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H. Küng, último libro: ‘La oración y el problema de Dios’

 La noticia de este libro, el último de Han Küng en español, reviste una especial actualidad por su reciente muerte y por coincidir totalmente con la cuestión No-teismo y fe en Dios” que hemos presentado en ATRIO. Que el bueno de Küng siga acompañándonos en nuestro seguimiento de Jesús a lo largo de este nuevo siglo. AD.

      Que yo sepa, creo que el último libro de Hans Küng publicado en español es uno en el que se ocupa de la oración y de la idea de Dios (“La oración y el problema de Dios”, San Pablo, 2019). Es posible que haya quien, habiendo atendido a los titulares de estas últimas horas, quede sorprendido por el mismo título. ¿Un libro sobre la oración? ¿Qué tiene que ver eso con sus críticas a la Iglesia o, mejor dicho, a la autoridad eclesial?

      Propongo –a quien, desde el desconocimiento, pretenda asomarse al pensamiento de este gran teólogo, fallecido el 6 de abril de 2021–, que lo haga leyendo este pequeño y precioso texto. Supongo que no faltará quien, interesado –como el teólogo suizo– por la racionalidad de la fe y de la revelación cristiana en diálogo con la modernidad y con las diferentes religiones, sienta curiosidad por conocer cómo aborda esta relación. E igualmente supongo que no faltará quien, atento a las llamadas nuevas espiritualidades, se vea sorprendido por compartir con H. Küng, al menos en esta publicación, un mismo interés.

      En la lectura que hice en su día percibí una interesante y actual reflexión sobre la interrelación existente entre el discurso, el compromiso y el encuentro con Dios.

      La oración, recordaba H. Küng, es una expresión propia de todas las religiones y, por ello, lo normal es que nos encontremos con una gran riqueza de modalidades y que no todas sean igualmente buenas. Él las agrupa en dos formas fundamentales: la “mística” (particularmente, el zen) y la “profética” o bíblica. Esta tipificación muestra, con toda claridad, cómo pretende abordar la plegaria de una manera históricamente contextualizada: en Europa se van abriendo paso algunas espiritualidades orientales ante las cuales conviene indicar las convergencias, pero sin descuidar las diferencias y, por tanto, la singularidad de la invocación cristiana. En esta cuestión, sostenía, se juega igualmente lo que decimos cuando decimos Dios. Tal es el objeto (y el hilo conductor) que atraviesa de principio a fin este libro.

      Fijado el objetivo y contextualizado el interés, H. Küng resaltaba, seguidamente, la peculiaridad que presenta la oración de Jesús. Es cierto, apuntaba, que el Nazareno participó, como judío que era, de la plegaria de su pueblo, pero también lo es que la practicó –así se recoge en los Evangelios– no como un imperativo legal, sino como algo que le fluía con una sorprendente naturalidad. Sabemos, además, que recomendaba hacerla en secreto, sin espectacularidad ni alharacas, procurando que fuera breve, dirigida al Padre y prestando mucha atención a las consecuencias que brotaban de ella.

      A diferencia de la invocación “profética” de Jesús, la llamada “mística”, proseguía el teólogo suizo, busca la coincidencia con uno mismo, la ampliación de la conciencia y el encuentro con el Absoluto. Cuando se practica como meditación, la libertad presenta una incuestionable centralidad, tanto para olvidarse del yo propio como para superar toda restricción o instancia que se interponga entre el ser humano y su iluminación inmediata. Nada ni nadie puede alejar de este objetivo fundamental: ni Buda, ni las escrituras, ni el zen y ni siquiera la meditación en cuanto tal. Pero cuando se erige en un fin en sí misma, corre el peligro de ver cómo desaparece la iluminación inmediata con el Absoluto, se diluye como forma religiosa y queda reducida a mera técnica psico o socio-terapéutica.

      Más allá de este riesgo, no se puede ignorar, proseguía H. Küng, que no es específicamente cristiana. Ni Jesús ni sus primeros seguidores fueron “místicos”, es decir, no pretendieron reencontrarse consigo mismos, ampliar la conciencia y fundirse, finalmente, con el Absoluto. Por ello, remarcaba, no presenta, de ninguna manera, un carácter vinculante para los cristianos ni es normativa. Como mucho, se trata de un carisma que puede ayudar en el seguimiento de Jesús, pero que también puede alejar de él. Para un cristiano no es, ciertamente, la forma oracional más elevada.

      A diferencia de ella, la máxima que preside la de Jesús es el amor activo al prójimo y a los enemigos: Dios no es apersonal o desprovisto de historia, al margen del mundo y sin palabra. Por eso, la plenitud del cristiano no se encuentra en el olvido de sí mismo, sino en la conquista del yo; tampoco pasa por adentrarse en la “nada”, sino en el nuevo ser y, por supuesto, no busca perderse en el nirvana, sino anticipar la vida eterna a la espera del encuentro definitivo con Dios en ella.

      A la luz de estas consideraciones, lo que está en juego es la imagen de un Dios que, como el cristiano, es personal. Por eso, para Jesús, la oración solo puede ser “delante” de Dios y “con” Dios, es decir, con un Dios a Quien habla, sin poder verlo y tocarlo y con Quien mantiene una relación. El es, además del Creador, el Guía y el Perfeccionador del mundo, el “Partner” del ser humano en Quien es posible pensar y a Quien es procedente dirigirse para darle gracias, alabarle, pedirle y, si fuera el caso, protestarle.

      Existen, ciertamente, coincidencias entre ambos tipos de oración. Pero, sobre todo, se da una singularidad en ambas que, concluía, los cristianos no podemos descuidar.

      El lector, medianamente atento a estas cuestiones, entenderá que, leyendo este libro, constatara una gran cercanía entre la aportación de H. Küng y lo que J. – B. Metz calificó en su día como “mística de ojos abiertos”. Y que disfrutara de una aportación presidida por una apasionada búsqueda de lo común con las llamadas nuevas espiritualidades sin, por ello, descuidar (y reivindicar) la singularidad de la espiritualidad y teología “jesu-cristianas” y “uni-trinitarias”.

Küng disfruta ya de la plenitud de Vida de la que ésta es, gracias a Jesús de Nazaret, una anticipación, un murmullo, un susurro y un chispazo. Esa es la esperanza que, de manera agradecida y racionalmente consistente, comparto con él, teólogo, maestro de teólogos y, sobre todo, compañero de andadura “jesu-cristiana”.

26 comentarios

  • Juan A. Vinagre Oviedo

    –Una reflexión más a propósito de la cita de AD sobre el “Diario de un cura rural”, de Bernanos: TODO ES GRACIA; y la alusión de Román a la gran Teresa de Lisieux, a quien se atribuye esa misma frase. Teresa de L. que llegó a decir: “Sé por experiencia que el Reino de Dios está dentro de mí”, porque lo veía crecer en ella, pese -o gracias a- la gran prueba de fe que sufría, y que tanto le hacía recurrir a la oración en busca de fortaleza -gracia- para seguir el camino. El “todo es gracia” sintetiza su camino espiritual y su fidelidad a esa gracia (aún dentro de la noche.) El secreto se encuentra en percibir la gracia dentro de la noche.

    –Y esa gracia es otro nombre del AMOR que se da, que acompaña, que echa una mano, que hace ver mejor, con más profundidad… En suma, que fortalece y hace crecer por dentro. Todo es gracia o amor, sí; incluso cuando nos hace desear lo que quiere darnos (Juan de la Cruz), y sobre todo -la gracia de las gracias- cuando alguien experiencia a Dios y hace que vea mejor, con una profundidad que no solemos ver los normalitos…

    –Por eso se puede cambiar esa frase por esta otra: “Todo es amor”.  Amor que se da a lo más humilde, Amor que se baja, sirve, transforma y eleva… Amor que corre -y acepta- riesgos, como el mal, por preferir lo más frágil -el ser humano encarnado- como objeto-sujeto de su amor, y elevarlo al rango de hijos. (Esta idea -que comparto- es de Torres Queiruga. El mal, que tanto nos complica la vida y las ideas religiosas, es la consecuencia inevitable por elegir lo más frágil.)  Por eso, se puede decir  y repetir: Todo es gracia, que es amor. (Gracia que se da a quien la suplica humilde…)

    –Lo cual no es fácil verlo desde una perspectiva solo telúrica… Para ver mejor es preciso trascender. Aquí solo vemos en penumbra, a media luz, como diría Pablo. Por eso tantos intentos y errores y dudas y desvíos…, muchas veces de buena fe.

    –Lo cual nos debe llevar a un cierto  “todo debe ser oración”,  súplica humilde -pedir una manita, etc.-, y también a una oración de agradecimiento, que en el fondo es otra forma de amor.

    –Estas reflexiones me llevan a Rahner, cuando decía que el cristiano del siglo XXI será místico o no será cristiano. Místico, es decir, con experiencia de Dios. Lo cual recuerda las palabras de Jesús: Seréis bautizados en el Espíritu.  Bautismo del Espíritu, que es mucho más que bautismo de agua de Juan Bta. Bautismo que es experiencia de Dios. Experiencia de Dios que es vivencia y necesidad de profetismo, más. mucho más que pura “contemplación”…

    –Esta visión nos obliga a renacer y a comtemplar la vida con sentido trascendente, como tan bien destacó el hoy recordado H. Küng. Es preciso trascender y creer en la esperanza. Si no trascendemos, veremos todo borroso… Si, en cambio, trascendemos -y la oración humilde ya es un modo de trascender-, quizá podamos adquirir un corazón limpio, ese corazón limpio, capaz de ver a Dios…, en todo, como le ocurrió a Francisco de Asís o a Juan de la Cruz… Mil gracias derramando, pasó y pasa por estos sotos…, pero al parecer sin prisas…

    Disculpas si estas reflexiones parecen una elevación excesiva………        Pero las expresiones: “Todo es gracia, todo es amor, el bautismo del Espíritu   y   los limpios de corazón de las Bienaventzas.” me las han sugerido.

     

    • Román Díaz Ayala

      Tus reflexiones son de una justeza que no desdice ni por arriba ni por abajo con el fondo de la cuestión que aquí en este foro se pretende debatir siguiendo la iniciativa de Antonio Duato. Tampoco te apartas del sentido más profundo de la doctrina de la gracia según se desprende de su fuente original novotestamentaria. Dios es amor y Jesús es el don de Dios a los seres humanos, el intercesor nato, único y eficaz, en su labor soteriológica. “Su obra”, lo llama Jesús, y dice también que su obra es la del Padre.

      Dice Pablo en uno de los pasajes más luminosos (Romanos 8) que el Espíritu viene también en ayuda de nuestra flaqueza. Como nosotros no sabemos pedir como conviene. el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que examina el interior de las personas ya sabe lo que anhela el Espíritu y que cuando intercede en favor de los santos, lo hace conforme a la voluntad de Dios. Y termina el pasaje escribiendo que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni las potestades, ni la altura ni la profundidad, ni cualquier otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro.
      La gracia, esa que llamamos santificante no es otra cosa que haber recibido un nuevo nacimiento, una nueva naturaleza, la divina, la de Dios (No tenemos que esperar una “perfección” futura ni escatológica) y es el amor de Dios derramado en nosotros. En Jesús somos perfectos ante los ojos de Dios el Padre. No es nada de quita y pon que sólo obedece a una doctrina filosófica y con ningún sostén bíblico.

      Lo hermoso de lo anterior radica en que todo ello se realiza sin restar nada a la autonomía humana. Somos libres para aceptarlo ( el amor de Dios) y para rechazarlo en cualquier momento de nuestra vida terrena.

  • Jesus Martinez Gordo

    Este texto, el ultimo publicado en español de H. Kúng, vio la luz en 1991, en Italia, en un libro conjunto coordinado por G. Moretto (Ed. Morcelliana):https://www.libreriauniversitaria.it/preghiera-filosofia-morcelliana/libro/9788837214319. Fue reeditado el año 2018 con una introducción de R. Celada Ballanti en la misma editorial. Esta última edición es la que ha sido traducida al español por San Pablo en España. Los interesados pueden escuchar  la explicación dada por Celada Ballanti en el vídeo-entrevista que se encuentra en esta pagina: https://ilpostodelleparole.it/libri/roberto-celada-ballanti-hans-kung/ Muchas gracias por vuestros comentarios. Un cordial saludo

     

    • Antonio Duato

      Gracias, Jesús, por esta explicación que data el texto de Küng como una aportación a un libro colectivo en Italiano enviada como inédita en 1991 y editada después, en 2018, como libro separado de la editorial Morcelliana que tenía todos los derechos. Así se explica que siendo libro nuevo, no fue redactado y ofrecido por Küng sino a tes de 1991, pues en los últimos años no se sabe que haya escrito y entregado nuevos originales.

      Mucho interés tiene la entrevista realizada en el audio que presentas. El profesor de Filodofía de la Universidad de Génova que habla, que fue quien promovió las dos publicaciones de 1991 y 2018 y que estaba en contacto directo con Küng hace una síntesis magnífica de su filosofís y eología y de la importancia de este libro sobre la Oración, que tan bien se encuadra en la investigación colectiva que hemos iniciado en ATRIO sobre No-Teísmo y Religión.

      De esa entrevista, para quien siga bien el italiano y del libro presentado por Jeús, daremos más noticias aquí. Y también del libro referido que estoy esperando de un día a otro.

      Personalmente sigo con mucho interés lo que vais expresando en los últimos hilos. Y no soy de los que tiran la piedra y esconden la mano. En la medida que mi tiempo y energías me lo consienten iré dando mi opinión personal, como una más, y mis propuestas para un correcto seguimiento del tema.

      ¿Desterrar el término Dios (Theos) por ser antropomorfismo cualquier concepción de un Dios personal con quien pueda interrelacionarse personalmente el hombre (oración), atraería a más ateos actuales a buscar una vivencia más auténtica del carácter divino de la Realidad única, no-dual?

      Parece que Küng se planteó la cuestión y optó, lo mismo que salirse o no de la Iglesia Católica.

  • Isidoro

    Amigas Asun e Isabel: No sé si te refieres a mi comentario sobre la “contemplación” interior, pero a mí repensando después de haber escrito el comentario a Gonzalo, me ha asaltado esa misma duda.
     
        Como muy bien dices, en casi todos los temas, contemplamos el “fenómeno onda-partícula”, en que nos damos cuenta que dos vías o explicaciones contradictorias, no son en la realidad tan contradictorias, y son y, y. 
     
        Pasa lo mismo, con la “contemplación interior”, y la ascesis religiosa clásica, que incluye una gran disciplina personal, con un estudio severo y una terapia psicológica-emocional plena, con un dominio de las pasiones personales.
     
          Pero es que ambas cosas son igualmente imprescindibles al tiempo. Mas aún con una amplia ascesis personal, cognitiva y emocional, la “contemplación”, funciona automáticamente, y sin darnos cuenta. Igual que hablamos en proa sin saberlo, muchos “contemplan” sin ser conscientes.
     
           Los programas sapienciales arquetípicos, son autónomos y se activan por resonancia interna, y se puede favorecer su activado, mediante estímulos conscientes, como es el caso de la “oración religiosa clásica”, o mediante mantras, (jaculatorias), talismanes que se aprietan en la mano, (medallitas), y hasta mediante reacciones psicológicas provenientes de la angustia y el sufrimiento.
     
         Pero si no hay suficiente preparación ascética cognitiva, (aprendizaje de la realidad y eliminación de errores acumulados), y si nuestra psique está muy dañada emocionalmente, los sesgos y prejuicios mentales, nos ensucian la interpretación de la voz interior, que hay que hacer el esfuerzo de escuchar, luego oírla y luego interpretarlas bien con nuestra mente personal.
     
         Por eso la voz interior siempre habla en función de lo que se tiene en el interior, de nuestras categorías y de nuestro imaginario personal. El denominador común de la voz interior, deja la impresión de que en parte dicen a la gente lo que el oyente quiere escuchar.
     
         En el Evangelio de Juan (16,13), hay una frase enigmática que dice Jesús: “Cuando venga el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa, PERO NO HABLARÁ POR SU CUENTA, SINO QUE HABLARÁ DE LO QUE OIGA, y os anunciará lo que ha de venir”.
     
       Eso es lo que tienen los programas neuronales arquetípicos, que vienen en esquema y hay que rellenarlos con nuestra sabiduría y con el equilibrio emocional personal.

    • Asun Poudereux

      No, exactamente, Isidoro, aunque sí que leí dos veces tu comentario, lo que me dice que algo pudo influir en el mío inconscientemente.

      Me gusta que nos manifiestes la complejidad que va con nosotros, no todo está tan claro. De los prejuicios no se libra nadie, por lo que se ha de concienciar, si es lo que se quiere escuchar o nada tiene que ver con los deseos y modos de enjuiciar de la persona.

      Esa voz interior de la que hablas nos descoloca las más de las veces y aún así hay que dejarla reposar antes, pues nos puede hacer equivocar también.

      Se ha producido muchas veces acallar voces proféticas, de personas leales, pero transgresoras y más tarde, al dejar este mundo, se las sube a los altares, haciendo válido y suyo lo que no es suyo.

      Y no me parece que ese determinado modo de actuar haya desaparecido por completo. Ha dado mucho rendimiento a través de la historia. Y puede que me haya ido un poco del hilo, pero…

    • Carmen

      La voz interior, esa que he escuchado a veces tan nítidamente que parecía que me susurraban al oído, no ha sido precisamente lo que quería escuchar. En absoluto. Sino como la solución a algo que me preocupa y de repente, zas. Esto. Ahora. Ya. Y a lo mejor ni me había pasado por la cabeza antes.
      Y eso de sentir que algo te dice: saldrás de esta. Confía en ti misma. Puedes.

      No somos tan deudores de nuestros prejuicios. No dependemos absolutamente de nuestra circunstancias. Influyen, por supuesto que lo hacen. Y la educación recibida y los libros que hayas leído…
      Pero la decisión en última instancia es nuestra.
      Al menos eso creo.

      No soy una autómata de cerebro positrónico como describe magistralmente Asimov en sus libros de robótica. Incluso él mismo incluye sus tres famosas leyes de la robótica, porque sabe que en determinados momentos el robot tendrá que tomar decisiones. Por ello un robot jamás podrá hacer daño a un ser humano. Ni ponerlo en peligro. Ni tampoco a él mismo.

      Pues mi persona, menos aún. Decido. Pese a todos los pesares, decido.

      Y si no hay verdades absolutas y todo es revisable, como pienso, las teorías de todos los señores del mundo mundial, también lo son.

      Porque la vida en sí misma es puro cambio. Pura incertidumbre. Y para muestra la que ha liado un virus. Qué como no se consiga dominarlo, verás. Si seguimos dos o tres años así, nos tendremos que reinventar. Pero no sucederá porque lo vamos a vencer. Precisamente por la capacidad inmensa del ser humano para solucionar situaciones complejas.

      No hay teorías que duren para siempre, porque siempre es mucho tiempo.

      Un saludo.

  • Asun Poudereux

    Presiento un cierto temor por mi impresión intuitiva a que se recurra al proselitismo cristiano. La inercia sigue sacudiendo.
     
    Si estamos hechos para conectar con la vida interior, porqué se pone tanto énfasis en analizar separando las posibilidades y vías abiertas a orar, meditar, contemplar…etc… ¿?
     
    Me resulta más comprensible la integración en y, y, y, … constantes dada la experiencia religiosa, de cada persona, hecha vida y el anhelo universal al que le va llevando la interioridad como un descubrimiento inacabado, inesperado y continuo, sin echar cerrojos a ninguna puerta de encuentro y despertar con lo que le va llamando.
     
    Por supuesto que echaré mano de este libro. Siempre enseña mucho, dando chispas de luz, su autor, Hans Küng.
      Lo que agradezco ya enormemente a Atrio.

    • Isabel

      Dado tu temor, es de suponer que utilizas proselitismo en su connotación negativa, una prédica desleal, tramposa, con falsos e insinceros argumentos.
      Pero Küng era un Profesor, como el mismo se definía. Cristiano católico, de fe profunda y confiada que sabe comunicar, razón por la que tantos le agradecemos sus enseñanzas. En este caso, la diferencia entre lo que es oración cristiana y lo que no lo es, sin cerrarse a “la búsqueda de lo común”.

      • Asun Poudereux

        No era mi intención ser negativa, Isabel. Hablo de mi impresión, sin duda influida por esa tendencia de tanto oír que lo cristiano es lo más auténtico y verdadero. Además creí que era un artículo-comentario independientemente del último libro de Hans Küng. Ahí está mi error al que he incurrido. Lo lamento.

        • Isabel

          Te comprendo y cada cual tenemos nuestros temores e impresiones.
          Hay diferentes formas de defender el cristianismo, no sé de cierto pero no imagino a Küng diciendo lo mío es lo único verdadero, sino que con todo derecho defiende su verdad.

  • Isidoro

    Amigo Gonzalo: Yo particularmente, tengo una idea de la vía mística, menos elevada de lo que tú expones.
     
          Para mí, la vía mística, es “simplemente”, buscar y favorecer el contacto con la “gracia”, (ayuda inspirativa-cognitiva y emocional, que explica Duato en este hilo), mediante la activación y escucha de los programas sapienciales de nuestra psique.
     
        Cuando ese “contacto” y escucha activa es plena, algunos privilegiados, (que lo han conseguido), pueden llegar a cimas muy elevadas de “iluminación”, aunque la mayor parte de la gente, nos quedamos en niveles pobres.
     

    (Hay que despejar la vasija, vaciándola e estorbos y prejuicios, y hay que arrimar la boca de la vasija, al caño de la fuente de agua clara).

     
        Gracias a esa “iluminación”, mayor o menor, (frase zen: “Mucha búsqueda, mucha iluminación; poca búsqueda, poca iluminación; ninguna búsqueda, ninguna iluminación”), la acción “profética”, (práctica), que tú remarcas, irá en la línea adecuada, pues sin esa “iluminación” de la “gracia”, (mayor o menor), nuestro discernimiento individual personal, es de por sí muy limitado y falible.

  • Gonzalo Haya

    Muy interesante y muy oportuno este artículo. “Profetismo” es para mí la palabra clave para un cristiano. La mística es un anticipo de lo que vendrá, es la plenitud del Reino, es “un punto tangencial con el infinito”, es un bien que anhelo, pero para el que no estoy preparado. La acción profética, el trabajo por la justicia social, por la fraternidad universal, es una realidad concreta, presente y lacerante (aunque desde la filosofía o desde la mística pueda ser considerada como mera “sombra” de la verdadera realidad). Creo que lo que nos corresponde a los seguidores de Jesús es el profetismo, salvo algunas excepciones de místicos que nos ayudan a mantener la esperanza de lo que será. Vivimos en el tiempo presente; el Reinado de Dios se produce “ya sí, pro todavía no”. Jesús tuvo sus momentos místicos cuando sintió a Dios como Padre, y cuando le agradeció que se manifestara a los sencillos.

  • Carmen

    Es que el señor Küng ha hecho una crítica a la iglesia. No al cristianismo. Era profundamente cristiano. Con una formación increíble, una inteligencia que le tocó en suerte y supo y quiso desarrollar y no se cortaba un pelo. Por qué lo iba a hacer? Por miedo a un papado en el que no creía infalible? Por qué no podía cuestionar abiertamente lo que quisiera? Eso lo hace menos cristiano? Pues anda que Jesús no cuestionó cosas…

    Hizo muy bien en seguir considerandose católico. Muy bien. Quién es nadie para decir te voy a empujar de tal manera que tú solo saldrás de aquí ?

    O no.

    Y sucedió que no pudieron con él. Porque era la iglesia parte de su vida. Además cuestionaba precisamente la autoridad del Papa. No de uno en concreto, como suele suceder. Me gusta, la acepto. No me gusta el Papa, cuestiono el papado.

    Es que eso es lo que hace a una persona grande. No las teorías, sino la coherencia con ellas en su comportamiento. Esa es su grandeza. Y, por supuesto, su cabeza. Pero hay otros muchos que comparten sus ideas y cero problemas. No sé si ven la diferencia. Pues en esa diferencia es donde anida la grandeza de los grandes.

    No lo sé explicar mejor. Pero cuestionar a la iglesia  y su teølogia oficial,no quiere decir que no se sienta una persona  católica, cristiana.

    Nada que ver.

    El tema de la oración no es nada , nada sencillo. Para unos será una cosa, para otros otra…y para los que no sabemos qué es exactamente la oración, un enigma. Él encontró su modo y manera de orar. Me alegro por él

    En fin.

     

    • Javier Peláez

      Carmen ten en cuenta que ser teólogo católico crítico y con un cierto renombre debe ser agotador…Yo en parte deje de ser católico por puro agotamiento y sin tener ningún renombre…Es verdad que en la vida tb agotan otras cosas y que tienes servidumbres de conciencia:el trabajo y el carallo de los que te mandan…pero si tu oficio es ser teólogo católico…Imagínate el esfuerzo que requiere criticar el tinglado católico y formar parte de él…Agotador o a lo mejor es que tengo fátiga pandémica…

      • Carmen

        Si.
        Agotador.
        En cierta manera me dan un poco de lástima, cuando les llamo cobardes y esas cosas. Pero lo digo para ver si se espabilan. A veces me río sola de los disparates que escribo, pero confío en dos cosas. Que no lo lea casi nadie y que me hayan cogido el aire.

        Antonio Duato es un santo. Aunque a veces discutamos. Menuda paciencia tiene.

        Fatiga pandémica tenemos toooooodos.

        Uuuuuufffffff

  • Carmen

    Qué es La Gracia?

    Alguien me puede recomendar un texto o un libro o algo que pueda entender?

    Es que no llego a entender esa idea. No es fe. Qué es entonces?

    Seguro que alguno de ustedes me podéis contestar.

    Gracias.

    • Antonio Duato

      Gracia es un término que se ha usado mucho en el nuevo testamento, sobre todo en San Pablo, como “Xaris”, de donde carisma y carismático.

      Significa Don o Regalo proveniente de otro, generalmente de Dios.

      En la teología escolástica que estudiamos muchos había todo un tratado llamado DE GRATIA que analizaba todo sobre diversas clases de esos dones: natural-sobrenatural, santificante-actual… Los siete dones del espíritu, la gracia obtenida en cada sacramento… Al final se lo imaginaba uno como una sustancia que se apegaba al alma con el bautismo, se perdía con el pecado, se recuperaba con la Penitencia, de exigía para comulgar… Pero lo único verdadero es que cualquier cosa que tenemos o hemos vivido, por positiva o dolorosa que parezca, se puede vivir como “regalo de ËL, natural o puntual…

      “Todo es gracia”.
      Con esta frase acaba la fantástica novela y película “Diario de un cura rural” (Bernanos/Bresson) que nos revolvió mucho en los cincuenta. Hace poco volvía verla y es actual.

      He hecho lo que podido. Pero si quieres seguir preguntando…

      • Carmen

        Algo voy entendiendo.
        Todo es un don. El planeta entero lo es. Nuestros amigos lo son. Nuestra capacidad de razonamiento lo es.
        La vida misma es gracia.

        No sé si voy bien.

        Es que me suena como a , no te lo sé explicar. A algo que te dan y tienes que estar agradecido. Y sí. Pero no. Bueno, depende del grado de agradecimiento. Si es tan alto que te sientes un gusanico, no me va esa imagen. Prefiero sentirme un granito de arena. Porque si todo es Gracia, también lo seremos nosotros.
        No lo sé explicar mejor.

        También tenía la idea de que la Gracia es un don de Dios que te hace creer en él. Eso me gusta menos todavía.

        A ver si logro aclararme un poco más.
        Gracias.
        Pero no me debes nada porque te de las gracias. La gracia debería de ser gratuita y sin esperar nada a cambio.

        Menudo jaleeeeeeo tengo

      • Carmen

        Es que el otro día escuché la canción o el himno o lo que sea Amazing Grace. Con subtítulos. Y me quedé enganchada a la palabra Gracia.
        No sé qué es exactamente.
        Pero ese himno , me encanta. Hay cien mil versiones. Y toda una historia de la autoría. Muy interesante.
        Dicen que personas de diferentes creencias se quedan , pues como yo me quedo, enganchada al himno. No se sabe si por la música, por la letra, que hay también mil versiones, o por las asociaciones mentales que se hacen, o por el sentimiento de grupo que se establece…muy interesante.

        Y como soy como los borricos que me quedo enganchada en una cosa y no hay quien me mueva…

      • Román Díaz Ayala

        “Todo es gracia”, es un guiño que se hace a la frase atribuida a Teresa de Liseaux (nuestra Santa Teresita del Niño Jesús) y su particular espiritualidad como un manantial de agua fresca en ese entorno estéril de la racionalidad que se había instalado en la comprensión del Misterio de la presencia y la obra divina.
        Vivimos envueltos en el don divino y somos “inmerecedores” de tan “gran merced”. Nuestros deseos y nuestros actos, nuestros pensamientos más íntimos y nuestra proposiciones reflejan nuestra auténtica condición y aunque no tuviésemos conciencia de pecado todavía seguiríamos necesitados de ese aliento divino que nos arrope.
        Todo es gracia nace de los Evangelios (San Juan) siendo la Promesa del Padre, el anuncio del Bautista y la figura paradigmática de la madre de Jesús, la “llena de gracia”, en texto de San Lucas.

        La gracia y la verdad nos vinieron por Jesús. Ambas realidades son una misma y única realidad. La esencia del Evangelio

        • Carmen

          Inmerecedores? A nosotros que nos registren. Aquí estamos. Ni tan siquiera hemos pedido nacer.
          No lo entiendo.
          Manantial de agua fresca entre la racionalidad estéril?

          Pues me has dejado muerta.

          No voy a pensar más en la palabra gracia. La pondré en el apartado de cosas que no entiendo, que lo tengo a rebosar.

          Me inventaré un significado para cuando oiga ese himno. Porque lo oigo con una cierta frecuencia y hay algunas versiones que son una auténtica maravilla. Algo así como asombro sentimiento, o algo de ese estilo. No me pienso sentir un gusanico cada vez que la oiga. La canción no va de eso. Va de gracias a la vida, he encontrado un camino que me hace sentir bien.

          Al menos así la siento yo. Ya te digo que dicen que es un himno que atrapa a la gente, no se sabe muy bien por qué. Posiblemente la música y ese estado de esperanza, de gratitud hacia la vida. Pero claro, es mi interpretación.

          Gracias por tu respuesta.

  • Carmen

    Buscaré el libro.

    Gracias.

  • Alberto Revuelta

    Gracias también,  como dice Isabel por este escrito que en medio de tanta confusión y tanto olvido nos ata a lo que , simple y sencillamente, hizo el Señor. orar en secreto, sin espectacularidad ni alharacas, procurando que fuera breve, dirigida al Padre y prestando mucha atención a las consecuencias que brotaban de ella. 

  • Isabel

    Bien. Fantástico artículo, señor Martínez Gordo. Mi corazón ha quedado henchido de gozo con su reseña.

    Compraré el libro, necesario para afianzarme en el cristianismo una vez más gracias a Küng.

    Muchísimas gracias.

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