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Si no lo veo, no lo creo

ArregiCuenta el Evangelio de Juan que, tres días después de haber sido crucificado, Jesús se apareció vivo a sus discípulas y discípulos, y les saludó diciendo: “¡Paz a vosotros!”. Ellos se llenaron de alegría. No era para menos, pues significaba que la bondad profética era más fuerte que el imperio y el Sanedrín, y que el sueño de Jesús tenía razón.

Pero en aquella ocasión faltaba Tomás, que llegó luego. Sus compañeros le dijeron: “¡Hemos visto a Jesús vivo!”. Él pensó que se engañaban o que lo engañaban, y les dijo: “Si no veo en sus manos las heridas de los clavos, y si no meto mi mano en ellas y mi mano en su costado, no lo creeré”. Así se convirtió en imagen de quien se niega a creer algo inverosímil sin pruebas suficientes, y hoy todavía decimos: “Yo como Tomás: si no lo veo, no lo creo”.

¿Será por ello el apóstol Tomás imagen de la persona cientificista o positivista, para quien no es real más que lo empíricamente comprobado o comprobable? ¿Será Tomás prototipo de quien cierra los ojos a lo Invisible tan manifiesto en todo lo visible, de quien se resiste al Misterio más grande, por pusilanimidad, ofuscación o autosuficiencia? No, Tomás es más bien modelo de fe, una fe que cuestiona, relativiza y trasciende todas las creencias, sean éstas religiosas o no. No se puede ser creyente sin ser “incrédulo” de las creencias, sin liberarse de ellas. La fe no consiste en profesar creencias –que “Dios existe”, que un muerto se aparece o que el horóscopo determina el destino–. La fe de la que habla el Evangelio de Jesús es esa cualidad humana profunda –religiosa o no, con creencias o sin ellas, poco importa– que se compadece activamente de la vida que sufre y que confía creadoramente en la Vida que resucita.

Hizo bien Tomas en no creer en la aparición de Jesús resucitado hasta que no lo vio con sus propios ojos, de acuerdo al relato del evangelio de Juan. Y haríamos bien en no entender este relato evangélico y todos los demás en un sentido literal, en no pensar que Tomás vio físicamente después de su muerte. El escepticismo de Tomás es hoy, más todavía que entonces, exigencia de una fe madura, que no consiste en creer lo que no vemos o algo de lo que no estamos convencidos por argumentos racionales.

Es verdad que creemos muchas cosas sin haberlas visto: creemos que somos hijos de nuestra madre, aunque no lo hemos comprobado, pero si algún día nos asaltara la duda, ahí está la prueba del ADN que nos sacará de toda duda. Creo que  Saturno es un planeta gaseoso o que en el interior del átomo es muchísimo más grande el vacío que la masa, aunque no lo he visto por mí mismo, pero quienes lo enseñan lo han demostrado científicamente, y yo mismo podría comprobarlo si me pusiera a ello. Hay mucha gente que cree cosas mucho más difíciles sin que nadie lo haya visto ni comprobado. Me pasma constatar, por ejemplo, que más de la mitad de nuestra sociedad cree que en la homeopatía hay algo más que efecto placebo, aunque en 150 años de investigaciones científicas nadie haya encontrado todavía más que agua con un poco de glucosa y otro poco de lactosa.

La fe cristiana de muchos –en la concepción virginal de Jesús, el sepulcro milagrosamente vacío o la transubstanciación eucarística…– funciona como la creencia en el horóscopo o en la homeopatía. Tomás nos dice: “No creáis nada porque os lo hayan contado, porque sea dogma, porque os lo diga un papa supuestamente infalible. Sentíos libres para no creer nada que os resulte increíble, y sed respetuosos con la gente que cree, sin dejar de cuestionarla y dejándoos cuestionar siempre”.

Ocho días después, dice el relato, Jesús se les apareció de nuevo y dijo a Tomás: “Mira mis manos heridas, mete tu dedo en mi costado herido”. Tomás se rindió al Crucificado herido y Viviente. Y Jesús le dijo: “Dichosos los que creen sin haber visto”. Tomás es el primer dichoso. Pero no se trató de apariciones y creencias. Con los ojos y la compasión de las entrañas, recordó y miró a fondo la historia compasiva de Jesús y sus llagas, las llagas de todos los seres vivientes. Vio porque a pesar de todo y confió porque vio el fondo en la forma. Vio la Vida en el fondo de la muerte, y se convirtió en Testigo y en Viviente.

22 comentarios

  • Isidoro García

    Aprovecho la ocasión que el comentario de Asun, me proporciona, para aclarar mi comentario sobre el artículo de Arregui.

    Yo concuerdo con él, y alabo su lucidez, de señalar que todos tenemos una “cualidad humana profunda –religiosa o no, con creencias o sin ellas, poco importa–”, que nos guía en la senda de los tres grandes Valores universales, (Bondad, Belleza y Verdad), y que es la fuente y la guía hacia la sabiduría humana, (que luego se sigue o no).

    Eso es algo de la naturaleza humana, y por eso Maslow dice que la naturaleza humana es “deiforme”, y se podría entender de esta forma que “estamos hechos a imagen y semejanza de Dios”.

    El hombre es por naturaleza “bueno”, lo que pasa es que tiene que dejar evolucionar y madurar su naturaleza, y conectar con esa “cualidad”, (con el llamado “corazón”).

    Esa es la sabiduría humana universal, y lo que nos une y tenemos todos en común.

    En lo que no estoy de acuerdo con Arregui, es en limitar a eso la fe de que habla el Evangelio. Además de eso, Jesús, vino a ampliar el plano de la realidad humana, a un plano del Universo en el que existe “el Padre”, y su mundo, con el que habla habitualmente.

    Ya se que Jesús no insistió mucho en ese tema, porque en su época y su zona, los judíos todos creían en Yhavé, y por otra parte el mesianismo de Jesús, conlleva de suyo, una intermediación entre Yhavé y la humanidad.

    Pero en los tiempos modernos, cientifistas  y materialistas, hay que remarcar que en la cosmovisión de Jesús, además del plano del mundo “visible y tangible”, existía un plano oculto a la vista, que era el “sobrenatural” en su época, que hoy podríamos tachar con una visión científica quizás de “hipernatural”.

    Enmendar la plana la cosmovisión de Jesús y reducirlo a una mera visión “psicológica” y humanística del hombre, es algo muy racional y razonable, pero es podar y desfigurar el mensaje de Jesús. A ver si por acercar el mensaje al mundo actual, solo contamos medio mensaje. (Eso es hacer trampas = trucos de mal vendedor).

    Creer es algo más, es dar un salto en el vacío, es no apostar solo sobre seguro. Creer solo lo que se ve y hay pruebas, eso lo hace cualquiera. La fe-creencia nunca puede tener ninguna seguridad, y si la tiene es falsa, impostada. Es duda perpetua, pero que se intuye con cierta fuerza interior, (el que la intuya).

  • Asun Poudereux

     
     
     
    ¡Hola!
     
    Intervengo en este hilo, tras unos días de mucha movida familiar, teniendo mucho interés en haberlo hecho antes,  pero dada mi falta de tiempo tranquilo, aprovecho ahora tras haberme dedicado a otras cosas pendientes.  
     
    En primer lugar, me alegra que Maite Lesmes intervenga en Atrio, y mucho, y la animo a hacerlo con más frecuencia, pues aporta un ángulo de mira que le es propio,  y para todos, sin dudarlo, enriquecedor, se esté o no,  en total  acuerdo con su visión, pero rompe moldes, desinstala seguridades  con fácil acceso a la irrupción de dudas y planteamientos. Lo cual nos hace sentirnos más humildes y agradecidos. Posiblemente también conciliadores, aunque a la primera impresión, no pueda parecerlo.
     
    Por otra parte, me parece intuir en la frase de Arregui, que en negrita nos repite Isidoro, así como en el conjunto de su artículo,  un claro intento en tratar de desenmascarar y desmoldar la falsa seguridad de  la fe-creencia, supuestamente en conceptos dados, liberándola de sus enredos y no deteniéndose en teorías teológicas, ni creo tampoco de orden científico.  Sencillamente la enraíza en la propia vida, como experiencia única e intransferible de confianza que nace de ella,  implicándose en ella y viviéndose desde ella, con ella y en ella,  de modo creativo y sintiéndola en  todas direcciones, no quedando nada ni nadie  fuera,  transformándose en vida que da plenitud, es decir,  vida que se da a sí misma y se transfiere, siendo parte y todo de ella, no poseyéndose, resurgiendo una y otra vez.
     
    Sin embargo, como en otro hilo viene a decir, M Luisa,  el ocho de mayo a las 7:27,  en su modo peculiar de expresar sus reflexiones, y que sintetizo en  “el que lo probó por sí mismo  lo sabe”,  es decir,  no le entra a través de la cabecita de otros, sino que antes de tomar su espacio en ella,  es captado en su consciencia  y  le es dado a su inteligencia,  y como tal,   ya no necesita de creencias ni tampoco sus contrarias, sabiendo, además,  que puede ser,  no bien interpretado, dada la inercia vigente con la que se topa,  al no ser fácil de vislumbrar ni intuir lo que implica después, al ponerle nombre,  el trasfondo de sus palabras.
     

  • mª pilar

    Juan Luis Herrero del Pozo… espléndido atriero.

    Lamento no conocerle personalmente, pero creo que sería una experiencia de absoluta comprensión mutua.

    De veras lo siento y de alguna manera Maite:

    ¡Envidio tu cercanía con él!

    Es un deseo del que no podré gozar… Todo cuanto nos dejo en este Atrio querido, fue para mí como un bálsamo que me inundó de serenidad.

    ¡¡¡Gracias por todo ello Juan Luis!!!

    Un gran abrazo para los dos, Juan Luis y Reyes.

    mª pilar

  • mª pilar

    Querida Maite:

    ¡¡¡Por fin entre nosotros de nuevo, un brazo grande de bienvenida!!!

    Comparto tu comentario totalmente.

    mª pilar

  • Isidoro García

    Según un estudio de Jonathan Phillips, (Harvard), “sentirse bien no es suficiente para ser feliz. Según los investigadores, la mayoría pensamos que la felicidad implica llevar una vida buena moralmente”. (El Confidencial – 6/5/17).

    Esto confirmaría el que todos tenemos, en las profundidades de nuestra mente, unos programas que tienden a los valores de la BBV, (Bondad, Belleza y Verdad).

    Por ello casi todo el mundo, nos consideramos “buenas personas”, y a lo más, consideramos que lo somos menos de lo que deberíamos serlo.

    Lo que pasa es que estos programas arquetípicos, promotores de los Valores, vienen en estado de “latencia” o de “potencialidad”, y hay que activarlos y concretarlos, con nuestras ideas y creencias culturales personales concretas.

    Estos “arquetipos”, son como un formulario, donde hay que rellenar las casillas y renglones, con nuestras ideas y creencias adquiridas en nuestra biografía. Y en función de la “calidad” de nuestras ideas y creencias, se “rellenan” y activan, de mejor o peor forma.

    Por otra parte, están tan profundos en nuestra mente, y tan “enterrados” bajo cientos y miles de ideas y creencias culturales adquiridas, que hay mucha gente que tiene muy poco acceso mental a esas capas tan profundas.

    Otros, por el contrario, han conseguido despejar y facilitar dicho acceso, y están bien conectados con ellos, ya de forma natural o mediante técnicas de “meditación” o “contemplación”.

    Y por otra parte la tendencia general a optimizar la autoestima, generadora de buenas sensaciones, y a minimizar las situaciones generadoras de ansiedad e infelicidad, nos impulsan cuasi irresistiblemente a un continuo y perpetuo auto-engaño, en lo referente a nuestro nivel respecto a los Valores.

    Todos nos creemos más buenos de lo que somos, que nuestra verdad, es la Verdad, y hasta que somos más guapos que los demás, (¡o como mínimo que no somos tan feos como otros!).

    ¿A qué viene esta reflexión respecto al artículo de Arregui, sobre la fe y las creencias?.

    Dice Arregui, y re-cita Maite Lesmes: “La fe de la que habla el Evangelio de Jesús es esa cualidad humana profunda –religiosa o no, con creencias o sin ellas, poco importa– que se compadece activamente de la vida que sufre y que confía creadoramente en la Vida que resucita”. 

    Yo creo que aquí, Arregui, está confundiendo los términos. Esa “cualidad humana profunda”, no es fe, es “naturaleza humana heredada” = los programas arquetípicos arriba mencionados.

    Y por ello, eso de que “se compadece activamente de la vida que sufre”, es una condición natural del hombre, que como decía también arriba, hay que activar adecuadamente.

    Respecto a la frase “que confía creadoramente en la Vida que resucita”, es una frase equívoca. ¿es una frase genérica sobre el extraordinario despliegue de la Vida en el Universo, que una y otra vez vuelve y se perpetúa?. ¿O se refiere concretamente a la resurrección anunciada del cristianismo?.

    La fe no es algo “natural”= una “cualidad humana profunda”. Es la creencia en la existencia de un plano de la realidad, algo “mágica”, no diré tanto como “sobrenatural”, sino como mínimo “hipernatural”, algo que nos parece excepcional y como “de otro mundo”.

    Si una persona se muere, todos sabemos que en nuestro plano normal, no resucita al tercer día, ni al cuarto. Pero a lo mejor hay otro plano de la realidad, (otra dimensión hasta ahora oculta), en la que sí que puede seguir viviendo, y por ello puede presentarse y “resucitar”.

    Cuando no podemos creer en ese nuevo plano, (por falta de imaginación, o por exceso de conservadurismo reduccionista en un modelo sencillo y fácilmente inteligible), empezamos a confundir el significado de los conceptos religiosos, y los queremos “naturalizar”.

    Es verdad que a veces ante una situación “compleja”, un concepto simple aunque imperfecto, puede evitar muchas disquisiciones y mucha más confusión a largo plazo, pero es como un torniquete ante un balazo: A corto plazo, sirve para evitar desangrarse, pero rápidamente hay que afrontarlo seriamente.

    Se dirá que aquí y ahora, lo que conviene es que al final seamos de verdad todos mejores personas. Y es verdad. Y en ello, como decía arriba, influyen dos cosas.

    – Tener buen y despejado acceso a nuestra “cualidad humana profunda” = nuestros valores arquetípicos heredados.

    – Y tenerlo adecuadamente activados y “rellenados”, con los mejores conocimientos y creencias sobre la “Realidad”.

    Para ello, a unos no les sirven las creencias religiosas sobre otros “planos” de la realidad. Y a otros, sí que les sirven. Pues muy bien, cada uno su camino y “Dios” en el de todos. Y en su momento, ya se verá quién llevaba razón.

  • Maite Lesmes

    No tenía idea de que Salvador estuviera afectado también de la vista. Lo siento.

  • Maite Lesmes

    Lo siento, una llamada de teléfono me ha hecho olvidar borrar la última frase.

  • Maite Lesmes

    “Tomás es más bien modelo de fe, una fe que cuestiona, relativiza y trasciende todas las creencias, sean éstas religiosas o no. No se puede ser creyente sin ser “incrédulo” de las creencias, sin liberarse de ellas. La fe no consiste en profesar creencias –que “Dios existe”, que un muerto se aparece o que el horóscopo determina el destino–. La fe de la que habla el Evangelio de Jesús es esa cualidad humana profunda –religiosa o no, con creencias o sin ellas, poco importa– que se compadece activamente de la vida que sufre y que confía creadoramente en la Vida que resucita.”

    Me quedo con este excelente fragmento del artículo de J. Arregi que leo y releo e invito a asumir.

    Pero más que hacer un comentario al artículo, ahora me urge más responder a OSCAR (Antonio, te llamo en cualquier momento), que menciona a quien considero el mejor forero que tuvo ATRIO, nuestro querido Juan Luis HERRERO DEL POZO.

    Acabo de hablar largo con él y me encarga os diga que aunque ya ciego, se encuentra bien de salud. Puede haber deficiencias de salud y no otorgarle demasiada importancia, esa impresión me ha dado cuando me ha dicho que tanto Reyes como él se encuentran bien. Y que nos recuerda.

    Hacía tiempo que no hablaba con él y me ha tranquilizado percibirle sereno, tan cercano como siempre, mentalmente en forma y con esa cualidad tan difícil de encontrar y de la que Juan luis está sobrado, la capacidad de escucha. En junio podré hacerles una visita.

    No sabía que hace cierto tiempo envió algo a Atrio, lo buscaré. Un abrazo a todos.

    Hablar con Juan Luis te deja siempre bien, por su gran capacidad de escucha, cualidad

  • George R Porta

    Agradezco mucho, Antonio, que facilities los enlaces a los escritos de Salvador que había mencionado Oscar y que no había podido encontrar. Ojalá que se publiquen en papel los escritos de Salvador como desea Oscar. Y a Salvador, siempre que hables con él, exprésale mi aprecio y gratitud. A ti, in saludo cordial, afectuoso.

     

  • oscar varela

    1- De Juan Luis no tuve ni tengo modo de comunicarme con él. Sólo a través de Maite Lesmes (y tambien de A.D). Nada tengo que decirle más que expresarle mi cercanía pensamental y mi incomprensión de aquella huelga de hambre que hizo y posiblemente haya sido la causa de su avanzada ceguera.

    2- De Salvador siento el dolor de solo acompañarlo en silencio. Nos escribíamos con mucha frecuencia; lo que llamábamos ambos como “conversaciones junto al árbol y al canalito”. Una hija estaba casada con un argentino, cuya familia vivía estable en España. Algunas veces le he pedido a A.D. que lo llame, le dé mis saludos y que me cuente cómo andan sus ojos. Yo no me atrevo a escribirle; sería re-activar dolores, que hay que evitar.

    3- Hasta ahora yo he fracasado en mis intentos de que se Editen en papel-LIBRO los Escritos completos de Salvador, no solo los destilados de “Un Paso, un mundo”. Para lo cual hube hecho todo un Listado completo de sus Escritos, que ahora, si lo busco en mis Archivos, no lo encuentro, pero son facilmente re-componibles.

    4- Una Biografía auténtica solo es la que completa las cosas que el biografiado HIZO con las que DEJÓ de HACER (por tales o cuales razones).

    ¿Qué le vamos a hacer si la vida es así, no?

  • Equipo Atrio

    Hola a todos!

    Oscar sigue con su recuerdo y referencia continua a Salvador Santos. Efectivamente es una de las piedras fundamentales de ATRIO. Ahí están sus muchos artículos que podréis encontrar: http://www.atrio.org/author/salvador-santos/

    Ahora ha citado tres artículos sobre Cinco Fotografías de la fe que busca George.

    Para facilitarle búsqueda: Entrada1/3      Entrada 2/3       Entrada 3/3

    Aunque parezca que participo poco, voy rumiando todo lo que aportáis entre todos. ¡Qué riqueza de pensamiento encarnado! De los que más han contribuido a hacer ATRIO, dos cortaron el hilo y volaron: el diácono uruguayo Gabriel Sánchez y Antonio Vicedo. Otros dos, Juan Luis Herrero del Pozo y Salvador Santos siguen activos y más clarividentes que nunca pero su vista muy dañada les impide ya comunicarse en el blog. Aunque ambos en varias ocasiones -acabo de hablar ahora con Santos- me han dicho que siguen algún diálogo y enviarán algo si pueden.

  • George R Porta

    ¡En ciertas ocasiones es bueno llegar a la conclusión de que más nada se pueda hacer aunque se sienta pena por ello!

  • Santiago

    Gracias por el interés renovado, por las aclaraciones y por la citas a mi comentario que  me ayudan a mantenerme activo en la palestra..

    Y como hablamos de humildad me refería a la VERDAD de la vida misma que es en realidad”andar en verdad” pues solo considerando a la vida como un don otorgado originalmente por el Creador y solamente ante El se puede ser verdaderamente humilde porque nadie puede ser arrogante delante  d e   Dios y solo así nos conoceremos verdaderamente.

    Por otro lado aunque busquemos ser objetivos siempre hay un grado de subjetividad del que no podemos escapar. Por eso no podemos juzgar tampoco aquellas vidas “infernales” debidas a la injusticia de este mundo “cruel”. Hay quienes se sienten felices aún viviendo toda la vida con una grave y dolorosa enfermedad, ya sea psíquica o física, otros muy contentos en trabajos al parecer agobiantes y hay otros que se sienten desgraciados e infelices aparentemente “teniéndolo todo”..

    Por eso, es cierto que no podemos “razonar” del todo a Dios y no podemos comprender “Sus caminos” pero podemos entender que no ha sido injusto al crearnos y permitirnos venir a este mundo. Nos ha dado más gracias de las que podemos imaginar y nadie vive en este mundo el 100×100 “en un infierno” pues, aún en la peor de las existencias, existen familiares y amigos en la tribulación, médicos y medicinas en la enfermedad, alegrías junto con el sufrimiento, altos y bajos, invierno y verano…No solamente tenemos consuelos humanos sino también goces del espíritu, no solamente trabajamos sino descansamos, no solamente estamos alertas sino que podemos dormir,no solamente hay noche sino que existe el día, no solamente hay oscuridad sino también existe  l a  luz, no solamente existe la maldad sino que existe el bien…y para los creyentes existe Jesús presente cada día y que es el bien en si mismo llamándonos a seguir el camino que El mismo nos” trazó”….Por eso, aún con nuestro corto entendimiento quizás podamos “ver” que es mejor ser y poder amar, que no existir de manera definitiva, sin siquiera experimentar lo que es vivir. La divinidad se ofreció para darme una oportunidad que ha sido la vida misma.

    Por otro lado, no todo es ciencia exacta y comprobable. El conocimiento humano no solo es racional sino intuitivo,!inductivo,especulativo, experimental etc..No todo es comprobable con absoluta certeza. La certeza humana es de aproximación a lo que “es lo más probable” y nuestras decisiones se basan prácticamente por medio de ese postulado. Por eso la vida NO ES una fórmula físico-matemática. Por eso los que no se abren a la verdad y “a priori” rechazan la posibilidad de cualquier elemento que estè por encima de nuestra naturaleza, como la resurrección de los muertos porque es “una imposibilidad” no son coherentes con nuestra misma realidad humana, que no solo es biológica sino también espiritual, y por tanto rechazan de antemano y dogmáticamente cualquier otra apertura hacia la verdad que no reside en ellos en “si misma” ya que solo existimos contingentemente siendo una ínfima parte de esa REALIDAD total.

    Por supuesto, estas son mis opiniones   No tienen fuerza legal como si fueran documentos jurídicos como los “Considerando probando” etc No es mas que un intercambio de ideas más o menos hilvanadas…y amistoso..por eso siempre es agradable el interés y la solicitud de los que participamos en el diálogo.

    Y como siempre un saludo cordial de

    Santiago Hernández

     

     

  • José Ignacio Calleja Sáenz de Navarrete

    No sé a qué experiencia se corresponde “hemos visto al Señor” o “se nos aparece vivo”, ni si corresponde a alguna, o si se engañaron en todo, no lo sé… pero esta interpretación me cuesta creer que sea la que sostiene primordialmente los relatos de las apariciones. Como interpretación de la vida, me gusta, pero la encuentro, con referencia al texto bíblico y sus hablantes, como una “retroproyección” de la fe que todavía hoy es posible (y admirable). Quizá soy iluso o pesimista, pero esperaba algo más del misterio posible en la  ignorante fe religiosa.

  • George R Porta

    Oscar: No he podido encontrar el escrito de Salvador en la fecha que ofreces. ¿Pudieras verificar la fecha de la publicación en Atrio? ¿Fue una contribución de él a solas o contigo? Gracias.

  • George R Porta

    1.    Parece correcto hablar del deseo y la esperanza de que haya vida después de la muerte, pero es falaz afirmar que una tal declaración no sea cuestionable. De ahí que según la atribución evangélica Jesús admirara a quienes crean sin ver porque constituye una confianza dada en ausencia de evidencia o garantía. 

    2.    La declaración: «que choca abiertamente con los que apriorísticamente niegan rotundamente la existencia de lo extra-natural o lo que está sobre nuestras propias posibilidades» parece una afirmación contradictoria. Por ejemplo, a menos que se otorgue certidumbre material a lo que solo se puede postular metafísicamente (lo cual fuese una especie de oxímoron) no hay otro modo de cuestionar la realidad de lo extra-natural o de lo que no esté al alcance de nuestras posibilidades de comprensión que cuestionarlo apriorísticamente.

    3. Será muy difícil que un perro ladre a un fantasma y ordinariamente es posible que alguien esté seguro de sus alucinaciones visuales o auditivas. Un perro no parece que pudiera reaccionar a lo metafísico y una persona psicótica existe en el ámbito de lo metafísico, pero en cambio, solo el perro estará actuando de manera al menos aparentemente racional.

    4. Dudar de lo que no es materialmente evidente es racional y esencialmente humilde aún si se recurre a la definición teresiana de humildad y no debe ser interpretado como evidencia de «auto-constituirse árbitro supremo de la propia adquirida existencia humana»

     
    a.     La frase la he redactado para hacerla inteligible a fin de que sirva a mi propósito, pero la frase original es «…constituyéndonos nosotros mismos en árbitros supremos de nuestra propia adquirida existencia humana…». (Énfasis mío).
     
    b.    En otro párrafo de esta entrada se afirma que nuestra existencia sea una gracia otorgada a nosotros lo cual parece contradictorio. Este es el texto de esa afirmación: «Y nuestra gran verdad, es nuestra vida existencial…otorgada a nosotros… no creada con nuestro esfuerzo…sino dada como un don y una gracia excepcional…». (Énfasis mío).
     
    c.     Cabe por tanto la pregunta: ¿Es nuestra existencia otorgada por un ser extra-natural, producto de nuestro esfuerzo, o ambas cosas por medio de la procreación natural?
     
    d.    Es muy difícil atribuir arrogancia a quien se confiesa incapaz, pero muy probablemente se pudiera construir un caso de arrogante narcisismo creerse preferido de una divinidad que si existe y ha creado a creado entonces lo inferior y superfluo a sabiendas de que sería maltratado y abusado porque ha creado defectuosa a su creatura principal. Este es el fallo fundamental de toda teodicea, porque ésta trata de razonar a la divinidad y eso solo fuera posible atribuyéndole gratuitamente características humanas.
     

  • George R Porta

    Parece que constituya, por lo menos, un peligroso descuido afirmar algo:

    1.    Atribuyendo una información errada por no tomarse el trabajo de consultar la cita original y posiblemente para añadir peso a la propia opinión subjetiva

    2.    Interpretando caprichosamente lo que esa otra persona haya escrito en la cita en cuestión,

    3.    Manejar caprichosamente el lenguaje.

    Por ejemplo, parece grave afirmar lo siguiente en un foro abierto: «…y la verdadera humildad como definió Teresa de Ávila, es “la verdad” …Y nuestra gran verdad, es nuestra vida existencial…otorgada a nosotros …no creada con nuestro esfuerzo…sino dada como un don y una gracia excepcional.

    Estas fueran las razones:

    1.    Teresa de Ávila no escribió «la humildad es “la verdad”».

    2.    Teresa de Ávila sí escribió: «la humildad es andar en verdad» (Moradas Sextas, 10, 7)

    3.    http://hjg.com.ar/teresa_moradas/moradas_6_10.html es un enlace a la cita de Sta. Teresa de Ávila, localizado el 3 de mayo de 2017

    4.    Que tengamos consciencia de nosotros mismos no es suficiente para excluir que una existencia «superior» o «mejor» (a o) que la nuestra sea posible;

    5.    Una tal consciencia fuera una «auto-atribución» y por lo tanto constituiría un juicio subjetivo.

    6.    A alguna persona en particular (o a muchas) puede bastarle creer que su «vida existencial» (quizá sea posible substituir esta expresión por «existencia») le haya sido otorgada como «un don excepcional» pero yerra y divulga una ideología falsa cuando opina en primera persona del plural, porque se sobran los seres humanos viviendo en condiciones «excepcionalmente» infernales cuyas vidas son, materialmente, peores que las de muchos otros animales por causa de la injusticia social que es en parte un producto de la distribución de la riqueza natural. 

     

  • Santiago

    No hay duda que la Resurrección de Cristo ha sido la “piedra de choque” desde la Revelación hecha por Jesús de Nazaret a nosotros…Comenzando por el Evangelio, cuando Jesús tuvo que enfrentarse con la incredulidad de los Saduceos que negaban la resurrección en general y le preguntaban sobre este tema para ponerle a prueba…Después tuvo que aparecerse a los sus discípulos,  convivir con ellos “durante 40 días” después de resucitado para convencerles que El no era un “fantasma”…sino que se encontraba en una “nueva forma de existencia”…es decir, en la realidad de la glorificación en la vida eterna…ES POR ESO que S. Pablo pone como “fundamento de la FE” cristiana el hecho incontrovertible para la Iglesia de la Resurreccion…Porque, como el bien dice “si Cristo no ha resucitado, vana es, por tanto nuestra predicación, y vana nuestra fe. Seremos  falsos testigos de Dios,porque contra Dios testificamos que ha resucitado, (por tanto) a quien no ha resucitado, si en verdad los muertos no resucitan..Porque si los muertos no resucitan, ni Cristo resucitó…y si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe, aún estáis en vuestros pecados. Y hasta los que murieron en Cristo perecieron…pero NO, Cristo ha resucitado de entre los muertos como primicias de los que duermen” (1 Cor. 15, 14-20) (Versión directa de las lenguas, originales por Nácar-Colunga, BAC) (las negritas y los paréntesis son míos)

    Porque si Cristo hubiera muerto en la Cruz, como si hubiera sido de hecho un “malhechor” y un “sedicioso” común, y no hubiera resucitado, el mal y la muerte hubieran, al fin, triunfado sobre el bien y el amor, y las promesas de Cristo hubieran sido todas falsas…El ser humano hubiera quedado reducido a una forma biológica sin trascendencia, su existencia hubiera sido dirigida al naufragio total, hubiéramos vuelto a la nada de donde salimos, nuestra vida no podría tener la “dignidad humana” a la que naturalmente todos podemos aspirar y que hoy en día esta codificada en todas la naciones como un distintivo de todos los “otros seres” creados…Porque nuestra “excepcionalidad” en este mundo solamente es percibida y analizada de manera exclusiva, por nosotros…que tenemos la capacidad de comprender nuestra propia existencia humana, aunque de manera imperfecta pero…que es real…y la verdadera humildad como definió Teresa de Ávila, es “la verdad”….Y nuestra gran verdad, es nuestra vida existencial…otorgada a nosotros….no creada con nuestro esfuerzo…sino dada como un don y una gracia excepcional…Cualquiera, pues, con uso de razón y sentido común, un día u otro, cae en la cuenta que el haber venido a la vida y mantenerse en ella es un privilegio excepcional…cuando podemos darnos cuenta de nuestra posición en relación con los demás seres de la creación…aparte de la relación única que el Dios-Jesús quiso establecer con nosotros, al tomar nuestra propia humanidad para que participáramos también de su misma naturaleza divina…

    Por lo demás es entendible que no es “políticamente correcto” hablar de nuestra resurrección después de la muerte, ni mucho menos de la Resurrección de Jesús…en el siglo I….Ya fué un escándalo la predicación de semejante doctrina entre el mundo predicado por Saulo de Tarso…Y hoy no es diferente que entonces, ya que admitir cualquier tipo de resurrección es admitir algo por encima de nuestra visibilidad y de lo que está por encima de nuestra propia naturaleza que choca abiertamente con los que apriorísticamente niegan rotundamente la existencia de lo extra-natural o lo que está sobre nuestras propias posibilidades …constituyéndonos nosotros mismos en árbitros supremos de nuestra propia adquirida existencia humana…

    Un saludo cordial   Santiago Hernández

    Un saludo cordial   Santiago Hernández

  • oscar varela

    Hola!

    “Si no lo VEO, no lo CREO

    Ok! ¿Le sacamos una FOTO, o, tal vez, 5 Fotos?

    …………

    CINCO FOTOGRAFÍAS DE LA FE -1 – Salvador Santos, 01-Marzo-2011

    …………

    En http://www.atrio.org empieza hoy Salvador Santos una pequeña serie de reflexiones, basándose en el Evangelio de Marcos. En él se cita cinco veces la palabra Fe, πίστις. El autor ha dividido la materia en tres entregas por razones de extensión y por afinidad en los temas:

    La primera parte (dos relatos) habla de fe y falta de fe.

    La segunda ( dos relatos), de la fe que salva.

    La tercera (un relato), de una fe que mueve el mundo.

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    Primera Parte – FE Y FALTA DE FE

    [El Paralítico (Mc. 2,1-13) –

    La tempestad sobre la barca (Mc 4,35-5,1; Mt 8,23-27; Lc 8,22-25)]

    La fe se define de ordinario como creencia o conjunto de creencias en algo sin confirmar. En sentido restringido su significado está vinculado las más de las veces a una religiosidad relacionada con doctrinas tenidas como verdades inmutables. Como convicción supuestamente ligada a la trascendencia, se estima que la fe reside en el mundo interior del ser humano, ocupando el ala espiritual de ese espacio reservado.

    Esa idea tan generalizada discurre a notable distancia -por no decir en el polo opuesto- de la información que nos aportan los evangelios respecto a la fe.

    El término fe (πίστις) aparece más de doscientas veces en el Nuevo Testamento. En los evangelios, sin embargo, su presencia se limita a unos pocos relatos de los Sinópticos, que, en la mayoría de los casos, ponen esta palabra en el pensamiento o en boca de Jesús.

    Veamos su sentido en las cinco escenas de Marcos donde se habla de fe:

    (seguir en Atrio)

  • George R Porta

     
    1 Corintios 14, 17: «…y si el Mesías no ha resucitado, la fe de ustedes es ilusoria y siguen con sus pecados. Y por supuesto, también los cristianos difuntos han perecido.»
     
    Prefiero la traducción de Luis Alonso Schökel y Juan Mateos y sus colaboradores de este texto atribuido a Pablo, su segunda carta a los Corintos, conocida como la primera. Hoy día puede ser leída de modo diferente sin traicionar su sentido original.
     
    Hay una cuestión muy discutible hoy día en esta afirmación de Pablos:
     
    1.    Si el Mesías no ha resucitado o si resucitó, en ambos casos no hay modo de demostrarlo fehacientemente sin levantar objeciones serias, tanto en tiempos de Pablo como hoy día. De otro modo Pablo no hubiese hecho su afirmación;
     
    2.    Hay algo de bueno en no poner condiciones para creer. ¿Qué nos impide creer voluntariamente, y sin evidencia material?
     
    3.    ¿Qué tal detenerse en el momento final del asesinato de Jesús? Es decir, aceptando y adoptando aquel sentimiento de soledad y de abandono que hace aparecer nuestra existencia tan gratuita que no tenga posible justificación, y todo esto, por seguir tras de las huellas de Jesús, el Galileo de Nazareth, nos lleve ese seguimiento adónde nos lleve incluyendo a diluirnos en la tierra «volver al polvo».  
     
    4.    Y si nada ocurriera, si la muerte simplemente fuera el final de la existencia sin mayor trascendencia, como lo es la de los animales, las plantas y los minerales… ¿Por qué debiéramos los humanos ser excepcionales y diferentes? ¿No es eso en cierto modo un grave pecado de orgullo?
     
    No afirmo que estas hipótesis sean irrefutables. Solo digo que, en obsequio de una humildad esencial, sea posible aceptar que los humanos quizás no seamos tan excepcionales, superiores y preferidos como hemos imaginado, lo cual no quiere decir que si la divinidad existe no nos ame o deje de amarnos.
     
    Y, por supuesto, no hablo solo de nosotros, hablo también de nuestros antecesores y lo hago sin tristeza.
     
    Agradezco la vida y agradezco a y por quienes me la causaron, cusanto por la enorme cantidad de personas que me han acompañado y me acompañan en mi andadura y a quienes ha sido, generalmente, un privilegio acompañar en las suyas.

  • Santiago

    YO creo que Tomás vio “el fondo y la forma” y…no solamente “la Vida en el fondo de la muerte” sino la “forma del Cristo glorificado”…una experiencia “de novo”…y única para el Reino de Dios que ya había comenzado y se completaba en la Iglesia de la Resurrección…Tomás, junto con los Apóstoles y los discípulos de la Iglesia que nacía, experimentaron, pues, una nueva dimensión de la existencia humana…PARA esta  Iglesia, Jesús resucitado fué una “nueva realidad”..El hombre Jesús, con su cuerpo ahora, resurrecto, pertenece a lo que es y está en lo divino y eterno…”en espíritu y sangre”..

    Es por eso que Tomás a la invitación de Jesús a “tocar con sus dedos Sus manos” y traer su “mano y meterla en Su costado” , creyó en El… al fin -obviamente ¿quién no iba a creer?…El relato joanino no se puede interpretar en sentido figurado…ya que el estilo de los evangelistas canónicos fue siempre  simple, narrativo, y realista….Juan estaba hablando de una “nueva realidad” de la que el también había participado…Por eso, Tomás tuvo que exclamar a viva voz ¡Señor mío y Dios mío! en un gesto supremo de la fe a la que él por fin accedía totalmente…

    La Resurrección de Cristo trasciende la historia, pero tampoco puede entenderse fuera o por encima de la misma historia…porque tiene su origen dentro de la historia y en un determinado “momento” empezó a ser parte de la historia….que ha dejado una huella indeleble en ella…Si creemos en el “ADN, en Saturno y el el átomo” porque no los dicen TESTIGOS cualificados, aunque “no lo vemos”  tenemos que creer a Tomás que tiene la ventaja de ser humano y naturalmente “incrédulo” como nosotros..Pero el testimonio de Tomás no fué retractado después, ya no dudó mas….. sino que siguió creyendo hasta su martirio, cuando apuñalado  por la FE en la Resurrección de Cristo, en Meliapore, India en el año 72 DC

    Un saludo cordial   Santiago Hernández

     

  • George R Porta

     
    Leo en el artículo: «La fe de la que habla el Evangelio de Jesús es esa cualidad humana profunda … …que se compadece activamente de la vida que sufre…»
     
    No comprendo el componente afectivo de la fe a que se refiere Arregui según esta expresión: «…cualidad humana profunda –religiosa o no, con creencias o sin ellas, poco importa– que se compadece activamente de la vida que sufre…».
     
    La fe tiene que ver más con confiar que con compadecer. La compasión lleva a la misericordia. La congruencia entre la vida vivida y la palabra empeñada lleva a la confianza y ésta a la esperanza.
     
    Tomás exigió poder palpar las heridas no por compasión, sino porque solo las heridas podían ser convincentes a la razón.
     
    No es que Tomás no apreciara y compadeciera los sufrimientos de su amigo Jesús, es que la aparición de un muerto que atraviesa paredes no es algo en lo que haya que creer solo porque otros lo cuenten. Ni entonces, ni ahora.
     
    Tomás no fue el primero de los dichosos que creyó sin ver, como afirma Arregui. Tomás creyó porque vio y porque palpó las heridas y ¡cómo le envidio! De otro modo el evangelio mentiría. Si eso fue posible o no, ese es el objeto de nuestra fe. Y es una fe opcional, entre otras razones porque la fe de cada uno es un proceso que progresa y regresa nutriéndose o intoxicándose de la vida diaria.
     
    La segunda parte de la cita de Arregui no es objeto de la fe, es objeto de la esperanza. Me refiero a esto: «…y que confía creadoramente en la Vida que resucita…».
     
    Solamente porque se reconoce y se confía en la superioridad humana del Jesús que ha sobrevivido los siglos, se desea confiar en las promesas que se le atribuyen.
     
    Quien vive según la cosmovisión y la ética atribuida a Jesús, el Galileo de Nazareth, siente que la vida bien vivida merece la posibilidad de trascender la muerte y el tiempo y confía en ello, apuesta por ello, lo mismo si se cumplen las promesas o no.
     
    No hay nada que perder cuando se es buena persona porque hacerlo satisface suficientemente y deja en la persona lo que la carta a los Gálatas identifica como las huellas de la «pascua» del Espíritu (5, 22-23): «Amor, alegría, paz, tolerancia, agrado, generosidad, fidelidad, sencillez, dominio de sí» y esto colma de tal modo que no es necesario un premio adicional.
     
    Si las promesas atribuidas a Jesús llegaran a cumplirse esa fuera la vida en abundancia que nos fuera dada «por añadidura». Si no, de cualquier modo, es bueno servir de fertilizante a una planta y sostener la eternidad de la vida.

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