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Monederos falsos

Lo envía Carlos con estas palbras: “Ojalá sirva este artículo”. Amén. AD.

          Se habla siempre de religiones verdaderas y de religiones falsas, pero no se levanta la liebre en lo referente a personas religiosas verdaderas y personas religiosas falsas.

          En lo que se refiere a pasar el Rubicón, estas últimas gentes no se mojan ni la punta del pie: son religiosamente egorrelativas porque solamente buscan la salvación de su ego a costa de todo y de todos, incluso a costa de Dios, a quien no tienen el menor respeto (respeto: mirada benevolente, querer bien), y no hablemos ya “temor de Dios”, que no es miedo a Dios.

          Sin un corazón contrito, cuando se confiesan de Pascuas a Ramos, si es que lo hacen, intentan mentir a Dios porque ya no saben hacer otra cosa y su inercia les impide frenar. Van con todo contra todo lo que no va con ellos. En semejantes ámbitos, muy variados y complejos en cada caso, los comportamientos no parecen mostrar amor a Dios, de quien se acuerdan solamente cuando se hallan en apuros, e incluso cuando simplemente desean que Dios les ayude a alcanzar sus caprichos, pero una vez alcanzado el objetivo, sin novedad en el alcázar.

          Explotan, manipulan, desprecian  y matan cuanto se les pone a tiro si llega el caso (hay muchas formas de matar), y luego le dan gracias a Dios con unas velas compradas en los comercios de chinos. Rezan mascando el mismo chicle sin  saber a qué sabe, aunque ya no lo reciten en latín; sus credos son reinventados, sin formación catequética, pregúnteseles qué significa “resucitó al tercer día” o “descendió a los infiernos”, y verán; son  muy buenos en el arte de decir lo que su religión no dice, haciendo que diga lo que no dice, dada su arrogancia hermenéutica. Son los suyos velatorios de cartón piedra para dar el pego, aunque ya sin plañideras, pues Dios –piensan las tales personas religiosas falsas– se conforma con poco. Además Dios es bonachón, porque premia a los malos  y convive con estos últimos sin tirarles de las orejas. Ese Dios abuelito y cómplice resulta un Dios muy rentable, ¡como es tan bueno y me ama tanto, no necesita que yo le ame realmente a él! En suma, se interesa tanto por mí, que puedo yo no dedicarle ni espacio ni tiempo, para qué estudiar los contendidos de la fe que digo profesar, si todo es dogma, nadie lo entiende y se basta con cualquier superstición.

          Si además compartimos complacientemente con el párroco también  falso religiosamente –haberlos haylos–, todos tan  contentos, el crimen perfecto, la cuadratura del círculo: ellos han cumplido con las normas, con derecho a reclinatorio. No dar escándalos, asumir el desorden establecido, hablar mucho de virtudes y todo ese jaculatorio sale barato a cambio de ganar el jubileo o la salvación, o si no ganarlo, empatarlo en el último minuto sin  dolor de contricción alguno. Las terapias para el mantenimiento de semejante decadencia religiosa, esa religiosidad-aspirina, sin el menor amor a Dios, eso es lo que hay en este tipo de mentalidades religiosas, un perfil burgués tan seriamente afrontado por Emmanuel Mounier. Todo este convoluto forma parte a su vez de las religiones que agonizan. Por eso, en lugar de purificación, las personas religiosas falsas sólo sienten aversión contra quienes les llaman sepulcros blanqueados, a los que excluirán de su trato.

          En resumen, con semejantes expertos ganaderos en cómo ordeñar la vaca divina, al final todo se reduce a esto: ¿qué saco yo al creer y hacer creer que creo, en qué me beneficia?, ¿cómo llego “allí arriba” sin  doblar el tirante, dada la baratura de la gracia? Para eso san Pedro tiene una llave con la cual cierra, con la cual abre cuando es su gusto, como en el romance medieval de la mujer del molinero y el comendador.

          Estos “monederos falsos”, según los calificó Max Scheler, no se preguntan:¿existen los derechos amorosos de Dios, o solo mis derechos?,  ¿es Dios el amor de mis amores?, ¿de qué naturaleza es mi oración, me levanto agradecido cada mañana porque Él es mi Dios, el Dios del universo?, ¿me levanto más temprano para alabar a Dios con toda mi vida, con todo mi ser, con todo mi corazón?, ¿me intereso por estudiar la fe que profeso?, ¿me esfuerzo por proclamarla?, ¿qué estoy dispuesto a perder o a qué estoy dispuesto a renunciar?, ¿apelo a la ayuda de Dios para ayudar mejor a mis prójimos, para luchar contra la injusticia propia y ajena?, ¿insiste Dios dentro de mí, o sólo existe fuera de mí?, ¿me intereso por saber quién es Dios, y no sólo qué es Dios?, ¿qué horizonte de eternidad me espera, más allá del “algo habrá y las gafas de sol ante el ataúd?, ¿colaboro  con la iglesia pese a sus fallos que son los míos, con la inquebrantable esperanza en mi Señor?, ¿vivo de tal manera que si no viviera con  Dios no viviría?, ¿invoco verdaderamente el marana tha, el ven Señor, no tardes?, ¿aunque no hubiera cielo yo le amara, aunque no hubiera infierno le temiera?

14 comentarios

  • Isidoro García

    (Este comentario, no es directamente al artículo de Carlos, sino que del mismo me han surgido estas reflexiones).

     

    Casi todos estaremos de acuerdo en que es mejor el silencio, que el ruido y la cháchara vana. Pero es muy difícil permanecer en silencio auténtico.

    Porque hay dos clases de silencio. El silencio silencioso, y el silencio abarrotado, que justo aprovecha ese vacío sonoro para aflorar todo tipo de actividad mental fruto de nuestro “conflicto vital existencial”, y que es muy desestabilizador.

    Por eso muchas personas, tratan de huir de sí mismas, de su silencio. Y por eso Osho decía que meditar es tener el coraje de permanecer a solas con nosotros mismos.

    Mucha de las “acciones” que emprendemos, tanto las banales, (consumismo, viajes, amores…), como las autodestructivas, (adicciones, codicias desenfrenadas, etc…), como los activismos muy positivos moral y vivencialmente, (incluidos el caritativismo y el anhelo de justicia), pueden provenir de un pánico inconsciente a estar solos nosotros mismo, un fin de semana, en una introspectiva sincera nosotros solos, ante nuestra propia mirada.

    Somos todos unos maestros en el arte de la fuga y del autoengaño, y enseguida nos puede atacar la tentación del activismo, del jesuitismo, del quijotesco hacernos “salvadores del mundo”.

    Por el contra el taoísta wu wei, el no-hacer, el dejar fluir, propugna que no hay que forzar a las cosas a ser, sino conseguir que se hagan solas, casi  por sí mismas.

    Y aquí entra la cognición. Si nosotros sabemos como funcionan las cosas, solo hay que tocar la tecla adecuada y se harán. Y de nada valen los esfuerzos, las duras ascesis, la fuerza de voluntad, las “narices”, si no sabemos que tecla hay que tocar.

    Claro, parece fácil, pero no lo es. Para lo que sirve saber esto, es para que sabiéndolo, gastemos nuestras energías y esfuerzo, en conseguir “saber como funcionan las cosas”, y no directamente en intentan que se produzcan.

    En el wu wei, lo importante es poner el foco en el como hacerlo, pensar antes de actuar, conocer todos los mecanismos implicados, y de esta forma luego hacerlo fácilmente, con el menor esfuerzo.

    Es la técnica de toda la vida del vago, y por eso siempre he pensado que los vagos hemos construido el mundo.

    “Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”, dijo el patrón de los vagos, Arquímedes, que cuando vio un palo gordo, enseguida pensó en como lo utilizaría para ahorrarse trabajo.

     

    Porque a veces el camino mas corto no es la línea recta, el embestir como un toro.

    Lo malo de la línea recta, es que solo es válida para grandes terrenos llanos y sin complicaciones orográficas. Por eso las carreteras, y en menor grado las vías de tren, (que exigen mas viaductos), están llenos de curvas.

    Este principio topológico, aunque parezca raro, también es útil en el comportamiento humano. Querer vivir una vida auténtica, en muchos casos se confunde con vivir una vida sin contradicciones, sin vueltas y revueltas.

    Hay una autenticidad que es rígida, inflexible, teórica. Y por ello es artificial, y artificiosa. Consiste en mantener fiel y lealmente la careta, el papel teatral, el arquetipo que hemos escogido para autodefinir nuestra persona.

    Lo malo es que muchas veces no elegimos la careta que nos va realmente a nuestra personalidad y a nuestra guía interior, (el sí-mismo o espíritu), sino la que nos han inculcado en el ámbito cultural en que hemos sido indoctrinados.

    Y somos leales y fieles a nuestro pasado. Pero no a nuestro presente y nuestro futuro, que es lo único que tenemos.

    Pero como dice Robert Kurzban: “La naturaleza humana es intrínsecamente conflictiva, intrínsecamente provoca que mantengamos contradicciones en nuestra cabeza, y luego en nuestro comportamiento”. 

    La autenticidad auténtica es por principio flexible, fruto de un cambio constante en nuestras ideas y nuestra vida, que va reorganizando continuamente nuestra cosmovisión. Por ello a todo el que está en el proceso de aprendizaje, se nos puede acusar de inconsistencia en nuestra vida.

    Lo dice muy bien, como todo, Thomas Merton:

      “Reconozco la necesidad de una introspección y un crecimiento constantes, que dejen de lado las renuncias de ayer, y sean a la vez, una continuación de todos mis ayeres.

           Aferrarse al pasado es perder la continuidad con el pasado, porque es aferrarse a lo que ya no es. Mis ideas cambian constantemente, girando siempre en torno a un centro que no dejo de observar desde distintos ángulos. 

           Por eso, siempre me acusarán de inconsistencia, pero ya no estaré allí para oír las acusaciones”. 

     

  • Santiago

    Isidoro, el articulo de Carlos Días me ha parecido un excelente y  profundo “examen de conciencia” aplicable a todos nosotros, los que intentamos vivir dentro del Evangelio…Sin embargo, nos tropezamos con lo que tú hablas en tu último comentario sobre que debemos “seguir el camino arrastrando nuestras propias miserias”…puesto que cuando ahondamos en nuestra propia realidad verificamos nuestros defectos y desórdenes que los vemos cada vez con mas claridad….puesto que nuestra humanidad es muy imperfecta en cuanto a la consecución del bien…ES que como escribía Pablo de Tarso “hago el mal que no quiero”…Y es que todavía nos queda un resquicio¨….¨ hacia lo bueno…ya que nuestra voluntad no está completamente anegada en la tiniebla total del mal en que se van hundiendo gradualmente los que han perdido toda esperanza…

    Pero el cristianismo no consiste en ser…sino en querer ser mejores…por amor a Dios…que no exige un amor sensible de manera erótica…sino un amor agapé que no es un amor de “simple emoción” sino que está enraizado dentro de nosotros y procede de la voluntad, y del querer amar por tanto amor como Dios nos ha dado e infundido en nuestro corazón…Es una victoria….Por eso Jesús pregunta a su interlocutor en el Evangelio: ¿Que lees en la Ley? ¿Cúal es el primer mandamiento de la Ley?…¨”Amarás al Señor con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser? Este mandamiento es el principal y el primero” (Mateo 22,34-40)

    Entonces la vida del cristiano está llena de esperanza puesto que aqúella consiste en un “intento” diario para no volver atrás y seguir en el camino al que nos llama este amor de Dios, y tratar de avanzar lo que podamos, no importa nuestra edad o circunstancias actuales…..Así -siguiendo con tu comentario sobre el “abandono”- decía y escribía Teresa de Lisieux que ella “veía” a cada momento con claridad su “impotencia” para realizar obras grandes de caridad y de virtud…Ella “constataba” su  imperfección “a cada instante” pero no se desalentaba por ello…sino, al contrario,  ponía todo su empeño en realizar la obra pequeña cotidiana con gran amor a Dios y al prójimo…En eso consistió la espiritualidad teresiana…en el “abandono” en lo mínimo,en lo que parece una nimiedad, en lo ordinario, aburrido y rutinario de nuestras vidas…Eso creo que es la voluntad de Dios para cada uno de nosotros que todos podemos seguir…que avancemos sin desaliento hasta encontrar el triunfo al final cuando el Padre nos acoja para siempre en Su morada eterna..NO estamos ya muy lejos…Hay que prepararse con fe y esperanza…tenemos la fe, tenemos la gracia, tenemos los sacramentos, tenemos nuestro intelecto y nuestra voluntad al servicio de la gloria del Señor…y de nuestro prójimo

    Un saludo cordial

    Santiago Hernández

    • ana rodrigo

      Hola, Santiago, reproduces en tu comentario este texto “”Amarás al Señor con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser? Este mandamiento es el principal y el primero” (Mateo 22,34-40), pero no terminas el texto que sigue “y al prójimo como a ti mismo” Por tanto el orden sería: primero ámate a ti mismo y después a l@s demás como a ti mismo. Los primeros beneficiados de nuestra maduración personal, somos sonotr@s mism@, Dios no es más Dios ni menos Dios porque hagamos las cosas por Él, y quienes ni le conocen, les ocurrirá lo mismo, serán personas maduras y responsables y solidarias y justas vivirán sus valores porque han madurado como personas, porque se aman así mismos y a los demás. Hay más miles de millones de personas en el mundo, la mayoría, que no son cristianos, ni religiosos y son excelentes personas. Y antes de Jesús, muchos millones de años, ocurría lo mismo, no había cristianos, y había gente excelente y gente que no, como ahora, creyeran o no creyeran en sus dioses.

      Un abrazo cordial

      • mª pilar

        Ana:

        ¡Totalmente de acuerdo!

        Un abrazo entrañable,

      • Santiago

        Muchas gracias por vuestros comentarios…Sin embargo, en ningún momento intenté “excluir” el amor del prójimo ya que es el segundo mandamiento de la Ley….. que es “semejante” al primero, ya que Dios nos precede en todo y el amor -como nuestra existencia- “proviene” de Dios como afirma San Juan en su primera carta apostólica….Por eso, tiene que existir una interacción entre estas dos expresiones que proceden de una fuente común que ES el Amor creador…

        Por otro lado, en el  Misterio insondable de Dios, es el Padre el que por medio del Hijo nos expresa Su amor, y por Jesús -por El, con El, y en El- todo se hizo, y todo se recapituló…Por eso, por los méritos de Cristo, se salvaron los que por siguiendo  la buena voluntad de querer seguir el bien,  le precedieron, “antes de su advenimiento”…..y también los que siguieron “de cerca”  Sus huellas durante Su Vida, “en su advenimiento”…y por último, los que le han seguido “después de Su advenimiento” haciendo Su voluntad y los que Le seguirán en Su Camino hasta el final de los tiempos…también se salvarán…

        Por eso, también yo creo, por supuesto,  que el amor al prójimo es piedra fundamental del cristianismo…y es por eso que en mi comentario de arriba cierro con…. “tenemos nuestro intelecto y nuestra voluntad al servicio de la gloria del Señor…y de nuestro prójimo”.

        Un saludo cordial

        Santiago Hernández

  • ELOY

    La lectura de este artículo de Carlos Díaz, me llevó al recuerdo de otro Carlos, también colaborador de ATRIO, Carlos F. Barberá, autor del libro titulado “Soy lo que hago”; libro de 155 páginas, editado en el año 2004.

    El título del libro”Soy lo que hago” constituye por si solo toda una tesis, y lleva por subtitulo: “Apuntes para una espiritualidad de la acción”.

    En el libro veremos citas, de Fernando Urbina, Xavier Zubiri, Mounier, Simone Weil, M. Legaut, Teilhard  de Chardin y otras, junto a las Testamentarias.

    De la página 122, tomo esta breve cita del libro: “Cierto que somos contradictorios y volubles pero en definitiva el camino que van trazando nuestras acciones muestra lo que somos“.

     

     

  • Isidoro García

    Dices Román que el artículo de Carlos, atiende a “Qué hacemos con la religión y no qué ha hecho la religión con nosotros”. Pero creo yo que eso es un claro error eclesial. Jesús lo expresó muy bien cuando dijo que el sábado está hecho para el humano, y no el humano para el sábado.

    La religión debe servir al humano a desarrollar su naturaleza madurándola, maduración que nos es muy dificultosa, debido a nuestra escasa dotación mental, con escasa capacidad de atención, y a lo dispersa que es nuestra mente, con numerosas emociones que intentan dirigir nuestra vida, arrastrándola de una conducta a otra.

    Y ese es el principal problema que yo le achaco a la religión. Es un camino de humanización, y muchas personas se acercan a ella, siguiendo el camino religioso.

    Pero cuando el camino es muy tortuoso, lleno de “entretenimientos” inútiles, y de contradicciones y obstáculos constantes que hay que sortear, se gastan y agotan las ya de por sí escasas fuerzas humanas y su energía psicológica.

    La ascética de la religión católica, se basa en un sacramentalismo ritualista, como fuente de gracia y ayuda divina, para seguir el camino.

    Pero cuando se pone mucho el foco y la atención en algo importante pero auxiliar, este se convierte para nosotros en lo fundamental. Y empezamos a poner el carro delante de los bueyes, y se atasca.

    El camino de la excelencia humana, es duro y largo, y hay que evitar cargas inútiles en el morral. Y si llenas el morral con cien bocadillos, el peso se notará mucho en las cuestas y arriba, y además perderás mucho tiempo en colocarlos y ordenarlos bien, y en catar como está el bocata de pimientos con atún.

    Ese es el problema logístico. Pero luego está el problema de las contradicciones cognitivas, que cualquier mirada con un mínimo de criticismo, encontrará en el mensaje de Jesús, transmitido por la Iglesia, y que supone el software base de nuestro proceso de humanización, y que está lleno de virus y contradicciones que nos paralizan y desconciertan.

     

    Yo, como mal cristiano que soy, e incluso, como cristiano “sin carnet”, como me dice mi muy amigo Román, me siento aludido en este artículo. Y pienso que lleva mucha razón en el análisis de nuestras miserias, por lo menos de las mías.

    Ahora bien, hay algunos párrafos en que el amigo Carlos, se ha pasado. Dice: “Además Dios es bonachón, porque premia a los malos  y convive con estos últimos sin tirarles de las orejas.

            Ese Dios abuelito y cómplice resulta un Dios muy rentable, ¡como es tan bueno y me ama tanto, no necesita que yo le ame realmente a él!”.

    Y digo yo, ¿qué hay de malo que Dios sea un bonachón, y que como el padre del hijo pródigo, no le tenga en cuenta sus excesos, y mate un cabrito para celebrar la vuelta a casa de su hijo, en vez de tirarle de las orejas?.

    ¿De verdad se puede creer que Dios necesita que nosotros le amemos?. ¿De verdad crees que al humano le sale gratis algo en la vida, en una vida de miserias y sufrimientos continuos?.

    ¿No son estos, rezongueos del obediente hermano mayor del pobre hermano pródigo, que ha salido débil de carácter?. ¿Vamos a echarle en cara a Dios su misericordia, porque es una muestra de senilidad y debilidad?.

    Que muchos somos “sepulcros blanqueados”, es la pura verdad, y si tenemos un mínimo de lucidez lo sabemos, y ¿qué quieres que hagamos si somos “niños” que una y otra vez le fallamos a nuestro padre, que todo nos lo perdona?.

    Solo podemos hacer eso: abandonarnos como niños en sus manos cariñosas, y confiar en Él… y seguir el camino arrastrando nuestras miserias.

    • Román Díaz Ayala

      Previo al análisis de la cita que haces de Marcos 22,27 tendremos que dejar establecido el estado de la cuestión.

      Afirmas  que estoy siendo partícipe de un error eclesiástico, pero bien pudiera ser que valoras nuestra religión con una otra diferente perspectiva, como un mero constructo humano sin ninguna otra intervención. Valoras positivamente la religión, podríamos decir que todas las religiones y  hasta el sentimiento religioso, pero no das cabida a que haya otra cosa. Si acaso sólo como un supuesto, pero que no alcanzas a experimentar

      Valoras la religión, repito, pero de un modo instrumental para el camino de la excelencia humana a lo que dejas reducido nuestro concepto de “salvación”, y que está dicha excelencia a la especie, a la humanidad futura, siempre y cuando se cumplan las profecías transhumanistas, pero no para ti como individuo que se tiene que acomodar a una aspiración de plenitud reducida por la visión de una muerte inexorable, un hecho de razón y de experiencia, valores supremos para alcanzar la verdad.

      Lo dicho no me excusa para no dar razones de mi fe y con esa misma libertad con que te pronuncias quiero hacerlo yo a mi vez.

      Con respecto al reposo sabático el pueblo judío tenía una doble obligación. El lugar que cito está en Mateos 12,1-8; Marcos 2,23-28; y Lucas 6, 1-5, que  describe un incidente entre Jesús y sus discípulos con un grupo de fariseos un día de sábado. Los fariseos se sentían llamados a ser guardianes de la ortodoxia y al mismo tiempo del cumplimiento de las normas que les exigían

      a) porque el sábado era de institución divina (Génesis, el séptimo día Dios “dio por concluida la labor que había hecho ; puso fin el día séptimo a toda la labor que había hecho. Después bendijo Dios el día séptimo y lo santificó, porque en él puso fin Dios a toda la obra creadora que había hecho.

      b) porque el sábado sería impuesto en el Monte Sinaí con todos todos los otros  mandamientos del Decálogo y se convertirá así en señal de la Alianza ( Éxodo, “Yahvé habló a Moisés: Di a los israelitas: No dejéis de guardar mis sábados, porque el sábado es una señal entre mí y vosotros, de generación en generación, para que sepáis que yo soy Yahvé, el que os santifico”.)

      Los judíos, con su casuística veían en muchas acciones trabajos que prohibía la Ley.

      Jesús con su respuesta dio dos explicaciones de hechos contenidos en las Escrituras y termina con afirmaciones contundentes tales como que ni siquiera por  institución divina tiene un valor tan absoluto a la que tiene que subordinarse la necesidad o la caridad, tal como explican los dos hechos citados por él.  Pero algo más: que él mismo tiene el poder de interpretar con autoridad la Ley de Moisés. Su nueva economía (Testamento) es superior a la antigua,  porque “hay algo aquí mayor que el Templo”.

      Entonces adquiere pleno sentido como termina el pasaje puesto en boca de Jesús :”Porque el Hijo del hombre es señor del sábado.”

      • Román Díaz Ayala

        Perdón, ya habrás notado que Marcos no llega a 22 capítulos. Tu cita corresponde a Marcos 2,27, tal y como la repito luego más abajo.

  • Román Díaz Ayala

    Tiene este artículo una virtud fuera de discusión; que en lugar de abordar las complejidades de una revisión más de tipo formal respecto a las instituciones y a la composición de las doctrinas de nuestra religión, algo a lo que estamos acostumbrándonos, y hay quienes lo están haciendo con insistencia, aborda el tema de las vivencias religiosas desde la moral.

    Qué hacemos con la religión y no qué ha hecho la religión con nosotros. Me trae los ecos de Juan el Bautista en el Jordán, y la necesaria conversión. Fue el inicio también de la predicación de Jesús. La necesidad de volver  al Evangelio radica más en el hecho de que hemos construido la vida de espalda al mensaje y no tanto en que hemos estado en su ignorancia.

  • mª pilar

    Nos describe Carlos en este art. una manera de ser y comportarse:

    ¡Y es cierta!

    Y también existen personas que dentro o fuera de las iglesias como nos comenta Ana, que saben por donde caminan; y su vida es un reflejo de que ese gran Misterio que nos rodea ¡Es! si se asume y acepta como tal:

    Se convierte en ¡Vida! entregada a quienes pasan ha su lado.

    Y gozan de esa maravillosa sensación de experimentar su grandeza en si mis@s y en todas las personas de buena voluntad y buen corazón.

    Lo sé por experiencia personal y porque he visto la docilidad de aquellas personas, que de alguna manera lo han aprendido pero nunca han sentido la necesidad de buscar ¿la verdad? o al menos, un conocimiento mayor, cuando por cientos de circunstancias, no hacemos preguntas del…porque y el como…lo acepto porque siempre me lo han explicado así.

    Cuando ves sufrir ha personas, que, ante lo que le han explicado y su experiencia…de dolor personal…algo no encaja; entras en sus dudas y le haces una simple pregunta:

    ¿Tú castigarías a tu hij@ a estar perdido por no se sabe donde, sin culpa ninguna de el o ella, lo harías?

    Pues si crees en un Dios padre de amor.

    ¿Cómo puedes pensar que Él lo haría?

    Y la paz inundó el corazón de aquella madre que al nacer su hijo, instantes después murió…y ha nadie se le ocurrió en esos momentos “bautizarlo”…

    Eso nos traen las enseñanzas falsas que corren por “ahí” y hay quienes por encima de todo, siguen confirmándolas sin explicación ninguna.

    Como nos dice Ana, ha este art. le faltan preguntas, y  aclaraciones, que para muchas personas son necesarias.

    Aun así, muchas gracias porque nos ha explicado muy bien, como son:

    ¡Los falsos creyentes!

    De la materia que sea…no se preguntan, no analizan…¿Por qué será?

    Gracias por hacernos pensar y analizar.

     

  • ana rodrigo

    En todas partes hay de todo, de un extremo y del otro y, por el camino una inmensidad de matices. Aunque el artículo se titula “monederos falsos”, el desarrollo del mismo se convierte, según mi percepción, en que parece que la mayoría de creyentes son eso, monederos falsos, sepulcros blanqueados, que los hay, sin duda, pero también hay muchísima más gente honesta honrada, coherente entre lo que piensa y lo que hace, cada cual según su buen entender. Y ver sólo una parte, la negativa, deja la impresión de que se ha generalizado de tal forma la falsedad, que es lo que predomina. También hay muchísima gente que odia la falsedad y dejan la religión, siendo quizá más honestos fuera que dentro.

    Hay mucha gente con poca cultura bíblica, que hacen lo que siempre les han dicho, pero con una buena fe y una autenticidad  de vida digna de admiración.

    A mi  juicio, en este artículo, faltan muchos matices y sobran preguntas y sobre todo, sobran juicios.

  • Román Díaz Ayala

    ¡Claro que sirve, y mucho!

    Todo depende de la mirada ¿Hacia afuera? ¿Introspectiva?

    Me recuerda aquellos manuales de Catecumenado para jóvenes y para pre-adolescentes que editaba la Diócesis de Huelva en tiempos del post-concilio y que tanta ayuda me brindó en mis catequesis.

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