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¿Tiempos apocalípticos, los nuestros?

No soy apocalíptico. Apocalípticos son los tiempos. La acumulación de tragedias en la naturaleza, las guerras de gran devastación con genocidio de miles de niños inocentes, el colapso de la ética, el ahogamiento de la decencia en las relaciones políticas, la asfixia de los valores humanos fundamentales, la oficialización de la mentira en los medios de comunicación virtual, la dictadura de la cultura materialista del capital con el consecuente exilio de la dimensión espiritual, inherente al ser humano, nos inducen a pensar: ¿No será que los profetas bíblicos tienen razón cuando escriben sobre los tiempos apocalípticos? Sabemos exegéticamente que las profecías no pretenden anticipar las desgracias futuras. Tratan de señalar las tendencias que, de no ser frenadas, traerán las desgracias anunciadas.

A mí siempre me ha impresionado un texto estremecedor, incluido en la Biblia judeocristiana. ¿Qué tipo de experiencia llevó a su autor a escribir lo que escribió? Creo que actualmente algo semejante pasa por la cabeza de muchos. Dice el texto:

El Señor vio cuánto había crecido la maldad de los seres humanos en la tierra y cómo todos los proyectos de sus corazones tendían hacia el mal. Entonces el Señor se arrepintió de haber hecho al ser humano en la tierra y su corazón se entristeció. Y dijo el Señor: Voy a exterminar al ser humano de la faz de la tierra y a los animales, los reptiles y las aves que creé con él, pues me pesa haberlos creado” (Génesis 6, 5-8). ¿El mal que se propaga por el vasto mundo no justificaría esta valoración?

Añadiría también el texto apocalíptico recogido por el evangelista san Mateo:

Y oiréis hablar de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis… eso aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá hambres y terremotos en varios lugares. Todas estas cosas serán el principio de los dolores” (24,6-8).

¿No están ocurriendo actualmente fenómenos semejantes a nivel planetario?

Parece que los cuatro caballos del Apocalipsis, con sus jinetes destructores, andan sueltos:

  • El primero, caballo blanco, imita la figura de Cristo para engañar al mayor número de personas. Jesús advirtió: “mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre diciendo: Yo soy el Cristo y engañarán a muchos” (san Mateo 24,4-5). San Juan en su Primera Epístola afirma que “muchos anti-cristos… salieron de entre nosotros, pero no eran de nosotros” (2,18-19). Hoy, entre nosotros, pululan aquellos que anuncian a Cristo, reúnen multitudes en sus templos y predican el odio, la difamación y la satanización de los demás; todo lo lo contrario de lo que Cristo predicó.
  • El caballo de fuego simboliza la guerra, en la cual se degüellan unos a otros. Hay cerca de 18 lugares de guerra hoy, con gran destrucción de vidas.
  • El tercero, caballo negro, simboliza el hambre y la peste. Hemos sido visitados por la peste del coronavirus, ahora por el dengue, por la influenza que causan enfermedades a millones.
  • Finalmente, el caballo bayo, cuyo color simboliza la muerte (el color de un cadáver) que hoy victimiza a millones y millones de innumerables formas distintas (Apocalipsis 6, 1-8).

Hoy no necesitamos que Dios intervenga para poner fin a esta historia siniestra. Nosotros mismos hemos creado el principio de autodestrucción con armas químicas, biológicas y nucleares que pueden diezmar a toda la humanidad y también a la naturaleza con sus animales, reptiles y aves del cielo. Y no quedará nadie para contar la historia.

Esto lo afirmó una vez Mijaíl Gorbachov y yo lo escuché personalmente junto con la gran cantora argentina Mercedes Sosa (la Negra) con ocasión de una reunión de la Carta de la Tierra, que él coordinaba. Un discurso tan aterrador de un jefe de estado, que disponía de cientos de ojivas nucleares y todo tipo de armas letales, me remite a lo que confesó en su autobiografía Arnold Toynbee, uno de los mayores historiadores del siglo pasado, como reacción al lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima,: «viví para ver que el fin de la historia humana se vuelve una posibilidad real que puede ser traducida en hecho no por un acto de Dios sino del ser humano» (Experiência, Vozes 1970, p.422). Sí, el destino de la vida está en nuestras manos. Si hubiera una escalada y se usaran ojivas nucleares estratégicas significaría el fin de la especie humana y de la vida.

Además de la amenaza nuclear que algunos consideran inminente, dada la guerra de Rusia contra Ucrania, con la amenaza de Putin de usar armas nucleares tácticas, tenemos también la emergencia del cambio climático. Entre nosotros en Río Grande del Sur, en Europa, en Afganistán y en otros lugares ha habido inundaciones devastadoras, que además eliminaron del mapa ciudades enteras. Un científico de Nueva Zelanda, James Renwick, de la Universidad de Victoria, anota:

«El cambio climático es la mayor amenaza que la humanidad ha enfrentado con el potencial de arruinar nuestro tejido social y modo de vida. Tiene el potencial de matar a miles de millones de personas a través del hambre, de la guerra por recursos y por el desplazamiento de los afectados».

¿Qué podemos esperar? Todo. Nuestra desaparición, por culpa e inercia nuestra o la irrupción de una nueva conciencia que opta por la supervivencia, con cuidado y con un lazo de afecto hacia la Madre Tierra. El conocido economista-ecólogo Nicolas Georgescu-Roegen sospechaba que, «tal vez el destino del ser humano es tener una vida breve pero febril, excitante y extravagante, en vez de una vida larga, vegetativa y monótona. En este caso, otras especies, desprovistas de pretensiones espirituales, como las amebas, por ejemplo, heredarían una Tierra que durante mucho tiempo todavía seguiría bañada por la plenitud de la luz solar» (The Promethean Destiny, N. York: Penguin Books 1987, p.103).

Los cristianos somos optimistas: creemos en este mensaje del Apocalipsis:

“Vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido y el infierno ya no existía… Oí una gran voz que decía: esta es la tienda de Dios entre los seres humanos. Él levantará su morada entre ellos y ellos serán su pueblo y el propio Dios con-ellos será su Dios. Enjugará las lágrimas de sus ojos y la muerte ya no existirá, no habrá luto, ni llanto, ni fatiga, porque todo eso ya pasó” (21,1- 4).

Debemos ser como Abraham que “contra toda esperanza tuvo fe en la esperanza” (san Pablo a los Romanos 4,18), pues “la esperanza no nos defrauda” (Romanos 5,4). Es lo que nos queda: la esperanza esperante y, en términos positivos, el esperanzar.

*Leonardo Boff ha escrito El hombre: Satán o Ángel bueno, Record 2008; Sol de la esperanza, Mar de Ideias, Rio 2007.

Traducción de MªJosé Gavito Milano

 

6 comentarios

  • carmen

    Santiago. Era una bromica. No me preocupa usted en absoluto. Si así es feliz y cree que hace lo que tiene que hacer, adelante. También hago lo que me deja un poquito más tranquila, aunque mi voz hable en el desierto.Hágame caso. El apocalipsis es un libro, escrito por un buen escritor, sin duda. Un poco rocambolesco y lleno de metáforas que sin duda él entendía. Él. Dedicado a gente muy culta y muy especial.Ya le digo, no me va la literatura apocalíptica. Sorry.

    Para mí es un misterio el por qué lo eligieron para meterlo en La Biblia. Me sucede igual con El Cantar de los Cantares. Una vez leí un libro muy interesante, llenito de anotaciones,l  sobre los libros del antiguo testamento. Ya sabe, profetas y esas cosas. Le pregunté al autor por qué ni citaba el libro del Cantar. Ni caso, como ya se habrá imaginado. Las mujeres pensamos raro.La verdad, creo que no tuvieron otra que meterlo, Juan es mucho Juan, y ya tenían su evangelio elegido, que como no hay quién lo entienda, salvo las historias y las parábolas y esas cosas, pues venía como anillo al dedo.

    Creo que fue por esa razón. Y porque miedito da, con todo eso de los cuernos y de los jinetes y esas cosas. Anda que no caben interpretaciones.  Pues vamos a utilizar el miedo.

    Escuché unos audios de un señor , jefe de Salvador Santos, ya sabe, mi amigo de murcia al que usted considera un hereje gordo. Bueno. Precioso. Vaya una interpretación de los textos.

    No sé cómo cree que tengo una visión materialista de la Historia. No es así. Sé de la importancia de la economía, por mil causas diferentes, pero tenemos una dimensión espiritual, qué le vamos a hacer, por las causas que sean, la tenemos. Cuidado, no estoy diciendo religiosa. A mí modo de ver, Jesús de Nazaret es una maestro de los grandes, aunque su Dios y el mío no sean el mismo. Y eso qué más da?No. No tengo una visión materialista de la Historia. En absoluto. Buen día.Buena tarde.

  • carmen

    Santiago, me está usted preocupando. No hay otro sitio? Porque Jerusalén no tiene una trayectoria precisamente pacífica.

    Por qué no piensas en El Edén? Es más bonito.  Yo no quiero vivir para siempre. Siempre es mucho tiempo. No sé.En cuanto al Apocalipsis, bueno, es un tipo de literatura que tiene muchos siglos de antigüedad. Personalmente no me gusta en absoluto. Suele tener un final no demasiado halagüeño.A veces creo que tengo suerte, mi esperanza en que la especie humana tiene capacidad para remontar,  creo que es un lujo. Ingenua? Pues hasta ahora ya remontando.

    Que el mundo tal y como lo conocemos vaya a desaparecer, no sería la primera vez. Pues bueno. Cada uno vive el tiempo que le toca vivir y en el lugar donde pueda hacerlo.Francamente. Veo todo eso del apocalipsis una ficción que no me gusta en absoluto. Pero si a otros les gusta…

    • Santiago

      La preocupación es mutua…La Nueva Jerusalem pertenece a otra dimensión que escapa a los errores humanos..‘Cada cosa en su sitio…pero no hay compatibilidad entre la visión materialista de la historia y la espiritualista del cristianismo.

      El libro del Apocalipsis NO es ciencia ficción. Es un libro del Canon del NT cuyo autor NO es un desconocido sino el “discípulo amado de Jesús” a quien El le entregó Su propia Madre. Por tanto es un testigo veraz de primera categoría. No es de suponer que su visión profética fuera inventada con el objeto de “hacer novela” para adquirir nombre..

      Como las profecías sobre Jesús y las que hizo El  se cumplieron cabalmente es lícito pensar que el Apocalipsis se irá cumpliendo gradualmente y entrarán en el Reino los que siguieron los mandamientos del Cordero y le siguieron por tanto  en la Cruz y en la Resurrección

      Un saludo cordial

      Santiago Hernández

  • Santiago

    No existe comparación entre esta breve vida de la tierra y la vida eterna. La de aquí es sólo un soplo, una chispa, un viento que pasa. Y la una va ordenada a “la otra”.

    La esperanza para nosotros no puede estar en esta vida terrestre que se acaba y que es corta. Por tanto, la esperanza consiste en la vida perdurable ya que la materia no es eterna y será penetrada por el espíritu hasta transformarse en lo que “no es corruptible”

    Viviremos en la Jerusalén celestial, ciudad alumbrada por el mismo Cordero Dios y que será de naturaleza espiritual donde el espacio y el tiempo terrestre serán sustituidos por la presencia y el tiempo de Dios. El mensaje del Apocalipsis es de naturaleza escatológica y sólo así puede entenderse “a la manera humana”.

    Un saludo cordial
    Santiago Hernández 

  • ana rodrigo

    La historia de la Humanidad ha sido siempre una sucesión de apocalipsis (sólo hay que saber un poquito de Historia), cada vez con más capacidad de destrucción y de generar mucho sufrimiento. En este momento nos toca el nuestro.

    Al mismo tiempo la humanidad ha sido y es capaz de producir mucho más conocimiento sobre el bien y cómo conseguirlo. Como dice Juan A. Vinagre, hay muchísima gente buena en la sociedad, pero, al no tener el poder de decisión, tendremos que abordar el bien  en nuestro pequeño mundo.

    Respecto a la cita que pone Boff de “Él levantará su morada entre ellos y ellos serán su pueblo y el propio Dios con-ellos será su Dios. Enjugará las lágrimas de sus ojos y la muerte ya no existirá, no habrá luto, ni llanto, ni fatiga, porque todo eso ya pasó” (21,1- 4).”, Es mera ilusión, los dioses y las religiones no tienen capacidad y nunca la han tenido para evitar apocalipsis, ellas mismas han generado y siguen generando muchísimas guerras, con una crueldad propia de lo que es una guerra y con mucho odio. Han sido y siguen siendo granitos de mostaza que no alcanzan evitar apocalipsis. La esperanza activa, más por activa que por esperanza, será la que en cada momento evite o resuelva parte de tanto sufrimiento en el mundo. Al igual que ayer el G7, los países más ricos del mundo, han dedicado 50 mil millones de dólares para la guerra de Ucrania, ¿qué no harían si se lo propusiesen en serio para resolver tantas desgracias que hay en el mundo actual en todos los frentes. Porque recursos hay, lo que no hay es voluntad. Qué mal hechos estamos los seres humanos en su conjunto, no hay ninguna especie viva tan destructiva como la nuestra. Mucho ánimo a pesar de todo.

  • Juan A. Vinagre

    A veces -y más que a veces- es muy recomendable una reflexión como la que nos ofrece L. Boff.  No para caer en un pesimismo estéril sino para repensar el camino que estamos trazando y recorriendo en la historia humana. En el fondo, para repensar y evaluar el tipo de “valores” (que nos devalúan como humanos) y que, sin ser muy conscientes de ello (parece) nos erosionan, nos carcomen. (Hablo en general)

    ¿Hablar de tiempos apocalípticos no es algo parecido a hablar de tiempos dominados por “psicópatas o cuasipsicópatas” insensibles, aferrados al poder de su dios EGO-, poder que suele ser poder del dinero oligarca y de afán cretino de un imperio-, aunque sea a costa de sangre y de esterilizar el planeta, nuestra casa y nuestra huerta de cultivo?  Si se producen catástrofes apocalípticas hoy, no serán solo cosa de los políticos que gobiernan, sino sobre todo cosa de los que realmente tienen el poder que dirige a los políticos. En los G-7 o G-20 no se hallan -o se hallan en muy pocos casos- los que ostentan el poder real.  Éstos, desde la sombra, son los que crean tiempos apocalípticos. Y si el afán de poder los ciega y los hace excluyentes -no admiten rivales-, pueden llegar a comportarse como brillantes cretinos “psicópatas”, que proclamen “o yo y unos pocos de nosotros o la nada”. Hay psicópatas que si logran el poder no lo sueltan, y si las circunstancias les fuerzan a soltarlo, sin capaces de arrasar-esterilizar la tierra… En esta pobre tierra hay lamentablemente mucho aprendiz de brujo psicópata suelto.  Aunque la mayoría de la gente sea buena y sensata, pero como no manda…  (El DSM, que define los tipos de psicopatías etc., quizá deba ampliar las lista de psicopatías. Parece que hay más de las que se describen.)

    Pese a todo, no debemos perder la esperanza: los seres humanos somos capaces de repensarnos, de evaluarnos, de entrar en razón, de cambiar de rumbo y de humanizarnos.  Somos capaces, en suma, de aprender y rectificar, al menos tras experiencias apocalípticas.Entonces es cuando será posible crear una TIERRA NUEVA más humanizada. Esta es la gran ESPERANZA -razonable- de muchos.En estas circunstancias, ¿qué hacer? ¿Solo lamentar?  En esta pobre tierra hay plataformas y personas informadas capaces de sugerir, de señalar y de denunciar aberraciones y abusos… Y como son pocos, es necesario repetir, reiterar y señalar…, aunque el poder se revuelva y señale a quien denuncia como un peligroso deformador o deformadora. 

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