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¿Qué es la realidad?

¡Cuánto tiene que ver esta reflexión de Pedro Zabala con la Meditación sobre la técnica!


Una de las características más singulares del ser humano, a diferencia de las especies animales, es su capacidad de configurar la realidad. En el relato mítico del Génesis, leemos que Adam fue dando nombre a todas las cosas. Dar nombre era, en la concepción de aquellas culturas, casi como crearlas.

     Pues una cosa es lo que está fuera de nosotros, y otra cómo lo vemos. Depende de varios factores. Leí una metáfora de cómo los humanos captamos la realidad, no directamente, sino en un espejo.

     Para empezar somos un cuerpo entre los demás seres. Ocupamos un espacio en un tiempo determinado. Y aprehendemos la realidad a través de nuestros sentidos.

     Tenemos la vista. En el mundo occidental, heredero de la filosofía griega, es la mirada la vía fundamental del conocimiento. La luz iluminando nuestros ojos nos permite percibir los objetos, las tonalidades cromáticas, apreciar las distancias. Tiene un efecto: el alejamiento. Nos separa bastante de la realidad.

     En Oriente, parece que la audición es el sentido principal. En China el ideograma para representar al sabio es una oreja. Escuchar es el camino para conocer. En la Biblia, Yaveh habla a los profetas y al mismo pueblo, y ellos oyen. Endurecer los oídos lleva al error, al pecado. Oír precisa de una media distancia, no necesita un alejamiento.

     El tacto es otra forma de captar, mucho más próxima. Nuestras manos, nuestra piel, tienen terminaciones sensitivas que exigen el roce.

     El olfato y el gusto son otros sentidos que nos permiten también aprehender la realidad. Menos desarrollados que los otros, pueden cultivarse y ayudarnos en esa tarea.

     ¿No es el ideal emplear todos ellos conjuntamente y así conocer mejor? Y tenemos otro interno, la propiacepción, la capacidad de captar las sensaciones interiores de nuestro organismo. Saber escuchar el propio cuerpo, captando sus señales es básico para una buena salud física y emocional.

     Para ampliar la capacidad de nuestros sentidos corporales, se inventaron instrumentos como el telescopio y el microscopio, para captar mejor lo lejano y lo más pequeño. Gracias a ellos, cada vez más perfeccionados, y a otros, la ciencia está dando pasos de gigante.

     Pero cuando el ser humano intenta conocer algo, se guía por la intención que le motiva y le filtra su búsqueda, despreciando otros aspectos de lo que puede observar.

     El artista busca la belleza: ésa es su obsesión en lo que capta y en la obra que quiere realizar. El artesano, la funcionalidad del objeto que quiere construir. El esteta, el placer que busca en la naturaleza y en la obra artística.

     El cazador y el pescador, la captura de la pieza que quiere cobrar para comer, para vender o como trofeo.

     Para el científico. bucear en la materia para descubrir, con carácter provisional y falsable, la verdad contenida en ella. Parte del supuesto de que es inteligible para la razón humana y que está expresada en leyes matemáticas.

     Los avances de la física moderna han llegado a descubrir que la realidad de las cosas tangibles se rige por unas leyes, principalmente la de la gravitación. En cambio, las micropartículas se rigen por otras, aleatorias, sujetas al principio de indeterminación. Y que el investigador altera la realidad investigada. ¿Podrán encontrarse otras fórmulas matemáticas que puedan explicar conjuntamente lo macro y lo micro?

     Cuando un científico intenta investigar la realidad lo hace a través del filtro del paradigma dominante que la distorsiona. Los grandes avances se producen cuando alguno o algunos, más osados, lo desafían, apoyándose en resultados que no encajan en ese paradigma. Por eso, son rechazados por la cúspide de la comunidad científica. Claro que al final se imponen los heterodoxos, y surge otro paradigma que intenta explicar los nuevos hallazgos.

     ¿Y cómo ve la realidad un místico? Intenta intuir lo que hay detrás de ella. El dedo amoroso de Quien la creó y la sustenta. Contempla esa armonía sinfónica de seres hermanados que para él expresan la gloria del Señor.

     ¿Qué es pues la realidad? ¿No hay tantas como observadores y espejos la reflejan?

    

7 comentarios

  • Asun Poudereux

    Bien planteado el artículo a mi modo de ver. Muchas gracias al autor, Pedro Zabala. Difícil y complicado el objetivo, aun siendo asumido como enfoque muy particular.

    A la Realidad no se la puede atrapar y mucho menos verbalizar en un análisis que de antemano se sabe objetivado, por ser en mínima parte manifestada. Y a la vez se es  incapaz de  abarcarla en aquello que se nos escapa de su Presencia-Consciencia  que Es y que sin duda podemos sentir que somos en Ella.  A través suyo sentimos apertura y profundidad en continuo despliegue emergente en tanto en cuanto nos dejamos insinuar por Ella.

    La Realidad engloba todo lo que alcanzamos a ver y lo que no vemos y en infinidad de ocasiones no deseamos ver: la propia realidad humana. Hay quien la reduce a lo que le pasa y siente como desagrado en referencia a los que tiene más o menos cerca, lo que le permite echar culpas afuera. Su realidad se siente contaminada por y desde los otros. Sus “críticas” son abundantes.  Su visión es absoluta, no admite otro ángulo de visión. Siempre tiene la última palabra.
     
    La admiración y el asombro  es su juego provocador para quien mira  y escucha atentamente en lo micro y en lo macro, en lo interior y exterior, en lo profundo y en lo raso, en lo inmanente y en lo trascendente, en la vida y en la muerte, en el sentido y el sin sentido jugando a la par,  en lo enigmático y en lo ya resuelto, en la huida y en la aceptación, en el miedo y sufrimiento del  yo y en la plenitud del  Yo,  y en ….
    Las perspectivas  desbordan moviendo a entrar en un umbral abismal lleno de luz que impacta, ciega e ilumina, no agotándose en sí mismas. 

  • M. Luisa

    La realidad es una formalidad abierta cuyo contenido se origina en la aprehensión, es decir, en la capacidad humana de sentirla mediante los órganos de los sentidos. Por tanto la capacidad se encuentra   ya en el sentir mismo, es decir,  no apartando éste  y centrando la capacidad toda en la inteligencia como si ésta estuviera facultada antes de aprehender su objeto. La realidad tenida (no conocida) como formalidad  no sólo aprehende el contenido de tal cosa y tal otra  sino algo “más”, pues por ser formal (algo que se va formando) es inespecífica  motivo por el cual  decimos que es abierta y por tanto es esta apertura lo que posibilita  una excedencia, la excedencia de aquel más que he dejado apenas consignado más arriba… volveré sobre ello pero llegado  este punto  conviene atender a  la totalidad de los sentidos humanos  que algunos científicos del siglo XX añadieron a los cinco tradicionales.

    Recuerdo que en total eran once. Dos  de ellos para lo que aquí me interesa destacar es el de “cinestesia” que designa  equilibrio y el direccional que viene designado por  el término  “hacia”. Pues bien aquel “más” de la realidad  no alude a ningún más allá, es un momento de la realidad misma que se infiere de la matemática gödeliana, es decir,  del  teorema de la Incompletitud. Esta realidad lanza “hacia” pero no fuera de ella sino en su misma profundidad, hacia dentro para saberla, saborearla, no sólo como algo que está ahí sino que está ahí por algo.

    Es la pregunta del por qué, el porqué de la realidad de las  cosas, su razón de ser, que  en cuanto posible y no dada en aprehensión es abierta y debe irse probando una y otra vez   lo cual  esto explica la formalidad abierta de la realidad por la que he comenzado mi comentario.

  • oscar varela

    (Continuación)
     
    6- La realidad auténtica de la Tierra
    – no tiene figura,
    – no tiene un modo de ser,
    – es puro enigma.
     
    – Tomada en esa su primaria y nuda consistencia, es suelo que por el momento nos sostiene sin que nos ofrezca la menor seguridad de que no nos va a fallar en el instante próximo;
    – es lo que nos ha facilitado la huida de un peligro, pero también lo que en forma de «distancia» nos separa de la mujer amada o de nuestros hijos;
    – es lo que a veces presenta el enojoso carácter de ser cuesta arriba y a veces la deliciosa condición de ser cuesta abajo.
    – La Tierra por sí y mondada de las ideas que el hombre se ha ido formando sobre ella no es, pues, «cosa» ninguna, sino
    – UN INCIERTO REPERTORIO DE FACILIDADES Y DIFICULTADES PARA NUESTRA VIDA.
     
    7- En este sentido digo que la realidad auténtica y primaria no tiene por sí figura.
    – Por eso no cabe llamarla «mundo». Es un enigma propuesto a nuestro existir.
    – Encontrarse viviendo es encontrarse irrevocablemente sumergido en lo enigmático.
    – A este primario y preintelectual enigma reacciona el hombre haciendo funcionar su aparato intelectual, que es, sobre todo, imaginación.
    – Crea el mundo matemático, el mundo físico, el mundo religioso, moral, político y poético, que son efectivamente «mundos», porque tienen figura y son un orden, un plano.
    – Esos mundos imaginarios son confronta­dos con el enigma de la auténtica realidad y son aceptados cuando parecen ajustarse a ésta con máxima aproximación.
    – Pero, bien enten­dido, NO SE CONFUNDEN NUNCA CON LA REALIDAD MISMA.
    – En tales o cuales puntos, la correspondencia es tan ajustada que la confusión parcial se produciría, pero como esos puntos de perfecto encaje son inseparables del resto, cuyo encaje es insuficiente, quedan esos mundos, tomados en su tota­lidad, como lo que son, como mundos imaginarios, como mundos que sólo existen por obra y gracia nuestra; en suma, como mundos «interiores». Por eso podemos llamarlos «nuestros». Y como el ma­temático en cuanto matemático tiene su mundo y el físico en cuanto físico, cada uno de nosotros tiene el suyo.
     
    8- Si esto que digo es verdad, ¿no se advierte lo sorprendente que es?
    – Pues resulta que ANTE LA AUTÉNTICA REALIDAD, que es enigmática y, por tanto, terrible
    (—un problema que sólo lo fuese para el intelecto, por tanto, un problema irreal, no es nunca terrible, pero una realidad que, precisamente como realidad y por sí, consiste en enigma es la terribilidad misma—),
    el hombre reacciona segregando en la intimi­dad de sí mismo un mundo imaginario.
    – Es decir, que por lo pronto se retira de la realidad, claro que imaginariamente, y se va a vivir a su mundo interior.
     
    9- Esto es lo que el animal no puede hacer.
    – El animal tiene que estar siempre atento a la realidad según ella se presenta, tiene que estar siempre «FUERA DE SÍ».
    – El animal tiene que estar fuera de sí por la sencilla razón de que no tiene un «DENTRO DE SÍ», un chez soi, una intimidad donde meterse cuando pretendiese retirarse de la realidad.
    – Y no tiene inti­midad, esto es, mundo interior, porque no tiene imaginación.
     
    10- Lo que llamamos nuestra intimidad no es sino nuestro imaginario mun­do,
    – el mundo de nuestras ideas.
    – Ese movimiento merced al cual desatendemos la realidad unos momentos para atender a nuestras ideas es lo específico del hombre y se llama «ENSIMISMARSE».
    – De ese ensimismamiento sale luego el hombre para volver a la realidad, pero ahora mirándola, como con un instrumento óptico, desde su mundo interior, desde sus ideas, algunas de las cuales se consolidaron en creencias.
     
    11- Y esto es lo sorprendente que antes anunciaba:
    – que el hombre se encuentra existiendo por partida doble, situado a la vez
    – en la realidad enigmática y
    – en el claro mundo de las ideas que se le han ocurrido.
    – Esta segunda existencia es, por lo mismo, «imagi­naria», pero nótese que
    EL TENER UNA EXISTENCIA IMAGINARIA
    PERTENECE COMO TAL A SU ABSOLUTA REALIDAD
     
    (todo ser humano es un Quijote-Panza)

  • oscar varela

    ¿Qué es la realidad?: un ENIGMA
    (en 2 entregas)
    ………………
    1- La filosofía consiste
    – en percatarse de sí mismo y
    – caer en la cuenta de lo que somos y
    – de lo que es en su auténtica y primaria realidad cuanto nos rodea.
     
    2- Si se nos pregunta qué es realmente eso sobre que pisan nuestros pies,
    – respondemos al punto que es la Tierra.
    a)- Bajo este vocablo en­tendemos un astro de tal constitución y tamaño,
    – es decir, una masa de cósmica materia que se mueve alrededor del Sol con regularidad y seguridad bastantes para que podamos confiar en ella.
    – Tal es la firme creencia en que estamos, y por eso nos es LA REALIDAD, y porque nos es la realidad contamos con ello sin más, no nos hacemos cues­tión del asunto en nuestra vida cotidiana.
     
    b)- Pero hecha la misma pregunta a un hombre del siglo VI antes de J. C.,
    – su res­puesta hubiera sido muy distinta.
    – La Tierra le era una diosa, la diosa madre, Demeter.
    – No un montón de materia, sino un poder divino que tenía su voluntad y sus caprichos.
     
    3- Basta esto para adver­tirnos que la realidad auténtica y primaria de la Tierra
    – no es ni lo uno ni lo otro, que la Tierra-astro y la Tierra-diosa
    – no son sin más ni más la realidad, sino dos ideas;
    – si se quiere, una idea verdadera y una idea errónea sobre esa realidad que inventaron hombres deter­minados un buen día y a costa de grandes esfuerzos.
    – De suerte que la realidad que nos es la Tierra no procede sin más ni más de ésta, sino que la debemos a un hombre, a muchos hombres antepasados, y, además,
    – depende su verdad de muchas difíciles consideraciones;
    – en suma, que es problemática y no incuestionable.
     
    4- La misma advertencia podríamos hacer con respecto a todo,
    – lo cual nos llevaría a descubrir que la realidad en que creemos vivir, con que contamos y a que referimos últimamente todas nuestras esperanzas y temores, es obra y faena de otros hombres y no la autén­tica y primaria realidad.
    – Para topar con ésta en su efectiva desnudez fuera preciso quitar de sobre ella todas esas creencias de ahora y de otros tiempos, las cuales son no más que interpretaciones ideadas por el hombre de lo que encuentra al vivir, en sí mismo y en su con­torno.
    – Antes de toda interpretación, la Tierra no es ni siquiera una «cosa», porque «cosa» es ya una figura de ser, un modo de compor­tarse algo (opuesto, por ejemplo, a «fantasma») construido por nues­tra mente para explicarse aquella realidad primaria.
     
    5- Si fuésemos agradecidos habríamos, desde luego,
    – caído en la cuenta de que todo eso que nos es la Tierra como realidad y que nos permite en no escasa medida saber a qué atenernos respecto a ella, tranquilizarnos y no vivir estrangulados por un incesante pavor, lo debemos al esfuerzo y el ingenio de otros hombres.
    – Sin su inter­vención estaríamos en nuestra relación con la Tierra y lo mismo con lo demás que nos rodea como estuvo el primer hombre, es decir, aterrados.
    – Hemos heredado todos aquellos esfuerzos en forma de creencia que son el capital sobre que vivimos. La grande y, a la vez, elementalísima averiguación que va a hacer el Occidente en los próximos años, cuando acabe de liquidar la borrachera de insensa­tez que agarró en el siglo XVIII, es que el hombre es, por encima de todo, HEREDERO. Y que esto y no otra cosa es
     
    LO QUE LE DIFERENCIA RADICALMENTE DEL ANIMAL:
    TENER CONCIENCIA DE QUE SE ES HEREDERO,
    ES TENER CONCIENCIA HISTÓRICA.
     
    (sigue en 2/2)

  • Isidoro Garcia

    Parafraseando a Confucio, la realidad tiene cuatro esquinas, y en cualquier exposición verbal o escrita de la realidad, solo se puede incluir una esquina. Las otras tres las tiene que poner el oyente o lector.
            Y, o no puede poner ninguna con lo que se queda todo en el viento o en el papel, o pone solo una o dos, con lo que queda igualmente incompleta, o si pone las otras tres esquinas, naturalmente pone las suyas. 

  • Carmen

    A mí me gusta mucho cómo aborda ese tema Platón. Y como lo resuelve. O como lo resolví cuando lo leí. Es inútil, cada cual cree lo que quiere creer. Da igual lo que los otros crean. Es inútil.

    Un artículo estupendo

     

  • Carmen

    Pues diría que si.

    Cada uno tiene su propia realidad. Algunas son parecidas, pero nunca iguales.

    Pero no sé yo los filósofos qué dirán.

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