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Homo ¿Sapiens?

       Según dicen la especie humana ha ido evolucionando hasta llegar al Homo Sapiens, ¡¡El Hombre Sabio!! Pero lanzando una mirada al mundo creado por esta especie, encontramos sobrados motivos para poner lo de sapiens entre interrogaciones. No voy a extenderme en recordar todos los disparates que la especie humana está haciendo actualmente, desde cargarse el medioambiente que nos sustenta hasta fomentar un clima de enfrentamiento universal, que llaman competitividad y dicen que es muy bueno para el desarrollo económico. Por no hablar de la brutal desigualdad que condena a la miseria a una buena parte de la humanidad.

      No cabe duda de que este rumbo emprendido por la humanidad en la actualidad está claramente impulsado por el sistema capitalista, que se presenta como un sistema económico, pero que está construido sobre una filosofía y una antropología determinadas, sobre una concepción del ser humano y del mundo. El gran éxito de este sistema es que ha introducido en la sociedad una mentalidad y una cultura, que consiguen hacer invisible para gran parte de los seres humanos la formidable irracionalidad que encierra el capitalismo. Y en consecuencia, se amontonan en la sociedad una serie aspectos demenciales y absurdos que nos parecerían inconcebibles en la vida ordinaria de una persona más o menos normal.

      Por ejemplo, ¿podemos imaginar una familia numerosa, con unos recursos económicos limitados, donde el padre esté continuamente impulsando a la esposa y los hijos a comprar y comprar sin límites? Y para que no se cansen de comprar, el padre no deja a los hijos disfrutar en paz de lo que tienen, sino que continuamente les está creando nuevos deseos, presentándoles tentadoras ofertas, estimulando nuevas apetencias, haciendo que pongan su atención en todo lo nuevo que aparece en el mercado, y ofreciéndoselo de la manera más atractiva. Diríamos que puestos a imaginar, se puede imaginar cualquier cosa. Pero que esa familia es eso, pura imaginación. No se puede actuar de una forma tan absurda.

      Efectivamente es difícil que haya una familia tan loca, pero sí que hay un sistema económico que sufre esa peligrosa demencia: el capitalismo. En el mundo se gastan aproximadamente unos quinientos mil millones de dólares anuales en impulsar el deseo de consumo de los seres humanos. Quinientos mil millones de dólares es lo que se invierte anualmente en publicidad. Podrán decir que la publicidad lo que pretende es informar, o que compremos una marca y no otra. Vale, pero en el fondo de todos los anuncios está el mismo objetivo: movernos a comprar, gastar, consumir más y más… en un planeta de recursos limitados que se acercan al agotamiento.

       Desde que existe, el género humano −igual que todas las especies animales que nos han precedido− ha dedicado lo fundamental de su actividad a la satisfacción de sus necesidades de todo tipo. Algunas son imprescindibles para la supervivencia. Además, experimentar cualquier necesidad causa una cierta sensación de inquietud y malestar que nos empuja a cubrir esa necesidad. Para el bienestar humano es, pues, fundamental satisfacer las necesidades que se van presentando. Pues nos encontramos con que actualmente la actividad básica para que funcione el sistema capitalista es la industria de la creación de necesidades, lo cual supone el fomento de la insatisfacción y el malestar consiguiente. La publicidad hoy es la actividad central del sistema: el arte de crear necesidades. Cada anuncio nos invita a comprar una marca, Pero todo el conjunto dela publicidad, los miles de spots que nos bombardean continuamente presentando la compra de algo como el pasaporte a la felicidad, crean la adición al consumo, lo convierten en una verdadera droga. Droga legal y respetable, pero droga al fin y al cabo, con todas las consecuencias de una droga destructiva.

      Otro de los grandes –y falsos– mitos del sistema es la competencia. Para el capitalismo lo mejor que se puede ser es muy competitivo. Pero la competencia, sobre todo si se entiende con ese carácter absoluto con que lo hace el capitalismo, nos mete en una espiral endiablada, en una lucha constante de todos contra todos en la que no hay la más mínima tregua, y que nos impide orientar el crecimiento económico y las mejoras tecnológicas a favor de una vida más placentera. La competencia no nos permite bajar la guardia ni rebajar la tensión. Nos empuja a la ansiedad constante, y lo único que el sistema nos permite es la diversión, el aturdimiento que nos haga olvidarnos de la dura realidad. Eso sí, divertirse consumiendo, sea lo que sea. Y una diversión lo más alienante posible, no se nos vaya a pasar por la cabeza cualquier pensamiento crítico con el sistema.

      Bueno, por hoy ya está bien de meterme con el capitalismo. Otro día sigo.

10 comentarios

  • M.Luisa

    Me encanta, siempre que aparecen estos temas,  el entusiasmo  y la persistencia con la que el  amigo Isidoro los afronta, pero no olvidemos que el saber de la fórmula “homo sapiens”  antes de caracterizarlo como  conocimiento   expresa un previo saborear algo,  sólo así es como se lanza luego la inteligencia a conocer qué es eso que saborea, qué es eso que está saboreando . Si sólo nos limitamos a que las cosas nos gusten  nos cerramos a nuestra propia esencia que es saborear la realidad que las  sustentan.

    Este planteamiento, pienso, no le es ajeno a Isidoro cuando nos dice que la inteligencia es la parte más elevada y la más superior, pero lo dice por deducción, cuando  para saber el acto propio de la inteligencia  habría que primero considerarla en su estructura propia, es decir, por inducción. Por inducir en ella una estructura.

    Para mi reflexión he seleccionado estas frases de Isidoro:

    “El humano para ser buen humano, debe actuar lo más inteligentemente posible, pues la inteligencia es la parte de su naturaleza superior y más elevada”

    “al igual que el buen perro debe hacer las cosas de la naturaleza de perro  el humano para ser buen humano debe hacer las cosas de su naturaleza: de su autentica naturaleza madura”

    En  la primera, por ejemplo, observo   varias afirmaciones sobre el ser humano pero no fundadas en   hechos sino  bajo supuestos. Se supone que el ser humano es bueno  y que para serlo debe supuestamente también actuar en consecuencia.  Solo, al parecer en la última  da por hecho que la inteligencia es la parte de su naturaleza superior y más elevada.  Pero esto es lo que se ha dicho siempre, a saber,   que la inteligencia es la parte  más elevada y superior y así nos ha llevado hasta el momento en el que nos encontramos de tal manera  que así lo refleja el propio artículo con sus denuncias sociales e históricas.

    Lo que la hace más elevada y superior  es considerar a la inteligencia en su estructura  propia  sólo así  dejamos  de  confrontarla    con lo que filosóficamente    siempre se ha considerado su opuesto, la sensitividad  pues ésta dentro de la estructura es precisamente su resorte  a superar.  En la frase misma  sale esta idea de confrontación pues habla de “partes” una de ellas la que le asigna a la inteligencia y la otra parte  menos elevada y más inferior la que sin duda  debe asignársele a la parte sensitiva o sensible, pero esto no deja de ser dualismo puro y duro.

    …… Ya ves Isidoro yo también me hago pesada  con el tema de la estructura que no me canso en repetir, lo malo de esto es que se me achaca siempre,  no ya mi inspiración  en el pensamiento zubiriano,  sino peyorativamente devoción hacia su persona, cosa preocupante desde el punto de vista de quien así lo ve.  Pero en fin, el método estructuralista  a partir de su gran defensor Lévis Strauss lo han seguido muchos  filósofos e intelectuales del siglo XX al romper con el dualismo tradicional, pues  en la estructura  no hay primeros ni segundos, la primacía  por encima de los elementos ( emotividad, sensibilidad, inteligencia) es del sistema entero   que lo constituyen.

    La reflexión sobre tu segunda frase, Isidoro, me queda pendiente pues se me ha venido la mañana encima.

    Saludos a tod@s.

     

  • Asun Poudereux

    Ciertamente, los mitos entrañan la interpretación de lo difícilmente explicable con palabras, y puede ser modificada e implementada con el paso del tiempo, dada la emergencia constante y continua de consciencia-conciencia.             
     
      Lo moral se ha venido imponiendo tras la hegemonía de las religiones, donde los enfoques  balancean entre el bien y el mal, dando por supuesto la existencia del libre albedrío.  Y sólo admite lo excepcional  a la norma frente al pecado en caso de actuación desde la conciencia. Lo cual sugiere sutilmente la posibilidad de llegar a un estado y nivel de consciencia-conciencia que va más allá de lo preestablecido e inmutable.                                               
     
    La etapa histórica que estamos viviendo se llena de miedos queriendo hacer marcha atrás, pues si ya está todo  dado en germen al ser humano, ahora se descubre que no hay nada que buscar,  a lo que agarrarse de seguridad fuera del ser humano. Sobran demasiadas cosas que nos han dispersado y siguen dispersando.
     
    Al ser humano le ha pasado siempre querer ser más de lo que realmente es y además apoyarse en los otros para conseguir sus fines. Ahí se desborda a sí mismo, encasquillándose sin parar, no queriendo mirar hacia atrás, porque él mismo es la causa y carga de sufrimiento y dolor de los demás cercanos y lejanos a él.  
     
    Jesús ponía todo su ser en la comprensión de que otro modo de ver y de vida es posible desde la misma persona. No parece que buscase la imposición, vista y considerada desde  el exterior, sino la comprensión desde el interior, desde lo más íntimo que hace reconocernos en lo que realmente es y hace  aproximarnos unos de y a otros.

  • Isidoro

    Perdonadme, pero como el Felipito Tacatún, de Joe Rígoli, “¡Yo, sigo!”. Y quiero seguir donde lo dejé ayer.
    Insinuaba que quizás el comer la fruta del árbol del bien y el mal, produciría en el humano un desenfoque sobre lo verdaderamente importante, respeto a lo concerniente a su ética, su comportamiento.
    ¿Y qué es lo verdaderamente importante?. Yo creo que igual que el buen perro debe hacer las cosas de la naturaleza de perro, el humano, para ser buen humano, debe hacer las cosas de su naturaleza: de su auténtica naturaleza madura.
    Y como decía hace tiempo, el ser humano, contiene en lo más profundo de su mente subconsciente, un complejo neuronal autónomo, (heredado genéticamente), con instrucciones comportamentales de humano sabio, y que nos dirige instintivamente hacia los tres grandes valores universales: verdad, belleza y bondad.
    Es el arquetipo de sabiduría del inconsciente colectivo junguiano de los laicos, o el “espíritu” de muchas religiones, = el daimon socrático, el “Cristo interior” cristiano, y el “atman” hindú, = una “chispa de Dios”.
    Entonces, cabría la posibilidad de que el mito del Edén, contenga indirectamente esta filosofía, de consejo moral, de evitar (si es posible), los códigos y normas morales preestablecidas, (los frutos del árbol del bien y del mal), y escuchar y atender a nuestro maestro interior.
    Maestro que siempre nos aconsejará bien, (si previamente hemos limpiado nuestro corazón de la mucha hojarasca de los errores cognitivos aprendidos culturalmente, y si somos conscientes de nuestras deficiencias mentales y emocionales, y con ello nos hemos provistos de las gafas de miope, que nos otorgan mucha más claridad en la visión.
    Jesús, también nos lo señala tangencialmente, también en mi opinión, cuando ocurre la controversia del divorcio, (Mateo, 19-8, Marcos, 10, 5). En ella habla de la Ley, como algo necesario en las fases de poca maduración humana, pero claramente superable y sustituible, por criterios mejor adaptados a la realidad de las cosas.
    Con ello, yo entiendo, que la clave de la moralidad, está en el análisis mejor de la realidad, y por ello, los criterios de bueno-malo, son criterios primitivos, y cuando se aspira a la excelencia moral, muy superables, y sustituibles por el criterio certero/no certero.
    El humano para ser buen humano, debe actuar lo más inteligentemente posible, pues la inteligencia es la parte de su naturaleza superior y más elevada.
    Y por eso Balzac, (muchas gracias Alberto, por la cita), acierta plenamente cuando atribuye la corrupción, (el mal), a la mediocridad humana, y no como considera el moralismo clásico al contrario: las miserias morales humanas son fruto de la maldad humana.
    (Esto no es solo una simple disquisición filosófica. Tiene una influencia vital en la política. A la hora de ir mejorando la sociedad, es fundamental, saber bien, la verdadera causa y origen de sus males.
    No se cura una enfermedad igual, si sabemos que la causa una bacteria, o un virus, que si pensamos que es por un “mal de ojo”, que es lo que pasa actualmente con el actual hipermoralismo clásico ideológico).

    (Perdonadme mi rollo obsesivo, y me gustaría conocer la opinión sobre este tema de los expertos en moral, del foro).

  • Olga Larrazabal

    Podrimos llamarnos Homo Bacteria, ya que los biólogos han encontrado que tenemos mucho mas ADN del par de Kilos de bacterias con las que convivimos, que lo que tenemos de nuestras propias células.  Y que las bacterias son más numerosas que nuestras propias células.

    Además si estas bacterias son las que nos manejan, tenemos mentalidad de bacteria, que fluctúa entre el Come o Arranca por un lado, y la tendencia a reproducirse y unirse en comunidades entre ellas y con otros levaduras y arqueas y que se yo que más, para usar el sol y los minerales de la tierra.

    El resto lo tenemos que fabricar sobre esa  base.

     

    • Román Díaz Ayala

      Impactante imagen: una colonia andante de bacterias. También podríamos vernos como saquitos de agua. La imagen no es mía sino sacada de la ciencia ficción televisiva. En resumen que somos un producto de la Tierra, trozos de arcilla según explicación bíblica. ¿Qué podemos decir hoy malo del capitalismo cuando el propio comunismo lo busca. La República de China y Vietnam, por ejemplo desmintiendo aquello de que el comunismo sea un capitalismo de Estado. En Cuba se practica aquello de que el capitalismo es solo del partido único que gobierna y así les va al 99,9 por ciento de la población. El capitalismo lo practican una minoría exigua de “cuentapropistas”, y como no hay turismo ahora son perseguidos por “contra-revolucionarios”.
      ¿Es el capitalismo la causa de todos los males y desórdenes, o el pecado que reside según explica la tradición judeocristiana? El comunismo se ha convertido a los postulados cristianos, menos en Cuba, al menos oficialmente. Habrá que ver que sale de la próxima reunión mundial de partidos comunistas.

  • Isidoro

    El otro día el amigo Román, decía una cosa muy interesante, (una más entre las muchas suyas), y era que Atrio no era un foro religioso, sino humanista. Lo que sucede es que las cicatrices mal cerradas de una formación religiosa nacional-católica que todos los asiduos a este foro hemos padecido, siguen supurando, hasta que se cierren del todo, lo que no sucede siempre.
    Por eso a mí lo que me interesa es el humano, y por eso para mí, son muy interesante artículos como el del amigo Zugasti, en el que insisto.
    Y en él, se hace una crítica al sistema capitalista, “que se presenta como un sistema económico, pero que está construido sobre una filosofía y una antropología determinadas, sobre una concepción del ser humano y del mundo”.
    Y es exactamente así. Lo que sucede es que esa antropología y esa filosofía el mundo y del ser humano, no es independiente de nuestra psicología, de nuestras emociones, de nuestros sesgos mentales evolutivos

    La cultura moderna, es dirigida por una serie de mitos falsos, sobre los que se construye todo un sistema artificioso, que se nos demuestra cada día, ruinoso, en la práctica.
    Uno de esos falsos mitos es el mito del pleno libre albedrío, base del sempiterno enfoque moralista, que degenera tan a menudo en lo que el maestro Andrés Ortíz-Osés llama: “una orgía de puritanismo y rigorismo pseudomoral imposible de realizar en este mundo tal cual”, y que amenaza con ahogarnos en lo culturalmente correcto.
    Pero otro falso mito que nos está cegando y enloqueciendo, es el mito del racionalismo perfecto, (base de la Modernidad laica), como un instrumento perfecto para hacer una “fotografía” exacta de la realidad.
    Ese es el origen del falso mito del “homo economicus”, plenamente racional, que es dirigido por una razón omnipresente, omnipotente y omniclarividente. Todo falso de toda falsedad.
    Y claro, poseídos e infectados por esos falsos mitos – postulados antropológicos, analizamos el capitalismo como un gran desorden moral: aunque Zugasti lo llama “una gran demencia de la humanidad”, luego su crítica del mismo se aparta del psicologismo para entrar de lleno en el moralismo habitual.
    El gran psicólogo, Vittorio Guidano, desde el post-racionalismo señala que, “En los sistemas humanos la racionalidad no funciona sola, la racionalidad funciona junto con la emocionalidad, junto con la sensorialidad y todas las sensaciones de la corporalidad.
    Y uno de los elementos que mas pervierten nuestra teórica racionalidad, es el fenómeno del “Autoengaño”, que estudió el mismo Guidano, y que es común a todo ser humano, aunque se agudiza en los casos patológicos.
    Entiende Guidano el autoengaño como la modalidad de manipular la experiencia de Sí en curso.
    El autoengaño se usa inconscientemente:
    + Como recurso instintivo evolutivo de facilitamiento del engaño consciente a los demás.
    + la autopromoción, o la exageración del lado positivo y la negación del lado negativo de uno mismo, muy necesarios para mantener la autoestima.
    + También para la construcción de teorías sociales sesgadas es otra fuente de autoengaño, de acuerdo a Robert Trivers. Todos creamos teorías sociales que están al servicio de nosotros mismos.
    El autoengaño al ocultar la mentira a uno mismo, la hace invisible ante los ojos de los otros, produciendo entonces una fragmentación interna; y la verdad es excluida de la conciencia, y es relegada al inconsciente, y es la mentira la que accede a la conciencia.

    Total, que con todo ese lastre en nuestra capacidad de discernimiento, raro es que acertemos alguna vez al blanco. Somos como un arquero con Parkinson.
    Hoy mismo el amigo y admirado Alberto, pone una cita de Honoré de Balzac en “El pobre Goriot”: “…el talento escasea, la corrupción abunda. Por ello, la corrupción es el arma de la mediocridad que abunda”.
    Como soy un poco raro, hago una interpretación pro domo mía. Parece una frase literaria más, pero pone en relación la falta de ética, con la mala praxis intelectual, y es un enfoque muy moderno y antihipermoralista.
    Y ligaba este antihipermoralismo mío, con el mito del Génesis.
    ¿Llevaría razón Dios, cuando en el jardín del Edén, prohibió al hombre el acceso al árbol del bien y del mal?.
    ¿Sabía acaso, que ese árbol le iba a producir al humano, la alienación y el desenfoque hacia lo verdaderamente importante?.

    (Perdonad por el rollo teórico, que solo sirve para apoyar la idea básica, pero que se puede prescindir de él).

  • Javier Peláez

    Uno de los elementos màs demostrativos de la crueldad de este sistema inequívocamente asesino que es el capitalismo es el negocio de las farmaceúticos.Llamarlo así induce hasta risa porque en “el capitalismo vivimos,nos movemos y comemos”…Recuerdo que yo hace tiempo tuve un pleito imposible que  una farmacéutica reclamaba un importe de 1600000 euros por dos años de tratamiento de un medicamento en uso compasivo a un niño de un.Hospital de Madrid…(de quizá hace 15 años o 19).Mientras yo buscaba argumentos imposibles sobre que la farmacéutica obtenía de la sanidad pública los pacientes para ensayar sus productos,pensaba que realmente somos afortunados de no vivir en el Tercer Mundo porque allí este medicamento nunca se hubiera suministrado(un lujo del Primer Mundo) o a lo mejor se hubiera experimentado con medicamentos dudosos,etc….Dejas crecer un monstruo y luego te pasa lo que te pasa….Alguien en su sano juicio haría contratos secretos con gente de dudosa moralidad?…Yo nos los haría ni con personas honradas…En fin,mejor no seguir porque uno se pone de mala hostia… Además olvidan las farmaceúticas que los ensayos se han hecho con seres humanos que se han prestado a correr un riesgo,no con robots…y además con dinero público…En fin,me callo no vayan introducir algún delito para empitonarme…

  • Isidoro

    El amigo Zugasti, hace todo un lastimoso lamento hacia esa “gran demencia” de la humanidad: el capitalismo.

    Pero a mí, personalmente, me parece una visión romántica, poco profunda y lo peor, poco realista, en el terrible sentido de que quizás esté alejado de la realidad del Universo, que es el mayor pecado que el “homo sapiens”, puede cometer. (Un amigo mío, muy ingeniero, diría que es un problema de personas “de letras”).

    Es un análisis prisionero del mito del “buen salvaje”, en el que tan bien encaja el mito evangélico de los lirios del campo y los pajaritos del campo, a los que no les falta nada, y viven una vida feliz y placentera, gracias a la providencia divina.

    Dice, “La competencia no nos permite bajar la guardia ni rebajar la tensión. Nos empuja a la ansiedad constante,…”. Y lleva toda la razón.

    Pero amigo Antonio, esa visión tuya y de muchos, es una visión propia de una visión estática de la realidad, muy propicia a idealizar una situación óptima, perfecta, eterna, sin movimiento: el cielo prometido de las religiones, y al que tenemos que llegar.

    Pero el Universo, y nosotros en él, no es así. Es una enorme sistema complejo de elementos interrelacionados, en un continuo estado inestable, trufado de grandes “catástrofes”, y pequeños momentos de equilibrio inestable temporal, que rápidamente, mutan hacia otro equilibrio inestable temporal, pasando por otra catástrofe: (estado de desgracia o alejamiento del ideal soñado).

    La vida, (que podríamos equiparar al sistema óptimo y maravilloso a que puede aspirar la materia inanimada), coexiste con la muerte, exactamente como la cara y la cruz de la misma moneda.

    Añoras un sistema donde no haya “ansiedad”. Pero es que es algo inherente a la vida. Cuando a una gran molécula, la evolución emergente, (fruto de las Leyes del Universo), le dota de un Arn, con unas instrucciones comportamentales simples, y de otra molécula bioquímica que le sirve de barrera del exterior, una de esas instrucciones, es simple, pero muy ansiogénica: “Detecta lo que hay fuera, y si es útil, la atrapas y la englobas, y si quizás nosotros podemos ser útiles para ella, sal corriendo, para que no te coman”. Comes o te comen. Eso es la vida.

     

    Pero volviendo a lo que interesa, y para adelantarme a críticas sobre fatalismo e inactividad en la búsqueda del ideal humano, yo no creo que debemos hacer una sociedad cainita donde el hombre sea un lobo para el hombre.

    Hay que huir de una visión dualista, simplista, sectaria y maniquea. Entre “el lobo para el hombre”, y el “buenrollismo franciscano del hermano lobo”, existe una visión intermedia científica del humano y de la sociedad que formamos, con el mayor conocimiento posible de nuestra naturaleza, nuestra psicología, nuestras emociones, nuestras pulsiones, nuestras inseguridades, nuestras “miserias”.

    Y también, lo maravilloso de la naturaleza profunda humana, con que hemos sido dotados por “Dios” o por “el Universo”, (cada uno lo que crea), y que todo indica, que nos han facilitado los instrumentos mentales necesarios para primero conocernos, y posteriormente, organizar nuestro comportamiento personal y social lo mas adecuadamente posible.

    Para ello, los análisis de la realidad deben basarse en un conocimiento científico de la misma, no en ideologías, que por principio simplifican, reducen hasta la caricatura y sobre todo equivocan y autoengañan.

    La buena voluntad, es muy buena, pero se nos supone a todos, como a los soldados el valor. Y con buena voluntad no se operan los corazones. Porque un mal análisis, confunde efectos secundarios con causas primarias, y sobre todo, si nos “facilitan” chivos expiatorios, nos impiden seguir investigando: cuando ya tenemos al culpable, no hace falta investigar más.

  • Juan A. Vinagre Oviedo

    Solo un añadido a la última frase: “Si fuéramos más humildicos”, es decir, MÁS INTELIGENTES… Porque el sabio integral es humilde, es decir, es maduro.

  • Juan A. Vinagre Oviedo

    ¡Hola, Antonio Zugasti! Estoy de acuerdo contigo. Esa definición de “Homo SAPIENS” me parece un exceso. Si miramos la Historia de la Humanidad nos encontramos con una narración que, en gran medida, es una historia de tigres y buitres. No deseo ser demasiado negativo, porque en la historia se encuentran también homos -y mujeres- geniales. Sin embargo, si miramos la historia desde la perspectiva quizá más llamativa o impactante, tal vez tenga razón Ortega cuando dijo que la historia humana parece el sueño de un tigre. La inteligencia sapiens se usa más para depredar y someter que para construir en equipo.  (Por eso Benedetti habla de “Homo caníbal”.) Y construir con sentido de equipo solidario es, debe ser, lo más propio de sapiens. Lo que no es solidario no es sapiens. Es otra cosa…

    Por eso a veces me pregunto si más bien deberíamos llamarlo-nos PRE-sapiens. Insisto que no deseo ser demasiado negativo, pero los hechos históricos ahí están. Nuestra aberración ha llegado incluso a llamar héroes y próceres -estatuas incluidas- a muchos, que si se analiza bien su vida, son más bien un contraejemplo de madurez inteligente… La Historia necesita, como la Iglesia, una revisión a fondo, a fin de desmitificar… y aprender a entender mejor lo que es ser sapiens y próceres de verdad. (Esta idea que señalas, la considero tan importante que la he reflejado en un poema, que a lo mejor algún día doy a conocer.)

    ¡Ojo, pues, al homo sapiens! (¿y a quienes lo definimos como sapiens?) Si fuésemos más humildicos, comenzando por saber discernir mejor y reconocer errores y horrores…, que en el tiempo han sido, seríamos más sapiens.

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