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El caos destructivo actual y el caos generativo como salida salvadora

Es innegable que estamos viviendo una conjunción de crisis de todo orden. Son tantas que no necesitamos citarlas. En una palabra, estamos viviendo una situación de gran caos.

Hace ya muchos años, científicos provenientes de las ciencias de la vida y del universo comenzaron a trabajar con la categoría de caos. Este se presenta como destructivo de un orden dado y, escondido dentro del destructivo, como generativo de un nuevo orden que forcejea por nacer.

Sigamos esta trayectoria: inicialmente se pensaba que el universo era estático y regulado por leyes determinísticas. Hasta el propio Einstein comulgaba inicialmente con esta visión. Pero todo empezó a cambiar cuando un cosmólogo aficionado, Edwin Hubble, comprobó en 1924 que el universo no era estático sino que se encontraba en expansión y en ruta de fuga hacia una dirección indescifrable por nosotros. Más tarde, científicos percibieron una onda permanente y de bajísima intensidad que venía de todas partes. Sería el último eco del big bang ocurrido hace unos 13.700 millones de años. Aquí estaría el origen del universo.

En este contexto de la evolución que se muestra no lineal, pero que da saltos hacia arriba y hacia delante, el concepto de caos adquirió centralidad. El big bang habría producido un caos inconmensurable. La evolución habría surgido para poner orden en ese caos original, creando órdenes nuevos: la miríada de cuerpos celestes, las galaxias, las estrellas y los planetas.

El fenómeno del caos resultó de la observación de fenómenos aleatorios como la formación de las nubes y particularmente lo que se vino a llamar el efecto mariposa. Es decir: pequeñas modificaciones iniciales, como el batir de alas de una mariposa en Brasil, pueden provocar al final un efecto totalmente diferente, como una tempestad sobre Nueva York.

Esto es así porque todos los elementos están interligados, todo está relacionado con todo y puede complejizarse de forma sorprendente. Se ha constatado la creciente complejidad de todos los factores que están en la raíz de la emergencia de la vida y en órdenes de vida cada vez más altos (cf. J.Gleick, Caos: criação de uma nova ciência,1989).

El sentido es este: dentro del caos se esconden virtualidades de otro tipo de orden. Y viceversa, detrás del orden se esconden dimensiones de caos. Ilya Prigrone (1917-1993), premio Nóbel de Química en 1977, estudió particularmente las condiciones que permiten la emergencia de la vida a partir del caos.

Según este gran científico, siempre que exista un sistema abierto, siempre que haya una situación de caos, por tanto, fuera de equilibrio y se constate la conectividad entre las partes, se genera un nuevo orden (cf. Order out of Chaos,1984). En este caso, el nuevo orden emergente sería la vida o una forma nueva de organizar la sociedad.

Todavía según Ilya Prigogine, en el seno de la vida existen estructuras disipativas, en un doble sentido: ellas demandan mucha energía y así disipan esta energía en forma de residuos; por otro lado estas estructuras disipan la entropía y hacen de los residuos base para otras formas de vida. Nada se pierde. Todo se recompone y genera la posibilidad de nuevas formas de vida y eventualmente de nuevas sociedades. Y eso indefinidamente, como proceso de la evolución.

Tratemos de aplicar esta comprensión al destructivo caos actual. Nadie puede decir qué orden, escondido dentro de ese caos, puede surgir. Solo sabemos que, dadas ciertas condiciones sociohistóricas, puede irrumpir un orden diferente. ¿Quién podrá descifrarlo y superar así el caos destructivo?

Lo que podemos dar por cierto es que el actual orden caótico imperante en el mundo no ofrece ninguna ayuda para superar el caos. Al contrario, al llevarlo adelante, puede conducirnos a un camino sin retorno. El resultado final sería el abismo. Bien observaba Albert Einstein: “la idea que creó la crisis (diríamos el caos), no será la misma que nos sacará del ella; tenemos que cambiar”.

Cuando la humanidad se enfrenta a situaciones caóticas fundamentales que pueden amenazar su existencia –y creo que estamos dentro de ellas– no le queda más posibilidad que cambiar. Estimo que el camino mejor es consultar a nuestra propia naturaleza humana. Aunque contradictoria (sapiente y demente) ella se caracteriza por ser un proyecto infinito, cargado de potencialidades. Dentro de estas potencialidades se pueden identificar elementos de un orden diferente y mejor.

Este se fundará, necesariamente, en una nueva relación con la naturaleza, afectuosa y respetuosa, sintiéndonos parte de ella; en el amor que forma parte de nuestro ADN; en la solidaridad que permitió el salto de la animalidad a la humanidad; en la fraternidad universal, basada en el mismo código genético presente en todos los seres vivos; en el cultivo del mundo del espíritu que pertenece también a la esencia del ser humano. Este nos vuelve cooperativos y compasivos y nos revela que somos un nudo de relaciones en todas las direcciones incluso hacia Aquel Ser que hace ser a todos los seres. Así saldríamos del caos destructivo rumbo al caos generativo.

Estos, entre otros muchos no mencionados, serían algunos de los elementos que podrían fundar un nuevo orden y forma de habitar amigablemente el planeta Tierra, considerado como Casa Común, incluida la naturaleza. Y así estaríamos salvados, por haber superado el caos destructivo rumbo a un caos generativo con otro horizonte de vida y de futuro civilizatorio.

*Leonardo Boff es ecoteólogo y filósofo y ha escrito Cuidar de la Casa Común: pistas para posponer el fin del mundo, Vozes 2024.

Traducción de María José Gavito Milano

 

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