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Una espiritualidad para hoy

Me tropiezo a veces con la pregunta por “una espiritualidad para  hoy”. En cierto modo, la espiritualidad siempre es la misma: salida del propio ego hacia el amor. Lo que puede ser objeto de pregunta son los caminos para llegar a esa meta. Creo que es posible montar una respuesta sobre cuatro columnas, representada cada una por un maestro: dos varones y dos mujeres: D. Bonhoeffer, Oscar Romero, Simone Weil y Etty Hillesum. Ni siquiera son todos católicos de “pertenencia” pero sí lo es su espiritualidad.

Bonhoeffer y Romero nos dan la espiritualidad para una sociedad laica y plural. El primero nos recuerda que vivimos en un mundo “mayor de edad” (¡lo cual no significa más virtuoso!) y “no religioso”: lo cual tampoco significa no creyente, pero nos enseña a mirar la “religión” como una expresión cultural de la fe, no obligatoria hoy (como la circuncisión antaño). En este mundo nuestra relación con Dios es vivir “ante Dios pero sin Dios”, como una forma de “estar con Dios en su pasión”[1]. Como escribí otra vez: lo que importa no es ser religioso o no-religioso sino ser hombre de otro modo.

Del segundo aprendemos que los pobres, hambrientos y maltratados por ser justos, son los preferidos de Dios y encarnan la presencia y la voluntad de Dios en este mundo no religioso. El compromiso con ellos, y la voluntad de hacer públicos sus sufrimientos (que el mundo tiende a ocultar), encarnan el culto que Dios quiere y nuestra forma de conocer a Dios.

Comprometidos con el mundo “no religioso” y con la causa de las víctimas, estos dos testigos eran además muy eclesiales. A Bonhoeffer, su viaje a Roma (y su tesis sobre la “sanctorum communio”) le descubrieron el carácter comunitario de la fe y del seguimiento de Jesús. Romero predicaba que una iglesia que no sufra persecución allí donde los pobres son perseguidos y maltratados, “no es la verdadera iglesia de Cristo”. Así se complementan ambas eclesialidades. Pero  en ambas, a la Iglesia hay que “amarla y sufrirla”, según preciosa formulación de M. Moore hablando del obispo Casaldáliga[2].

De entre las mujeres, S. Weil aporta algo que firmarían los dos anteriores: “lo que permite saber si en un alma está el fuego del amor de Dios no es la forma en que habla de Dios, sino la forma en que habla de las cosas terrenas[3]. Hoy interpela además su honesta capacidad de autocrítica (desaparecida en esta era de la postverdad, de canonización de lo propio y satanización de lo ajeno); y su empeño, no solo por ayudar desde lejos, sino por “estar presente” en el  mundo de los oprimidos: no solo el trabajo por las víctimas sino el contacto con ellas que tanto transfigura ese trabajo; lo que en otro lugar llamé “ecumenismo del dolor”[4]. Y a la vez, su capacidad de asombro ante la belleza como mensaje de gratuidad (de “pureza” en palabras suyas). A lo que hay que añadir su decisión de no entrar en la Iglesia (no bautizarse) aunque declara creer todo lo que confiesa la Iglesia y espera que, si Dios la quiere dentro, ya se encargará de hacerla entrar[5]. Una decisión que se apoyaba en la falta de autocrítica de la Iglesia, que prefería llamarse a sí misma santa, y pronunciar el anatema para muchos de sus críticos[6], lo que la volvía incapaz de percibir que estaba más del lado de los ricos que de los pobres. Recordemos su frase en la carta a G. Bernanos: creo que me bautizaría con solo que en todas iglesias hubiese un letrero que diga: “prohibida la entrada a quien tenga una fortuna superior a una determinada cantidad”. Y añadamos el sentido del deber, en un mundo que solo tiene sentido de derechos propios; no puede haber declaración de derechos humanos si no hay una declaración de los deberes humanos.

Etty completa a Simone porque lo que en esta parecía fruto del esfuerzo duro, en Etty parece fácil, fruto de la ayuda del Espíritu. Pero aquí habrá que distinguir la espiritualidad de lo que son condicionamientos temperamentales: la timidez afectiva de Simone (acrecentada por su experiencia laboral en la Renault) y la simpatía y el don de gentes de Etty[7]. Simone, desde su desprecio a sí misma, parece que solo pudo percibir la bondad como “ley”. Etty, desde su vida desarreglada, la descubrió como buena noticia. Por ejemplo: es llamativa en esta muchacha (que no tuvo catequesis ni formación religiosa alguna) la seguridad de que cuando rezo bien, “es Dios mismo quien habla con Dios desde mí”.

Y debemos quedarnos con los tres principios que guiaban su compromiso: “ayudar a Dios” (a que no desaparezca en el fondo de todas las personas, donde sigue presente a pesar de mil piedras y hojarascas que lo ahogan); ser además “el corazón pensante” de tantas gentes que ni pensar pueden, abrumadas por mil urgencias elementales cotidianas: pero de modo que el que piensa es un corazón. Y finalmente “ser bálsamo para tantas heridas”; lo cual no significa limitarse a las ayudas asistenciales (también puede haber, por así decir, bálsamos estructurales), sino no olvidar en nuestros compromisos, esa actitud del cuidado que hoy volvemos a descubrir

Dos últimos detalles: si nuestros testigos varones fueron personas institucionalmente creyentes, nuestras dos mujeres son las dos convertidas, desde familias no creyentes. Lo cual no sé si resulta emblemático en una hora en que se dice que la Iglesia está perdiendo a las mujeres[8].

Y además: tres de estos cuatro testigos murieron mártires: el multicultural Bonhoeffer mártir del racismo.  Romero “asesinado a sueldo, a dólar, a divisa, como Jesús por orden del Imperio” (P. Casaldáliga). Etty en Auschwitz. Y Simone muere enferma a los 34 años por la austeridad solidaria que se había impuesto. Para que no creamos que la espiritualidad de hoy será una autopista en vez de aquella senda estrecha de que avisaba Jesús.

En resumen: mundo adulto, lucha por la justicia, eclesialidad, verdadera experiencia de Dios, autocrítica, contacto con el dolor, belleza, deber, facilidad, ayudar a Dios, ser corazón penante y ser bálsamo. Aquí está el título de doce largos capítulos que tendrán una configuración distinta en cada persona según su edad, su historia y sus condicionamientos concretos. Resumiendo aún más: laicidad (ausencia del Dios presente) pero con lucha por la justicia social y la igualdad. Radicalidad horizontal pero con una facilidad vertical; y una eclesialidad dialéctica. Creo sinceramente que solo el Espíritu de Dios puede hacer eso en cada uno de nosotros.

[1] Cartas del 16 y 18 de julio de 1944.

[2] Cuando la fe se hace poesía. Buenos Aires 2021, p. 102.

[3] El conocimiento sobrenatural, n. 84.

[4] Podemos aplicar aquí su frase de El amor de Dios y la desdicha: “el conocimiento de la desdicha es la clave del cristianismo”. Dice “la clave” (no la esencia o el contenido). Y la desdicha (malheur) es algo más que el sufrimiento: podría ser algo así como el sufrimiento injusto y sin sentido.

[5] Se discute si esto se cumplió, por el testimonio de una persona que dijo haberla bautizado ella, muy poco antes de su muerte, en el hospital de Middlesex, mientras Simone le decía: si quieres, hazlo. Remito a la p. 707 de la biografía publicada por su amiga S. Pétrement.

[6] Lo que Simone de ningún modo podía aceptar era la enseñanza de que los niños que mueren sin bautismo no van al paraíso. ¡Cuánta razón tenía!

[7] La única vez que Simone parece haberse abierto afectivamente es una carta a Joe Bousquet, enfermo tetrapléjico. Y en ella le confiesa que le parece imposible “que un ser humano experimente amistad por mí”.

[8] Porque no son ellas las únicas. Nombres como Dorothy Day, Madeleine Delbrel o María Skobtsov y Dorothea Sölle podrían añadirse. Y entre las todavía vivas, ahí están Lucía Ramón o Anamary Mazorra entre las que me son conocidas.

37 comentarios

  • M.Luisa

    Es curioso, Isidoro, ahora al leerte me asaltan al pensamiento  las horas en blanco que me he pasado esta noche intentando resolver la manera de como podría darte a entender que no es necesario saber que “es” la realidad para  hablar  de ella, como tantas veces me insistes.

    Cuándo tú te sientes movido a trasladarnos todas estas frases de  tan variados autores que tanto te impresionan ¿acaso no es por la realidad que contiene lo expresado en ellas?

    Hablas de comprender, comprender es  un momento de lo que el  conocimiento humano puede dar de sí  y  si puede dar de sí es por su respecto  mismo  a la realidad. Es ella la que lo abre al saber de la inteligencia  y lo hace inagotable.

    Otro momento del conocimiento humano es el científico que la estudia  y la va entendiendo a medida que se va adentrando en ella. Y ahora que toco el tema de la ciencia cosa que    veo le das mucha importancia, sería interesante que     repasaras lo que de ella me definiste  ayer, pues  no percibí que estuviera en  altura  al mismo nivel  de esa gran sensibilidad  que muestras en todas tus reseñas.

    Y con respecto al enunciado del artículo ¿No es por la realidad misma de eso que llamamos  espiritualidad que  puede adquirir esta, nuevas formas? ¿No es la realidad la que lo puede hacer posible?

  • Isidoro

         La vida en el Universo, es algo maravilloso. Es un conjunto de fenómenos, que se extienden y engarzan desde la materia inanimada, hasta el “reino” de la Inteligencia, con la conciencia de sí mismo y de todo.
     
        Pero estos fenómenos de la vida llevan engarzados en sí, como el haz y el envés de las hojas, o como la cara y la cruz de la moneda, con el sufrimiento: enfermedad, degeneración y muerte es la otra cara del fenómeno de la vida. Son consustancial a ella.
     
        Es un gran misterio cósmico, que debemos comprender y asumir, porque le da a la vida, y sobre todo a la vida humana, un carácter de absurdidad, de tragedia cósmica, de terribilidad, que nos desconcierta y nos hunde en la miseria y angustia.
     
         Dice Thomas Merton: “¿No es la vida ya lo suficientemente absurda, sin necesidad de que le añadamos nuestras propias frustraciones, y nuestras fantásticas estupideces?”.
     
          El pensamiento de hoy día, como decía el filósofo, Luc Ferry, consiste en reapropiarse de la verdad del discurso religioso. Y yo añadiría que es comprender el Cosmos y situarnos en él. Poner la crucecita en el mapa: “Aquí estamos nosotros”.
     
         Porque si no lo comprendemos bien, así como nuestro papel en él, andaremos dando palos de ciego, y marchando dando tumbos de un lado para otro, de la cuna a la tumba.
     
       De ahí la enorme importancia de la Ciencia, para comprender el Universo, y de filósofos y poetas auténticos, para vislumbrar en la obscuridad que nos rodea, nuestra situación en dicho Universo.
     
    (En ese sentido, dichos poetas auténticos, son como místicos laicos, que intentan lo imposible, describir lo inefable e indescriptible, aunque siempre de una forma obscura y abstrusa).
     
     
       Rilke, fue uno más de los humanos auto realizados del pasado, gente que bebiendo agua clara de su fuente interior, de una forma inalcanzable para casi todos, era capaz de encender una cerillita en la obscuridad y describirnos obscuramente el panorama, y por ello nos puede servir de cicerone, si sabemos entenderle, lo que no es fácil.
     
          En una carta que Rilke escribe a su editor en polaco, Witold Hulewicz, en respuesta a la pregunta de éste por el sentido último de las famosas Elegías del Duino, (al modo como San Juan de la Cruz, explicó sus poesías), escribe, una explicación algo abstrusa, pero quizás iluminadora. Dice:
     
          “Estas poesías conducen a la demostración de que esta vida, así dependiendo de lo inseguro, es imposible. En las elegías la vida se hace otra vez posible.
           Es la afirmación de la vida y de la muerte; en las elegías, éstas se nos muestran como una misma cosa… La muerte es sólo el lado de la vida apartado y no iluminado por nosotros.
           Debemos intentar el logro de la máxima conciencia de nuestra existencia, la que está domiciliada en ambos ámbitos ilimitados y se nutre de ambos inagotablemente…
          La naturaleza, las cosas de nuestro trato cotidiano y de nuestro uso son, provisionales y caducas, pero son, mientras estamos aquí en la tierra, nuestra propiedad y nuestras amigas.
            Ellas son consabedoras de nuestra alegría y de nuestra miseria, y ya fueron las confidentes de nuestros antepasados, y precisamente por su provisionalidad, tienen que ser comprendidas y transformadas por nosotros…
           ¿Transformarlas? Sí, porque nuestra tarea es ésta: impregnarnos de esta tierra provisional y caduca tan profundamente, tan dolientemente, tan apasionadamente que su esencia resurja otra vez en nosotros, invisible.
         Somos las abejas de lo invisible… Las elegías nos muestran a nosotros mismos en esta tarea… de este constante transformar lo amado visible y tangible, en la agitación y valoración invisibles de nuestra naturaleza, todo lo cual introduce nuevas formas de vibración en el universo…” (Briefe, 11. Band, Insel, Frankfurt am Main, 1991, p. 374 ss.).
     
     
       Señala Rilke, (según malentiendo yo), como el humano, (como representantes de la Inteligencia en el Universo), “somos abejas de lo invisible”, que libando el néctar amargo del sufrimiento connatural del Universo, debemos crear la miel de una transformación de nuestra naturaleza, “introduciendo nuevas formas de vibración en el universo…”.
     
           “Debemos intentar el logro de la máxima conciencia de nuestra existencia, la que está domiciliada en ambos ámbitos ilimitados y se nutre de ambos inagotablemente…”.
     
           Ámbitos, constituidos por la cara de la maravilla de la vida, y la cruz del sufrimiento y la muerte.
     
       Y todas las facetas del Universo, tenemos que transformarlas nosotros…, “porque nuestra tarea es ésta: impregnarnos de esta tierra provisional y caduca tan profundamente, tan dolientemente, tan apasionadamente que su esencia resurja otra vez en nosotros, invisible”.
     
     
        En resumen, y a lo que vamos al tema, el sufrimiento connatural de la vida, es un elemento que nos aliena y trastorna, e inconscientemente nos angustia y estresa, y que por ello no sabemos gestionarlo bien.
     
           Esa alienación nos induce, estadios ilusorios de omnipotencia, de poder controlar lo incontrolable, lo que nos aportaría las tan necesarias seguridad y tranquilidad, lo que a su vez nos lleva a obsesiones irrealizables y frustrantes.
        Tenemos que comprender, para luego poder atender a las cosas. La buena voluntad, es meritoria y necesaria pero no suficiente.
     
        Posiblemente Jesús, que era otro auto realizado, (posiblemente el mayor), lo sabía muy bien, y pensó: “¿Cómo les inicio a estos primitivos, en estos arcanos?. (Arcanos que describen y escenifican la creación del mundo desde el punto de vista filosófico, abarcando desde sus inicios o sus orígenes, hasta la síntesis o realización total de la vida).
     
        Hizo lo que pudo en su época, le entendieron lo que le entendieron, y seguimos hoy día, dando vueltas a lo poco y mal que le entendieron.
     
    ¿No está llegando la hora, de que los modernos, que hemos sido bendecidos con muchos mas conocimientos del Universo, que nuestros antepasados, intentemos desbrozar el camino, e iluminar un poco la situación?. Necesitamos pensar un poco más y mejor.

  • Isidoro

    Ya que mencionas, Román, lo de la moralidad samaritana y asistencial, quería hacer un comentario. Me parece que poner todo el foco del cristianismo en eso, es exagerar, y desnaturalizar el cristianismo. (Otro tema es que la confluencia política con ciertas ideologías, lo siga manteniendo de moda, y se jalee bastante).

    Yo creo que no se ha entendido bien la parábola de Jesús, porque a veces tendemos a pasarnos de frenada. (Si comerse dos pasteles es bueno, comerse doscientos, será cien veces mejor: pues no).

     

    Pondré un ejemplo. Yo el 17 de diciembre, creo, a las 7 de la tarde, iba caminando por la calle, y de repente, me ví en el suelo, y no me podía levantar.

    Y entonces un grupo de personas, 5-7, estuvieron a mi lado, llamaron por teléfono, (yo no uso), a una ambulancia, llamaron a mi hijo, y permanecieron a mi lado, consolándome y charlando conmigo, hasta que llegó la ambulancia.

    Eso para mí es un ejemplo de “samaritanismo” actual. Eran personas normales, no estábamos a las puertas de una iglesia a la hora de la salida de la misa.

    Yo creo que esa es una actitud común hoy en día, por mucho que se diga que estamos en un caos moral.

    Pero imaginemos que esos señores/as llegan a su casa, y empiezan a pensar: a estas horas seguro que debe haber muchas personas que se hayan tropezado y roto algo, y yo estoy aquí viendo la tv, tan tranquilo, mientras habrá gente que a lo mejor me necesita.

    Y se angustian por el dolor que está sucediendo en ese momento, mientras ellos están en su casa tranquilamente con sus hijos.

     

    Al sobredimensionar el samaritanismo y el asistencialismo, en las predicaciones morales, se genera en muchas personas fuertes dolores emocionales, y fuertes remordimientos y mas angustia.

     Hay personas que viven el dolor emocional de una forma excesiva, y no solo se preocupan por unas determinas situaciones, sino que viven en una continua preocupación y, por ende, un continuo estado de estrés por ello.

    Y si encima, estas personas tienen problemas personales que resolver, (¿y quién no los tiene?), y no pueden o no saben o no deciden a resolverlos, la tentación del escapismo, hacia los problemas asistenciales, es muy fácil.

    Eso es lo que se llama “by-pass espiritual”, (Tart & Deikman, 1991), que consiste en recurrir a la espiritualidad y sus prácticas, para evadir los problemas de la vida cotidiana, autoengañarse o no resolver los conflictos personales mediante métodos más adecuados, (como un tratamiento psicoterapéutico).  (Nadie estamos libres de esa tentación: yo el primero).

    Este dolor emocional excesivo provoca el desarrollo de fobias, depresión, dependencias, obsesiones, y es un caso de neurosis claro. (Arturo Israel Lopez Molina).

     

    Y entonces, en el ejemplo citado, el “samaritanismo” activista, les impulsa a salir de su casa y dedicarse a andar por las calles, y auxiliar a los necesitados que encuentren.

    Eso es lo que me parece a mí, una actitud neurótica, muy heroica, y meritoria, (que reconozco que es meritoria y digna de que Dios la premie con el cielo eterno, o al menos con una buena novia), pero no deja de ser una actitud enfermiza, y por ello muy sospechosa.

    Como muy bien dice Román, el samaritanismo es existencial e intuitivo, y justo por ese carácter intuitivo, nuestro respectivo instinto de conservación, genera un rechazo subconsciente, en la inmensa mayoría, (que no esté lo suficientemente adoctrinado y neurotizado), como un proyecto de vida autodestructivo y antipersonal.

     

    Yo creo que la cuestión de base, es si se plantea el cristianismo, como un proyecto de vida heroico y de élites morales, o se plantea hacia unas personas modernas, incardinadas en este tiempo, y que lo de la vida futura, dicen que sí, pero en el fondo no se lo creen del todo.

    Es el mismo problema de la Iglesia, de siempre. Había un cristianismo para élites morales, que se metían curas y monjes y vivían rezando todo el día y pidiendo limosna, renunciando a tener amor conyugal y familia, (que formaron el clericalismo),  y luego estaba el cristianismo de los laicos, que tenían trabajo, hijos, esposa, etc. y vivían una vida “normal”.

    Este cristianismo de los laicos, si se adapta a los tiempos actuales, y se centra en formar humanos maduros, y si pueden ser algo felices, puede tener futuro universal, y colaborar hacia el surgimiento de un mundo mejor.

    • Román Díaz Ayala

      Lo que dices de la moralidad “samaritana” que sea simplemente asistencial, claro que es un error, igual que lo es poner todo el foco del cristianismo en eso. Tienes toda la razón. pero no ha lugar, viniendo de Juan Ignacio Calleja. Sería un agravio contra su persona y lo mucho que se explica en este foro.
      Quizás has querido decir que hoy hay sectores “confesionales”, aunque minoritarios y a veces marginales, que hacen una reducción del cristianismo al activismo social y político. Eso implica a la teología y a veces también en los estudios de la Biblia. Pero que algunos árboles no te impidan ver el bosque.

  • Román Díaz Ayala

    Hace dos días, Isidoro García expresó en uno de sus comentarios que la felicidad personal, el valor más válido queda supeditada cuando la praxis cristiana se reordena  hacia los demás, imponiéndose, entonces, la solidaridad, el samaritanismo,  y la fraternidad universal.

    Ésto anterior lo envuelve dentro de una espiritualidad moralista que rechaza.

    Me gustaría explicar lo que encierra este vocablo dentro de su expresión: la moral samaritana, que Juan Ignacio Calleja  introdujo y cultivó en un blog que había tenido y que no es otra cosa que  la ética social cristiana. Tiene su fuente en la espiritualidad y la teología católicas, y lo describe como  “cuidado compasivo”  y “cuidado en justicia”. Conceptos muy evangélicos. Podríamos hacer un gran número de citas

    Teológicos, porque aclara un punto dentro de la Iglesia en nuestra relación con el prójimo y nuestra relación con Dios. Espirituales, porque da igual que seas una persona cristiana comprometida con tu fe, o indiferente, o que te resistas a introducir a Dios en tus cosmovisiones. Lo verdaderamente cierto es que nadie se puede resistir a ser amado y valorado. Esto no es por un mero esfuerzo humano, un voluntarismo, y mucho menos, el de llenar un vacío de auto-realización, porque lo que importa  no es la imagen que tengamos de Dios, sino cómo Él nos ve a nosotros. La visión clara de que estamos siendo salvados por el Dios de Jesús.

    Venimos de aquellas teologías “intelectuales”, y que nos hacían pensar en Dios, a Dios, a través de sus atributos, pero que más recientemente nos lo quieren representar por otros distintos, aunque sean calificados de “no-atributos”. Precisamente cuando hoy más que nunca Dios se nos muestra como Alguien que camina a nuestro lado.

    Así afirmo que el samaritanismo tiene un anclaje teológico a , pesar de que sufra algún rechazo, especialmente de espiritualidades- teologías  laicizantes.  El samaritanismo es de tipo existencial

    antes que conceptual,

    porque prima su valor intuitivo, es decir, que brota de una experiencia personal y colectiva, la del Pueblo de Dios.

    ¿Qué significa existencial dentro del contexto?

    – Que   requiere un  cambio de vida.

  • Román Díaz Ayala

    Amigo Isidoro:

    En uno de tus comentarios del día 10 (11.11 am) abordas la fraternidad universal.

    Para ello haces distinción entre una espiritualidad moralista y otra espiritualidad “del auto-realizado”, indicando que ambas pueden ser laicas y religiosas. Te centras en las religiosas.

    Acto seguido abordas el “puritanismo moralista” (por ceñirme a tu propio vocabulario) que se basa a) en lo que no esté prohibido y b) que no te agrade.

    Te extiendes luego en tal rigorismo moral, que lógicamente rechazas porque hace sospechosa la búsqueda de la felicidad personal dado que admite como valores más válidos los que vayan dirigidos hacia los demás, como la fraternidad universal (¡!), pue lo entiendes como una huida hacia adelante, yo diría “un fuguismo”.

    Y como entiendes tal cosa como lo fundamental del cristianismo (doctrina básica moral) sele imone a las personas cristianas mediante “el exclusivismos” de la solidaridad, el samaritanismo y la fraternidad universal.

    Tu objeción: Equivoca el orden lógico, es decir, que el sentido de la vida es la de ser sabiamente feliz, y que la confianza en Dios radica en saber que Él desea que seamos felices en nuestro ahora. y que la empatía hacia las demás personas vendría después (¿como consecuencia?)

    Ves el cristianismo (tradicional intoxicado de ascetismo y sufrimiento personal. El sano ascetismo lo encontramos en el estoicismo y el epicureísmo.

    Terminas reclamando para la Iglesia una nueva antropología “del humano”.

    Sigues con un concepto muy reducido de la espiritualidad, y que es marginal doctrinal e históricamente; la que hace referencia a la práctica de la virtud, y que en un sentido religioso hace referencia a la práctica e ciertas disciplinas espirituales. tiene aspectos muy positivos en algunas de esas prácticas, pero tú te ciñes a un rigorismo negacionista acentuando lo aparentemente  castrante como la  autonegación y el sacrificio. ¿No existen esos valores también en filosofías como las que citas?

    Si quieres un concepto más amable de la espiritualidad (las espiritualidades) cristiana, su lema y leit motiv serían “Pasó haciendo el bien”, que son palabras con las que San Pedro resume la vida de Jesucristo. “Fue una vida breve con un destino único. El Hijo de Dios, Dios mismo hecho hombre, dedicó los días y todos los instantes de su existencia terrena para hacer el bien”. (Hechos 10,38)

    Nota; Fue Jesús quien dijo: “Si tu ojo te escandaliza, arráncatelo”, y no el pobre San Pablo a quien cada vez que se le cita es para vilipendiarlo.

    • Isidoro

      Un primer apunte rápido:

      ¿No sería mejor epitafio: “Pasó la vida sufriendo, y haciéndolo lo mejor que pudo?”.
      Lo de hacer el bien a los demás, está muy bien, pero ¿no es justo lo primero hacerse el bien a uno mismo?. ¿Cómo vas a querer a los demás si no te quieres a tí mismo?.
      Si eso es egoísmo, a mí me parece que lo otro es obsesión enfermiza.

      • Román Díaz Ayala

        Me parece que sigues mostrando una gran desconfianza a lo manifestado por mí hasta ahora. Piensa que estamos hablando de una espiritualidad cristiana que opta por los valores más seguros y estables del Reino de Dios sobre los de otras espiritualidades sean religiosas ( y no necesariamente cristianas) o sean seculares, valores que no tiene que ser por ello en absoluto descartables.
        Bajo esta premisa subsiste una antropología bíblica que esta penetrada por la teología que nace de la revelación. Trata acerca del origen del ser humano, su perpetuación, trabajo, muerte y su situación eterna. Esa perspectiva no tiene como centro al ser humano de forma independiente a Dios. Busca, analiza y aprende lo que Dios dice acerca del género humano.
        Si fuimos educados en la resignación, el sacrificio y el despojo inconsecuente, tal como se común en tí y en mí, pero sinceramente no es atribuible a la enseñanza recta, sino por una deformación cultural propia de las épocas

  • Javier Peláez

    Fijaros el argumento de Simone Weil sobre que el nacimiento de Jesús no ha hecho mejor la evolución de la humanidad:”No hay ninguna razón para suponer que después de un crimen tan atroz como el asesinato de un ser perfecto,la humanidad haya debido hacerse mejor;y,de hecho,globalmente no parece haberse hecho mejor”.Claro que haya filosóficamente no creía en la idea de progreso….De todas maneras ,en mi modesta opinión,y a propósito de este asunto de si ibamos a salir mejores de esta pandemia,yo creo que a la gente no hay que medirla tanto por lo que dice o por lo que piensa,sino por lo que hace porque si no esta filósofa que hizo cosas en algunas casos de una extravagancia bastante notable(no hablo de ser catedrática de filosofía y dar todo sueldo a los pobres,sino de irse al frente de Aragón y que se te caiga una sartén de aceite hirviendo encima) de dónde sacaba las fuerzas? De la idea de la eternidad…Esto es difícil porque te lleva al asunto de tu biografía y de soy un sujeto para la historia o la historia me juzgará,et,etc…Era una mujer desdichada por lo que yo veo,pero con esperanza porque si no…Si no saldremos mejores de la pandemia,por lo menos tenemos que intentarlo porque tb en dia muy de Simone Weill el individuo tiene que romper con la idea del destino…Por otra parte,por poner un ejemplo,alguien se cree que si sólo somos vacunados en el primer mundo,vamos a salir de esta pandemia? La valla de Melilla va a haber que subirla hasta el cielo que eso es básicamente lo que quiere ese hijo de Satanás que es Abascal…Abascal está poseído por el demonio,yo me comprometo a exorcizarlo personalmente…No será la primera vez que robo agua bendita en una iglesia….Ja,ja,ja…

  • Isidoro

    Perdonad mi pesadez. Prometo que esta es la última… por hoy.

    Pero a propósito de la naturaleza de los arquetipos sapienciales del Inconsciente colectivo, como “Yo interior” o “Cristo Interior”, Bernardo Pérez Andreo, dice este párrafo revelador:

    “Según Henri Lubac, “la gracia, siguiendo a Santo Tomás, es creada en el alma, no es una naturaleza exterior o superior, superpuesta a la naturaleza humana, como un revestimiento, sino que es una cualidad infundida en el alma que la adapta, en cuanto alma, a vivir la vida de Dios”.  

    http://bernardoperezandreo-recensiones.blogspot.com.es/2015/12/naturaleza-y-gracia.html?m=1

  • Isidoro

        El humano tiene a lo largo de toda su vida, muchos y graves problemas existenciales. Unos nos vienen de fuera, pero la mayoría de ellos, provienen de errores cometidos en nuestra vida, fruto la inmensa mayoría, de errores de planteamiento, por errores en nuestros conocimientos y creencias del mundo y sobre todo de nosotros mismos.
     
         Y digo esto último porque como decía Ortega y Gasset, “la vida nos la encontramos, cuando nos encontramos a nosotros mismos”.
     
        Por ello decía un Ministro de cultura inglés, que su objetivo era ayudar a la gente a hacer de su vida, una obra de arte. Objetivo muy ambicioso y difícil de cumplir.
     
        Y así nuestra vida, es generalmente ir de tropiezo en tropiezo, probando por aquí y por allá, a ver si suena la flauta.
     
          Ya decía Greta Garbo que “la vida sería maravillosa, si supiésemos qué hacer con ella”.
     
         Machado, en su Juan de Mairena, sabiamente señalaba donde está el problema: “Señores: la verdad del hombre -habla Mairena a sus alumnos de Retórica- empieza donde acaba su propia tontería. Pero la tontería del hombre es inagotable”.
     
     
       Todo esto viene a cuento de que estando el humano tan necesitado de reflexión, estudio detallado y  depuración de sus errores adquiridos, se nos insta desde la filosofía cristiana al uso, sobre todo, y casi en exclusividad al altruismo y  la entrega a los demás. Y se reduce el cristianismo al samaritanismo, y al sermón del Monte.
     
       Se idealiza toda alteridad, porque en el fondo da miedo afrontarnos a nosotros mismos, mirarnos al espejo.
     
          No podemos ser buenos humanos, y pretendemos ser ángeles, con un proyecto humano, “antihumano”, y “angélico”, y se oyen cantos utópicos y poéticos en loor a “morir por los demás”, en un clara huída hacia adelante, como decía ayer.
     
       Seamos primero buenos humanos, y luego seremos buenos hermanos.
     
         Es como intentar bajar las escaleras de diez en diez, en vez de una en una o como mucho de dos en dos.
     
       Esa clarísima falta de modestia, (la modestia es ser lo que somos, ni más, ni menos), tiene su castigo: El “morrón” está asegurado. Las expectativas exageradas, producen algún héroe, y millones de frustrados neuróticos, lamiéndose las heridas.
     
       Y todo esto, como decía ayer, no es por casualidad. Es fruto de una concepción del humano, como “sospechoso”, y obsesionada con que buscar la “perfección” de la maduración, puede excitar nuestras tentaciones hedonistas, egoístas, ombliguistas y elitistas, y muchas más cosas acabas en “istas”.
     
        Y entonces uno metafóricamente debe seguir el camino de Orígenes, y para evitar las malas tentaciones, lo mejor es “arrancarse la mano y el ojo”, como aconsejaba el neurótico de libro, (y extraordinario genio religioso), que era San Pablo.
     
       Esta metáfora, significa que hay que arrancarse la búsqueda de la felicidad personal en esta vida, que se considera como secundaria respecto a una solidaridad en grado heroico.
     
        Cada vez creo más que uno de los mayores pecados contra la humanidad que ha hecho la Iglesia, es proponer como ejemplos de vida a seguir, a una caterva de santos, que constituyen psicológicamente toda una “parada de los monstruos humanos”, digna del mejor Museo de los Horrores.
     
        Muchos, inocentemente y con toda la buena voluntad, han intentado seguir su ejemplo como “proyecto” de vida, pero su instinto natural de supervivencia, se lo ha frenado e impedido subconscientemente, evitando así caer en el precipicio del delirio y la autodestrucción, pero a costa de múltiples remordimientos, y sentimiento de fracaso, y quedando así toda la vida, lamiéndose esas heridas.
     
           Y encima habiendo abandonado la lucha y el trabajo por su propia felicidad y alegría de vivir.
    El que no hace lo que tiene que hacer, por hacer heroicidades que no tiene que hacer, ni tiene felicidad, ni tiene heroicidades.
     
            Thomas Merton en sus Diarios, advertía al que quisiera oírle: “¿No es la vida ya lo suficientemente absurda, sin necesidad de que le añadamos nuestras propias frustraciones, y nuestras fantásticas estupideces?”.
     
         Buscar la felicidad personal, se consigue siguiendo los sabios consejos de nuestro Yo interior, que nos empujan hacia la Bondad, el Conocimiento y la Belleza y Alegría de vivir.
     
         El secreto nos lo enseña Savater: Alegrarse consiste en afirmar, aceptar y aligerar la existencia humana. Afirmar la vida en su realidad limitada pero intensamente efectiva frente al cúmulo de supersticiones que la ocultan o calumnian.
         La aceptación de la vida, es asumir su precio de dolor, frustración, injusticia, y, lo más indigerible de todo, la muerte inseparable de ella. Afirmar alegremente la vida es darla por buena, aunque ello no equivalga considerar buenos cada uno de los episodios y factores que incidentalmente concurren en ella.
         La alegría aligera la situación humana de su peso desesperante, fomentando la libertad frente a lo fatal. Así brotan esos artificios creadores de libertad y sentido que son el arte, la poesía, y el espectáculo”.
     

    (M. Luisa, no he leído tus comentarios recientes. irá para mas tarde).

  • M.Luisa

    Buenos días, Isidoro, ¡Hombre, veo que a ti te sucede conmigo lo mismo que a mí contigo! Tú coleccionas una serie de conceptuaciones de altura,  de cabeza, palabras en torno a la conciencia como el inconsciente colectivo, el individual, ideas del ego,  libros sapienciales, intuiciones sabias, etc., etc.,  la verdad con todo ese lenguaje tan  psicológico me pierdo, no acierto en averiguar  su correspondencia con la actitud física  que lo  motivaron.

    En principio vamos mal si sustantivamos “la”  conciencia porque así es como puede quedar al albur de ser domesticada, de manipularla por los entendidos… ya me entiende, y entonces vienen a la idea raros  vocablos como los ya  mencionados. No, no  existe “la” conciencia, solo hay actos conscientes y actos inconscientes ¿No te parece que partir de ahí la cosa se hace más sencilla y llevadera?

    No te parece que es más comprensible partir de nuestros actos, de nuestras acciones, de nuestra propia actitud, de los hechos mismos,  de la facticidad (perdón por el palabro) en fin de tocar de pies al suelo si esto te gusta más y a lo que tantas veces me refiero sin necesidad de complicarme la vida. ¿No te parece que a esto es a lo que, volviendo atrás estamos llamados  a rectificar? ¿No es este posicionamiento el que está más al alcance de los niños?

    Con todo, ahora por favor no me digas que te suenan a raro  estos términos  tan básicos en filosofía como es el hablar de propiedades y cualidades, de lo que nos es propio y de lo  que no lo es y nos lo apropiamos, en fin si esto se puede entender entonces no resultará  difícil asimilar que la persona se constituye  poseyéndose, es decir, haciéndose  suyo lo que por naturaleza ya tiene,  es la diferencia del ser y del tener. De esto, por cierto,  sabe mucho nuestro amigo Iñaki.

    Y para terminar decirte que  no existe una filosofía cristiana como sueles repetir a veces, la filosofía es una y punto, lo que tú querrás decir es que la teología cristiana   se valió  del platonismo filosófico  para montar su cuerpo doctrinal, pero esto no tiene nada que ver con esta imaginaria filosofía cristiana que dices.

    Y eso es todo… de momento!  Feliz semana

    • M.Luisa

      ¡Ah, disculpas! Como me suele ocurrir a menudo se me olvidó seleccionar un párrafo del borrador que ahora traslado aquí. A ver si me acuerdo… era referente al Libro Sapiencial que a veces sacas a colación… y sobre ello decía que el saber empieza en el hacer mismo de las cosas porque bien pudiera darse que antes de aprender (intelectualmente) lo que el libro sapiencial nos dice de ellas, uno/a, pueda estar ya saboreando (aprehensivamente) la realidad misma de ellas…

      • Isidoro

        Amiga M. Luisa, la Ciencia es generalizar. Se parte de los hechos, pero luego de ellos, se generaliza, y se hipotetiza un modelo teórico general, que los justifica. Los hechos solos, no dicen nada, hay que inferir de ellos.

        Respecto a lo de la filosofía cristiana, es una forma de hablar. (Contigo hay que tener cuidado con cualquier palabra que se utiliza, porque te lo tomas todo literalmente).
        Me refiero como dices tú, al corpus doctrinal antropológico, sobre el que luego se basa su ética y su ascética. ¿Es responder a la pregunta: qué es el humano?.

        Yo nunca he hablado de Libro sapiencial. De lo que hablo es de los arquetipos sapienciales como fuente de Sabiduría, que metafóricamente podría asimilarse a un “Libro”. Y claro que no siempre contradice nuestras intuiciones personales, (del ego), porque no siempre nuestra cultura está equivocada.
        (Aparte de que el mundo de las intuiciones inconscientes, es un misterio para nosotros. Como tenemos dos fuentes de intuiciones, (una la del inconsciente personal cultural nuestro, y otra la del Inconsciente colectivo), cuando aflora una intuición a nuestra conciencia, no sabemos exactamente su procedencia.
        Solo existe una sensación, a veces muy clara, de que esa intuición, no procede de nuestra cultura, y especialmente se produce eso, cuando contradice claramente nuestra cultura, (que es lo que religiosamente se asocia a una “tentación demoníaca… del demon o daimon).
        Además todas las intuiciones y emociones, que surgen del Inconsciente colectivo, tienen una gran carga emocional, y psicológica, y suelen ir unidas a efectos “especiales”, como una gran alegría, o sorpresa, o lágrimas. (Siempre que hay lágrimas, está el inconsciente colectivo detrás, que se ha activado).
        Por eso se dice que el inconsciente colectivo es “psicoide”, que es más que psicológico, y es porque tiene efectos “fisiológicos y físicos”.

        • M.Luisa

          Yo diría Isidoro que la ciencia no es generalizar, creo que consiste más bien en ir verificando hipótesis a partir de los hechos,  efectivamente,  pero no justificándolos a base de inferencias, sino de referirse directamente  al poder realizador de ellos.  

          Vaya eso por delante al menos, pero es que me has pillado  haciendo un borrador para explicar un poco por encima qué es eso de la “metafísica naturalista” porque creo que se asumiría sin dificultad alguna el enunciado de este artículo que ya ves cómo lo hemos plagado de ideas que no le van ni le vienen…

  • Isidoro

    Amiga M. Luisa, aparte de que sinceramente, no acabo de entender las diferencias entre “el propio ego”, y “nuestro ego”. Y entre “el propio ego” y “el ego propio”, que se supone es como llamas al ego desmesurado.

    Me imagino que lo que llamas “yo pequeño”, es lo que yo llamo simplemente “ego”, (el conjunto de mente consciente y de inconsciente personal freudiano). Y que lo que llamas “Yo real”, te refieres al conjunto de los tres partes, el sí mismo o Self, (mente consciente, más inconsciente freudiano, más inconsciente colectivo junguiano).

    La conjunción de estos tres componentes, es lo que llama Jung, la “individuación”, que sería una unificación de nuestra mente originalmente dispersa, lo que provoca constantes contradicciones internas, y represiones mentales).

    Todo esto, es fruto de la maldición babélica, en la que los términos de cada uno son diversos, y que nos enreda en eternas discusiones terminológicas, que no conducen a nada.

    Por eso hay que intentar, siempre que se pueda, utilizar palabras normales. Lo que no puedes explicar a un niño de seis años, no lo entiendes de verdad, decía Einstein, creo.

     

    Respecto al tema del enfoque fenomenológico del tema, no fue una frase técnica, sino mas  menos coloquial.

    La realidad no sabemos cuál es, solo sabemos la imagen que nos hacemos de ella. Y eso en Psicología es mucho mas cierto, porque aquí, no se pesa, ni se mide, ni hay máquinas que nos dan la composición, todo se reduce a observar la fenomenología, (perdón por el palabro), mental, en uno mismo, y en los demás.

    Por eso en Psicología, hay múltiples hipótesis, modelos de la mente, que intentan explicar su aparente funcionamiento. (En la Asociación americana de Psicología, hay registradas mas de cien escuelas diferentes, algunas de ellas, no se hablan entre sí).

    Cuando tengamos un modelo neurológico perfecto de la mente, lógicamente, muchas hipótesis-modelo, caerán en el olvido, y otras serán consensuadas por los expertos. Se está en ello, pero aún tardará. Y mientras tanto, no queda más que la intuición personal y el discernimiento, en función de un modelo global del Universo.

    Y aquí entramos en “la filosofía antropológica  de carácter emergentista  que en última instancia  aboca a esta metafísica naturalista”, que tú defiendes, y que aunque no sé del todo a qué te refieres, me suena a que yo también estoy en ella.

    Yo me considero “naturalista religioso” o “naturalista espiritual”, si queremos llamarlo así. Creo en el emergentismo, y modestia aparte, creo haber sido el primero en hablar de emergentismo en este foro.

    Suscribo, letra por letra, la frase de Lenaers:

    “Formamos parte de un cosmos, que es la autoexpresión, en continuo movimiento evolutivo, del Espíritu creativo, que es Amor. Este Amor absoluto, no habita en el cielo, sino en el corazón de todo lo que existe”. 

    (Y últimamente insisto hasta la pesadez en mostrar que existe en el “corazón”, (el inconsciente arquetípico), ese impulso genesíaco, que nos emparenta con lo “divino”, (metafóricamente hablando, que las metáforas las carga el diablo), y nos hace “hijos de Dios”, deiformes como dice Maslow).

     

    Cuando yo hablo de que hay dos espiritualidades, una laica y otra religiosa, solo estoy señalando que la espiritualidad es universal, única, y brota de nuestra fuente universal interna, igual en todos.

    Pero esa agua viva que brota, el “ego”, lo puede interpretar desde el mundo de la ciencia, (laica), o desde el mundo religioso, en una antropología determinada, que está ya muy lejana de la científica. Y eso desnaturaliza el agua limpia brotada.

    Los creyentes en el Espíritu, deberían pensar en porqué si a todos les habla el mismo Espíritu, unos son de izquierdas y otros de derecha, y cada uno piensa distinto en todos los temas.

    Pues es muy sencillo, porque esa agua limpia, se mezcla e nuestro interior, con nuestras creencias y saberes personales, muchos de ellos, equivocados, y eso ensucia el agua limpia del espíritu, (o Espíritu, como cada uno crea).

    Por eso, es clave, por una parte estar atentos al Espíritu, pero también, depurar nuestras creencias y saberes, sobre todo cuando se oponen a lo brotado de la fuente del Espíritu.

    (Y ahí está lo de domeñar “el ego”, que es purificarlo de errores, y ponerle en su sitio secundario, respecto a la sabiduría del Espíritu).

     

    Bueno, ya seguiremos. Afortunadamente, esto no se acaba nunca.

     

  • Javier Peláez

    Conviene precisar en honor a la verdad que,como estoy leyendo,Josep Otón,Simone Weil:El silencio de Dios,también dijo Simone Weil ,que entraría en la iglesia si pusiera un cartel en las parroquias que dijera: aquí no entran los que ganen más de…Tb es verdad que ella entró en iglesias,a escuchar y oir música,nunca comulgó…Yo creo sinceramente que,era una mujer inclasificable ( por lo que llevo leído de ella) y que francamente nunca hubiera entrado en la iglesia católica…Tb vivió poco…Tb leo , aquí en Josep Oton que su hermano fue insumiso al servicio militar…La verdad una mujer inclasificable y a veces abstrusa para los que no tenemos formación…Una sensibilidad tremenda…. Fascinante,bastante secundario que fuera católica…Es que Jesús fue católico?,con perdón…

  • Juan A. Vinagre Oviedo

    A esas cuatro columnas de “una espiritualidad para hoy”, que señala José I., tal vez cabría añadir, como un referente muy actual, a esas personas altamente soliadarias y comprometidas en ONGs, que se dan voluntariamente, incluso con riesgo de sus vidas, a fin de ayudar al necesitado. Su entrega física y espiritual, impulsada por valores humanos -en muchos casos tal vez “vivenciados” internamente- se parece a la de un buen samaritano (“hereje oficial”), que Jesús propuso como modelo… Este espíritu de entrega responde a la espiritualidad del “Venid, benditos”, que es el gran tema de la evaluación final y de las auto-evaluaciones parciales que debemos hacernos cada uno-una. Siguiendo este criterio, la Iglesia, como institución, debe someterse a una profunda auto-crítica, porque a través de su historia ha tratado de compaginar “Dios y poder”, y se ha avenido demasiado con ese poder, olvidándose o descuidando el ejemplo del samaritano que, Jesús propuso como modelo. Una Iglesia no samaritana, sin la espiritualidad samaritana que se compromete a fondo con el maltratado, no es la Iglesia de Jesús. Una Iglesia silenciosa ante los abusos y maltratos a/con los débiles, que denuncia públicamente la eutanasia,  y guarda silencio ante la corrupción del poder, no es la Iglesia de Jesús.

    ¿Qué significa que el poder -o sus representantes políticos- estén al lado de esta Iglesia y la citen en público como defensora de valores humanos… y luego levanten muros, más bien raciales, de separación? Si la Iglesia de Jesús estuviera al lado del necesitado de ayuda, y criticara ciertos muros y actos depredadores -corrupción generalizada-, no tendría ese apoyo por parte del poder… Por eso, cito de nuevo -y es para no cansarse de citarlas- las palabras del Señor: “¡Ay cuando los poderosos hablen bien de vosotros!”. El seguimiento evangélico siempre corre riesgos… (y cuando no, malo) Con esto no pretendo rechazar la Iglesia Fraternidad de Jesús, sino las conductas, las incoherencias y silencios… que se hacen en nombre del poder (religioso en este caso) La Iglesia Fraternidad de Jesús es fermento de cambio social más humano, y a la vez faro trascendente que da sentido último. Si le falta lo primero, pierde fuerza como testimonio del Reino. Esta es la espiritualidad más auténtica para hoy y para el futuro: Hacer el bien con visión de futuro, con Esperanza.

    Esta actitud samaritana con  visión de futuro -que es pura espiritualidad para todos los tiempos- se encuentra en el PADRE NUESTRO, modelo de espiritualidad, de oración y de compromiso solidario. Solo con las dos primeras palabras: PADRE  y NUESTRO se puede elaborar un programa de renacimiento espiritual, que en el fondo es una espiritualidad de servicio solidario, fraterno, lleno de esperanza… Solo así será posible ser el fermento que desarrolle una nueva espiritualidad, una nueva tierra y una nueva Iglesia.

  • M.Luisa

    ¡¡Es que no hay dos espiritualidades, Isidoro, una laica y otra religiosa!! si dices que cambiando la antropología   todo quedaría solucionado   porque entonces te resistes  a la filosofía antropológica  de carácter emergentista  que en última instancia  aboca a esta metafísica naturalista  a la que hace días me referí  y que es en la actualidad la última en la que se  avienen tanto  filósofos como científicos?   En vez de dividir la espiritualidad  en dos, una laica y otra religiosa al contrario será  al final de la  experiencia,  ya explicada,   que la persona libremente se reservará optar por otorgarle  una orientación u otra.

     

  • Isidoro

    El amigo Román, como siempre consciente o inconscientemente da en la tecla del sentido del debate.

    Porque hace una referencia a la fraternidad universal, como tema al que derivar el debate.

    Y aunque no lo parezca entra de lleno en el tema que había yo propuesto, de la espiritualidad “moralista”, frente a la espiritualidad del auto realizado, (que a su vez puede ser laica o religiosa, aunque esta última es mucho más trabajosa y llena de obstáculos, en mi opinión).

    Porque la espiritualidad moralista, (laica o religiosa, que se dan las dos), que es fruto de la filosofía cristiana, está imbuida de un puritanismo, que desconfía y mucho de la felicidad personal, como sentido principal de la vida de cada persona.

    El lema no oficial del puritanismo moralista dice: “Puedes hacer lo que quieras, mientras no esté prohibido y no te agrade”, pues lo contrario supone peligro extremo de hedonismo y de egoísmo.

    Entonces como, eso de pensar seriamente en la felicidad personal es muy sospechoso, uno tiene que recurrir en exclusiva en su proyecto de vida, a valores muy válidos, pero dirigidos hacia los demás, como es el caso de la fraternidad universal que propones que repensemos. (En una clara huida hacia adelante).

    A los cristianos practicantes se les imbuye que como eso de la felicidad en esta vida, está muy mal vista, (pues parecería que uno no se fía de la vida futura), y además suena a egoísmo, hedonismo y todo eso, al final, ante las dudas sobre el proyecto de vida que debería uno llevar, se acoge uno y exclusivamente en la solidaridad, en el samaritanismo y en la fraternidad universal.

    Ojo, que no estoy en contra de todos esos valores, y creo que están muy bien, pero creo, que equivocamos el orden lógico, y con ello lo hacemos todo mucho más difícil.

    Es como si tienes un burro y un carro, y decides, que debes poner el burro detrás del carro empujando con la cabeza. Avanzará, pero muy lentamente, y además al burro le dará un gran dolor de cabeza.

    Jesús, en sus parábolas, (y perdón por quizás abusar de mi interpretación personal de Jesús, -si los demás hacen la suya, yo hago la mía), nos insta continuamente a actuar inteligentemente, sabiamente y hasta si se quiere, pícaramente, en todo, también en las cuestiones del espíritu.

    Y una regla de oro, es que hay que hacer las cosas lo más sencillamente posible, siempre que se pueda.

    Por eso el humano debe aceptar, que el sentido de su vida es el de ser sabiamente feliz. Y el creyente debe poner en su Dios, la confianza de que quiere que seamos felices, aquí y ahora. Todo lo demás es puro retorcimiento mental, que deja a “Dios” a los pies de los caballos.

    Por eso el proyecto de vida del humano espiritual debe partir de la base de que primero hay que ser inteligentemente feliz, y luego de por sí, y con menos esfuerzo, vendrá la empatía personal con los demás.

    Porque como dice Andrés Trapiello: “El primer paso es estar triste; el segundo, amargarle la vida al prójimo”.

     

    Pero el cristianismo tradicional está intoxicado de ascetismo y sufrimiento personal, (todavía se oyen cantos en loor de las grandes ventajas del sufrimiento personal).

    Pero, ¿no es bastante ascética ya la vida normal?. ¿Llamamos ascetismo a añadir más sufrimiento al natural, y privarse de los cuatro goces sanos que tiene la vida?. (La “alegría de vivir” = la belleza, que es uno de los tres grandes valores universales).

    El estoicismo y el epicureísmo verdaderamente entendido, practican el sano ascetismo, no el masoquista enfermizo. Sobrellevar con serenidad lo que ya de por sí nos viene.

    Etty Hillesum decía: “Hay que olvidarse de palabras como sufrimiento;  hay que ser de nuevo sencillo y sin palabras, como el grano que crece o la lluvia que cae. Sólo hay que ser”. 

    Pero a muchos les da miedo ser, no se fían de sí mismos, y por ello menos aún de los demás.

     

    Por eso, y esto engarza con el hilo de hoy sobre los avatares de la Iglesia, los cambios prioritarios de la Iglesia, no pasan por la Organización interna, ni tampoco por la teología dogmática, (no haría falta tocar ni una letra de los dogmas), sino por la antropología del humano.

    Con esos cambios, todo lo demás vendría por añadidura.

  • M.Luisa

     

    Algunas reflexiones…

    ¿Si la espiritualidad no es algo que emerge de nuestro ego de dónde lo hará?

    Lo que ocurre  es que no es lo mismo     hablar del propio ego que  hablar de nuestro  ego. Aquel cumple una función  dentro de nuestra  estructura   humana que hace del ego un yo real.  En cambio  cuando hacemos del propio ego un ego propio desmesurándolo  radicalmente  frenamos aquella función  y nos cerramos a cal y canto a esa  experiencia de alteridad  funcional entre  ese yo pequeño y ese otro Yo real  con mayúscula que   es el que nos personaliza.

    Lo que digo se puede entender con  ojo crítico usando de los  propios planteamientos que nos propone  el amigo Isidoro, por ejemplo, cuando dice

    Entrando en la acepción técnica, el ego, en sí, no es ni bueno, ni malo(…)”,

    ¿Qué es eso del ego en sí? Supongo que se estará  refiriendo a  la realidad del ego,  sin embargo su  intención  es  eludirla creo  pues ya  nos advierte desde el principio que su enfoque será  fenomenológico, es decir, no trata de la realidad sino de lo que de ella nos aparece,  de  ahí  que sea lógico que luego nos diga en esa misma  frase que del ego nos quedamos sin saber si es bueno o malo.  Sin embargo  me extraña que luego recurra al  “en sí”  sin caer en la cuenta de que esta es  una acepción  de la realidad absolutamente obsoleta  e idealista y en consecuencia  vea luego como algo necesario  echar mano de la psicología.

    Esto se ve en la propia frase que continúa así:  “dependerá (se entiende el conocimiento sea este  bueno o malo del ego)   de la calidad de la representación de la realidad, que nos hagamos

    Por lo tanto lo que está diciendo, a pesar de que vuelve hacer alusión  a la realidad,  a la realidad del ego, es que   nos hace quedar  con una mera representación de ella.  Lo que decía al comienzo, nos hace quedar  con  una imagen nuestra de nuestro propio ego, aquel  que ya hemos visto que su  experiencia, la experiencia de lo que es el ego en realidad  nos la da  mediante su  funcionalidad  interna transformadora y que culmina en espiritualidad.

    La espiritualidad no es algo que la persona  haya de buscar(siempre puede salir algún intermediario)   sino algo que se encuentra precisamente  realizándose ella… con categorías como por ejemplo capacidad, posibilidad etc., etc., categorías  que nos sirvan no para dejarnos a mitad del camino, sino para  enfrentarnos y empezándolo   a hacer con nuestro propio enfrentamiento, con nuestra propia realidad y a partir de ahí con todo lo real.

     

  • Santiago

    La nueva espiritualidad tiende a quedarse en un humanismo fraternal. Reduciéndolo todo al puro compañerismo social no podremos nunca salir de nuestro propio “ego” para lograr amar de verdad y “dar la vida” por los demás…Es por eso, que ningún amor “humano” puede de verdad satisfacernos plenamente porque siempre ansiamos más y más en una serie continua y circular que nunca tendrá fin… Es por eso que la espiritualidad verdadera ha de ser trascendente puesto que todo en esta vida es efímero y pasa con el tiempo. Cualquier espiritualidad mundana no podrá hacernos felices si no se remonta a su fuente original que es Dios

    Jesús nos reveló la manera de que nuestra espiritualidad sea relevante y plena pues el nos daría el “agua viva que salta hasta la vida eterna” puesto que “el que beba de esa agua no tendrá ya más sed”, pues su espíritu ha descansado en el Bien Supremo que es la fuente de toda espiritualidad. Tanto en el siglo I como en el XXI se pudo y se puede  reconocer la espiritualidad cristiana aunque sea expresada de manera diferente,según la época,  porque su esencia ES Cristo que es el mismo “ayer y hoy”. Uno solo es El y una sola es la espiritualidad que nos transmitió: la única relevante porque es trascendente en el amor divino.

    Por Cristo habla claro en el Evangelio “para todos los tiempos” diciendo: “Sin Mi nada podéis hacer”. Sin lo que El propuso que son Sus mandamientos y Su gracia todo “se cae” como un “castillo de naipes”. Nada se sostiene sin Su ayuda.

    Porque es Verdad cierta, como transmite San Juan Apóstol:  “El es el Hijo Unigénito de Dios”….: “Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Todo el que hace el mal, odia la luz y no viene a la luz para que sus obras no sean descubiertas; mas el que obra el bien viene a la luz para que se vea que sus obras están hechas conforme a Dios” (Juan: 3:18-21)

    Por eso la lucha de Jesús fue y ES  contra el mal, que es lo que contradice el poder del bien…Es lo que vemos en la actualidad, en los crímenes horrendos que es noticia diaria donde el mundo parece que zozobra en guerras y en un incendio de odio que va “in crescendo” y parece ya no tener fin. Pero la solución está en seguir al Jesús trascendente, al verdadero Hijo  Unigénito del Altísimo.

    Un saludo cordial

    Santiago Hernández

    • Román Díaz Ayala

      Me alegra mucho que te hayas unido a este hilo con tus comentarios y que aportes tus puntos de vista, porque en el fondo lo que se debate tiene que ver con la necesidad profunda que estamos experimentando de reformar la Iglesia.
      La Iglesia necesita reformarse y crecer. Podríamos entender una reforma en lo exterior y hacia el exterior, siempre con el riesgo de perjudicar su esencia.
      Pero algo tiene que acontecer. Ese crecimiento tiene que suceder en nosotros, es decir, por dentro de lo que es la comunidad eclesial, que es la comunidad de todos los creyentes, y al mismo tiempo en nosotros mismos individualmente en calidad de miembros del cuerpo glorioso de Cristo.
      Se nos están ofreciendo teologías y espiritualidades varias, pero una teología válida ( que nos haga crecer en espiritualidad) será aquella surgida, nacida desde el interior de una corriente de gracia. Se puede discernir su validez cuando nos aclara con una visión espiritual de relación de Dios con el ser humano y de éste con Dios plenamente.
      Un humanismo fraternal, no estamos autorizados a reducirlo al puro compañerismo social, aunque a veces sea sólo éso lo que se nos ofrezca. Tal cosa está fuera, por ejemplo, de la Frateli Tutti, aunque ésta sea una encíclica social que se detiene largamente en la dimensión universal del amor fraterno.
      Para una ideología meramente social o política, tal ideal será siempre una utopía, un ideal utópico, suscrito a un mañana, lo que está por acontecer. Para el ideal cristiano es una realidad inaugurada en la cruz y resurrección de Jesús y que se está desarrollando como una semilla escondida bajo tierra fértil que lleva dentro de sí el árbol que llegará a ser.
      Por una fe natural y común nos reconocemos hijos e hijas de Dios, pero hablando en cristiano tenemos la certeza firme de la palabra de Dios: Hijos de Dios, creados por Él a su imagen y semejanza (del Génesis) La revelación positiva viene a confirmar la revelación que anida en el interior de nuestros corazones.

      • Isidoro

        Amigo Román, dices y muy bien que “una teología (es) válida, (que nos haga crecer en espiritualidad), será aquella surgida, nacida desde el interior de una corriente de gracia”.

        Pues justo toda la hipótesis arquetípica del inconsciente colectivo junguiano, en el fondo, es una teología de la fuente de gracia, que “Dios”, (o la evolución colocada por Dios en el Universo), han colocado en el interior de cada uno de nosotros.

        Decía el otro día José Ignacio que “La gracia (sobrenatural) no anula ni sustituye a la naturaleza-razón (natural), sino que la perfecciona, es decir, la reconoce, aprende con ella y en ella, la asume, la aclara, la facilita y la impulsa hacia la plenitud”.

        ¿Por qué empeñarse en achacar a la mano directa de Dios, un fenómeno, del que hoy día ya sospechamos bastante bien, la causa natural del mismo?.

        Eso es maravillosismo. Cuando el amigo Alberto dice que no se mueven cuatro pájaros, sin que lo sepa Dios, eso es una metáfora, una forma de hablar.

        Ya he dicho alguna vez, que cuando se lee el libro “El hombre auto realizado”, del psicólogo Abraham Maslow, se ve que es un auténtico libro de espiritualidad, porque estudia las características que tienen en la realidad, (es un estudio sobre las características de muchos auto realizados), y es como un libro sobre la “santidad” laica. Es todo un camino de Perfección.

        La Iglesia, enseña un camino, pero no es el único. Lo que sucede es que como su antropología niega al humano toda posibilidad de madurez y perfeccionamiento sin la ayuda directa de Dios, asevera que fuera de la Iglesia no hay Perfección humana, pues esa ayuda, la “gracia” la administra en exclusiva la Iglesia.

        Porque no creían, (aunque Pelagio ya lo intuyó hace muchos siglos), que dentro todos tenemos una “chispa divina”, un especie de moderna “Alexa”, con los planos del camino de la madurez, y que nos los va mostrando, si la escuchamos. Y eso también es de procedencia divina para el creyente.

        Amigo, con toda tu buena voluntad, no creas que estás defendiendo a Dios, estás defendiendo el monopolio intelectual de una escuela filosófica que está constituída como Iglesia.

        Es duro decirlo, pero ya se sabe que cuando a alguien se le pone una gorra y se le da un pito, nace un dictador potencial. Ese estatus y ese poder religioso es lo que defienden muchos, con la ayuda de muchos bienintencionados como tú.

        Y la mayoría de los argumentos evangélicos, si no todos, con que se defiende ese estatus, los han colocado ellos mismos, (la mayoría con buena voluntad, sin duda). Uno entiende e interpreta lo que le conviene entender.

        Perdona si me he pasado.

        • Román Díaz Ayala

          Amigo Isidoro.
          Te prometo que intentaré lo más pronto posible (pueden pasar varios días, porque el deber me llama) volver sobre este comentario tuyo, más el anterior que no tiene desperdicio.
          Sólo una pequeña puntualización.
          Realizas un rodeo para desestimar la “revelación positiva”, que antes que la Iglesia estaba el Pueblo de Dios cifrado en el Antiguo Testamento (Biblia Hebrea), que entre la “Antigua Economía” (de la Ley) y la Iglesia actual que tú conoces, está Jesús (la gracia y la verdad nos llegaron por Jesucristo)
          Lo que para tí son conocimientos dignos de apoyarse en ellos, para mí son prejuicios. El Dios a quien conozco se defiende solo, no me siento cuestionado, más bien “invitado” a explicitar mi fe.
          Un saludo afectuoso.

      • Santiago

        Gracias Román por tu interesante comentario. Yo también espero poder colaborar más en este importante tema cuando disponga de más tiempo.

        Un abrazo para ti y para todos los participantes de esta espiritualidad que aunque “de novo” debe apoyarse en el Cristo real, esencia del Evangelio.

        Santiago Hernández

  • M.Luisa

    Hola, Isidoro, después de leerte con atención y agrado como siempre,     me gustaría para apurar más el tema hacer algunas consideraciones.  Precisamente ayer que no pude entrar iba, en los ratos libres,  elaborando un borrador  para cuando me fuera posible  y en él  empezaba diciendo que me sumaba a lo formulado por González Faus sobre la espiritualidad que lo expresa, por cierto, no como pregunta sino  como enunciado y lo expresa así  “la espiritualidad es la salida del propio ego hacia el amor” Lo que puede ser objeto de pregunta en sus diferentes versiones son los caminos personales para llegar a esa meta, dicho por él mismo,  de ahí que elija con ese fin  a las diferentes personas que nombra para esa representación,  cada una de las cuales en su caminar actualiza,  a su modo, la invariabilidad de la espiritualidad.

    Además, Isidoro, ¿crees de verdad que las categorías que pueden explicar dicho enunciado son las fenomenológicas? Por mi parte no lo creo así, pues como recuerdo tantas veces aquí   las categorías desde la cuales hay que partir para hacer explicables los temas que hoy nos acucian  son las emergentistas.

    El enunciado sobre la espiritualidad que hace González  no es reductible  a  frase bonita ninguna ni es tampoco equívoca ni confusa  solo hay que considerarla ,  como digo, desde el punto de vista del emergentismo filosófico pues va mucho más allá del fenomenológico  y  en él coinciden tanto filósofos como científicos dando a la vez pie o sirviendo de base  a la complejidad estándar  del momento actual.  Procuraré este fin de semana extenderme más y tratar más a fondo el tema.

  • Isidoro

    Gracias Pilar y Román. Prosigo con el tema, y advierto que a muchos no les interesará. Es prescindible perfectamente. Estáis advertidos.

     

    Una espiritualidad para  hoy”, que es la pregunta que González Faus recoge, y que está en el aire, exige explicarla y comprenderla con las categorías de hoy. Y hoy toda la fenomenología humana es objeto de estudio de la Psicología.

    Y González señala la espiritualidad como “la salida del propio ego hacia el amor”. Esta es una frase muy bonita y poética, pero equívoca y confusa.

    Porque lo del “ego” es un concepto muy poco claro. Y lo del “amor”, así dicho en seco, suena a empalagoso.

     

    ¿Qué es el Ego?: En psicología y filosofía, ego se ha adoptado para designar la conciencia del individuo, entendida ésta como su capacidad para percibir la realidad.

    Pero en sentido coloquial ego puede designar el exceso de valoración que alguien tiene de sí mismo. Como tal, es sinónimo de inmodestia, arrogancia, presunción o soberbia.

    Como vemos, se habla de cosas muy distintas y equívocas.

    Entrando en la acepción técnica, el ego, en sí, no es ni bueno, ni malo, dependerá de la calidad de la representación de la realidad, que nos hagamos.

    Y ¿cómo nos representamos la realidad?. Pues utilizando la razón consciente, junto con la razón inconsciente personal, (el inconsciente de Freud), que nos surte de intuiciones sobre todas las cosas, (incluido de nuestra persona), intuiciones que luego son procesadas y racionalizadas por la mente consciente.

    Pero lo malo del ego, es que por una razón o por otra, distorsionamos nuestra percepción de la realidad.

    Vivimos apegados en exceso a  nuestros pensamientos, a nuestras necesidades, y a los códigos heredados de nuestra familia y sociedad, dando forma a una dimensión falsa y alienada del ego.

    Y todo esto se complica si aceptamos que además de nuestra mente consciente, y de nuestra mente inconsciente personal, (el de Freud), disponemos de un inconsciente colectivo, (el de Jung), que es genético e igual para todos, en forma de arquetipos sabios, (el famoso Cristo interior), que cuando se activa autónomamente, nos suministra de intuiciones sabias sobre muchos temas, y especialmente en los temas trascendentes del humano, (los tres grandes Valores: Bondad, Belleza y Alegría de vivir, y Verdad).

    Porque cuando llegamos a escuchar a ese Inconsciente Colectivo, (que muchas veces está taponado, por el ruido y la distracción personal), sus intuiciones entran en contradicción con las ideas del ego, (razón e inconsciente personal), que hemos formado a lo largo de nuestro aprendizaje en la sociedad en que vivimos.

    Y entonces las reprimimos, las consideramos un error, una tentación, y las ignoramos en nuestro discernimiento personal.

    Nuestros padres no pudieron equivocarse. La Iglesia no puede equivocarse. El partido no puede equivocarse. Todos son capaces de conocer la verdad, menos nosotros, que somos tontitos. (¿Eso es humildad, o es más bien auto menosprecio masoquista?).

     

    Volviendo a la idea de González Faus, sobre la espiritualidad, “la salida del propio ego hacia el amor”, habría que reinterpretarla, como “la adaptación del ego, hacia los mensajes de sabiduría que nos hacen tender a la Verdad, la Alegría de vivir, y la Bondad”, (que se suele llamar Amor”). (El mundo está lleno de malos poetas, y hay palabras muy gastadas).

    Por eso en la Espiritualidad moralista, se habla de luchar contra el ego, de aniquilarlo. No es tal.

    El ego, no se puede, ni se debe eliminar, es la columna vertebral de nuestra persona. Solo es preciso doblegarlo cuando hay contradicción con el agua clara bebida de nuestra fuente interior. (Contradicciones que no siempre se producen: no todo nuestro ego es erróneo).

    Pero la mente personal está muy atada a “obligaciones” adquiridas con nuestra cultura. Hemos aprendido desde niños muchas cosas y conceptos, de nuestros padres, de nuestros maestros, de nuestra Iglesia, y de nuestro partido político, y si queremos seguir adscritos a la “tribu”, les “debemos” una lealtad.

    No podemos, ni debemos ser unos “Judas”, unos veletas. Toda tentación a no seguir las consignas recibidas, es catalogada como alta traición, y una tentación del Maligno. El “moralismo”, ahoga toda iniciativa personal autónoma, hay que ir por los rieles.

    Y entonces entra en acción la segunda acepción del “ego”: como fuente de egolatría, y de egoísmo.

    Es claro que cuando uno no va por el camino trillado de los demás, puede ser, o porque uno es un “listillo” que se cree que lo sabe todo, o porque “escucha otra música”.

    Ese es el riesgo básico del buscador espiritual auto realizado. O se arriesga a equivocarse, (y de hecho tropezará muchas veces), o mejor que vaya detrás de un pastor, (y rece porque el pastor se sepa el camino). El espiritual auto realizado sobre todo tiene que ser un valiente, con una alta confianza, no en él, sino en su “fuente”. (Como la que tenía Sócrates con su “daimon”).

    Por eso los espirituales cristianos siempre han tenido problemas con la Iglesia. Lo que sucede es que muchos de ellos, prudentemente han sabido “torear” esa represión, escondiendo muchas ideas. Pero San Juan de la Cruz fue canonizado porque sus discípulos quemaron a su muerte muchos de sus escritos.

     

    Perdón por el rollo.

     

    • Isidoro

      Añadido:

      Por aclarar terminologías al uso, (siempre equívocas y polivalentes), podríamos decir que

      -“el alma”, sería lo que hemos llamado “ego”, (el conjunto de la mente personal: razón consciente más el inconsciente personal), lo que nos hace seres individuales, y

      -el “espíritu”, sería la parte de mente inconsciente, genética y universal: el inconsciente colectivo, que incluye los arquetipos de Sabiduría. Lo que nos caracteriza como humanos.

      Tiene sentido así la frase de Bill Plotkin: “Alma” es lo que nos diferencia de todos, y “espíritu” es lo que nos une a todos.

      • Román Díaz Ayala

        Gracias por las advertencias. El tema interesa y mucho y está muy centrado en el debate del no teísmo promocionado por Antonio Duato. Tampoco eres tan marginal en el mismo como para que tengas que explicarte. Las tendencias filosóficas tienden a reducir su pensamiento a la psicología (como ciencia positiva y experimental y disciplina filosófica) y con ella plantear grandes temas, junto con el conocimiento, como la moral, el futuro de la humanidad y la búsqueda de una trascendencia. Todavía estoy ojiplático con ese reciente comentario tuyo con esos seres intermedios ( ¿demiurgos?) que rigen el universo. ¿No es en ello la gnosis de la New Age?
        Antes que José María Castillo,José Martínez Gordo ya mostraba las derivas de ese programa filosófico-teológico sobre la inmanencia que derivaban a espiritualidades orientalistas registradas en “Después de Dios otro modelo es posible”.
        Haces bien, estás en tu derecho, abordar el tema de las espiritualidades desde tu postura secularista, porque lo toca y así lo introduce el autor de este trabajo, pero no podrás obviar que su tesis más bien es una reflexión sobre los caminos del Espíritu (Santo)

        Me gustaría poder avanzar sobre lo evidente: La fraternidad universal. Pero creo que debemos esperar un poco más si es que el hilo de los comentarios prosiguen a buen ritmo.

  • Isidoro

        La diferencia entre Simone Weil y Etty Hillesum, es muy significativa, y lo cuenta muy bien González Faus.
     
          Para mí, personalmente, es un ejemplo claro de la diferencia en la que insisto una y otra vez, entre el “moralismo”, y la verdadera madurez humana, la “auto realización”.
     
        Sin querer hacer menosprecio de Simone Weil, (que fue como todos, una víctima de sus circunstancias personales, y por ello digna de lástima), era un alma atormentada, una persona claramente desequilibrada psicológicamente, y por ello, una regular defensora de sus buenas causas.
     
        Simone ha contado con el gran apoyo mediático de la internacional progresista, por su activismo político, e indirectamente también de la internacional católica, por sus “coqueteos” con la conversión. Pero no deja de ser por ello, una figura “sufriente”, muy útil para el masoquismo ideológico rampante.
     
         Justo contemporánea de ella, aparece la figura semidesconocida de Etty Hillesum, que en sus diarios personales, (escritos sin ánimo de publicidad alguna), nos ilustra a la perfección lo que de verdad  es una persona auto realizada.
     
        En él, Etty no busca consuelo, sino una perfecta comprensión de las cosas y de sí misma.
     
       Y es una figura clave en este debate del teísmo- no teísmo, porque el no teísmo o deísmo, implica un distanciamiento de Dios, una ausencia de su ayuda directa, y por ello, incita a espabilaros nosotros mismos, y a sacarnos las castañas del fuego, sin esperar ayuda divina directa.
     
       Etty le dice infantilmente a “Dios”: “Sólo una cosa es para mí más evidente: que tú no puedes ayudarnos, que debemos ayudarte a ti y así nos ayudaremos a nosotros mismos. Es lo único que tiene importancia en estos tiempos, Dios: salvar un fragmento de ti en nosotros. […] No te exijo responsabilidades, tú nos las podrás exigir más adelante a nosotros”.
     
           Su postura frente al odio, nuestro Dios interior, el autoperdón, la sencillez, la necesidad de autometamorfosis personal, etc., es todo un catálogo de las características de los seres auto realizados y un modelo a seguir por toda persona anónima.
     
        Perdonad el rollo, pero os pongo una pequeña colección de frases, cada una más significativa que la otra.
     
    -10/1941: “Dentro de mí hay una fuente muy profunda. Y en esa fuente está Dios. A veces consigo alcanzarla, pero con mayor frecuencia está cubierta por piedras y arena: entonces Dios está sepultado. Por tanto, hay que desenterrarlo de nuevo”.
     
    -Si cada uno de nosotros escuchase solamente un poco más su voz interior, si se intentase solamente hacerla resonar en uno mismo, entonces habría mucho menos caos en el mundo”. (“No hay cambio estructural sin cambio personal, y no hay cambio personal sin silencio interior”).
     
    – “Hay que aprender primero a perdonarse uno sus defectos, si se quiere perdonar a otros. La primera condición es la de poder aceptar, y aceptar generosamente, el hecho mismo de cometer faltas y errores”.
     
    – “Hay que olvidarse de palabras como Dios o muerte, sufrimiento y eternidad;  hay que ser de nuevo sencillo y sin palabras, como el grano que crece o la lluvia que cae. Sólo hay que ser”.
     
    – “No hay cambio estructural sin cambio personal, y no hay cambio personal sin silencio interior”.
    (Mío: Y yo añadiría, sin equilibrio personal. Las personas desequilibradas son fatales colaboradores de causas excelentes. Causan mucho rechazo a su buena causa, debido a sus rigideces y actitudes).
     
    – 15/3/1941: “El odio salvaje que sentimos por los alemanes vierte veneno en nuestros corazones… Nada es peor que ese odio global, que no hace diferencias. Es una enfermedad del alma”.
     
    19/2/1942- “La maldad de los otros también está en nosotros. Y no veo otra solución, realmente ninguna otra, que regresar a ti mismo, a tu pro-pio centro, y extirpar del alma toda esa podredumbre. Ya no creo que podamos corregir cualquier cosa del mundo exterior que no hayamos corregido antes en nosotros”.
     
    23/9/1942- “Tenemos tanto que cambiar en nosotros mismos que ni siquiera deberíamos preocuparnos de odiar a los que llamamos nuestros enemigos”.-
     
    -“La ausencia de odio no implica necesariamente la ausencia de una elemental indignación moral. Yo sé que quienes odian tienen buenas razones para ello. Pero ¿Por qué vamos a escoger siempre el camino más fácil y más trillado?
            En el campo he sentido con todo mi ser que el más pequeño átomo de odio que se añada a este mundo lo hace aún más inhóspito”.

    • Isidoro

      Añadido:

      ¿Cómo una jovencita como Etty, sin estudios específicos sobre esos temas, pudo tener esa clarividencia de ideas que son el bagaje común de todos los autorrealizados, como estudió Maslow?. Porque bebió de la gran fuente de sabiduría interna.

      No sé si ha quedado claro, que la diferencia entre “moralismo” y “auto realización”, es que el moralismo, proviene de las intuiciones surgidas del inconsciente personal, que inevitablemente está contaminado más o menos, por errores cognitivos aprendidos, ideologías globales que adoptamos, y por por impulsos emocionales.

      Mientras que en la “auto realización”, esas intuiciones vienen del inconsciente colectivo, universal, que todos tenemos por igual, (el “Cristo o el Buda interior”), que es fuente de sabiduría.

      Si estamos atentos a esa fuente, si la escuchamos, y si tenemos el valor de no rechazarla, a pesar de las posibles contradicciones con nuestro inconsciente personal, (nuestro ego), entonces surge la mente del “auto realizado”.

      • mª pilar

        Lo comparto plenamente.
        Gracias de corazón.

      • Román Díaz Ayala

        Veo tu acierto en centrar tu mirada comentando los personajes que propone González Faus para ilustrar su afirmación descriptiva de que la espiritualidad es la salida del propio ego hacia el amor. Son cuatro ejemplos personales de espiritualidad que se apartan de los manuales convencionales católicos y que definen ésta de manera muy restrictiva : Espiritualidad es el camino que el ser humano recorre para llegar a Dios. No es un camino de perfección propiamente, sino un encuentro en el hondón del alma.
        Tres de estos personajes han padecido la “shoah” (la catástrofe) y el cuarto ha sido también mártir de los poderes de este mundo. Pero en todo ello late que en el misterio de Dios está Dios mismo, aunque pareciese como si Dios no existiera.
        Esto me recuerda la reacción de Jesús Martínez Gordo, quien a pocos días de presentar Antonio Duato el libro “Después de Dios otro modelo es posible”, se despachó con un artículo el 12 abril, “La pretensión de las nuevas espiritualidades y teologías”, alarmado de que no se buscase el verdadero fondo que trascendía a cada religión y espiritualidad.

  • mª pilar

    El serio problema de la iglesia es:

    “El lenguaje que utiliza y la divinización de todo cuanto toca”

  • Román Díaz Ayala

    José Ignacio González  Faus concluye su texto con estas palabras: ” Creo sinceramente que solo el Espíritu de Dios puede hacer eso en cada uno de nosotros”. Muy significativo que escriba Espíritu con mayúscula inicial, pues acota muy bien el tema.

    Antonio Duato incluye posicionándolo en primer lugar en TEMA: DEBATE NO-TEÍSMO, y luego, Espiritualidad, Fe, Iglesia Católica. Me ahorra tener que explicarme cuánto de implicada está la ESPIRITUALIDAD de la que escribe el autor en la superación del debate propuesto.

    Se le escucha a veces a pastores y predicadores cristianos, que no tienen que ser necesariamente católicos, a personas comprometidas con la pastoral, o la “edificación” cristiana que en el seno de sus iglesias (comunidades) hay cada vez más religiosos, pero menos cristianos.

    Javier Elzo, maestro en el estudio de la sociología del fenómeno religioso, y persona muy cercana a Atrio, ya ha dado a conocer recientemente su libro ¿”Tendrá futuro el cristianismo en España? publicado en febrero pasado por Ed. San Pablo. Por cierto, enfermó de COVID y ha estado muy delicado desde los primeros meses de la pandemia . Don Javier recoge muy bien los aspectos sociológicos de la espiritualidad secular y la espiritualidad religiosa.

    Creo que aquí en este foro distinguimos muy bien los distintos aspectos de lo puramente religioso y las diversas espiritualidades aunque todavía existan lagunas o faltas de acuerdo cuando hacemos referencias a la fe cristiana y las creencias. Por eso viene muy bien  que el autor describa la espiritualidad como una “salida del propio ego hacia el amor”, aunque luego luego transcurra todo el planteamiento “hacia lo divino” y que señale la religión ( la nuestra) como una expresión cultural de la fe.

    Llegados a este punto los estudios sociológicos de J. Elzo confirman que  hoy se ensayan y practican  otras formas de entender y vivir la fe. Una Iglesia de “cristiandad” que ha seguido inmersa en unas sociedades progresivamente secularizadas.

    Conviene, sin embargo, que aunque estemos en la necesidad de otra Iglesia para este sociedad que nos ha tocado en suerte debemos principiar por una reforma en lo personal.

    Quizás aquí, en el presente trabajo, encontremos puntos de coincidencia en lo cristiano, para poder abordar los ideales de ese nuevo humanismo cifrado en una fraternidad universal.

     

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