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Creer lo que no vimos

José se presenta hoy como autor y presiento que será una de las principales columnas en que se sostenga el ATRIO del futuro. Tiene 24 años, es médico en prácticas de psiquiatría. Se ha ido presentando él mismo en ATRIO en las últimas semanas, manifestando que supo de la afición que su abuelo Javier Thompson, quien llegó escribir un artículo aquí poco antes de morir. ¡Gracias, José! AD.

               Creer lo que no vimos? Creer lo que no vimos, no! sino crear lo que no vemos. Crear lo que no vemos, sí, crearlo, y vivirlo, y consumirlo, y volverlo a crear y consumirlo de nuevo viviéndolo otra vez, para otra vez crearlo… y así; en incesante torbellino vital. Esto es fe viva, porque la vida es continua creación y consunción continua, y, por lo tanto, muerte incesante. ¿Crees acaso que vivirías si a cada momento no murieses?”. Miguel de Unamuno.

               La fe es un concepto que ha sido objeto de debate y reflexión a lo largo de la historia de la humanidad. Es un tema que ha sido abordado desde diferentes perspectivas, tanto religiosas como filosóficas, y ha sido una fuente de inspiración y consuelo para muchas personas. La fe se puede definir como la creencia en algo que no se puede demostrar de manera empírica o científica. Es una confianza profunda en algo o alguien, ya sea en un poder superior, en uno mismo o en un propósito más grande en la vida. La fe implica una entrega total y una creencia inquebrantable en algo que va más allá de lo tangible.

        La fe puede ser una fuerza poderosa que nos impulsa a seguir adelante en momentos de dificultad y desafío. Nos da la fortaleza para superar obstáculos y nos da esperanza cuando todo parece perdido. La fe nos ayuda a encontrar un significado y propósito en la vida, y nos da la confianza para enfrentar los desafíos con valentía y determinación.

        Puede brindar la certeza de que no están solos en este mundo y que hay algo más allá de nuestra existencia terrenal. También puede conéctanos con algo más grande que nosotros mismos y nos da la sensación de pertenencia y conexión con el universo. Puede ser fundamental en la experiencia humana y puede tener un impacto profundo en nuestras vidas e inspirarnos para ser mejores personas.

        Sin embargo, la fe también puede ser un tema controvertido y puede generar divisiones y conflictos. Las diferentes creencias religiosas y filosóficas pueden chocar entre sí, y la fe puede ser utilizada como una herramienta para justificar acciones negativas o intolerantes.

        En última instancia, la fe es una elección personal. Cada individuo tiene la libertad de decidir en qué creer y cómo vivir su vida. La fe puede ser una guía poderosa y una fuente de fortaleza, pero también es importante mantener una mente abierta y respetar las creencias de los demás. La fe es un viaje personal y único, y cada uno de nosotros tiene la capacidad de encontrar nuestra propia verdad y significado en la vida.

        Pero en qué tenemos fe, he ahí la pregunta. Evidentemente, una persona no cree en lo que sostiene una determinada filosofía o religión porque posea determinadas razones, sino que cree en la medida en que interioriza una visión filosófica o religiosa de la existencia humana. En realidad en filosofía, como en ciencia, la fe no tiene valor para defender algo, nos solemos amparar más en la razón, pues parece que esta no nos obliga a creer en planteamientos no empíricos. La fe es un asentimiento subjetivamente suficiente, pero objetivamente insuficiente. La razón es un asentimiento subjetivo pero objetivamente suficiente. Ese asentimiento crea un conocimiento nuevo en la mente, un acto de voluntad ante algo que no es evidente en sí mismo.

      La ciencia nos dice que nuestra experiencia fenomenológica es resultado de un proceso evolutivo posibilitado por la ontología primordial de la materia, ya que de ella surgió la vida. Pero ¿es la Materia la esencia constitutiva de la realidad material, tiene una estructura constitutiva, y por tanto es por esta estructura por lo que la materia es principio de todas las notas constitucionales de la realidad material?

        Realidad es el modo de ser «en propio», dentro de la aprehensión misma. «En propio» significa que pertenece a lo aprehendido, por tanto, aún antes de la aprehensión misma (prius)” Zubiri, “Inteligencia y logos”.

        La creación del mundo es un tema que ha despertado la curiosidad y la imaginación de las personas a lo largo de la historia. A través de diferentes mitos y teorías, las culturas han intentado dar respuesta a preguntas fundamentales sobre el origen de la vida y el universo. Comprender estas teorías nos permite reflexionar sobre nuestra existencia y nuestra relación con el mundo que nos rodea. Diferentes culturas y religiones han desarrollado sus propias teorías y mitos sobre la creación del mundo. Por ejemplo, la teoría del Big Bang es ampliamente aceptada en la comunidad científica y explica cómo el universo se originó a partir de una gran explosión. Por otro lado, el mito de la creación del mundo según la religión cristiana narra cómo Dios creó el mundo en seis días y descansó en el séptimo. Estos mitos y teorías nos permiten comprender cómo diferentes culturas han intentado dar respuesta a preguntas fundamentales sobre nuestra existencia.

        Nuestro universo parece perfeccionado para que exista vida. Las partículas fundamentales creadas en el Big Bang tenían las propiedades adecuadas para permitir la formación de hidrógeno y deuterio, sustancias que produjeron las primeras estrellas. ¿Cómo es posible que todas las leyes de la física y parámetros en el universo tuvieran los valores que permitieron que las estrellas, los planetas y, en última instancia, la vida, se desarrollaran? Existe un dios que creó las condiciones favorables, pero Dios no es una explicación científica válida. La teoría del multiverso puede resolver el misterio porque permite que diferentes universos tengan diferentes leyes de la física, pero también Dios pudiera haber creado el multiverso. Dios pueda estar «sujeto» a las leyes de la física, que también gobiernan la química y la biología y, por consiguiente la medicina. Y cómo entender que ese pequeño mundo de átomos y partículas conocida como mecánica cuántica, sea más rápida que la velocidad de la luz, una lluvia de partículas entrelazadas, transfiriendo información cuántica de un lado para otro, y ocupando así muchos lugares al mismo tiempo, Incluso varios universos al mismo tiempo. La ciencia requiere pruebas, la creencias precisa fe. Pero aunque Los científicos descubran nuevos universos, cualquier cosmos puede ser entendido como coherente con Dios. Los mitos y teorías sobre el origen del universo nos permiten reflexionar sobre nuestra existencia y nuestro lugar en el mundo. Y pienso que tanto la ciencia como la espiritualidad son importantes para comprender este tema, ya que nos brindan diferentes enfoques y nos invitan a reflexionar sobre el significado trascendental de nuestra existencia. Tenemos la opción de creer en teorías basadas en la ciencia, demostrables hasta cierto punto, o en aquellas nada demostrables que nos inspira la fe religiosa.

        La voluntad es el elemento imprescindible en la fe, se trata de actuar tomando por cierta la veracidad de ciertas ideas para las que no existe una adecuada contrastación empírica. En creer hay un deseo de que se confirme esa creencia. Yo, por ejemplo, creo que nuestras sociedades serán más justas, la tecnología, la racionalidad y el deseo de justicia abrirán oportunidades de que así sea, no tengo la seguridad que así sea, pero hay factores para ser optimistas, además actúo con mi compromiso personal de contribuir a ello y el deseo de no errar. Los seres humanos podemos y debemos ser mejores, sin deuda con disparidades y divergencias, es lo que ha pasado hasta ahora, seguramente yo no lo alcanzaré a ver. Si hemos superado las quebrantos del neolítico, el feudalismo medieval, la esclavitud de siglos, el capitalismo cruel e inhumano, y creo que superaremos el capitalismo irracional y materialista de nuestra época, sustituyéndolo la irracionadad del mismo por una ética más humanizada.

        Creo que en la estela inmediata de todo gran sueño, que aporta un alimento esencial al alma hambrienta, la “voz del hambre” está muy presente, ¡el crío berrea bien! Sin embargo, si es tan raro que el sueño que se apresura a callar haga “diana”, es porque hay alguien (el perentorio “diablillo” del que hablaba, alias “la voz de la razón”) que se apresura a callar al gritón hambriento. Dicho de otra forma: hay una “llave” del sueño, al alcance de la mano pero la mano, en vez de cogerla para usarla como se debe, la tira a la chatarra (como algo ridículo e inservible para lo que se desea…). Hecho esto, nos rascamos la cabeza y decimos: ¡¿qué querrá decir este sueño tan distinto que acabo de tener?! Y si nos queda tiempo, vamos a hojear un libro sobre los sueños, o vamos a hablar con nuestro psicoanalista…

        Lo que ha faltado, es el acto de fe. Una fe en algo de lo más delicado, casi imperceptible, hasta el punto de parecer totalmente ridículo. Pues ese “gritón” del que hablaba, el alma enclenque, enferma, ignorada “grita” en voz baja. La voz de alguien que bien sabe que jamás será escuchada. Se le oye, pero jamás se le escucha, de lo ocupado que se está en hacerla callar cuanto antes. Ignoro si el relato naíf y sin maquillaje de mi propia experiencia te ayudar a (o ayudará a alguien) a “dar el salto”, a entrar en alguno de tus grandes sueños. Lo que sí es que en ausencia del acto de fe del que hablaba, ninguna técnica auxiliar (diccionario, método, analista) te será de la menor ayuda. Aunque el Soñador o Dios en persona viniera a explicarte largo y tendido el sentido del sueño, secundando con el lenguaje de las palabras el lenguaje del sueño que rechazas, eso no te serviría de nada. Dirías: “Sí, ¡qué interesante! ¡Maravilloso!”, y te entraría por una oreja para salir por la otra. La oreja espiritual quiero decir, que es la única que cuenta aquí. No es una cuestión de conceptos que la razón reúne y la memoria retiene.

        Está tan lejos de eso como el juego amoroso lo está de un tratado de ginecología, o como el perfume de la mujer amada, o de una flor que aspiras, lo está de la fórmula química que pretende “describirlo”. Dicho de otro modo: el acto decisivo, el acto de fe, no es un acto intelectual, sino acto y expresión de una voluntad espiritual: la voluntad del crío hambriento, de mamar de verdad en el pecho que se le ofrece. Pues, aunque parezca extraño, por más hambre que el alma tenga, hay una fuerza aún más fuerte que le impide mamar, e incluso siquiera querer mamar. Como un chiquillo desgraciado, quizá, que hubiera visto demasiado y que, aunque esté muy hambriento, no se atreviera ya a escuchar y seguir la voz de su hambre. Además eso existe realmente lactantes hambrientos y enclenques, que prefieren dejarse morir antes que mamar. Lo raro es que el alma de todos o casi todos esté en ese estado (y no soy una excepción). Con la diferencia sólo de que el alma, esa gran Invisible, tiene la piel tan dura ¡que nunca revienta, hagas lo que hagas! Ella vegeta, languidece, va tirando, pero no se muere”. Alexander Grothendieck, “a Clef des Songes”.

        Soy joven, que es una etapa de la vida llena de energía, entusiasmo y posibilidades. Es un momento en el que nos encontramos en pleno desarrollo físico, emocional y mental,  y estamos descubriendo quiénes  somos y qué queremos en la vida. Ser joven es una experiencia única y emocionante que nos brinda la oportunidad de explorar, aprender y crecer, y eso es lo que yo quiero, tener una capacidad para absorber información, aprender nuevas habilidades, abierto a nuevas ideas perspectivas, explorar diferentes caminos y descubrir nuestras pasiones.       

        Hoy se reproducen aquí y allí movimientos análogos a los que anudaron aquellas primitivas comunidades cristianas; hoy se unen jóvenes de espíritu en la común esperanza del advenimiento del reino del hombre; hoy brota verdadera fe, pistis, santa confianza en el ideal, refugiado en el provenir siempre, fe en la utopía. Créese por muchos y se confía en un nuevo milenio, en una redención próxima en una futura vida de libertad fraternal y equitativa”. Miguel de Unamuno, “La Fe.

       

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