no leer panfletos y negarse a asumir cualquier discurso que suene a la enésima prueba de los dobles raseros habituales.
      Ninguna ideología democrática puede excluir a quienes no participen de sus propios postulados. Otra cuestión es si, en realidad, lo que se defiende no es democrático.

      Bien es cierto, que aunque todos los ciudadanos forman parte del demos, la prevalencia democrática de determinados valores ético-políticos y la adopción de determinadas decisiones organizativas que estructuran el funcionamiento de la comunidad excluyen, inevitablemente, otras alternativas legítimas que no pueden ser efectuadas de forma simultánea. Por lo que se puede afirmar que toda comunidad política democrática tiene un carácter excluyente.

      Estoy bastante cansado de oír, de leer, a muchos hijos de antepasados reaccionarios, cuya vida ha sido fácil, mientras sus padres y abuelos cometían desmanes y tropelías amparados por el régimen que ellos ahora critican, progres de salón encantados de conocerse, que no hacen autocrítica y cuestionamiento de sus propios privilegios pasados y presentes, y nos dan lecciones de ecologismo, de solidaridad, de igualdad, a los que sufrimos a sus antepasados, a los que con nuestro esfuerzo familiar y  personal hemos salido adelante, es normal que exista un hartazgo entre esa mayoría silenciosa. Personalmente yo lo estoy.

      No sé de que lado ideológico están los ricos y poderosos, aunque tengo la impresión de uno muy concreto.

      • Nacho Dueñas

        ¿Progres de salón?

        A esos ni agua.

        Prefiero 10000000 veces a un tío sensato de PP o Vox. Sé de los que hablo (y aun de lo que callo).

        • Antonio Llaguno

          Gracias Nacho

          🙂 🙂 🙂

        • José Ignacio Calleja Sáenz de Navarrete

          Entiendo lo que dices, lo entiendo y sé la intención al definirte, Nacho. Pero las comparaciones son odiosas y, entre si prefiero pillarme con la puerta mi mano derecha o la izquierda, ninguna; no hay comparación. No hay un prefiero más.

          Y sí, estoy contigo, los «progres se salón» resultan odiosos, más odiosos que nadie si cabe, pero esto no hace bueno el pesimismo cultural exacerbado de los «sencillos de vida y pensamiento». Lo he vivido muchas veces en los congresos de católicos, con la invitación a un respetable intelectual sin el esperado reconocimiento en ese momento histórico; póngase como ejemplo Julián Marías, padre.

          Yo lo veía sabio y digno, como alguien embebido en las esencias de la cultura humanista cristiana; pero sentía que incurría -los que le invitaban, más que él- en un pesimismo de fondo sobre los demás; un pesimismo, al fin, más altivo de lo que quisiera; y sentía, además, que llevaba al auditorio a una confusión no menor: equiparar el que «no me/nos reconocen las ideas que defiendo/defendemos» con «me/nos excluyen».

          Creo que si argumentas y perseveras en los porqués, nada se pierde a medio plazo, nada; creo, sin embargo, que el pesimismo nos bloquea y lleva al lamento; en fin, creo que si no te dan la razón, no significa que te excluyan; creo que la lucha intelectual es «no te dejes excluir, nunca», pero no te escudes en ello.

          El humanismo cristiano lleva tiempo en la queja y sin implicarse a fondo en dar sus argumentos. Ha habido que renovarlos (más) y eso duele; hace tiempo que hemos preferido quejarnos de que el mundo no nos entiende y sin nosotros está perdido. Bueno, bueno… el camino son las obras y las palabras de la equidad y el cuidado; con todos, desde los más desvalidos en cualquier sentido; y sin compensar el significado de «desvalidos» con cualquier malestar que nos toque, para igualar todos los males y todas las responsabilidades. Otra falacia del idealismo modernista, pero lo dejo aquí. Paz y bien.

          Pienso. Saludos cordiales.

      • Gabi Vallejo

         
        Yo desciendo de labradores, con muy pocas letras, qué puedo contar de las condiciones en que se vivía en los pueblos de Castilla en los años sesenta del anterior siglo.  Mi padre se fue a trabajar a la ciudad, pudo conseguir la condición de funcionario y un sueldo modesto pero fijo, mi madre trabajar cosiendo arreglos para las tiendas de ropa, y pudieron tener un piso modesto y dar estudios a sus dos hijos, haciendo malabares con el sueldo.   Yo he trabajado como profesor de Formación Profesional durante años hasta que cansado del sistema y de los alumnos lo mande a la m ….., me casé con una persona muy profesional en su trabajo en el sistema nacional de salud, tengo una hija archivera. Lo mejor es que son, más que yo que soy visceral, personas educadas, respetuosas y justas. Y me cansa todo este teatro del absurdo y del engaño.

        En otro hilo se habla de la Filosofía, pero la actividad filosófica en nuestras sociedades es nula, y no es cierto que aborde los problemas existentes en la relación entre el ser humano y el mundo. Y no sirve para hacernos pensar por cuenta propia, muchas veces los sesudos filósofos de nuestra ahora lo que hacen es impedir que abandonemos nuestra minoría de edad y nos somenten a una tutela permanente, impidiendo la necesaria e imprescindible critica.

    • Santiago

      Gabi, admiro de veras tu lenguaje sincero que está describiendo la difícil época que nos ha tocado  vivir ahora entre el siglo XX y el XXI aunque yo he vivido más que tú y pertenezco a la época “pre-conciliar” y al “cambio” que ha hecho el mundo al alejarse cada vez más del orden de la razón. Sin embargo, creo -como tu- que la mayoría “silenciosa, paciente y sensata”, -es la que puede juzgar mejor, porque posee el sentido de la justicia y de los valores innatos  sin la contaminación ambiental que es capaz de deformar el pensamiento.

      Un saludo cordial

      Santiago Hernández

      • Gabi Vallejo

        Hola Santiago.

        A la  mayoría silenciosa no se la tiene en cuenta, precisamente porque es sensata y paciente, y sobre todo porque representa esos valores que ahora son cuestionados. Mis padres, eran pobres en recursos pero ricos en valores, y esa es la herencia que me dejaron. Mi madre, que apenas sabía leer, vivía su fe de una manera que sorprendería a más de uno, tenía firmemente unas ideas sin necesitar explicaciones ni pruebas de que sus creencias son acertadas, sobre el papa lo mismo, vivió hasta los 94 años con esa convicción. Pero mi mujer, que tiene una excelente formación como médico especialista, que junto a la afectividad, la cortesía, el respeto a la autonomía del paciente, eficiencia, compromiso con la sociedad, respeto al código deontológico, y compromiso con el progreso de la ciencia médica y con la transmisión de conocimientos, une una profunda fe religiosa, que seguramente fundamente todo lo anterior.

        Que se cuestione todo lo que nos han trasmitido, todo lo bueno, todo lo que no hace ser mejor personas, me deja muy confundido. Yo no poseo esa fe, pero intento que esos valores, que proceden de una determinada forma de entender nuestra existencia, estén presentes en mi vida.

        Un saludo cordial.

        • oscar varela

          ¡Hola Gabi!

           

          Para mí, tus Comentarios son ¡acertados y buenos!

           

          ¡Gracias!

        • Santiago

          Gracias Gabi por seguir en el hilo. Has de disculpar que intercale ahora mi comentario debido a mi escasez de tiempo.

          Pero es magnífico que puedas conservar los valores que te transmitió tu familia y que tú puedas divulgarlos para tus allegados cercanos, para los amigosby en tu carrera como docente.

          La FE es un don que se ofrece a TODOS,…. pero como “regalo” que es,…puede aceptarse o rechazarse pues existen los que resisten el poder de gracia y ni siquiera emprenden el intento.

          Ante esta crisis general de valores todavía existen los que, como tú, no tienen miedo de decir lo que creen y “de la manera que creen” ya que la FE admite grados y debemos pensar que podemos subir por sus escaños y ascender hasta la esencia del mismo Evangelio que predicó Jesús de Nazaret donde reside la plenitud de  la Revelación.

          Un saludo cordial

          Santiago Hernández

          • Gabi Vallejo

            Santiago, en otro comentario decía que el amor y la gratitud, extendidos más allá del tiempo, es la salvación. y que la palabra de Dios puede ayudar a estructurar este concepto básico, dejar este mundo agradecido por haber podido participar en él y amando a los que te rodean,  tener  voluntad para  tener fe en la palabra de quien personaliza esa realidad que para los cristianos es Jesús, entonces seremos salvados. Gracias.

            Un saludo Cordial.

    • oscar varela

      USO – Gracias
      Argentina
      Argentina
      La intimidad de la visita del líder de ATE (Asociación de Trabajadores del Estado) con Francisco  
      Rodolfo Aguiar: “Para el Papa
      MILEI ES UN TEÓRICO CON UN PROGRAMA NEOLIBERAL EN DESUSO»
      El líder de ATE contó qué le dijo el Pontífice sobre su encuentro con el presidente Javier Milei. Además, aseguró que el Papa está a favor de la lucha de los trabajadores estatales y jubilados.
       
      https://www.pagina12.com.ar/802831-rodolfo-aguiar-para-el-papa-milei-es-un-teorico-con-un-progr
       

  • ana rodrigo

    Gracias, Antonio, por la buena idea de la pregunta que le harías al Papa sobre el porqué mantiene, casi como  dogma, la opinión de otro Papa sobre la ordenación de las mujeres. 

    Sobre el segundo punto de la democratización de los sínodos, no lo tengo claro, porque si no tiene sentido el que el Papa tenga la primera y la última palabra siempre en las decisiones, el ejemplo de la sinodalidad, donde estoy segura que esta petición y otras fueron una constante, los filtros por los que pasaron las propuestas democráticas de cambio, se diluyeron por el camino quedando las cosas casi como estaban antes de la participación popular. 

    Tampoco creo que haya mayoría ni en la jerarquía, ni en el clero ni en el pueblo creyente, en la cuestión del acceso al sacerdocio de la mujer. El mismísimo Papa, no es que no lo tenga claro, sino que, lo ha negado explícitamente. Si esta iniciativa fuera habitual en los abundantes discursos del Papa, -dada la indestructible papolatría- mucha gente se lo plantearía. Dado que las mujeres están totalmente ausentes de los órganos de decisión teológicos, exclusivos del clero, no hay ninguna posibilidad. Es » la pescadilla que se muerde la cola», si no hay participación de las mujeres en las decisiones, no habrá mujeres sacerdotisas, y si no hay mujeres sacerdotisas, no hay decisión. Porque esto no se decide en los cargos administrativos que el Papa les ha otorgado a algunas mujeres,  o en un dicasterio, con un clérigo al lado. Sencillamente, no se cree ni se confía en las mujeres, Para la Iglesia somos de otra «especie», o de segunda categoría, dentro de la Humanidad.

    Sí me parece bien el que sea tan constante en la doctrina social desde la justicia, la paz, la compasión etc. Aunque ningún responsable de la alta política le haga caso porque lo Papa, pues el mundo,  de la política es laico, se toman como referencia los DDHH, pero está muy bien que el Papa insista. Me parece muy bien el título que ha puesto Antonio al artículo, resaltando la humanidad de Francisco.La raíces humanas de la Esperanza de Francisco.

    Abrazos                                                                                                                                                                 

    • oscar varela

      ¡Hola!

      Para mí, Pancho tiene mucho de “piola

      Origen del término «piola» (‘argot’ rioplatense)

      En el lunfardo porteño «piolín» significaba “limpio”
      porque dicho al revés, lim-pio, decimos “pio-lín”.

      Entre delincuentes un piolín era no tener antecedentes policiales.
      PIOLÍN era el suficientemente ASTUSTO Y VIVO para ser delincuente,
      por no tener antecedentes ni prontuario.

      Y de “piolín”, derivó «piola».
      ……………………………………….

      Clelia Luro le pedía, machaconamente,
      abolir el “celibato obligatorio
      y que haya “curas casados
      (creo que no le planteó lo de “mujeres sacerdotisas”;
      sí creo, que sus últimos años los vivió como tal,
      con sus correspondientes Ritos).

      Bergoglio se lo dijo varias veces:
      “¿Yo? … jamás de los jamases”

      En esos tiempos, yo andaba con mucho laburo,
      y no seguí la cosa; me parecía una ¿cómo decirlo?;
      digámoslo diplomáticamente: me parecía una “taradez”.

      A la luz de lo dicho al principio:
      -Pancho tiene mucho de “PIOLA”-
      me cabe la duda sobre ¿QUÉ PENSABA Bergoglio?

      Porque algunos amigos míos,
      que fueron compañeros en el ‘noviciado jesuita’ con él,
      me contaban que siempre fue un ¿solitario?,
      a quien nunca lograron entender.

      Para mí: Pancho es un PIOLA = ASTUSTO Y VIVO;
      que nos ‘madruga’, nos “pasa por arriba
      a todo lo que nosotros se nos pueda ocurrir.

      Por eso, también, me animo a pensar que el Tipo
      1° No ordenará mujeres y
      2° No ordenaría varones

      Se sabe “piolamente” un Papa de tránsito …
      Transito ¿a qué?
      Solo él lo sabe.

      Mientras tanto; yo no tengo esa duda.

      Gracias!

    • oscar varela

      Hay “pioladas” que
      -una vez salido del círculo hipnótico de la ‘creencia-,
      pude percibirlas como ‘inocentes idioteces’,
      y digo “inocentes” porque el que se mandó la ‘piolada
      tenía la INOCENCIA infusa: Jerónimo Podestá (el de Clelia Luro)
       
      Estando en Asamblea ¿bi-anual? de Curas casados latinoamericanos (2008),
      se rumoreó que uno de los asistentes y su bella esposa (mexicanes ambos)
      -a quienes se los postulaba como el próximo “matrimonio presidente”-
      él había sido “Consagrado Obispo” en la clandestinidad, por el Obispo Podestá.
       
      El corpulento mexicano lo negaba y negaba… hasta que no tuvo más remedio
      que confesar el supuesto secreto.
       
      Yo -como Secretario del Grupo- dije, y “le” dije:
       – “Esas cosas no se hacen. Se burlan de todos nosotros”.
       
      Y así fui aprendiendo que eso del Espíritu Santo es otra “triquiñuela” teológica
      para “hipnotizados” que no logran despertar de su “Catalepsia” -a veces ‘fecunda’-
       
      ¡Gracias!

  • Juan A. Vinagre

    Es muy de agradecer esa información sobre la autobiografía del papa Francisco. Biografía que, a mi juicio, no entra en temas conflictivos relacionados con él por parte de la curia y algunas jerarquías ultra… ¿No entra por prudencia o porque no merece la pena resaltar luchas y miserias internas? Quizá por ambas cosas.

    De añadir algo a esas sugerencias de AD, señalaría esta otra más espinosa, pero necesario señalar, por no evangélica, aunque la avale la tradición, de inspiración, a mi juicio, levítica VT (hablo siempre según mi parecer): LA ESTRUCTURA JERÁRQUICA DE LA IGLESIA, con el DUALISMO correspondiente, no parece de origen evangélico. El sacerdote no es un intermediario…  EL que quiera ser -o sea- el primero que se comporte como el último y servidor de todos… El clero como institución jerárquica superior no tiene (insisto, a mi juicio) origen evangélico. Quien sea el primero sea el servidor de todos. La presidencia en la Iglesia es función de servicio y de coordinación, no de mando, y menos jerárquico. El afán de poder que se introdujo en la Iglesia, casi desde el principio, cegó y luego racionalizó ese poder.(NOTA: Esta visión la destacó en el último programa «Conspiranoicos» el ex juez Baltasar Garzón: Los jueces son, deben ser «servidores» de la sociedad -dijo-, no poder jerárquico.) No lo esperaba y me gustó. En la sociedad civil tampoco debe haber jerarquías. Por eso los tratamientos de «santidad, eminencias» etc., todo lo que eleve como rango no tienen sentido evangélico.