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Una meditación sobre la guerra

En uno de los artículos que publicamos sobre la guerra de Ucrania ya se hacía referencia a lo vivido y expresado por Simone Weil tras vivir la guerra de España. Hoy Eloy amplía la referencias y textos de Simone en esta preciosa meditación. AD.

Leo en la prensa que el canciller alemán Olaf Scholz afirmó públicamente en televisión el pasado 8 de mayo que Putín “no ganará la guerra”. Frente a esta afirmación cabe plantear que “nadie ganará la guerra”. Todas las guerras se pierden por parte de todos los actores, aunque algunos pretendan cantar victoria, cuando la guerra se nutre de muertos. Los muertos de la guerra, de cualquier bando que sean, son los perdedores de la guerra.

I

Una reflexión sobre la guerra, nos lleva directamente a una reflexión sobre el ejercicio de la fuerza; sobre la fuerza de la que algunas persona pueden sentirse poseídos y la ejercen sobre otros. En uno u otro grado se produce esto en muchos ámbitos de la vida ejerciendo no sólo la fuerza física, sino también la fuerza “moral”, la coacción, cuando no el chantaje.

La guerra supone un uso abusivo de la fuerza por parte de los que la promueven. Es ineludible citar en este punto las consideraciones de Simone Weil en su artículo La Ilíada o el poema de la fuerza“, escrito en los años 1939-1940, es decir en los años iniciales críticos de la Segunda Guerra Mundial. (1)

Weil centra aquí su reflexión sobre la fuerza a través de los textos de la Ilíada. La cosificación de las personas sometidas a la fuerza es un punto de arranque presente en todo el texto. Comienza diciendo:

<< El verdadero héroe, el verdadero tema, el centro de la Ilíada es la fuerza. La fuerza manejada por los hombres, la fuerza que somete a los hombres, la fuerza ante la que se retrae la carne de los hombres. El alma humana aparece sin cesar modificada por sus relaciones con la fuerza, arrastrada, cegada por la fuerza de que cree disponer, encorvada bajo la presión de la fuerza que sufre. Quienes habían soñado que la fuerza, gracias al progreso, pertenecía en adelante al pasado, han podido ver en este poema un documento; los que saben discernir la fuerza, hoy como antaño, en el centro de toda historia humana, encuentran ahí el más bello, el más puro de los espejos. // La fuerza es lo que hace una cosa de cualquiera que le esté sometido. Cuando se ejerce hasta el extremo, hace del hombre una cosa en el sentido más literal, pues hace de él un cadáver. Había alguien, y un instante más tarde, no hay nadie. Es un cuadro que la Ilíada no deja de presentarnos. >>

II

En la guerra, siempre corrosiva y destructora, surgen circunstancias y personajes que incitan a la reflexión: el héroe, el hogar, el suplicio, el suplicante, el esclavo, el vencedor, el vencido …

Del héroe dirá Weil que es “una cosa arrastrada detrás de un carro entre el polvo“. Con su acción heroica, en la que pierde la vida, el héroe se cosifica en la muerte. Contrasta esa imagen con la evocación de la imagen del idílico y pacifico hogar: “el mundo lejano y conmovedor de la paz“, de “los baños calientes

Pero Weil, perspicaz, no deja de advertirnos sobre la fuerza que no mata, la que produce el suplicio:

La fuerza que mata es una forma sumaria, grosera de la fuerza. Cuán más variada en sus procedimientos, cuán más sorprendente en sus efectos, es la otra fuerza, la que no mata; es decir la que no mata todavía. Sin dudad matará o matará tal vez, o está solamente suspendida sobre el ser al que a cada instante puede matar; de todos modos transforma al hombre en piedra. (:..) Vive, tiene un alma y es, sin embargo. una cosa. “

En esta circunstancia cabe rememorar la figura del “suplicante“: “El hombre reducido a ese grado de desdicha hiela tanto como el aspecto de un cadáver. ”

III

Los “suplicantes” no siempre son atendidos. Los que tienen y ejercen el poder se sienten libres y el suplicante está cosificado. Es un objeto instrumental. Dice Weil:

Al menos los suplicantes una vez atendidos, vuelven a ser hombres como los demás. Pero hay seres más desdichados que, sin morir, se convierten en cosas para toda la vida. (…) Que un ser humano sea una cosa, es desde el punto de vista lógico, una contradición, pero cuando lo imposible se ha hecho realidad, la contradicción se hace desgarro del alma. Esta aspira en todos los momentos a ser un hombre, una mujer, y en ningún momento lo logra. Es una muerte que se estira a lo largo de toda una vida; una vida que la muerte ha congelado mucho tiempo antes de suprimirla.”

Aquí surge la idea del esclavo:

Cuando sufre o muere uno de aquellos que le han hecho perder todo, que han asolado su ciudad, que han asesinado a los suyos ante sus ojos, es entonces cuando el esclavo llora. ¿Por qué no? Sólo entonces se le permiten las lágrimas.(…) // No se puede perder más de lo que pierde el esclavo; este pierde toda su vida interior. No la recupera en alguna medida más que cuando aparece la posibilidad de cambiar de destino. Ése es el imperio de la fuerza: ese imperio llega tan lejos como el de la naturaleza.”

IV

Pero también los que han ejercido la fuerza, los que quizá se han embriagado con ella, pueden verse aplastados por ella. Dice Weil:

Tan despiadadamente aplasta la fuerza, tan despiadadamente embriaga a quien la posee o cree poseerla. Nadie la posee verdaderamente. En la Ilíada los hombres no están divididos en vencidos, esclavos y suplicantes, por un lado, y vencedores y jefes por otro; no hay en ella un sólo hombre que no se vea en, en algún momento, obligado a doblegarse bajo la fuerza.

Y también:

El fuerte no es nunca absolutamente fuerte, ni el débil absolutamente débil, pero ambos lo ignoran”. (…) // Este castigo de rigor geométrico, que sanciona automáticamente el abuso de la fuerza, fue objeto de meditación entre los griegos. Constituye el alma de la epopeya; con el nombre de Némesis, es el motor de la tragedia de Esquilo; los pitagóricos Sócrates, Platón partieron de ahí para reflexionar sobre el hombre y el universo” .

Al respecto, dice Weil:

En la Ilíada, la marcha de la guerra consiste solamente en ese juego de la balanza. El vencedor del momento se siente invencible, aunque unas horas antes hubiera experimentado la derrota; no considera la victoria como algo transitorio. (…) // Pero los que escuchaban la Ilíada sabían que la muerte de Héctor debía dar una corta alegría a Aquiles, y la muerte de Aquiles una corta alegría a los troyanos y la aniquilación de Troya una corta alegría a los aqueos. // Así, la violencia aplasta a los que toca. Termina por parecer exterior al que la maneja y al que la sufre; nace entonces la idea de un destino ante el que los verdugos y las víctimas son igualmente inocentes, vencedores y vencidos hermanados en la misma miseria. El vencido es causa de desdicha para el vencedor, como el vencedor lo es para el vencido. // Un uso moderado de la fuerza, que es lo único que permitiría escapar al engranaje, exigiría una virtud más que humana, tan poco habitual como una constante dignidad en la debilidad. // Las palabras razonables caen en el vacío

V

La percepción de la guerra puede ser muy engañosa, tramposa, puede llegar a parecer un juego irreal siendo una horrible tragedia.

Dice Simón Weil: :

Ni siquiera una vez probada, deja la guerra de parecer un juego. La necesidad propia de la guerra es terrible, muy distinta a la de los trabajos de la paz; el alma no se le somete más que cuando ya no puede escapar; y en tanto escapa a ella, pasa días vacíos de necesidad, días de juego, de sueño, arbitrarios e irreales. El peligro es entonces una abstracción, las vidas que se destruyen son como juguetes rotos por un niño e igualmente indiferentes; el heroísmo es una actitud teatral y manchada de jactancia. (…) // Llega un día en que el miedo, la derrota, la muerte e compañeros queridos hacen que el alma del combatiente se doblegue bajo la necesidad. La guerra deja entonces de ser un juego o un sueño; el guerrero comprende al fin que existe realmente. es una realidad dura, demasiado dura para ser soportada, pues contiene la muerte. (…) // Sin embargo el alma sometida a la guerra clama por su liberación, pero la liberación misma le aparece bajo una forma trágica, extrema, bajo la forma de la destrucción. (…) El terror, el dolor, el agotamiento, las muertes, los compañeros destruidos, no se puede creer que esas cosas puedan dejar de morder el alma si la embriaguez de la fuerza no viene a ahogarlas. La idea de que un esfuerzo sin límites pueda no aportar más que un beneficio nulo o limitado hace daño.

VI

Un llamamiento a la generosidad se hace imprescindible, aunque no fácil ni previsible:

Falto de esta generosidad el soldado vencedor es como una plaga de la naturaleza; poseído por la guerra se ha convertido en cosa, como el esclavo, aunque de manera distinta, y las palabras no tienen poder sobre él como no la tienen sobre la materia. Uno y otra, al contacto con la fuerza, sufren su efecto infalible, que es volver mudos o sordos a aquellos a los que toca. // Tal es la naturaleza de la fuerza. El poder que tiene de transformar a los hombres en cosas es doble (…) petrifica, de forma diferente, (…) las almas de quienes la sufren y de quienes la manejan.

NOTA 1. Ver: Simone Weil: “La Fuente Griega”. Editorial Trotta. Madrid 2005

14 comentarios

  • Juan A. Vinagre

    Ante esta salvaje guerra de Ucrania, y tantas otras igual de salvajes en Africa, en Asia o en América…, sin olvidar la historia de las atrocidades del siglo XX, y antes y mucho antes…, cabe preguntarse si lo que dijo Ortega -“la historia parece el sueño de un tigre”-, nos está definiendo más como prehumanos, muy inmaduros, que como verdaderamente humanos sapiens.   Esta reflexión, extensa y reiterada, me ha llevado a sintetizarla en uno de mis vicios, un soneto, que comparto (y no sé si repito, en parte):

    -Las guerras no son más que aberraciones / que reflejan a un hombre embrutecido, / carente de valores, convertido / en Ego que da culto a sus pasiones.

    -Impulsado por ciegas ambiciones, / que dejan el cerebro enloquecido, / no es capaz de asumir otro sentido/ que pueda cuestionar sus intenciones.

    -Las guerras nos derrotan como humanos, / son la radiografía del aliento / que espira la demencia de tiranos, /

    -que quieren encumbrar solo su nombre, / aunque sea causando sufrimiento… /  ¿Qué pensar? ¡Que también esto es el hombre!

    Nota: Cuando el hombre madure y vea mejor y sienta… habrá domesticado su Ego y sus intereses, ¿y ya no habrá guerras?  ¿Y se resolverán los conflictos más inteligentemente, más humanamente?   ¿Cuánto falta para que, entrados en razón, ocurra esto? ¿Necesitará muchos más diluvios de tragedias y barbaries para que piense y madure como el ser HUMANO que es?  Las guerras y las fronteras excluyentes -mentales y físicas- nos hunden como seres humanos. El Ego nos ciega y racionaliza hasta el mal, y nos impide humanizarnos. ¿Para cuándo una auténtica educación en valores humanos, que nos haga madurar algo más, siquiera?

     

    • ELOY

      Gracias Juan A. Vinagre por tu comentario y tu soneto.

      A partir de tu reflexión pienso que las causas de la guerras “grandes” quizá se nutran muchas veces, además de otros factores y circunstancias, de las pequeñas guerras, rencillas, egoísmos,  mala educación etcétera, que diariamente forman parte, no sólo de las relaciones privadas sino también del publico comportamientos de magnates, prebostes, e incluso políticos, que debiendo ser referencia de ética  y convivencia, son azuzadores de instintos que nutren los odios que culminan guerras.

  • ELOY

    Ante todo gracias por vuestros comentarios que siempre enriquecen y amplían la perspectiva del tema tratado.

    Parece oportuno por ello decir algo más sobre el tema.

    Cuando Simone Weil hizo sus reflexiones sobre la Ilíada y el poder de la fuerza, no lo hizo para evadirse a otras épocas o situaciones históricas y culturales, sino para reflexionar sobre las terribles realidades que en su tiempo se vivían en Francia, bajo las imposiciones del poder del nazismo y de la violencia y estragos de la guerra.

    Y por lo tanto ante la realidad dolorosa de los muertos, heridos, desplazados de sus hogares, prisioneros en situación de esclavitud etc.

    Situaciones que al hilo de la lectura de la Ilíada quiere Weil hacer patente ante sus contemporáneos en favor de las victimas y contra la guerra.

    Su artículo “La Ilíada o el poema de la fuerza” no pudo ser publicado en París, ciudad que estaba ya ocupada por el ejercito alemán, y se publicó en Marsella, bajo pseudónimo, en Diciembre de 1940 y Enero de 1941.

    Ese grito reflexivo de Simone Weil contra la guerra lo he intentado recordar yo ahora, con imperfección desde luego, recogiendo en parte sus propias palabras, pensando y teniendo muy presentes a las victimas de hoy y particularmente a las victimas de la guerra de Ucrania.

    Weil murió muy joven pero nos dejó un significativo legado que es oportuno no olvidar: nació en París el 3 de febrero de 1909 y falleció, a los 34 años, el 24 de agosto de 1943 en Ashford (Inglaterra)

     

     

  • Román Díaz Ayala

    En este trabajo  se introduce la,coacción como una de las,formas de violencia, y está  en lo cierto, porque la,coaccion es una de las maneras del ejercicio del poder. El Derecho, el orden juridico se fundamenta,en la coacción  que ejercen los Estados sobre sus,ciudadanos  En un sistema democrático  se entiende  como una forma más  eficaz de regular las libertades individuales salvaguardando el conjunto de derechos y principios. Prestamos, o cedemos al Estado el ejercicio del poder para el beneficio común ( doy para, recibir). Los regímenes  autoritarios llevan a sus pueblos hasta la,agresión  homicida,de la ,guerra. La cosificación  de las personas estaba ya inscrita,en el Derecho Romano, para mayor gloria del sueño imperial.Todos los sueños imperiales, como en esta,ocasion el de la Rusia de Putin, como antes fue la de los mandatarios de la anterior Unión  Soviética,  adolecen de lo mismo,el valor instrumental del ser humano.Todo ello está,  permanece fuera, de las enseñanzas  del Maestro Jesús.  La filosofia del Derecho que parió  la democracia liberal recogió  esta corriente aportada por  el cristianismo, que salvaguarda, repito como más  arrib, la dignidad  de las personas.

  • carmen

    Estoy segura de que ni se te pasa por la cabeza contestarme. Te puede dar un calambrazo gordo.

    Siento haberme dirigido a ti. No tenía que haberlo hecho.

    Lo siento. Lo siento. Lo siento.

  • carmen

    Pues bórralo.

    Lo siento.

    Estoy a punto de aprender. Me falta naica, naica.

    Buen día

  • Román Díaz Ayala

    Nuestros criterios  y opciones  ante los,avatares  de la vida están  construidos sobre  el pensamiento de los griegos y tal es nuestra civilizacion occidental  mundializada. Pero somos  también  judeocristianos, y una parte importante  dentro de la militancia  de la enseñanza evangélica

    Jesús  rechazó  el derecho de una,legítima  defensa e incluso nos,adoctrinó sobre el comportamiento  con quienes se constituyen  en nuestros enemigos. Nos lo presentó como un privilegio  de los hijos del  Reino. Cuando  hacemos uso de este privilegio  nos sentimos reconfortados por Aquel  a,quien apelamos por Justo Juez.

  • Román Díaz Ayala

    Nadie gana una,guerra . El pais acosado e  invadido, pierde su esencia, lo más, valioso  que son sus gentes, sus ciudadanos, aunque logre vencer atacante, aunque infrinja, grandes pérdidas  también  al,agresor, hace incierto su futuro,  quiebra muchas existencias humanas  y quedan  profundas cicatrices.  Y eso que existe la,legitimidad de la,defensa. Pertenece a esas cosas constitutivas  del Derecho, dar viabilidad  a la existencia  y hasta la identidad propia.

     

  • carmen

    Creo que me he equivocado de lugar. Sorry.

  • carmen

    Hola Eloy.

    También he pensado siempre que el carlismo era muy derechoso. Reconozco que apenas se de este tema. Ni sé por qué lo pienso. Ideas de esas que se me meten en la cabeza, debe de ser por ósmosis cultural. No sé. Me ha gustado ver que alguien como tú, que si sabe de esto, también lo piense. Y no me voy a meter en camisa de once o doce varas en este tema, bueno, ni en ninguno. Solamente voy a decir una cosa aunque sé que no debería decirlo. Ha salido por ahí una noticia, seguramente será una noticia falsa que tanto abundan ahora, que habla de criptomoneda y Cataluña. Ya digo, será falsa. Pero no me extrañó demasiado. En mi ignorancia absoluta de este tema, cuando todo el jaleo de Cataluña no entendí el porqué. Tiene que haber una razón. Le dije a un amigo Catalán de esos catalanes que lo llevan en la sangre, pues la única razón que se me ocurre a estas alturas es que se quieran convertir en un, digamos lugar a tener en cuenta para todos estos asuntos de economías muy solventes. No veas lo que me dijo. Uuuuuufffffff.

    Me apetecía contártelo.

    Me alegro de leerte.

    Un abrazo.

    • Antonio Duato

      Pues resulta que este Atrio no se creó para decir lo que nos apetece y entrar en temas desde “la absoluta ignorancia”. A Eloy le he contestado yo desde algo que tal vez él no conocía. Si alguien sabe más, que aporte datos históricos. Estoy seguro que Eloy investigará como él sabe, sencillamente poniendo Javier de Borbón en Google. Este comentario tuyo aquí sobra, aunque a ti te sirva. No creo que ni a Eloy ni a Carlos les aporte mucho. Y a mí me hace perder el tiempo, cuando estoy pensando cómo contestar a Isidoro en lo que acabo de publicar sobre Grothendieck, que tiene tela ese hilo, donde serán bien leídos quienes tengan que aportar más luz.
      Y perdona si es que no te he leído bien…

  • Hay personas y familias  que está muriendo cada día que pasa, en las garras de esta maldita guerra. Don Pascual y su esposa Miriam ya no comen ni duermen: Sus dos hijos estudiaban es Moscú y han desaparecido…no saben nada de ellos… ver llorar a la señora Miriam desgarra el corazón…En esta situación leer que hacen reflexiones filosóficas metafísicas de la guerra y hablan de la Ilíada, me desespera no encuentro sentido …Ya se amigos que me dirán que soy un ignorante…Sí soy un ignorante que clama que termine esta guerra que cese tanta muerte y tanto sufrimiento  Dios mío.. Le pido mil disculpas amigo Eloy

  • Alberto Revuelta Lucerga

    Leyendo estos días el último libro de Villacañas Berlanga dedicado a estudiar a Franco desde la perspectiva de El Principe de Maquiavelo y esta noche el comentario de Eloy sobre la Iliada de Weil he recordado las clases de teórica cuando hice las prácticas en el 15 de Infantería en Algeciras en las que la guerra era un conjunto de reglas y capacidades para ganar. Viendo las escenas reales de las poblaciones destruidas de Ucrania igual que las de Siria e Irak o Yemen o Etiopía, solo pienso en las ancianas solas que miran el horror de frente porque saben que así acaba la vida.

     

  • mª pilar

    ¡Gracias por este profundo art.!

    Nos hace pensar en profundo silencio la realidad de cada cual, porque todas las personas podemos estar “tocados” por esa maléfica “fuerza”

    Gracias de corazón.

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