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Ecuador: El rescate del futuro

 Por Nacho Dueñas, cantautor e historiador

            Rafael Correa gobernó durante 10 años hasta su retirada en 2017, tras haber ganado unas 10 consultas electorales y mantener cerca del 55% de aprobación popular. Prometió abrir un proceso constituyente, luchar contra la pobreza, combatir el fraude y la corrupción y cerrar la base militar norteamericana de Manta. Cumplió todas sus promesas. Tras su retirada, delegó en Lenín Moreno, quien se reveló como un traidor, un corrupto y un incompetente. En las presentes elecciones se juega el retorno de la Revolución Ciudadana.

En la primera vuelta de estos comicios, el verdadero ganador, si se analiza de modo profundo y contextualizado, fue Rafael Correa. Así, tras sufrir un hostigamiento interdimensional de cuatro años, logró, por medio de su delfín, el tándem Arauz-Rabascal, sacar unos 13 puntos de diferencia al siguiente contendiente. Dicho hostigamiento consistió en los siguientes elementos:

  • Silenciamiento mediático total de su actividad y la de su agrupación política.
  • Persecución administrativa a dicha agrupación política, negando hasta 3 veces la inscripción mediante todo tipo de trucos y trampas absurdas y ridículas, con lo cual perdieron un tiempo precioso para organizarse de cara a los presentes comicios.
  • Persecución judicial o lawfare, consistente en ejecutar montajes procesales mediante falsas acusaciones por parte de jueces corruptos. Así, Jorge Glas fue condenado sin pruebas y aplicándosele un código derogado, y a Rafael Correa se le condenó por el delito de “influjo psíquico” (¿?) en una supuesta malversación de 6.000 dólares, cuya falsedad quedó demostrada.
  • Persecución mediática, consistente en un sistemático linchamiento desde todo medio de prensa virtual, físico, escrito, radiofónico o televisivo, contra la figura de Rafael Correa y su movimiento político para, sin fundamento ni rigurosidad alguna, hacerle pasar por dictador, corrupto, neoliberal, represor, y cuanto adjetivo descalificativo se le ocurriese a sus adversarios.

De este modo, con todos los vientos en contra, sin tiempo, con buena parte de la dirigencia procesada, condenada o exiliada (Sofía Espín, Gabriela Rivadeneira, Fernando Alvarado, Vinicio Alvarado, Ricardo Patiño, Jorge Glas, el propio Rafael Correa…), careciendo de gran presupuesto, y con el hostigamiento interdimensional anteriormente explicado, se logró sacar hasta 13 puntos a su siguiente contendiente.

En segundo y tercer lugar, en empate técnico (unos 0’30 puntos de diferencia), se encuentran el banquero Guillermo Lasso y el indigenista y ecologista Yaku Pérez. El primero de ellos, Lasso, responsable político y económico del feriado bancario de 1999 (que provocó el expolio del 70% de los ahorros de los ecuatorianos, la caída del 70% de la población bajo el umbral de la pobreza, y la emigración de 2 millones de compatriotas), ha dilapidado la fuerza electoral de la derecha neoliberal, pasando del 55% de los votos en 2017 (segunda vuelta) al 19% en 2021 (primera vuelta).

El segundo, Pérez, puede ser considerado como un falso izquierdista, por haber pedido el voto para la derecha en 2017 (“prefiero un banquero a un dictador”, afirmó refiriéndose a Lasso y a Correa), haber ayudado a abortar el levantamiento indígena de 2020 cuando Lenín Moreno estaba a punto de huir; o por proponer, dentro de su programa electoral presente, la retirada del impuesto a la salida de capitales (en sintonía con la ideología neoliberal). No en vano, Lasso anunció en su momento que apoyaría a Yaku en la segunda vuelta. Por algo será.

Mientras este artículo se está redactando, falta por computar el 0,02 de los votos, por lo que Lasso es ya matemáticamente vencedor, y el CNE (máxima autoridad electoral del país) ha desestimado por pasiva la demanda de Yaku de revisar voto por voto en determinadas provincias, mientras denuncia fraude sin pruebas ni argumentos de peso, echando a los suyos a las calles a protestar. Esta postura, que puede generar violencia, ha sido denunciada por su contendiente, el líder derechista y neoliberal, quien a su vez olvida cómo en 2017 él hizo absolutamente lo mismo, y que como solución, Correa decidió recontar voto a voto, garantizando la limpieza de los comicios.

No obstante, pendiente de la confirmación oficial del CNE, todo apunta a que Lasso será finalmente el que pasará a la segunda vuelta a batirse contra Arauz, candidato de Correa. Esto facilitará la victoria de la Revolución Ciudadana, en detrimento del banquero neoliberal, por las siguientes razones:

  • Lasso está políticamente quemado, está errando su gestión de la presente crisis del empate técnico, y no tiene presencia para confrontar con Arauz, éste a su vez apoyado por Correa. De hecho, ha pasado de obtener, repetimos, un 55% de votos en 2017 a tener un 19% en 2021, toda vez que para la segunda vuelta no hay otras agrupaciones derechistas de donde arrancar votos.
  • La gestión neoliberal que él representa ha quedado totalmente desprestigiada por la presidencia de Lenín Moreno, tan corrupto como incompetente, por lo que su aprobación popular, que llegó a contar con el 75% de la población, hoy se encuentra en torno al 5%, debido al aumento de la pobreza (del 22% en 2017 al 36% en 2021), los recortes sociales, el mayor peso de la deuda, y los casos de corrupción política, jurídica, económica e institucional. Todo esto ha provocado el malestar de la ciudadanía, expresado mediante el levantamiento de octubre de 2020, y probablemente con el voto a favor de Arauz y Rabascal en la segunda vuelta de las presentes elecciones.
  • Si en lugar de ganar Lasso el pase a la segunda vuelta ganase Yaku, la victoria de la opción correista se complicaría, pues su discurso izquierdista le robaría muchos votos a Arauz, a la vez que recibiría muchos más desde el anticorreismo no neoliberal, que es considerable.

Partiendo de la hipótesis de que Lasso pase a la segunda vuelta, la victoria de Arauz es más que probable, por las siguientes razones:

  • El voto neoliberal prácticamente ha tocado techo.
  • Yaku ha afirmado que no va a apoyar a Lasso, y aunque luego tal vez lo haga, el voto no neoliberal de Yaku (izquierdistas desencantados con Correa o confundidos por Lasso) preferirá a Correa antes que a Lasso.
  • La campaña de Arauz, personaje nuevo y carismático, presentará a éste como a un joven dinámico, idealista y buen administrador, y no asociado a la “vieja guardia” del correismo; y a Lasso, persona de escaso carisma, como a alguien mayor, cansado y mediáticamente quemado (pese a su prensa y su dinero).
  • Asimismo, la campaña de Arauz, y ésta tal vez sea la clave del éxito, se planteará desde el pragmatismo, apelando a la siguiente pregunta: “¿cuándo se vivió mejor, con Correa o antes y después?”. De este modo, no solo las masas que con Correa salieron de la pobreza (dos millones de ecuatorianos), sino las clases dominantes (cuya ganancia se triplicó), votarán a Arauz. Esto será así porque en la primera vuelta se vota en función de las simpatías y de las ideologías, pero en la segunda se impone el realismo, pues ya el que gane será presidente.

Consideramos que la victoria de Arauz es lo mejor que le puede pasar al Ecuador, al retornar a la senda de la Revolución Ciudadana impulsada por Rafael Correa, entre cuyos logros ingentes, éstos fueron los principales:

  • Descenso de la pobreza del 38% en 2007 al 22% en 2017, y de la extrema pobreza de 14% al 7% en el mismo lapso de tiempo, según la CEPAL.
  • Disminución de la mendicidad en un 60%, según el INEC.
  • Crecimiento del PIB en torno al 4.3 % de media, según el FMI, por encima de la media latinoamericana.
  • Consideración de ser el tercer país menos desigual de América Latina, según la Unesco.
  • Construcción de la mejor red de carreteras e infraestructuras de todo el subcontinente.
  • Aumento de todos los indicadores referentes a la seguridad ciudadana.
  • Desarrollo de una incipiente revolución educativa a todos los niveles, desde inicial hasta la universidad.
  • Ampliación de la salud pública y gratuita, y de los sueldos y las pensiones, en calidad y beneficiarios, gracias a la novedosa tasa impositiva a las grandes fortunas (algo inédito en el país).

De este modo, la persona de Arauz, contando con el apoyo y la asesoría de Correa, si gana, puede volver a enrumbar a Ecuador a la senda cuya meta es la erradicación de la pobreza, la miseria y la desnutrición, así como el cambio de la matriz productiva. Esto último consiste en pasar del extractivismo contaminante a la sociedad del conocimiento, respetuoso con el medio ambiente y generador de un mayor valor agregado. O como dice Rene Ramírez, “pasar de la manufactura a la mentefactura”.

En definitiva, si vence Arauz y aplica bien su programa, y la Revolución Ciudadana goza de la aprobación de la ciudadanía en las sucesivas elecciones, en un par de décadas Ecuador puede ser el primer país del mundo en erradicar la pobreza. Ello posibilitará que los ecuatorianos (y en especial los niños) sean más felices, buenos, sabios y alegres, ofreciendo un buen ejemplo para América Latina y el mundo. Así se cumplirá el sueño de Rafael Correa de ver “una patria sin miseria, y sin niños en la calle (…), una patria sin opulencia, pero digna y feliz, repartida entre todos y todas”.

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