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La Iglesia vasca y ETA: la lucha por el relato

      “En una carta dirigida a la presidenta de la Asociación Pro Guardia Civil Española (APROGC) el pasado 4 de marzo, el Papa Francisco asegura sus oraciones por las víctimas del terrorismo y autoriza a la Iglesia española a condenar a los sacerdotes vascos próximos a ETA”. Es lo que firmaba Youna Rivallain el 10 del mismo mes en el periódico francés “La Croix”. La verdad es que cuando lo leí me quedé perplejo, pero no porque me pareciera una novedad lo que allí se recogía, sino porque se difundiera tal interpretación, sin el debido contraste. Supongo que lo hizo siguiendo la nota-comentario facilitada, al respecto, por la misma Asociación Pro Guardia Civil o por los encabezados de algunos medios de difusión no caracterizados, precisamente, por su ecuanimidad en estos asuntos. Alguno de ellos, en concreto, sostenía que Roma “confirmaba la sanción al expárroco de Lemona que justificó la violencia de ETA”.

La carta del Nuncio de España

      La verdad es que me costó encontrar la Carta oficial de la Nunciatura en Madrid para leerla sin apostillas interpretativas. En dicho texto, el Nuncio Apostólico, dirigiéndose a la presidenta de la Asociación Pro Guardia Civil, le notificaba que “la Secretaría de Estado de Su Santidad ‘asegura (…) la cercanía y la oración del Santo Padre por todas las víctimas”. Seguidamente le informaba que “el propio ordinario tiene la competencia en primera instancia para valorar cualquier infracción por parte de un clérigo, como se ha hecho en este caso, pudiendo el clérigo recurrir la decisión en el modo que prevé el derecho”. Y finalizaba deseando a la presidenta sus “mejores deseos de bien” y enviando “un cordial saludo”.

      Contrastando lo recogido por algunos medios de comunicación social y la Carta de Nunciatura no reconocía en ella que el Papa, por ejemplo, “autorizara a la Iglesia española a condenar a los sacerdotes vascos próximos a ETA” o que “confirmara la sanción al expárroco de Lemona que justificó la violencia de ETA”. Yo leía, simplemente, que el obispo era competente “en primera instancia para valorar cualquier infracción por parte de un clérigo”, pudiendo el afectado “recurrir la decisión en el modo que prevé el derecho”. Nada más. Era, simplemente, una obviedad procedimental. Sin más alcance ni consideraciones. Esa era la respuesta de la Santa Sede a la exigencia de una condena formulada por dicha Asociación de la Guardia Civil.

 

Desafortunada declaración y reacciones

      En el origen de este revuelo mediático se encuentran unas declaraciones de Mikel Azpeitia, sacerdote de Lemona (Bizkaia, España), en las que manifestó que lo de ETA “no era terrorismo, sino una respuesta a una represión que se estaba sufriendo, que es muy distinto”, una especie de guerra entre bandos. Por eso, “el que un pueblo oprimido, al que quieren conquistar, pues responda, pues con violencia, no sé hasta qué punto es terrorismo. Todos entendemos que eso es una guerra entre bandos, entre una nación o contra otra nación”.

      Una vez que trascendieron estas palabras, el obispo de Bilbao (en aquel tiempo D. Mario Iceta) y su auxiliar (D. Joseba Segura) con el Consejo Episcopal, le urgieron, en primera instancia, a retractarse y pedir perdón púbicamente y, al día siguiente, le retiraron “los oficios eclesiásticos”.

 

El Foro de curas de Bizkaia

      Habían “tomado esa decisión después de haber visionado toda la entrevista” y teniendo claro que no se habían “entresacado, de manera interesada, escasamente siete minutos y medio de unas declaraciones que, al parecer, duraron más de dos horas”.

“Ateniéndonos, únicamente, al extracto de las declaraciones ofrecidas, indicaban a continuación, entendemos que en la descripción de los diferentes diagnósticos existentes sobre las causas de la violencia y del terror, Mikel Azpeitia lo hace presentando una empatía desmedida con sus partidarios. Le agradecemos que haya pedido perdón por ello”. Y proseguían no aceptando, vista “la trayectoria pastoral de Mikel Azpeitia, los juicios de valor emitidos estos días sobre una posible justificación por su parte de la violencia o del terror. Más bien, todo lo contrario. De ello tenemos sobradas pruebas tanto nosotros, como los cristianos de las comunidades en las que ha servido. Es más, nunca ha tenido problema alguno en condenar -sintonizando con el magisterio de la Iglesia en el País Vasco- la violencia y el terror como vías de solución para un problema que, además de moral, lo es de convivencia política”.

      Y finalizaban indicando a los obispos que “’la retirada de los oficios eclesiásticos’ obedecía más al dictado de la presión mediática que a una información ajustada de los hechos, a la escucha de la persona en cuestión (a quien se le leyó telefónicamente la primera nota del Consejo Episcopal previo al envío de la misma a la prensa, a pesar de que en ella se decía que estaban “abordando esta cuestión con dicho presbítero”) y a la prudencia que es de esperar en quienes tienen la responsabilidad de presidir en la comunión a la Iglesia en Bizkaia. Lamentamos su desinformación, su precipitación, así como la desmesura de la decisión adoptada y su falta de coraje evangélico, esperando que sea restituido en su servicio cuanto antes”.

      Este, y otros hechos por el estilo, evidencian la existencia de una lucha por socializar el imaginario de una Iglesia vasca, por lo menos, connivente con la violencia y el terrorismo. Es algo que se comprobaría, al decir de estos colectivos, en tres apartados referidos a su tibia condena de la violencia; al reconocimiento de una diferenciada concepción política de la unidad de España y a una deficiente atención a las víctimas.

 

La condena de “toda” violencia

      Según el primero de los apartados, hay colectivos a los que sigue repugnando la condena, realizada por los obispos del País Vasco de “toda violencia”, incluida la desplegada por el Estado español; por tanto, no solo la de ETA. Quien esté realmente interesado por una información veraz puede ojear, por ejemplo, los boletines oficiales de las diócesis de Bilbao, San Sebastián, Vitoria, Pamplona e, incluso, el de Bayona. Podrá comprobar cómo, más allá del ruido mediático, se encuentra con un magisterio episcopal que ha condenado “toda” clase de violencia, “viniera de donde viniera”. Y, si se toma la molestia de leer la prensa de entonces, podrá verificar cómo determinados colectivos sociales y eclesiales (ya fueran conniventes con los partidarios de “la lucha por la liberación del País Vasco” o con la defensa de la unidad de España, incluso “en las alcantarillas o en los bajos fondos del Estado”) se ponían nerviosos.

      Por eso, más pronto o más tarde, acababan acusando a los obispos vascos de silenciar -en un caso- las torturas y la represión de que eran objeto en las comisarías y cárceles españolas los “libertadores vascos” (en el caso de ETA y de sus diferentes correas de transmisión política) o de mantener una inaceptable equidistancia moral (en el caso de los poderes institucionales que promovieron y financiaron la guerra sucia contra ETA que fue el GAL). Y, con la descalificación de los obispos vascos, la de los sacerdotes y, por extensión, la de la Iglesia vasca, connivente con la represión o con el terror. He aquí el primer dato que, una vez “autodisuelta” o “derrotada” ETA, se sigue repitiendo con cierta regularidad.

 

La existencia de un problema político

      El segundo de los apartados está referido a la existencia de un magisterio episcopal que también sigue levantando sarpullidos: según los obispos de aquellos años, en el origen de la violencia etarra se encuentra, aunque disguste profundamente, un problema político que, sin justificar -para nada- el uso del terror, debía ser afrontado en términos estrictamente políticos, no sólo represivos y con condenas éticas.

      Era un diagnóstico que, irreprochable y no gustando nada, activaba otra acusación: los obispos vascos (y, de nuevo, la Iglesia vasca, con ellos), además de tibios en su condena de la violencia de ETA, eran equidistantes y nacionalistas. Y lo eran porque, al reconocer una raíz política de la misma, acababan justificándola, propiciando una desestabilización institucional. Sucede que esto mismo sostenían todos los partidos políticos en el famoso “Pacto de Ajuria Enea” “Por la normalización y pacificación de Euskadi” (1988), firmado por todos los partidos políticos, con excepción del que era correa de transmisión de los violentos.

      He aquí la clave de la acusación de ser una iglesia muy politizada, alineada con los nacionalistas; algo así como sostener que, si reconoces la existencia de estar enfermo porque comes mucho azúcar, estarías defendiendo la bondad de una existencia diabética, además de ser equidistante.

 

Ninguneo y centralidad de las víctimas

      Y el tercero de los apartados es el referido a las víctimas del terrorismo y a su ninguneo o, por lo menos, irrelevancia, en el franquismo y en los primeros años de la transición política por parte de la inmensa mayoría de la ciudadanía vasca, incluida la Iglesia.

      Hoy en día casi nadie niega esta evidencia.

      El debate se encona cuando, adentrados en la democracia, se procede a valorar el peso de la Iglesia en la promoción y acompañamiento de pequeños grupos pacifistas, semilla de lo que, con el tiempo, será el colectivo llamado “Gesto por la paz”.

      Guste o no, se trata de grupos de personas que, jóvenes y de matriz eclesial, salían a la calle a manifestarse en silencio siempre que había un asesinato, fuera del signo que fuera. Y que tuvieron el coraje de iniciar un transito del ninguneo e indiferencia, durante el franquismo, a una lenta, pero creciente, solidaria cercanía con las victimas en la democracia, sobre todo, después de la amnistía.

      La implicación de la Iglesia vasca en este tránsito sigue siendo, en la actualidad, objeto de diferenciados diagnósticos y valoraciones; frecuentemente, más cargados de pasión que de objetividad y mesura. Supongo que el tiempo (aunque no solo) irá poniendo a cada uno en su sitio y, en concreto, a quienes siguen negando el pan y la sal a la Iglesia vasca.

 

La lucha por el relato

      Este es el contexto (o, por lo menos, un ensayo del mismo) de esta metedura de pata del sacerdote de Lemona que no corresponde, de ninguna manera, a su trayectoria y que se visualiza, con particular claridad, en la publicación de una novela (“Patria”) y de un ensayo (entre otros muchos) titulado “Con la Biblia y la Parabellum. Cuando la Iglesia vasca ponía una vela a Dios y otra al diablo”.

  • “Todo por la patria” – “Aberri ala hil”

      Cuando leí la novela, llevada al cine recientemente, me llamó la atención que todos los personajes tenían un contrapunto crítico o, por lo menos, un “pepito grillo” interior que les invitaba a ver las cosas de otra manera o, mejor dicho, desde el otro lado. Todos, excepto el sacerdote, don Serapio… Cuando entraba en escena este cura, ladino y desalmado como nadie, lo hacía en soledad, sin contrapunto alguno.

      Ya entonces, eché en falta a alguien que asumiera el papel de “pepito grillo” y representara a una Iglesia explícitamente ignorada. Me lo tuve que inventar en defensa de la ecuanimidad que, constatable en los restantes personajes de la novela, su autor había “olvidado” poner al lado de don Serapio. Era una Iglesia que, sorprendentemente ignorada en la novela, se negaba, ya durante la democracia, a dejar los locales parroquiales como lugar de reunión para asambleas “pro-amnistía” porque hacerlo chirriaba con las enseñanzas del Nazareno. O que invitaba a concentrarse, siempre que había un atentado, con Gesto por la Paz en la plaza del pueblo o repartía y llevaba el famoso lazo azul en protesta por el secuestro de personas. Y a la que, incluso, se había amenazado telefónicamente, se le habían pintado dianas en la parroquia y se la había saboteado en alguna misa por llamar a la movilización en contra de la violencia y en favor de la paz.

      Don Serapio había leído la declaración en la que ETA reconocía haber infringido “daño”, manifestaba su “respeto” por los muertos y heridos causados por sus “acciones” y pedía “perdón” a las víctimas que, ajenas al conflicto, había provocado. Cambiaba el escenario, se dijo este cura de novela: pasábamos de la violencia a la política. Algo era algo. Mejor dicho, era mucho y bueno.

  • “Con la Biblia y la Parabellum”

      Por su parte, esa Iglesia ignorada en la novela “Patria” se sintió concernida por el ensayo, publicado por Pedro Ontoso: “Con la Biblia y la Parabellum. Cuando la Iglesia vasca ponía una vela a Dios y otra al diablo”. La verdad es que en el título y en el subtítulo había más de exabrupto editorial y mediático que de rigor histórico. Sin embargo, su contenido le pareció más matizado, aunque, hubiera imprecisiones y errores de bulto. Pero, en todo caso, le encantó oír decir a su autor que la Iglesia vasca no era “uniforme” o que eran “injustos” quienes la acusaban “de haber sido cobarde”.

      Quienes, formando parte de esta Iglesia ignorada en “Patria”, acabaron de ojearlo, reconocieron haber estado lejanos a las víctimas, sobre todo, en los primeros años de la democracia, pero les molestaba que algunos partidarios del relato que se ofrecía en el libro les acusaran de “idolatrizar” (¡menuda palabra!) la nación vasca, su cultura, su lengua y sus instituciones. Muchos de ellos (no todos) se sentían nacionalistas vascos, de la misma manera que otros se sentían españoles, franceses o bielorrusos; pero no a cualquier precio. Por eso, no les cabía en la cabeza que se repartieran excomuniones a troche y moche o que sólo su nacionalismo fuera “idolátrico”.

      Como tampoco aceptaban que se les acusara de “no haber defendido la legalidad vigente” por ser partidarios (también en la actualidad) de un cambio constitucional en el que fuera posible, por ejemplo, un Estado confederal o federal. Si la soberanía residía en el pueblo, se dijeron, tendría que ir de “abajo a arriba” y no de “arriba a abajo” como lo venía siendo desde la Constitución de 1978. Contaban con la amistad de compañeros internacionalistas que les criticaban por entender que el nacionalismo era insolidario, pero a quienes también ellos acusaban de no dar con una propuesta equilibrada en la que su legítima reivindicación de la solidaridad no degenerara -como así creían percibir- en autoritarismo. En definitiva, que, leyendo el libro, se sintieron concernidos, pero no creyeron encontrar datos o argumentos nuevos para cambiar o modular su opinión.

 

El próximo capítulo

      He aquí, supongo que, simplificando, el contexto en el que entiendo el “affaire” de Mikel Azpeitia, el cura de Lemona, a quien D. Mario Iceta ha retirado “los oficios eclesiásticos”. Si no me equivoco, creo que tiene pendiente declarar en la Audiencia Nacional por una denuncia de otra asociación: “Dignidad y Justicia”.

      Será, sin duda alguna, otra página, una más, en esta lucha por socializar el relato de una Iglesia vasca connivente con los etarras e insensible a “todas las víctimas”.

21 comentarios

  • Ludovico

    A María Pilar e Iñaki, con afecto.

    Cada uno de nosotros ha expuesto sus experiencias personales. Las suyas, meritísimas y encomiables. Por eso, esta última aportación mío no quiere responder a nada, sólo indicar una posible visión de mayor vuelo o altura, de mayor distancia. Porque, no sé si lo he dicho aquí, también a mí vinieron a buscarme “dos chicos fornidos”, como dijo la vecina que los recibió y, por pura intuición femenina, dijo que me había ido de viaje. No era otra la razón, según la policía, que un comentario publicado en un medio de comunicación sobre el asesinato etarra del periodista José María Portell.

    Pero trascendamos los asuntos personales. Desde hace cuatro años, el Instituto de Historia Social Valentín de Foronda, adscrito a la Universidad del País Vasco, y la Fundación Centro Memorial de Víctimas del Terrorismo vienen estudiando toda la documentación disponibles, incluidos los testimonios personales, sobre el cómo y el porqué del terrorismo etarra. Una investigación científica, objetiva. El fruto de esa inquisición de profesionales es una rigurosa “Historia y memoria del terrorismo en el País Vasco”. Resulta interesante atender al respaldo social de esos asesinatos y de los asesinos. También a determinadas peculiaridades de ese respaldo social, del que, como hemos visto, no estaban ausentes los clérigos; por ejemplo, “todos los viernes, en las grandes capitales del País Vasco, oíamos, declara el profesor de historia en la Universidad del País Vasco coordinador de la obra mencionada, a decenas de miles gritar !Gora ETA! y !ETA mátalos!. Nunca hubo nada parecido en el ámbito de los otros terrorismos”.

    No sé si ese libro monumental entrará alguna vez en las bibliotecas del País Vasco, pese a estar elaborado por investigadores de allí. En este mundo cibernético el que domina las redes parece que tiene razón. Y todos sabemos quiénes, qué partidos, dominan las redes.

    Con todo mi afecto y respeto, María Pilar e Iñaki.

     

  • h.cadarso

    ¿Por qué no repasan ustedes la lista de obispos que  pastorearon la iglesia vasca durante el franquismo y siguen pastoreandola? Anes Franco influía en aquellos nombramientos, ahora no, pero ni Iceta, que se ha idod a Burgos, que fué canónigo de la mezquita de Córdoba, ni el de Radio María de San Sebastián, honran especialmente unas respuestas evangélicas al problema que tenemos entre manos.

    Permítanme también recordarles que el fenómeno de Eta coincidió con multitud de movimientos similares en Italia, Alemania y otros países europeos, y que hay que contemplarlos todos en conjunto como una enfermedad continental. Así quizá le quitaríamos al fenomeno de Eta una parte del vinagre que le reprochamos. La Iglesia, desde Roma hasta el último monaguillo, no fue siempre justa en sus relaciones con los nazis y falangistas.

    Los curas vascos de los años 60-70-80  etc nos ayudaron a los de toda España a superar el franquismo y tardofranquismo en que estuvimos metidos. Y un sector importante de los curas de toda España pidieron perdón por el excesivo sometimiento a los dictados de la dictadura franquista.

    Por favor, en este punto de distanciamiento en que estamos de aquellos errores, tengamos un mínimo de objetividad y desapasionamiento para juzgarlos. La Croix debería poner más atención en sus errores con los Lepen padre e hija en vez de hablar del vecino. ” En una alforja al hombre llevo los vicios: los míos atrás, los del vecino delante”. S´il vous plait!

  • Rodrigo Olvera

    Aquí puede leerse el artículo de Ernesr LLunch en que se refiere al atentado en que falleció la bebé Begoña Urroz.

    https://webs.ucm.es/info/especulo/numero16/e_lluch.html

     

    La fuente primaria de Llunch fue un estudio de José Antonio Pagola (en el momento de hacer el estudio y en el momento de pubicarse el artículo de LLunch, vicario general de San Sebastián), en que el afirmaba con cautela “parece ser que la primer víctima de una acción terrorista de ETA fue una niña de 22 meses Begoña Urroz Ibarrola…”

     

    Las demás fuentes del artículo de Llunch apuntan a atribuciones distintas: un genérico “separatistas y comunistas”, la combinación del Partido Comunista Francés y el Partido Comunista de España, o el Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación. Llunch afirma explícitamente “No hemos encontrado ni en Lazkao ni en publicaciones que ETA se atribuyera la colocación de bombas en en 1960”; para a continuación dar una posible explicación que permitiera atribuir a ETA este atentado: “El esperable resultado de una muerte especialmente repugnante debió conducir a una discresión absoluta”. [ Sin embargo, cuando LLunch escribió este artículo en 2000, ETA no había tenido problema ni discresión en atribuirse actos que produjeron muerte de niños].

     

    LLunch termina su artículo afirmando que ha podido obtener informaciones comprobatorias (de la responsabilidad de ETA en este atentado). Lo único que menciona, es que “la familia recibió versión oficial de la autoría de ETA…”.

     

    Contario a la afirmación de que la familia habría recibido versión oficial de la autoría de ETA, sólo ha habido una versión oficial hasta el informe del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo. Fue un comando de tres hombres: Reyes Marín Novoa, Arturo González-Mata Lledó, Guillermo Santoro Sánchez. Ninguno perteneciente a ETA, sino al Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación, bajo las órdenes de José Abderramán Murley Moré.

    https://www.efe.com/efe/espana/politica/la-hermana-de-begona-urroz-victima-del-dril-dice-que-el-perdon-es-posible/10002-4364902

     

    Es comprensible que Pagola dijera con cautela “parece ser que…”. Es incluso comprensible que Llunch en 2000 afirmara como un hecho cierto. Pero seguir afirmando en 2021 que Begoña fue la primer víctima de ETA es desactualizado, y desafortunado. Nada de ésto que digo debe leerse como minimizar el carácter de organización terrorista de ETA.

     

  • mª pilar

    Esto es una confesión personal, que dedico especialmente a:  Ludovico:

    Durante nuestra dura dictadura, ya se preocupó el dictador, de que las Universidades en el País Vasco no funcionaran.

    Por ello, dada mi gran familia, varios primos míos estudiaron sus carreras en Zaragoza viviendo en nuestra casa; Medicina, Veterinaria, Física y Química, y varios estudios que no puedo recordar como se les llamaba entonces, si recuerdo, que eran estudios universitarios.

    Cuando era niña, estudiaban en casa las tres primeras carreras, y el que estudiaba Veterinaria, era detective en el País Vasco y estudiaba con una licencia especial;  su auténtica vocación era Veterinaria.

    Cuando Eta empezó a asesinar cruelmente, empezó por los industriales vascos; en represalia, la policía endureció sus métodos a gran escala, causando un daño irreparable, que jamás obtuvo como respuesta, una bajada de los asesinatos. Entonces, empezaron a caer policías y guardiaciviles cada día.

    Mi primo por aquel entonces ya había terminado su carrera y volvió a casa; al ver aquélla masacre dentro de la policía, renunció a su puesto ya que no conseguía un comportamiento más humano; lo llamaban el “angel de la guarda de la comisaría”, porque cuando estaba de servicio, los tratos aberrantes no los permitía; viendo que no conseguía nada, dejó su puesto. Hizo oposiciones para ejercer como Veterinario que es lo que le  apasionaba y consiguió lo que soñaba.

    Cuando venía a vernos…y lo hacía muy ha menudo, porque se enamoró… y nos contaba, que aquello no tendría fin, porque ambas partes mataban sin sentido a sus “enemigos”. Ambas partes mataban sin piedad y ambas partes tomaron un camino equivocado para conseguir sus fines.

    Una mañana, “al día siguiente de su jubilación”, después de una despedida  muy emotiva porque todo el personal le quería muchísimo, llamó a su puerta la Sña. que regía la portería, al extrañarse él, preguntó sin abrir que pasaba, y la mujer llorando le dijo que su marido necesitaba ayuda, que algo le estaba pasando, mi primo abrió  inmediatamente la puerta, en ese momento aparecieron dos jóvenes, y sin mediar palabra le dispararon en la cabeza dos tiros.

    Su despedida fue emocionante y multitudinaria, yo estuve allí y lo puedo afirmar; algún primo dijo algo… sin ningún conocimiento de como era Pedro… y le dije:

    ¿Tú lo conoces, lo has tratado? ¡Yo si!

    Y nada tiene que ver tus pensamientos con la vida de Pedro, bajó la cabeza y guardó silencio.

    Ambas partes…asesinaron sin razón alguna…nunca se cuenta la historia como es o como fue; unas personas porque se creen especiales y mejores que otras y quieren por encima de todo salir vencedores; otras, que por apatía callan; entonces la lucha está servida; y siempre, siempre, hay una injusticia rondando.

    Un abrazo entrañable.

    • Asun Poudereux

      Muchas gracias, querida Pili. Es muy aleccionador lo que nos has compartido. Tienes sentimientos, lucidez y a la vez mucha fuerza interior.

      Un abrazo entrañable.

    • Ludovico

      Estremecedor relato María Pilar el relato del asesinato de tu primo. Tú habrás perdonado a los asesinos, pero la justicia debe proceder. Y la justicia necesita de la policía. Las técnicas de la policía no son, en ningún país, un modelo de respeto a los derechos humanos. Pero no olvidemos que son el brazo de la ley. Y es a los jueces a los que compete conocer, juzgar y castigar si se han extralimitado. Pero no es justo poner a policías y asesinos en el mismo nivel. Lo que no obsta para que el policía pueda convertise a veces en asesino, como el caso que despertó el movimiento “Black lives matter”, las vidas de los negros importan. Tengo grabadas las imágenes del joven negro y sus angustiosas plabaras.”I can´t breathe! (no puedo respirar, me ahogo).

      Sólo por respeto a la verdad. La falta de universidad en el País Vasco no tiene nada que ver con Franco. Se siguió en la creación de los así llamados distritos una planilla histórica. Tampoco Navarra tenía hasta que el Opus Dei creó una suya privada. Y sí la tenía Oviedo, por ejemplo. O Murcia, pero no Extremadura. No la tenía Baleares y sí Canarias (La Laguna).

      Fue en la democracia cuando cada provincia empezó a reclamar su universidad. Lo cual fue un auténtico disparate, por que el nivel bajó en picado, pues un buen profesor universitario no se improvisa de la noche a la mañana.

      Sin embargo, María Pilar, el País Vasco tuvo una avanzadilla de facultades técnicas en el siglo XVIII con el patrocinio del rey de España. En Vergara existía el Colegio de Nobles, donde se formaban militares (artilleros, sobre todo), grandes funcionarios y futuros empresarios. Fue una creación de los Caballeritos de Azcoitia. Los Elhuyar, riojanos, le dieron especial esplendor. Recuérdese que Fausto descubrió el Wolframio. Se empeñó el monarca en traer lo mejor de Europa en química. Y así llegó Proust. Esa hermosa página no se la habrán enseñado, como tampoco quizá otra anterior, esta del siglo XVI, cuando la administración del imperio español (gabinete de Felipe II) era patrimonio de los vascos.

      Pero volvamos a ETA. Como el polícía asesino, sin duda habría policías y guardias civiles que no les anduvieron en la zaga en punto a crueldad. Pero no eran dos fuerzas enemigas. Eran unos asesinos y unos policías. A veces asesinos con saña y policías sanguinarios. El primer asesinado por ETA no fue Melitón Manzanas, fue un niño de dos años. Estaba investigando el caso Ernest Lluch cuando ETA lo abatió en el parking de su casa. Lluch era uno de los hombres partidarios del diálogo.

      No podemos abdicar de la justicia –faltan trescientos asesinatos por aclarar–, ni admitir que los asesinos fueran maquis antifranquistas. Eran asesinos tout court. Y el clero que los disculpaba, cómplices miserables.

      • mª pilar

        Gracias por su respuesta.

        Pero he de decir con todo el respeto, que mi mirada, difiere de la suya, lo viví directamente.

        Gracias de corazón.

    • Iñaki SS

      Hola Mª Pilar
      Me sumo al comentario de Asun.
      Dicho esto, retengo de las últimas líneas de tu confesión personal: “Nunca se cuenta la historia como es o como fue…. la lucha está servida y siempre, siempre, hay una injusticia rondando”.
      Esto es precisamente lo que me duele. La incapacidad de ponernos de acuerdo en torno a un único relato que refleje, lo mejor posible, la realidad de lo ocurrido de los últimos 100 años en España, en general y en Euskal Herria en particular.
      Mi visión particular de la mencionada realidad seguro que tiene también un valor relativo. Muy probablemente está marcada por el hecho de haber nacido en 1938, a un par de km. de Gernika, haberme casado con una chavalita de Otxandio y haber vivido, hasta hoy, en el triángulo Gernika -Bilbao – Otxandio. Puedes imaginarte la cantidad de personas conocidas, a las que les tocó sufrir lo indecible tras los bombardeos del 36.
      Quiza las heridas están aun demasiado abiertas, como para pretender llegar a un único relato. Una verdad asumible por todos.

      Un abrazo

      • mª pilar

        Hola Iñaki, totalmente de acuerdo.

        Mi tercer hijo vive en Bilbao con su familia; he viajado mucho cunado nacieron las mellizas…ahora menos…se notan los años, así, que vienen ellos, bueno ahora llevamos un año sin vernos.

        Si, el dolor es demasiado grande, y las cicatrices tardan en desaparecer…en algunos casos…casi imposible, aunque tengan un gran deseo de conseguirlo.

        Gracias Iñaki, te he sentido muy cercano gracias por todo.

        Un abrazo entrañable y agradecido.

  • Iñaki SS

    Buen portal este de ATRIO para debatir, sin acritud, sobre un tema tan vidrioso como los más o menos cincuenta años de actividad de ETA.

    Mencionar la lucha por el relato ya pone en evidencia la existencia de, al menos, un par de ellos totalmente antagónicos. ETA: ¿Movimiento de Liberación Nacional Vasco o terrorismo criminal puro y duro?. Dos relatos para una única realidad, que dada nuestra capacidad de discernimiento débil y errabunda, mencionada por Isidoro, seguro que están cargados de interpretaciones partidistas. ¿Cómo avanzar hacia un relato en el que, unos y otros, vayamos equivocándonos menos y menos?.

    Un cordial saludo

  • Isidoro

    A mí el tema de cierta parte de la Iglesia vasca en el tema del terrorismo-lucha nacional vasca, me sirve de lección, (una más por si fuera necesaria, porque los humanos no aprendemos nunca a la primera), sobre la aplicación general de una ideología religiosa determinada, (en este caso el cristianismo), a un problema humano concreto, ya sea estrictamente político o económico, etc.

    Se vio, y se sigue viendo, tanto en el tema vasco, como en el catalán, como en juicios sobre el sistema económico, (“el capitalismo, mata”), etc.

    Y en ellos se ve, como personas muy bienintencionadas, con largos estudios religiosos e interpretativos de los “textos sagrados”, utilizan dichas creencias e interpretaciones personales, como argumento de fuerza, para discernimientos sobre temas laicos, culturales y “civiles”.

    Y claro, solo con la buena voluntad, (que a todos se les presupone como el valor en la mili), unos muy buenos deseos, y una interpretación personal de unos textos, (muy dudosos ya desde siempre, y que han dado origen a millones de interpretaciones divergentes en el pasado y en el presente), no basta para garantizar la calidad de unos discernimientos morales personales.

    Y así la historia está repleta de “meteduras de pata” de clérigos muy versados en lo suyo, en cuestiones civiles, (Papas incluído, como no podía ser de otra forma).

    Con esto no digo que las personas con creencias religiosas, no pueden y hasta deben, tomar posturas política concretas, que unas veces serán acertadas y otras erróneas.

    Pero el gran error es suponer que la creencia religiosa personal, es un argumento importante de refuerzo, en esa labor de discernimiento personal.

    Esa es uno de mis mayores argumentos contra la Teología de la Liberación, que no consiste más que en un intentar alcanzar una seguridad en discernimientos civiles, similar a la “seguridad absoluta” que nos promete la fe en asuntos religiosos.

    Nuestra capacidad de discernimiento, es muy débil y errabunda. Como decía Santo Tomás: “La esencia, (naturaleza), de las cosas nos es desconocida, porque las más de las veces, se mezcla la falsedad en nuestra investigación de la verdad, por dos causas: la debilidad de nuestro entendimiento, y la confusión de las imágenes que nos forjamos”.

    Como dice Jorge Wagensberg: “Una idea es solo una sospecha de conocimiento”.

    Y ante la constatación de esa debilidad de discernimiento, y la ansiedad que eso nos genera, imperiosamente necesitamos certezas, debido a nuestras inseguridades. (“Toda certeza es una duda, unida a problemas de autoestima”. Twiter-Estraven).

    Y así caemos fácilmente en la tentación de buscar seguridades absolutas, que nos den seguridad de juicio, afianzando nuestros argumentos culturales dudosos, (como lo son todos los que cada uno opinamos).

    Y para ello nos apoyamos en una interpretación de nuestra religión, muchas veces abusando y estirando ad hoc, los textos. (El “autoengaño delirante” sigue atacando).

    Desgraciadamente, el buen discernimiento, no lo garantiza ningún texto sagrado, ni siquiera ningún método de ascesis “santificadora”, ni siquiera el moderno proceso de “ampliación de la conciencia”, o “crecimiento personal”.

    Sin duda, parecería que cuanto mas avancemos en el proceso de crecimiento de la sabiduría personal o maduración humana, tendremos menos posibilidades de cometer errores de gran bulto.

    Ya se sabe, que la sabiduría es “equivocarse, y equivocarse, y equivocarse. Pero cada vez menos, y menos, y menos…”.

    Si Gandhi, o Martin Luther King, o Thomas Merton, fueron lo que fueron, sendos faros y ejemplos de sabiduría personal, no lo fueron en función de su confesión religiosa, (hindú, o cristiano protestante, o católico trapense), sino muy posiblemente, a pesar de esa confesión.

    Con su alto nivel de maduración humana, (no exenta de defectos personales varios), consiguieron evitar los sesgos, que sus respectivas confesiones les contagiaron, pero que ellos, con su desarrollo personal, consiguieron evitar y trascender.

    Ya decía Kant: “Se mide la inteligencia de un individuo, por la cantidad de incertidumbres que es capaz de soportar”.

  • Juan A. Vinagre Oviedo

    No tengo una información suficientemente contrastada, como me gustaría, para opinar sobre determinadas personas concretas, sean clérigos o no, que de alguna manera han intervenido en el conflicto vasco (y en otros parecidos, también hoy.)   Por eso solo me atrevo a dar una opinión muy general acerca del tema.

    Pues bien, en estos casos -y sin olvidarme de que todos llevamos, en mayor o menor medida, un homo dominado por su circunstancia emocional-, me pregunto qué debe ser lo más importante para un servidor del Reino -empezando por obispos y presbíteros y religiosos-: El Evangelio y sus principios fundamentales o las tradiciones, la “historia” (muchas veces mitificada) y la “genética” de un pueblo… En otros términos, me pregunto que si las palabras de Jesús: “Dios y dinero no son compatibles”, pueden ser aplicables de alguna manera -y con las reservas sensatas oportunas- a “Dios y la patria mitificada”, a veces chiquita, que discrimina u obliga a pensar en una sola dirección, son también de alguna manera poco compatibles con algunos valores del Reino. Jesús era poco amigo de tradiciones que sometían al hombre o alteraban el orden de esos valores, poniendo el sábado sacralizado por encima de las personas o de las vidas, incluso inocentes, añadiría en el contexto de hoy…

    Quiero decir que a veces se imponen tradiciones o historias mitificadas, como sábados sagrados e intocables, a los que el hombre-mujer deben someterse…   Esos sábados sagrados son incompatibles con los valores del Reino de Jesús. Por eso, chirría mucho cuando algunos o muchos clérigos amparan esos sábados y los anteponen al gran valor que es el ser humano y reducen la  fraternidad a un gueto…  De ahí que no entienda que clérigos y religiosos nacionalistas antepongan este sábado, y se nieguen a unirse con los vecinos, porque no son nacionalistas; más: porque ellos no son españoles…  (Estoy pensando en casos concretos, que no voy a citar, pero que no invento, créanme.) Por eso, de nuevo me pregunto: En estos casos, qué es lo primero, qué valor pesa más en su conducta y/o en sus homilías…, cuando saben que también los escuchan fieles que no piensan así ni quieren mezclar Dios y patria…

    Cuando pienso en estos casos, termino diciéndome que, como cristianos, están, estamos a medio convertir, y por eso compaginamos trono-patria y altar, historia vista a muy corto plazo, (contaminada con mitos que excluyen o se imponen), con Evangelio…  Y esto debería hacernos pensar… Lo secundario -la diversidad, por ejemplo, aunque sea muy respetable- no debería prevalecer sobre valores fundamentales…

  • h.cadarso

    Amigo Jesús: Gracias por tu valor en poner sobre el tapete este drama de la iglesia y del pueblo vasco. Lo viví de cerca como consiliario de JOC y HoAc en la Rioja, desde los años 80  estoy en Euskadi y me duele en el alma al ver cuántos sacerdotes vascos han abandonado no solo el sacerdocio sino a la iglesia y quizá la fe ante la falta de compromiso de la iglesia jerárquica con su clero y con los problemas de Euskadi.

    Iceta, Morcillo, y otros obispos vascos han tomado partido por los gobiernos de Madrid y callado ante las acciones injustificables de la fuerzas del orden que, no las voy a contar, quizá podría admitir que fueron pocas, y han demostrado casi ninguna cercanía a los curas represaliados, a los encarcelados en la cárcel de curas de Zamora…

    Me gustaría pedir a los que han abandonado el sacerdocio y quizá a la iglesia y su fe cristiana, que reconsideren esas decisiones y nos hagan en ese momento de puente para superar de una vez un problema que siempre será absurdo e injustificable, y  pedir a la jerarquía de Roma y de nuestro país que reconozca también sus faltas. Me gustaría recordar que un exsacerdote represaliado por su obispo, al que conocí y admiré unos meses antes de su muerte, que recibió el homenaje de sus exsacerdotes amigos alejados de la iglesia, y al que solo asistimos como sacerdotes de su parroquia uno que todavía está en activo y yo que me secularicé, pero me sigo sintiendo sacerdote, pero no cura, y del que no quisieron participar los que formaban parte de su misma parroquia, arrojó de su  habitación. Mi amigo reprochó a su obispo la hipocresía con que venía a visitarle después de haberle desacreditado y condenado por su actividad sacerdotal.

    Todo esto es muy doloroso, y todos deberíamos intentar superarlo, somos parte del conflicto, y tenemos una responsabilidad de ayudar a superarlo como sacerdotes y cristianos, y como ciudadanos mínimamente civilizados.

    .

     

    aandonado el sacerdocio

    • Iñaki SS

      Totalmente de acuerdo, amigo Honorio. A ver si volvemos a vernos algún día, después de haber sobrevivido a este covid/19 de nuestros dolores.
      Un saludo cordial

  • Iñaki SS

    Hola Ludovico

    Repites machaconamente un relato excesivamente español, cerrado a cal y canto, sin hacer un mínimo esfuerzo de comprensión del relato que, puedes suponer,  está en la mente de una gran mayoria del pueblo vasco. A un intelectual de tu nivel habría que pedirle un poquito menos de visceralidad.

    Te lo digo con cariño y sin ánimo de polemizar, impactado por tu última frase:

    Hubo mucha sangre derramada y mucha untuosa exculpación……..también en  los bombardeos de Gernika,  Durango,  Otxandio …..añado yo.

    A mis 83 años no puedo olvidar el relato de quienes sobrevivieron a las bombas.

    Por cierto, mi hermana mayor, un carmelita de 93 años, aún en muy buena forma, conocía muy bien a Setien y siempre me dijo que era un obispo extraordinariamente bueno, en todos los sentidos.

    Un cordial saludo

     

    • Ludovico

      Querido Iñaki, tiene usted también todo mi cariño. No, no vamos a polemizar. Pero mi aversión a los separatismos no nace de víscera alguna, salvo la cerebral, las sinapsis del córtex. Es doctrina social recogida por la Iglesia. Cuando, en esta tierra donde habito, los secesionistas me hablan de odio a lo catalán suelo enviarlos a textos del Institut d´Estudis Catalans y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, donde se habla del esfuerzo desinteresado (no remunerado) por la conservación y desarrollo de la cultura catalana. No sabe hasta qué punto me he empeñado en hacer lo mismo con la cultura vasca. No es españolismo que dice usted, entre otras cosas porque en mi españolismo entra de pleno derecho las peculiaridades de cada zona. Lo importante, a la postre, son las personas. Y usted me merece un inmenso respeto y ha despertado un sincero cariño. Suyo, L.

  • Ludovico

    Cada uno habla de la feria según le va en ella. No he estado nunca en el País Vasco. Tengo comprometida una comida con un vicelendakari, premio Príncipe de Asturias y físico eminente, en san Sebastián, que seguramente nunca celebraremos. Guardo como oro en paño un original de Koldo Mitxelena sobre el origen del vasco. Sobre su redacción estábamos discutiendo cuando le sobrevino la muerte. Tenía que haber ido a Donosti, pero un accidente de tráfico con un autobús me retuvo en el hospital. Tenía el billete sacado. Nunca fui al País Vasco. Tengo un ahijado, nieto de vascos exiliados en México, natural de Mutriku. Pero nunca estuve en el País Vasco.

    Y, sin embargo, mi vida, como la de muchos españoles, estuvo de alguna manera relacionada con el País Vasco, con vascos, para ser más preciso. Compañeros en la facultad, cuando no había Universidad allí todavía. Solidaridad y rabia cuando, día a día, te desayunabas con un acto de terrorismo. Moría uno, dos, cinco, veinte. Guardias civiles, soldados, policías, paisanos, incluso niños. Demasiados niños. Hipercor. Cuartel de Vich. Hotel de Zaragoza.

    ¿Qué decían los curas? ¿Qué decían los obispos? Cosas miserables, propias de corazones endurecidos. Y no sólo lo que decían, lo que hacían. Ni un funeral en lo templos, o a hurtadillas. Ninguna lágrima por tanta sangre derramada. En cambio, visita a los prestes colaboradores. Setién y su arcipreste, encarcelado por dar cobijo a un par de asesinos.

    Hablo por experiencia propia. No de oídas. Salvo en este caso: Jacinto Argaya, obispo de san Sebastián se quejaba a un sacerdote valenciano (en Valencia había sido auxiliar del arzobispo Marcelino Oleaechea) de que Setién le llevaba por la calle de la amargura. La fuente es directa. Pero como no voy a citar el nombre del destinatario de la confesión, puede darse por no mencionada. Mi experiencia directa con Setién arranca de un escrito de Tellechea (el biógrafo eximio de Carranza), en que cuenta su viaje a Roma con Setién. Siguió luego con sus textos en Lumen. Y sus homilías cuando se destapó y enseñó sus manos ensangrentadas: atenuar los asesinatos con la famosa violencia venga de donde venga, como si la violencia del estado fuera un asesinato como los de sus hijos queridos, recuérdese la infame respuesta a María San Gil. ¿Quién no se avergonzó, se le encendió la sangre, ante la fotografía de un Setién despectivo ante el grupo de valientes defensores de los derechos humanos, camino él de la catedral del Buen Pastor. ¿Quién no recordó el canto litúrgico “Con vosotros está”, cuando se dice aquello aquello tenía prisa por llegar al templo?

    Contaré otra experiencia, muy significativa. Estaba en la mili. Meses antes del asesinato de Carrero. Al despacho del general de la división llegó un sobre sellado del ministerio del ejército. (Me parece que el ministro era Arenas, pero no podría jurarlo.) Decía: “alerta a las unidades, los obispos vascos se han reunido con Setién en Loyola”. Ante un comentario del teniente coronel ayudante me atreví a decir: estarán de ejercicios espirituales. Lo dije tal cual porque aún lo creía. Luego vas mirando y, casualidades, reuniones, actos criminales y exculpación de los actos. Una exculpación a lo cura, a lo jesuita, por decirlo con lenguaje anticlerical, es decir, con palabras mendaces que suenan evangélicas y pacificadoras. Empecé, como muchos otros, a esperar la cobertura episcopal, clerical, tras sonados atentados.

    Tengo sobre mi mesa un libro, “Just Deserts”, que es un debate sobre el libre albedrío entre Daniel C. Dennett y Gregg D. Caruso, dos figuras preeminentes en la materia como es sabido. En un momento del debate hablan de los explicaciones retrospectivas, es decir, a toro pasado. Es el relato famoso, al que quieren acomodarse aquellos años de plomo y sangre, aquellas conductas cómplices de ensotanados. La reinterpretación de la historia que todos hemos vivido.

    Hablar de conflicto político es una perversión del lenguaje. Para aclarar los términos emplazó Fernando Savater a Setién. Y lo desnudó. No fue esa la tesis que se expandió por el país Vasco y se quiso vender en el resto de España, a través de Arzallus y de ciertos jesuitas de Sant Cugat. También de ello fui testigo directo.

    Hubo mucha sangre derramada y mucha untuosa exculpación.

     

     

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